jueves, 8 de diciembre de 2016

“REFLEXIONES EN SINTESIS A LA POESIA DE SALVADOR JUAREZ EN LA POETICA SALVADOREÑA CONTEMPORÁNEA DE HOY”

Salvador Juárez, poeta Salvadoreño





ensayo

“REFLEXIONES EN SINTESIS
A LA POESIA DE SALVADOR JUAREZ
EN LA POETICA SALVADOREÑA CONTEMPORÁNEA 
DE HOY”



Por Alfonso Velis Tobar 
Carleton University M.A.
Ottawa Canadá.


Mi propósito en estas reflexiones en lo que denota para mí la poesía de Salvador Juárez, dentro de la poética contemporánea de hoy en El Salvador. En mis generalidades, quiero dar imagen, su visión de mundo, temática, su totalidad histórico social, creada en diferentes periodos de su trayectoria literaria. En reciente visita a mi país en el 2016 a los años nos encontramos entre la alegría de una tarde llena de poesía y de café, gentilmente, me regaló todos sus libros.
Chamba Juárez, nació en 1946, originario de Apopa Departamento de San Salvador. Tiene vasta producción poética, conocida dentro y fuera de la patria. Según mis investigaciones entre 1972 al 2016 y en la cual precisamente enfoco mi lectura analítica con este esbozo critico sobre su obra. Salvador Juárez ha publicado once poemarios: “Al otro lado del espejo”, 1973; “Tomo la palabra”, 1977; “Puro guanaco”, 1978 con varias ediciones al 2008; “Desenterramientos y otros temas libres”, 1987; “Sin oficio ni beneficio”, 2000; “Veinte poemas de rigor y una canción desperdigada”, 2001; “Testamento inconcluso”, 2003; “Camino del copinol”, 2004; “Mi libro azul”, 2007; “En el túnel, 2006; “¿Y quién dijo silencio?”, 2010. Y uno en preparación que titula “Impronta final” (2010-12) Publicó en 2007 en ensayo: “El tigre bisco” (Ensayos contra el descompromiso); “Y el intelectual, la cultura y otros changarros”, así artículos socio políticos, culturales publicados en el Diario Colatino. Sin más detalle algunas de las obras en mención -para su galardón- merecedores de premios nacionales e internacionales. Chamba Juárez, mimesis “juglar” de la “barriada”, poeta que sueña, imagina otra realidad de convivencia social. Como ejemplo su primer libro de poesía “Al otro lado del espejo”, de 1973, voz de blasfemador, conjetura de la vida, ante el mal estado de cosas, que aquejan su alma muy desesperado en un ambiente de rivalidades, de odios de clase que los mismos dueños del poder engendran: “Nos enclaustramos en las absurdas escogitaciones / y jamás la risa fue virtud de nuestros labios/ (fuimos los inseguros de salir de casa/ sin antes pensar en el peligro/ agazapado en la primera esquina)/ Jamás jamás / fue visto un espejo/acribillado por nuestras carcajadas” (Poema II) (…) “Como reconocimiento/ tengo que brindaros lo mejor. / Mi voz / mi nostalgia/ mis defectos” (Poema IV)
Y debemos partir de su propia visión de mundo, dar cuenta de su espíritu que en desasosiegos desesperados expresa dramatismo circunstancias y situaciones existenciales: “Yo soy el que veis partir todas las tardes/ con su tristeza a perdidos horizontes / El que frecuenta los abarrotados portales / el que se deshace en lagrimas / cuando cae la noche / El que no pronuncia su nombre / por temor a las pesadillas / El que añora la casa que fue / y el hogar amasado por la zozobra. / Yo soy señores el que tizno la historia” (Poema V) (…) “Nosotros Ed. / sólo buscábamos la salvación / de los instantes tan dialtiro escasos / y por eso quizás vilipendiarnos las tardes / cuando nos vimos frustrados de los bolsillos / Nosotros Ed. / nos conformamos / a seguir con la esperanza a cuestas “(Nosotros Ed.)
Otro de sus libros “Tomo la palabra” poesía de 1977 el poeta se manifiesta con insensatez, cordura ante el ambiente social que vive desde una realidad que punza y pincha sus ojos: “En el túnel donde cualquier voz engorda / gritamos todos: “! Viva la libertad”! /“! Abajo la dictadura”!/ “! Mueran los esbirros!” / Pero cuando llega la noche / apostamos a la hermosa prostituta / y la mayor cuenta del bar la hacemos efectiva / al mediodía siguiente / continuamos / “! Que puta vida”! / ¡Qué país donde vivo!” (En el túnel) Si nos fijamos detenidamente en los elementos que sabe incluir el poeta como recursos: desde sonidos onomatopéyicos, exclamaciones, figuras de dicción, tropos del lenguaje, anglicismos, indigenismos, neologismos, dichos, refranes, apodos, personajes folklóricos del entorno local, su lugar natal de donde parte sus elucubraciones de conciencia como: “Que dos meses antes de nacer / grite ¡mamaaaaaaa! / (…) Dicen que de ahí nadie respondió por su sano juicio / llovió guaro que fue maravilla. / Bailaron, cantaron / y fondearon bajo el palo de amate. / Y la niña Lucia Navarro / -que era la partera oficial - / dicen que no hizo más que llorar toda la noche / con sus colochos hechos “(Palabras marcadas)
Como suele suceder en otro de sus libros: “Puro Guanaco” poesía de 1977 que más ha hecho hablar, con seis ediciones al 2008. El texto “Cuando el ultimo reflejo funerario”, dejos de corriente onírica, nihilismo temprano, desdoblamiento, levitación del subconsciente en trance, un muerto habla a su gente que asiste a su velorio, puro surrealismo: “Alisten un par de candelas, / una magnifica, / un rosario, / un Cristo y una dolorosa, / porque esto ya huele a ciprés. / Y no vayan a andar con babosadas / en el velorio / porque les juro que ahí nomacito / me levanto a hacerles muecas de espanto / para que me recuerden de veraz.” Y no hay que mejor momento al oír en su viva voz: “(…) Sin que le importe a uno / la cara que se hace para decir / “! Ay Dios mío, porqué me lo quitaste, / tan bueno que era el pobre / y tan sin ninguna gracia que se murió ¡” / y si tienen conqué / no dejen de repartir su traguito, / de pachón para que raspe y ayude al desvelo. / hay que dar también una buena porción de pan dulce / y café, una buena tarrada de café / y cigarros en abundancia. / (…) Así se compren suficientes naipes españoles, / aunque no alcance para alquilar las cortinas, / pero que Torres/ El Chele Mecho, / la Chapuda y Lito Palangana / tengan con que decir / “! Voy 10 al oro!” / (…) así nomas se dejan ir donde el sacristán / a encargar los dobles. / ¡Dalan, dalan!, que digan las campanas ¡ / (…) y por ultimo / si me quieren preparar a mi gusto, / no me pongan saco ni corbata, / ni talcos en la cara, / ni brillo a mis cabellos, pero si / y si no es tanta la molestia, / que la tajadita de limón / sea una media luna entre mis labios” (Cuando el ultimo reflejo funerario)
