sábado, 16 de agosto de 2008

Roberto Armijo:Poeta de la soledad y el exilio_André Cruchaga

André Cruchaga, Chalatenango, El Salvador



Roberto Armijo: Poeta de la soledad y el exilio

Roberto Armijo, Chalatenango, El Salvador
Soy así…No he cambiado mi rutina…
¿Cuántas veces sentado bajo el cielo
Le he dicho a Dios que soy enfermo y triste?
ROBERTO ARMIJO




Quiero comenzar estas digresiones sobre la poesía de Roberto Armijo (Chalatenango, El Salvador, 1937-1997) con dos conceptos básicos: soledad y exilio. La soledad como concepto de martirio, de sacrificio pero también de heroísmo. La experiencia de la soledad tiene una serie de componentes psicológicos, aunque aquí me refiero a la soledad como condición y como experiencia que deriva en tristeza. En la sociedad hay una construcción social de este fenómeno que en el artista y en este caso en el poeta Armijo son evidentes y marcan su derrotero.

Dentro de las perspectivas conceptuales bajo las cuales se ha abordado el estudio de la soledad destacan la filosófica, la social, antropológica y psicológica. [1] Desde la filosofía la soledad es condición de la autoconciencia, ‘la soledad está arraigada en la realidad primaria del individuo’[2] pero también postulado esencial del existencialismo como condición ontológica es que el “ser humano tiene como condición de vida la permanente contradicción entre la separatividad física y la necesidad de vinculación afectiva”[3] Tan arraigada está la soledad en el poeta que nos dice: Sólo son los ángeles / del vino que estrujan sus esponjas / y nos llevan a instantáneos laberintos / donde arden las lumbradas del vómito. / Solo es el vacío, / lo inasible que nos besa los ojos, / siluetas de ceniza que nos beben por instantes / la tristeza. /…Solo es la sorpresa, / el júbilo; / después la soledad, / el horror que nos besó, la piel, / que es latido en los cabellos, / que se nos mete en los trajes, / en la cartera, / en los zapatos,/ niebla que nos invaden el alba / y nos vuelven tristes, / con una sensación que llega y no se sabe / si es tristeza... [4]

Si bien los estudiosos de este fenómeno afirman que la soledad es provocada por disrupciones en el sistema de apego, [5] lo cierto es que en el caso de este poeta la soledad fue parte de su entorno pueblerino y rural de Chalatenango; la soledad fue inherente a su especificidad de hombre. A mi modo de ver esta condición le valió para centrar su pensamiento en el estudio y ejercicio ensayístico y poético. Así tenemos: “La noche ciega al corazón que canta”, donde el poeta empieza a esbozar esa condición que en su obra final se hará más patente. Veamos: I. Son cuatro inviernos de agonía hermana./ De amanecer el corazón abierto./ Quisiera ser, pero el futuro incierto/Me ensombrece la senda del mañana./ Cuatro años de penumbra cotidiana./ De presentir vivir, viviendo muerto./ De abrir el corazón, sentirlo yerto,/ Sin escuchar su musical campana./ El dolor es espina en mi sonrisa./ Aunque nací para cantar, presiento/Ser un gorrión fugaz hacia la brisa./ Esta acerba dolencia me acongoja./ Soy un árbol que lento se deshoja/ Y voy de paso con mi hermano el viento. [6] Soledad y dolor serán el rostro de su palabra, el manantial ebrio de su memoria, la lengua ensangrentada de su alfabeto, la ventana bajo la cual se deja ver su alma contrita, su alma herida sobre los tumbos de la muerte. En la parte enyística destaca para este propósito, “T.S. Elliot, el poeta más solitario del mundo contemporáneo”, donde capitaliza de alguna manera la soledad que llena habitaciones: luz y tristeza como formas aladas de los pájaros en su propia música vacía.

El poeta no deja de sorprendernos en su desgarramiento y contrito (en versos de Cernuda) nos dice: Cómo llenarte, soledad, / sino contigo misma... Y continua: Tú, verdad solitaria, / transparente pasión, mi soledad de siempre, / eres inmenso abrazo; / el sol, el mar, / la oscuridad, la estepa,/ el hombre y su deseo, / la airada muchedumbre, / ¿qué son sino tú misma?[7] Armijo por su parte dirá al igual que en su tiempo lo hizo José de Esproceda con su poema: mi alma yace en soledad profunda,[…] Mi corazón hirviéndome palpita…“Soledad del alma”, (J. E. Espronceda). “…caminaba atontado/—acota Armijo— como un niño en la oscuridad de la calle/ hablaba solo/ le hablaba a las piedras de los parques/ me arrecostaba en la hierba a imaginarme/ un mundo poblado de rosas por tus pies descalzos/ y de repente la bruma y la nieve/ sobre mi cabeza de caballo…”

En Armijo como seguramente en otros poetas, la soledad no es un mero tema obsesivo si bien se constituye como parte de su poética; tampoco es mera moda existencial para lanzar bocanadas de ceniza, la soledad es una condición profunda del poeta que desde luego sabe ponerle alas, como lo pidiera e hiciera en su momento Alejandra Pizarnik. Tampoco debe verse como evasión de la realidad. Todo lo contrario, en esta condición el poeta asume con verdadero estoicismo toda esa realidad que se nos presenta descarnada y a menudo inmutable. En Armijo también las preocupaciones políticas e ideológicas abonaron a su condición y a participar en su genuino compromiso con sus valores.

El poeta lírico —dice Octavio Paz—entabla un diálogo con el mundo; en ese diálogo hay dos situaciones extremas; una, de soledad; otra, de comunión. El poeta siempre intenta comulgar, unirse (reunirse, mejor dicho), con su objeto; su propia alma, la amada de Dios, la naturaleza... La poesía mueve al poeta hacia lo desconocido. (xvii)[8] Se completa así la propuesta poética esencial del libro: La poesía es la forma de la vida y se compone de conocimiento, salvación, poder y abandono. La vida como la poesía es un tramado de conocimiento, poder, salvación y abandono. [9]. Aleixandre lo testimonia y radiografía en los siguientes versos: ¡Cuán solos!/ Miramos por los cristales. Las ropas, caídas;/ el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,/ helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.[10] sí, en el exterior es distinto a como en su interior el poeta se devana. En Armijo la existencia tiene extraños ojos y resplandores de pesarosos caminos, su vivir lo concibe, siempre, en su contenida respiración, porque a fin de cuentas “la soledad no miente” a través de la pupila herida.

“Yo soy así como la tarde, —expresa el poeta—a veces;/ sonrío, lloro, me entristezco y canto./ Mis amigos dicen que soy triste/ que tengo languidez de alas en la voz/ y cansancio de estrellas en los ojos”…(Elegía al corazón enfermo) y más adelante en: La noche ciega al corazón que canta, agrega: “Esperar, esperar lo que no llega./ Andar, andar bajo la noche ciega./ ¡La noche ciega al corazón que canta!” [11] Toda esta poesía es anterior a su exilio, pero ya en él persistirá ese tuétano imprecando su voz dolorida.

Dejemos de lado la soledad y pasemos al segundo ingrediente. El exilio a su vez lo vamos a entender aquí como el estado de estar lejos de la propia tierra (ya sea ciudad o nación) y puede definirse como la expatriación, voluntaria o forzada, de un individuo. Éste es doloroso en cualesquiera de sus manifestaciones: descarna y oscurece; se llora con el alma rota, los jardines de la sangre se tornan hojarasca, en definitiva cambia la vida de las personas, pero también como el caso de muchos poetas entre ellos Rafael Alberti, Armijo enriqueció su escritura evocando el país lejano. En buena parte de su obra poética “expresa la desesperación y desarraigo inicial, hasta un optimismo visionario, aún lejos del reencuentro real.” A menudo resulta incierto y enigma el viento y azarosa la hospitalidad tal lo expresa Benedetti: Un viento misionero sacude las persianas/ no sé qué jueves trae/ no sé qué noche lleva/ ni siquiera el dialecto que propone/…[12]

Brigitte Leguen [13] —nos dice al respecto—Cada escritor, cada poeta, que en un momento determinado de su existencia ha vivido la dolorosa experiencia del exilio y ha intentado expresar a través de su obra la condición del proscrito, de «el que sale» sin ninguna promesa de regreso, vuelve a repetir, conscientemente o no, los gestos y el discurso de otros exiliados pertenecientes a otro tiempo y a otro lugar. Como dijo Saint John Perse «l'exil vient de loin» y si existe un «estado de exilio» existe igualmente un discurso del exilio que se remonta históricamente a la antigüedad'.

…recordar —agrega Luguen[14]—forma parte de la actividad habitual del proscrito pero esta acción adquiere entonces mayor amplitud. El sueño se convierte en viaje iniciático, experiencia risueña, acceso al paraíso perdido. Ya no se trata de rememorar con nostalgia sino de recrear e incluso de reinventar el recuerdo a la deriva. Víctor Hugo escribe «qui délivre le mot, délivre la pensée» y cuando habla de «pensamiento» o de «idea» se puede entender también «imagen» y sobre todo imagen poética.

