viernes, 22 de abril de 2011

POEMAS INEDITOS DE ALFONSO VELIS TOBAR


Alfonso Velis Tobar, poeta, narrador, ensayista, profesor Universitario,
El Salvador-canadá, fotografía Salvador Juárez





Día de cuaresma en tempestuoso invierno





Cigarra puta que escondida bajo tierra
Te hace la oruga de los males buenos
Y comes las raíces del infierno
Julio Iraheta Santos



Un día cualquiera como hoy salgo a la calle
Bajo la nieve de fragantes aromas fríos azota mis cabellos
Árboles tirados por el suelo por el fragor del viento.
Marchito árbol que soy desgarrado en pleno invierno.
Con bufanda abrigo de solapa,
Botas de tapir guantes de hojalata.
Salgo a la calle a 35 grados menos cero
Se me cuaja la sangre. Se me encrespan los nervios
Me duelen las coyunturas de las manos
Los goznes de los pies, se me entiesan las orejas
¡A mi Dios! ¡Extraño mis frescos otoños tropicales!
Las cigarras cantan entre ardientes soles vespertinos

Aquí lejos de la patria que amo
Por hoy me acompaña la humana amistad
De mi perrito faldero Toby fiel hermano
Vagamente mis pasos sigue
Para sabernos platicar a solas
Mi vecindad de gentes distintas
Esperan el bus de las siete
Se van regresan para volverse a ir
A su hora programada
El camión de la basura, el cartero, los cobros
Quizás las sensacionales noticias de mi patria
El diario crimen organizado, la violencia social
Propugnada por los idolatras del dinero
Pilatos que se lavan las manos
Asolapados en la corrupción, la mafia, las drogas
Y el despotismo del régimen
Me duele su pobreza infernal
Llena de miedo de frío de hambre.
Y quisiera repartirme pan a manos llenas
¡Y lloro por las noches!
Voy a mi ron acostumbrado a disipar la pena
Difícil vivir con una patria ausente
Como un niño en las noches por ella lloro.
Yo la tengo y me tiene a corazón partido
Y ella es como el fantasma de una madre
Corriendo desesperada tras mí sombra
En día de cuaresma el poeta
Medita largamente dando la cara
Se le quiebra la ternura de aquellos ojos
Sin cansancios en el alma medita
Barca que soy que se deja llevar
Vertiginosamente sin rumbo por la corriente
Rama que soy que por el peso de la nieve
Lentamente se desploma
Sobre la superficie del viento
Piedra que soy que a tientas se resbala
A la luz de los abismos…
Invierno/03/2009

(De: “Diario de un poeta desesperado”)





Embriaguez al otoño que llega




Odio que te marches,
Como también la negritud de las calles.
Mauricio Vallejo Marques.

I
Uno no sabe nada si se ha bebido todo el día
Oigo cantar un Torogoz entre el frondoso pino
Mi embriaguez tambalea de gozo y alegría
Más me sirvo otra copa de buen vino
Más no he perdido lucidez ni memoria
Ni esa sensación del mundo que me rodea
Sin dejar que mi alma oscurezca
Yo no ambiciono cargos oficiales
No deseo riquezas ni mucho menos honores
Quiero dejar una huella cristalina
Soy alma responsable de mi oficio

Las hojas muertas caen de los árboles
Lluvia de mariposas desprenden su vuelo
Al atardecer el aire del otoño es delicioso
Vuelan los pájaros en bandadas
Más es solo un instante desaparecen a lo lejos…
Si bien el vino disipa las penas
Como decía mi tío Tule Mata Melgar
Piropeando a las muchachas
Que pasaban por el barrio
Diciéndoles cositas chulas al oído
Son recuerdos que brotan de mi mente
Llega la hora de irte así en tarde de otoño
Los árboles desnudos yacen sin hojas
Me sirvo otro vaso de buen vino
Un pesado letargo afloja las cuerdas del corazón
Tal si hubiera bebido un instante
Pues soy mortal sumido en el sueño

II
Así pasamos todos en la vida
Como pasa el agua corriendo por los ríos
Para ir a desembocar en los mares
Sin regresar nunca sobre su misma corriente
Las flores ya se marchitan
Las hojas se vuelven amarillas
O de rojos bronceados a lo lejos

Pronto me abrigaré fríos inviernos
Se avecinan en tormentosas lluvias
Por hoy el otoño hace caer parvadas
De hojas muertas sobre los suelos

¡Salud hasta ver a Dios!
Decimos en mi tierra
Antes de echarnos el buen vino
Y de un solo trago vacío mi copa
¡Sin caer en el abismo negro del vicio y el delirio!
Es bueno embriagarse de vez en cuando!
¡Es saludable! Caen bien un par de tragos
Me siento borracho floto como una nube
Tendido en el firmamento de estrella fugaz
El poeta Dante decía que el vino
Siembra poesía en los corazones
Pues así embriagados cantaban Omar kayán y Lipo
Ilustres poetas del vino y del amor
¡Salud...! ¡Comamos bebamos amigos míos!
De estos delicados bocaditos agridulces
Preparados con amor por mí amada…
Otoño/10/09

(De: “Diario de un poeta Desesperado”)





Tarde de hastíos extraños




Amo tu desnudez
Porque desnuda me bebes con los poros
Como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Roque Dalton




En casa solos desnudos
Cual hojas junto al viento
Danzas y ritos en el amor
El tiempo es larga marcha de espera
Pero buscando renovar lo nuevo
Estamos como contra un muro derribado
Enmudece la palabra
Hablar otra lengua otras costumbres en país extraño
Es tarde de hastió caluroso
Es un infierno y no se aguanta
Afuera los niños corren en otros juegos
Que no fueron los nuestros cuando niños
Un día una tarde como esta
Hablando de los presupuestos de la vida
La caza la luz el teléfono el agua la calefacción
La leche de los niños. Aquí todo es abundancia
Nuestras penas y venturas
La nostalgia de la madre lejos en otros mares y valles
Me duele distante mi país. Sangrándose una vez más
Muriendo a nuevas primaveras
La tarde como un horno en tizones
Miren esas hermosas muchachas de London
Gordas, flacas, su única pasión solo broncearse
Ante el sol de las diez de la noche
Casi desnudas desde su pubis angelical
Y en mi país las siete en luna llena
Como si la otra pasión en el consumo
Fueran solo los embutidos enlatados
Los cigarros el vino las cervezas
Y la coca cola del imperio hasta en basuras
Las hamburguesas las papas refritas
La TV comidilla del sexo y la violencia
Aquí todo sobra para tirarlo a la calle
Allá todo falta para recogerlo
El tiempo mismo bastante extraño
Ya caen las hojas amarillas por hoy
La verde hierba empieza a secarse
Es el comienzo del otoño
Luego uno aprende a beber a solas
Para mitigar la nostalgia de los días
Matar el frío de los huesos
La soledad de las grandes nevadas
Por hoy nos contemplamos al espejo
Otra forma de vivir de ir muriendo
Pon los pies sobre esta tierra y haz lo que vieras
¡OH Dioses eternos!
Dos almas somos en un lugar del mundo
Comunes sencillas citándose en su lecho
Quedándose desnudos perdidos en lejano bosque
Dos semillitas en floración lanzados
A esa perra gana de hacer el amor. Avt1987

(De: “Diario de un poeta Desesperado”)





Expatriado de tu geografía




Todo el círculo de país pequeño
Que se queda quieto
Lya Ayala





Mi país a la distancia de miles de kilómetros
Tierra de esmeraldas corazón de América
Vivo en esta inmensidad de territorio
¡País mío tú de tan diminuto ejemplo!
¡Pequeña castañuela de amor!
Abrigado por el puño de mi mano
Pero es que no encuentro serenidad
En cuanto tus peligros y encantos
Es que un día cualquiera
Puedes morirte de muerte muerte
De nostalgias pero es hermoso mi país
Tierra prometida de ensueños y quebrantos
Diminuto garbanzo semillita de mostaza
Luna llena resplandece allá en el horizonte
A lo lejos mi país de codiciosos amos
Con su pequeñez de mar y lágrima
Es que la presencia de tu fuerza opresora
Está ahí aguaitada solita esperando
Imagen de dolor mi gente sencilla
Mi pueblo reguero de hormigas laboriosas
Que llevo a flor de piel
Estremecido en mi palabra
Temblor eterno temple de roca
Transido por la magnitud de tu tragedia
Hemos de muchos muertos
Sembrado de cruces tú historia
Expatriado yo de tu geografía
Tu pura ausencia me mata
Vivo y sé que existes
Por hoy el sueño me bota
AVT/03/11

(De: “Prodigiosa Blasfemia”)




Espejo roto en sus detalles




Mi pasado es un espejo roto
Porque perdí a Dios. (El me perdió)
Luis Melgar Brizuela




En esta tarde
Cómo lamento que estés ausente de mí
Mi reloj sus agujas giran al revés
Correr atrás el tiempo quisiera
Que cuando sean las doce de la noche
Sin angustia soledad entre mis sueños
Quisiera que fueran las seis de la tarde
Es locura o sueño de Quijote
Me contagia de su locura genial
Encojo mis rodillas, estiro todo mi cuerpo
Hombros y brazos como todas las noches.
Cómo lamento que tú estés ausente
Mi perrito juega mis rodillas
Interrumpo la meditación
Me rasca los pies, sacude su cola
Me huele lame suavemente mi cuerpo
Habla quiere salir a orinar la noche
Sigo lamentando tu ausencia
Miro el reloj y son las siete
Oigo el estridular de ese grillo
Podrías aparecer de repente
Lanzarme diatribas infernales o caricias
El abrazo fuerte de tus calores
Tú con el silencio de mis ojos
Creo que tu espacio hace falta
Cómo lamento que estés ausente
En mi reloj ya la madrugada cayó
Extraño esa ausencia de tus humores
Solo en desesperada memoria
No tengo más que la noche ausente
¡Mira estás mordiendo mi ternura!
AVT/2/04/11

De: “Prodigiosa Blasfemia”





Símbolo de mal presentimiento




Frente a la incertidumbre de los viajes
¡Es levantar la frente!
José Roberto Cea




¡Date cuenta mujer mírala bien!
¡Ha llegado otra vez!
¡La mariposa de grandes alas negras!
A nuestra sala
Es que es enorme
Y muy rara en sus colores mira
Y llega a darnos con su presencia
Alguna mala noticia
De mal presentimiento de alguna muerte
De alguien
Según la simbología mítica de estas lúgubres mariposas
Que rara vez visitan los aposentos familiares
Es solo para anunciar el mensaje de la muerte
Por hoy quiero estar a solas absolutamente
Aunque solo el clock clock del reloj
Me martiriza segundo a segundo
Estoy volviéndome viejo
Buscando entre mis poemas perdidos
Aquella mala noticia del amigo que desapareció
Por las fuerzas del orden
Y una mariposa nos trajo la noticia.
Ahora quizás alguien agoniza
Por hoy no quiero tener noticias inesperadas
La mariposa guarda su presencia silenciosa
Posando sobre la pared la estoy mirando
Oigo el corazón de una campana
No creo
La vida humana tiene su valor
Cada minuto con el nacimiento
o la muerte de la vida.
Una lágrima se junta con una sonrisa feliz.
Podría ser que viene anunciándome la mía
Me duele el corazón de canto enajenado
Podría morir ahora más que nunca de dulce muerte.