Hablar de su poesía a nivel formal, conceptual, predomina lo conversacional, lo oral espontaneo, su texto “Lo fregado es la goma compadre”, habla hechos humanos cruzados en su vida con una voz de pura poesía popular: “soportar estas noches es lo fregado, compadre. / Uno siente que le hormiguea todito el cuerpo / y un sudor helado chorrea en los huesos. / (…) y entonces son los brincos ¡Ah compadre ¡ / ¡ ¿Por qué no será tan necio?¡ / ¡ ¿Por qué no acordarse de estos / amolados a la hora de empinar el codo / y mandar al diablo las rancheras y los recuerdos?! / Pero a lo hecho pecho, compadre, / porque si vuelvo a acordarme del principio es la de nunca terminar / Porque viera que duro es eso ¡/ la mujer está jode que jode todas las noches. / Las deudas por uno y los chambres por otro. / El sueldo que no estira y los anuncios que no dejan / de perturbar: que la casa, que el automóvil, / que “no se puede vivir sin radio”. / Y ahí en ese infierno, / ¡uno siempre es el chingado/ compadre! …“solo porque Dios es grande / he llegado hasta este momento. / (…) A puras marías santísimas / estoy aquí contándoles el cuento. (…) Así es como he tenido que amarrarme bien el cincho / para ajustarme el alma. / Así mi buena suerte / ¡esa apedreada suerte mía!... (Lo fregado es la goma compadre)
En su texto “Homenaje a la raza” de su libro “Camino al copinol” del 2004, lo simbólico, lo semántico están presente, la expresión “a la raza” se refiere a los “zumberos”, los alcoholicos consuetudinarios de la calle, que buscan el trago para quitarse la “goma” luego hacer alguna diligencia, a cambio los cigarros, el “lijón” de guaro macho, los bolitos gozan el júbilo de su ruindad humana, enclaustrados en el paraíso infernal de su infeliz tragedia, su “delirium tremens” invocar a Dios Baco. Aquí en esta narración nihilista de Salvador Juárez, hay patetismo, señal semiótica en el uso del lenguaje; no hay palabra rebuscada, ni metafísica más allá de la realidad, hilvanando monólogos interiores de un individualismo lirico, poeta sensible que sabe hacer suyo el sentir de una conciencia colectiva. Esta es para mí una “estampa de realismo social”, urbana y crudo, doloroso, víctimas ellos mismos, olvidados de un sistema que solo ofrece desalientos, sin terapias de salud. Pienso que Chamba Juárez es el poeta cuyo lenguaje contribuye a preservar esas “jergas del lenguaje”, esa “voz populi” que se expresa desenfadado, con franqueza, de los trasnochadores oyendo a Juan Gabriel, Pedro Infante, Vicente y Alejandro Fernández canturriando frenéticamente las rancheras como: “Sufro tu ausencia”, “Esta tristeza mía”, “No volveré”, “Estos celos”, “Nube viajera” “Por mujeres como tú”, llorando a moco tendido locos de amor su sentimiento. Porque expresiones con intención poética son estas: “A la mierda pastores que la pascua ya pasó”, “En boca de botella”, “Eso nos pasa por andar confiando en los bolos hijos de puta”, “y me dedicaron unas rancheras con las que solíamos llorar/ bien a verga en uno de los salones de Apopa” Lo cierto esta poesía, denota humor al escucharla y “humor del negro”, sin ambages son dichas las cosas, así de simples al natural extraídas del alma popular.
¡Qué mejor ejemplo! muestra su “Testamento inconcluso”(2003), como siempre lenguaje popular, sentimientos renegando, desahuciado de este mundo infeliz dice: “La mera gente, pues, / El puro pueblo, aquí y allá / ¿! Y que más quería yo!?/…” es haber vuelto “agarrar zumba” después de trece años de sobriedad/ y quebré el bote con un mi cumpleaños / en Guanajuato, exactamente.” (Poema VI) “Y de ajuste / por no adaptarse al modelo se quedo gueliendo pega / picapedreando en la oscuridad, / haciendo muecas al pasado / con una coche bomba en la mano! Tirado al perro, completamente/ ¡Esta bueno que se lo haya llevado putas”…” Ahí se había quedado escuchando las viejas canciones al Che y a Víctor Jara. / Y a saber que putas ve en sus alucinaciones / que dicen que allá al fondo de la Tutunichapa / todavía llora por el Unicornio y el Sombreo Azul ¡… “Pues muerto el chucho se acabo la rabia…” (El letrado de las altas esferas) Como se observa mis queridos lectores, qué más vivencias humanas esta manera de decir las cosas, a calzón quitado, sin pretensiones, sin complicaciones rebuscadas en su poesía. Se reflejan momentos sufridos en “Mi libro azul”(2007), imagen del martirio alcohólico, tiempos que el poeta se chamuscaba la garganta en honor a Baco, cuenta experiencias familiares en el texto “Desde la Tribuna”, historia sobre su hermano Arturo y su padre, la tragedia por las garras del vicio, Arturo murió de una cirrosis. Ese batallar existencial en esa vagancia del lumpen que refleja su texto “Poema de los más bajos fondos”, puro monologo interior, el alma se debate en diversas circunstancias, vagabundeo, soledad, interioridad del subconsciente: ¿Y que ando haciendo aquí, / en plena madrugada, / sin rumbo en estas calles solas, / ¡tremendamente solas!?.../… ¿“Que fortuna me he quedado buscando / a tientas en el suelo, / como ciego desesperado / queriendo tactar una migaja no sé de qué? / Que me exaspera hasta el delirio.”