jueves, 28 de enero de 2010

poemas de lorena estrada


Lorena Estrada, joven poeta de El Salvador







Fuerte





Salitre últimísimo,
hoy que es mi lámpara
Quien marca la hora en este cuarto gris y ciego,
El siguiente viento
que necesito es el de tu abrazo

Tu abrazo más allá de la carne y la arteria
un abrazo que no se apague con el día.
Suspiro del polvo que fue estrella
Y Teshcal, eterno hueso del fuego que somos.

Un abrazo con la calentura de una lluvia.
Fuerte huracán de ramas de bronce.
Rosa del sismo, laurel de espuma sobre mi cuerpo.

Hogar, como sombra hecha de mis propios brazos
Tu abrazo de color de primera tarde y primer beso.

Catedral de pájaros,
Patria de tu nombre y el mío,
Tu abrazo de ancho mar
Y De minúscula lágrima

Tu abrazo…
sin más palabras que tus brazos
alrededor de nuestro sueño
es lo que necesito
en este cuarto gris y ciego.







Hojas en el césped





Fui yo
quien no vio un ángel levantándose desde tus ojos
o un pañuelo castaño ondeándose al final de tu risa.

No imaginé el sueño cubierto de selva
pero sino amara tanto, bien podría compartir tu muerte.
Porque más profundo llegan los que jamás nos abordan.

Fui yo
quien no leyó tu sombra bajo el eclipse,
en el silencio de la espuma
que al trasluz de la arena se desvanece.

Y no vi en tu cuerpo las hogueras,
la fuente del insomnio que otras anhelaron

No destilé mi sangre para tu sed inmensa.
Ni le puse tu nombre a mis naves hundidas.

Tus manos vulnerables no encontraron impulso y fibra
para sacudir la ceniza de mi frente.

Mas lo cierto
No supe, o no quise,
Eso es otro laberinto
que ha de llevarse al otro lado del aguacero

…Alguien más llorará por nosotros
Alguien más recogerá las hojas que dejamos…
Hoy el mundo se prepara para dar su siguiente vuelta…







Hojas en el césped






Fui yo
quien no vio un ángel levantándose desde tus ojos
o un pañuelo castaño ondeándose al final de tu risa.

No imaginé el sueño cubierto de selva
pero sino amara tanto, bien podría compartir tu muerte.
Porque más profundo llegan los que jamás nos abordan.

Fui yo
quien no leyó tu sombra bajo el eclipse,
en el silencio de la espuma
que al trasluz de la arena se desvanece.

Y no vi en tu cuerpo las hogueras,
la fuente del insomnio que otras anhelaron

No destilé mi sangre para tu sed inmensa.
Ni le puse tu nombre a mis naves hundidas.

Tus manos vulnerables no encontraron impulso y fibra
para sacudir la ceniza de mi frente.

Mas lo cierto
No supe, o no quise,
Eso es otro laberinto
que ha de llevarse al otro lado del aguacero

…Alguien más llorará por nosotros
Alguien más recogerá las hojas que dejamos…
Hoy el mundo se prepara para dar su siguiente vuelta…

martes, 26 de enero de 2010

poemas de walberto jeovany campos morales


Walberto Jeovany Campos Morales, El Salvador





Poesía obscura





Simples iniciales son mi nombre;
una simple coma son mis noches…
y una pequeña pausa en mi párrafo,
mi pasado, un párrafo borrado;
versos son mis pasatiempos,
mi pasatiempo son prosas
y sonetos de amor profundo…
prosa es mi caminar en sí…
son un soneto catorce días de mis años vividos…
mi ser, un verbo marcado por las horas;
las horas, una abreviatura de mi ser…
un punto y seguido son mis días;
mis días, sintaxis de mis pensamientos…
o palabras yuxtapuestas a mi mente.
Mi voz es mi fonema y mi mejor prosodia…
Sustantivo es el sol que me alumbra,
en cada amanecer…
y un acento de un atardecer de verano…
Una diéresis soy en este planeta…
en un futuro seré quizá un prefijo,
o un sufijo de un simple papel.
Gerundio de una acción soy…
diptongo de una palabra sincera…
epigrama son mis enfados…
y mis enfados son sátiros…
y un punto y final todo lo que he dicho…
pero después de esto…
al morir, puntos suspensivos serán mi vida…
sí, ¡ahí sé que habrá puntos suspensivos!…
porque aún no termina todo al morir…
Pues, ¡quién sabe lo que me espera
en el más allá!...
¡ojalá sea un cielo!;
¡no quiero otra cosa!…
y punto y final, ahora sí,
punto y final a mis palabras.




Desafío





No vengas hacia mí todavía,
que no quiero abandonar esta vida;
porque quiero algunas cuentas rendir,
porque te voltearía la espalda a la salida
de mi existencia, antes de mi partir.

No vengas que así estoy bien,
no quiero tu visita pálida y aterradora,
ni ver tu sombra que quizá de puros huesos se dibuja;
porque no quisiera exprimir limones en tu sien
para que huyas a un millón de millas por hora
a buscarte un lugar entre brujas.

Que te ordene Dios primero,
no vengas sin su previa autorización;
no vengas, que no deseo ver tu cuerpo esquelético,
no vengas, que a pesar de que este planeta sea tétrico
aquí quiero dejar todo mi ego
para después decir a este mundo “adiós”.

No vengas, no vengas todavía,
de ser posible.
¡Hazte por perdida
entre la sombra de las rocas más extrañas,
del inmenso océano más lejano!;
y no muestres tu imagen temible,
que no me agradaría
traspasar con mis ojos tus entrañas,
ni apretar tus heladas manos.

No vengas, porque también el mar muerto
moriría de canguelo el día aquel,
en que mi gélida alma te quieras llevar;
no vengas, porque algún camino desierto
convertiría tus patas flacas en velas de papel,
para que no me puedas alcanzar.







Receta de vida





Dale un soplo de ánimo a tu existencia,
y verás que a tu futuro
le darás la forma que tú quieras;
mata con una canción tu tristeza,
para que escojas muy seguro
lo que para mañana deseas.

Añade un toque de misterio a tus sentidos,
para que alejes la maldad de este mundo
que por ti a veces espera en la esquina;
elige con calma los diversos caminos
para que te decidas solamente por uno:
por aquel que te conduzca a mejor vida.

Dale veneno a tu egoísmo e hipocresía
con un toque de bondad
y con una sonrisa sincera;
manda a volar también tu envidia,
para que en ti reine la paz
y sientas la felicidad que esperas.

Con una antorcha de amor,
grita fuerte hasta el cielo
que amas este mundo en que vives;
llena tus manos de voluntad y de valor
y verás que concretar todos tus sueños,
con esfuerzo y lucha consigues.

Quita la soberbia de tu alma
con una mirada profunda
a tu interior más misterioso;
no empuñes en tus manos un arma,
que la felicidad siempre sobreabunda
si sabemos valorar lo que es hermoso.






Decadencia





Se te ven “alas flojas” en tu vuelo;
y quizás en lo más lejano
alguien te tienda la mano,
para levantarte del suelo
y poder mirar al cielo
o corregir tus pasos vanos.
¡Ah!, qué cielo crees que te espera;
aunque tu cabeza gire cual esfera;
¡ya!, ¡al fin dejaste el egoísmo!,
¡pues ya te resulta lo mismo
aunque en tres minutos te mueras!

Y vuelves a actuar como infante;
a recordar lo que hiciste y no hiciste;
y a bravo modo te resistes
a tu quebranto cada instante;
y de rebeldía tu rostro se viste.
Ya tu sombra viaja más lenta,
tu mirada fijas en ella más violenta;
como indispuesto a tu decadencia,
al fin encuentras la paciencia
y levantar tu frente intentas.

Pero ese es nuestro camino:
nacer, crecer, reproducirnos…
y aunque no queramos decidirnos
a perder del caminar el tino,
ni a dejar este mundo mezquino;
¡porque no conocemos el que viene!;
y pueda, que si espinas no tiene,
en él encontremos fuego y desconsuelo
¡en vez de encontrar el cielo,
que es el que más nos conviene!






De guerra a posguerra





Se cansó mi tierra
de oír disparos,
de desatar lamentos;
los cansó la guerra
y aquellos ruidos raros
de bombas de tiempo.

Mejor se firmó la “paz”,
fue el 16 de enero,
en el noventa y dos.

Pero ahora, si por la calle vas,
cuídate del marero
que va detrás de vos.

Se fue la guerra civil ingrata;
¡tonta guerra entre hermanos!,
pero ahora te arrancan las manos
si en ellas llevas oro, bronce o plata.

De guerra a posguerra hay diferencia:
antes mataban a tu familia delante de tus ojos;
te volaban una pata con bombas;
hoy, sin hacer uso de conciencia,
delincuentes hacen y deshacen a su antojo
y todo se queda oculto en la sombra;

¡Sí!, en la sombra
de unos cuantos pesos sucios,
que los familiares de delincuentes pagan
a jueces y abogados corruptos
para que los absuelvan
y a la cárcel no vayan.






