sábado, 24 de julio de 2010

TEONILDA MADERA Y EL CARMESÍ DE SUS POEMAS-andré cruchaga

Carátula de: Un camino Carmesí de Teonilda Madera








TEONILDA MADERA Y EL CARMESÍ DE SUS POEMAS



[Comentario a su libro: Camino Carmesí]







A la poeta Teonilda Madera, la conocí allá por el año 2002, en el marco del Primer Festival Internacional de Poesía, auspiciado por la Fundación poetas de El Salvador. En esa ocasión me tocó compartir lectura con ella en la Embajada de México. Desde entonces, hemos mantenido la amistad y la comunicación. En días recientes ha escrito un estudio introductorio sobre mi libro: Sublimación de la noche, traducido al catalán por mi buen amigo y notable poeta Pere Bessó y que saldrá a caminar por el mundo en el mes de octubre de este año.

En el marco de esta edificante y constructiva amistad, la poeta, —quien además es narradora, ensayista, dramaturga, maestra y doctora en literatura, etc.— me ha hecho llegar su más reciente libro publicado: CAMINO CARMESÍ-CRIMSON PATH, editado por Morris Publisinh, Estados Unidos. Sobre su obra se han hecho buenos comentarios, excelentes, entre los que destaca a través de correspondencia epistolar, don Claudio Guillén, hijo del connotado poeta de la Generación del 27, don Jorge Guillén.

El libro que nos comparte la poeta, contiene ochenta y nueve poemas de contenido diverso. Destaca, sin duda, el “ALFA Y OMEGA”, dedicado a la tierra cuscatleca: “Este pueblo temerariamente se yergue/ desde su semen volcánico/ y se derrama en montañas, praderas,/ ríos y mares sempiternos.” El Salvador es un país interesante: desvelan sus contrastes, lo íntimo se cuela en los aleros. Más adelante y en el mismo poema, la poeta acota: ”Este suelo movedizo/ con sus Cuentos de barro,/ con su faro masferreano,/ con su Dalton dormido/ guarda una historia inquietante.”

Dicho lo anterior, encontramos en la poesía de Teonilda Madera, esa búsqueda incesante del ser humano por desentrañar o, desvelar, si se quiere ese otro mundo que nos circunda, que nos contiene: El yo interior fluyendo en las aguas del alfabeto. Teonilda es poeta de la Esperanza y a través de esta humanidad tan suya, denuncia el proceder mezquino, “el entorno inhóspito que destruye”, que anquilosa al niño, al joven, al anciano. La poeta continuamente redescubre, “la rama amorosa de sus sábanas”, la desmesura torturante de nuestro tiempo. Pero también, como ser humano, matiza esos temas álgidos de nuestro tiempo, con la fosforescencia del tema erótico amoroso. Su erotismo nos convoca, también, a repensar el aljibe misterioso de la historia entre las manos, colándose, destilándote como torrente de agua.

La poesía de Teonilda Madera tiene la claridad de las estrellas. La piel vivaz de los peces del arco iris, las sustancias definitivas de la tierra. De cualquier manera, cada poema suyo, cada verso, cada palabra, tiene la esplendidez de los sueños divinos, los aromas del hastío propios de este mundo, y los aromas del pétalo en su infinito dominio. Ungida de su posesa alba, ilumina la oscuridad sin mayores aspavientos, con gallardía, dueña de las mieles del rocío. Su arquitectura no es noche, sino río de surtidores luminosos.

La poeta está, permanece arraigada a la tierra. Al menos así lo intuyo cuando vuelvo a leer, ya en el libro, un poema suyo de grandes resonancias y, aún inédito, me lo hiciera llegar. Se trata del poema EL CAMINO A SANTIAGO. En principio no lo entendí por mi condición de eremita posmoderno, pero luego, entrado en la lectura del mismo e investigando, se trata de un testimonio vivo de su experiencia peregrina. Con pulso y pecho tembloroso nos dice: “El camino es un llamado de siglos,/ una búsqueda eterna, una exploración,/ una melodía de bordones/que anuncia pueblos sabios.” También, es un “altar de piedras”. Sí, lo imperecedero, la fuerza, lo que la épica del sueño construye más allá del silencio de las grutas y los hierros posesos de la penumbra.

Maestra de honda vena poética. Sus imágenes, la incursión al mundo de lo cotidiano, su lirismo, la sitúan en un lugar preferencial de la literatura universal. Maestra también de envidiable vocación. Sin duda ese contacto permanente con jóvenes se vuelve inspirador para ella, camino de humanidad, incienso y mirra para adobar la ternura. De otro modo, no se podría entender sus “TEMORES INFANTILES”. No los de ella, sino los de la niñez en peligro constante.

Su poesía, toda, está envuelta por esa ternura humana que le es característica a la poeta. Y, aunque haya “AMANTES TORPES”, en este planeta, su capital es el amor en su más amplia expresión. Tal como lo veo en “CANCIÓN DE CUNA”. Donde su vientre respira la ambrosía del mar y el cielo y la tierra.