(De: “Prodigiosa Blasfemia”)




De lo inesperado



Bueno, pues como dicen que no hay secretos para Dios,
Algún día no habrá secretos para nadie.
Mauricio Vallejo (1958-1981)



Cenizas quedarán de la invisible palabra
Que fue solo significado y sonido.
Cenizas de lo que se respiraba
Queda después de la hecatombe
De lo que existía
Luego viene el desastre
Queda el mal tiempo
Solo cenizas serán tu cuerpo
Entre la desnudez de los suplicios
Sin una lagrima encendida
Donde dejas todo
Ahí no cabe nada más
Solo la materia de lo que fuiste
Cenizas a la tierra a lo mejor
Mis cenizas en el sumo de una fruta
En boca del hambriento
La hoja que deja su sombra inerte
Sobre el lomo de las ramas quebradizas
De la imaginación y el miedo no vernos salvos
Del olvido y del sueño despierto
Cenizas de la tierra por los siglos de los siglos
Un día perecida por el hombre
Que no supo escuchar sus quejidos
Y en dolamas nucleares
Por ello la tierra retumba
Desde el fondo de sus ciegos estertores
Se está doliendo la tierra la fauna muere
De sus dolamas infernales
Y en grandes oleadas de calor la tierra viene
Del hombre que la vela la despelleja a su fin eterno
Que florezcan los enigmas de lo que está por llegar
Los cataclismos inesperados
Que sorprenden a la grotesca mirada
En la trágica muerte sin destino
Haz que recobre todo el esplendor
Dorado de mis fuegos
En la eternidad de mis encantados instantes
Solo cenizas quedaran de toda esta galaxia imaginaria
De los fuegos en millones de partículas atómicas
Tienes que deshacerte de todo
Nada te llevas ni tus cenizas que fueron
El brillante esplendor más grande de tu vida
Cenizas de lo que fue este amor por la humanidad entera
Cenizas de los que dividieron el mundo para propiedad privada
De sus gozos terrenales nada se llevan
Queda tu memoria tus hechos
Tu palabra escrita en esta página
Hasta que aguante la polilla del tiempo
Junto a la eternidad del sueño
De lo que pudo haber sido y no fue…
AVT/04/11

(De: “Prodigiosa Blasfemia”)

miércoles, 20 de abril de 2011

UN POEMA DE DORA GUERRA


Dora Guerra, Francia-El Salvador





GRITO EN EL VIENTO





En el viento sin voces
he buscado tu voz sin esperanza.
He cerrado mis ojos
para verte en la nada
y he extendido mi mano
sin encontrar la tuya en la distancia.

No hay aurora en mi noche
ni verde en mi horizonte que se alarga.

Tu huella en mi camino,
grabada sobre el agua,
borrada para siempre
y siempre fija en mi alma,
ha de seguir la mía en la tiniebla,
debajo de mi planta;
conmigo irá después de las estrellas
y en el fondo del agua.

Y aunque tal vez la imagen de mis ojos
se haya borrado en tu alma,
por todos los caminos que recorras
llevarás tus miradas.
Y si ya tus oídos
olvidaron mi acento que te hablaba,
en toda melodía que recojas
estarán mis palabras
y todo grito amargo que a ti llegue
saldrá de mi garganta.


En la noche desnuda,
en los ríos sin agua,
en la aurora ya muerta
antes de la mañana,
en la nube sin vida,
en la niebla del alba,
yo buscaré tu voz, sin esperanza,
y cerraré mis ojos
para verte mejor entre la nada,
y extenderé mi mano
hacia ti, a través de la distancia.

Cuando todo mi cuerpo
cansado esté después de la jornada;
y mis ojos cerrados
de nuevo a la Luz se abran;
y mi mano extendida
retorne a reposar sobre mi falda
¿habré de recobrar toda la luz
a mi vida negada?
¿mereceré llegar hasta la cima
fértil de la montaña?
o dormiré, tal vez, un sueño mudo,
de noche y sin palabras.

jueves, 14 de abril de 2011

CUENTOS- WALTER IRAHETA NERIO


Walter Iraheta Nerio, El Salvador-Suiza



CUENTOS




CHUNGO MARAVILLA



Es un día soleado en la metrópoli de San Salvador, las gradas del estadio de Mejicanos están repletas de escolares. En el terreno de juego se enfrentan los equipos de fútbol de las escuelas de Mejicanos y Zacamil. De fondo resuenan los cueros y metales de las fanfarrias.
La pelota rebota en el travesaño de la portería mejicaneña, el defensa Chungo Tamegua da un salto y cabecea de medio lado. La pelota viaja hasta el medio campo del estadio:
-¡Chivísimo, Chungo! –le dijo Computer García, su compañero de retaguardia del equipo de la escuela Mejicanos número 2.
En el medio campo la pelota es atrapada por un adversario del equipo de la escuela Zacamil número 1, y de nuevo el pelotazo cae en terreno de riesgo, pero allí está Sherman López que es defensa del equipo mejicaneño y hace un paro de pecho, la pelota se desliza hasta su rodilla. Sherman López pasa la bola a su compañero Ribuk Gonsáles, éste retacha de taquito y la entrega a Bluyin Pérez, la pelota vuela hasta el medio campo. Ahora la pelota es atrapada por un jugador zacamiliano y de pase en pase regresa hasta el área menor, atrás corre Aseiko-digital Ramírez sin lograr alcanzar al delantero zacamiliano. Pero allí está Katerpilar Serrano el otro defensa portentoso del equipo mejicaneño que hace una barrida y tumba al delantero zacamiliano, el árbitro pita y favorece con tiro libre al equipo zacamiliano. La pelota viaja en parabólica, Copyray Martínez el portero de Mejicanos se lanza en vuelo y logra sacar la pelota al corner.
En la barra hay gritos, aplausos y suenan los cueros y metales de la fanfarria mejicaneña en la que destacan Leydy, Jennifer, Vicki, Meybi, Shirley, más otra docena de chicas bien equipadas de panderetas.
Por fin: tiro de esquina, el portero Copyray Martínez hace otro vuelo, la pelota gira como trompo y cae de nuevo en área de riesgo. Un delantero zacamiliano cabecea y la pelota pega en la esquina de la portería. Hay un revoltijo de piernas y de nuevo Katerpilar Serrano se encarga de salvar al equipo mejicaneño. La pelota ahora vuela en curva hacia la banda izquierda donde Chungo Tamegua da un puntazo, la pelota sale en torbellino y:
-¡Gol!
-¡Gol, gol, gooooool! –grita emocionada la barra zacamiliana.
Pero fue un autogol. Un desaguisado de Chungo Tamegua.
Chungo Tamegua queda hecho estatua de piedra, en la barra mejicaneña hay un silencio de cementerio, la fanfarria se ha desinflado y entonces se escuchan los insultos de los mejicaneños que caen como rayos sobre el petrificado Chungo:
-¡Por las once mil vírgenes!
-¡Tenías que ser vos Chungo-Chupacabra!
-¡La regaste Chupacabra!
-¡Te vamos a expulsar del equipo, Chupacabra!
Del otro lado de las gradas, se escucha la fiesta de la barra zacamiliana, bombos y trompetas de fanfarria, griterías de vivas y coros de gesta: «Lión puede ser abatido pero nunca vencido, viva lión jodido». El león era la mascota de los zacamilianos, y para éstos «Jodido» quería decir «pícaro».
Muy avergonzado por la mala jugada Chungo Tamegua pidió a Aftershave Guevara -capitán mejicaneño-, que lo cambiara a la delantera para reponer el gol de la vergüenza, de todos modos el marcador era de uno a uno, lo cual aún permitía ganar.
El capitán Aftershave Guevara aceptó y Chungo pasó a la artillería junto con Megabay Ortíz, Teleflash Colorado y Laserjet Orellana. Jugaron los últimos veinte minutos del segundo tiempo y los dos equipos quedaron empatados: Uno a uno.
Como el partido era amistoso, más valió la metida de pata de Chungo Tamaegua para no tener enemistades. Así los unos y los otros, sin ningún sesgo de revancha, se podían invitar en adelante a sus respectivas ferias escolares, fiestas cívicas y turnos filantrópicos.
A pesar de todo, las cosas se agravaron para Chungo Tamegua, y durante toda la semana no paraban de decirle los más abominables apodos derivados de su nombre de familia, recriminando su metida de pata, el autogol, el gol de la vergüenza.
Chungo Tamegua cansado de tanta mofa, convenció a su madre para que fuesen a la alcaldía municipal y le cambiaran de una vez por todas ese nombrecito de calvario: Chungo Tamegua Maravilla.
Al parecer, el destino había desfavorecido a Chungo, pues, debería llamarse Jesús Maravilla, pero al momento de su inscripción en el registro civil de la alcaldía de Jocorón -pueblito de frontera de La Unión-, la secretaria de turno fue literal y escribió tal cual había dicho la madre del recién nacido: Se llama como su padre.
Conocido del caserío, al susodicho padre lo llamaban por el diminutivo de Jesús: «Chungo», y para diferenciarlo de otros homónimos -pues habían como diez Chungos en Jocorón-, le decían: «el de la tamegua», lo cual traducido del dialecto Lenca al Español quería decir: el que corta la hierba de la milpa. Automáticamente la secretaria de turno escribió en la partida de nacimiento del recién nacido: Chungo Tamegua Maravilla.
Durante la guerra civil muchas familias del pueblito de Jocoro tuvieron que emigar, para escapar del fuego cruzado de los bandos en guerra. Así fue como nuestro héroe Chungo Tamegua emigró con su familia a la metrópoli de San Salvador, en busca de seguridad y porvenir. Ya en la capital, la madre de Chungo se hizo cargo de la familia, mientras el padre siguió la ruta de los Yunai como inmigrante. Pasaron los años, terminó la guerra, y allí estaba ya Chungo Tamegua estudiando cuarto grado en la escuela Mejicanos número 2, y , enlistado en la gloriosa selección de fútbol de su plantel.
Después de aquel emocionante partido de fútbol donde Chungo se agenciara el fatídico autogol, gol de la vergüenza, la madre comprendía el malestar de su hijo y, se dieron cita en la alcaldía de Mejicanos. El trueque de nombre no estaba fácil, la empleada del registro civil fue clara en explicar que se necesitaba hacer el trámite ante un abogado y con dos testigos que conocieran a la familia.
-¿Y por qué desea cambiar el nombre al muchacho? –preguntó la empleada, por rigor administrativo.
-Usted sabe, hay nombres pasados de moda que se prestan a la burla. Además todos los compañeritos de mi hijo llevan nombres supermodernos –respondió la madre de Chungo, y en seguida le contó los pormenores del equívoco a la hora de hacer la partida de nacimiento en el pueblito de frontera de Jocorón.
La empleada municipal continuó su cuestionario, según el rigor administrativo, esta vez dirigida al chico:
-¿Y cómo te deseas llamar, hijo?
-Pues...¡Internet Maravilla! –dijo Chungo con toda la naturalidad del mundo.
-La verdad, eso será difícil, porque hay una ordenanza municipal recién aprobada en todo el país, que prohibe usar nombres extranjeros –dijo la empleada.
Por un momento Chungo y su madre se quedaron en silencio, se miraron con resignación, como diciendo que no podían pagar un abogado. Pero la empleada municipal retomó la palabra:
-Se puede cambiar el nombre, pero deben elegir un nombre en español o en náhuatl.
-Bueno, me llamaré Jesús Maravilla, como debía llamarme –aceptó Chungo.
La empleada municipal abrió una gaveta, sacó una ficha, escribió una nota y luego dijo a la madre de Chungo que podía pasar a la sección jurídica de la alcaldía, un abogado seguiría el proceso a través del programa de servicio social.