Independencia patria





Suenan tambores en mi tierra
celebrando la independencia;
se escucha el sonido de las trompetas
y de panderos por doquiera.

¡Dios, unión, libertad!
llevamos en la frente como emblema;
y con orgullo y gran lealtad,
alzamos al cielo nuestra bandera.

De azul y blanco se viste mi pueblo,
cantando al unísono nuestro himno nacional;
¡en estos días mi tierra alzó su vuelo
hacia una hermosa libertad!

Hoy todos juntos como hermanos
con nuestra patria nos sentimos comprometidos;
y con gran respeto a la vez recordamos
a nuestros próceres queridos.

Lucharemos por mantener nuestra libertad
en honor a nuestros inmortales sienes;
y buscaremos el camino de la verdad,
que un mejor futuro esta tierra tiene.






Hoy quisiera hablar con Dios





Hoy yo quisiera hablar con Dios para decirle:
que cambie este mundo
que está girando al revés;
que al revés giran nuestras vidas,
que nuestras vidas necesitan más de él.

Hoy yo quisiera decirle a él
que en esta tierra hay injusticia,
que la injusticia crece cada día,
que cada día hay explotación de niños,
que los niños necesitan más amor,
que el amor se está acabando en esta tierra,
que esta tierra se está cansando de los humanos,
que los humanos necesitamos su dirección.

Si yo hablara con Dios,
le recordaría que en este mundo ya no hay paz,
que la paz se está extinguiendo entre las guerras,
que las guerras están matando tanta gente,
que la gente ya no tiene entendimiento,
que el entendimiento se fue a la deriva,
y que a la deriva va este planeta.

Pero aunque yo no hable con él,
sé que él sabe de todo esto:
él sabe que el mundo está girando al revés,
que hay injusticia,
que ya no hay paz,
que hay guerra en muchos países,
que los niños son explotados cada día,
que cada día hay más problemas;
sabe todo lo que en este mundo acontece;
y como él sabe todo eso
¡obviamente, él sabrá qué hacer con este mundo!






¡¡Dime, mago celestial!!





Tranquilo silencio que no quiero interrumpir
ni en el más hermoso amanecer;
¡¿cómo es posible que un frío atardecer
quiera en mi largo sueño irrumpir?!

Mago celestial de pensamientos abiertos,
que permites formarse olas en el mar;
¡¿cómo es que será posible amar
allá en el valle de los muertos?!

Dime, mago, que a mi antojo me dejas
buscar como loco un incierto destino
y a veces tu mano no me echas.

Que no quiero batir un récord de quejas
por lo que del infinito cielo no vino
a caer en mis épocas derechas.






Descalzo por el camino





Vas descalzo por el camino
en tu condición de fútil,
que te hace sentir inútil
cuando piensas que tu destino
pronto te ha de fustigar;
y a distancia puedas fracasar
con tu jactancioso flirteo;
y como alma que va de paseo
por estos rumbos desconocidos,
vas haciendo lo prohibido;
y tratas de mostrar galanteo,
¡peculiar de cualquier doncel!

Pero olvidaste el golpe aquel
que pudo haber sido tu trofeo;
¡pero equivocaste tus pasos!;
y hoy miras sombras
y tu entorno te asombra;
y hay rara sensación en tus brazos
porque ya empiezan a atrofiarse
tus esperanzas de seguir.

¡Y te animas!, y quieres conseguir
tu suerte que habrá de enfriarse
mientras se borran tus huellas
que has dejado en la tierra;
y vuelves, y de nuevo te aferras,
quieres alcanzar las estrellas,
sin querer luchar por ello,
por fin pierdes la confianza;
¡a lo ciego ahora te lanzas!;
y logras esto: ponerte la soga al cuello;
y te lamentas por tu situación,
y por la vida sientes hastío
porque no hallas salida a tus líos
y así, matas del todo tu ilusión;
otra vez, das mil vueltas,
sin tener de tus sentidos aquiescencia,
pierdes del todo la paciencia,
y esta vez tu vida está suelta
entre caminos y veredas,
¡con pies descalzos como al inicio!,
que hasta ya se te volvió un vicio,
esos pasos que a diario remedas.






Pensamientos rotos





Manos en el bolsillo, presenciando el alborear;
ha sucedido así tantas mañanas;
aunque a veces de vivir se agotan mis ganas,
doy media vuelta y otro día trato de enfrentar.

Tengo una ilusión guardada,
un pensamiento profundo,
una buena razón para este mundo
y una noche soñada.
Mi ventana ¡esta vez mojada!
como si fuese a soltar un llanto
¡o a liberar un grito de espanto
que yo desaté en mi soledad!;
provocado por la propia zafiedad
de un melancólico canto.

Y todo el día así transcurre;
por cierto, ¡muy parecido al de ayer!;
el espejo refleja todo mi ser
y a mi mente nada se le ocurre;
mas creo que la vida me aburre;
¡me da igual un tugurio que un palacio!;
porque mis vanos deseos sacio
con un conformismo crónico
y un pensamiento antagónico
que a mi mente mata muy despacio.

Atardece; y ahora, ¡¡manos cruzadas!!
cual anacoreta en triste instante vespertino;
traje oscuro, elegante y de tejido fino;
pero en mis bolsillos ¡esta vez no hay nada!







¿Dónde?





¿Dónde es eso?; díganme, ¿dónde es?;
dónde no encontrar problemas
ni odios, ni traiciones;
dónde mirar el mundo tal cual es;
dónde en realidad el día y noche suenan
sin retrasos ni complicaciones.

Dónde no escuchar lamentos de mujeres
causados por nosotros, los hombres;
¡o a veces viceversa!;
en qué lugar no se ejercen los poderes
para hacer que inmortales se nombren,
aunque hayan tenido una mente perversa.

Dónde no escuchar ladrar los “perros”
porque miraron sombras por el camino,
o porque no les gusta su sistema de gobierno.

Dónde no mirar el cuerpo agitado del obrero
ni fuertes piernas vencidas por el vino.
¿Dónde no hay lucha entre verano e invierno?

Dónde no habrá de encontrarse cenizas
de los sacrificados por sus mejores causas,
de aquellos mártires de esta tierra;
dónde no llevar la vida tan a prisa,
y tratar de hacer una indefinida pausa
a la injusticia y a las malditas guerras.

Dónde encontrar ese camino perfecto
que nos conduzca a un castillo sin misterios,
a cometer ni cero margen de error;
dónde habrá un ser humano sin defectos,
o algún mago que convierta sol en hemisferios;
¿Dónde será?; ¡díganme por favor!

Pues si os parece ilógico. ¡Sí, lo es!, no hay ninguna parte
del mundo en que esto no se dé…






Vejez





Es que ya parece que este mundo abandonas,
¡temblorosa, ahí yace tu imagen!,
reflejándose en el espejo;
y como sombra que a la luz no perdona,
caminas lento en tu viaje,
del cual ya no habrá más regreso.

Una gran multitud ya la tiene encima,
sin poderla echar a un lado;
¡aunque tal vez ocultarla sea posible!;
pero solo es una falsa ilusión de piel antigua,
que unos pocos días ha quitado
a un cuerpo que camina a lo impredecible.

Y no acostumbra a llegar sola,
casi siempre se acompaña de dolencias
y de quebrantamiento de frágiles huesos;
como previo aviso de que ya se acerca la hora
del final de una existencia
que a otro mundo corre sin tropiezos.






Diferencia de generaciones





¡No es que no te obedezca, abuela!;
lo que pasa es que allá en la calle
está peor de lo que tú te imaginas;
se escuchan disparos de todo calibre,
asaltan las tiendas cada rato;
y como esta etapa de mi vida es curiosa,
yo siempre quiero mirar lo que pasa,
aunque corra el riesgo de una bala perdida.

También embarazan a las muchachas en los colegios;
y lo peor ¡es que no saben quién es el padre de la criatura!;
tal vez, incluso es el mismo profesor;
¡quién sabe!, así están las cosas, abuela.
No es como cuando tú creciste,
que la gente era más culta, respetaba lo ajeno,
la enseñanza empezaba por la casa;
ahora, no hay ni quién reprenda a su hijo en este país,
quieren llamar a la Policía y hasta a los bomberos;
entonces, ¿qué pasa?: los niños se educan a su manera,
te insultan, te amenazan
y ya no quieren que les leas cuentos,
ahora prefieren escuchar música
que impulsa a la violencia, al sexo y a las drogas.

Ya no se creen la historieta de Santa Claus
ni mucho menos la de la cigüeña;
y así se crean mentes pervertidas
que al final toda la sociedad lamentará
porque luego van a la cárcel,
salen de nuevo, y ahora más violentos,
a cobrar lo que según ellos la patria les debe,
cuando todo es al contrario:
ellos le deben a la patria,
porque le quitan la tranquilidad
a la gente que quiere de verdad nuestro país.