Confieso, con la lectura de este libro bilingüe, que la autora me ha hecho repensar muchas cosas. Su poesía trasciende el “SÓLO DOLOR”, para albergar un huerto sin escombros.

André Cruchaga
Barataria, 24.VII.2010


*Un Camino Carmesí. Teonilda Madera. Edición bilingüe, editado en Estados Unidos por Morris Publising, 2009.

viernes, 23 de julio de 2010

LA BATALLA DE GUALCHO-FRANCISCO GAVIDIA

Francisco Gavidia, El Salvador






LA BATALLA DE GUALCHO
ANTES DE LA BATALLA





I



Once días pasaron
Sólo en espera… el duodécimo,
Una comunicación
Que me traía un expreso,
Del Teniente Coronel
Ramírez Jefe del cuerpo
De las tropas auxiliares,
Esperadas tanto tiempo…

Ramírez me aseguraba
Que era su ánimo resuelto,
Pasar al día siguiente
El Lempa, con gran esfuerzo,
Por falta de barca.
Era,
Al enemigo, en extremo
Fácil, mirar si avanzaba
Aquel Jefe, y su pequeño
Refuerzo destruir. Por tanto
Me decidí a protegerlo.

A las doce de la noche,
Emprendí, con este objeto,
La marcha. Pero la lluvia
No me permitió haber hecho
Doble jornada. Obligado
Aguardar a mejor tiempo
Me vi, en la hacienda de Gualcho.
En tanto mi movimiento,
Bien observado, Domínguez
Marchaba a mi lado izquierdo:
Detenido como yo,
Por la lluvia y el mal tiempo,
Se vio obligado a situarse
(Supe después) no más lejos
De una legua de la hacienda.
Hizo él este movimiento
Sin que yo hubiese podido,
Hasta este instante, saberlo.


NOTA: Francisco Gavidia. Gistoria de su narrativa de Cristóbal Humberto Ibarra. 1a. Edición, Dirección de Publicaciones e Impresos, del Ministerio de Cultura y Comunicaciones, San Salvador, 1986. Hoy, con la denominación de Secretaría de Cultura.

jueves, 24 de junio de 2010

ENSAYO SOBRE LA TRISTEZA-RAFAEL MENDOZA EL VIEJO

Rafael Mendoza, El Salvador









ENSAYO SOBRE LA TRISTEZA








Uno no se da cuenta de que los altos robles
aunque nobles y magnos han de caer un día,
que en su caída impresionante
arrastrarán presagios y sístoles ignotas.
Y en los retornos a la gloria
de estos descomunales cerebros compartidos
por la indolente humanidad
el Universo tiembla, mientras el pluriverso
alcanza alturas siderales.
Hacedle al gran maestro Saramago una estrella.
Grabad en su S inmensa del sol la fiebre eterna.
Contad con él, decid con él, leed con él
la historia de este mundo
e incendiadlo después. Sin él apesta.
Por último
haced de este arrebato un pañuelo
y pasádselo al dios que por Él llora...


©Rafael Mendoza el Viejo. El Salvador, 22 de junio, 2010

jueves, 3 de junio de 2010

tres poemas de freddy ramón pacheco

Freddy Ramón pacheco, Venezuela-El Salvador









Fantasía de Horizontes







Quizás sean mares o la nada
El camino recurrente es hacia mis adentro
sdonde los horizontes son luminosos
donde el destino es la muerte

Somos siluetas, desencajadas,
Tergiversando la razón
Inútil lluvia en el desierto.
Buscando cadáveres insepultos
Encontrando siempre
el espejo
o una red en el camino

Nos detenemos nos miramos nos enredan
el tiempo y las distancias.
Irreversible, inoperante,
el siguiente camino,
nuevos reflejos.
Nuevos hilos invisibles
tejiendo luces y sombras hasta el final.

Alondras o colibríes, alas de ángel
o demonios en ciernes.
Custodiando la aurora esperando residentes
Montarlos en sus lomos fantásticos.
Llevarlos en un suspiro una lágrima un beso
Dejarlos cotidianos al borde del abismo.










DESNUDEMOS AL VERDUGO








Vaya descubrimiento de verdugos
solitaria nuez bailoteando de arriba abajo
y a ese emblemático nudo en la garganta
lo tipificó el embrujo del silencio: Hombre.

No puede ver el incienso
un desaforado y rapazengullendo tripas
con el instrumento que grazna
una mano en el cadáver
la otra hurgando la roña
los ojos muy redondos
Inyectados del ácido de la muerte
esa que está devorando
sin desperdiciar una letra
atragantada de versos.

Imposible inmolarse en el aburrimiento
lanzarse desde el estómago
a recoger la codicia y la mentira
o cantar su hocico
mientras toca la lira con sus huesos.
!Paz! !Paz a sus restos!
será el adagioo el final de su cuento

nada en poesía
nada en el silencio
nada gritando versos
nada engañando fantasmas
nada señalando a los otros humanos
próximos poetas de su alimento.

Muertos
Aquí y ahora
desnudos de misterio.








