LA
ARQUITECTURA DEL RECUERDO EN LA NOCHE DE ANDRÉ CRUCHAGA
"Ahora es de noche y tú no tienes
nombre", poemario del poeta salvadoreño André Cruchaga,1957, publicado el
pasado año por la Editorial Dos Islas, llega a mis manos mediante Amazon.
Adentrarse en la obra de André Cruchaga, voz
reflexiva e incansable de El Salvador, es penetrar el mundo de un autor que
trasciende fronteras. Traducido a más de 12 idiomas y con una producción que
supera los cien textos entre editados e inéditos. Sin dudas, ha sido un acierto
de Dos Islas difundir esta obra extensa, que como todas las suyas, es de
excelente factura y de una creatividad lacerante y única.
Ahora es de noche y tú no tienes nombre, corresponde
a un verso del libro " Las adivinaciones" de José Caballero Bonald,
destacado poeta, novelista y ensayista español, a quien no solo rinde homenaje,
sino que establece un territorio: la noche no como oscuridad sino como el espacio
en el que las identidades se borran y solo queda la esencia.
Es una invitación a entrar en un mundo donde
el nombre de las cosas importa menos que su presencia vibrante. He aquí un
fragmento del poema que titula el libro: "Nadie tiene nombre en este
vocerío de ojos, ni un mapa de pretexto. Algún peñasco, entre bocanadas nos
muerde. Nos derrama. Nadie ha vuelto a casa porque somos apátridas de este
vestigio de dolor que se llama país: en la claridad el páramo sumergido en el
pecho como un uñazo de matorral tuerto."
En estos poemas su memoria no es un
archivo estático sino una marea que se manifiesta en su capacidad de rescatar detalles
minúsculos de su origen (de ese San Salvador y Chalatenango que laten en su
pulso) para convertirlos en símbolos universales. Para él, recordar es un acto
de resistencia; inolvidable el dolor, pero tampoco el brillo de lo que fue.
Su
poesía es difícil de explicar porque no apela a la lógica, sino a los sentidos.
Cruchaga escribe colores que se escuchan y
silencios que tienen una textura áspera.
Es
un poeta que "ve" con el tacto. Esto indica por qué su lectura es
exigente: pide al lector que abandone la razón y sienta la embestida de sus
imágenes. En sus poemas percibes voracidad en su memoria, densidad en sus
metáforas y arraigos a su origen. Existe en su poesía un puente profundo entre
El Salvador y la literatura universal. La dificultad de sus metáforas es la
prueba de su don. No es oscuridad, es exceso de luz y memoria. Ello se debe en
parte, como bien dice en el prólogo de este libro, José Siles, catedrático
español de la Universidad de Alicante, que la obra del poeta salvadoreño es tan
dilatada que parece como si hubiera sido "bendecido" con una buena
dosis de hipermnesia, una afección que le permite recordarlo todo a costa de
permanecer en un estado de vigilia perenne manteniendo activa y sin descanso su
atención.
En su poema Estación de especulaciones, el
poeta afirma: " Siempre excavamos en la inercia de los onomásticos de los
abuelos, en el cadáver de las epifanías y en la miseria de los techos: nosotros
siempre hemos sido nadie para respirar en el día y quizás por ello no tengamos
derecho a un epitafio, si acaso, solo a las flores marchitas de la tristeza, ahora
profunda en esta noche donde ha cesado el sueño".
José Siles González, en su análisis de la
obra, suele destacar la trascendencia sin concesiones de Cruchaga y lo sitúa no
solo como un poeta salvadoreño, sino como un explorador de la identidad y el
anonimato. "Ahora es de noche y tú no tienes nombre" es una obra
integrada por 127 poemas en los que revela una enorme preocupación por la
ausencia de la identidad lo cual evidencia en la pérdida de nombre (referencia
en el título) como disolución del individuo en un mundo indiferente,
convirtiendo lo personal en algo universal. Muy lejos de etiquetar, Siles
denomina la poesía cruchaguiana, y sin el menor artificio como poesía "
humanista y sensorial".
Cruchaga también acude con maestría a
otras de sus constantes, al uso de la sinestesia, una figura vinculada a un
fenómeno neurológico que consiste en la unión involuntaria de sentidos
diferentes (oír colores, saborear palabras). Experimentar varias sensaciones
simultáneamente. El prologuista dice de su poesía "que se involucra en el
olvido para purificar el paisaje. Es una memoria tan vasta que necesita el
olvido para no colapsar". Cruchaga ha utilizado la sinestesia de forma
recurrente en poemarios anteriores.
Muchos de los poemas de André rescatan cada
fragmento de su Chalatenango natal para que no se pierdan en el
"vocerío" del mundo. Siles añade que en su obra los pies pueden "tocar
el alba" o el aroma puede ser algo que se sostiene físicamente en las
manos. Esta dificultad es, en realidad una invitación a "degustar" el
poema con todos los sentidos, una característica de su "poesía
exquisita" que deleita la retina y el paladar del lector.
André Cruchaga apuesta en sus textos por la
huella, la nostalgia, la identidad, el pasado, la vida, el olvido, la crueldad,
el amor, el sexo, la injusticia, la barbarie, la ausencia, el vacío, los
presagios, la oscuridad, la noche, y "el misterio insondable de la
muerte" así como una gama inmensa que abarca su sensibilidad poética, allí
donde cada palabra adquiere vida propia.
En el poema titular, "Es de noche y
tú no tienes nombre" Cruchaga alcanza el punto álgido de esa hipermnesia
que recorre su obra. Aquí la noche no es ausencia, sino una acumulación de
presencias que el poeta se niega a soltar, como bien apunta Siles, André no
escribe desde el vacío, escribe desde una saturación de memoria donde los
sentidos se confunden: el silencio se vuelve táctil y la oscuridad se puede
nombrar. Sin dudas, André Cruchaga, un poeta de Chalatenango, El Salvador,
quien quizás no tenga todo el reconocimiento masivo que merece, posee una obra
trascendente que ya es patrimonio de la lengua. Los convoco a leerlo pues es un
reto a la inteligencia y a los sentidos.
Aleida Lliraldi Rodrígez, Escritora
cubana
Carolina del Norte, USA, 23.04.2026

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