Luego viene el tema del retorno anhelado que en otros poetas caso Cavafis hace evidente con su poema a Ítaca: …ten siempre en la memoria a Itaca./ Llegar alli es tu meta. / Mas no apresures el viaje. / Mejor que se extienda largos años. / Y en tu vejez arribes a la isla / con cuanto hayas ganado en el camino, / sin esperar que Itaca te enriquezca»./…; en Armijo se puede ver en el siguiente fragmento. “Apenas respiraba el crucigrama de la noche/ Comenzaba a preparar el viaje/ él se llenaba de tierra/ porque el mar era gaviota/ noche inmensa/ pececillos/ navaja de frío cortando nariz orejas/ dedos gordos morados/ Sólo el cisne marino a veces chillando en la madrugada/ Siempre el torbellino rumoroso de sal/ reventando las uñas/mordiendo pelos orejas”[15]

En 1961, siendo trabajador de la Universidad de El Salvador, fue capturado y tenido preso por considerársele sospechoso de actividades subversivas. Ante un recurso de exhibición personal fue liberado. Armijo viajó con una beca a Francia y ahí Miguel Ángel Asturias lo introdujo en la vida de la docencia parisina. Su exilio como lo acota Luis Alvarenga [16] supuso cambios en su vida personal, cambios que para bien o para mal abrieron y restañaron heridas. En la oscuridad golpeó con ternura; en la luz, “hirió las mañanas con sus versos decantados y prometeicos.

Ya al final de su ciclo vital, en el Hospital de la Citè París, 1996, escribió Poemas de ninguna parte (Poèmes de Nulle Part)[17] entre los cuales destaca: “Regreso a oír los pinos de Chalatenango/ y sólo veo piedras y más piedras/ El río Padre corre delgado y sinuoso/ sobre paisajes abruptos/bajo un sol de desierto/ ¿Dónde están pregunto los pinos/ sonoros de la infancia?/… Ahora sólo piedras y más piedras/ se acabaron para siempre los/ pinos de Chalatenango.” Sin duda como se puede intuir es un doloroso retorno desde la memoria, su corazón sumergido en la propia agonía no tiene más que reunir el inventario de su tristeza.
Barataria, 13.VIII.2008

[1] Montero, María Moreno, et. al. La soledad como un fenómeno psicológico: un análisis conceptual. Universidad Autónoma del Estado de México.
[2]Op. cit. Montero, pág.19.
[3] Mijuzkovic, BL. Loneliss. Libra, San Diego, 1985. Citado por Montero.
[4] Poema, Embriaguez.
[5] Op. cit. Montero…pág.19
[6] Soneto perteneciente a Tríptico doloroso del libro: La noche ciega al corazón que canta.
[7] Cernuda, Luis. Cómo llenarte soledad, poema.
[8] Patricio Eufraccio Solano (monografía) La palabra erguida, Universidad Complutense de Madrid.
[9]Patricio Eufraccio Solano, op cit.
[10]Vicente Aleixandre, el sueño (poema).
[11] Armijo, Roberto. En busca de Ítaca. Obra escogida, El Salvador, 2007
[12] Mario Benedetti, viento del exilio, poema.
[13] Brigitte Leguen. el sentimiento del exilio en dos poetas alejados de su patria: el Duque de Rivas y Víctor Hugo.
[14] Brigitte Leguen, op cit.
[15] Armijo, Roberto. Cuando se enciendan las lámparas en Obra escogida, 2007. La cita obedece a que este poema está referido a Ulyses e Ítaca (Armijo y El Salvador)
[16] Alvarenga, Luis. Prólogo a En busca de Ítaca. Obra escogida, El Salvador, 2007. El poeta Alvarenga, es un acucioso investigador y compilador de la obra de Roberto Armijo.
[17] Armijo, Roberto, op cit.
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lunes, 11 de agosto de 2008

Aventura erótica y erosiva en la poesía

André Cruchaga, El Salvador.






Aventura erótica y erosiva en la poesía
de (Dina Posada, Carmen Gozález Huguet y Aleyda Quevedo Rojas)



Por André Cruchaga


Rasgo habitual del mundo erótico es la aventura mediante la cual el/la poeta cree liberarse del hastío del código moral que la sociedad impone. Surgen en este mundo, típicamente desaforado, permisivo, ojos transidos por la seducción de una poética que vaya más allá del amor como un manifestación meramente sentimental, que abandona su bienestar tedioso para correr la juerga del amor lascivo. Hoy en día no nos resulta extraño que mujeres y hombres vuelquen su quehacer literario hacia la poesía erótica como forma de liberar el yo interno. Desde luego que esta poesía erótica predominante en todas las épocas, no es necesariamente el adulterio (tal vez sea un desencanto de la vida íntima o un anhelo en el plano de la realización), o pura rebelión del descontento o la inconformidad, siendo el poema esa vía a través del cual el afán y el deseo se resuelven.

Parto de un hecho que no el único, pues hay poesía de esta naturaleza antes de…pero en mi caso quiero partir de lo siguiente: el desvarío de don Quijote en cuyas múltiples aventuras está la conquista de Dulcinea u Oriana la desposada por Amadís de Gaula. Como punto de partida me interesa (ya después cada quien haga sus elucubraciones) la referencia que hace en el capítulo I: —¡Oh pricesa Dulcinea, señora de este cautivo corazón! …Plégaos, (acordaros) señora, de este vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor padece”… Es amor ansiado, deseado que a menudo hace desfallecer a quien lo padece. Claro está que este erotismo es sutil, a la usanza de la época. Luego hay a lo largo del libro otras alusiones más incisivas.

En la poesía erótica el poeta usualmente saca de sus dientes el instinto. Hay ansias de unión entre hombre y mujer o viceversa, pese a cualquier código. Poetas y poetisas levantan jardines de deseos y construyen atardeceres de aguas ardientes. Neruda es un caso típico, quizá el más conocido y difundido. Al respecto Volodia Teitelboim al referirse al erotismo de Pablo Neruda (Chile, 1904) dice: “El poeta se convirtió en secretario de los amantes. Multitud de enamorados se apropian de sus versos y pretenden que son suyos, a fin de conquistar a Dulcinea.””Su pecho como un fuego de dos llamas/ ardía en dos regiones levantado,/ y en doble río llegaba a sus pies,/ grandes y claros”.Ángela adónica, pág.40, Residencia en la tierra, Seix Barral. “Es como un huracán de gelatina,/ como una catarata de espermas y medusas./ Veo correr un arco iris turbio./ Veo pasar sus aguas a través de los huesos”.Agua sexual, Op. Cit, Pág. 113.

También Gonzalo Rojas (Chile, 1997) es otro ejemplo típico de la poesía erótica, aunque con un tono distinto a la de Neruda o a la de las tres poetisas que abordaré más adelante. En “Pareja Humana, dice: “Hartazgo y orgasmo son dos pétalos en español de un mismo lirio tronchado/ cuando la piel y vértebras, olfato y frenesí tristemente tiritan/ en su blancura última, dos pétalos de nieve/ y lava, dos espléndidos cuerpos deseosos/ y cautelosos, asustados por el asombro, ligeramente heridos/en la luz sanguinaria de los desnudos:/un volcán/que empieza lentamente a hundirse… Así el amor es el flujo espontáneo de unas venas/ encendidas por el hambre de no morir, así la muerte: la eternidad así del beso, el instante/ concupiscente, la pureza de los locos,/ así el así de todo después del paraíso:/—Dios, ábrenos de una vez”. (Rojas, Gonzalo. Metamorfosis de lo mismos, Visor, pág. 220). Erotismo y divinidad se juntan en una sola argamasa. Asombro y lava como realidad del vértigo. Vacío donde el mundo sólo existe en dos seres buscando el aire, el vuelo, el encanto carnal, hondo de dos lascivos espejos. El poeta juega con las palabras. ¿Qué hago yo —dice el poeta Rojas— que no soy Freud en ese abismo? Abismo será, pero gozoso abismo donde feroz se apaciguan las tormentas y los sesos se pierden en la lluvia.

Poesía erótica hubo y habrá siempre. Cambian, sin lugar a dudas, los lenguajes: imagen, metáfora, símbolos dominantes de cada época. Los valores que la sociedad sustenta en un momento determinado son cruciales. Hay momentos que la poesía erótica es irreverencia frente a, o ante las prohiciones que la sociedad misma hace desde la familia. No siempre es fácil delimitar lo que es poesía erótica y su proximidad a la pornografía. Los temas son variados y van desde la sodomía, pasando por el onanismo hasta el elogio del falo. Lo interesante es que existan cultoras y cultores que a través de la palabra trepen las escaleras de la brisa con el lienzo fragoroso de la pluma. “Un poeta elevado, escribiendo sobre asuntos de Venus, elegirá un tratamiento sentimental de la materia, una descripción de los juegos amatorios por medio de metáforas, símbolos u otras figuras retóricas, o la presentación descarnada de escenas sexuales. Estas tres posibilidades, traducibles en la práctica en literatura amorosa, erótica y pornográfica, muestran tres modos de plasmar un contenido significativo idéntico, contenido que desembocará en uno de esos tres resultados según el interés del escritor por producir un efecto u otro en sus lectores, pero que históricamente no se ha visto influido en nuestra literatura por la clase social o el estamento del autor (y baste pensar en el rey Alfonso X). Lo único cierto es que un escritor de baja cultura no tiene a su disposición los tres registros, y que éstos, de todos modos, no son, la mayoría de las veces, delimitables con rigurosidad filosófica.” ( Huertas Cabrera, Carlos. La erótica como forma de la trangresión social, España).

