lunes, 18 de mayo de 2020

Teresa del Bosque (Muestra poética)

Teresa del Bosque, poeta Salvadoreña





PARVEDAD

A media noche siempre vengo
al cementerio de las lluvias
y me abandono en el confesionario de mis culpas

Me desnudo
cual niña decidida
a lanzarse por la borda de los miedos
mientras voy descalzando las palabras
que le vendo por catálogo           
al esmirriado salón de esos niños
que se le escaparon a la delincuencia

Aquí  
me siento más liviana que el vacío germinado
en el hueco del pecho

Aquí, donde solo existe      
la eterna audición de atoradas langostas
en el caracol encerado
del tímpano

Aquí no tengo que ser
gente de papel
reciclado
rutinario

Aquí me quedo
hasta que se descalcifican de mundo
mis harapos

Mañana volveré a cargarme
de bocas hambrientas la sonrisa
a venderla al mismo precio
al mismo público exiguo
hasta que me den de baja
los buitres del gobierno.


DIOS DE LA TIERRA

Estás en el ego del muro
en el radar de mis venas
en el plomo suplicante de los muertos
al otro lado de lo cierto       

Estás incinerando el polvo
mal habido del espíritu

Estás en este infierno    
tu reino encomendado
por guerrero, por amado          

Estás limpiándole el camino           
a ese padre que no existe
si no existo, si no existes

Porque eres, soy, es
conforme a mi necesidad
de no ser yo, tú, él, ¿ella?

Por eso eres      
el dios de este infierno
mío, de todos. 


LA POESÍA

La poesía es la ventana
donde aúlla la loba malherida            
es el abismo de cristales rotos         
el coliseo teñido con mi sangre   
          
Es mi cementerio personal               
mi río lava heridas          
mi pañuelo
mi hombro           
mi funeral de buenas intenciones

Es el recuerdo de lo que olvido
el arsenal de guerras pasadas         

Mi vida entera se tiró por la ventana

La poesía es oasis en el Limbo         
la tierra innegable a tu lágrima sin semilla
el azadón de los escombros      
el imán de pretéritos puñales, presentes y futuros

Es la cruz del sol quemando tu propio infierno             
el verdugo sin promesa de mejor amante
el carmesí del Nilo     
la cocaína que te eleva
y te lanza al vacío

La poesía es lupanar de desconocidos
sanatorio de heridos
necrópolis de los quebrados
cadena perpetua
pena de muerte     
paredón

Tanto es para quien nadie es
desde que metió su dulce baso de cicuta
por mi ventana.


DE LA ORACIÓN A LA AURORA

Destiñen a la oración  
mis cicatrices
rumbo al inframundo
en la vigilia de las ocho    

No existe rosario de mentiras     
enraizadas en el vacío de las almas

Rompe mi impiedad           
la mordaza de palabras en mi ombligo
y se eleva          
blasfema mi locura          
sobre el peso de los años   
tristes
blancos
longevamente solos   
desde la semilla

Llego al cementerio de mis dioses de papel
y reescribo mis demonios
crucificados en la punta
de mis dedos saca sombras tenebrosas
aullidos
pájaros de la muerte
orgasmos de aurora

Nada es pecado
después que quemas
la camándula de soles
nocturnos
evitándote luz

Nada es real
después de ti.


ME QUEDARÉ

Cuando me vaya
búscame en el espacio que ocupaba mi cuerpo

Ahí donde moría entre mis manos    
cargadas de miel

Ahí donde volvía al agua mi existencia

Estaré mirando desde abajo
el polen de los libros
la polilla del estante
el millón de recuerdos         
hacinándome la sombra

Me quedaré en el limbo de los sueños
en el rem del insomnio      
en la rebelde luciérnaga al olvido

Porque siempre fui energía diluida
en el filamento de mi cuerpo     
misterioso, paranoico

Siempre descifrando los mensajes
de salida
porque nunca quise el mundo  
pudriéndome los poros
pasajeros, desangrados

Estaré siempre mirándote
desde mi silla
no solo no vacía
en el meridiano de la herida.   


LA INOCENCIA DEL DIABLO

Incertidumbre canta        
el clarinete de la muerte     
como incierta mi existencia

Le pregunto al diablo         
por la eternidad de su condena
y la culpa de la gente   
convertida en santa mierda       

Parte el universo con la divina espada 
para huir horrorizado del castigo de su padre

¡Tanta mentira para ocultar     
a la madre entraña de los tiempos! 


CUESTA SER VOS

Con el párpado entreabierto del sol
te lanza la madriguera
al ruedo de la vida
donde te hacen la radiografía
los zopilotes que saben tu destino
tu hora de regreso
listos para devorarte en el camino
si te duermes
mirando las estrellas

La supervivencia está a la orden del día
frente a los postes de la esquina        
las antenas en los balcones
los resentidos de antes
hoy jueces de tu vida   

Afuera tienes que sacar la reserva         
para llegar a contar
los cuentos de la abuela     

Porque afuera
te metes entre las patas de las bestias
donde tienes que ser roca
o ser uno de ellos

Cuesta lo fácil
en esta tierra de leones:      
ser bueno que malo
ser verdadero que falso 
ser mujer que feminista

Cuesta ser claro que oscuro
amado que temido    
gente que animal

En estas circunstancias    
donde el producto del patriarcado     
heredado inconsciente
me aplasta más que a ellos
cuesta ser mujer… buena.


MEMORIA DE ADOBE

Nunca fue clara              
la sangre en el arroyuelo
del jardín

A las doce    
se escuchaba el retozo del engaño
entre los brazos de la bella Sihuelut

En el tejado       
gruñía la sombra      
fragmentada de chillidos infrarrojos
devorando capulines     

─ ¡Ahuuuuuuu!, en la parra de bambú

Volaba mi holograma   
hasta la vuelta del cadejo
y veía la hermosura de esos seres
temblorosos del sol
temblorosos del grito de la gente
de la piedra
del machete
de la vara
del amanecer

Pesaba el miedo en el tímpano  
hasta mi memoria de tierra
que mañana sería
la más hermosa de mi polen.


