viernes, 7 de diciembre de 2007

Después de la Cafetería Victoria_Walter Iraheta Nerio

Fotografía: Walter Iraheta Nerio, El Salvador-Suiza






Después de la Cafetería Victoria




Algunas tardes
después que nos conocimos
con Lucy
vamos a la cafetería Victoria
tomamos vacas negras
hablamos del horóscopo
de turicentros y países exóticos
a veces hablamos de árboles
o de barcos
a Lucy le gusta la trigonometría
a mí en cambio me gusta la química
Lucy habla de Santa Teresa de Jesús y
San Juan de la Cruz
Yo hablo de
«Marinero en tierra»
de música hablamos bastante
a Lucy le fascina
«La Forza del Destino»
yo prefiero canciones de Carlos Aragón
y la Banda del Sol
a Lucy además le gusta
la canción «El Bardo»
a mí también
me gusta «El amigo que perdí»
en realidad son raras preferencias
porque
nos gusta casi toda la música
después de la cafetería Victoria
caminamos por las calles
subimos por el banco Salvadoreño
nos detenemos a mirar los
ornamentos barrocos de la iglesia El Carmen
y la arquitectura de la Alcaldía
descendemos por Concepción
y miramos los escaparates
del almacén Romero
cruzamos el parque Daniel Hernández
para regresar a la avenida Melvin Jones
a esa hora el sol se esconde
tras las cumbres.
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sábado, 1 de diciembre de 2007

Y bien está que yo, que soy un pobre diablo_Roberto Manzano

Fotografía: Roberto Manzano, Cuba



Y bien está que yo, que soy un pobre diablo…




Y bien está que yo, que soy un pobre diablo,
me cante un salmo: Loado sea el día cuando aparece
en las jambas gastadas, cuando se va
con pañuelos oscuros por las tapias,
y sea para siempre ensalzado en los caminos,
en los recesos de los escolares, en las meriendas
de los obreros, en las curvas blancas
de las cariátides, y entre los mármoles del bosque.

Loada sea el alba cuando lee febril su partitura
y cuando el soldador baja su máscara,
en el instante mismo en que aquel gladiador de la orilla
vio nacer de su casco cuatro águilas caudales.
Loada sea cuando la niña trenza su trenza
y el pequeño varón traza el navío absorto de la noche.
Loada cuando el tímpano asordó las campanas
y la leche cerró su rostro con la nata.

Loada sea la mañana cuando partimos hacia la penuria
sin botones, sin suelas, con cucharas de ácido.
Loada sea cuando el limón fermenta al cemento
y nos satura la melancolía de la sed y del hambre.
Loada porque estamos vivos, latiendo en el espacio,
fluyendo con Heráclito hacia todos los capítulos.

Está muy bien que yo me cante un salmo, que yo sea
el arpista, el que oye, el que dice las gracias
y el deseo. Yo voy por entre el polvo,
y soy de polvo, y urdo mi destino con manos polvorientas.
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