XICALAPA





Cuento de Walter Iraheta Nerio
Después de un largo rato de camino en la montaña Xicalapa, el joven Balam se detuvo junto a un riachuelo para beber agua, se inclinó hacia la charca y mientras bebía el virtuoso líquido, un presagio tomaba lugar en su mente. El joven trató de no turbarse y se entregó a mojar su negra melena.
Balam regresaba del pueblito de Toyos, a donde había viajado para buscar comprados que urgían a su madre. El sudor y la fatiga imponían descanso a mitad de la montaña, y Balam se entusiasmaba con la frescura de la quebrada.
De nuevo Balam deleitaba frescos sorbos de agua cuando advirtió un ruido que removía la hojarasca, un ruido que por breve y ligero le despertaba sospechas. Balam esperó un instante y al no oír más aquel ruido, dispuso seguir con su descanso.
Sentado sobre una roca, Balam pensaba que en sus quince años nunca dio importancia a los presagios, ahora no quería dejarse atrapar por supersticiones, y se entregó a mirar los helechos gigantescos que poblaban la ribera.
Como cada vez que se detenía en un camino, a Balam le gustaba contemplar los parajes, detalles en las plantas, en los animales y en la misma tierra. Le sorprendía la geometría perfecta de las nervaduras y el decorado de formas caprichosas en las hojas de los helechos.
Frente a la foresta Balam dejaba correr su fantasía y pensó que los inmensos helechos eran animales mitológicos, los gruesos tallos cobraban majestad y las hojas parecían alas de gigantescos pájaros convertido en arbustos.
Todo era gigantesco en la montaña Xicalapa, los árboles debían ser del inicio del planeta, se requería inclinar la cabeza hacia atrás para mirar los copos, arriba se extendían las ramas como techo, y se necesitaba tres hombres para abrazar un tronco.
A Balam también le gustaba mirar el combinado luminoso y delicado de las orquídeas, poseían tanta luz que iluminaban los troncos y las cortinas de lianas que flotaban en la foresta.
Parecía que la naturaleza compensaba la sombra del bosque, y las orquídeas estaban allí para fabricar luz. De las ramas de ceibos, chilamates y ujushtes colgaban orquídeas como soles y estrellas. En los troncos legendarios se extendía un tapiz de musgo, parecía un grueso abrigo que envolvía la espalda del árbol, justo donde el sol no calentaba. Era una simbiosis, el tronco daba la savia y el musgo daba el abrigo.
Balam se maravillaba con la perfecta perpendicularidad de las cañas, la equidistancia entre anillos y la textura metálica amarillenta como otra versión tubular de las orquídeas. También las cañas estaban allí para dar música con sus hojas de seda y el crujir de sus tallos.
Entre hojas y troncos Balam descubrió minúsculos escarabajos que ya conocía muy bien, pero le seguían maravillando. Era increíble ver como los escarabajos salían de la hojarasca oscura, y brillaban con sus corazas de metálico escarlata, oro, ópalo, esmeralda o pintados como mosaicos.
La misma sensación fantástica le producía el revoloteo de furtivas libélulas fluorescentes. Las libélulas hacían una danza veloz que dibujaba trazas geométricas en el aire, como un ritual. Después las libélulas planeaban para caer en picado sobre las charcas, y se elevaban con la velocidad de un parpadeo.
Mirar esos detalles de la naturaleza producía a Balam una armonía en su alma, minúsculos detalles en el universo de la montaña. Sin embargo le inquietaba mirar como la fantástica ingeniería de colores y formas de los insectos terminaba en un picotazo de pájaro. El arte de la vida terminaba en un picotazo. Pero, a la vez, los pájaros tenían sus propias maravillas y colores y cantos y jugueteos, que también le despertaban pena al pensar que tanta belleza terminaba en una tarascada de felino.
¿Cuánto tiempo tardaba un escarabajo en crecer y mostrar sus bellos colores pétreos o metálicos? La naturaleza era tal, una cadena de vida y muerte.
El extraño ruido volvió en sí a Balam y lo alertó a mirar en derredor, pero como regresara el silencio fijó sus ojos en la minúscula hierba de la playa que se alargaba junto a la charca. Allí descubrió insectos transparentes, pero no quiso regresar a la contemplación, aún tenía sed.
Balam tomó pequeños sorbos de agua, se tendió a ras de la pequeña charca para refrescar su ardiente rostro y regresó a la roca para seguir su descanso. Por el ruido sospechoso Balam tenía de nuevo el extraño presagio, batiendo entre su pecho.
Sobre las cumbres de la montaña Xicalapa, el joven Balam miró deslizarse bancos de neblina, por momentos la foresta quedaba escondida y el juego de sombras tachonaba los bosques con distintos tonos de verde, azul, marrón y gris.
Todo era tranquilidad, y en esa paz reposaba Balam, cuando el ruido sospechoso de nuevo removía la hojarasca.
Acostumbrado a los secretos avances de animales montañeses, Balam aprendió a diferenciar los ruidos que advertían cualquier presencia. Sabía distiguir los pasos de un zorro a los de un coatí, los pasos del puma eran casi inaudibles, pero los pasos del tigre no dejaba oír en absoluto ni el más leve roce de sus pisadas sobre la hojarasca. Balam sabía que el ocelote era muy audaz porque se emboscaba, pero sus saltos de avanzada lo delataban. Por supuesto, era muy notable cuando una estampida de dantos se aproximaba, pues removían los cerros con estrépito, en cambio se dificultaba advertir la llegada de una manada de monos congos, a no ser por las ramas que balanceaban en sus saltos.
Balam fue instruído por su padre en la tradición xicaque, para que supiera conducirse en la montaña. Balam podía evadir peligros, diferenciar sonidos, identificar huellas en la tierra. Por las formas de las huellas sabía qué tipo de serpiente se había deslizado, qué clase de escarabajo dejaba tales rastros. Diferenciaba además los olores animales esparcidos en el aire.
Balam aprendió que de todos los animales el más temible era el tigre, con abundante presencia en las leyendas que de voz en voz daban cuenta de tal voracidad, aunque paradójicamente era apacible. Tanta fiereza tenía el tigre que podía cortar de tajo el cuello a un venado, pero igual no era un animal insaciable. Lo temible del tigre llegaba porque era asustadizo, un animal asustado era incontrolable, por ello no se debía asustar al tigre, era mejor simular o ignorar su presencia, pero sin darle flanco de ataque.
Por esos relatos de fieras, durante las extensas travesías por la montaña Xicalapa, los lugareños xicaques viajaban en grupos, cuando no, llevaban sus lanzas y sus cuchillos de obsidiana para disuadir una embestida.
Cruzar los senderos de la montaña no era peligroso, aunque el riesgo de un ataque animal llegaba por el sentido de proteger su territorio. De todos modos, se decía Balam, no era agradable ser perseguido por una manada de traviesos monos congos, y mucho menos por el tigre.
Los pobladores de la montaña, el pueblo xicaque, raras veces bajaban a las villas de los ladinos, pues en las aldeas tenían sus propias industrias y cultivos comunitarios, conservaban sus costumbres y su lengua xicaque, y viajaban a los pueblos solamente para el trueque de sus productos por medicamentos o alguna herramienta.
Por fin, ante la persistencia del ruido entre la hojarasca, el joven Balam subió a un risco para cerciorarse de la llegada de alguna bestia. Quería saber si enfrentaba ya el asedio de ese adversario felino. Para ese momento Balam había observado los árboles que podían protegerlo, en caso que un tigre lo arremetiera, subiría a un árbol de tronco liso.
Desde el risco Balam sintió un ruido escandaloso de piedras que rodaban. Con suma precaución dispuso su lanza, apuntando hacia el lugar sospechoso. Aunque descartaba que fuese un tigre, porque no habían olores felinos en el aire.
Balam nunca había atacado a ningún animal, mucho menos a un felino de gran talla, pues, desde antes que se recordaran los nombres de los parajes y las cosas, la ley de la montaña Xicalapa vedaba matar animales, solamente en casos de defensa personal o para la alimentación se podía sacrificar a un animal. Aunque en las aldeas de la montaña criaban conejos, guajolotes o pescaban en el gran río.
La neblina envolvió la foresta, una brisa fría bajaba como señal de inminente aguacero. En tanto buscaba otro signo de presencia animal, Balam alistó su lanza, sentía agitados tamborileos entre su pecho, trataba de no alarmarse, pensaba como en otras veces que el enigma podría resultar convertido en un danto extraviado de su manada.
Los dantos siempre aparecían del silencio cuando andaban solos. Pero en manada, los dantos aunque bromistas, eran capaces de botar un árbol de un golpe con la frente. Pero esta vez el ruido era suave, y parecía ser de un pícaro coatí que iba buscando cangrejos entre rocas, así que removía la hojarasca.
Pensaba en el tigre, pensaba en el danto, pensaba en el coatí, el joven Balam tenía ya la decisión y el instinto listo para el ataque final. Estaba decidido a batirse con la lanza en cuanto descubriera el asalto de la bestia. El ruido estaba a pocos pasos, Balam aspiró cuanto aire pudo y lo retuvo entre su pecho.
Allí, junto a un grueso tronco estaba ya la temible fiera, se le podía oír por el ruido de sus pasos sigilosos.
-¡Pero no! –exclamó Balam.
Todos los presagios se sublimaron, Balam recobró su respiración normal, mientras se acomodaba en el risco para tener mejor vista.
-¡Un venado! –dijo Balam para sí.
Allí estaba el venado bajo el ramaje de los arbustos, echado sobre un lecho de hierbas.
Los ojos de Balam brillaron como azabaches y su rostro expectante ganó una sonrisa:
-¡Vaya misterio!
Balam recobró la paz y sintió la tibiesa del sol que de nuevo aparecía entre claros de los bancos de nubes.
-¡Qué alivio! No era el felino –dijo Balam, mientras miraba que el venado se escondía entre el follaje y la hierba.
Balam bajó la lanza de obsidiana, mientras miraba hacia los arbustos para averiguar por qué el venado no escapaba con su presencia. Un caso inquietante, porque los venados eran escurridísimos, no se dejaban acercar a pocos pasos.
Balam pensaba que era una suerte no haber tirado su lanza, y ciertamente se abstuvo de batir al venado, pues, otro presentimiento lo iluminó. Además nunca había atacado a un venado porque pesaba la tradición que el espíritu humano reencarna en el venado. Justamente xicaques quería decir: hombres venados.
A decir verdad Balam llevaba su lanza de obsidiana solamente para ahuyentar cualquier despistado animal que se le cruzara por el camino. Estaba seguro que tampoco mataría al tigre, solamente lo ahuyentaría, porque también la tradición decía que el tigre es el ser que nos conduce hacia el más allá, después de la muerte.
Finalmente el venado se alzó de un salto entre los arbustos, sin dejar de mirar y olfatear hacia todos lados. El venado dio un paso corto con cuidado, y en ese instante apareció otro pequeño venado.
Balam observaba que el animalillo con inquieto esmero alargaba su cuello, como queriendo beber con sus ojos aquel paisaje nuevo para él.
Se trataba de un venado recién nacido, y el animal grande era una venada.
-¡Vaya, que sorpresa! –exclamó Balam.
El sol ganó un trecho de cielo y dejó colar sus rayos por los bordes de las nubes, bordes dorados bajo los cuales nacía un arcoiris en el invierno de la montaña Xicalapa.