VIAJEMOS POR TU CUERPO SIN PALABRAS








Bajemos un poco
vayamos descendiendo
lentamente
deslizándonos mas bien

desde el origen
hablemos
donde el viento y la luz
se ahogan juntos

allá en las vertientes de tu cuerpo
donde reposan los guerreros
donde se duermen los jilgueros
donde las rosas no tienen espinas
donde sólo hay pétalos
llévame de la mano al infierno
de sueños
al abismo
de sueños
al cadalso
donde envenenan de gloria
a los condenados
ya muertos

Viajemos por tu cuerpo
y dejemos que las palabras
descansen en paz
por un instante

Que los versos
no sean refugio del miedo

vayamos
llévame de la mano
y coloca la mía
en tus aposentos

descubramos la aurora
el plenilunio

Deja que acerque mi oído
quiero escuchar
cómo se escuchan las olas del mar
cuando golpean tu piel
Quiero escuchar el estruendo
de gaviotas dormidas
el retumbar enloquecido de nubes
la danza del fuego
el holocausto de todos los besos
la muerte tragando mi lengua

martes, 25 de mayo de 2010

poemas de ignacio luis rolando fortiz

Ignacio Luis Rolando Fortiz, El Salvador











A LOS JOVENES.







Queridos jóvenes, estos consejeros versos que les declamo,
Es para decirles, que la vida esta llena de éxitos y fracasos.
Que es fugaz y pasajera, que es veleidosa y traicionera
y que, quienes no se superan ¡Amalayando se quedan!
Hembras y varones, estudien y aprendan un oficio.
¡Huyan! De las malas compañías, eviten los peligros.
Amen a Dios, pídanle que los ilumine, los acompañe
y reconozcan, los inmensos sacrificios de sus padres.
Que trabajan y desvelan, para proporcionarles bienestar.
Que visten ropa usada, para que ustedes, puedan estrenar.
Que fuera de a esos, abnegados y desinteresados padres,
Tus penas, dolores y angustias ¡No le importan a nadie!
Las jovencitas, como las flores de la creación que son.
Deben tener mucho cuidado, al entregar su corazón.
Un borracho, un vago, un drogo, lo deben rechazar.
Porque en vez de darles alegrías ¡Las harán llorar!
Jóvenes, cuiden sus cuerpos al igual que cuiden sus almas.
No envenenen el corazón con envidias, odios y venganzas.
No caigan en las tentaciones de cosas y dineros mal habidos.
Y Ayuden a quienes les hayan ayudado ¡Sean agradecidos!
No busquen pendencias y no participen en pleitos ajenos.
No consuman drogas y alcoholes, que carcomen el cerebro.
No transiten por los mortales caminos del contagioso SIDA.
Y “Todo con medida”. Debe ser la norma que rija sus vidas.
Vuelen hacia las cumbres, sin que les importen los sacrificios.
Lleguen a lo alto como verdaderas águilas y no como reptiles.
Tengan presente; que este mundo pertenece a los vencedores
Y que en la cúspide, no se cambian amigos ¡Por aduladores!
¡No claudiquen! En el gran empeño de mejorar sus destinos.
Reciban lo bueno con alegría y todo lo malo con estoicismo.
¡Luchen! Por sus ideales, por sus ilusiones y por sus anhelos.
Estudien, trabajen ¡Esfuércense! Y hagan realidad ¡Sus sueños!








AGRADECIDO.







A los niños, jóvenes, mayores y a los poetas,
Que reciten, escuchen o pregonen mis poemas.
Les digo, me sentiré feliz, al oír mis versos.
Sea que estemos cerca o que estemos lejos.

Si alguien los comenta, en rueda de amigos.
Me sentiré muy contento y muy complacido.
Y si los declaman, en los centros educativos.
Me sentiré dichoso, de no morir ¡En el olvido!

Si entre gente de letras o en un foro,
se critican o se aprecian, mis tesoros.
Serán sus análisis, coronas de laureles,
que orgulloso, luciré, sobre mis sienes.

A todos los que lean, escuchen o reciten
Estos poemas, que con mucho amor escribo.
Así como a quienes, me tengan como amigo.
A todos, por siempre ¡Les estaré agradecido!







AMANECERES







Cada día que amanece, son mis primeros pensamientos.
El de agradecer por dejarme vivir, al Rey del Universo.
Un nuevo amanecer, sin cirios que velen a un ser querido.
Sin una angustia, ni nocturno dolor que me haya afligido.

Escuchar puntual avecilla, que anuncia el nuevo día
y en la cama, hacer rutinarios ejercicios de por vida.
¡Poderme levantar! cuando miles no podrán hacerlo,
por no tener piernas o por haber, amanecido muertos.

Empezar un nuevo día, que en realidad es una nueva vida.
Tomar aliento, ver el firmamento, que el sol todo lo ilumina.
Sentir el aire entrar y salir de los pulmones, caminar, trotar.
Comprobar que estoy bien. La noche fue ¡Para descansar!