LA CEIBA DE 7 RAÍCES

Entró la muerte    
Se sentó   
Charlamos   
Me dijo que venía por la matriz de mis días

Le dije      
que ella tiene 7 raíces       
de ceiba milenaria
que la cuidan       
que no dejan acercarse a la guadaña

La muerte bostezo  
Me dio la espalda
Se fue. 

_______________

Teresa del Bosque o Teresa González, 13 de junio de 1963, Chalatenango, El Salvador. Es poeta, docente, abogada y notaria.

Desde la infancia desarrolló su gusto por la poesía, iniciando a los 15 años de edad a escribir poemas dedicados a su madre Mercedes González.

Obtuvo el Primer premio en el “Concurso de Poesía a la Madre” (1978). Segundo lugar en el “Primer Certamen de Poesía de Maestros de El Salvador” (2002). Mención especial en el II Certamen de Poesía “Mujeres Extraordinarias”, España 2017.

Ha publicado desde 1998 a 2007, poemas, cuentos y apólogos en las revistas “Juventud” y “Clase” del Ministerio de Educación salvadoreño. Ha publicado en el Co Latino y en el Diario de Hoy y participado en antologías nacionales e internacionales.

Entre sus libros se encuentran “Poemas de todos los tiempos” (1997), “Un poema para cada día festivo del calendario escolar” (1997), “Aprende y colorea con el mundo animal” (1998), “Sin más-cara” (2011). “Poemario Cívico Escolar” (2012), “Vida y Espíritu” (2013), “Mi Mundo Infantil” (2014).

lunes, 27 de enero de 2020

Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda

Vacío habitado, André Cruchaga (El Salvador)






Vacío habitado de André Cruchaga o la poesía como búsqueda de un lenguaje aprehensor
del sentido/ sin  sentido de la existencia

José Siles1

1 Narrador, poeta y catedrático de Universidad. Universidad de Alicante (España).


            André Cruchaga es un poeta salvadoreño que nació en Nueva Concepción (Chalatenango, 1957). Cruchaga se inició en la poesía allá por la década de los ochenta empezando a compatibilizar su actividad lírica con su trabajo como docente y gestor educativo. Su amplia obra ha sido traducida a varios idiomas llegando a obtener un importante reconocimiento internacional: “Alegoría de la palabra” (1992), “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (1996), “Roja Vigilia” (1997), “Ru­mor de pájaros” (2002),"Oscuridad sin fecha” (2006), “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados” (2009), “Viajar de la Ceniza” (2010), “Cielorraso” (2017), etc.
            André se incorporó al universo poético ante la necesidad de dar rienda suelta a su humanismo sensorial…, una faceta que explica en gran medida la insaciable  transversalidad sensitiva de sus poemas; tal vez eso tenga que ver con su infatigable actividad creativa y con la repercusión internacional que han tenido sus poemas que han atravesado fronteras geográficas, lingüísticas y culturales. Sin duda, una muestra de esta proyección internacional la constituyen la aparición de “Memoria de Marylhurst” en Estados Unidos, “Caminos cerrados” en Méjico y “Poeta en Barataria” en Cuba.
             El poeta salvadoreño nos vuelve a sorprender con una nueva y extensa obra: “Vacío habitado” editada por Teseo e integrada por nada menos que 112 poemas. Una de las características primordiales de esta nueva entrega consiste, de nuevo, en una radicalidad (de raíz, de profundidad, de ignota trascendencia) que confiere un gran calado al conjunto de la obra. Efectivamente, leyendo cualquiera de estos poemas al azar, el lector podrá confirmar tras su detenida lectura la persistencia de una estética que trasciende y aglutina la diversidad temática en cualquiera de ellos. Tal como afirmamos cuando escribimos la reseña de Cielorraso: “(…) Cruchaga no se ampara en la supuesta sencillez del fenómeno sujeto de su acción poética, sino que su indagación profundiza en las raíces siguiendo todas las vías posibles del ser poético…,ser que observa, siente, huele, ama, odia, toca, disfruta, sufre y, sobre todo,  respeta la esencia del sentimiento. Respeta porque ante todo se esfuerza por mantener la complejidad de su naturaleza. Cruchaga es un poeta sinestésico abierto al polisensualismo y esto lo convierte en alguien que busca casi obsesivamente la trascendencia de cada acto perceptivo yendo siempre al mismo fin: despertar la conciencia del ser humano ante la fatal incomprensión de una realidad tan confusa y aplastante como la misma muerte” (Siles, 2017: 246).
            Etiquetar a los poetas según las características de sus obras no es tarea sencilla y, muchas veces resulta artificioso, pero en el caso que nos ocupa es aún una tarea mucho más ardua. También es posible escudriñar las influencias de otros poetas y otros movimientos: modernismo, surrealismo, creacionismo, ultraísmo, etc. En este sentido, Cruchaga admira y ha leído a muchos poetas y seguramente tendrá influencias de muchos de ellos, pero es difícil que se reflejen en su poesía de forma evidente. Vicente Huidobro es uno de los poetas cuya influencia sí se puede atisbar nítidamente en el trabajo de Cruchaga. Huidobro equiparaba el arte poético al ejercicio divino pues éste rezumaba la libertad y la pulsión creadora que le permitía escribir poemas como “Ella”[1] en cuyos versos, como en una barrena que atraviesa las paredes de habitaciones donde todo es “Vacío habitado”…, se aprecia el  potencial sintetizador de la sinestesia[2]

“Tenía una boca de acero
Y una bandera mortal dibujada entre los labios
Reía como el mar que siente carbones en su vientre
Como el mar cuando la luna se mira ahogarse
Como el mar que ha mordido todas las playas”.