Morir en el intento

Buscando voy un destino,
y no sé si voy por lo seguro;
porque puede que haya un muro
que interrumpa mi camino,
¡o que en montañas me ataque un felino!;
hay personas de autoridad vestidas
que se interponen en mi salida
con su atroz apariencia
de gente injusta y sin clemencia,
en una frontera protegida.

¡¡Pero prefiero morir en el intento
antes que darme por vencido!!;
que a estas tierras yo no he venido
a mostrar mi extremo violento,
¡vine por buscar mi sustento!,
y si hay alguien que mis senderos obstruya,
desearía que Dios sin piedad destruya
las malditas y absurdas fronteras;
y que todo el mundo quisiera
que una sola nación se construya.
_________________
Walberto Jeovany Campos Morales nació en la ciudad de San Jorge, departamento de San Miguel, El Salvador, el 27 de septiembre de 1982. Su inquietud por escribir empezó cuando tenía aproximadamente 12 años de edad; escribía cuentos y pequeñas composiciones sobre diversos temas.
Campos Morales hacía de la poesía uno de sus pasatiempos favoritos, pero al sentir al descubierto esa habilidad, mostró mucho más interés en la literatura, sobre todo en aquel género, por lo que desde entonces ha escrito una serie de poemas en los que principalmente se destaca lo romántico y lo sentimental. En el mes de diciembre del año 2002, se graduó de técnico en Ingeniería en Computación, en el Instituto Tecnológico de la ciudad de Usulután, en su país. Aunque su carrera estaba poco o nada relacionada con la literatura, no dejó de lado esa vocación y escribió varias poesías. A sus 21 años de edad se desempeñó como Secretario Municipal, en la Alcaldía de su ciudad natal; emigró a los Estados Unidos en el año 2005.
Ha participado en diversos concursos poéticos, en los cuales algunas de sus composiciones literarias han sido seleccionadas para ser publicadas en grandes antologías en España y Argentina.
No fue sino hasta el año 2007, teniendo como domicilio el estado de la Florida, Estados Unidos, que dio a conocer su primer libro, Escribiendo Con La Pluma Del Amor, bajo el seudónimo de Walber Tocampo (Editorial LibrosEnRed). Actualmente, Walberto Campos es miembro del grupo literario Palabras Indiscretas, creado a finales del año 2008, por algunos autores publicados en la antología PALABRAS INDISCRETAS en septiembre del año 2008, por el Centro de Estudios Poéticos de Madrid. Sus obras: Escribiendo con la pluma del amor, año 2007, (Editorial LibrosEnRed). Tiempos de niebla. Poemario inédito "HACIA EL ROMANCE DEL SIGLO".

domingo, 24 de enero de 2010

poemas de aída elena párraga


Aída Elena Párraga








MARGARITA TE QUIERO CONTAR UN CUENTO...







Estoy a punto de caer
en el pozo avellana
de tus ojos...
Me aferro a mis razones,
a las pocas raíces que la vida
me ha ido creciendo en el alma...
Pero me empujan las estrellas
que te brillan en el fondo
y, como otra Margarita traviesa,
me inclino desde el borde de tus labios
tratando de atraparlas.
Entonces me resbalo,
me resbalo,
me resbalo,
caigo sin voluntad en tu deseo...
Aquí no hay elefantes
ni dos ni cuatrocientos,
aquí
las plumas de tus manos,
aquí
mi piel vistiéndose de versos.







METAMORFOSIS






Hay días en los que me despierto
convertida en agua:
Toda húmeda,
sin fondo,
habitada por luces,
tocándolo todo.
Días en los que me siento océano
bailando al compás del universo,
haciéndome remolino,
subiendo y bajando mis mareas...
Entonces se me antojan tus manos,
azules cuencos infinitos,
como único recipiente
capaz de contenerme...








SAN TELMO





Todos los días
prendida de tu sombra
como rayo de sol buscando abrigo,
prendida por tu piel
que me hace hoguera,
prendida de tu olor y tu mirada.
Como río buscando cause
entre tus manos,
prendida voy de tus deseos.
Prendida como estrella reflejándote,
como brasa en la noche
de la tierra,
como luciérnaga con verdes hipos de luz...
Todos los días a tu vera.
Todos los días húmeda en tus ecos,
como playa acariciada por tu lengua,
como nube preñada de cristales
esperando tu voz que la libera.
Todos los días,
esta piel que te reclama,
prendida de la punta de tus dedos
como carnales fuegos de San Telmo
denunciando el incendio de dos cuerpos.








PRIMERA PROMESA DE AMOR






Sólo a este hombre
voy a amar así como lo amo.
Sólo a él desearlo,
con este deseo
que se me alborota en la lengua
como panal,
como hormiguero,
como bugambilia escandalosa.
Sólo a este hombre,
que me convierte en vela
cada vez que mi carne
y la suya se aferran,
voy a pensarlo así como lo pienso,
mar vivo
por el que navego
piel,
vela,
mástil milagroso,
la carne vuelta hoguera.
Sólo a este hombre,
que le hace cosquillas
con su risa a mis tristezas,
que escarba con las uñas
cada una de mis cuevas,
voy a decirle “Amor”
con las pestañas...
Voy a ocultarme
en la brevedad de su reflejo.
Sólo a este hombre
voy a amar así como lo amo,
convertida en huracán,
en fuego,
en tormenta,
transformada en brisa,
en gota,
en estrella,
barca de amplias caderas
meciéndome en el muelle
de sus piernas.

jueves, 21 de enero de 2010

CARLOS ERNESTO GARCÍA EN REVISTA "ADARVE" DE JAÉN, ESPAÑA


Carlos Ernesto García, El Salvador







poemas del poeta salvadoreño carlos ernesto garcía y reseña crítica ana gallego cuiñas,
revista de crítica y creación literaria, ADARVE, #4, 2009






A QUEMARROPA EL AMOR






Guardo como pequeñas piedras de mar
días de nieve
regiones habitadas por el miedo
incendios de miradas devastando las calles
reinos de abejas y de hormigas
silvestres floraciones de palabras
atardeceres bajo oscuras arboledas
lápidas polvorientas
sobre historias personales
mesas de café
desde donde controlábamos las piernas
de una mujer que no nos hizo ni caso.
Alojo recuerdos como piedras de mar
y ninguno termina de hacer daño
en la palma de la mano
donde los aprieto con indecente esperanza.
Son recuerdos
como los de un gato en el jardín
con una bala entre las patas
¿O será alguien cargando su revólver?
De un gato que llora en el jardín
¿O será mi madre
que no está en casa desde ayer?
El recuerdo de un hombre que salta la verja
y yo no tengo tiempo
ni ganas para recibirlo.

Los impactos rompen la puerta
mientras irrazonablemente
la luna se aburre allá arriba
y saltando el muro
caigo en un estanque dorado
a salvo de la ballena que arrasa.






POR EL LENTO RENCOR DEL AGUA




A Rigoberto Paredes






Amenaza la memoria.
Camina entre manoseados papeles
con los pies prestados.
Peligrosa la memoria.
Se desnuda y combate en plena calle.
Alta suena la voz del que reclama
y los constructores del verso
ya no son volcán inactivo
tierra baldía
machete sin filo.








EL DESCANSO DEL GUERRERO







Harto de todas las batallas
el guerrero tomó su espada
que hundió en la arena
y pensó:
Este es un buen lugar
para la muerte.

Indiferente
cayó la tarde.
Nadie preguntó por el guerrero.
A nadie importó el lugar escogido
para el descanso.

Una tormenta de arena
se encargó de sepultarlo.
Abono no fue para la tierra
sino pasto para el desierto.






BREVE POEMA DE AMOR






Vos sabés que yo
vengo de la melancolía a la melancolía
que confundo todos los lugares
la Plaza del Zócalo
con el Parque Ula Ula
el Danubio con el Lempa
a los niños andaluces con los de Panchimalco
la torre de París
con las de electricidad que daban frente a mi casa
allá en San Martín
cerca de Suchitoto.


la verdad es que lo confundo todo
hasta el color de tu pelo
con la espesa oscuridad de los cafetales.







PRIMER BESO





A una muchacha cuyo nombre
no recuerdo.


Cuando te besé
(fue en casa de una amiga tuya
que me gustaba)
era la primera vez que te besaban.

Sentí tu cuerpo temblar contra la tierra.

Nunca más volví a verte ni besarte
pero cuando te recuerdo
no sé por qué
aún siento tu cuerpo temblar contra la tierra.








MAÑANA DE INVIERNO SIN ELLA






Yo
el que guarda en la sonrisa
al asesino
dime qué hago con estos ojos
que nacieron para verte
Con esta boca
que te nombra a cada instante
para espantar el silencio
Con estas manos mías
que te saben de sobra.

Yo
el que guarda el puñal
bajo la almohada
dime qué puedo hacer
para borrar tu sangre
y tu recuerdo
antes de que golpeen a la puerta
los que vengan a buscarme.







VERANO DEL 80 Y CINCO







Apoyada contra la pared
una joven de falda corta
quieta espera.