En este contexto es importante traer a colación el material de tres mujeres, valiosísimas. Dina Posada, (El Salvador, 1946). Fina cultora del verso. Su poesía es una lluvia empapada de peces, repta el horizonte hasta alcanzar las estrellas, voz que se libera en la materia del sueño. Veamos que nos dice: “El vaho se come los alientos/ el paladar mete en fuga latidos/ mi lengua dilatada se desnace/ picando los bordes de la vida / tu trance llevando mi pulso/ gravita en mi tiempo colmado.” (Orgasmo IV). Poeta irreverente, desnuda las puertas azules de la carne y estremece la raíz del espasmo, hasta despertar en la cadencia sempiterna del suspiro. Ajeno a mis pensamientos/ huiste a un casto silencio/ Hoy/que sedienta mi sangre te busca/ ni a golpes ni a ruegos/ te insinúas/ enajenado prosigues/ riguroso y oprimido y largamente oscuro/ como pasillo de convento desolado/ Tú/ ángel de dura delicia/ apático orgasmo rebelde/ erizado temblor/ pólvora vulnerable/ regresa a mí/ y aniquílame. (Plegaria del orgasmo) Dina sabe transitar felizmente por estas enredaderas. Mujer culta y por lo mismo con vasto dominio del ejercicio poético. Ella escribe y deslía la madeja del cuerpo, abre el ejército de las palabras y reconoce la tierra de las pupilas en su estallido de ráfaga amorosa.

Su propuesta es sugerente a través de los títulos de los poemas. El orgasmo como plenitud del cuerpo y la mente: es la asunción de cuerpo. Mira desde el interior, observa y transmite significados. Nada es comparable con la vivencia plena y eso sólo lo dan esos ramajes mágicos de los efluvios, la delicia articulada, espléndida, consciente de la propia corporeidad. Hay esa constante invocación al espectral espejo de la silueta, a que la entraña arda en júbilo y el manantial del suspiro transmita su sangre estival.

Carmen González Huguet, (El Salvador, 1958). Ha sabido construir la geometría del gozo desde la “Locuramor” de su herida existencial. "Explora mis panales, mi recinto/ secreto donde oculta miel destila./ El tiempo su madeja fiel deshila/ confiado a los fervores del instinto./ Bebe el beso que el dulce labio afila,/ devora la epidermis del jacinto:/ el deseo saciado, nunca extinto,/ desde tu tersa torre me vigila./ Tus manos, tu mirada, tu dulzura/ desbordan en el vértigo del fuego/ donde en olvido la razón se quema./ Coróneme el rocío y su luz pura/ en el instante eterno en que me entrego/ doblando su fervor en su diadema." (Del libro: Ausencia). Carmen recorre en el poema sutilmente el cuerpo, aquí y allá para descubrir y reconocer los hilos luminosos del cuerpo, el suspiro porfiado y agolpado de la ventana que espera que el rayo entre benigno con fuego líquido. En sus poemas la brasa del amor quema, es luz insosegada, azotada por sus ramas en las sienes. “Íntimo fuego del que soy destello:/ A brasa fiel mi boca se condena/ Para mirar arder tu fino cuello.” (Carmen González Huget, op. cit).

Carmen juega más a lo amoroso. Está, me parece, más cerca de la poesía amorosa de Delmira Agustini. Y aunque su lenguaje levanta fuego, el vaso no alcanza a llenarse. La angustia socava todo goce, aunque dedos y lengua hagan lo suyo alrededor de la isla donde uno enloquece. Eso no quita, desde luego, que en su poesía flameen los ecos del deseo y la herida misteriosa sea un prolongado picoteo de pájaros. Amada y amado sueñan en los destellos del fuego y ascienden desnudos hacia un arroyo de lujurioso deseo.

En los últimos días he conocido a una poetisa joven. Se trata de Aleyda Quevedo Rojas, (Ecuador, 1972). Aleyda tiene una conciencia plena de la poesía y transita, por supuesto por esos límites infinitos de la materia desnuda sobre la montura del alma abriéndose a reveladores arco iris. Pero su poesía es todavía más atrevida, más incendiaria y galopante. “Estoy condenada/a amar a un ojo gris/ a punto de quemarme/ quemarme la lengua/ con la saliva bendita por tus dedos/ que hechizan mi espacio/ cada vez que humedeces el goce / Es imposible no sepultarme/ en esta angustia/ de no verte pegado a mi almohada/ Visto de negro/ porque me siento poseída/por tu sombra/ alrededor de mi sexo / Tu sexo haciendo circuito/ con este tejido difuso/ donde he aprendido/ a susurrar acertijos/ que son tu nombre/de grillo húmedo/”… (Fragmento del poema: Estoy condenada). En otro poema, no menos intenso, Aleyda nos dice: “Mirabas abstraído el sagrario de mis placeres. Donde el cisne/ blanquísimo del deseo esconde la virginidad de su cuello. ¡Cómo lo recuerdo! / Como una loca…!/ Fue sobre el diván de rojo terciopelo. En una tarde doliente de marzo. / De pronto,/ Se mustiaron tus ojos enfermos de histerismo…/ Enloquecida con el ansia del primer encuentro: vago, cariñoso, divino, / te di el humilde dolor de mis lágrimas./ Sandor, mi cuerpo se deshoja en tus pupilas ingrávidas”… (Poema: Y Fue sobre un diván).

En mi poesía—acota Aleyda— el erotismo es omnipresente. En el mundo Eros mueve civilizaciones. Escribir poesía erótica ha sido una necesidad que aún no se agota.

Esta necesidad, la asumí como la relación íntima entre erotismo y sexualidad. Pero hay fronteras divisorias, que a veces, parecen confundirse: el sexo es un acto y el erotismo es fantasía pura. El erotismo es invención inagotable. La imaginación es el mejor vehículo del erotismo, desde que el mundo es mundo, y desde que publiqué mi primer libro, titulado: “Cambio en los climas del corazón”, editado en 1989, de este poemario, el poema 7: “Los jadeos/ Empañando/ Eléctricamente/ la puerta cerrada/ Laten/ Nalgas/ y forman arcos/ Una repentina/ Calma/ Reposa/ sobre las cabelleras/ Pulsan/ sus sexos/ húmedos y tibios/ Otra vez/ los jadeos/ los arcos perfectos de las nalgas/ El cansancio/ que produce/ la agitada posición/ Y la calma/ Final/ que abre la puerta.”(Quevedo Rojas, Aleyda. La poesía en mi vida, Jornal de poesía)

“En acerca de la masturbación y el sol de la dificultad”, expresa: “Hay algo de obsceno y lascivo en la palabra masturbación, esto es lo que siempre me ha atraído. Como el sol de la dificultad en la literatura, en la poesía. Como el confuso pensamiento de un escritor de cuentos, encuentro caos y atracción en la masturbación. Turbarse más de lo permitido. Más allá de la imaginación, sin límites. Perturbarse mucho más allá de los bordes emocionales y físicos. Pronunciar y sentir las palabras más desaforadas, desvergonzadas y feroces. Auto turbarse activando el mundo de lo sensorial, recorriendo el cuerpo por mano propia. Ejercer la libertad de auto proporcionarse placer y goce, en soledad”…Dicho esto, con sus propias palabras, la poesía de Aleyda no requiere de sábanas, sino de ese feroz desgarramiento de los cuerpos en el fuego puro. Las palabras y las consonantes son un jadeo de permanente eclosión. Es poesía de oleaje, de imantación turbulenta, sin duda un diluvio quemando los relámpagos del cuerpo.

Aleyda. Carmen, Dina ennoblecen esta vertiente de la poesía. Saben despertar la luminosidad y dejar los pupitres, a no ser que ellos se conviertan en otra araucaria para hacer crecer la música ciega de los labios o esos dientes de envolvente desnudez. El amor erótico no se siente aquí porque duela, sino porque suelta sus colibríes de enredadera hipnótica.

En este orden de ideas y en palabras de Gonzalo Soberano, por ejemplo, “la segunda mitad del siglo XIX, época de restauraciones, creciente democratización del trato social, extendida incredulidad religiosa, positivismo dogmático e irracionalismo naciente en oposición a él, época de aclimatación de la burguesía a los placeres del lujo y de progreso uniformador, época en fin tan constrictora de las aspiraciones plenarias del amor, adquiere vigencia una nueva sensibilidad erótica para la cual el incentivo primordial consiste en combatir el aburrimiento con los resplandores de la aventura. La exquisitez, la rareza, la anomalía entran, a fin de siglo, a formar parte de la sensibilidad artística y de la sensibilidad erótica.”