… ¿Que fuerza me impide dar un paso / hacia la verdadera realidad, / aunque las ganas de salir del infierno / también sean poderosas…? “Y cualquiera llora al verse topado al cerco del infortunio. /…ha quedado completamente chuna. / Así como vengo por estas calles / barrileando con la esperanza de hallar aunque sea / un par de cachos, / que aunque no sean a mi medida está bien, / y aunque un zapato no sea igual que el otro / me da lo mismo…!” Poesía que hace pensar esa emoción fervorosa que habla con descaro, el fatalismo moral de total dejadez humana, pasar su temporada, lo que considera sus infiernos adorando al Dios Baco, sus rehabilitaciones en el Hogar del alcohólico, el poeta cuenta, se rescata con la poesía misma, la vivacidad de su espíritu de confrontar los delirios en que depara su vida capaces de perder la razón. El poeta muestra un retrato social, la anécdota o crónica de algo que contar que se identifica con su conciencia individual ante la realidad que enfrentamos. Una poesía que desde lo formal está desprendida de su ritmo, pero no desligada de su verso humano, en el camino de los más “bajos fondos” se habla con franqueza, sin hipocresía, sin misericordia lo llevan a la droga, a esa estampa de miseria humana soportando crueles zarpazos sociales a su vida. Eso lo notamos en “Veinte poemas de rigor y una canción desperdigada” poesía del 2000, cuyo título recuerda a Neruda, no en el “amor” pero si en su canción desesperada que el poeta sufre sin perder esa “inmensa alegría de vivir”…
Por lo general en su totalidad la poesía de Salvador Juárez, su temática misma capta y recrea, con dejos de humor, sarcasmo, ironía, solemnes instantes, desesperanzas, frustraciones; ante el mal estado de cosas, que corroen su alma llevándolo al uso de “expresiones con malas palabras” consideradas vulgares, léperas, chabacanas dichas en doble sentido como: “Cuando la cabeza de abajo se para, / la de arriba no piensa”, utilizada con intención poética. Además yo no creo en las malas palabras, más bien creo en la mala interpretación de ellas. Por ello tengo entendido que la poesía de Chamba Juárez, en sus inicios fue mal interpretada, cuestionada precisamente por su recurso poético usado, su manera de decir las cosas. Como que su poesía no cabía en el estilo de la poesía que debía escribirse en esos cruciales momentos de violencia social de la década de 1970. A ¿quién, por ejemplo? Podía importar en ese momento, las vivencias de los “bolitos” o del futbol de Apopa su ciudad natal, así como su individual desgarramiento de poeta, cuando se vivía ante un régimen que perseguía con la muerte, a quienes apoyan la lucha revolucionaria en contra de la dictadura que por años reprimía al pueblo; claro ubicada su poesía en ese contexto, parecía una poesía que no cuajaba con las circunstancias históricas. A pesar que para entonces mi crítica, daba razón a la poesía de Chamba Juárez, inclusive al principio, para ser honesto con mis lectores, no me gustaba mucho su poesía, no me llenaba de encantos, ni emoción, ni inspiración alguna, centraba su lenguaje en una forma común y corriente cada vez que leía y oía su poesía en recitales, sentía que contrastaba a lo vigente a los ojos de una problemática social que dolía más, consciente también que la poesía no debe aislarse del lenguaje común que diariamente vivimos, lloramos, oímos, cantamos, a putiadas y puñetazos de dulzura, los piropos amorosos, vulgares, que para la clase “Popof” son ofensivos. Yo estudiaba a lingüistas y críticos de la sociología literaria como: Lukács, Roland Barthes, Jacobson, semióticos del lenguaje, ayudan aplicando sus principios teóricos a la literatura, daba esa “razón a sus detractores, pero también daba toda razón de ser, a la poesía de Salvador Juárez y con el tiempo en segundas lecturas de su poesía, caí en la cuenta como por arte de magia, quizás también para sus críticos les pasó lo mismo, su poesía ya una vez asentada la posguerra me denotaba vitalidad, gracias a su lenguaje mismo, pues críticos de la época sostenían, en una poesía “de un lenguaje de gran simplicidad” pero después comprendía, su verbo se enriquecía, parecía afianzarse mejor a la identidad de nuestra gente, pues la poesía, sin importar las vivencias de donde venga, no puede nunca perder contacto con el espíritu de su pueblo si refleja realidad humana.
El Poeta Salvador Juárez, capta su mundo, exterioriza sus estados de conciencia interior que lo abruman de soledad, habla solo desde su rincón. Y entre este maremágnum de las circunstancias sociales, históricas que se viven, su lenguaje desagarra temores o valentía, inmersos en la problemática, alejado de todo formalismo puro. Chamba es un poeta fructífero que aporta a la literatura, que contribuye a rescatar vocablos propios del pueblo; expresiones que descarnan humanamente que dan vida e identidad al español que hablamos en El Salvador de hoy. Los poetas pero no los del Olimpo, poetas de Dios, ángel o demonio, benditos al paraíso o malditos al infierno de nuestras circunstancias sociales; capaces de soñar utopías y no a lo postizo, esta aparente realidad virtual que ciega oídos que ensordece los ojos. Pues vamos a los empujes al manejo descarado del imperio y es la crisis propiciada por el neoliberalismo desenfrenado y globalizador. Esta falsa modernización (entre cordones de hambre e inseguridad social), esta realidad aparente solo demuestra, el subdesarrollo y atraso en que vivimos.
En fin diremos que toda su variante poética desde su primer libro “Al otro lado del espejo”, de 1973 hasta “Impronta final” del 2010-12. Todo esto hace reflexionar el espacio antropológico de la poesía, se debate entre un eje social, cultural, político, que no da la espalda a la razón en sentido humano, a la oración luminosa, sagrada y desacralizado en el contexto histórico, de una realidad de grandes contrastes económicos, surge la poesía, constituida por hechos, tragedias, circunstancias políticas, míticas, los rituales, la tradición en tiempos ancestrales, testimoniales en que nace la poesía, como una forma de la conciencia social. Y donde debe haber sentido de compromiso, ante la realidad que circunda; obliga al creador a tomar una posición de clase, una actitud moral frente a esa realidad sistematizada, pues la literatura, la poesía y la razón misma son aliados vitales a una filosofía de ficción; y será por consecuencia misma, una razón de concepción idealista o materialista, según la conciencia social del poeta, del escritor, del artista, al percibir esos reflejos de la realidad, más cuando el lenguaje proviene desde la entraña misma del propio pueblo. De cómo la poesía, la literatura cuya complejidad estética debe estar presente, padeciendo, haciendo frente con imaginación de crear una ficción de la realidad o de una realidad hecha ficción como se quiera.