miércoles, 13 de abril de 2011

"Es difícil desmontar los mecanismos del terror"


Horacio Castellano Moya, Honduras-El Salvador,
Imagen de EL PAÍS de España




CRÍTICA: EL LIBRO DE LA SEMANA Horacio Castellanos Moya
"Es difícil desmontar los mecanismos del terror"
POR ROSA MORA 26/03/2011 (BABELIA) EL PAÍS.COM


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El Salvador de 1980 es el escenario de La sirvienta y el luchador, la cuarta novela de la saga de los Aragón: una historia extrema y estremecedora en la que el autor resalta los detalles de la vida cotidiana "dentro de la peor de las crueldades"
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Las novelas de Horacio Castellanos Moya no dejan indiferente y La sirvienta y el luchador menos que ninguna. La intensidad de la prosa y la historia que narra no dan respiro al lector. "Es una historia tremenda, de personas que, en medio de conflictos terribles, expresan siempre lo más extremo del ser humano".
Estamos en San Salvador en 1980, a finales de febrero y principios de marzo, poco antes del asesinato de monseñor Romero. Desde las primeras páginas sabemos que Albertico, nieto de don Pericles Aragón al que ya conocimos en novelas anteriores como Tirana memoria, y su mujer, Brita, han sido detenidos, quizá mejor secuestrados, y llevados al ignominioso Palacio Negro, donde se ablanda y tortura a los subversivos y de donde muchos desaparecen para no ser encontrados jamás.
El Gobierno represor y los llamados subversivos, cada vez más organizados y armados, se enfrentan a muerte. "La situación en El Salvador era irreversible. Se pensaba que surgiría algo en el centro, pero no, no había remedio, los extremos atraían. La vida cotidiana en ese contexto político es como una gran nube oscura de la que no hay manera de escapar: los detalles de la vida cotidiana dentro de la peor de las crueldades".
El Vikingo es un antiguo luchador. Está viejo y enfermo. Su tarea actual es la de ablandar a los detenidos, pero a él lo que le gusta es salir de pesca, a por la presa, pero ya no se lo dejan hacer, dicen que ha perdido reflejos, por eso lo tienen en los sótanos. Pero en esta ocasión, sí le dejan salir de caza, a por Albertico y Brita.
María Elena sirvió en casa de don Pericles y de doña Haydée, y la familia Aragón le pide que atienda la casa de Albertico. Es ella, la que escucha las homilías de monseñor Romero, quien se da cuenta de que la pareja ha desaparecido. Teme lo peor. Reza porque no les hagan daño.
Ante la pasividad de los Aragón, que confían en sus teóricos contactos para encontrar a Albertico y Brita, María Elena pasa a la acción. "Ella tiene la energía positiva que no tienen los otros personajes. Una energía moral que le impide estar paralizada por el miedo. No tiene ideas políticas muy claras, pero sí sensibilidad hacia la justicia. Puede hacer frente a una situación peligrosa. Transmite una idea de esperanza". En su frenético ir y venir para encontrar a los chicos, María Elena recurrirá al Vikingo, que en otros tiempos estuvo enamorado de ella.
La sirvienta y el luchador está estructurada en cuatro partes y un epílogo. En la primera, descubrimos al Vikingo; en la segunda, a María Elena. La tercera es una explosión de voces: Belka, la hija de María Elena; Joselito, su nieto; la gorda Rita. En la cuarta, el Vikingo y María Elena volverán a encontrarse, en un hospital. "No es una historia de buenos y malos. Incluso en el Vikingo hay un atisbo de humanidad".
Al final todos saldrán perdiendo. Es como si esa nube oscura de la que habla Horacio Castellanos Moya les castigase. Es la desolación. "A veces, la cotidianeidad se convierte en tragedia". El epílogo es duro, con un guiño de humor terrorífico. "Explica lo que vendrá, indica el túnel negro de la guerra, sus prolegómenos. La guerra saca lo peor y lo mejor del hombre".
La saga de los Aragón se inició con Donde no estén ustedes (2003), siguió con Desmoronamiento (2006) y Tirana memoria (2008). ¿Habrá una continuación tras La sirvienta y el luchador? "Probablemente. Estas novelas van creciendo de forma espontánea. No tengo un diseño preciso de la saga, pero casi siempre queda un fleco suelto". Ojalá. El lector se pregunta qué será de Joselito, que tiene ahora 19 años y está con los subversivos armados.
En El asco (1997), el escritor narra la demolición política y cultural de El Salvador; en el libro de relatos En la congoja de la pasada tormenta (2009), habla del miedo, de la violencia que trastorna la vida, de la guerra, del destierro, de las difíciles relaciones humanas. Son solo dos ejemplos de su obra, que estremece.
Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, Honduras, 1957) se crió en El Salvador. "Mis historias son de El Salvador. Su eje es la experiencia de mi formación y crecimiento en este país. Quedé conmocionado. De ahí la radicalidad de mis temas".
¿Alguna vez podrá escribir sobre un país en paz? "Creo que yo no veré esa paz. El gran problema es que una sociedad vive aterrorizada por la violencia política y cuando se logra una cierta normalidad, vive aterrorizada por la violencia criminal. Cuando todo esto alcanza a dos o tres generaciones es difícil desmontar los mecanismos del terror. Centroamérica vive el cansancio de una vida en zozobra permanente".
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*Artículo publicado en el Suplento Cultural BABELIA, El País, España.

martes, 12 de abril de 2011

POEMAS DE OSWALDO ESCOBAR VELADO


Oswaldo Escobar Velado




Justicia



El salario en la fábrica está bajo
No alcanza la moneda.
Ya no hay nadie que pueda
Vivir con lo que gana en el trabajo.