Un brazo desnudo, una pantorrilla, unas medias o unas faldas ajustadas resultan detalles propicios para un funcionamiento erótico. El poema erótico provoca en el lector “una extraña sensación de placer mórbido debido al desafío permanente del lenguaje que reviste los fantasmas, en una guerrilla permanente contra los distintos tabúes levantados alrededor de la sexualidad y de su «libre» ejercicio y el sabroso y doloroso espectáculo de la frustración y de la esperanza, renovada de acabar algún día con ella.”

Jean Franco en “Cuerpos en pedazos, dice: “El imaginario del cuerpo, por supuesto, ha pasado por muchas transformaciones. Sor Juana, cuya obra ha sido magistralmente editada y comentada por Margo, imaginaba el cuerpo no sólo según un orden jerárquico sino también como una fábrica bien administrada, en la cual la «científica oficina», el pulmón-fuelle y los humores cálidos trabajan «en arterial concierto». Sin embargo hace tiempo el cuerpo ha cesado de ser una imagen de la armonía y la unidad de la persona, o garante de la individualidad, para convertirse en fragmentos mercantilizables.”Esto desde luego lo podemos ver más que en la literatura en revistas donde modelos y actrices muestran sus gracias hasta hacer explotar los sentidos

"La frontera entre erotismo y pornografía sólo se puede definir en términos estéticos. Toda literatura que se refiere al placer sexual y que alcanza un determinado coeficiente estético puede ser llamada literatura erótica. Si se queda por debajo de ese mínimo que da categoría de obra artística a un texto, es pornografía. Si la materia importa más que la expresión, un texto podrá ser clínico o sociológico, pero no tendrá valor literario. El erotismo es un enriquecimiento del acto sexual y de todo lo que lo rodea gracias a la cultura, gracias a la forma estética. Lo erótico consiste en dotar al acto sexual de un decorado, de una teatralidad para, sin escamotear el placer y el sexo, añadirle una dimensión artística.

Ese tipo de literatura alcanzó su apogeo en el siglo XVIII. Los de ese siglo son grandes textos eróticos que a la vez son grandes textos artísticos. A esto habría que añadirle que en ellos hay una carga crítica que hoy se ha perdido. Los autores de esa época creían que escribir de esa manera, reivindicar el placer sexual y darle al cuerpo ese tratamiento reverente era un acto de rebeldía, un desafío a lo establecido, al poder. Los escritores eróticos eran, pues, pensadores revolucionarios. Diderot, por ejemplo. O Mirabeau, que desde la prisión escribe a Sofía de Monnier cartas de un contenido sexual muy fuerte. Para él esos escritos forman parte de una lucha por la transformación humana, por la reforma social. El caso más extremo, sería el marqués de Sade, aunque no creo que de los textos de Sade pueda decirse que son de exaltación del placer erótico. Hay algo intelectual, obsesivo, casi fanático en sus demostraciones sexuales”. (Vargas Llosa, Mario: "Sin erotismo no hay gran literatura".

Cierro por el momento este relampagueo. Decido descender, es decir, quedarme un instante pensando en estas tres poéticas, ahí, quedados los ojos, mudos, despiertos, atónitos sobre la tinta alada de cada afán. Son voces encantadas que ascienden y descienden, su cuerpo es ligero, tibiamente celeste en la plenitud de su propio universo. En Dina, Carmen y Aleyda el viento arroja estruendosas olas. Concientes de sus propios derroteros, saben que en cada pezón de las palabras y el verso hay un conjuro de laberintos. Y ese laberinto, no frugal, conduce a la intensidad del gozo cuerpo a cuerpo.

Barataria, 10/11.VIII.2008.

lunes, 4 de agosto de 2008

Inma Arrabal:Palabra y reminiscencias_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador







Inma Arrabal: Palabra y reminiscencias








Por esos azares insospechados de la vida nos hemos encontrado con Inma Arrabal (Jerez de la Frontera, España), aunque muy barcelonesa y andaluza como muy bien ella se describe define a sí misma. En ese cruce de nacionalidades y poesía, me ha hecho llegar sus libros de poesía, relatos y novela.

Inma Arrabal es portadora de una larga tradición poética. Sí, poética sin recelos, diáfana, precisa, sin concesiones al desperdicio. Poesía decantada, libre, con un gran dominio de la imagen y la metáfora, es poesía “perfumada” que hace soñar los sueños que mueven a todo ser humano de carne y huesos. En cada recuerdo hay un poema: su mundo es la palabra, nítido y reconocible por la emoción que le imprime. El poema es su conciencia —toda la emoción posible articulada en el poema.

Amayamar, (Huerga y Fierro, editores, España, 2004). En este libro salta en cada palabra el lirismo erótico, verde, rojo, sustancial, las nostalgias. Incita a las luces del desasosiego, pero lo hace con el manejo que el tema demanda. No es un erotismo a ultranza ni tratado con frivolidad, sino con delicadeza, es el aguacero de los sueños en los cometas de los senos, la lengua mordiendo el malecón de las palabras hasta ser “lava ardiente y nieve derretida”. Inma se mueve bien entre los tiempos: presente, futuro, pasado: “Después, tú y yo, más tarde, nos perderemos/ en los cálidos senos de la noche/ y la tierra temblará más allá de tus ojos… (La partida, pag. 35. “Para mi tan sólo existe un Sur/ y al Este, tu cabeza amorosa/ cobijada en mi regazo”, Al fin mujer, pág.23). En “A un minuto de mí, pág.26, el encuentro con lo carnal se torna una sutil comparación: “…Mientras el viento baila con las cigarras,/ yo, doblada como un junco,/ bebo sabia blanca de tu rojo pino”… La alusión al Sur del amado y la amada es siempre un cálido galope entre la ternura y el gozo, entre el poema y la palabra que lo constituye.

Entre la ternura, el gozo y las caídas que el amor erótico nos dá, la poesía de Inma se yergue como ese anhelo del minuto hecho eternidad alada, nunca deja de respirarse por su magia envolvente. “Es el sueño de lo asequible, de lo real, / de lo que es y no existe, de lo que no existe y es”: sueño y aguacero en las sienes. Inma también juega con el color, con ese arco iris que el corazón desanda. “Aquí las tomateras no son de yerba verde y tierra/ sino de brisa dorada que tiñe los cabellos con luces naranjas…” (Aquí también se llora, pág. 53).

Después del amor viene el olvido o, en todo caso el desencanto, los cuerpos como hierros fríos, vueltos a su estado después del fuego que los mantuvo cárdenos. Así lo dice Inma: “Me olvidaste/ y no recuerdas para nada mi sabor/ ni mi vuelo de gaviota/ ni siquiera el lunar de mi espalda/ que tanto te gustaba…” (Prefiero los gatos, pág. 57). La vida no deja de ser locura y hasta “inhóspito manicomio”. Ver hacia el fututo, después de la tormenta, del gozo, implica como bien lo dice inma: borrar los versos de todas las palabras, que el tiempo no sea “lentejuela enmohecida”, ni pálida sabiduría de los ojos.

Por su parte, Sura, (ediciones Torremozas, Madrid, 2001) anterior a Amayamar, es un libro de evocaciones, escrito con esa claridad del verso. Entre el mar y la casa natal, nos va envolviendo con brisa. Inma está consciente que “También el aire puede, a veces, / susurrarnos palabras de esperanzas/ al oído… (La casa natal, pág. 13). Toda la actividad poética de Inma está en la noche con sus demonios, el silencio y el destino con esos cielos inmensos que el conocimiento y la experiencia producen.

Sura está estructurado en seis apartados: El recuerdo, la oscuridad, el destino, el silencio, el relámpago, poemas de Sura. Es un libro de la geografía vital, conciencia de su material, de él brota el desasosiego y también la esperanza. “Los pensamientos, teñidos de negro, / juegan al pasar por túneles ahumados.” Sin disfrazar siquiera un instante para que el mar encumbre los sombreros de las olas.

La soledad existencial y el dolor arrecian con sus dentelladas. “El dolor me acompañó todo el camino, / por los valles grises y los últimos sueños, / por ríos de palabras e imaginados mares…/ Y ahora, solitaria y cansada/ de caminar aristas, / he llegado hasta aquí como he podido. Es decir que aún después de pasar penalidades, frustraciones, soledades, avatares mismos de la vida, se está en pie frente a la vida.

En suma, estamos ante una poesía entendida como comunicación, y por lo mismo seductora; su lenguaje no está sometido a lo coloquial, ni a lo cotidiano. El yo poético de Inma destaca por su lirismo, por su meditación existencial al pasar del tiempo. Este libro en particular está transido de temporalidad y memoria unitaria de su verbalización. Aquí ya no es contemplación del amado en los que con más fuerza se aprecia el deseo de capturar el gozo que produce, es sin duda alguna, el registro de sus propios espectros existenciales. El rememorar le da sentido a su palabra. En poesía la sensibilidad es indispensable para expresar la realidad.