Pienso que poetas, algunos, de la talla de Chamba Juárez, Ricardo Castrorrivas, Roberto Monterrosa, Ulises Masis, Gilberto Santana, más que todo los caracteriza lo coloquial del lenguaje que utilizan tal cual como habla la gente. Entonces la poesía dentro de la cultura explora los valores de la lengua, de la tradición popular como hablantes que somos. Ahora en cuanto a la función poética en el uso del lenguaje en la literatura salvadoreña, se conocen antecedentes, en parte dados por el polémico poeta Roque Dalton (1935-1975) y otros de la generación de 1950 que llevan la poesía a un sentido de compromiso. Roque que influenció a las generaciones posteriores, tanto en conducta moral, militancia, al crear con maestría estética desde lo formal, una poesía urbana, conversacional, además un abanderado de esa poética del compromiso, que supo romper espacios históricos del proceso literario del país. Y flotando la poesía por un lado lejos o cerca grita el eco del testimonio de la historia misma. En la poesía de Chamba Juárez no hay ritmo y si lo hay es música de tonada triste, de melodía lúgubre que punza el verso libre, que rompe el verso “cristal” dada la imaginación diluida de su expresión casi prosaica, en todo caso “verbo”, poesía sin preocupaciones técnicas se rebela contra la “poesía pura” sin esa tradición del verso “rubendariano” que profesaran poetas postmodernistas del primer cuarto de siglo. Chamba Juárez, revelada su poesía en lo que en Ernesto Sábato llaman “anti poesía” o “exteriorismo” subjetivo y objetivo en Ernesto Cardenal todo por sus giros en el lenguaje popular. Razón tenga sobre algunos aspectos estéticos de su obra, un crítico como Jorge Vargas Méndez, poeta trabajador, un investigador, califique a Salvador Juárez en su estudio “El Salvador y sus hablantes”, como el escritor en El Salvador que en la mayoría de veces, es quien más utiliza en su poesía, los “distintos giros sintácticos, gramaticales”. Yo digo que Chamba Juárez, es un poeta en El Salvador de visión social, coherente con tendencias vanguardistas, al utilizar la expresión coloquial en la conformación de los propios cimientos de su poesía.
De modo que al tomar como base la literatura, la poesía, sus oficios en un contexto histórico, de relaciones humanas, sociales, económicas, políticas y donde los problemas nacionales están vigentes. Y de fondo la poesía anda flotando, asusta nuestra sombra, la incertidumbre, las noticias inesperadas, la violencia y las maras, el crimen organizado, más la corrupción como pecado fácil, frente a las luchas parlamentarias que los políticos de turno presentan el teatro de su vida sin ningún consenso ni soluciones de los álgidos problemas que aquejan a la sociedad salvadoreña, más bien más agravantes: “Y si alguna vez puedo salir de esta manigua de la existencia / hasta que no olvide esta cruz calle sin nombre/ esta zona de alta peligrosidad / donde mareros, ladrones y drogadictos / llevamos el mismo estigma” (Los tirados al perro y las maras) Y de fondo de esta problemática hay una estética extrema en la conciencia de dar testimonio con sentido de resistencia de esta realidad que vivimos, en este pueblo de espíritu trabajador, sin oportunidades, sin brújulas que tomen el más justo horizonte de buen futuro para todos. Por consecuencia misma la ola que impone el imperio, la neo-colonización con la globalización neoliberal de un sistema económico en perenne crisis, desintegración social, desigualdad económica donde el crimen organizado, las extorsiones andan a la orden del día. Todo esto la crisis del sistema que padecemos, la problemática que vive este valiente pueblo que se niega a morir. De base una cruenta lucha de clases como punto de partida de nunca acabar, desde la época misma de la colonia, desde la conquista y su resistencia, tiene raíces de base social en el obsoleto sistema de infraestructura económica de carácter medieval que nos heredaron los colonizadores, con el tiempo la burguesía criolla, la oligarquía, vino labrando buitres con intereses creados en este sistema de injusticia social en el cual vivimos. Donde no hay vuelta de hoja, no hay salida, la soberbia, el asco, lo grotesco la mueca y la risa miserable de un ambiente de sálvese quien pueda, de salir huyendo por falta de oportunidades, soñar otros rumbos, donde hacer vida aun con la nostalgia de la patria ausente. Soñamos como poetas la concordia, la armonía social, y la felicidad, vivir con más dignidad en una sociedad civilizada. Eso concierne hoy en día a los creadores de cultura de contribuir con sentido ético a ese proyecto de crear hoy un nuevo proyecto de nación, una nueva sociedad más justa y más humana. Conscientes que la poesía y ni el arte, como formas de la conciencia social, no pueden ignorar los problemas del hombre y la sociedad, ser solidarios con el épico sentir del mismo pueblo. Aunque a Salvador Juárez tampoco se le puede negar su visión política a través de la literatura, contribución práctica que lo lleva hacia los 80s a vivir la experiencia en las ergástulas cárceles de la policía nacional de un régimen dictatorial y sanguinario por entonces.
Como conclusión la poesía de Salvador Juárez en el quehacer literario salvadoreño, todavía hasta hoy en día continua siendo participe, fiel a su estilo de utilizar los diferentes giros del lenguaje de nuestro pueblo con esa intensidad espiritual para crear el “canto de la calle” con todo su humano sentir. Donde todo su numen poético, visto a la distancia del tiempo, se ha cimentado, enriquecido y por su forma de poetizar, es el poeta que más se apega su lenguaje popular a la identidad salvadoreña. Todo esto me permite explicar mis puntos de vista estéticos en el recorrido de su creación poética, cuya expresión popular, natural y formal se amolda a esa voz que caracteriza a Salvador Juárez dentro de la poesía contemporánea de hoy en El Salvador. AVT/05/11/2016

