domingo 2 de marzo de 2008

Fotografía: Óscar Portela, Argentina.







BODAS CON LA LUZ



A María Victoria Esquivel




Un día temprano, súbitamente
florecí con la luz
ese día la luz nació y se hizo carne,
se hizo voz,
se hizo huella y amaneció
noctámbula dormida
entre mis brazos como abeja sin madre.
Más tarde me desperté con ella y descubrí
en mi abrazo sus terribles abismos:
fui su esposo,
su esclavo, su mutilado mártir,
y en los naufragios
reinaba como la voz del miedo y la sombraa
cudía a su encuentro, con la cruz invertida
de los vastos naufragios
y las esquirlas que la noche
puso en su casto cuerpo
de doncella indomable.
Fue la luz primigenia del día
primero de gracia
donado al desterrado príncipe
sin corona ni mirtos,
-el rapsoda voraz que canta ahora
los crepúsculos
y el reino no conquistado
de la luz vulnerada,
- destrozado por los litigios del día
y de la noche-,
azotado por las llagas de la melancolía
y de la
cuadratura del sol del mediodía,
que escande,
llaga, y exilia a sal y amarga hiel
de la melancolía,
y el abismo de aquella luz tornándose
toda ocre.
Así, me perdí tristemente en el
abismo de la razón,
en las blancas salinas y
los desiertos paramos
del que no tiene patria,
ni boca para nombrar
cenizas de palabras,
señales de muertes innombrables
de aquella virgen del Estío primero,
entre palmas
y abras solitarias,
donde se filtran los fragmentos,
entre huellas de sangre y presagios
- aún presagios-,
de mensajes de abriles que recuerdan
el día en que llamé a la luz,
-encanallada ahora,
harapienta, arrepentida de sus delirios
y los míos-,
buscando el nombre único,
el exacto compás
y la tibieza exacta de una larga promesa.
Pobre niña, pobre patria expatriada,
pobre deseo inerme entre cruces y llagas-,
cuando ya nadie busca ser Dios, acariciado
por el viento del Éter más azul y más claro:
luego se aleja pensativa,
dócil quizá, entregada
al escarnio de los días que pasan,
y marchitadas flores
por corona-, alrededor
de túmulos se arrodilla ligera,
para en silencio
buscar al vástago del día en que
llamé a su puerta
y vino a mi sin preguntar por qué.
(Corrientes- argentina- 2003).
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