Y muchísimo disfruto, de lo maravilloso del nuevo amanecer.
Porque se, que tristemente en ignorado día, ya no podré ver;
Ni carros, ni gente, ni oiré voces, ni podré decir una oración.
Porque ya estaré lejos, morando ¡En Los jardines del Señor!








ARBOLITO DE NAVIDAD







Arbolito de navidad de luces y alegres adornos.
Bombas, estrellas, algodones y guías de colores,
que se encienden y se apagan en cadena sin fin
Semejando ilusiones y proyectos del diario vivir.

Símbolo del nacimiento del Mesías, del Cristo de los Cielos.
De paz, de fraternidad, de perdón en la noche de desvelos.
Anuncia la llegada de Navidad, de las nuevas esperanzas.
Tiempo para perdonar, para meditar, de que quedo atrás.

De los buenos propósitos para el próximo año.
De recibir con amor a los propios y a extraños.
De recordar las navidades pasadas, de añorarlas,
cuando con nuestros queridos padres las pasábamos.

Nostalgia por la lejana tierra y por los seres queridos.
Por los que aún viven y por los que están en el paraíso.
Por el año que queda atrás, con tantas ilusiones fallidas.
Por los sueños no realizados y por las nuevas perdidas.

Arbolito de Navidad, bajo tus adornadas ramas
Hay juguetes, regalos, esperanzas y alabanzas;
se cobijan los mejores deseos de la humanidad
Cuando todas las razas se desean ¡Feliz Navidad!







AYÚDAME.







I
Cuando pases ¡Ho solitaria y blanca nube!
Por el firmamento, del gran amor que tuve.
Dile, que nunca, la dejaré de amar y recordar.
Que aunque pasen siglos ¡No la voy a olvidar!


II
¡Ayúdame nubecita!, ella es mi gran ilusión.
La Reina, que impera y manda a mi corazón.
La inspiración de mis proyectos y mis anhelos
y el motivo, de mis largas noches de desvelos.


III
Cuéntale, que la sigo esperando, que la quiero.
Prométele por mí, si te lo pide, el mundo entero.
Dile, que presiento, que muy pronto regresará
y que cuando vuelva ¡Nos volveremos a amar!








CABILANDO







Me pregunto ¿Habré desperdiciado toda mi vida?
¿Era otro mi destino? Tendría mucho dinero y familia.
¿Viviría en Amatitán, El Izcatal o en Nido de Aguilas?
No habría regresado del campo, a vivir en las ciudades.
Viviría en Costa Rica, en mi inolvidable ¡Alajuela!
Con muchos amigos, con dólares y mujeres bellas.
Me habría casado en Tres Ríos o en la fría Cartago.
¿Perdí parte de la vida, al vivir por aquellos años?
Qué me queda, qué tengo y poseo ¡Solo recuerdos!
Sin esposa, sin hijos, sin empleo; sin algo cierto.
Sin tener una mujer a quien amar y me ame.
¿Será el precio, que por mi felicidad hoy pague?
Porque todo en esta vida, tienen fijado su precio.
El soltero, no tiene penas y es un gran aventurero.
Tiene placeres, amistades y va a distintos lugares,
Pero al final, el tiempo le cobra ¡Con soledades!
El casado es distinto; tiene a quien amar.
Tiene esposa, tiene hijos y tiene un hogar.
Sus esfuerzos dan frutos, vive en sociedad,
Pagando mucho mas ¡Al perder la libertad!
Como sea que sea. He sido y soy ¡Muy feliz!
Aún cuando empiezo a reconocer y a sentir.
Que no es nada normal, que viva en soledad.
Sería bueno me amaran y ¡Que pudiera amar!







CRISTO SALVADOREÑO.







Monseñor Oscar Arnulfo Romero, ha sido condenado.
Gravísimos fueron los delitos, que se le imputaron.
Sedición, actos de terrorismo, comunismo y traición.
Cuando predicaba amor, perdón y la reconciliación.
Por amar a su país El Salvador, lo van a crucificar.
Sin piedad, sus piadosas manos a la cruz clavarán.
Con las espinas del dolor del pueblo, ha sido coronado.
Por pedir a los soldados ¡Que no mataran hermanos!
Entre ladrones, ha sido contado el Santo Prelado.
Saca, el Sol, alma, sudor y aliento, a los ajusticiados.
Cristiano el bueno, atado a su cruz ¡Sufre en silencio!
Y Flores, de arena, les ofrenda el viento del desierto.
Clamaba contra de las injusticias y contra las atrocidades.
Hablaba por los sin voz, en todas sus homilías dominicales.
Abriéndose paso por entre monjas, el criminal se aproxima
Y cuando Monseñor, abre los brazos para bendecir ¡Lo acribilla!
El crimen del Pastor, ha sido planificado y consumado.
Por la fatal herida, la vida del Mártir, se ha escapado.
La historia, con letras de oro, escribió sobre su féretro.
Este es, Oscar Arnulfo Romero ¡El Cristo Salvadoreño!