Alfonso Velis Tobar 
Poeta y escritor salvadoreño
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lunes, 5 de septiembre de 2016

ANDRÉ CRUCHAGA: VOZ REFLEXIVA E INCANSABLE

Luis Antonio Chávez, escritor y periodista salvadoreño.






ensayo


ANDRÉ CRUCHAGA:
VOZ REFLEXIVA E INCANSABLE

Luis Antonio Chávez



Extraño la luz de este camino que dan los nombres,
como rotas páginas perdidas con los años”…
Francisco Domingo Calles 




En 1990, cuando aún vivía nuestra recordada y ponderada amiga, la sempiterna princesa de la poesía y crítica literaria Dra. Matilde Elena López, tuve en mis manos una muestra de los versos escritos por el poeta André Cruchaga, los cuales degusté durante largas jornadas.
Lejos estaba de imaginar que un día estrecharía las manos de este poeta oriundo de Nueva Concepción (Chalatenango, 1957), para sellar una amistad que iría en alza.
De aquellos escritos a la fecha he acumulado cuanto poema ha llegado a mí de este autor, los cuales han aparecido en revistas y periódicos donde cedían espacios —en aquel entonces- “por caridad a la cultura”, acción que se ha ido perdiendo porque a los propietarios de los medios de comunicación no les deja dividendos económicos.
Sin embargo, aún hay un medio impreso que cree en los artistas y contra viento y marea ha mantenido una revista cultural que data desde aquellos Sábados Culturales (1980), pasando por el Suplemento Cultural 3000, inaugurado el 24 de marzo de 1990, idea gestada en sus creadores Gabriel Otero y César Ramírez (Caralva).
En dicho Suplemento han publicados sus trabajos tanto noveles como avezados escritores, algunos de ellos han puesto muy en alto el nombre de El Salvador.
Alguien preguntará porqué acumulé tantos escritos, más me limitaré a decir que ha sido por cuestiones de estilo y de búsqueda de un lenguaje no prosaico, tal como escribiera Juan Larrea, defensor de la teoría Creacionista con su estética defendida por Vicente Huidobro:
“El siglo veintiuno verá nacer el reinado de la poesía en el verdadero sentido de la palabra, es decir, en el de creación como la llamaron los griegos”, (1) lo cual buscaba —busca, según mi criterio poético—, romper con esquemas arcaicos para proponer nuevas formas de escritura, sin que la metáfora se sienta agraviada o  forzada a ser nomás un verso decorativo.
No niego que en esas noches, con o sin plenilunio, traté de hilvanar cada metáfora escrita por Cruchaga, apuntes que me sorprendieron de entrada, pues me gustaron y aquí estoy poniéndome a cuenta para no dejar “burra” en mis comentarios, certeros o no, pero en fin son los criterios de un autodidacta metido a escritor.
Por aquello de que me enjuicien antes del génesis, permítanme cubrirme con el manto piadoso de la escritura, que es benevolente con quien toca su puerta, pero implacable con los que toman “poses” para las cámaras sin haber hallado el acertijo en Peloponeso.
En los corrillos literarios se maneja la tesis que la escritura es un lenguaje endurecido que vive sobre sí mismo, por ello no nos sorprende el estilo y la búsqueda de un don que le es dado a André Cruchaga, quien lo acoge para sí, demostrando a lo largo de varias décadas dedicadas a manchar papel, el por qué recibe los frutos de su perseverancia.
Teresa Moncayo, estudiosa de literatura y escritora (Universidad de Cádiz, España), al referirse al trabajo del poeta chalateco, acota: “La poesía de André Cruchaga requiere distintas lecturas y tantas versiones… Creo que su poesía está basada en la claridad de pensamiento y se apoya en unas líneas a veces difíciles de “descifrar”… No es una poesía lineal, simple y basada sólo en la forma. Desde luego que no. Porque dice mucho en poco y, traspasa más, por esa forma y fondo que nos incita a pensar (más de la cuenta). Y es bueno “provocar” la reacción del lector. De lo contrario estaría hueca y no lo está.” (2)
Y es que el arte poético requiere de sacrificio, dedicación, disciplina… y el poeta a quien comentamos lo sabe, por eso trabaja como el orfebre, de ahí que las metáforas en su pluma tomen vida impregnándolas de celajes e imágenes que, al ser descodificadas, se imantan de una escritura que sirve de trampolín para subir al podio, convirtiéndose en una lectura grata y apetecible. Para respaldar mi comentario, traeré a colación las palabras del argentino Juan Larrea, quien asegura que “lo único que debe de interesar al poeta es el acto de creación”. (3)
Larrea agrega que “el poema creado es en el que cada parte constitutiva, y todo el conjunto, muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquier otra realidad que no sea la propia, pues toma su puesto en el mundo como un fenómeno singular, aparte y distinto de los demás fenómenos. Dicho poema es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta”. (4)
Pero para llegar a esta escala, el autor de Pie en tierra ha demostrado que nada ha sido fácil, que han sido largas horas dedicadas a la búsqueda de un lenguaje genuino, creer en sí mismo y darse cuenta de que haber tomado este “largo camino” en un país donde poco o nada se hace por los escritores, es confesarse así mismo que se tiene alma de aedo.
Quienes nunca han experimentado la fobia de enfrentarse a la página en blanco y en completa soledad, no saben que se entabla una comunicación íntima entre el hacedor y la literatura, que al final del túnel el escritor hablará por sus obras a través de su recorrido.
Veamos lo que escribe Roland Barthes en el libro El grado cero de la escritura en torno a la teoría de la comunicación íntima entre el hombre y la página en blanco: “Es la parte privada del ritual (comunicarse íntimamente con la escritura). Se eleva a partir de las profundidades míticas del escritor y se despliega fuera de su responsabilidad… Funciona al modo de una necesidad, como si en esa suerte de empuje floral el estilo sólo fuera el término de una metamorfosis ciega y obstinada, salida de un infralenguaje”. (5)
Por eso es que el paso por la literatura de escritores de la talla de Berlaine, Mallarmé, Baudelaire, Víctor Hugo, Walt Whitman, Erza Poud, Eliot, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Carlos William Carlos, Jorge Arturo, Jorge Boccanera, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Tomás Eloy Blanco, Vicente Huidobro, Octavio Paz, Gabriela Mistral…
Y si nos ponemos más patriotas Alfredo Espino, Claudia Lars, Raúl Contreras, Oswaldo Escobar Velado, Pedro Geoffroy Rivas, Roque Dalton… han trascendido por haber encontrado en la palabra un estilo, pero también reconocemos que antes tuvieron que quemar velas en la búsqueda de una poética que dejara huella en las alas del tiempo.
No nos sorprenderá pues, que cuando se da a conocer —en el mundillo literario de esta aldea— un nuevo libro de André Cruchaga, venga impreso en dos idiomas (depende del país que se atrevió y confió en el poeta traduciendo sus escritos), porque hallaremos una voz más iluminada dada su trayectoria.
Así llegaron a mis manos Alegoría de la palabra (1992); Visión de la muerte (1994); Enigma del tiempo (1996); Roja vigilia (1997); Rumor de pájaros (2002); Oscuridad sin fecha (Edición bilingüe castellano-cuskera, 2006); Pie en tierra (2007); Caminos cerrados (2009); Viajar de la ceniza (Edic. bilingüe castellano-francés, 2010); Cuaderno de Ceniza (Edic. castellano-rumano, 2013); Balcón del vértigo (2014); entre otros que iremos comentando.
Alzo la mirada, leo los versos de André Cruchaga, deambulo por las diferentes arterias de una ciudad asfixiante y virulenta. De pronto caigo en la cuenta de que los escritos de este poeta chalateco no se aíslan del marasmo citadino, sino al contrario, la convivencia con su mismo pueblo coadyuva a darle sazón al manjar que se nos entrega, aunque tengamos que hilvanar cada imagen como para ir redescubriendo sus escritos.
La palabra poética es un arte sin retorno que propone una sombra espesa de los reflejos de toda clase vinculados entre sí. Son acertijos acompañados de lo existencial. Ya lo ha dicho mi estimado amigo André Cruchaga, “los palmares no vienen solos”.
Y yo le agregaría que se necesita ser terco como nuestros abuelos, extasiarse con Trilce, visitar mil veces Macondo, ir a Comala, pedirle permiso a Huidobro por usurpar sus nichos, romperse el cuello y las pestañas… es decir sudar la camisola.
“Se camina, sin duda alguna escribiendo. Así, se mitigan o derriban muros físicos o mentales. La única consagración la da el oficio. La escritura no sale sola.”, leí alguna vez en el muro de Cruchaga.
¡Vaya que no se equivoca!, ya que si ponemos en el caleidoscopio las horas de vuelo que se necesitan para vestir a las ninfas del archipiélago, se cuantificará la aventura sólo por las grandes jornadas ajustadas bajo el sentadero.
Me detendré un momento para echarle un ojo al texto recién publicado de André Cruchaga, con lo cual se muestra del porqué de este comentario que reafirmar la tesis de que este poeta está dado a quedarse —con sus escritos— en la retina de sus lectores, quemando velas que a la postre dará fe de mi apreciación sobre el mismo.