Los trust y cartels lo reparten todo:
Para los accionistas, el dinero
Como río abundante, ¿y el obrero?
Le dan sus cents, por cierto de mal modo.

Es ésta la justicia del presente:
Una balanza que en siglo veinte
Dejó de ser precisa.

Se puede concretar de esta manera:
Por llenarle a un míster la cartera,
Se le deja al obrero sin camisa.

Del Libro: Poemas con los ojos cerrados
© Oswaldo Escobar Velado




Pieza de mesón de un obrero




Una percha adquirida a precio módico.
Tres ladrillos aspiran a cocina
Colocados de intento en una esquina.
Un gran quinqué. Retratos de periódico.

Un San Antonio con el vidrio roto
Y adornado con flores de papel.
Ropa sucia en el suelo. Un alboroto
De figuras decoran un cancel.

Tal es el cuarto en que el obrero tiene
Que ir viviendo. Apenas se sostiene.
¡Él no puede vivir de otra manera!

¡Por esta pieza pagará mañana
En concepto de renta a la casera
La cuarta parte del jornal que gana!

Del Libro: Poemas con los ojos cerrados
© Oswaldo Escobar Velado




Soneto a Pablo Neruda



Atacante, atacado, no vencido.
Bernardo de O’Higgns con sus sueños grandes
Te cubre para siempre. Estás ungido
En la nieve perpetua de Los Andes.

Va tu oceánica espada reluciente
Con un poco de luna salitrosa
Llenando con su luz al Continente,
Contenido en tu sangre generosa.

Empujada por diástole suprema
En un impulso limpio de pecado
Tu palabra de amor, todo lo quema.

Delirante, Neruda, llegó el día
En que estás por los hombres ubicado
Más allá de tu angustia y tu poesía.

Del Libro: Poemas con los ojos cerrados
© Oswaldo Escobar Velado





Anhelo de libertad total




Bajo este viento negro que golpea la noche,
Lejos del tremendo fastidio de las ciudades grandes
Quiero decir mi canto de libertad, yo solo.

Yo quiero huir del corazón del mundo,
Dejar estas raíces que me atan a la tierra,
Soltar estas mis manos que ni siquiera pueden
Ir a tocar las rojas pupilas de los astros.
Mi cabellera amarga, mi boca sin un grito,
Mis ojos como lámparas en los mismos paisajes
Anhelo de ser pájaro y anhelo de ser astro.

Deseo de oir música y de encender la rosa,
De saber si el verano trae botas azules,
De ver cómo los ángeles desnudan a la aurora
Y saber si en los ríos hay violines tocando.

Emoción de meterse debajo de la tierra
Y de sentir la vida de las frescas raíces.
Emoción de querer ir dorando los frutos
Para jugar con ellos y jugar con los niños.

Libertad es olvido de las ciudades tristes
Que tienen cementerio;
Libertad es olvido de las cadenas frías
¡Olvido de este lastre que nos ata a la tierra!

Del Libro: Árbol de lucha y esperanza
© Oswaldo Escobar Velado

lunes, 11 de abril de 2011

POEMAS DE GABRIEL OTERO


Gabriel Otero, El Salvador





CUERNAVACA





¿Cómo no sentir la inesperada
piel de tus tardes?
¿Cómo no dormir en las cúpulas
de tus iglesias?
Si fue tu lluvia la que conjuró
a mi sortilegio.
Si fue tu follaje el que curó
a mi garganta.
Y si en tu cielo desierto
no encuentro el rastro de un oráculo
será la hora de guardar los ojos
en los bolsillos del pantalón
será un nuevo tiempo
para empacarte y llevarte conmigo.






POETICA V





Hace mucho tiempo
me perdí
en la desmemoria

la silueta del volcán
es sólo la quimera
de una mente ociosa

mi polvo lo esparcieron
por los cafetales

mi sangre
fue bebida por medusa

mi nombre
fue inmolado en nombre
de lo insano

pero todavía existo

persisto en la incorregible
búsqueda de mi palabra






VEJEZ





La secuencia vital
ardiendo

Cronos sumergido
en el abismo

la vida que se fuga
en el incienso

es tiempo de coser
una mortaja
de estrellas





POÉTICA VI




La estocada
de un florete
en el mismo
lugar

por ahí
punza
la madrugada

por ahí
duele
el fermento

y sin
tropiezos
de la herida
florean
los versos
sin filigranas

de la destreza
del orfebre
viven
o agonizan
en el olvido.

domingo, 10 de abril de 2011

POEMAS DE DANIEL EGUIZÁBAL


Daniel Eguizábal, El Salvador





Guatajiagua 3:45 P.M. Al sur de los recuerdos




Para Carnen González Huguet




Esta calle sombría al sur de los recuerdos
Hace parir tu voz en mi tímpano sin ruta.
Todo lo escucho
Desde el ronroneo implacable de un motor
Hasta la música sin nombre que anida los sentidos.
Fragua la brea de los días la calzada
Reza el alma un estertor de lluvia interna
Lo que fue historia —tu voz sobre mi vaso—
Lo grita un ángel milenario
Desde el fósforo del alba
Hasta el túnel de los ocasos malheridos.
Irreverentes brújulas —las aves—
Inventan formas de leer los cielos
Bajando hasta la fronda de un abecedario azul
Que sangre fiebres de tu mano hasta mi mano
Al compás de algún añoro.
Sobre esta calle sombría al sur de los recuerdos
Arremete con su fibra
El burro indescriptible que pisamos
Junto a los primeros hijos de la tarde.
Un tropo fugaz se vuelve llano
Incendiando en voz alta
Los gritos oscuros
Que no cesan de lagrimar las horas.
Sobre esta calle sombría
—como si un dejo vacía sus ayeres—
Los relojes se agrandan
Y nos alfiletea el alma
La uña diminuta del silencio.
Sobre esta calle sombría
En algún lugar del tiempo
Se desnudó tu paso junto al mío…





Memorial de savia




Si no amara los silencios milenarios
No hablaría con el yodo de mis ojos.
Si de mi boca a tu boca no bebiera tu voz
No reventaría la mía como esperma fértil;
Ni me alzaría ermitaño
Tras la infinita alegoría del silencio.
Y, aunque me trague a copos
La bruma rumorosa de los mares
Y el tañer de las cuerdas de la aurora
Me señale desafiante con el infinito dedo
De su sinfonía de colores;
No sería un coro cotidiano a quien yo escucho
Sino un verdor de algas
Entrelazadamente sangrante
Bajo las aguas impecablemente puras
Como el tacto del recuerdo
Que incrusta su savia y canto
A párpados cerrados en el alma.
Por eso, ahora viajo soledosamente amanecido
Hurdiendo a cafetos; a laurel recién talado,
Este recuerdo que más que arder en la memoria
Es un calendario de bronce
Que despide su luz
Al solo roce de tu acento.

Mas, si yo no amara los vocablos
Que crecen al pie de los horarios
O al pie del vitral de tu existencia;
¿Qué sería de mi oruga a punto de estallar
Perdidamente prendida del velo colorido de tu sangre?
Nada,
Que no fuera una gastada hoja que transita
Triste, muy triste… de la mano del otoño
Destilando a flor de viento
Su última intención de savia.
Por eso, háblame mujer; lo necesito
Incrústate como un botón
En el ojal de mis inicios.
Dame tu influjo
Para encender este gastado fósforo del ansia.
Háblame, abre la urna depositaria de tus lianas
Toda la intención felina
Con que aromas la alfombra de tus sueños.
Háblame con intención de olmo,
Con la palabra bálsamo a toda hora
Creciéndote en las formas
Y ábrete como un capullo madreselva
O como una rosa incendiaria
Y delirantemente virgen cada día.





Esta mano viajera




No sé si es horario que se oculta
O si acaso una voz aquí se agranda.
Si es latir de un recuerdo que resulta
Cuando en vela el ayer me lo demanda.

Cae el lápiz como hoja en un manante,
Muy lejos silba el tren de la nostalgia;
Que por tarde es su luz cuarto menguante
Que atina humedeciendo aquí su estancia.

¡Vaya cielo sin nombre cada paso!
Si no atrapo este cielo me retraso
Y es el peine del alba quien descalza:

A esta mano viajera entre la fronda
A la rosa que punza aquí bien honda
Y al silencio que en alas me rebalsa.





Entendimientos para reencontrar la fuga




Para Claudia Hérodier,
A Volcán de mimbre





El poeta se gasta entre palabras
Y alfileres
Como el vino.
Quiere —no todos ni siempre—
Rebalsar la copa del desvelo
Y morirse boca al cielo si hay estrellas.
En vano intenta serle fiel al sonido
Para ganar tranquilamente el precio de su muerte.
Viaja desde los cielos del hambre
Hasta entregar el beso más inocuo
Y en el fondo de su vaso sin ayeres
Duele una inscripción que no busca ser leída:
“Nací muerto”
Así da las manos a las heridas este duende
Y va diciendo —¡Hola! Entre sonrisas—
Al golpe otorgado por quien lee y relee
Las huellas descalzas
Que sangra en cada fuga.
Y, para más no muere fácilmente
Cada día junto al alba resucita
Enarbolando su geranio virgen con más fuerza.
Y, cuando se va junto a su hora
Quienes le vieron zarpar en algún buque casual
A diario le dan vida
Rebuscando en sus escritos.

sábado, 9 de abril de 2011

“LA DESESPERANZA COTIDIANA Y EL PÁNICO SOCIAL DE LA VIDA MISMA EN “SINFONÍA DEL CAOS” DEL POETA ANDRE CRUCHAGA” (*)


Alfonso Velis Tobar, poeta, ensayista, catedrático, El Salvador-Canadá




“LA DESESPERANZA COTIDIANA Y EL PÁNICO SOCIAL DE LA VIDA MISMA
EN “SINFONÍA DEL CAOS” DEL POETA ANDRE CRUCHAGA” (*)
A manera de Prologo



Por Alfonso Velis Tobar
Carleton University MA.
El Salvador-Canadá.