DERECHO ROMANO








Batió sus alas, la Imperial Águila Romana.
Como retándome a un duelo de gigantes.
Son sus garras, lo difícil que es comprenderle.
Es mi arma, la constancia en estudiarle.

sábado, 22 de mayo de 2010

roque, de ayer a hoy-david escobar galindo

David Escobar Galindo, El Salvador
Archivo de André Cruchaga








Roque, de ayer a hoy *







Releo a Roque Dalton. La relectura es un hábito nutritivo y aleccionador. En este caso, siento al poeta en posesión plena de sí mismo, porque su palabra surge de la intimidad más profunda. Es poesía intimista, en sentido esencial.






·
El tiempo es una travesía, personal y comunitaria. Todos vamos en ella, como en una procesión sin fin; al menos, sin fin conocible de antemano, ni en el vivir ni en su posteridad. El poeta no es la excepción: más bien es la confirmación emblemática de la regla. Emblemática porque representa —no sólo él, como trajinante de símbolos, pero sí él en la primera línea del oficio simbólico— el pasar y el quedar que son las dos formas evolutivas del ser por excelencia. El poeta pasa, porque la vida es razón en movimiento; el poeta queda, porque la vida es a la vez pasión de permanencia.

Hablamos hoy de Roque Dalton, a cuya vida y a cuya obra nos hemos asomado periódicamente, en distintas luces y sombras, desde el pasado posible más remoto. Esa sola periodicidad asumida indica que el personaje es de los que perduran, más allá de los vaivenes del juicio que el devenir va imponiendo de manera inexorable, según él.

Mi primera imagen de Roque no tiene —aparentemente— nada que ver con la poesía. Yo soy un niño de 5 años y él es un adolescente de 14. Roque llega a mi casa en el Pasaje Rovira, allá sobre la Calle de Mejicanos, frente a la boca de la Calle 5 de Noviembre, a recibir su clase de inglés con mi abuela, doña Lillian. Es un muchachito serio y de apariencia endeble. Eso sí: la mirada parece concentrar todo su ser.

El Pasaje Rovira es justamente eso: un pasaje. Las casas en fila hacia adentro, a la izquierda del pasaje, y a la derecha un muro, que separa de otras casas más grandes. En la primera de las casas del pasaje, la que da a la Calle de Mejicanos, y la única que tiene jardín, vive doña Margarita Rovira, la dueña; en la siguiente, la poetisa Berta Funes Peraza, con su madre, doña Emilia; en la que sigue, María de los Ángeles de Castillo, actriz, con su marido; en la inmediata, Mercedes y Lydia Galindo, mis tías abuelas; en la otra, Salvador Castillo, su esposa Elia y su hija Chepita; después, nosotros, mi abuela, mi tío Reynaldo y yo; y al tope, el doctor Lázaro Mendoza, padre de Olga, que se casó con el barón Wilhelm von Hundelshausen, cónsul alemán en nuestro país en tiempo del Tercer Reich, y que unos años después de la guerra se estableció definitivamente entre nosotros, para desarrollar una importante carrera empresarial. Las casas del Pasaje eran pequeñitas, y más aún para la época. Frente al Pasaje, la naciente Calle 5 de Noviembre hacía dos esquinas: en la de la izquierda estaba la tienda La Royal, con su ala verde que daba a la acera, de la Niña María García, la madre de Roque; y en la de la derecha, la cantina El Avión. Doy estos datos para graficar el tipo de vecindario en el que vivimos Roque y yo.

Poco después, nosotros nos trasladamos del Pasaje Rovira a la casa 215 de la 23 Calle Oriente, una cuadra más adelante. Roque siguió en La Royal. Dejó de recibir clases de inglés, pero yo continué por mucho tiempo yendo a que la Niña María me pusiera inyecciones de reconstituyentes, de los de entonces. Veía a Roque allí, de vez en cuando, y sólo intercambiábamos saludos. La diferencia de edad se marca más a esas alturas de la vida. La Niña María, mujer noble y dedicada a sobrevivir con tranquila dignidad, estaba siempre atenta, sonriente y diligente.

Como mi abuela iba a menudo a La Royal —la tienda era la mejor surtida de la zona, más que la de las señoritas Padilla, que se hallaba a la par, y que La Única, ubicada en la cuadra anterior—, porque además se llevaba muy bien con la Niña María, ya que ambas eran mujeres esforzadas y discretas, estábamos al tanto de los respectivos sucesos familiares. Un día supe que Roque se iba a Chile, a seguir estudios de Derecho.

No estuvo Roque mucho tiempo en Chile, pero allá entró en contacto con una realidad cultural multicolor. Se conectó con el pensamiento de izquierda, por entonces en auge latinoamericano. Y esa sería su línea. ¿Pasión ideológica? Estoy seguro de que mucho más que eso. En Roque el fondo anímico era lo más fuerte, como en todo poeta de veras. Por el recorrido vital y por el testimonio de la escritura, a mí no me cabe duda de que Roque Dalton era hombre de fe, hombre necesitado de fe, pese a los desplantes burlones. Y no podía ser fe religiosa, porque su experiencia en el Colegio jesuita Externado de San José resultó más bien traumática. Aquél era entonces un colegio exclusivo y muy tradicional. Roque fue admitido, pero como no era hijo de matrimonio —lo cual no significa nada en la dimensión de lo humano— estaba en una especie de absurdo limbo social. Tuvo que haberle sido muy difícil, sobre todo en la interioridad. La fe a la que Roque se abocaría sería laica, y en aquellos años la fe laica más pujante y avasalladora era el marxismo-leninismo.