Lejanía-Away, traducción al inglés:
Grace B. Castro Haro




Una visita a la poesía
En Lejanía-Away, traducido al inglés por la literata y traductora mexicana Grace B. Castro Haro, quien es licenciada en lengua y literatura inglesa, cuya especialidad es la traducción de textos literarios, el poeta escribe versos —no todos— impregnados de erotismo, sutil, sin caer en la pornografía, al menos esa apreciación me dio la primera lectura.
Por cierto a través de este espacio felicitamos al pintor salvadoreño David Duque, por haber contribuido con la portada titulada “Sueño azul”, ya que existe una comunicación entre los escritos de André Cruchaga aquí publicados y la obra pictórica de Duque.
“Desciende hasta la sombra viril del azogue. / Amotina tus senos en las redes de mis ojos, salpícame de trenes y litorales. / Enrédame en tus poros de matorral ardiente, en tus ijares de íntimos pétalos. /Después, deshabítame de tantos espejos: quédate en mi sombra”, plasma André en uno de sus versos. Y es que la palabra de André se nos presenta segura del camino trazado, pues en sus escritos hallamos el hurgamiento en los recovecos de la conciencia para cantar todo aquello que sirva de herramienta y convertirla en poesía:
“En los días corrompidos del índigo, el breve pájaro de los agobios en la sala de emergencia… frente a la rosa del torrente desaparecen los deseos fosilizados. —Vos y yo ascendemos al infinito de la desesperación-”, nos escribe el poeta como para reflejarnos esa crisis psicológica que vivimos a diario en este país cansado de tanta violencia.
Para nada sorprende que en la poesía de André Cruchaga hallemos imágenes muy bien hilvanadas, pues sólo quien es ciego no puede ver que en sus escritos dice mucho y respira, para después exhalar el aire que aún le queda, mancha y escribe, borra y envía al basurero lo que no se depura, pues para nadie es un secreto que este poeta vive la metáfora y el símil, veamos: “Sólo llegando al final, supe cuál era el principio (Ahora, ya denudo, puedo caminar sobre las aguas). En la flor de la memoria, ya no me asusta la rigidez de los balcones”, escribe André.
Una de las características de los poemas publicados de André, además de la profundidad lindando la filosofía, es la lírica compuesta por versos que no sobrepasan las veinticinco líneas o quizá menos; aunque aclararé que algunos escritores consideran que si no se escribe un poema-testamento, éste no sirve, en lo personal he incursionado en las distintas formas y me siento bien.
“Entonces yo juagaba con los muertos. Eran los muertos que mis ojos vieron en el vaso del insomnio. Entonces las palabras eran pájaros gigantescos… Yo era parte de los transeúntes frente a ventas frenéticas. Después vino el grito oscuro del reloj”, escribe André para dar testimonio de una década dura.
La pluralidad de las escrituras modernas, multiplicadas desde hace cien años hasta el límite mismo del hecho literario separa el “pensamiento” de un Balzac y de un Flaubert, eso —según Barthes— es una variación de escuela a que ambos escritores pertenecieron. Y es que leer a André Cruchaga es sucumbir como Dante a los infiernos y recalar con un ramo de rosas rojas en vez de blancas para la amada, es hacer del símil un manjar para degustar a la luz de la luna, viajar a un mundo que se le ha dado para que le cante a la vida, sin que el lector se sienta “extorsionado” con la metáfora, porque hay que decirlo, muchos dicen ser poetas, pero no llegan ni a tocar a las ninfas, pero los poemas de este vate son un descanso después de la tormenta.
“Me extraño de las puertas y las ventanas, me estremecen las indagaciones, y el ojo en extremo de emoción. (A veces se abren las semanas como un quejido de portón viejo)”, nos escribe el poeta.
A lo largo de los años, los poetas han utilizado la figura del espejo como un tema recurrente en sus escritos, con ello resaltan una imagen como símbolo de la irrealidad que subyace dentro de una sociedad polarizada, encontrándonos con individuos faltos de sentido común, donde reina la intolerancia, no dialogan antes de reaccionar de forma bélica y eso, quiérase o no, ahorraría tantas muertes en escasos kilómetros que encierran a este paisito que tanto amamos.
Dicha realidad es cantada a través de la poesía, el teatro, la novela… herramientas utilizadas como una coraza en los artistas cansados de tanta violencia. Veamos lo que escribe André Cruchaga al respecto: “Siempre resulta difícil adueñarse de la luz de las ventanas, descifrar los mensajes del arrepentimiento, no permitir que los recuerdos conviertan en sal el calendario”.
Cruchaga sabe que no es fácil sentarse frente al ordenador a plasmar un pensamiento que lo acorrala, ya que la poesía nos lanza las imágenes que debemos escribir al instante, pues si decimos que los haremos en cuanto tengamos tiempo, las ideas habrán desaparecido: “Escribir es fácil, sobre todo cuando lo hacemos sobre las falsas promesas, del ojo cerrado del cuerpo”… plasma el poeta.
Dar testimonio de la realidad en esta aldea donde subsisten los poetas de “puro milagro” es la tarea encomendada a los “juglares”, ya que “El poeta es la plomada de su tiempo” como lo afirmara el poeta Ulises Masis.
“De pronto pienso en los abismos del tabú, en los ojos grises de la niebla, en el amor que escurre de un alambique, (ah, las muletillas de las convicciones políticas debajo de las axilas.)/ Disimulo cualquier guisado profético sobre la mesa del horizonte.” Nos escribe.
Por el momento nos tomamos un descanso, respiramos, sentimos recorrer en nuestro cerebro las imágenes poética del libro citado… inhalamos la frescura del aire de la costa del Pacífico, diluimos la fórmula de la siguiente metáfora y continuamos:
“Desnudas arden las palabras en los labios: llueve el solo océano de los trapos, somos las mitades inevitables del sonido, los aleros crecidos en las piernas… Así crece el invierno en la estantería de los párpados”… escribe Cruchaga.
Leamos otros versos del poeta chalateco publicados en su libro Lejanía-Away: “Sobrevuelo en el autorretrato del monólogo: Las calles tienen repercusión en el cuerpo, son caballos las sombras anónimas que vagan en la teoría del braceo: de un tiempo acá, hay perdigones de ecos en la ficción”.
Leo los versos y reafirmo mi visión sobre este autor cuyos libros ya sobrepasan las dos decenas y cada texto es un deleite para la retina de quien lo tenga en su biblioteca, así sabrá degustar su poesía exquisita… sigamos con el análisis de los versos escritos por André Cruchaga a ver que sorpresas nos deja en el paladar.
“Cerré ya mi ventana para que no entre el humo de la hojarasca. (Sólo me puedo conformar con el tiempo que todo lo aploma, sospecho que en la conciencia sólo hay escombros y una forma vil de apaciguar la herida”. Escribe el poeta.
André se duele por la realidad que los circunda y lo plasma: “¿Acaso entra aquí la luz al final de la piel? ¿Acaso hierben los espejos cuando entro o salgo de los recuerdos? —El granizo muerde los taburetes del suelo la noche donde ladran los perros y enlutan las sombras del cuervo: arrastro mis dientes al vacío”.
Vía libre-Via lliure, traducción al catalán:
Pere Bessó, poeta, traductor, filólogo.