El tercer libro: Los que no volvimos, (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2006), si no cambia su perspectiva frente al lenguaje, se trata después de todo de retornar a sus raíces. Así lo advierte en las palabras iniciales del libro: “mi propósito, con estas pinceladas remozadas de recuerdos y sentimientos personales, no es otro que el evocar y jugar con palabras casi olvidas e intentar plasmar la grandeza de algunas cosas, que sólo sabemos apreciar cuando las perdemos”. Son los destellos de la luz volcados en poesía. Es la vida recobrándose así misma desde lo ido o perdido.

Sabores y sonidos de su infancia andaluza se mezclan entre castañuelas, nardos y azahares. Es la infancia perdida, pero recobrada gracias a la memoria y la palabra. El libro está dividido en cinco partes, a saber: Demasiado temprano, Los que no volvimos, Costumbres ancestrales, la mutación y Un almirez de agua. Su segunda parte destaca porque de inmediato y sin quererlo me ha recordado a don Antonio Machado con quien he transitado aguas y olmos. El Guadalquivir con sus riberas verdes y la lluvia goteando en las palabras, duende que no escapa a la memoria. Aquí, como lo dice Inma. “el aire se pasea/ por los blancos caminos andaluces/ salpicados de azahar…” (Caminos andaluces, p´g. 35).

En su memoria están, todavía, las paredes encaladas y la campiña de “cortijos blancos”. El alba “ardiendo en la alfarería de las torres” y la brisa arrastrando los atardeceres con los susurros ancestrales del canto. Inma ha sabido, desde su poética, aquilatar con iniguable música cada esquina de esa Andalucía castellanizada (Andalusiya de al-Ándalus) que algunos conocemos a través de referencias y lecturas: La Andalucía visigoda, bizantina y musulmana, etc. “cantos y lloros” se acomodan en su voz hasta el punto de oír en la lejanía aquel Cante jondo de García Lorca como ramas de incienso en esa voz dolida por el escalofrío del recuerdo. Sin duda el libro me ha hecho detenerme en la evocación de lugares y monumentos como las Mezquitas, La Giralda, El Patio de los Leones y por supuesto los olivares y las dehesas de Boyal.

Dejo para un próximo recorrido por la patria literaria de Inma Arrabal: Ellas también cuentan-Espíritus líquidos (relatos) y Por matar el tiempo (novela). El arma fundamental en estos dos libros es el lenguaje el que Inma usa con soltura y afinada destreza. De la mano de ella, iré cada vez recorriendo esos parajes y personajes creados pero que al tocar tierra se tornan tan reales como los sombreros cordobeses.

André Cruchaga
Barataria, 02.VIII.2008.
_________________________
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martes, 24 de junio de 2008

La mujer rota_Miren Eukene Lizeaga

Miren Eukene Lizeaga, País Vasco.




La mujer rota


Los años no cuentan
en la vida de muchas mujeres
son las vicisitudes
que van sajando sus almas y sus corazones
las que deciden sus edades

No importa con que años murió de inanición
su larga juventud para alimentar amores

Era tardeel día que reconoció
que no existía quien restaurara su confianza
nutriendo a su corazón hambriento
su corazón ¡tantas veces entregado!
esperanzado
a cambio de nada

Los años no cuentan
en la vida de muchas mujeres
Son jóvenes
aún cuando los sangrados
ya no pertenezcan al período
y sean carne de quirófano
que las sigue vaciando
Son jóvenes
cuando se saben no deseables
para el otro sexoSon jóvenes
porque saben trasladar
el objeto de sus amores
porque inventan nuevas motivaciones
mientras habitanto
da clase de prisiones y de incomprensiones

Son jóvenes mientras respiran
y a pesar de sus almas y corazones transidos
por un dolor invisible
y un llanto que las horada por dentro

A pesar de sus cuerpos
cicatrizados con sangre
De sus cuerpos deformados
porque han vivido
Son jóvenes mientras respiran
porque continúan alentando al de al lado
y animando la existencia de otros seres

No hay edades ni hay historia
para la mujer rota
Ella que también fue crucificada
Ella imprescindible
que estuvo en el Génesis
y estará tambiénen el Apocalipsis…
Donostia 2008-02-15
©Eukene Lizeaga Tamayo
__________________
Poeta y traductora del País Vasco.
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jueves, 5 de junio de 2008

La gran verdad_Miguel Fajardo Korea


Miguel Fajardo Korea, Costa Rica.



La gran verdad




Los cuerpos como mañanas
encallecidas… “La caravana de la muerte”.
El suspiro de la sombra,
los torturadores de todos los signos.
Las velas encendidas se llevan el arpa,
los exilios interiores
de Ninfa Santos o Eunice Odio.
A Fujimori lo persigue el olvido.
La raza del Inti es eterna.
Perú siente los caminos de Nazca,
el sendero
contra el saqueo
de los malvados que empobrecieron
la dignidad
Túpac Amaru,
la voz de “Amauta”.
El corazón de América.
________________
Licenciado en Literatura y Lingüística, con énfasis en Literatura, Académico propietario en la Universidad Nacional de Costa Rica.
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sábado, 24 de mayo de 2008

Mayo vegetal_Poema de Rolando Elías

Rolando Elías, El Salvador, (1940-1999)





MAYO VEGETAL



El mes de mayo se derrama lento
como río durmiendo en ese viaje
que retrata los lindes del paisaje
mientras el tiempo rumia pensamiento.

El pensamiento, sí, por el que siento
que mayo se decora con su traje
de verde – gris, de cielo en el viraje
de la estación que se abre al sentimiento.

Porque mayo camina con la hierba.
Vuela en azul calado, desvaído,
o se detiene en la mirada absorta.

Y porque mayo en plenitud conserva
el rumor mitológico que ha sido
poema vegetal que el tiempo aporta.
_________________
Una tarde de mayo de 1986.
Poeta y periodista.
Miembro de la Academia Salvadoreña de la Lengua.

viernes, 23 de mayo de 2008

Casi la tarde_Poema de Lya Ayala

Lya Ayala, El Salvador.





Casi la tarde



“Es tan fácil nacer en sitios que no existen "
Mario Benedetti




El brillo del sol a medias
Va respirando el ansia del silencio
Todo es liviano esperando
Todo el círculo de país pequeño
Que se queda quieto
Nadie camina por la calle
Nadie se sienta a mirar en el parque
Como si hubiesen escuchado la risa de los árboles
Allá lejos susurra el canto de la chicharra
La bienvenida misteriosa y perpetua
Desligando la tristeza de su fondo
Qué recoge el misterioso murmullo de los hombres
Que siempre vuelven
Al instante pasajero de la memoria
A la serenidad de la vida
Entonces, solo hay ecos disimulados:
Perros que ladran, hojas que se mueven,
Brisas que esperan inquietas las tardes
__________________
Pintora, poeta y periodista.
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Árboles en la tarde_Poema de Irma Lanzas

Irma Lanzas, El Salvador(foto de la prensa_Ana María González)






Árboles en la tarde




Agoniza la luz desorbitada
con estertor de plumas y ramajes,
mientras pasa una larga campanada
subrayando una plana de celajes.

Un trino que cayó desde una herida
ha quedado menudo y palpitante
como gota de música prendida
en la pausa celeste de un instante.

En torno de los árboles en llamas
el viento gira pálido de frío
haciéndole cosquillas a las ramas,

hasta que con sus manos desiguales
hace que se desboquen en un río
de rubias carcajadas vegetales.
____________
Irma Lanzas, escritora, poeta y miembra de número de la Academia Salvadoreña de la Lengua.
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sábado, 10 de mayo de 2008

Chilanga_Poema de Uriel Valencia

Ilustración: Petrograbado, El Salvador.






Chilanga*




Ciudad tristeza. Ciudad nostalgia.
Tumba precolombina donde quedó la historia
En Hocícala a principios del siglo.
Los que en la puerta de la ranchería
Hablaban poton
Han muerto
Después humedecieron los niños ultralempinos
Los orientales niños lencas de Ozicala
Recolectores del súli
Quebrado sobre la ónmona piedra de moler antigua
Viaja aún por las tabu-nas
Casas tristes de una ciudad triste que se llamó Chilanga.
Tiempos gentiles eran.
En los terraplenes había piedras cuadriculares poseedoras
De enigmas de bordes y cavidades para cántaros eminencias
Elevadas al sur
Eminencias elevadas al sur de las que hoy son ruinas
Y por sobre el río
Adoraron la luna…
De rocío létzaj entre los pasos y los cantos de los sacerdotes.
Mucho antes Pedrarias había ido cien leguas norte sur
Y desde Chorotega —por sobrenombre Fonseca—
Hasta puerto caballos
Estableciendo límites. Y ciudad
Tristeza. Ciudad nostalgia se fue perdiendo.
Ocultándose entre las uñas del tiempo.
Se mandó guardar las picas y
Las puntas de las lanzas construidas después
De la caza de los gigantes proboscidios las piedras grabadas
En túmulos cónicos al rastro de los caminos
Las rocas totémicas del culto solar las figuras de az’ega
El viento aura el río yása el sol zun el árbol
Síya la mujer esposa…
Afuera quedaron sámon el relámpago
Ra la leña para las hogueras
Íkan el fuego ak’úan el venado e íma el maís
Para que en llegando la luz oculta
Los elegidos inviolables y tajantes
Labraran el vientre de la noche.
Se ordenó esperar el grito de guerra
Y los guerreros duermen cubiertos con segmentos de cuarzo
Blanquecino
De un manto arcilloso
Amarillento
Entintados de quina…
Sámon síri murmuraron los brujos —relámpagos de la estrella—
Para templar los cueros la lluvia las palabras la sangre
Las aguas emplumadas de las barrancas
Los puñales de hueso
La flor de los ríos
Los círculos del sol las huellas de los leopardos y
El pico de las águilas…
Luego después
El silencio donde quedó la historia
Ultrajada por los conquistadores
En Hocícala a principios del siglo.
*índice antológico de la poesía salvadoreña de David Escobar Galindo.
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sábado, 3 de mayo de 2008

Mi marido difunto(drama para una actriz)_Lia Karavia

Fotografía: Lia Karavia, Grecia.