La miro.
Toso.
Doy una bocanada al cigarrillo
que circular se enreda entre sus piernas
—cierra los ojos y suspira—.

El metro estacionado ya
abre sus puertas.
Subimos en distintos vagones
y nos dejamos llevar.
El verso imaginado, la mirada vuelta:
Carlos Ernesto García, entre poesía e imagen




Ana Gallego Cuiñas
(Universidad de Granada)


Otros ojos verán lo que mis ojos
pero no lo verán como los míos.
Bergamín





El título de este ensayo, tautológico y dual, apunta directamente a los dos ejes sobre los que va a pivotar esta propuesta de lectura de siete poemas del salvadoreño Carlos Ernesto García: poesía e imagen. Poemas escritos a la manera de un diario íntimo, imágenes que parecen sacadas de un álbum fotográfico. ¿Estoy siendo de nuevo redundante? Imposible NO asumir ese estigma hablando de literatura y de imagen. Imposible NO pensar que leer un diario es igual que mirar viejas fotografías. Imposible NO recordar que escribir versos es, en la temprana juventud, como escribir un diario. Imposible NO leer estos siete poemas de Carlos Ernesto García como se mira un álbum compuesto por siete fotografías de un salvadoreño singular. Imposible NO tener en cuenta que mirar es narrar —crear— y que, por tanto, toda fotografía es una ficción que se presenta como verdadera (Joan Foncuberta). Imposible NO señalar, como aconsejaba Ezra Pound, que si se quiere entender algo de poesía hay que saber mirarla. Imposible NO negar por duplicado una séptima vez para afirmar que poesía e imagen son el doble espejo que refleja el imaginario poético de Carlos Ernesto García.

Además, este doble espejo expresa un mismo origen en el que intervienen etimologías y semas que nos dan una idea manifiesta de la interrelación existente entre imagen y literatura. Atendamos de nuevo al título de este texto y a sus no azarosas repeticiones: “verso” viene del latín ‘versus’, que procede de ‘vers’, y significa ‘volver, vuelta’, cambio, movimiento. “Imaginado”, participio perfecto de “imaginar”, procede del latín “imaginari", „representar idealmente algo, crearlo con la imaginación", mirarlo. Ahora bien, esta lexía comparte raíz etimológica con “imagen”, del latín “imago", „figura o representación"; que proviene a su vez de “imitare" que alude a la imitación de una figura real en un espejo; a la creación. Una imagen es una representación, y la imaginación es una operación mental que consiste en crear y re-crear imágenes; esto es, inventar (creatividad) y recordar (memoria). Y de eso trata la poesía del salvadoreño —en la que la imagen tiene un lugar sobresaliente— que me ocupa: se inventa a partir de la memoria para llegar a la imagen que deviene argumento del poema. Para Carlos Ernesto García la imagen es sinónimo de recuerdo, narración, y pensamiento, que están constituidos de experiencias que tienen la forma de un álbum fotográfico con anotaciones íntimas al margen.

Pound define el lenguaje poético como aquel “cargado de sentido hasta el grado máximo que sea posible”. La poética de Carlos Ernesto despliega un abanico de sentidos que vienen cargados de un significado de raigambre visual. Me refiero a la predominancia de la “fanopoeia” en su lírica: la proyección del objeto (fijo o en movimiento) sobre la imaginación visual. Esto no quiere decir que en sus poemas no tengan importancia la “melopoeia” y la “logopoeia”, puesto que estos medios también se exhiben y conjugan, pero lo hacen en un grado menor. Así, el salvadoreño trabaja preferentemente con ciertas imágenes que intentarán ser reveladas en este análisis amén de hacer una primera incursión en algunos de los sentidos poéticos que tejen la urdimbre de versos que he seleccionado. Para ello parto de los presupuestos de Gastón Bachelard, que en su libro El aire y los sueños, considera grosso modo que las imágenes:

a) tienen vida propia y autónoma, independiente de la voluntad del creador;

b) se agrupan o diferencian entre sí según predomine en ellas uno de los cuatro elementos básicos de la naturaleza: tierra, agua, aire y fuego;

c) tienen dinamismo, sufren transfiguraciones, apuntan a un infinito según sea su elemento homogeneizador. Dicho infinito da el sentido a ese universo de imágenes.

Entonces, propongo imaginar siete poemas y mirar tres instantáneas, click, click, click, para leer infinitamente a Carlos Ernesto García.






CLICK 1. EL POETA Y LA TRADICIÓN


Carlos Ernesto García es un escritor salvadoreño (Santa Tecla, 1960), autor de poemarios como Hasta la cólera se pudre (Barcelona, 1994), A quemarropa el amor (1996) y La maleta en el desván (2009), con prólogo del novelista español Jesús Ferrero. Su poesía ha sido traducida al inglés, chino, italiano y portugués. Desde 1980 vive en Barcelona, donde coopera con diversas entidades culturales y académicas, y es corresponsal del rotativo Diario Co Latino, además de colaborador de otros medios de prensa, como el semanario Contrapunto. También ha publicado un libro de viajes —en tono novelado— El sueño del Dragón (2003), en el que narra su periplo a lo largo del río Yangsé; y es coautor del libro El Salvador, entre la naturaleza y la mano del hombre (2003), y del reportaje Bajo la sombra de Sandino (2007), que se basa en una miríada de entrevistas a varios ex comandantes del Frente Sandinista de Liberación Nacional (destaca la figura del mítico Edén Pastora). De otro lado, ha llevado a cabo una magnífica —y necesaria— antología de poesía salvadoreña Cuscatlán hora cero (inédita); y en la actualidad prepara un libro de relatos y trabaja en varios proyectos de novela.

Esta sucinta bio-bibliografía nos muestra a un escritor dual, cercano y lejano a la vez. Cercano en tanto que habita nuestro territorio —escribe desde él—, y comparte las costumbres y cultura de este lado del Atlántico desde hace más de una veintena de años; y lejano en tanto que nació y creció en un pequeño país del otro lado del Atlántico, El Salvador, que se iza como un gran desconocido para la mayor parte de los lectores de la península. Desde esa lejanía es de donde mira y parece leer Carlos Ernesto García (aunque, repito, escribe desde España), desde la tradición salvadoreña, literatura secundaria, marginal, desplazada de las grandes corrientes europeas, que ha tenido y tiene la posibilidad de un manejo propio e “irreverente” de las tradiciones centrales. Esta dualidad plantea una problemática que se imbrica con dos binomios conceptuales nítidamente presentes y muy visibles en la poesía de este salvadoreño: memoria y tradición (lo lejano), y, memoria y experiencia (lo cercano). Y ambos tienen que ver con los procesos de lectura y escritura —dos caras de la misma moneda— que se intercambian en la obra de nuestro autor.

El primer binomio nos obliga a mirar la tradición poética salvadoreña para situar y leer a Carlos Ernesto García dentro de ella. En este sentido, lo primero que hay que resaltar es la cruenta cicatriz que deja el mefistofélico escenario sociopolítico en el panorama literario de la segunda mitad del siglo XX: el asesinato de Roque Dalton, el de Jaime Suárez, la desaparición de Rigoberto Góngora y la muerte del combatiente Alfonso Hernández. Más tarde se acrecentó la lucha popular, se movilizaron las organizaciones político-militares y los frentes civiles revolucionarios. El gobierno desplegó su máxima capacidad represiva y diversos organismos internacionales condenaron la violación de los derechos humanos en el país. Todos estos cruentos acontecimientos harán mella en la creación poética salvadoreña, de tal forma que la “actitud militante” será la tónica general de la producción literaria, casi siempre presente en mayor o menor medida. Así hemos de entender a poetas como Claribel Alegría (1924), que apoya la revolución sandinista y publica un ensayo en el que abiertamente defiende la violencia como único vehículo efectivo para luchar contra el capitalismo. Sin duda, su voz poética es una de las más destacas dentro del ámbito centroamericano del siglo XX. Su primera obra, Huésped de mi tiempo (1961), se completa con otras posteriores, entre las que brillan con luz propia las antologías Suma y sigue (1981) y Y este poema río (1988). Por otro lado, y también comprometido con las revoluciones de la izquierda radical, tenemos la figura sobresaliente de Roque Dalton (1933-1975), poeta militante, marxista convencido, que vivió buena parte de su tiempo en Guatemala y México y es asesinado por una facción disidente de la resistencia en la que militaba. Sus textos, despojados de retórica, claros, contundentes, vitales y rebosantes de fe en un futuro mejor, ponen de manifiesto un nuevo sentido de las relaciones humanas, la solidaridad y el amor. El mapa de su poesía se divide en tres zonas: la metafísica-cristiana, la de la mujer (ligada al nudo del amor), y la política y social revolucionaria. Y es que Roque Dalton es “poeta que es también varios poetas” y en él “no hay heteronimia sino fogata de síntesis atizada por remanencia de contrarios” (Orlando Guillén).