Uno más y se va de paso/ Vía libre-Vía lliure
Si el estilo es propiamente un fenómeno germinativo, sus alusiones están distribuidas según la profundidad en que se imbrican, de ahí que la poesía —a través de sus herramientas metafóricas, adjetivaciones o símiles- toma fuerza cuando quien se apasiona con ella sabe descubrir su magia.
Ilustrado por la fotógrafa profesional de origen argentino Graciela Strañák y traducido al Catalán por el experto en filología moderna, catedrático de lengua y literatura española, Pere Bessó, con más de una veintena de títulos traducidos, el libro En Vía Libre/ Vía lliure, es otro de los cuadernos dados a conocer simultáneamente por André Cruchaga, quien luego de la tercera llamada corre el telón acompañando al lector con un verso cargado de erotismo cuyas líneas despiertan la sensibilidad a flor de piel.
“Embebido en el espejismo oscuro de la taberna, el borbollón de olas como la noche terrestre de un burdel”… escribe Cruchaga
Con el preámbulo no hago más que preparar unas cuantas tazas de café, unas velas aromáticas, la respectiva semita tres pisos y unas almohadas para ponerme cómo y a seguir leyendo poesía, pues como todo poeta que reacciona lleno de esperanza, André le canta a su pueblo con evocaciones sutiles: “Soy niño dibujando otro mundo en las redes… nada me sorprende tanto como quien duerme en las aceras”.
Han pasado los años y desde el año de 1990 que tuve conocimiento de la existencia de este poeta chalateco no he perdido su huella, sus versos están llenos de vida, aunque en ocasiones le he sentido una veta lúgubre –pero no siempre- lo cual es como ver una hoja en medio del bosque de las ilusiones que tiene todo individuo que sueña con ser…
En este otro libro se nos presentan versos con un estilo muy propio, con una prosa exquisita, pocas líneas pero plasmada con mucha intencionalidad, escritas con alambre de alta tensión. Vemos: “Cuando la tinta se derrama arrastra todas las cicatrices de la página. Hay una fosa común para el grito, el silabario a punto de convertirse en poema.”… escribe el poeta.
André Cruchaga le canta a la vida y a veces encuentro –no siempre- imágenes desgarradoras, pero a la vez llenas de luz, faros de esperanza insertados en la dermis de un ser que ha vivido en medio de una tormenta que por poco y le arrebata la vida, un poeta que ha visto al rayo expandir sus esquirlas dejando mortandad por doquier y, si se corrió mayor suerte, centenares de luceros con muletas, como también ha visto brotar agua en medio de las rocas.
“En la hoja amarilla que se desprende de las ojeras, los recuerdos imprecisos del vaho, las sombras y los barquitos de papel. Caminos desabridos del tiempo en los coágulos de la saliva y la herrumbre… desconozco si las luciérnagas pueden alumbrar todo este bosque y lavar los tantos equívocos de las vestiduras”, nos dice el poeta.
En la poesía moderna —según Barthes—, las palabras producen una suerte de continuo formal del que emana una densidad intelectual o sentimental… la poesía moderna se opone al arte clásico por una diferencia que capta toda la estructura del lenguaje y que no deja entre esas dos poesías (la clásica y el verso libre) otro punto común que el de una misma intención psicológica.
Confieso que al leer a André Cruchaga caigo en el imaginario de los escritos hechos por Arthur Conan Doyle descendiendo a los puentes donde se encuentran a algunos seres como piltrafas humanas tras fumarse la vida con una pipa.           
“Después del desván vacío del fuego, los ecos derretidos de la sed. (El mutismo de la noche con todas sus ausencias), —la leña del ciprés se desvanece en presagios: / a cada funeraria le incorporo los Lázaros, a cada espesura mi sigilo, la edad íntima del laúd, / y la cobija de la neblinas que a menudo se torna circular en mis andrajos”…    
Sin embargo no se debe perder de vista que las dos formas tienen su propia musicalidad y un ritmo que quien lo descubre encuentra un oasis en su retina.
“Tanto bullicio para después quedarme solo en las aceras. Tanta muerte innecesaria. (He pensado en escribir mi próximo poema sin palabras), esta página envejece de aguas, ya el silencio carece de resortes y colchones, tiemblan los barquitos de papel”… reseña André para dibujar esa realidad que no nos atrevemos a ver.
Cierro por el momento este escrito, pues aunque hubiese querido seguir escudriñando las metáforas llenas de vida de André Cruchaga, me queda el entusiasmo y vivo cada verso como el siguiente:
“Tanto bullicio para después quedarme solo en las aceras. Tanta muerte innecesaria. (He pensado en escribir mi próximo poema sin palabras), esta página envejece de aguas, ya el silencio carece de resortes y colchones, tiemblan los barquitos de papel”…
Estos son los escritos del maestro André Cruchaga, imágenes literarias impregnadas de símiles que han llegado para quedarse en la retina de sus lectores y de quien auguro, seguirá aportando esos versos que ponen muy en alto a este país que tanto amamos.  

Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista
Ciudad de Los quemados, agosto de 2016.



1) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, Diario Co Latino.
2) Moncayo, Teresa, Universidad de Cádiz, España: estudiosa del lenguaje, escribió el artículo “Una mirada a la poesía de André Cruchaga”, aparecido en el Suplemento Cultural 3000 de Diario Colatino el sábado 23 de julio de 2016.
3) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6.
4) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, Diario Co Latino.
5) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, Diario Co Latino.

jueves, 1 de septiembre de 2016

PRÓLOGO DE ANTONIO ARROYO SILVA AL LIBRO “ABRA DE PANES Y PECES”

Antonio Arroyo Silva





prólogo



PRÓLOGO
DE ANTONIO ARROYO SILVA
AL LIBRO
“ABRA DE PANES Y PECES”





Por Antonio Arroyo Silva



Cuando siete poetas se reúnen en el espacio exiguo de un libro de poemas, apenas sin motivo ni causa aparente, con la luz de un aprecio o de una admiración recíproca que conforma el número simétrico del siete, entonces, nos parece que surge la sinfonía perfecta—sabemos— a partir de pequeñas imperfecciones que nos hacen humanos y, por tanto, poetas. De ahí este libro titulado Abra de panes y peces, que sirve de pequeña bahía, ensenada o fondeadero en el amplio mar por donde navega la poesía. Porque lo que parece aislarnos, realmente nos comunica.

Nos encontramos, pues, ante esa imperfección perfecta de las voces disímiles en este pequeño punto cardinal de un país extraño llamado Poesía. Digo esto  porque cuando los poetas se han congregado en torno a afinidades electivas o estéticas siempre hubo alguno que reclamó el liderazgo para sí y se produjeron escisiones, guerras y desamores mutuos, hasta el punto de que todos quedaron divididos y múltiples incluso dentro si mismos [permítame, Lady Kodima, tal licencia borgeana]. Homo sum, humani nihil a me alienum puto, decía Terencio, pero, aunque de las acciones humanas no nos sean ajenas, ¿qué pasaría si se juntaran las obras de algunos y se pusieran a dialogar entre ellas, dentro de un libro? Ya no importa el tamaño de cada cual, el mayor peso, la valoración individual. Ahora importaría el efecto que los poemas de cada uno de los poetas recogidos en este volumen proporcionarán al conjunto, independientemente de las individualidades que lo constituyan. Independientemente del país de procedencia: ver la poesía como un constante exilio. O su envés de esperanza: ver un mundo sin fronteras.