Roque nunca fue un poeta panfletario: fue un poeta creyente. Y por eso mismo su relación con las estructuras burocráticas de la izquierda vino a ser tan conflictiva. No por temperamento, sino por fidelidad. Esto llevó a Roque a confiar hasta en los recursos desesperados, que pueden resumirse en aquella afirmación contenida en uno de sus libros estelares, “Taberna…”: “Lo único que sí puedo decirte es que/ la única organización pura que/ va quedando en el mundo de los hombres/ es la guerrilla”. “Pureza” que no tuvo empacho en acribillar salvajemente al poeta, en una siniestra secuencia aún no aclarada.

Releo a Roque Dalton. La relectura es un hábito nutritivo y aleccionador. En este caso, siento al poeta en posesión plena de sí mismo, porque su palabra surge de la intimidad más profunda. Es poesía intimista, en sentido esencial. No importa que los símbolos externos sean ya hojarasca de época: lo importante es que los símbolos internos mantienen vivas sus raíces. El tiempo va poniendo todas las cosas en su sitio. Roque, como buen apasionado, también fue injusto, y bastan dos nombres para demostrarlo: Alberto Masferrer y Hugo Lindo. Pero eso ya también es anécdota. Lo real, lo verdadero es que todos ellos, los auténticos, Roque incluido, siguen y seguirán aquí, por encima de las naturales veleidades del gusto y del disgusto.

David Escobar Galindo / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA. Notable escritor. Director de la Academia Salvadoreñade la Lengua.
* Este artículo ha sido tomado de la sección OPINIÓN de La Prensa Gráfica de El Salvador, publicado el día Sábado, 22 mayo 2010.

lunes, 17 de mayo de 2010

poemas de óscar armando rafailán alfaro

Oscar Armando Rafailán Alfaro, joven poeta salvadoreño


MUJER DE CAFÉ

Vi ascender a una mujer de la taza del café,
lo digo bajo la lucidez que me acredita la ignorancia.
Intenté nacer de nuevo en esa taza,
pero mi corazón se bebió el café de un vistazo.

La mujer, poco a poco me reconoció como su único hijo,
su presea por haber pasado enrollada al mundo viviente;
hubiera negado toda razón aquella tarde
de no haber sido por las hormigas que me devoraban el pelo
y un dolor que sólo se siente ante los aparecidos.

Insisto, aún las mujeres de café hablan de mil formas,
y te apaciguan como ninfas del bosque.
Aún ahí los delirios no resultan
y las carcajadas se vuelven ruidos civilizados,
te ordenan toque de queda para despertar de los sueños pasadas las 6.

Quién sabe, serán secretos que los libros te ocultan,
o simples destellos que salen de los focos,
algo debe justificar mi cordura ante las velas,
ellas serán las que juzguen si aquella mujer
ascendió de la taza de café o fui yo quien descendió a la misma.








AGUA


Una gota se sumerge en el charco
y se pierde en su universo acuoso
se viene y brota la sonrisa de un cristal.

Una luz crisálida, se avecina a la orilla,
ola que se atreve a ser refugio en el invierno.








DIAGRAMAS

Camino por tercera vez sobre este libro,
como quien se niega a verse fugitivo por el mapa de tu piel.

Los ojos se vuelven mariposas,
las manos labran misterios sobre el papel.
Siempre hay una forma de diagramarte en el viento
de sujetarme de tu nombre y de beberme tu risa.

Hoy transito con los minutos quietos
esperando florecer desde tus labios,
nacer de tus ojos,
volverme un génesis en ti.










BOCA

El mar abrió una concha enorme en un eclipse infinito.
Brotó la música en el vientre,
un bostezo azul y un sueño inexplorado.

La tarde cinceló tus labios:
una amalgama de notas y claveles,
y lo puso en la concha,
en lo infinito de su hondura,
en lo pequeño de su origen.

Aquella visión era un dogma,
sólo una expresión de amor le conquistaba,
y se cerró ante mis ojos en un gesto infinito.

jueves, 8 de abril de 2010

poemas de ana ferrufino

Ana Ferrufino, joven poeta salvadoreña







ES MENTIRA QUE SOY POETA






¡Es mentira que soy poeta, es mentira!
Lo real es la pasión que me involucra en la palabra,
Sola se escribe la misma poesía
en el aire, en la noche, en el alma.
Y quienes escribimos llegamos con la luz del día,
a recoger estrellas y a transportarlas a las páginas.