            Ya en la Biblia y en la  poesía clásica se encuentran antecedentes del enfoque poético sinestésico: Cantar de los Cantares (oleum efusum nomen tuum), Homero (voces color lirio), Platón (oscuro oír),  Virgilio, los barrocos españoles, el simbolismo francés decimonónico  los románticos ingleses y alemanes, los  modernistas, especialmente Rubén Darío y Juan Ramón (Schrader, 1975; Ynduráin, 1969; Córdoba, et al, 2012). Pero la amplitud del enfoque sinestésico desborda los límites de los ismos y las generaciones. Así podemos ver como Vicente Alexandre, representante de la generación del 27, integra en su universo poético la visión “fundidora” de los sentidos tanto a través de la mística de San Juan de la Cruz y Fray Luis de León como en los románticos decimonónicos ingleses. En definitiva, como Cruchaga, se trata de un poeta afincado en la necesidad de fusionarse con el cosmos para huir de la soledad, de la condena a la mortalidad. Por eso Alexandre también está influenciado por la sinestesia de los románticos ingleses que buscan una trascendencia emocional que los rescate de la nimiedad del ser: “Yo en estas tardes leo  Shelley, hermano cuya luminosidad me deslumbra. ¿Qué naturaleza dorada, melancólica o estática, ebria de luz o de tristeza y de amor (…)” (López Martínez, 1991: 284). 
             En Cruchaga encontramos esa misma poesía saturada de dinamismo y síntesis en la que el cosmos, la naturaleza y el ser humano aparecen simultáneamente tan luminosos, ebrios de luz y amor como melancólicos,  dorados por atardeceres declinantes y profundamente hundidos en una amarga y triste melancolía, tal como se muestran los sentimientos del poeta en “Transparencia”: Mirar la gota en el ojo que la ansía./La gota solamente en lo profundo./—Pero, no mires la claridad, en la claridad misma,/sino en la salida de los rostros y los nombres;/todo tiene su ritmo, el fuego y la muerte, el tiempo que nos alcanza y nos deja, el grano de mostaza en la estatura, la roca fiel al río/en su propio espejismo./No mires los colores volcados en el arcoíris,/sino en la rama disuelta del designio,/que la palabra compartida es silencio (…)” (Cruchaga, 2020:37).
              Esta estética pan-sensorial y sinestésica en la que el poeta traspasa el límite impuesto por la lógica ordenada de la realidad transformándose en un creador (creacionismo) sin ambages a imagen y semejanza de un dios, se aprecia en muchos de los poemas de Cruchaga y en “Vacío habitado” nos encontramos con varios poemas en los que la visión fractal de la realidad se viste de poesía como en “Invocación a la saliva” (Cruchaga, 2020: 169).

“En la boca, la saliva brama sus litorales.
¿De qué estás hecha para morder los crepúsculos
el pulso claro de las palabras,
los peces del fuego?
Gira alrededor la ráfaga de los minutos
Deambula la ebriedad de los sótanos,
los superhombres de la ficción (…)”.