Por un momento, no obstante, mi máquina analítica se detiene a contemplar y entresacar características en tal valiente colectánea tras atenta lectura. Y se aprecia una propensión a alargar el verso y salirse de los caireles de la tradición métrica, sin perder la memoria literaria, sin morir en el intento. De esa manera, el libro puede ser ensenada, agujero o paraíso, perdido o encontrado. Encontrado y vuelto a perder. Una abra. Son siete poetas: cuatro cubanos en el exilio (Juan Calero Rodríguez, Claudio Lahaba, Eduardo Vladimir Fernández y Arlen Regueiro Mas), un español (Juan Carlos Mestre), un salvadoreño (André Cruchaga) y un argentino (Héctor Berenguer).

Aparte de lo apuntado anteriormente, esa versatilidad del verso, me encuentro con cierta tendencia al narrativismo que, entre la influencia de la literatura norteamericana—con el tamiz y la mirada de Gelman y otros poetas hispanoamericanos—y la memoria socio-literaria cubana han ido definiendo la poesía de Juan Calero, de Arlén Regueiro, de Claudio Lahaba y de Eduardo Vladimir Fernández, con mayor o menor fortuna, pero siempre en continua renovación y evolución y asumiendo el riesgo que implica verterse en la cultura del país de acogida o crear una poesía fronteriza entre lo cubano y lo exterior. Y, en todos los casos, vivir en el poema ese dolor que supone el exilio interior o exterior. Muchos efectos por una misma causa, como muestra del drama de todos los cubanos, se hacen eco en versos convulsos y discursivos, muchas veces luminosos y reventadores de sintaxis al uso. Pero, simultáneamente, descubriendo que las fronteras realmente no existen, pues son cepos y cárceles. ´

Juan Calero tan doliente
Y tan imaginativo.
Es Lahaba discursivo
Con un verso disidente
—la batalla de su mente
No se libra en un Bailén.
Mas detrás vienen Arlen
Con versículo preciso
Y Vladimir a Narciso
Echándolo del Edén.

Héctor Berenguer es un poeta argentino de Rosario. Poesía como interrogación, pero también como pérdida de identidad o, más bien, como lucha constante contra ese yo cuyo fin es desaparecer del poema y de la creación. Poesía escrita que vive en los otros y transciende el papel para asumir la memoria que va más allá de todo planteamiento antropocéntrico. Poesía siempre inconclusa, como el mar de Valery, siempre renovándose. Hay mucho dolor por la muerte, pero el planteamiento de la misma roza con la filosofía oriental o, más bien, con la percepción de poetas como Octavio Paz y Borges: la brillantez del día de uno y la noche del otro.

Juan Carlos Mestre, poeta español. Es uno de los poetas más valorados en España e Hispanoamérica. Su visión creativa y envolvente lo lleva más allá de lo poético y entra en la poesía visual. Por otro lado, conocidas son sus acciones en pro de la Humanidad y por encima de las fronteras y cárceles que el poder le tiende a la misma. Poeta consciente del expolio que el imperio español causó en América; pero también nos habla de la enfermedad consecuente y represora que este imperio dejó allí, al mismo tiempo que ese extrañamiento ante el paisaje que Mestre asume como propio. Hay que destacar ese punto de partida en que Mestre se inscribe en el pensamiento poético de Ezra Pound. A mi entender, de los tres elementos que proclamaba el poeta norteamericano (melopea, fanopeia y logopeia), Mestre destaca sobre todo en las dos últimas. Esa música y silencio de la palabra que proclamaba Valente no es propio de Mestre, su intención es conquistar el haz y el envés de una hoja en blanco y llenar esos espacios e instantes de pensamiento poético. La poesía de nuestro autor se revela en la sintaxis del verso, pero, sobre todo, en la progresión de la imagen que tiende a lo visual no a través de la palabra en sí sino por medio de una imaginación que linda con lo pictórico.

Capítulo aparte merece el poeta salvadoreño André Cruchaga. Si bien, como Mestre, parte de la progresión ascendente o descendente de la imagen, es de destacar su técnica del contrapunto, las palabras entre paréntesis y en cursiva. Poesía-pensamiento. A veces recuerdan las acotaciones de Lorca, a veces se presienten las iluminaciones de René Char, esa línea tan frágil entre la luz y la sombra. El molino de Char se afianza en el espacio físico del poema de Cruchaga y la sintaxis es la semántica del texto.

También es poesía testimonial de sí misma y contra lo otro externo, el poeta a veces me [se] rehúsa [rehusó] a la mudez de los nudos del calendario. Hábil juego de palabras entre su rebeldía patente que implica rehusar y la vuelta de tuerca que supone el usar de nuevo lo que rechaza torcerle el cuello al cisne (la mudez de la h muda). El espacio-tiempo de la página como el lugar e instante del ritual donde el sacrificio-renacimiento de esas "palabras resignadas". Junto a esto, el tema de la embriaguez que procede, quizás, del poeta Claudio Rodríguez. El poeta, más allá del Pensamiento, se reconoce más allá de la propia idea y entra en un estado donde todos los sentidos se conectan para edificar de nuevo el mundo en el poema por medio de la imagen, más allá de la falsa puerta del día, el canon del absurdo al costado del sueño.

Esas imágenes tan potentes no hacen que el poeta se evada de la Realidad, sino, como decía anteriormente, la instauran aunque con el dolor y el riesgo de perderse en el abismo de la nada. El poeta y su papel de Sísifo reinterpretado por Albert Camus. Por último, esa insistencia en el tema de la caverna me hace pensar en una revisión de los planteamientos platónicos lejanos a aquellos que hicieron los pensadores cristianos. Mucho de presocrático también hay aquí, sobre todo en ese tratamiento de un verso cuyas ya no son las mismas porque fluyen. Precisamente por esto, también se percibe que con acierto el pensamiento poético de André Cruchaga hace una revisión de las vanguardia: Petrificamos acaso los fuegos del artificio? ¿A quién le resarcimos la alegría? Esas son las palabras resignada que combate, que a su vez pertenecen a los hombres e intelectuales resignados a un sistema que nuestro poeta también combate con toda la fuerza de su verso.

Queridos lectores todos: no pretendo que lean con el corazón, pues los ojos del corazón solo miran la esperanza de la paz del vivir cotidiano; pero sí que fondeen las naves de su entusiasmo en esta ensenada o abra y naden entre sus peces y sus panes.
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Antonio Arroyo Silva (1957). Santa Cruz de La Palma, España. Destacado poeta canario y Licenciado en Filología Hispánica. Ha sido colaborador de revistas literarias nacionales y extranjeras.
OBRA PUBLICADA: Las metamorfosis (1991). Esquina Paradise (2008), Caballo de la luz (2010), Symphonia ( 2012), No dejes que el arquero (2012),  Sísifo Sol (2013) y Poética de Esther Hughes. Primera Aurora (2015). Mis íntimas enemistades (2016). Las plaquettes Material de nube (2012), Un paseo bajo los flamboyanes (2012). En ensayo, La palabra devagar (2012). Ha participado en varias antologías internacionales.

Fuente:
www.palabrasescritaspordentro.com/2016/09/una-antologia-necesaria-prologo-de.html