Fotografía: Arístides Vega Chapú, Cuba.
Serenidad del silencio
Voy dando tumbos entre cielos
que pueden borrarlo todo,
incluso la noche.
Una estrella muestra su imparcialidad
dejándose caer cerca de mi pecho
para iluminar lo que reconozco
como mi cuerpo, inútil
si no es reanimado por tus caricias.
Buscándote, descubro otra vida
en la que seré admitido
si entrego tu corazón
quebrado
por la amplitud irrepetible de la noche
bajo la que no será filmada
ninguna nueva escena.
Como en una película voy dando tumbos,
entre cielos muy diversos,
horriblemente despeinados, los cabellos
por la velocidad sobre la que viajo,
revive el miedo
que en mis ojos se muestra
rindiendo culto a la realidad.
Con cierta desconfianza en las visiones
por tantos reveces
me desentiendo
de lo que puede o no leerse en mis manos.
Frías están y lo peor puede aparecer
en su envés.
Todo cuanto me rodea
ha sido inventado por una luz amarilla
que ninguna otra puede imitar
fuera de este filme,
al que no le corresponde realidad alguna,
día o noche.
En busca de la plenitud que muestras
avanzo dando tumbos entre los cielos,
prestándole atención a las voces
con las que te vales
para que la noche nos muestre su rostro
verdadero.
Estoy ante la elegida
y no pronuncio palabra alguna
de las tantas que reservé en este instante.
La solución puede estar en el silencio,
donde se ocultan las palabras más severas.
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