            En definitiva, se encuentran en Cruchaga, algunas reverberaciones esenciales del creacionismo que lideró el poeta Chileno Vicente Huidobro,  que consideraba la poesía como una divinidad creadora de realidades dinámicas que fluyen a través del tiempo en un inaparente  y desconcertante equilibrio en el que la muerte juega un papel organizador crucial. En este sentido, André Cruchaga dedica varios poemas de su “Vacío habitado” a la muerte y a sus manifestaciones: Cada día la muerte, Fosa, Féretros,  Cada día nuestra fosa, Cadáver; porque conoce la sórdida necesidad de muerte que tiene la existencia para que prevalezca cierto orden, tal como afirma Siles en Paradoja: La muerte/ esa fulana maldita/con fama de puta/es la asalariada peor retribuida/ por la vida/ causa y fin de su existencia/…y su principal explotadora  (Siles, 2014:16).
           Así, en “Féretros” el poeta vislumbra con el sosiego de los sabios cautos la irreversible llegada del porvenir: “Siempre me ha cautivado la madera al poniente de mis zapatos. /En el callejón sin salida de la tumba,/las honras fúnebres del océano. /Y la turbiedad de los espejos (…)” (Cruchaga, 2020: 54).
            En “Cada día la muerte”: “Sube a la memoria el prensapapel de los ataúdes./ Todo está escrito, allí, después de todo en la respiración (…)”(Cruchaga, 2020:22)  se aprecia la preexistencia del final desde el primer aliento vital, pero no como un drama, sino más bien como la constatación de una realidad que todo el mundo necesita soslayar para seguir su camino con cierta higiene diaria.
            Pero sería poco ajustado a la realidad centrar la estética de Cruchaga en el creacionismo porque, en el fondo, lo que busca el poeta no es sino el entendimiento de la realidad, el tan traído y llevado “sentido de la vida”. El problema para Cruchaga como para otros grandes poetas, es la enorme impotencia que el ser humano tiene para detectar el auténtico sentido de la existencia, tal vez porque, en el fondo, no existe tal  sentido…, al menos dentro de los límites del lenguaje convencional que sigue subordinado a una realidad ordenada con una lógica incontrovertible. Sí, el lenguaje y sus limitaciones para expresar la complejidad contradictoria y múltiple de la realidad constituye una de las constantes y obsesiones de Cruchaga que, como Sísifo, emprende una y otra vez la fatigosa tarea de empujar la enorme piedra  de la poesía montaña arriba en una búsqueda incesante de sentido…a pesar de que tal vez es una tarea imposible; así lo expresa en “Césped en el ansia”: Nunca supe,/ qué cosa es el destino;/ y sin embargo, entendí los tiestos de ceniza alrededor de los zapatos,/ sobre la joroba de la pesadumbre,/ en la voz desmembrada de la espuma con toda su pureza de sal,/ salmos galopantes de las sombras (…)” (Cruchaga, 2020:20).
           En esta pundonorosa y continua búsqueda de una nueva forma de expresión, de adaptación del lenguaje a las raíces ignotas de la realidad, hay que interpretar el denominado lenguaje fractal en cuyo territorio se adentra el poeta salvadoreño. En este sentido, Jiménez Simón (2018) sostiene que Cruchaga concilia su obra en un universo ético donde impera el caos, pero solo aparentemente, porque en el fondo de su poesía persiste una geometría matemática cuyo orden es tan fundamental como inaparente.
           Con los descubrimientos de la física cuántica se reconoce, por fin, la impotencia del lenguaje para conciliar la realidad emergente con una nueva lógica diametralmente opuesta a todo lo preexistente, a todo el entramado previamente interpretado. Y se llega admitir que la existencia de una realidad y su contraria (el famoso gato que puede estar vivo y muerto simultáneamente según vengan dadas) forma parte de una verdad tan esencial como inaccesible al entendimiento y a su expresión mediante el lenguaje neopositivista. Emily Dickinson escribió un poema a mediados del XIX, Posibilidad, “(…) que bien podría haber sido esgrimido por Bohr o Heisenberg para ilustrar lo esencial de la realidad cuántica (…)” (Durán, 2017): “(…) Habito la posibilidad,/una casa más bella que la prosa,/más numerosa de ventanas/y más rica de puertas (…)” .
            Así Cruchaga sostiene en “Trama” la incidencia del cromatismo en la plasmación de una realidad que tan sólo es una muestra diminuta de todas las opciones, de todas las situaciones posibles: “Realidad,/ —¿Cuántas bocas encantadas en tu nombre?/¡Cuánta saliva en tu cuerpo?/(…)/—La realidad, ¿es sólo una aventura del cromatismo, acaso la oscuridad/enardecida, o la polea que nos provoca los sueños,/o el estatuto del caos que se rearma en el horizonte?” (Cruchaga, 2020: 108). No en vano poetas y hasta narradores como Michel Houellebecq ya se han posicionado sobre esta cuestión y en “El mundo como supermercado” el novelista francés apuesta por la necesidad de que la ciencia acepte la poesía como herramienta imprescindible en la construcción de un nuevo lenguaje que asimile y facilite la digestión intelectual de las contradicciones propias del universo cuántico (Cervantes, 2013). Leer los poemas de Cruchaga facilita, sin duda, una gestión diferente de la percepción del mundo y esto, en sí mismo, creo que transgrede el ámbito poético; así, en “Fermentos”, nos encontramos con el carácter invertebrado de toda certidumbre: “(…) En la pira del extravío,/ lo fugitivo de las certezas,/el hilillo del ansia como huella de piedra mientras existimos./Algo quedará en las estrofas del horizonte,/quizás el horizonte mismo/con sus aguas revestidas, el barullo o la muerte de nuestras horas,/el lindero o el obelisco de la espuma… (Cruchaga, 2020:69).
            Pero más allá del lenguaje fractal, los avances de la ciencia cuántica, el creacionismo o la sinestesia empleada por diferentes ismos a los que ya hemos aludido, tal vez lo crucial en la poesía de Cruchaga radique en algo que es mucho más elemental y compartido por el universo poético:  la falta de sentido de la vida. Ya Heidegger recurrió a la poesía para lamerse las heridas provocadas por su lacerante afirmación sobre lo absurdo de la vida en “El ser y el tiempo”: El hombre es un ser arrojado a la vida para la muerte (Siles y Solano, 2007). En El salto, Heidegger reincide en su desesperanza por hallar un significado a la existencia: Toma, arroja y abriga/ Y el salto sea/Desde el más amplio recuerdo/Hacia un infundado circuito (…)” (Heidegger, 2008).
           Cruchaga anda envuelto en una búsqueda existencial donde aparece una y otra vez el salto hacia el absurdo, calificativo que ha dado lugar a un “ismo” que va más allá del creacionismo: el “absurdismo” que surge como toma de conciencia del poeta de la imposibilidad de encontrar un sentido a la vida y que acaba convenciéndose de que la postura menos indecorosa consista en asumir ese hecho. El absurdismo hunde sus raíces en el existencialismo donde destacan Sartre y Camus, pero tal como afirma Cohen la poesía, aunque rompe la cadena causal para aprovechar el impacto desintegrador de la irracionalidad, no es en absoluto absurdo (solo es un absurdo en apariencia), porque mediante la creación poética vinculada al absurdismo se construye el sentido de la existencia que resulta inalcanzable por otros medios. Soní Soto (2009) analizando el absurdismo del peruano César Vallejo sostiene que el absurdo es la consecuencia de la reacción contra el orden normal para transmitir la propia concepción de la realidad que deviene de sus vivencias y sensaciones. ¿Nos suena esto en la obra de Cruchaga? En definitiva, siguiendo a Jean Cohen,  los esfuerzos de Cruchaga se centran en lograr una convergencia entre la criptica realidad y el lenguaje: “La misión propia de la poesía es ofrecer a lo más sólido del lenguaje y a lo más misterioso del mundo un lugar para una misteriosa coincidencia” (Cohen, 1973; Cervantes, 2013).
            En definitiva, en “Vacío habitado” el lector encontrará los hermosos, intensos y dramáticos poemas de un poeta irreductible en su complejidad que resulta difícil de etiquetar, y que utiliza la sinestesia para cruzar a nado la existencia…, una existencia poética en la que Cruchaga transita sin renunciar en ningún momento a su sensualismo sinestésico  desde un creacionismo “sui géneris”, en el que la percepción de la realidad es tan radical como la raíz de una secuoya milenaria,  a una poética insurgente creadora de un metalenguaje que se rebela pacíficamente desde el absurdismo lírico contra el absurdo de la existencia; y en medio de todo, los versos como instrumento para cambiar el mundo…, aunque sólo sea en la entrañable e irrenunciable  órbita del universo íntimo.
Referencias

—Cervantes, J. (2013). El absurdo creador (por Michel Houellebecq en ‘El mundo como supermercado’). Recuperado de https://amanecemetropolis.net/el-absurdo-creador-por-michel-houellebecq-en-el-mundo-como-supermercado/

—Cohen, J. (1973). Estructura del lenguaje poético. Madrid: Gredos.

—Córdoba, M.J. (et. al.) (2012). Sinestesia. Los fundamentos teóricos, artísticos y científicos. Granada: Ediciones Fundación Internacional Artecittà.

—Cruchaga, A. (2020) Vacío habitado. El Salvador: Teseo.

—Durán, A.J. (2017) Poesía del mundo cuántico (Emily Dickinson). Píldoras. Recuperado de https://institucional.us.es/blogimus/2017/04/poesia-del-mundo-cuantico/

—Heidegger, M. (2008) Meditación. Madrid: Biblos.

—López Martínez, M. I. (1991). Sinestesias en la poesía de Vicente Aleixandre. Anuario de Estudios Filológicos, 14, 283-299

—Martínez Simón, J.R. (2018). El realismo fractal de la palabra. Recuperado de Schrader, L. (1975). Sensación y sinestesia. Madrid: Gredos.