Esta aseveración bien podría ser aplicada a Carlos Ernesto García, cuya poesía entronca con varios de los motivos poéticos de Dalton. Principalmente en lo referente a la conformación de lo visual y el uso de la imagen. En Roque Dalton las imágenes se agrupan en torno al elemento del agua, que se identifica con la vida en oposición a la tierra, la muerte: “El mar es la intemperie, el sueño, el espacio no alcanzado por la infancia. El poeta vuelve al mar y el mar vuelve al poeta por la infancia que el sueño recupera para vituperar los anhelos del ser que no se atreve a hender la libertad que el mar agita; para sacudir al crimen de quedarse en la orilla y al racimo de esos días podridos” (Orlando Guillén). Esta predominancia del agua y lo marítimo es también clara en Carlos Ernesto, aunque con un matiz diferente, menos positivo e idílico. Los poemas escogidos dan buena muestra de ello: el agua se asocia a la memoria, que a su vez viene ligada a la tradición y a la Historia. De este modo, los recuerdos son para el “yo” poético “piedras de mar” que se agarran con las mismas manos con las que se escribe. No se trata del agua, del ensueño de la infancia y la vida —como en Dalton—, sino del fondo de esa agua, de lo que esconde y lastra: sus piedras, sus cadáveres. Los recuerdos, como en el magnífico “A quemarropa el amor”, son depósitos, cementerios, “regiones habitadas por el miedo”, “lápidas polvorientas / sobre historias personales”, revólveres que apuntan, huidas que matan aunque uno caiga “en un estanque dorado”. La salvación espera en el agua cristalina, estancada, que está al otro lado del muro, y no en la brava mar de un país, El Salvador, que guarda perfecta memoria de las víctimas que se amontonan en sus fondos como piedras. Las arrugas y cicatrices de esas olas asoman también en “Por el lento rencor del agua” (dedicado a un escritor hondureño), donde el poeta, “constructor del verso”, bucea por las profundidades de un agua memoriosa que retiene “amenazadora” ese “rencor” pasado. Pero anida en el poema un atisbo de esperanza, porque el agua, como las piedras del mar, es siempre —a pesar de todo— fuente de vida, de lucha y de deseo de cambio: hay que seguir combatiendo, fecundar de nuevo esa “tierra baldía”, manosear y escribir papeles, guerrear con el machete afilado y la pluma entintada. Y ese resquicio de “indecente esperanza”, para Carlos Ernesto, está siempre lejos, en/al otro lado, donde van a parar las piedras que uno lanza al mar.

“El descanso del guerrero”, título que alude a un poema homónimo de Roque Dalton, redunda en esta imagen del agua y la memoria, aunque en esta ocasión se tiñe de una desesperanza y pesimismo palmarios. El guerrero yace en la arena —huella del agua—, porque es un “buen lugar / para la muerte”, es el único que queda cuando el mar se ha retirado a descansar. De ahí partió —como dice Guillén, es un crimen quedarse en la orilla— y allí vuelve el cuerpo aguerrido, ya no para a ser abono de la tierra, sino para formar parte del páramo de la desolación y la derrota. La esperanza se ha evaporado como el agua de la vida: sin mar sólo hay una montaña de granos sobre una tierra baldía y desértica. Uno de los versos centrales del poema de Dalton dice: “El cadáver firmaba en pos de la memoria”, pero para Carlos Ernesto García ya no es posible esa rúbrica: los guerreros se han cansado y los muertos ya no son recordados, ni importan, ni tienen firma, ya que devienen una “mayoría” invisible, como granos de arena. La gradación es clara y las piedras de mar se descomponen: sólo quedan restos. Y es que en este país de tradición marítima, la misma a la que interpela —inscribiéndose— nuestro poeta, se sabe bien que cuando el mar se evapora, sólo queda arena de desierto.




CLICK 2. EL POETA Y EL AMOR

El segundo binomio que aparece retratado en la poética de Carlos Ernesto es el compuesto por memoria y experiencia (lo cercano). En él se incluyen la mayor parte de los poemas seleccionados, donde se trasladan sus vivencias y recuerdos proyectando imágenes asociadas al amor. Hasta ahora hemos visto que la memoria se anuda a la tradición salvadoreña cuando el poeta construye imágenes relacionadas con el agua (añoranza), y con la violenta historia de su país (desolación). Pero en el resto de poemas despunta el tratamiento de la temática amorosa, que parte de la memoria y se basa en la experiencia personal —la más cercana—, convirtiéndose en muchos casos en argumento del poema. Ricardo Llopesa ha afirmado que la poesía de Carlos Ernesto se sustenta sobre tres elementos: ironía, emotividad y desolación. Estoy de acuerdo, pero matizo que esa emotividad está fuertemente emparentada con la melancolía y la ternura; y estas a su vez con el amor en dos de sus variantes: familiar (sobre todo a la madre) y de pareja.

La presencia del amor viene dada a través de sus consecuencias y efectos, y no tanto del objeto amoroso. Lo importante para García es la huella que deja el paso del amor —la experiencia de ese amor— en el recuerdo. El “yo” poético transita de una imagen a otra de la amada, “de la melancolía a la melancolía”, confundiendo rostros, donde lo relevante es el sentimiento en sí y sus vestigios, la memoria del amor que se arracima, se refleja, en todas partes. El poema que más directamente encarna esta cuestión es “Primer beso”. Está dedicado a una muchacha cuyo nombre no recuerda el poeta. Sólo le viene a la memoria el sentimiento que le produjo un primer beso: el temblor del cuerpo de la chica contra la tierra. Entonces, Carlos Ernesto escribe para recordar, para fijar (como una imagen, como una fotografía) esa sensación, de tal manera que logra transformar en el poema instantes de experiencia en instantes de absoluto. Porque, como diría Andrés Trapiello, estos recuerdos íntimos, estos fragmentos de vida son nuestra mayor y mejor experiencia de la vida real, de una vida real más verdadera.

Pero la experiencia del amor también tiene un lado amargo en Carlos Ernesto García, y en algunos momentos es como la penitencia en el sacramento de la confesión: está ligada a un sentimiento de culpa y dolor. En “Mañana de invierno sin ella” el recuerdo de la amada, de sus sensaciones impresas en los ojos, la boca y las manos, se carga de culpa y desamparo. El “yo” poético ha matado a su amor, y la sangre —como el amor y el recuerdo— se esparce por todos lados, inunda la memoria hasta ahogarla en la más absoluta desesperación. Porque no basta la confesión del que “guarda en la sonrisa / al asesino”, sino que es necesaria la condena despiadada —no hay crimen sin castigo— de no poder librarse del recuerdo de un amor.






CLICK 3. EL POETA Y LA LENTE


Entre las experiencias que han podido influir en la escritura de Carlos Ernesto García está, sin duda, la de la fotografía. Nuestro poeta es también director de la productora cultural C&Duke, con sede en Barcelona, que ha realizado entre otras, la exposición itinerante Escoles d’altres mons (Escuelas de otros mundos) del fotoperiodista Kim Manresa, de la que Carlos Ernesto ha sido su comisario. A finales de 2007 editó un libro bajo el mismo título donde recoge la participación de ochenta escritores de más de treinta países —entre ellos se encuentran diez Premios Nobel de Literatura—, que han escrito al pie de cada una de las ochenta imágenes en blanco y negro que componían la muestra. La idea del salvadoreño era que estos escribiesen en el mismo momento en que se enfrentaban a la fotografía. Escritura inmediata a partir de una imagen, como anotada en los bordes blancos de las fotos que, también de forma inmediata, salían por las prístinas polaroids analógicas que revolucionaron el mundo en 1947 con sus fotografías “instantáneas”.

Una fotografía es como un “espejo con memoria”, sentenció O.W. Holmes. Y este aserto me lleva a pensar que esas antiguas polaroids son como una suerte de “cámaras seniles”, productoras de fotografías que dejan un margen —espacio en blanco— a la escritura para reforzar la memoria visual. Es curioso: este tipo de fotos pone en cuestión la omnipotencia de la imagen (y esa perversa sentencia de que una imagen vale más que mil palabras) y apela al complemento de la memoria a través de la escritura. Se reserva un espacio para las palabras dentro del mismo albo marco fotográfico, bordeando la imagen, como si esta fuera insuficiente para aquilatar la memoria. Fotografías con principio de alzheimer. Imágenes que revelan su futura amnesia. Y es que recordar es repetir una imagen, pero también un pensamiento: una narración. La memoria —facultad de recordar— no sólo funciona con imágenes sino con nuestra narración, por eso su dispositivo se asemeja más a las fotografías de las polaroids: espejos con un vasto recuadro alrededor para escribir una narración personal (experiencia cercana). Pero cada cual priorizará siempre un campo (imagen o narración) en su mecanismo del recuerdo. Porque en fotografía, como en literatura —en cualquier arte—, el sujeto (la mirada) es el que construye (narra) el objeto (fotografiado, poetizado). Así funciona también nuestra memoria: somos lo que recordamos; la selección de determinadas escenas y capítulos de nuestra experiencia. Nuestra identidad depende de la memoria: todo lo que hemos olvidado es lo que no somos.