El poemario “Sinfonía del Caos” del poeta salvadoreño Andre Cruchaga, titulado en su Primera parte “La noche, red de abismos” y su segunda: “El País, sangre en mi voz”, cincuenta textos poéticos en su conjunto total. Este es una lectura analítica, un análisis sociológico, conceptual, critico del contenido a partir de su temática, del significado y las circunstancias histórico-vivenciales que enmarcan su discurso poético. Poesía fresca renace desde las elucubraciones de una conciencia enfrentada a los pormenores y asombros de la vida misma, realidad que nos golpea, que punza los ojos entre los avatares de la vida, las heridas del sueño y del alma: “Debajo de la vida, la muerte renace cada día con su borrosa porcelana de quebrados vientos.”, exclama espontáneamente el poeta. Hay mucha plasticidad en estos versos, reflejando un espíritu de angustia y desesperación. Donde cada día es una imagen infernal que nos rodea de poros que sangran la ternura y hasta los pájaros mueren de nostalgia ante la ecología del tiempo y la verde natura que se resquebraja. Cada día es un instante inesperado de incertidumbres donde la muerte presenta diversos nombres y formas de morir, entre espejos misteriosos que refractan esa polilla del tiempo que nos devuelve pálidos tormentos y asombros inesperados.
Hemos vivido y vivimos tiempos difíciles y seguiremos viviendo en nuestra tierra, vivimos, soñamos una patria con luminosidad y a sus alrededores ronda el desahucio, la muerte que acecha, el hambre que azota y la miseria que asusta, vienen tomándose por asalto violento, volviendo intransitable hasta las calles, hasta los mismos perros callejeros, sin sentido humano respiran y deambulan agónicamente sus ladridos desesperanzadores. Es cuando el poeta clama: “Pero las calles de mi país te salpican con sus cuerpos mutilados y te comen los cadáveres y las cloacas”. Un país de elegías, encantos y desencantos, de llantos y quebrantos, ante los espectros estupefactos, los cadáveres que ya no se ocultan a la luz del día, como perros tirados en la calle. E imagen de desintegración social que roe los ojos, deshumanizándose los sentidos, distorsionándose las entrañas y los pájaros cantan sus espantos. El poeta se conduele ante el porvenir inesperado de su país, en “alas de gemidos, delirantes quejas”. Una ciudad un tanto moribunda, donde “la saliva de la noche borra hasta los parpados”. Aquí hay un espíritu muy contemplativo que canta con tristeza el más mínimo detalle: Ahora hay un País donde la tempestad del hambre. /Azota y patea en su levadura de guitarra. /Ahora hay un País de violines inmóviles, /Haciendo del día una lanza de campanas. /Ahora hay un País con oscuras goteras, /En sus ventanas gime la gruta de la noche. /Ahora hay un País de podrido océano: tierra de orgías. /Ahora hay un País de insaciable desvelo. /Ahora hay un País, simplemente, de armada miseria.”
El poeta entre dientes blasfema, vocifera, habla solo, se conduele de un país, ante la desdicha de su historia, que no ha conocido la felicidad de sus encantos, ni la de su belleza natural, una historia manejada por el poder de chacales y buitres y otras aves de rapiña que aletean a la expectativa y al asalto de su presa. “De que madera se hizo este país que la polilla lo deshace”. Imagen de una realidad falsa y exótica, aparentemente respirable entre el consumismo, la alienación, la enajenación del poder imperial, del dólar con derroche para unos o del bolsillo quebrado y roto para otros entre la lipidia de sus ensueños. Esta punzante realidad donde “El cable y la TV. No sirven para el entendimiento. Desde ahí se reparte la violencia y se aprende a matar impunemente.”(La vida es menos la vida). Claro vivimos una cultura de violencia, el cine y la televisión bombardeando violencia, los medios de comunicación al servicio de sus interese criados, de un obsoleto sistema incapaz de dar bienestar al pueblo, injusto sistema que engendra violencia en todo sentido y por todos lados de estos veintiún mil kilómetros cuadrados vivimos esa violencia, de sangre, de aprieta canuto, de dame un campito que nos convierte en un país de mente estoica, grotesco en su imagen de hormiguero vivencial, de fondo el pueblo luchando por sobrevivir, es sudor sufrido y valiente para soportar esta realidad de luces y rótulos en ingles, vivimos un aparente progreso de luces, colores, escaleras electrónicas. Porque “Jamás ha habitado el sol de la prosperidad a esta tierra.” Porque no hay para el poeta ni siquiera un halito de esperanza, porque ésta ha sido siempre una especie de “cuerpo sin alma”. Porque “En mi país, el caos es pan y silencio”. Esa es mi patria de los dol(o)(a)res, país de falsas “sonrisas”, expuesto a la amenaza de las catástrofes naturales, de la radioactividad expandida en los espacios de la muerte, de los terremotos sociales, donde chisporrotean, martillos, yunques y sus volcanes apagados, del temblor en los huesos, de los diluvios invernales, de los desastres climáticos que arrastran la vida a los barrancos, de las gripes nucleares y donde surgen las bellezas del arte. Y así vemos que “Cada día cruzamos un laberinto de banderas transnacionales”. Estas calles de mi país respiran a diario aires lúgubres, de una ciudad con sus estertores ciegos y poluciones donde los pulmones de la noche envejecen de soledad, de temores y neurosis. “Y en la zozobra salta la altitud de la fe”. Entre piedras delirantes y sombras de ficción imaginaria, entre los velos de una injusta realidad virtual que nos engaña: “En mi país, el caos es pan y silencio.”
Esas elucubraciones de conciencia que plasman el alma del poeta Andre Cruchaga, que contempla y siente la patria misma perdida como niebla de la historia. De una historia donde todo ha sido dolor y muerte violenta entre lentas agonías, convulsos quejidos, pujos sociales y económicos. Por ello el poeta se pregunta con razón incomprensible: ¿Es que acaso no tenemos derecho a la alegría? Porque “Jamás la historia ha sido otra cosa, sino esqueleto, plegaria de la fe, espejo de la niebla”. Ante este devenir de cuchillos, de mordaza social, de sometimientos, de nostalgias y amenazas; y ya no es el respiro, de aquella atmosfera de guerra vivida dos décadas atrás, de psicosis por represiones militares o de escuadrones de la muerte decapitándote hasta el alma y donde el pueblo mismo con justa razón y valentía, supo sacar las uñas para lanzar una lucha liberadora, para hacerse respetar en su voluntad democrática y de conciencia libertaria; ahora es otra mordaza en que nos enclaustra la postguerra que vivimos, el de la inseguridad, el pueblo siempre paga el pato de los desordenes, de la hostilidad retrograda, donde impera el gozo de los explotadores, viviendo bien hartos, a costillas del sacrificio y la explotación de los más humildes, cuya fuerza de trabajo(cuando lo tienen) son salarios de hambre, de desnutrición y desnudez fantasmal. Esto es un caos social de ambientes cotidianos que nuestra patria plasma en repentinas muertes.
Es de notar que el poeta Andre Cruchaga evoca a cada instante los letargos sueños, las pesadillas y de transfondo la historia con el batallar de la patria, donde las ansia de emigrar son otros sueños, pero es como huir de la misma terrible pesadilla de la que nunca jamás despiertas y ni viviéndola con ojos bien abiertos y oídos ciegos entre los estertores que esculpen el pánico destino de la patria, porque esta realidad nos tiene como robotizados, hipnotizados como en un trance de muerte que agoniza. Donde “los delincuentes caminan a prueba de balas” y “Borran sus, titulares disparos y gritos”. Siento que aquí no hay lirismo estético en estos versos de Cruchaga, aquí hay angustia a secas, pesares, miedos latentes, onirismo desenfrenado…. Aquí se pasea la sombra de la muerte por las noches y el poeta parece platicar con ella en sus monólogos y es que uno poeta suele platicar con la muerte, la presiente, la imagina hasta sus extremos, en uno o en la alquimia de otros cuerpos. Aquí a la orilla de esta patria “Cuando sabemos que alguien puede matarte en la puerta de tu casa y seguir el hilo de la calle.” (Destino sin patria). Noto en algunas situaciones en esta poética aires surrealistas, con su temblor sombrío y la sonrisa que brota en mueca nerviosa, con gesto de payaso, que irradia alegría de carcajada teatral, pero vibra en las tristezas el corazón humano. Viene ese insistir del poeta ajotándole la muerte por las noches y no hay sosiegos de paz, ni serenidad en ninguna hora del día y de la noche. “En la escuela me enseñaron que la Patria, /Era un río cristalino, /Un sendero de anhelos, /Un recodo de apacibles montañas; /Pero no me explicaron los miedos, /El abismo, el suspiro agónico del crepúsculo, / Las espinas del libre mercado. Todas esas situaciones y circunstancias vivenciales son típicas en poemas como: “Persistencia de la muerte”, “El país (casi una elegía), “En medio de esta noche”, “El suelo a través de las ventanas”, “Registro memorioso”), y que luego “Se rompió la geografía en lagrimas”. En fin esa desesperación constante del poeta ante las vicisitudes de la vida que es menos vida, donde las casas, las cosas, las calles, rondan de fantasmas y féretros quejumbrosos. “Esta es un puñal, noche de ojos:/Gángsteres sobre el viento mordiendo los sueños/Del transeúnte. Losas ciñen los pies. /Ángeles malévolos haciendo la muerte.” Y ante lo vitrales oscuros la droga, el crimen organizado a la orden del día, manejados por los que planifican el dolor, la mafia que anda de traje y de corbata, la estocada de muerte y de odio al acecho, la vigilia y la psicosis del pánico, su delirio de rodillas, la bur(r)ocracia que se colma de holguras. Y esta patria nuestra con sus avatares inesperados, con un futuro incierto que nos hace flotar en la locura. Aquí donde todo puede suceder en lo cotidiano de la vida y sucede pues porque “estar vivo a menudo es tener miedo.”
En ese tono el poeta no se cansa de evocar con insistencia constante, estos fríos de desamparo, en un país donde nadie se siente seguro, sin esperanzas, ni protegido por seguros de salud, ni seguros de vida, ni siquiera seguros por la seguridad social del Estado como para brindar, en toda sociedad civilizada un mejor desarrollo de vida para el pueblo, todo es un caos como reflejo de esta lucha de clases, de esta lucha por sobrevivir cada día, aquí sálvese quien pueda. ¡Cuídate vos dentro de esta jungla llena de fieras que acechan con intereses creados! ¡En este potrero con relinchos de caballo, de mugidos y quejidos constantes! ¡Cuídate vos porque parece ser que mañana no te vea! Esta es nuestra patria sin destino ni gloria, más solo la gloria de los miles de héroes muertos, que cayeron por el ideal de hacer una patria mejor. Una patria con un “futuro luminoso” como la soñaba mi hermano el poeta Alfonso Hernández que cayó combatiendo porque un día los prados cantaran por el buen porvenir de esta patria.
Pero siendo objetivos con la lectura de esta poesía y leída con detenimiento, si bien es cierto, en este fluir de la conciencia del poeta Cruchaga, vemos tajantemente, que no hay una acusación directa y contundente, a los detractores causantes de este caos que él plantea, con su sinfonía de llagas, dolores sociales y colores matizados. Todo como producto de un sistema que históricamente traemos de arrastre por unos cuantos siglos, con la conformación de una burguesía criolla, que por generaciones y que desde la conquista misma, desde la imposición del colonialismo invasor heredamos, queriendo borrar lo autóctono de nuestra sangre y que hasta hoy no pudieron; pero ahora es un nuevo neocolonialismo que soportamos, que a sus antojos nos arrastra en sus mareas y olas sin legarnos nada a cambio, un imperio parasitario y saqueador, un mundo con transnacionales, para todos dividido, resultado producto de la postguerra en la cual estamos embarcados.
Según generalidades estéticas en estos momentos sentimos en el fluir de la conciencia de la mayoría de poetas y escritores salvadoreños, implícita una especie de acoso desesperado, de asco ante lo que nos rodea, de sufrimiento y caos de frustración moral. Dos años atrás los sectores populares pensamos con esperanza muy felices (sigo con esa esperanza), con el nuevo gobierno revolucionario, sentimos una nueva estrella al ganar el poder político, pero evaluando si las promesas han avanzado, no vemos claro, que se despunte a nuevos horizontes, la violencia, la injusticia social sigue igual, el pueblo no ha palpado cambios de bienestar, que difiera del antiguo régimen Pro-oligárquico liberal que solo pudo someternos con descaro, a una política muy subordinada al imperialismo y sucumbirnos más en la miseria, al permitir la dolarizaron de nuestra economía, volvernos más dependientes, permitiendo bases militares para su estrategias de vigilancia desde nuestro suelo, presionando a presidentes títeres para enviar a morir a humildes soldados en la guerra de Irak donde nuestra patria, no tiene vela en ese entierro