—Siles, J. (2017). Cielorraso, la poesía sinestésica de André Cruchaga. Cultura de los Cuidados, 21(48), 245-246. Recuperado de http://dx.doi.org/10.14198/cuid.2017.48.27

—Siles, J., & Solano, C. (2007). El origen fenomenológico del “cuidado” y la importancia del concepto de tiempo (…). Cultura de los cuidados. 11(21) 19-27

—Ynduraín, F. (1969). Sinestesia en la poesía de Juan Ramón. Madrid: Gredos.

—Soní Soto, (2009). Trilce, la poética del absurdo.  Revista, Casa del Tiempo, II-IV,  (22-23), 13-28. Recuperado de https://aracelisoni.wordpress.com/2009/08/23/trilce-la-poetica-del-absurdo/



[1] Fuente: https://www.zendalibros.com/5-poemas-vicente-huidobro/
[2] Se puede interpretar la sinestesia como la fusión de diferentes sentidos en la percepción de diferentes estímulos.



José Siles González, (prologuista, España)



José Siles González
Biografía
Su infancia transcurre en su ciudad natal, Cartagena, donde cursa sus estudios de primaria en el Patronato de Cartagena (1962-1969), y de secundaria en el Instituto de Enseñanza Media Isaac Peral. Tras un breve periodo en la Marina inicia su periodo universitario en Murcia (licenciado en historia y pedagogía, ATS), gracias a esta última titulación, lo que hoy se conoce como “enfermería”, trabaja en ciudades andaluzas como Cabra, Córdoba y Almería. A finales de los ochenta recala en Alicante, donde realiza su doctorado en historia y comienza a impartir clases en la Universidad de Alicante, en la cual ocupa actualmente un puesto de Catedrático en la Escuela de Enfermería. Haciendo alusión a su faceta de escritor, el propio autor señala «Desde el principio hasta el final, me he sentido atraído por la literatura, y gracias a ella en general y a autores como: Goytisolo, Landero, Joyce, Faulkner o José María Álvarez, me ha sido más fácil sobrellevar eso que llamamos "las cosas de la vida" ».
Bibliografía
Publicaciones
NARRATIVA
-Resaca estigia. Osario, Cartagena, 1986.
-La última noche de Erik BiKarbonato. Aguaclara, Alicante, 1991. (Premio Café Iruña, Bilbao.)
-El hermeneuta insepulto y otros relatos. Ayuntamiento de Villajoyosa, 1992. (Premio ciudad de Villajoyosa, 1991).
-La delirante travesía del soldador borracho y otros relatos. Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Alicante, 1995.
-Incluido en la antología: Nueva narrativa Alicantina, con la obra "La Utopía Reptante". Eediciones Tucumán, Alicante, 1997.
-El latigazo. Huerga & Fierro, Madrid, 1997. (Finalista en premio de novela Ciudad de Barbastro).
-La Venus de Donegal. Libertarias Prodhufi, Madrid, 2012.
-La Utopía Reptante y otros relatos. Verbum, Madrid, 2015.
POESÍA
Poemarios Protocolo del hastío. Vitruvio/ Colección Covarrubias, Madrid, 1996.
El sentido del navegante. Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.
Incluido en la antología: Poetas Valencianos del 90. Antología y Diccionario (Editor Ricardo Llopesa). Instituto de Estudios Modernistas, Valencia, 2000.
La sal del tiempo. Huerga & Fierro, Madrid, 2006. Los Tripulantes del Líricus. Editorial Devenir, Madrid, 2014.
Poemas en diferentes revistas literarias de España e Hispanoamérica
Ladridos de agua. Revista Perito en Lunas nº 10, p-23; 2006.
La metamorfosis del mercader. Letralia nº 291, 2013 La loca. Letralia nº 291, 2013. Fuente: 
https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Siles_Gonz%C3%A1lez


viernes, 19 de julio de 2019

LA RENOVACIÓN POÉTICA EN LA PLUMA DE ANDRÉ CRUCHAGA







LA RENOVACIÓN POÉTICA
EN LA PLUMA DE ANDRÉ CRUCHAGA




Por Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista



“Creo en ti, alma mía, el otro
que soy yo no debe humillarse ante ti,
ni tú debes ser humillado ante otros”
Walt Whitman