“Verano del 80 y cinco” es el poema más visual e íntimo de todos los elegidos y el que mejor (de)muestra ese mecanismo “polaroid” —metáfora del binomio memoria y experiencia— que pone en marcha Carlos Ernesto García en su escritura. Como la entrada de un álbum fotográfico o de un diario, la fecha encabeza e intitula unos versos de una plasticidad brutal. Parece que estuviésemos viendo —mirando— una tríada de fotografías (o tres fotogramas de una escena fílmica). Una joven de falda corta espera, quieta, apoyada contra la pared. Un hombre la mira dando una bocanada al cigarrillo “que circular se enreda entre sus piernas”. Ambos suben a un mismo metro, pero en vagones distintos. En los márgenes de estas tres imágenes leemos: una “tos”, un “suspiro” y un “dejarse llevar”. Carlos Ernesto fotografía y a la par „reflexiona con hondura", especula. En este punto, volvemos a las etimologías: espejo viene del latín „speculum", y no es baladí que la misma raíz haya dado lugar también a „especulación". Otra vez, espejos con memoria.

Los procedimientos de la poética de este salvadoreño apelan a la transparencia en la forma, la nitidez discursiva, la brevedad, la densidad del lenguaje, y el paralelismo de puestos amén de fijar con precisión la imagen que se quiere destacar. Poesía e imagen. Un disparo, click, un sentimiento circundante y un puñado de versos. Las fotografías de las extinguidas polaroids (la marca anunció en 2008 el fin de la fabricación de la película para sus cámaras) siempre fueron un objeto de lujo al alcance sólo de unos pocos, los marginados que aún continúan haciendo buena literatura en tiempos en los que el diario íntimo se cristaliza en blogs, y las cámaras digitales en fotografías pixeladas. Y son pocos también los que, como Carlos Ernesto García, siguen imaginando versos, volviendo la mirada, apostando hasta el infinito por una poesía analógica.


______________
Ana Gallego Cuiñas es Doctora en Filología Hispánica y Licenciada en Antropología Social y Cultural por la Universidad de Granada. Actualmente en Investigadora Contratada Doctora en el Departamento de Literatura Española de la Universidad de Granada.
Ana Gallego Cuiñas es Investigadora Contratada Doctora en el Departamento de Literatura Española de la Universidad de Granada. Obtuvo una beca de investigación para formación del profesorado universitario del Ministerio de Educación y Ciencia en 2001 que le permitió impartir clases de literatura hispanoamericana en esta misma universidad y ser investigadora visitante durante nueve meses en la Universidad de California Los Ángeles. Se doctoró en Filología Hispánica en la Universidad de Granada con una tesis sobre la narrativa del trujillato en 2005.
Ha dictado varias conferencias internacionales, cursos y seminarios; y ha publicado los siguientes libros: Trujillo: el fantasma y sus escritores. Historia de la novela del trujillato (París, Mare et Martin, 2006), La fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa (Navarra, Cenlit, 2007), una edición de María de Jorge Isaacs (Madrid, Austral, 2007), Juegos de manos. Antología de la poesía hispanoamericana de mitad del siglo XX (Madrid, Visor, 2008), y De Gabo a Mario. La estirpe del boom (Madrid, Espasa Calpe, 2009), los dos últimos en colaboración con Ángel Esteban. Ha coordinado un monográfico sobre Juan Carlos Onetti para la revista Insula titulado Onetti 100 (junio, 2009); y ha publicado artículos y capítulos de libro sobre literatura dominicana, novela del trujillato, Jorge Isaacs, Ricardo Piglia, Juan Carlos Onetti, así como de narrativa rioplatense contemporánea. Estos trabajos han aparecido en editoriales especializadas del campo (Sorbona, Candaya, Anagrama) y en revistas de reconocido prestigio internacional. En mayo de 2008 participó en la organización (junto con Milagros Ezquerro, Teresa Orecchia y Julio Premat) del primer congreso europeo en Homenaje a Ricardo Piglia, celebrado en la Universidad de la Sorbona.

martes, 19 de enero de 2010

poemas de rafael mendoza [El Viejo]


Rafael mendoza, El Salvador
Fotografía tomada del blog de la poeta Aída Párraga






Presento tres poemas del notable poeta salvadoreño Rafael Mendoza. Es un privilegio que haya accedido a mi petición. Ha sido y sigue siendo uno una de las voces más dignas y representativas de las letras salvadoreñas. Fiel a su vocación, desvela la palabra como lo hace la alborada del alba.
RARA AVIS



Soy un fantasma indócil.
Integrado pero indócil.
No hay conjuro que logre aprisionarme
ni engatusar me dejo por pasajeras artes
de pájaras que invadan mi estación.

Soy un fantasma impuro.
Hago el amor en parques con las estatuas.
Hurgo luminiscencias de angelicales cópulas.
Me deslizo en los sueños de las adolescentes
y exorcizo a los manes que sus antepasados
disponen cada noche junto a ellas
para enfriarles el alma.
También acostumbro sembrar tentaciones terribles
en el pulso de las beatas que no aman a Dios
más que a sus escapularios.

Soy un fantasma impredecible.
Borro a diario mi nombre de los misterios.
Cambio el curso del frío cuando entristezco.
Me desangelizo después de cada creación.
Y en todos los ciclos de mi existencia
dejo mi impronta clara. Inconfundible.

Soy un fantasma ingenuo.
No he dejado de creer en el hombre.
Y todavía brindo por la paz
cuando bebo tristezas ajenas.
Después regreso a mi locura
y repaso la lección.





YA GIMEN TUS INDOMITOS MASTINES


Estás ahí, dragona,
esperando en la oscuridad,
velando tus armas, salaz,
con el codicioso organismo ovillando apetito,
fiera desnuda disponiendo la lid.

Mírate los enhiestos botones del pecho,
dominan el claroscuro con su brillo;
y las piernas apretando el imponente caracol,
verticilo ardiente, suave, limoso,
en sereno control del torrente
que las ansias agitan.

¡Ah, golondra!
Ya gimen tus indómitos mastines.
Reclaman mi cabeza.
Calculan la tremenda acometida,
el envión del esperado invasor,
la refriega en el rítmico galope,
las mil y una escaramuzas que adoptarás,
en la ya irrefrenable sofoquina,
para salvaguardar tu retaguardia de los embates.
Y al cabo de la carga decisiva,
laxos por fin los indomables muslos,
la capitulación de todas tus defensas.

Sí. Sé que estás ahí, jadeante, sudorosa,
tomando posiciones en tu acecho,
repasando la estrategia a implementar,
las tácticas de manos, labios, dientes y saliva,
esperando la hora en que yo me levante de escribir
y me vaya a la cama, a la celada urdida.

Después, como si nada,
saldrás como siempre a pasearte en la playa
con tu insolente aire de ingenuidad,
leyendo los nuevos poemas que nacieron,
como muchos otros hoy libres,
bajo tu permanente estado de sitio.

23 de julio, 2002












EL SON DEL JUBILADO


(A Guayo Molina, otro loco intemporal)


Sentado mientras escucho al Bebo Valdez
veo mis manos juntas entrelazadas
y pienso en el día-noche en que ya no podré vérmelas
ni sentirlas.

Para entonces las manos del Bebo
tal vez aún le arranquen sones al piano que es su patria.
Tal vez esa visita me sorprenda cuando las manos de mis nietos
afanadas estén en armar sílabas o juegos.
Tal vez las pobres manos sufridas manos de mi mujer
al ver el tiempo detenido para siempre en mis pupilas
dejen caer el bastidor de los bordados con que mata las horas
secas horas de la vejez y los malos recuerdos que mi tozudez
le ha dejado clavados en lo más tierno de su corazón.

“Hay que saber que la vida
se aleja y nos deja
llorando quimeras…”
dice El Cigala cantaó.

Y en los surcos resecos de esas dos armas con que me gané la vida
y en sus lunares
y en las más hondas huellas de caricias que ellas dieron
veo el camino largo
largo viaje del hombre
queriendo aproximarse a la verdad que nunca alcanzará.

Y la tarde sonríe con la sonrisa cínica
del tiempo que se nos fue poblando de mentiras
las que imaginamos cuando salimos del bosque lluvioso
a atacarnos unos a otros.

Mientras del piano salen más notas “pa’gozá”
me observa en esta meditación mi inseparable vaso de mi cerveza.
con su majestuoso y refrescante oro transparentando el atardecer.
Desde ahí me sonríen con benevolencia la Historia y sus héroes
La apuro con la normal parsimonia del jubilado que permanece cada día
cada hora
conscientemente
a la espera del mítico can.

En eso sale el Cigala con Lágrimas Negras
y me pongo a bailar solo
y oigo el grito de mi mujer anunciando que la comida está servida
y entonces entiendo que las manos de esa artífice
aunque pequeñas
son más manos
son más
son
son son son…
¿Noviembre - Diciembre 2006?

domingo, 10 de enero de 2010

poemas de josé antonio domínguez


José Antonio Domínguez, El Salvador


Se que estás en todas partes

Arquímedes, hermano.