Lia Karavia




My late husband
FEU MON MARI
Pièce pour une comédienne

Mary is sitting on a bench without a back, in the middle of the stage. She is wearing a grey dress with a pocket and with buttons its whole length. A V-shaped neck opening with a school-uniform type of collar made of the same rough cloth. White heelless shoes. Thirtyish. No make-up. Tied hair.

MARY

My late husband. Was he to blame? He was who he was. Nobody is perfect. Now he rests in peace. To eternity, as the saying goes. The other saying is “The dead are absolved”. End of story. (Silence). As for me, neither end nor resting in peace. I came to this point in life and where do I stand? Not at zero. Below zero. You’ll say if you wanted to achieve things, lady, you’d find a way. (Sad laugh). I did find one! Applaud me!

Once upon a time I dreamed of all sorts of achievements. The problem is what drive you put to it. If you need luxury, that is to say assistance, encouragement, understanding, then you can sit and wait. Things may come about or they may not.

To be fair, I must say I had some of that kind of luxury in my life. In the Institution, Mrs. Stella had given me first place in the choir and if there was a solo it was me she asked to sing it. She used to say I could become somebody if I were given the chance to work on my voice. “You have nightingales in your throat, Mary”, she used to tell me. The blessed woman had infinite patience. I’d sit by her and go up and down musical scales. (She sings softly). Do, re, mi, fa, sol, la, si, do. (Louder, more allegro). Do, si, la, sol, fa, mi, re, do. She sat by me even after teaching time. Imagine having a Mrs. Stella all your life! She believed I deserved a better Music teacher. She did not think too highly of herself. For me she was divine. The following year she did not come to the Institution. I never saw her again. It was as though she had disappeared from the face of the Earth. I hope she is all right, wherever she may be, and never mind I lost my nightingales. Nor did another teacher come to teach us music. Better that way. He might be excellent, but singing does not involve just the voice. It involves the heart, too. And my heart belonged to Mrs. Stella. It still belongs to her, I must say. (Silence). Anyway!

My late husband was annoyed even if I just murmured a tune. He suffered from headaches, he said. Was it his fault? Who would not want to enjoy music and songs? It seemed he was not healthy enough to be able to enjoy them. What was it he demanded? His peace and quiet; no more. I used to shut the kitchen door when I cooked and breathed songs even below my breath. I reckoned he would not hear me with the noise of pots and pans. But my late husband could hear a whisper, sounds softer than whispers. I believe it was rather intuition. Even if I just thought of a song, he threw the kitchen door open and glared at me. “I need some quiet, if you please”, he said. Ha! “If you please”? “I command you!” would be milder than his venomous tone. I muttered I was so sorry. I was trying my best. But glasses tinkle, and pots clink making still more noise. I pretended I was dumb but I knew what he meant. “It is not the pots that bother me”, he replied curtly. “It’s the festivities. Are we celebrating something which I have no idea about?”

You may say was it a happy life for him? Being annoyed by the barking of a dog in the street, by the meowing of a cat! If they were stray animals, there was no one for him to turn against. So he turned against me because I said that it was the good Lord who had created animals, too. That is what we had been taught in catechism, in the Institution. We had been taught to respect everything in the Nature which He had created; and to become good human beings, not to soil with our thoughts and acts His Creation. I remember how mad he got when I dared express such thoughts. Did I intend to bring home some python or a noisy jay, to protect the Nature of good God? he asked angrily. I learned to keep silent not to enrage him. If, however, the animal belonged to some neighbours, he turned against them and I lay low waiting for him to calm down. That was how he was, poor man. Was it up to him to be different? I say his life would be better if he could enjoy things – the sun, the light, colours.

Speaking of colours. As soon as the flower bloomed, whisk! Out of our home! Not he. He was the house-owner; I mean the flower-pot. “Why have you picked this bright-coloured plant, showy like a slut? Why not a lily, since you absolutely needed a flower-pot?” He was exaggerating, I thought, but did not say a word. I believed he’d calm down and let it be, in its exquisite bloom. On the morrow, the pot had disappeared. I wonder how he managed to lift it, since his health was fragile as he said, and one could see he was weak. Who knows where he dumped it? That was the end of that, too. I did not have even a flower-pot to take care of and take a pride in. Never mind me. Wouldn’t he be happier with another character?

You may say what right have you to judge others, lady? If you wish to do so, firstly be the judge of yourself. (Silence). Fair enough. I do judge myself non-stop. But now I am discussing my late husband. No one is perfect, except the Lord. There are, however, some things one can’t easily stand. (She gets up and approaches the audience). “Hush!” (She looks sternly at the persons on the first rows. She places her finger in front of her mouth). “Hush!” (She smiles). That’s what I remember most of him. If I said good morning somewhat vividly, that is the movement he made.

“Hush! You should be a village crier not a housewife”. (Silence).

Lord, everything You did has been done in Your great wisdom. Imagine we might have a baby! How can one keep an infant silent? How can one cuddle it and play with it in whispers? Wasn’t I yearning for a baby? No musical scales, no flower-pots, no colours, just to listen to its heartbeat in my tummy and then in my arms. My life would have taken different paths if I had been blessed with that miracle. But it did not happen; unfortunately for me; but fortunately for the baby itself. Everything You did has been done in Your great wisdom, Lord.

The fact is I had been warned in the Institution. Our Mother had said, “Think about the matter seriously. He is an elderly man. There may be some problem in having children. And if you get the blessing of getting a child, your husband will be at the age of a grandfather, not of a father”. Our Mother could see no more than his age as a problem. How could we know of his character?
And what if we knew about it? No one else had asked to marry me and I couldn’t stay at the Institution for ever. At some moment we, the older ones, have to leave, so that new orphans can come in. And there is worse than being an orphan. Some little ones come there battered; covered with cuts and bruises while still toddlers. There is even worse, but I will not talk about it; for if we say filthy things we should then wash our mouth. As for me, thank Heaven, I was simply orphaned. Inside the Institution everyone was good to me, even when I did not deserve it. However, I had become an adult, nearly twenty. Should I be told I had to give my place to a new child? I did not have a penny of my own; my late husband took me in with nothing but the clothes I had on. Still, the rich dowry the Institution had endowed us with was their teachings and admonition to always follow the right way. (She sits at the edge of the stage and hangs her legs at the space before the seats). I loved learning. The only small thing that grieved me was “below zero”; negative numbers in Maths.

The catechist was equal to John, father of the Church, an inspired orator. The words of gold that sprang from his mouth were precious keepsakes for us. We had memorised the Ten Commandments before we knew how to count up to ten. He who followed his teaching would undoubtedly have a place in Paradise. Not me, forget it. But I speak generally. He kept our souls pure. I’ll never forget him. Mrs. Stella either.

Our Gym teacher, bless her, taught us not to be ashamed of our body, not to scorn it. She said that even before Christ, in ancient times, people knew that the mind, the heart, the soul need a healthy body as their safe dwelling-place. For me gymnastics was a moment of freedom. Methought I would spread wings and fly. I tried to practice a bit while married: stretching up high and higher, to reach the clouds. Yeah, right! My wings had been snipped off. I could not even touch the low ceiling of the house.

But the person I wish to praise above all others is our Drawing Teacher. That man opened the gates of Heaven for me as he talked about Painting. Not just about the first icon-painters with their sombre colours and austere faces of the saints, but also about those that followed, of the Renaissance, who depicted glances, sentiments, gestures, and who dared use bright colours. The monk-painter Fra Lippo Lippi became my favourite of the time, and I tried to copy his icons. That teacher of ours went on talking to us about trends of painting up to our days. We learned magical words, difficult only at the start: Realism, Impressionism, Expressionism, Cubism, Surrealism… I got a passion for painting, not only just what I saw, sometimes as I myself saw things around me, and at other times things which my mind created. Τhe teacher used to look at my drawings and say, “There’s something in here; a vision of your own. Don’t lose it, Mary. Don’t let anyone take the pencil or charcoal from your hand. Are you listening? I hope that you are listening to me and that you will not forget my words, Mary”. (She gets up).