SILENCIO
7 de marzo de 04





La calma es absoluta.
Un torbellino efímero se embrolla con la luna,
nada se agita, nada se aleja del puro sentimiento.
El corazón es una estatua de estallidos febriles,
Mientras; la caverna moral, el atrio por donde se asoma el asombro.
En esta noche, vegeta lo impredecible: la totalidad indestructible
Y ronca la pausa en el ensueño donde arde el momento.
En el silencio, vive la campiña que no concluye en ningún atisbo…
Suspira el suspiro,
respira el respiro,
ama el amor.
La vida coexiste en un prodigio cuando el alma se eleva hacia la diáfana niebla, hacia el refugio olvidado… la blanca tela del infinito.
En el silencio, la alquimia del sauce intrínseco libera sus brotes.
En el silencio, el pensar esta desnudo y la existencia es un grito.







Viernes 20.





Mañana de Febrero del 2009. Se congela el viento. Tus ojos vuelven. Tus ojos me miran fijamente. Tu lengua es una flor encendida que galopa entre mis labios. La nostalgia tiene cara de afrodita y me calienta la cabeza, las vísceras… el corazón. Calles que ya no veo pero que camino entre letras, manos que no siento por quedarse como tatuaje caballero. Mis nervios son relojes que calculan la hora interminable, el tiempo una chatarra que se estruja en nombre de eternidades. Tú vos me llama. Tu voz me llama hacía un rumbo inexistente. Un pequeño trozo de sangre coagulada se anula a si mismo con golpes extendidos que se tornan lunas de nada. Tu lengua lame mis heridas pero tus ojos son cuchillos que me escupen. Sentimientos polvorientos. Libros que se queman. Nada de esto será igual. Nada traerá tu perfume y letras. Me calcino a mi misma cuando cicatrizo tu nombre. Ni la lluvia puede apagar lo que encendiste con música. En mi sangre trascurres taciturno y extranjero, viajas encima de un barco sobre los mares de mis venas. Te mataré una vez más con un soplo de girasoles sonrientes para encontrar mi propio funeral. Y poderte decir mis más subterráneos deseos con amorosos besos y lágrimas. Siempre fuiste mi espejo quiero decir que para verme tenía que mirarte.








Palabras sin orden más que el de ser.
4- Nov. 2009





Dulce caos, abrígame, destrúyeme para perderme en mí misma.
Sácame la lengua y jálame el pelo, como si fuera la primera vez que me mirás a los ojos.
¡Que esta intensidad se convierta en agua, en océano fogoso y divino, mi guacal más grande donde me baño sonriente!
¡Que estas aguas traguen mis ansias de amarme, de sostener mi brazo en una cara-flor, en una libélula de estrella!
Mis noches son días, entre almohadones mustios o dorados donde alguna vez grité agudamente mi nombre; y como siempre por ser nunca, el sonido me habló en éste oído antiguo haciéndome el amor en forma de arrullo.
Ser, sentido, palabras de nada, fantasmas de miel; quiero un beso de la noche, morir en un instante de respiración hambrienta, acabarme el amor de un trago, todo el amor del mundo en un soplo de mis letras, corromper las estructuras, lo definido, para ser un fragmento pleno y vivo por la extrañeza de la unidad más junta, pieza de mujer con olor a sal enrojecida como caracola exótica en la orilla de la mesa acuática.
Un retumbo agrieta mi voz… quizá mi divinidad resucitada que encuentro cuando me beso estas mis manos largas y flacas, las que imploran entre mis cejas o mis ojos centellados.
Ojos, mis más oscuros y sensibles olfatos que me rompen la realidad a cada paso, porque lo veo todo tan perfectamente creado por la nada y el todo; eso con quien platico de vez en cuando.
Abstracción de mi realidad despeinada, hermosamente rizada hasta las venas de la cabeza, donde no te descubren ni los piojos por ser tan íntimas, un teatro donde se baila con los sentimientos.
Sentido- pasión, madre- niña mía, solo mía, estrújame la sangre, no me sueltes en tu abrazo. Es que tal vez siempre comprenda a la madre tierra eructándome y lactándome. ¡Vómito del mundo, por lo que no es, por lo que falta, por lo que no se comprende!
Colocho, mi niño, mi amor… ¡No me soltés, quedáte en mi brazo para que pintés al universo con los tuyos, aplástame si lo querés, méteme color en la venas hasta destruirme y salir por mi laberinto de rosas color carmesí!
Sé que te voy a encontrar todo colorico porque nunca te pierdo en los acertijos tridimensionales, ni psicodélicos que te inventás; siempre estás aquí.
Escarlata, mi matiz más cálido y agresivo en la suavidad de mi piel… el sabor de lo que llevó en la lengua y que se mueve como serpiente entre tu boca.
Llanto en letras,
infinito arroyo que me lleva a ser paz.
No hay más; no me interesan las estructuras, ni el orden.
Dulce caos confrontándome, haciéndome el amor…
¡Porque soy!