Llegás al cafetín universitario
te abrazo, sonreís
decís que no has muerto
que estás aquí y en todas partes.
Volvemos a las calles
a deletrear la patria interminablemente
enamorando viejecitas
de mirada triste y lacerada.
Hablamos de la flor silvestre
cortada en madrugada de posta y de recuerdos
de las hormigas cargando el alimento
“sin egoísmos, muy disciplinadas”
de nuestras hijas
intercambiamos fotografías, travesuras y silencios
de la mujer que amamos, nostalgias.
De quienes murieron en el año ochenta
del nombre más querido
del heroísmo de los compás
de las hienas, de los cómplices, de los asesinos…hablamos
Los payasos de la plaza
sueltan poemas tristes en cada carcajada, nosotros callamos.
Hablamos de la eterna embriaguez en plenilunio
de las debilidades y las dudas
de la cobardía y el arrojo
y vos, que la ciudad es una cosa
y la montaña es otra
pero el amor, en primera fila
y a su lado la muerte, me decís.
La catedral se agiganta
es noche
y yo, que aún es temprano
y vos, que las medidas de seguridad
y yo que no te vayas
y vos que estás en todas partes…
Has vuelto a la sombra
he quedado sin fechas, sin señales
para otro contacto
pero hoy sé que estás en todas partes!
Quizá volvás el día cuando todo termine
justo a tiempo para el café de otra tarde
con más de algún poema que se coló en tu agenda
con la sonrisa aquella, de escolar o maestro?
Dirás que basta un silabario de ternura
un cutuquito de yeso
y una aritmética de estrellas
para empezar el futuro.


Ella

Lejos
más allá de mi transpirar está ella
Espera
como las rocas de ignorada presencia
resignadas a un tiempo que no existe
Espera
como raíz escondida en su oscuridad vital
Y la espera es un grito
que se nutre de espanto
intruso pernoctando en sus entrañas
lianas de de sangre
creciendo como el bosque
que persigue al sol.

La calle es un abismo que se traga los pasos.
Ella no sabe dónde empiezan y terminan las sombras
y cuando será el grito que irremisiblemente
pedirá que se haga la luz.


Muelle

El silencio se hizo alfombra, cómplice de tu paso.
Caminando por el muelle te fuiste para siempre.
El quinqué donde ardían las promesas
consumió la última gota de las horas amadas.
Recuerdo que una niña, reía en el regazo del sueño
que aquél viejo contaba sus peces plateados
-relámpagos agónicos de la madrugada-
de pie, desafiando la inmensidad y su muralla oscura
grotescos querubines brotaban de tus ojos
comprendí que sólo eras un destello de ternura
en un alma marchita infatuada de gulas.

El mar bostezó incandescencias desde el vientre
amanecieron los botes y sus lívidos colores
exhalando holocaustos y salmueras.
Los pescadores huyeron con el alba
insomne bandada perseguida por los dioses
y su mirada de sal.
El muelle fue un desierto
hondeando atarrayas de alma remendada
cansadas de lanzarse
tras el mismo ritual desde hace siglos
el mar las traga y las vomita indiferente
a veces les da vida
otras, sólo escurren nada
pero tú, sorda a las voces de su entramado triste
no escuchaste lamentos o ilusiones
ajena a sus ojos de brisa y de sol.
El oleaje era un adagio repitiendo tu nombre
no el que te nombra, el de tu vida
moneda que se transa y anula cualquier mano
sonrisa que no admiten los espejos
sonaja de papel anunciando los misterios simples de la mentira.
Así, reinas en la espuma de vulgares licores
ahogada en saliva y alcalinas semillas
ataviada de rosas inodoras, falsas…
Tu rostro nunca fue el mar
ni tu boca, besos o locura
sólo aliento de marismas y herrumbres
que el viento escupe
y el horizonte olvida.

(Todos los textos tomados de Testimonios del olvido)

viernes, 8 de enero de 2010

poemas de joaquín meza


Joaquín Meza, El Salvador








Postal







En mi país
hay "ríos majestuosos"
"soberbios volcanes"
y "apacibles lagos".

También hay carreteras
fábricas escuelas hospitales
cementerios -privados
y clandestinos-
y edificios que le rascan la panza
a los "cielos de púrpura y oro".

En dichos ríos
con mucha suerte se encuentran
Cabezones
y Cucas de Agua
mujeres que restriegan la ropa
con la chiches colgando
y "desaparecidos"
que se comen los chimbolos.

En los lagos
flotan cochinadas que dan gusto
y los cayucos se deslizan
detrás de una mojarra.

En los volcanes
se dan los perotes
y las manzanas pedorras
y las azucenas
y las gladiolas
y los tulipanes
y los cafetales.

Tampoco faltan los estadios
los cines
los turicentros
los autódromos
los slogans
el veneno
la tortura
el terror
los espías
y
por supuesto
los Escuadrones de la Muerte.

(de Poemas que dejó el tren… de la guerra)







Tiberíades







Acatándole
echaron las redes por la otra borda
y enseguida levaron imperios
y naufragios
llantas usadas
latas de cerveza
condones rotos
cajas de detergente
piratas y sirenas
ballenas muertas
y galeones fantasmas
áncoras y torpedos
pulpos enredados
secretos de estado
mini submarinos espías
paquetes de coca
restos del Challenger
y desaparecidos políticos.

(de SalMitos)







Caifás






Sumo Sacerdote del Zumo de la Ley:
¿Por qué sabiéndolo jodido lo jodiste más?

(de SalMitos)






Postal







En mi país
hay "ríos majestuosos"
"soberbios volcanes"
y "apacibles lagos".

También hay carreteras
fábricas escuelas hospitales
cementerios -privados
y clandestinos-
y edificios que le rascan la panza
a los "cielos de púrpura y oro".

En dichos ríos
con mucha suerte se encuentran
Cabezones
y Cucas de Agua
mujeres que restriegan la ropa
con la chiches colgando
y "desaparecidos"
que se comen los chimbolos.

En los lagos
flotan cochinadas que dan gusto
y los cayucos se deslizan
detrás de una mojarra.

En los volcanes
se dan los perotes
y las manzanas pedorras
y las azucenas
y las gladiolas
y los tulipanes
y los cafetales.

Tampoco faltan los estadios
los cines
los turicentros
los autódromos
los slogans
el veneno
la tortura
el terror
los espías
y
por supuesto
los Escuadrones de la Muerte.

(de Poemas que dejó el tren… de la guerra)

lunes, 4 de enero de 2010

poemas de ana escoto

Ana Escoto, El Salvador



El observador





Siempre llueve y las calles se inundan de ojos. Los ojos se esconden en nuestros zapatos. Nos muerden cuando caminamos. Alguien se detiene a ver su pasado. Cierra los ojos. Descansa. Duerme. Los demás abrimos los ojos y vivimos un día más en la oscuridad de su mirada.
Mañana también lloverá.




***

Quiero saber si tendré alas cuando muera esta vezsi en el canto de tus sueños podrás oírme suspirary si podré engañar a estos ojos dispuestos a partir
Quiero saber si cuando mueras, serás el vigía del faro que en medio de las olas y las lágrimas saladas,
conoce donde empieza el horizonte y donde terminan las aguas

Y es que ya no quiero matarme sobre los espejos
ni deshojar margaritas de abrazos olvidadosporque han brotado demasiadas sonrisas al morirme de mares



***
Los amuletos ya no retienen la suerte perdieron su efecto sobre estas manos heridas
hay sangre entre la tierra que separó los cuerpos
cada uno de nosotros enterró sus hombros
y hoy ruedan gritando las cabezas

las distancias merodean los cementeriosse reconfortan llevándole flores a la muerte
porque encontrarnos ya no es cosa de este mundo

domingo, 3 de enero de 2010

poemas de edgar iván hernández

Edgar Iván Hernández, El Salvador



Glosa de La Cuidad Errante





Recogida te llevo en el camino
y eres con migo La Ciudad Errante...
Detrás del pensamiento y la sonrisa
el que sabe mirar sabe encontrarte.

De: Ciudad Errante
Claudia Lars





I

Eres la ciudad que crece en las palabras, por eso me refugias, me estremece tu lluvia y tu sed. Tus voces apócrifas me acompañan, me condenan a tu fuero y envejezco, sin perder las viejas formas de amar. Me dispara la trazadora de tu locura, tus sílabas en las que vuelo en el único viaje.
“Recogida te llevo en el camino”

II

Camino con antiguas certezas, sobre nuevas calles, y lejos quedan mis pasos vanos. Ciudad herencia en mis avenidas y en mis desmesuradas plazas. En el coro de los transeúntes avanza mi voz
“y eres con migo La Ciudad Herrante...”