Ver la viga en el ojo ajeno, es querer recoger la cosecha donde ni siquiera sembramos la semilla. En Cuervo Imposible, de André Cruchaga (Teseo Editores 2019), dan ganas de acaparar el fruto y seguir leyéndolo, sobre todo por presentar una serie de aristas que trataré de descifrar, aunque ello implique madrugar para tomar aire y a la luz de una vela hallar respuesta a esas líneas impregnadas de sortilegios, acertijos, parábolas…
José Lezama Lima, al referirse al bregar poético, reseña: “se sabe que hay un camino para la poesía que sirve para atravesar ese desfiladero, pero nadie sabe cuál es ese camino”. (1)
Mientras que Walt Whitman (Citado en la selección hecha por Wolfon Leandro de Hojas de Hierba, palabras dichas por el poeta en 1855), lo dice así: “el poeta señala el camino que va de la realidad al alma”, es decir, “establece un puente entre el mundo de la materia y el de los espacios infinitos del alma”. (2)
Para cuando escribo estas líneas lo hago consciente de que muchos estarán al atisbo de que me deslice, pero aclararé que en mi escrito intento hilvanar todo un aparataje, como lo escribiera Roland Barthes:
“En la poética moderna, la palabra es el tiempo denso de una gestación más espiritual, durante la cual el “pensamiento” es preparado instalándolo al azar, es decir, ninguna palabra es densa por sí misma, sino que es apenas un signo de una cosa y mucho más”, acota Barthes. (3)
Lo que quiero decir es que el auténtico poeta va siempre un paso adelante, encontrándonos con versos oníricos, iconoclastas, herméticos o avezados –según el marco conceptual del lector de poesía–, pues las constantes lecturas logrará que le encontremos similitudes con los escritos de otros hacedores del arte.
Neruda, en Residencia en la tierra, plasma: “¿Ahora bien, de que está hecho este rugir de palomas que hay entre la noche y el tiempo, como una barranca húmeda? Ese sonido ya tan largo”…
En tanto André Cruchaga, responde: “Después de todo/ casi te palpo en la gota de rocío,/ en el sonido invisible de mis pies/ en el silencio, que de pronto/ es el único instrumento que nos sirve/ para desnudarnos”, terminando el poema así: “Para saberlo hay que colgar del alero/ nuestra propia respiración”… (P.18-19)
Haremos un apartado para poner en la ventana al poeta André Bretón, máximo exponente del Surrealismo (escuela surgida entre los años 1920-1940), la cual proviene de la escuela del Dadaísmo, tendencia literaria que propugnaba por el anti–arte, contrario a la visión del vate parisiense que no niega el arte sino que busca la construcción positiva del mismo. (4)
Bretón se decantó por el Surrealismo al considerarlo como el medio para unificar lo consciente con el subconsciente, es decir: unir lo racional con la fantasía (sueños), y la fantasía con una realidad absoluta o “sub–realidad”. (5)
Una de las características de esa escuela es valerse de las imágenes literarias lo mismo que de las metáforas para obligar al lector a hacer interpretaciones que lo lleven a explorar su propio subconsciente, caracterizándose ésta por la yuxtaposición de palabras que no están relacionadas entre sí por la lógica si no por la psicología, o sea que el escritor crea imágenes e historias oníricas que desafían la lógica. (6)
Aquí surge la interrogante: ¿qué tiene que ver Bretón en la poesía de André Cruchaga?, la respuesta es que las influencias literarias son necesarias para crecer en un ámbito donde existen trampas entre los mismos hacedores del arte poético, pero cuando se nace con un carisma no hay Tsunami que nos afecte.
Otros dirían que los escritos de André Cruchaga se perfilan como una poesía anárquica por cuanto dista mucho de las modas, encontrándonos –si se quiere– rasgos del poeta Stéphane Mallarme, uno de los poetas “Malditos”, quien hizo de la literatura un objeto, usando como herramienta las adjetivaciones al centrar su trabajo en la aniquilación del mismo lenguaje”. (7)
Por su parte Arthur Rimbaud –para citar a dos de los “Poetas malditos”– enfoca sus escritos en la modernización de la poética a través del estilo, convirtiéndose en arte sólo por referencia a la intención de la poesía. (8)
En el caleidoscopio literario de André Cruchaga hay una voz acompañando el devenir de los tiempos, tal como lo hizo el poeta cubano Nicolás Guillén, autor del Songoro Cosongo: “En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes/ y el grito se nos sale como una gota de oro virgen”, escribe Guillén.
Roberto Fernández Retamar también aporta a los conocimientos poéticos: “La poesía hispanoamericana de los últimos años se articula en dos goznes: modernismo y vanguardismo; ambos son seguidos por dos grandes momentos en el que andar hacia adelante es sustituido por un movimiento hacia adentro, de ahí que parezcan detenciones (pero) no lo son”. (9)
Tras poner en la palestra escritores de la talla de Lezama Lima, Whitman, Bretón, Rimbaud, Mallarme, Nicolás Guillén, Roberto Fernández Retamar y el incomparable Neruda, intentaré hilvanar cada escrito de André, esperando que el lector ponga la vista en el espectro metafórico para que haga sus propias valoraciones.
Iniciaré con la palabra Surrealismo para desmenuzar cada verso en el enfoque central, eso creará un ambiente –no conspirativo– pero tampoco afable para ver los escritos del poeta chalateco, ello sin forzar al lector a quedarse con la idea sino que vaya en la búsqueda de su propio marco conceptual.
Al leer el cóctel de imágenes literarias que nos pone en bandeja André Cruchaga observamos que éstas dejan un sabor agradable a la retina, por eso me traslado al submundo urgido de la pluma del poeta llevándonos a la etapa que salvará la metáfora del olvido.
En Cuervo Imposible hay una obra mesurada, alejada de prejuicios, es decir, aquí se rompe la forma para darnos una voz más atrevida, y aunque a veces se lean versos con un toque apocalíptico –no es pecado hacerlo– nos apoyamos en la misericordia literaria para acceder a cada acertijo oliente a aserrín o al frío que dejan los rieles de la historia.
“Hoy vivimos otras secuelas del mismo rostro:/ …nos limitamos a saltar sobre el peligro en las calles,/ sin volver la vista a los paraísos perdidos de la infancia,/ al ala donde cuelga la ventana del horizonte”, escribe André, y culmina: “Son días funestos:/ en cada acera hay chimeneas de cuervos en busca de carroña…/ ¿Hacia qué bosque debemos dirigir nuestras plegarias y vigilias,/ el escapulario de viaje de la brisa…” (Pág. 24)
Le daremos vuelta al calendario cuyas hojas amarillentas dan cuenta de golpes de estado, terremotos y guerras a las cuales acudimos sin permiso alguno, pero que dejaron hondas huellas, cuya cimiente tardará en sanar.