y poniendo nuestro lenguaje romántico en riesgo, nuestra identidad nacional ante la descarada penetración neocolonialista. El imperio al deportar a cientos de jóvenes genero mas violencia, convirtiéndose en bandas criminales (“Maras”), producto de la misma crisis económica, la desintegración social, ola del crimen organizado, de la mafia y el narcotráfico, herencia del anterior y nefasto régimen reaccionario. Esta situación favorece más al enemigo de clase (la oligarquía) cuyo fin desesperado, es desestabilizar al gobierno popular revolucionario y tomar de nuevo las riendas del poder para que todo siga igual, en esta sinfonía del caos social en el cual estamos inmersos.
Creo que esta es la hora de que este gobierno revolucionario, en quien hemos sembrado esperanzas, junto a los sectores progresistas, los políticos, las organizaciones de masa, los sectores productivos del pueblo, los campesinos, los obreros, los sectores educativos, los intelectuales, los propulsores de la cultura oficial y oficiosa, los poetas y los escritores somos los llamados a edificar una nueva moral, una política consecuente del tiempo presente para tratar de aliviar o terminar con este “Caos”, el pueblo debe sentir un cambio de bienestar social y económico. Para tratar de edificar una nueva realidad de justicia social, para rescatar nuestra cultura, para edificar una nueva poética (literatura), dentro de una verdadera cultura que reaccione como “Cultura de Resistencia”, frente a la cultura privilegio de una clase y contra la cultura Neo colonizadora del imperio. Todas esas situaciones y circunstancias de fondo traen a colación mental, la lectura de “Sinfonía del Caos”, del poeta Cruchaga, lo importante, es que su discurso poético, insita a pensar en los problemas sociales y económicos, que por ende nos llevan a este caos y no porque a partir de la visión poética de Andre Cruchaga, ni siquiera se insinúe, se haga alusión a esos álgidos problemas que vivimos, pero hay algo de efecto en esa imagen de “caos”, en sus vivencias existenciales. La poesía como arte no resuelve los problemas sociales, ni ayuda a transformar una realidad que enfrentemos, pero siendo una forma de la conciencia social, la poesía en efecto habla, contribuye a reflejar esos problemas del caos al que nos han llevado los que manejan el poder de sus bacanales glorias y gozos terrenales; los poderosos del capital, la oligarquía, que ni siquiera para si mismo, son capaces de modernizar su capital (me pregunto, si podemos hablar de “modernidad”, en este medio, pues la única modernidad que yo conozco, es solo la del atraso en el cual vivimos), incapaz de competir con el imperio, quien arrastra a los países más pobres, volviéndonos más manejables, mas dependientes a sus antojos e intereses, a causa del subdesarrollo del capital mismo, sino también por el subdesarrollo mismo de nuestra cultura. Entonces la poesía como una forma de la conciencia social, debe ser capaz de reflejar todo ese mal estado de cosas del sistema, todo consiste en cómo debe plantearse el discurso poético dentro de esta situación actual que enfrentamos y no se niega que algo hay en los versos de Cruchaga. Incluso para él: “El País ahora es ficción: Nada asegura claridad firme, /Cuando su aliento desvanece el pan, /Y la vida convoca, fiero engaño, / A subir borrosas escaleras…
En Síntesis esta primera parte “La noche, red de abismos” de diez y seis poemas, no es un espejo real que refracte los agudos problemas humanos y sociales que solemos padecer. De transfondo se refleja una realidad resquebrajada por el deformado manejo que padece el sistema y como resultado de los rastrojos de la guerra que finalizo con los acuerdos de paz en 1992. Aunque fue una guerra por la lucha del pan y la justicia, pero el pan sigue faltando y la miseria esta sentada en la mesa de los pobres. Aquí en mi país, como declama el inmortal poeta Rafael Alberti: “No se puede dormir y si se duerme, / El sueño es una cárcel clavados los cerrojos”. Porque de una u otra manera, con guerra o sin guerra, no se puede dormir ni vivir con tranquilidad, porque vivimos en desvelos, porque rondan en silencio las horas del crimen, dice el poeta Cruchaga, los demonios y esos “Ángeles malévolos haciendo la muerte”. En un geográfico destino computarizado de autores materiales con macabros pensamientos y planes criminales, con la fuerza bruta del poder que impera y dadivas que someten a su antojo, vidas, sistema y recursos naturales, que se debieran aprovechar en beneficio del pueblo mismo. Fuerzas del mal que nos exprimen, que nos sacan los ojos cual malignos cuervos que sin descaro actúan, con el riesgo de llevarnos al caos de una sinfonía con melodías dolorosas y partituras más trágicas y desalentadoras, aquí en nuestro diminuto país que es muy “grande para la desesperanza”.
Entramos a su segunda parte “El País, sangre en mi voz” que comprende 35 textos. Se abre con “Diario de un poeta”, poema sinfónico de gran unidad temática en sus 25 unidades que lo integran. Y seguido por otros diez poemas de tonos individuales, más no por ello, hay en su conjunto coherencia interna en su temática principal. Esta parte a partir del titulo mismo, es otro arrebato del caos humano, otra continuada red de abismos sin sentido y laberintos de macabra soledad, anotando las circunstancias del diario vivir del poeta. Es el otro infierno terrenal enmarcado en el otro espejismo de una realidad virtual dolorosa, de una ilusión óptica muy peligrosa, de mugre con encantos surrealistas, de sangre y voces que se derraman al acecho y es que la tensión de la noche es un detritus lamentable donde se refracta “La carcajada del asesino Sosteniendo en su taza de café una pistola. El País tiembla en su cuarto oscuro.”
Y en el poeta también hay instantes que reclama y rescata a la memoria de la vida hasta la presencia de sus amigos poetas: Susana Giraudo, en sus alas laboriosas, del amigo Heriberto Montano©, lo sentimos en su poema “Mudanza reverdecida”, la sensibilidad humana de Cruchaga clama el recuerdo doloroso del hermano que se fue con la juventud infinita del sueño eterno: “Por eso, la mano de Heriberto es verde: -¡Presencia es! Aquí esta frente a la luz. ¿Eco? No. —Entraña desgarrada entre la neblina: —Liberada alma en flor—, Frente a la caverna del poder: —Sombría raíz del suelo. Aquí está Heriberto. ¿Está aquí?”
Es notoria la constante persistencia de la muerte, la muerte violenta evocada a cada instante y ya no es la muerte en vigilia de la noche, es la muerte a pausas, es la muerte a plena luz del día, de la que aparentemente se quiere huir y ésta te persigue a toda hora, te acorrala inesperadamente y quizás en estos instantes está sucediendo en alguna esquina tenebrosa o callejón o en las calles, de mi país la muerte violenta y uno quisiera como tener alas de mariposa o de pájaro para cruzar otros aires más placenteros, paradisíacos, sin fronteras ni pasaportes: “En un callado suspiro se traspasan los espejos. Se necesitan alas verdes. Ser pájaro. Ser mariposa. Esta tierra es sorda a los sueños. A la inocente sed de los pabilos. A la verdad transparente del espejo. Pero no al ruido de la muerte. Y es la evocación trasnochada de la muerte y sus quehaceres: “A cada rato jugamos a los ojos de la muerte”. / “Aparece la obscenidad de la muerte” / “Cerca de mí siempre la muerte”. Aquí no hay esperanza en el lugar que te dio el primer suspiro o agoniza en la choza más humilde un pobre cristiano, realidad de la que se quiere huir como desesperado por sus asombros mortales: “El País tiembla con sus pupilas destrozadas. Este País, donde Lázaro, sueña sin cuerpo. Y el sudor se confunde con la orina…” Hay relación entre la Primera parte con la Segunda, en cuanto a la tensión que vive el alma humana en ambiente como de campo de concentración, inseguro, que a diario vivimos y se despierta quizás para salir a morir y uno ¿no sabe dónde?, ¿ni cuándo?, ¿ni cómo?, ¿ni por qué?, porque la muerte, te puede salir al paso y de repente te ciega la vida: “La inseguridad multiplica sus voces: Uno está en fuga permanente. Uno sale y camina para morir. Cerca de mí siempre la muerte: Sudario de esta vida sin defensa propia.”… Son los mismos versos dispersos que hemos escogido como ejemplos, que en su significado metafórico cuyos latidos hablan por si solos esa palpitación de muertes incesantes: “En el País aúlla la muerte.”/ “O la muerte, surco de moscas precipitándose”/ “Noche de náuseas frente al crimen”. /“Ahora hay un País con sábanas fúnebres.”/ Ahora hay un País con la tos del agua ensangrentada”. / “Sordera del verano en la mordaza cotidiana”. En un país donde pregonamos por la paz del cementerio, la paz de la desdicha, la paz de los poderosos, la paz de los que tienen que comer y viven en paz con su Dios y con su estomago, pero vigilantes, pistola en mano, capataces mayores para dar guerra defendiendo sus vienes terrenales, para no perder los privilegios de su paz porque: “La Paz viene acompañada con la muerte: / A pesar del lenguaje de la Paz, /El crimen nos deslumbra en las comidas: Carcome la niñez y respira en los adultos”.
En conclusión, en el caso, si bien es cierto en “Sinfonía del caos”, de Andre Cruchaga, tanto la Primera Parte: “La Noche, red de abismos”, como la Segunda: “El País, Sangre en mi voz”, en ambos el fondo temático es “la noche”. Con objetividad vemos tajantemente para enfatizar, que directamente no se acusa, ni siquiera se señala, quiénes son los propiciadores del caos social en el cual vivimos o hacia cuál vamos, y por culpa de qué factores injustos del sistema, estamos jodidos, inmersos en esta sinfonía del caos, propiciadores del dolor; y no se le puede pedir más a Cruchaga, como vuelvo a repetir, es una poesía existencial muy contemplativa de la realidad que nos rodea. Y para glosar su titulo, mi país, sangre en arena, pero en el fondo el poeta lo ama intensamente. Es la angustia desde el corazón de un poeta que a veces ironiza y expresa con sarcasmo sentimientos de desahogo, esa angustia de todos y que el poeta hace suya con toda ansiedad en su conciencia nihilista, todo por hacer un mundo de mejor complacencia humana, más agradable, más fructífero, más primaveral lleno de flores ¡Quién no quisiera un mundo feliz para todos de justicia, de igualdad social, de paz soñadora, de progreso verdadero!, entonces clama: “El País es así. Hay que quererlo, / Cambiarlo, hacerlo nido de pájaros, / Pleno de césped, visible a los ojos: / Plural hacia la luz —bosque de entendimientos / Y no viento del luto, ni cuerpo mutilado. /Hay que hacerlo con luminosa mirada /Y labios de guitarra. / Así sabremos mejor nuestro destino…” El Caos de injusticia social que vivimos tiene su base en los problemas de la infraestructura económica del sistema. Y una manera de hacer más hermoso a El Salvador, es cambiando de raíces este obsoleto sistema de infelicidad y desigualdades que nos ha llevado desde la colonización y sometimiento por siglos a una férrea lucha de clases hasta hoy y por ende a esta injusticia social. Ya que la realidad salvadoreña es un tanto compleja, trágica y quizás puede ser hasta un tanto confusa para interpretarla o sentirla en este momento para algunos creadores o poetas. Traigo a colación al respecto unas reflexiones del poeta Roberto Armijo a propósito de este concepto del caos: ¿Por qué? ¿Acaso la poesía es limitada para redondear y asir un entorno turbulento?” Y en mi experiencia personal como creador de poesía me sigo preguntando con Armijo: ¿Es incapacidad del poeta no lograr que su palabra eleve a categoría lirica el caos de un presente histórico caótico? Sobre todo frente a un mundo exterior que nos golpea y nos acicatea constantemente el alma creadora. Y para Cruchada esto: “Del clamor de la vida, viendo los golpes”, en esta realidad. Mientras en alguna esquina alguien desolla estómagos de una cuchillada a un pobre cristiano. El Salvador es un dramático dilema y que urge enfrentar para erradicarlo o se puede empeorar y a que factores se debe esta perenne crisis de caos y es lo que debería aclamar el poeta y a veces uno tiene que arriesgarse aunque se lo impida el vuelo. Por ello el poeta habla muy quedito al oído para sí solo, muy disimuladamente sabe ver, escuchar desde el misterio mismo de la palabra, es realidad que palpa desesperadamente y que también por añadidura humana al poeta sensible a esos problemas, nada le duele más como su sufrido País, el único terruño de nuestros sueños que nos vio nacer..