The man was saying this for my good, but at the end it turned out to be the other way round. And since confession takes some weight away, I must say it has caused great damage. (She goes to the far end of the stage, touches the wall as if desperately searching for something – an opening, the button of a secret door, something she does not find, till she stops the vain effort, turns to the audience and remains motionless for a while).

My late husband had his good sides. We shouldn’t mention only his bad ones. He was not stingy. If I needed new shoes, he would bring up the subject before I had time to talk about it. “Go get yourself a pair of shoes before the soles fall off those wretched ones.” And he did not even discuss the price. How much are they? Very well. Here is the money. If I needed some clothing, same thing. I cooked what I knew he liked. It happened that fresh fish was expensive. Would he grumble about it? Not a word. How much was it? Here it is. Still, I knew there was a list of items allowed and a list of items forbidden. Excluded for me to buy anything… useless. (She goes to the bench and sits). I mean something that he considered useless; even if for me it was more necessary than bread and water; as necessary as the air I breathe. What did I need? A couple of paint-brushes, some paints, a few pieces of cloth or paper and, above all, a small space of my own. Never mind if I went nowhere. I could travel round the whole world by painting what pictures gushed out of my mind. Such things were excluded.

Through saving, I managed to put a few pennies aside and secretly bought two paint-brushes, without knowing what to do with them. At the shop there was also a young woman whom I often saw coming and going at the little house opposite ours. She knew exactly what she needed, mentioning numbers and brands. I, on the contrary, pointed to a paint-brush hesitatingly and said, “Give me that one, if you please”. The young woman approached me and said, “Hi! Do you recognise me? My name is Tonia and I live opposite you. Do you paint, too?” In the beginning, I got scared. I told her my name, and then I said I did not paint. To avoid lying, which is a sin, I added that I liked painting, but that I had no space for it, not much time either, and little knowledge of techniques, therefore… She looked at me and laughed. “Which means that you buy the paint-brushes to console yourself?” I tried to laugh, too, but I did not manage. “To cheat myself”, I said. “Haven’t you seen people holding an unlit cigarette to pretend they are smoking?” “Smoking is not creation”, Tonia retorted seriously. “If one needs to create, one cannot cheat one’s soul by just holding a pain-brush”.

That encounter upset me. I was not going to relate my life-story to her, nor was I to expose my husband by telling about my life with him. But the young woman did not seem interested in gossip, anyway. “Come over for a cup of coffee, when you find a free moment, Mary”, she said. “You will be pleased to meet my husband. He can live without comforts, without much sleep or food, not without painting. I don’t know if he could eventually manage, but he is not interested in a life without painting. It is for him that I have bought all this. As for me, I know for sure I can’t live, nor am I interested in living without my love, Michael”.

Of course, their conditions were different from mine. I turned over and over again in my mind that conversation and I wondered if I could live with secret paint-brushes, without colours, a life colourless in itself. Not sometimes black and sometimes white. Always grey.

My late husband had undoubtedly been through difficult times to have ended in such a joyless way of life. Perhaps, if he opened his heart to me, some things inside him might be cured. But firstly he did not consider me worthy to hear how he had fared in his life before I met him. And secondly he did not seem to realise he had a problem with emptying life itself from his life. (She paces thoughtfully to and fro).

Why are you saying that, one might ask? Didn’t he open a door in his life by marrying you, a young girl, when he was pretty aged? Better than no opening at all. Well, one might consider it was an opening. He needed someone by his side, so that he would not be all alone, like a lone tree. I put order in his house, the way no man can; he enjoyed home-made food, while before me he either had something uncooked or had meals in cook shops; he found clean and well-ironed clothes to wear. He did not appear to have other needs. Would you really consider all this as the opening of a door? I believe that an opening would be for him to have with me some discussions for companionship, to teach me some sort of competitive game – draughts, chess, backgammon, whatever; anything but cards, which we had been warned at the Institution never to touch in our lives.

I must say that he did not use me as a vessel for pleasure. He was a gentleman in that area. Perhaps he had been that way since he was young, or perhaps abstinence came with age, but for me it was great to be treated with respect. I could live without love. Without respect I would be in Hell. I did not face such a problem, thank Heaven. If I had a tiny space to draw in, maybe even murmur some tune now and then, I think I would have no problem at all in my life. But things are not always what we wish them to be.

I met Tonia again in the street some days later. She was carrying some oranges in a net. “Come over and let me make some orange juice for you. Come and make the acquaintance of Michael”, she said to me. I mumbled that I did not have much time, but she laughed. “If we wait for lots of time to make acquaintances, we shall remain unacquainted and friendless for ever. We grab time, Mary dear. We create it; we fight with it, against the clock, as one says; but we do not allow time to be the master of our lives”. I followed her out of curiosity. “Who are you to have and to express such ideas?” I wanted to ask her. Well, as soon as I entered the little house my question became unnecessary. I saw a pile of paper on her small table and she told me she was a writer and translator. Thus, she might not have become a millionaire, but she managed. Michael got up from the other end of the room to greet me. He was so smudged that I could not see whether he was good-looking or ugly. But I did notice that he limped more than slightly. Some other man might consider it as misfortune. Contrariwise, he spoke of his good luck.

“I was lucky to have been born with a small talent. And still luckier to have a life companion who considers that my small talent is a big one” They both laughed and Tonia went to make us some orange juice. Then Michael asked me to sit by his side, he gave me a piece of paper and told me to draw my heart. I drew a waterfall. He did not ask me why; and if he had asked, I would not have known what to answer. My heart a waterfall? Mysterious is the Lord’s will! When I left, they gave me some paints and a drawing pad. Before I could thank them, they said they were giving me that material as a loan and they wanted it back with interest. Who knows what puzzlement and worry appeared on my face? They both burst out laughing. “The interest will be whatever you draw”.

Nice persons. How could I tell them they were upsetting my life? But indeed they were. (She comes downstage and for a moment dangles on one leg, the other hanging in the space beyond the stage). Could I turn the key and enter his house… that is… I mean our house, with paints and a huge drawing pad in my hands? I trembled all over. (She stands on both legs). Divine Providence had it that he was taking his nap and did not see me. So, I stumbled down to the basement and hid my treasures behind the tins where we kept our cooking oil and other stored provisions.

From that time onwards, the basement became my precious space and my consolation. I stole ten minutes from here, half an hour from there, and I created the world. In His image. The Lord had created the World in six days. My creation was fragmentary; drop by drop. But my soul found its peace, though I always trembled as a thief, afraid I might be caught red-handed. Literally red-handed! (She looks at her palms smilingly.)

My late husband was not jealous of me. I must put that in his good points. He knew I that had been brought up with the Bible under my pillow and that I was no fool to ignore the Commandments of the Lord. Thou shalt not steal, though shalt not commit adultery, though shalt not bear false witness… Yet, I saw him scrutinising me suspiciously, for the first time. Had anything changed on me? I did not disturb, I did not sing even below my breath, I continued our routine as usual, but he seemed to notice some difference. I was not going to ask what. Let’s not stir up what should go unnoticed. Since I now had a secret, I had to play dumb to protect it. But he insisted. “Are you having some celebration I know nothing about?” “What celebration? My name day is on August 15, for Maria the Mother of Christ. And we are still far from there.” I saw he was still distrustful, so I continued even more stupidly. “I try my best not to make a noise. If, however, I have caused any inconvenience…” This time he was not speaking of noises, he explained. He was speaking of light. I pretended I was surprised. Light? That’s strange! Precisely, he said; light in my eyes, on my hands, on my body. He was a weary man. Strong light exhausted him, made him dizzy. I am not a moron and I feel ashamed to pretend I am one. But I had to promise him I would keep the lights of the house as low as possible. As if I did not know what he really meant!

Things deteriorated when Tonia knocked at our door some day. She had not seen me for a while and wanted to ask if I was all right. I must have blushed, then turned pale, for I felt feverish, then frosty; but I assured her I was fine and she left without more fuss.

However, my late husband started asking questions. Who was that woman and what did I have to do with her? Despite my explaining that she was a nice neighbour, hard-working and virtuous, married to a good man, he would not relax. He loathed contacts with neighbours. He asked me in a cold tone to keep my distances too, as a good wife.

At the Institution we had been taught that disobedience is a sin. But we had also been taught that God has given Man free will. I thought it wrong not to use that Divine gift. It would be ingratitude to my Creator. So I did not stop dropping by at my neighbours’. I had to tell Tonia my husband was strict so she’d better not visit. I felt it so shameful to tell on my husband that I burst into tears. Our Mother always advised us to keep things of our home inside its walls. It was like betraying him, though my heart was full of pity for him. Was it his fault he behaved the way he did?

Deep inside me I believed that my late husband was … what is the word? An innocent sufferer. Not answerable.

Tonia said she understood. I might visit whenever I could. Then Michael gave me a palette, some tins with paint and a piece of canvas in a big roll, to paint stroke after stroke my entire soul. That’s what he said. I slipped into the house like a burglar and hid everything in the basement.