“¿Qué hacemos con los recuerdos,/ sino suculentas pesadillas,/ pastores eternos de la hojarasca del sepia”… (P.33)
André Cruchaga domina con gran soltura el verso de largo aliento, cuyas formas reflejan su espíritu rebelde (No evade la realidad, aunque para el común de los mortales, lo parezca), donde la voz intuye, explora, se oxigena, sangra, y renace para dar un soplo de esperanza.
Cruchaga nos escribe: “Detesto sentir cadáveres flotando en las entrañas, / y que las termitas/ del tiempo desgarren el sosiego en trocitos; / debajo de los huecos desplomados del polvo, / quizá valga la pena/ escribir una elegía a la hoguera hecha añicos”… (P.38)
Una de las características del trabajo impreso en el libro Cuervo Imposible es que posee una serie de simbologías encerradas en cursivas, paréntesis y guiones que, para el común de los lectores, han sido puestas de forma antojadiza.
“–Hemos vuelto mudo el arco iris:/ de pronto el blanco y negro/ nos representa como fondo de cine mudo,/ como una habitación/ amarga de cadáveres”, escribe André, para después agregar; “–Vos y yo, que sin codicia, creímos en la risa;/ ahora se nos dan/ raciones diarias de desvelos y sollozos...”. (P. 40), plasma el poeta desencantado por haber creído en un proyecto.
Si habrá que poner un calificativo, diré que André Cruchaga es de los poetas exquisitos, de esos seres cuyo canto es un toque de asombro que seduce, pues sus escritos son líneas impregnadas de vida, tanto así que a veces me pregunto si el vate chalateco habrá bebido agua del mediterráneo, pues a veces –no siempre– le encuentro similitud con la poesía lituana.
“(Podría decir otras cosas negando esta ebriedad, / negando el nosotros sobreviviente, / arrojar el nudo de la garganta a los pájaros, / aullar sobre la caligrafía manchada de las paredes…/ pero no puedo./ después de todo,/ sigo habitando el bajorrelieve de la humedad”. (P. 42)
Acotaré que, si las aguas por las que navega André Cruchaga están habitadas por densos cardúmenes que merecen ser estudiadas por aparte, no seré yo quien asuma ese rol, ya que para ser catador de poesía se necesitan millas de vuelo, y mi objetivo sólo es plantear algunas ideas poéticas sin caer en una verborrea que llame al sopor.
“Gritamos cuando la fiebre de la noche puja en la garganta,/ cuando las sílabas han sido cercenadas con hachas,/ cuando para vivir debemos cultivar el oficio de masticar moscas,/… y suponer que los miedos sólo pueden ser clandestinos,/ cuando la boca enmudece/ carbonizada sobre los tiestos inverosímiles del espejo”, dice Cruchaga. (P.47)
La brújula que guía la pluma de André Cruchaga es una ruptura alejada de poses, pues se distancia de la batucada “roba flash”, revistiendo sus escritos con una voz –como coraza- en las imágenes literarias imantadas de ironía:
“Aquí siempre la víctima pierde el honor y la mesa;/ menos mal que se nos ha dicho/ que vivimos en libertad y democracia,/ menos mal que el sistema funciona,/ aunque la parsimonia/ nos dé escalofrío, gangrena, osteoporosis, angina de pecho; / menos mal que todos estos malabarismos son / para duplicar las cuarenta noches que hemos vivido”… escribe el poeta en alusión a los tiempos apocalípticos que vivimos (P. 49)
A veces me interrogo si el poeta habrá pisado alguna vez las sandalias del Nazareno, al recrear versos impregnados de religiosidad con parábolas difíciles de descifrar.
“Nos sonríe la máscara de nuestro nombre, / el del santo patrono/ de los escapularios sacado del vientre de las hostias… Al final, sólo me quedo con esa sensación de vigilia, / el insomnio de lobo frente al quicio de la puerta, /el toque de queda disuelto en el pecado”. (P.51-52)
 Cruchaga pone ante los ojos del lector anónimo un canto y lo vuelve cómplice de sus versos, pues la realidad es un Zoom reflejando un complejo imaginario, el cual va adquiriendo discurso propio, así, erguida la pluma, el sujeto atrapa a la palabra dándole vida, cuyo resultado es un fluir de imágenes:
“Ya no sé qué rumbo deben tomar nuestros sueños y los ajenos. / No hay lugar seguro en las vigas de la luz; / la demencia se apoderó de todo el alfabeto. / Ahora también nos persiguen los murciélagos, / la atarraya enfangada de las lámparas/ el puñado de lava que nos asfixia/ desde los cuatro puntos cardinales”. (P. 54-55), escribe Cruchaga.
 La apreciación justa de una década plagada de masacres, secuestros, luto, dolor… tendrá su valor sólo si nos distanciamos un poco dándole vuelta a la página de la historia y con ojos fríos contemplamos las escenas mortecinas de esos tiempos con la sensibilidad que eso provoca.
“¿Hacia qué suerte de memoria nos llevan estas calles,/ acostumbradas a la carroña,…/ La calle, hoy, tiene su propio rostro:/ nos muerde su bramido de muerte,/ como un nido de hormigas impunes en el despojo”. (P. 55)
En Cuervo imposible, el poeta insufla vida propia a cada palabra, estructura el verso en cuyas líneas hay toda una enciclopedia debido a las múltiples acepciones, y aquellas que faltan las pone el lector, según su marco referencial, volviéndole cómplice de las imágenes tachonadas de acertijos:
“Nada es cierto, después de todo, cuando hastío y desgano/ juntan sus manos,/ cuando la noche está cerca y crecen los coágulos/ de gritos en la orfandad,…/ voy de rodillas y sin ungüento en la piel,/ para hacer menos dolorosa la espera”. (P. 59), plasma el poeta.
Whitman nos interroga midiendo qué tanto sabemos de la historia reciente así como de poesía, haciéndonos partícipes de su canto: “¿Has practicado lo suficiente para aprender a leer?, ¿tan orgulloso te has sentido de captar el significado de los poemas? (10)
Lo anterior encuentra respuesta en la pluma de André: “No se necesita de un oráculo para entender el charco de sal en las pupilas…/ No hay lugar seguro, sólo la carta de hollín pegada al paladar,/ la niebla desparramada en todo el espejo de la calle,/ y el juego peligroso del albur,/ en manos de los prestidigitadores de turno,/ los que rompen con cópula desde la infamia.”, refiere el poeta (P. 69-70) 
En el trabajo poético desarrollado durante varias décadas por el poeta André Cruchaga encontramos una sombra cobijándolo en un arraigo que tiene implicaciones en el subconsciente, vivencias acumuladas que interrogan, pero que responden al compromiso como escritor:
“Sobre el papel, la tinta manchada de las palabras,/ el sorbo de la nada en abandono,/ el largo camino de moscas sobre las piedras./ Siempre volvemos al mismo papel y a la misma tinta:/ las aguas del recuerdo con sus intermitencias,…/ Respiramos con el corazón hecho del mertiolate sobre la llaga,/ y desafiamos el reloj de peces, el fuego del costado”… (P. 74)