III

Renazco muriendo, muero como nacido. En mercados, estadios y bulevares. Poco envejezco en la muerte de mis hermanos. Venzo la ciudad de pasos hermosos y trágicos. “Detrás del pensamiento y la sonrisa”






IV

Eres la ciudad que me detiene en diciembre y me devuelves días amados, llanos de amor y humanos versos
“el que sabe mirar sabe encontrarte”








Glosa de la ciudad estremecida






“Estoy aquí, ¡ciudad estremecida!
-Alzada de tu aliento y tu sangre,-
contra tu corazón de amargos fuegos
y tu nombre cubierto de cadáveres.”

De: Ciudad bajo mi voz
Claudia Lars




Canto viviendo el amanecer adelantado y encuentro nuevos pasos. Me quito la camisa del desaliento y la ciudad me da su fuerza, sublima mi martirio, en cada palabra y en cada verso.
“Estoy aquí, ¡ciudad estremecida!

El pasado y el futuro me estorban mi alegría. La vida me atrapa, en el perfil de su amanecer, mis ojos y mis brazos están lacerados, bajo el invierno infame, se clavan en mi cabeza, las voces de la ciudad, que me defiende de toda ceguera.
Salto a las calles sobrevivo a sus fantasmas, soy cadáver en bancarrota por avenidas de ilusión, busco mi paraíso robado en medio del bullicio de mi ciudad “Alzada de tu aliento y tu sangre,”

La ciudad empequeñece mi corazón y encuentro al que soy: niño en asombros gigante en dolores. Encuentro la felicidad la descubro en el milagro y el fuego En la ciudad escucho sílabas eternas, voces de amor abrazos y ruegos, niños buscándose sin encontrase almas acorazada, avenidas de historias prescritas aduladores, paciencias remendadas, joyas y ojos tatuados, con el lenguaje reptante de la vanidad “contra tu corazón de amargos fuegos”

Valoro el recuerdo de un hogar lejano en el secreto, paisajes tapizados de naranjales, ancianos que beben en vasos de fuego.
He visto la ciudad con tanto veneno y con tan poco amor. He visto que amor dura meses, incluso años y el odio dura décadas, siglos
“y tu nombre cubierto de cadáveres.”






Elegía de Catedral 1990


A: Oscar Arnulfo Romero.




Domingo de Catedral
Domingo de tus ojos
llorando en el misterio
Domingo de pájaros
bebiendo el vino de tu voz
Los cuatro vientos de los mares
vuelcan su sangre en tu memoria

Casaldáliga
ha venido a soportar tu sombra
de Amate eterno
Desde Roma saludan tu sueño
Desde el dolor hasta tu voz
hecha esperanza

Miles ha venido a tu casa
desde el mar a tu amor
desde los silencios hasta tus labios
Han venido a compartir
tus descalzas heridas

El incienso de tus crónicas sube
hasta el mayo eterno de tus bondades
mientras los relojes continúan
asesinando las horas de sueño

Hace diez soles venimos a tu rostro
a tus manos
a tus mejillas
que no pronunciaron odio
bajo el segundo criminal
que mordía
los calcañales de tu amor
Peregrino de la canción
de las colmenas incendiadas
El panal de tu cuerpo
vuelve a derramar sus mieles

Hombre de las calles y los tugurios
sangre de la ciudad
que construye la llanura

Hermanos
regresaron las golondrinas
junto a tus huérfanos
al pozo de tu santo dolor

Han venido a reconstruir tus cometas
que la lluvia sangrienta te robó
hemos venido a profanar tu corazón
hemos venido muertos
a beber de tu vida.

sábado, 2 de enero de 2010

poemas de mercedes durand

Mercedes Durand, El Salvador
Fotografía: 100 Escritores Salvadoreños de Roxana B. López









Las manos en el fuego

Un vuelo de azules mariposas
Le inundaba la frente
Y los pasos menudos del rocío
Verdecían el musgo
Empurpuraban más a los geranios
Y agitaban su pulso…

La noche de un agosto fronterizo
Entre el gozo y el miedo,
(mariposa-zenzontle-miel-canela)
Sacudió sus entrañas
Y el rumor pizarrino de la lluvia
Y el dolor de la sangre
Despertaron mi llanto
Y heme aquí… desde entonces.

La madre de María Inmaculada
Bendijo mi venida
Entre Kyries y Salves y Acordaos
Y mieles de achicoria…
Nací del llanto y con la lluvia tenue
Una noche sin noche
En vuelo de opalinas mariposas
—entre barro y canela—
Y por anual me dieron el zenzontle
Y por signo un lucero
Y por herencia el viento, la colina
Y el mar y el horizonte…

El Ángel de la leche me dormía
En brazos de mi madre
Y el morro de una tímida sonaja
Sacudía mis manos…

Pronto mis pies corrieron por la casa
Y conocí a la hormiga
A la chiltota —prima del naranjo—
Al zompopo de mayo…

Jugué al escondedero con mi sombra
Y el libro de Mantilla
Y el ábaco de cuentas rojo-blancas
Y la manzana rosa
Y Sor Emilia con su toca nardo
Me fueron familiares…

Miedos estacionados en los goznes
De puertas y ventanas
Asomaron su voz de medianoche
En perros sincopados
Y trac-trac de carreteras ambulantes…

Un ser estaba siendo ente y era
Construido con palabras,
Asombros, experiencias y consejos
De luna y porcelana…

Un ser estaba siendo ente y era
Romboide en espiral,
Lámpara del no-yo, luz del nosotros,
Sombra de girasol,
Gota infinita del mar existencial,
Fragmento del no-ser…

Un ser esta siendo ente y era
Átomo de galaxia,
Cristal de cosmonauta en agonía,
Espuma sideral,
Profética visión de aconteceres,
Salmo del siglo XX…

Un ser estaba siendo ente y era
Lágrima de la tarde
Escudilla de sílabas y nombres
Racimo de palabras…




Espacio de mi voz a Frida Kahlo

Un día, Frida Kahlo,
Pleno de sol y niños,
Me acerqué a tu horizonte,
A tu mundo divino:
Acaricié un rebozo, un nopal y un indio.

Desde ese día, Frida,
Aspiré tu dolor sublimizado
Por la voz de la lucha.
Me dijiste el mensaje que la tierra
Proclama en las espigas;
Me dijiste…
Me dijiste mil cosas, Frida Kahlo,
Con tu verbo encendido.
Entendí tu mensaje,
Lo guardé entre los pliegues de la sangre
Para donarlo a mi hijo,
Porque… quién Frida Kahlo
No aprendió tu lección de sacrificio
Si era tu voz un himno libertario
Para el mundo oprimido.

¿Quién te pudo ignorar si tu presencia
amanecía en todos los colores
de las cosas sencillas?
¿Quién se negó a ignorar tu noble ayuda
elaborada en paz y dulcemente
desde el cedro labrado de tu silla?
Ninguno, Frida Kahlo,
El Louvre mismo atesoró tus cuadros,
Veneró tu mujer y tu pintura;
Te amaron los hambrientos de justicia,
Te comprendió la juventud,
La brisa,
Los paisajes risueños,
La campiña;
Te saludó el arroz,
El vodka alegre,
Los maizales indígenas sangrando,
La Torre Eiffel y la Alambra antigua;
Te saludaron todos Frida Kahlo
Porque tú eras la vida,
Porque enseñaste siempre
Acuarelas tranquilas
Porque igualmente pronunciabas panadero
Que arte impresionista.

Por eso, Frida Kahlo,
Cuando la lluvia acompañó tu viaje,
Me dije:
Sus cenizas
Habrán de germinar en rosas blancas
En auroras de olivo,
O tal vez pintarán una paloma
Sobre el lienzo del mundo.

Te has ido Frida Kahlo,
Se mece en tu recuerdo
La fiesta alborozada de tus trajes
Y el gozo circular de los anillos.

Adiós a la pintora Frida Kahlo,
A la mujer sufrida,
A la artista que un día
Me permitió mirar a su horizonte,
A su mundo divino,
Y acariciar el rostro del rebozo,
Del nopal y del indio.




Vengo del viento

Vengo del viento azul
Donde el jacinto
Sorprende en su temblor al lirio de agua.
Vengo en el viento
Y con el viento traigo
La voz delgada del Guarajambala,
El eco acantarado del Sumpul,
El dialecto azulino del Jibia
Y la música en flor del viejo río.
Del río de las barbas de esmeralda,
Del río que se extiende por los valles,
Del río que amortaja a los cadáveres,
Del río de la luz en las entrañas,
Del río viejo,
Del río sangre,
Del río indio,
Del río padre,
Del río río,
Del río Lempa…
Vengo en el viento
Y con el viento traigo
Suspiros de copal,
Aire de bálsamo,
Guirnaldas de esquinsuche
Y aliento de cacao…
Vengo del viento
Y con el viento traigo
La oscura ramazón de los caobos,
El canto melancólico del guauce,
La auora vegetal del maquilíshuat,
El jacamar y su plumaje huraño…
Vengo del viento
Y con el viento traigo
Un corazón de viento huracanado…