Well, there was something magical in that canvas. As soon as I unrolled it, my hand knew what my mind did not. Had I learned how to mix paints? No. Yet, I knew! The colours went where they themselves wanted. The light was so intense that I thought it would swallow me. In the joy of that time an unknown fear crept in and became bigger and bigger. How could I hide all that light? I supposed it would show through the cracks and every now and then I stopped and climbed up to make sure my husband was resting in peace. (She returns to her bench and sits).
My late husband. Late. Too late now. (Silence). Ah, that reminds me he used to have his meals quite late. (She laughs). One remembers funny things at times! My husband was very fond of macaroni. Maca… (Sadly). Macabre. Well, he liked them best of all. I asked, “Shall I cook fresh beans?” “Sure; why not?” “Or would you rather have macaroni?” “What a question! Macaroni, of course!” He was quite easy as to food, however. He would eat ungrudgingly anything I cooked, even when it had not come out too tasty. Basically, he was good, poor man. Something had gone wrong in his life, but who knows what?

When I unrolled it all, the canvas spread from one end of the basement to the other. Never in my real life had I seen some of the pictures on it, which I myself had painted the day before. Had I ever seen a real waterfall when I drew my heart for Michael? No, but let’s suppose that I had seen one in some picture. What about this now? I was at a loss. On the canvas there sprang eerie landscapes and seascapes. Creatures emerged from the water and flew up high. Reddish light from inside the earth merged with the blue light descending from heaven. And I had the feeling that what I drew produced music. It was surely a hallucination. I was not mad to believe colours produced sounds.

I looked at the pictures and thought perhaps our Earth was like that millions of years ago. As for me, small, mortal and… how can I express it? finite, I observed the canvas ecstatic and terrified by what I saw. I had practically lost my speech at that time. For how could I speak about it all, even just to my friends, opposite?

I decided that as soon as I finished, in a couple of days, I would roll the canvas, find the right moment to get it secretly out of the house, take it to Tonia and Michael’s and give it to them. “Here is my debt to you”, I would say laughingly to hide the terrors I had gone through. “And here is the interest you had asked for your loan”.

Afterwards I would live in safety, with smaller joys or no joys at all but also without terrors. That is what I planned to do. (Silence). Well, Man proposes and God disposes. (She makes an effort to get out of silence and immobility. She manages to liven up. She gets on her feet).

Of course, when it was freshly painted I did not roll it right away. I climbed up to do some chores, allowed some time to pass and went down to roll it when it was dry. That day I went out to buy a chicken to make some soup for my husband. When I returned, I found the house empty. Strange! He does not go out in such cold weather even if he has to. Then I heard noises in the basement. I stumbled down out of breath. “What?” I screamed inside me but my voice had turned to stone.

No human being should see what I saw down there. My husband was stabbing with a carving knife whatever he found around him: paint boxes, sheets of paper painted and unpainted, all lying on the floor now torn and tattered. And the whole time he growled like a wounded beast. “So that’s what it was! That’s it, slut! That’s where you were hiding to do your dirty tricks! Filthy woman! I took you in, with just a rag on her body and I made a lady out of you! That’s what it was all about, bitchy servant girl!”

I wanted to yell. “What dirty tricks? Why a slut and a bitch? Have you married me to be your servant girl or your wife? Why so much hatred?” But when I opened my mouth only a bubble of air came out, noiselessly.He turned round and saw me standing there looking at him. “Welcome, my precious one! Come help me clean the stables of Augias. Give me a hand and let’s finish the job”. He lifted his fist with the carving knife and stabbed the middle of the canvas. If I could scream, if my voice managed to find a way out, perhaps disaster would have been avoided. Along with the voice, the thing that swelled in my chest, as if a hyena had wriggled inside it, might have found its way out. With my mouth wide-open, voiceless, with the air-bubble bursting silently, I darted to take the knife from his hand.

He could resist, but I think he was taken aback. I took it from him easily, almost as though he had given it to me of his own accord. I lifted it high in the air. I think I was lifted along with the knife and my feet no longer touched the ground. Then I fell on him and became quiet.

Perhaps I slept – some seconds, minutes, hours, I couldn’t tell. I opened my eyes and felt I was stuck on something that did not allow me to breathe. I was stuck with thick blood on my husband.

“And the two of them will be joined in one flesh”. These were the first words that came to me. As I could not move, I thought we had both died and was not afraid. But the colour of blood brought another thought to my mind. That was just the colour I needed for the last brushes on my canvas. Scarlet birds soaring to the skies. I would finish my painting by dipping the paintbrush in the blood, then go to the kingdom of Death with him.

I got unstuck, got hold of the paintbrush and was awakened. My throat opened. First one more air-bubble came out, huge; then a shriek that tore the walls and the streets. The house filled with people.

Unknown persons: nurses, stretcher-bearers, curious on-lookers who were driven away by policemen. I saw a familiar face. “Let me pass! I am her friend!” Tonia was shouting. And I pleaded. “Tonia, take the canvas. Give it to Michael. I owe it to him, Tonia!”

They allowed her to approach me for a moment. She patted my gluey hair. She said only a couple words, but they were balsam to my heart. She said, “I understand.” Then she said, “We’ll keep what you have painted.”

Before they took me away, I saw her with my own eyes roll the canvas. “Whatever may befall me, something of me has been rescued”, I thought. And I had the time to shout thank you to her.
Then I was dragged out. There was a crowd in the street. Some yelled and insulted me. It did not last long, for they pushed me inside a car and I was driven away.

I was stripped naked and washed. Nobody had ever seen me naked, not in the Institution, not my husband, and I had believed that my life would go by without anyone ever seeing me stark naked. I was surprised to realise that the woman’s glance on me did not disturb me. Perhaps that fact was due to our Gym Teacher, at the Institution, who had taught us not to scorn or be ashamed of our body. Or maybe I was in another Universe, where I existed bodiless, and it was no concern of me to have my hair washed and the blood scrubbed off my body. Then I was clad in this dress.

I was led into a cell and was given something to eat and drink. What was the use of food and drink if I was bodiless? I expected punishment, or at least indifference, not food. But a young lady came in; she held my hand in hers, looked into my eyes and said, “You must learn how to feed yourself and go on living, girl. Muster up your courage and do it”.

Why? Had I said it or just thought of it? Anyhow, she answered. “You see, even a newborn baby makes an effort to cope, on entering an unfamiliar world. Pick up the spoon and bring it up to your mouth”.

Who was she? Could she be an angel? How come an angel came by my side, since I had been doomed? Had I said it or just thought of it? She responded. She was a psychologist and she would stand by me. I started eating. She smiled and left. I had the food and I drank.

I don’t know how to mark time in here. At some point a lady came. “I am your lawyer”, she said. She must have been wrong. I had no lawyer, nothing but the canvas, if it had been rescued. “I have been appointed to defend you”. How could she defend me since I had disobeyed God’s most important Commandment? Thou shalt not kill.

She asked who knew me well, to call them to testify for me. Why?

“To give testimony as to your character, to convince the Law Court to accept extenuating circumstances”. I did not understand the use of it, but I told her about the Institution. Who knew me better than Our Mother?

Later the lawyer came back. The news she had for me was that Our Mother had nor agreed to bear witness for me, to try to lessen my guilt. I considered it natural. Coming out of the Institution and entering a Law Court should be a real ordeal for her. Besides, what “extenuating circumstances” could the Court accept since I could find none for myself?

On visiting days, every prisoner expected somebody. I did not expect anyone. Still, once I was called, too. Tonia had come and told me that Michael and she would testify for me, so that partial excuse might be accepted by the judges. I could not care less about excuses. I only wanted to know Michael’s judgement for what I had painted. Tonia spoke with emotion. “He said that he felt a bit jealous, and would like to be able to see the world through your eyes”. All the rest was indifferent to me. They could do as they pleased at my trial. But Tonia explained that trials are not black and white. If one had extenuating circumstances, one could ask for things. I could then ask for paper and pencils or colours. Therefore I became interested.

The couple, my friends, came to the Court. Michael limped far more than I remembered, but he was not smudged and he looked to me very beautiful, the way I imagined angels. A severe man asked them questions, and then the lady lawyer asked them, and they answered. They spoke about my life with my late husband. Nothing dirty. They just said that he had imprisoned me in our marriage out of love, and I had kept trying hard to open a small window to be able to breathe. They said that I had been in self-defence when I stabbed him. “Do you mean he attacked her?” the stern man asked ironically. “Did he perhaps try to take her life away?” Michael looked at him into the eyes, quite calm. “Far worse, sir. He tried to pluck out her soul.”

The Court accepted I had had an honourable life previously. They accepted I had been in confusion when I committed the act. They did not accept I was in self-defence. They had not understood Michael’s words. But I had; so I saw myself with some leniency.

I was sentenced to life-imprisonment, as a message to other women not to end up like me. I found it reasonable. Anyway, where could I go and what could I do outside the prison? Here I have a space of my own.

The most important piece of news is that at visiting time tomorrow Tonia will bring me painting material. And in here I bother no one if I whisper tunes. So I can create some things, I can be someone. Not a zero. Not a negative number. Something positive. And I can live free. Freer that ever before. (She looks at the audience and smiles serenely).
END. Curtain or darkness.
25 April 2008
(C) Derechos reservados por la autora. Publicación autorizada.
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