Dicho en otras palabras expondré que leer la poesía de André es toda una aventura, ya que su voz toma fuerza a partir de las metáforas muy bien estructuradas, porque es una lírica que escala peldaños en los nudos de la garganta y a través de la imagen va soltando sus cuitas en el propio lenguaje del poeta, alcanzando así el equilibrio que culmina con la publicación de las mismas en un libro cuya voz deja de ser de él para fusionarse con los lectores ávidos de frases nuevas o viejas, pero añejadas con el mejor vino.
“En el fetiche del calendario se disuelven los días,/ aúlla el mar sobre las rocas,/ -juntos el desvelo y el cenicero,/ oscurecen el aliento,/ la sangre derramada en comunión con paredes desfallecidas,/ -a veces la ciudad se vuelve un artefacto peligroso,/ en realidad,/ todo el tiempo hay sombras y suicidios,/ miedos acechantes,/ alcantarillas nos nutren de gritos,/ tropiezos y equivocaciones/ como un alud de aves de carroña”. (P.84)
La escena se completará cuando le añadamos a nuestro intelecto las respectivas interrogantes al espacio que le tocó vivir a Cruchaga, pues guarda muchas llagas en la alacena, ello coadyuvará a hacer menos pesada la carga y a comprender las razones del por qué le canta a esos años nebulosos, pero que en un hecho promisorio le nacen las preguntas que se aprestan a diluirse con el tiempo.
“Por más que lo neguemos, siempre hemos sido escoria del poder,/ extrañas formas de viento en la ventana,/ caminos quemados el uno al otro,/ desconocidos, extraños, sospechosos;/ nuestra caries nos mete en peligrosos designios,/ en causas de agua fatigada”… escribe Cruchaga. (P. 78)
Si queremos comprender los escritos impresos en el libro Cuervo Imposible, debemos hacer una lectura amplia, pues nos encontraremos con una multiplicidad de imágenes con sus raíces que alimentan el acervo del poeta, cuyas líneas nos inducen a no quedarnos con las simples metáforas, sino tener esa sensibilidad que nos despierta, por lo que nos canta:
“Conozco la oquedad que dejan las iglesias en los ojos,/ las palabras agonizantes,/ endurecidas en el agua,/ los designios cada vez mayores/ del cántaro roto de la sinrazón,/ sumergido en la memoria”… plasma Cruchaga (Pág. 86)
Jacques Cousteau, a través de sus investigaciones estudió la vida en los océanos, sorprendiéndose de las maravillas marítimas, eso mismo nos lega el arte poético tras alcanzar cierto clímax con las imágenes que asombran, o como dice Lezama Lima “que logran guiarnos por la precisión de la poesía, colocándonos como en una especie inaudita que nos mantiene en vilo”. (11)
Ante eso, André nos dice: “Hay un río interno de remordimientos que moja el entresueño, / cuartillas impregnadas de habitaciones,/… ¿Qué nos queda, después, de esta piel gastada del agua, de tanto invierno de trabajar ventanas,/de cada rocío/ que se ha ido acumulando como un escapulario/ de campanas mudas?”. (P.112)
En Cuervo Imposible la palabra pareciera ser un arrebato de emociones que proponen ráfagas de luz vinculadas entre sí, y que, bajo su sombra, yace la suerte de lo existencial para devolvérnosla –como en un lienzo de Dalí– una carretera integradora de un todo, en un sentir atávico alimentado –como Kafka– del existencialismo.
¿Quién no ha sentido lo gélido del alma cuando los recuerdos les atizan?, las paradojas nos llevan a disimular el dolor que nos aqueja y vamos por el mundo desnudando la palabra: “Descalzo siento la sordidez de los guijarros/ y la rigidez del suelo en el que camina Antígona/ y el rito ardiente de las hormigas”, nos dice el poeta. (Pág. 115)
Para algunos esa carretera bifurca varios caminos donde el canto está enrumbado hacia la intención misma de un discurso, pero será el consumidor de poesía quien tomará la señal como un todo y descodificará el verso según la respuesta que mejor le talle.
“Debo suponer que no es suficiente el delirio,/ ni tener los dientes largos de lobo,/ ni buenos pedernales de próstata,/ ni apetitos indoblegables,/ por el promontorio de asedios, pesadumbres, dolores,/ errata de equilibrista de crepúsculos: -de pronto, todo fastidia. (Mueca el sexo vendado/ de los embudos, la sospecha”… grita el poeta a deshoras (Pág. 116)
André tiene urgencia por buscar nuevos y mejores derroteros, pues en este país cualquiera se siente desesperado por los vacíos que se quedan en el alma; sin embargo, cuando se puede atizar el fuego de la llama por vivir, está la metáfora cubriendo las vivencias:
“Se ahoga el tiempo y la última ala del paisaje./ Los pies, acaso fugaces/ como las pupilas, como el aliento invisible de todas las huidas./ En medio de la calle nos tortura el pavimento./ Gotea el evangelio”… (P.118)
En Cuervo Imposible, André nos presenta una voz imantada de incertidumbre, de desazón y de muerte… de esperanza, pero, sobre todo, de urgencia por decirlo todo y no quedarse con nada, por eso es que a veces leemos –a manera de aclaración– textos escritos entre paréntesis, con guiones o cursivas, como efectos secundarios que indican al lector avezado o no, que es necesario un descanso.
“Hecha trizas la esperanza se equivoca la carne: es abominable un país con lágrimas, un país que no escupe su flema, ni asombra en los recuerdos que se tienen./ Mi mala crianza me hace pensar sólo en los prostíbulos./ Deseo estallar en tanta mueca vacía.” (Pág. 126)
Invito al lector a no despegar la vista de los poemas de este poeta chalateco, mientras yo me deleito con los versos impresos en la Vía libre, pues debo aprovechar el Cielo raso, antes de irme por las Calles hasta quedarme degustando con sorbos de la mejor chicha los escritos de André Cruchaga en un Hotel.

Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista
Julio de 2019

(1) Lezama Lima, Las eras imaginarias, Edit. Fundamento.
(2) Wolfson, Leandro, cita a Whitman en la compilación de Bolsillo de la edición de 1855, (Edit. Crepar)
(3) Barthes, Roland. Grado cero de la escritura. (Editorial Siglo XXI)
(4), (5), (6), (7), (8) y (10): Caro, Laura, Surrealismo literario: características y representantes (tomado de Internet)
(9) Roberto Fernández Retamar: “Situación actual de la poesía hispanoamericana”, impreso en la Revista Hispánica Moderna, año XXIV, No. 4, octubre de 1958, Pág. 325. 
(10) Wolfson, Leandro, notas escritas en la edición de Bolsillo citando a Walt Whitman de la edición de 1855, en la Edit Crepar.
(11) Lezama Lima, Las eras imaginarias, Edit. Fundamento.

RECUADRO
Título: Cuervo Imposible
Autor: André Cruchaga
Editorial: Teseo Editores
Tiraje: 250