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Ana Ferrufino, Nació en la ciudad de San Salvador, el 21 de mayo de 1982. Estudió la primaria y secundaria en la escuela católica Alberto Masferrer de Santa Tecla y Bachillerato en el colegio García Flamenco de San Salvador. Se graduó en estudios de comunicación social y escritura creativa en el 2002 y se licenció en el 2007 de Psicología, de la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas (UCA).
Actualmente trabaja en el área de psicología clínica, principalmente con mujeres y niños/as.
Ana ha cultivado la poesía desde lo 8 años; sus escritos son altamente personales e intensos, con un aire romántico y despiadado en donde son perceptibles las sensaciones de nostalgia, el misterio, la libertad, la ensoñación y cierta tragedia humana.
Participó en el año 2002 en los juegos florales de Cojutepeque y ha compartido de forma íntima sus escritos en recitales con artistas y amigos/as en lugares como la casa del escultor de Miguel Martino u otros. [Cortesía del poeta René Chacón]

miércoles, 7 de abril de 2010

poemas de david segundo montesino gonzález


David Segundo Montesino González, joven poeta salvadoreño








Puesto que era un verdadero padre de la patria
al fusilarlo no solo lo fusilaron a él
sino que también fusilaron al amor por Centroamérica.
Roque Dalton.





Tocando Puerto





Me acaricio los ojos cuando me ahogaba
y sintió como mis pasos rompían el viento
como si sudara el corazón con pudor y soledad
me trato de detener en contraviento.

Casi vulgar me habla mi capitán
critica mi ropa, cuando al mar nos entregamos
y mientras, señales en el muelle nos decían adiós
me gritaste que latía un nuevo corazón.

Yo mire las acuarelas mientras pasaba el tiempo
y mi angustia por haberte dejado me consumía
yo estar a tu lado quería.

Y estar aquí un par de años más
con el olor del pulpo con pescado frio
yo quisiera cantarte por ser mi ultima monotonía
y hablar de tu boca por que era un poco mágica, de eso estuve seguro.

Damisela te recuerdo recostada en una pared caliente
descansando mientras las hojas del balcón caen
sobre un otoño que murió por que no sabe como estar vivo.


Un poco de veneno, hirvió sobre las venas
mientras el barco a una tempestad se acerca
y hay un monstruo nuevo que con la lengua nos incita
a pecar frente a ellos y morir entre sus cadenas.

Amada mientras te acaricias el vestido,
búrlate de tus amantes que fueron cómicos y crueles,
aquellos que nunca pudieron dedicar rosas en sus poemas.

Un caliente reposo me espera, al ojo de la tormenta me aferro
estoy empezando a tragar agua y el tesoro nunca lo encontramos.






Naturaleza muerta







No malgastes la tierra, caminante avergonzado,
el sol que un día te quemo los poros, ahora te da una oportunidad de vivir.

Puede que surja algo nuevo e interesante en la cueva,
en lo lejos una cabra te espía, y estas tan inspirado que no puedes notarlo
el camino esta desierto, y no te atreves a hablar con el sol de nuevo
será que eres prófugo del universo, y no puedes regresar,
por que no sabes lo que buscabas, ni lo que encontraste.

Un pastor llama la naturaleza, como un árbol seco y sin alma
el rio le mintió y le susurro palabras de traición
no lo entiendes, aquí nos estamos muriendo
y a lo lejos de todo esta historia, ni los recuerdos van a importar.

No importa si la carne amanece embarrada de polvo
o si tus encías sangran tanto, que no puedes creer que la naturaleza es cruel
y si las nubes desaparecen y penetra una luz que no es sol,
sino estrellas viajeras que van llegando
y los mensajeros que no sirven de nada, tienen los ojos maravillados
y corren de angustia por los rojos caminos.

La madre selva no corre, ni esta asustada,
no pregunta, ni descansa,
caballos salvajes cubren el desierto, por fin llegaron a ser libres,
yo prometo vientos muy livianos, después del caos
una muy buena temperatura y un aire tierno donde ya no estaremos.






Reyes Magos?

Encendieron sus velas apagadas
y buscaron una razón para vivir,
sus pies sobrevolaron el suelo
y el cantar de su voz murió
por quien merecía el silencio.

Perturbados buscaron un paraíso
ya ilusionada su mente de ébano se encuentra
pobre de sus futuros atardeceres
su muerte y su sufrimiento inevitables.

Sin esperanza alguna en el camino
buscaron y encontraron un dios ajeno
que no es de todos pero es igual.
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David Segundo Montesino González. Nació en la ciudad de San Miguel, El Salvador, el día trece de febrero de 1992. Sus estudios de primaria y parte de la secundaria los realizó en el Liceo San Miguel, en la ciudad del mismo nombre. A los 11 años escribió su primer cuento infantil. Se interesa en la poesía desde la edad de 15 años con las obras clásicas del romanticismo europeo y estadounidense, el modernismo en las obras de Darío, y la poesía contemporánea comprometida de los poetas salvadoreños, especialmente Roque Dalton. A los 16 años comienza a escribir sus primeros poemas, actividad que ha mantenido realizando hasta el presente. En el año 2009 obtuvo el primer lugar en el “II Certamen de Poesía Conmemorativa a los Mártires de la UCA” de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”, con su poema titulado: “Encomendados”. Actualmente estudia la Licenciatura en Filosofía de la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”. [Cortesía de René Chacón Linares]