AVT. Canadá, London, Ontario, en fecha del martirio de Monseñor Romero, Marzo/24/ 2011.

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*- Andre Cruchaga (Poeta salvadoreño, 1957) Profesor Docente de Humanidades y desempeña una excelente labor como Coordinador de su publicación virtual Arte poética, promoviendo y expandiendo la hispanidad poética internacionalmente a través de su consultada “Antología Universal de la Poesía”, en “Rostros y Versos” de su “Arte Poética”. Ha publicado poesía en los idiomas portugués y Frances. Ganador de cinco premios en los Juegos Florales Salvadoreños (1985-2005) y ha sido Finalista. Primer Concurso Internacional de Poesía “Paseo en Verso”, México, 2004/2005. Tiene en su haber creador los siguientes libros: “Alegoría de la palabra”(1992), “Fantasía del Agua”(1992), “Fuego de la Intimidad”(1993), “Espejo del Invierno”(1993), “Memoria de Maylhurts”(1993), “Visión de la muerte”(1994), “Antigua Soledad”(1994), “Insomnio Navegante”(1991), “Césped sobre el fuego”(1995), “Fugitiva Luz de los Espejos”(1995), “Fantasía del Bosque”(1996), “Enigma del tiempo”(1996), “Roja Vigilia”(1997), “Querencia del follaje”(1998), “Rumor de Pájaros”(2002), “Oscuridad sin Fecha”(2006), “Pie en tierra”(2007)Poeta en Barataria, (2010), Viajar de la ceniza (2010), Sublimación de la noche (2010) y agregamos “Sinfonía del Caos”. Ha publicado en Revistas y páginas literarias nacionales y extranjeras. Ha sido incluido en la “Antología de la Nueva Poesía Hispanoamericana” (Perú, 2005) Para mayor detalle y comprensión en la obra del poeta Andre Cruchaga y de su prologuista poeta Alfonso Velis Tobar, como de otros poetas y escritores nacionales e internacionales se puede consultar andrecruchaga@artepoetica.net.

Heriberto Montano (1950- 2006) Escritor y poeta salvadoreño, docente universitario, murió joven padeciendo rara enfermedad. Miembro del Taller “Francisco Díaz”. Publico “Breve Canción de vida por el ausente” (2005). “Gato encerrado” (2003) “La luna de mi canción” (2003). Su ultimo poemario póstumo fue “La ciudad y la neblina” (2006), inspirados en su ciudad natal Santa Tecla. Su poesía fue traducida al ruso, árabe e italiano.

Véase de Roberto Armijo: “Algunas Reflexiones sobre la Poesía Salvadoreña”. Bulzoni Editore. Roma, 1990. Pág. 42.

lunes, 4 de abril de 2011

LOS SUEÑOS Y LA LUZ:APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE LEYLA QUINTANA


Imagen de Jon Sullivan


LOS SUEÑOS Y LA LUZ:
APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE LEYLA QUINTANA



Por André Cruchaga



Enfrentada, en suma, por una poesía que deriva en lo político, Leyla Quintana, asume una escritura de condensación moral, aun muy joven para tener esa convicción arraigada; dominada por las circunstancias, se abate en una poesía de emergencias, la que más tarde derivaría en testimonio de la transición democrática, de la cual el País no sale todavía.
Aquélla era una época donde se pensaba en la redención política, más allá de los individualismos y escepticismos que afirmaban o negaban cierta clase de poesía, cierta escritura. Era sin duda, poesía de emergencia, entrelazada entre los racionalismos y los sueños. En este sentido, prefiero no hablar de poesía de compromisos, porque al cabo, toda poesía con un mínimo de oficio lo es; prefiero decir, que la poesía de Leyla encarna, no la sacralidad ni el hedonismo, sino esa poesía que encarna compromisos civiles y ciudadanía: su poesía es producto de aquella convulsión histórica y revolucionaria. Y como tal hay que abordarla.
El investigador Lara Martínez, en: “Amada Libertad: en la otra esquina de la tristeza guerrillera”, lo deja muy bien planteado: Lo real de la guerra, antes de la trascendencia de una mañana, es la presencia de un dolor, el cual además de “padecer de pueblo”, convida la demencia.” Más que demencia, diría, es un permanente sufrimiento, la angustia, el terror, el caos, que de pronto provocan un revuelo de emociones. Esta muestra que tengo en mis manos de 246 folios, me dice que Leyla, había madurado, la guerra misma le había cimbrado esa adustez desesperanzadora. En el diario trajinar, de una posta a otra, de un campamento a otro, ella, la mujer, la combatiente, la poeta,


Desdoblo(aba) [1] la mirada de los cañaverales
oliendo a dolor y sufrimiento.
Desdoblo la mirada de los cañaverales
oliendo a dolor y sufrimiento.
Un niño por hambre agrieta sus venas
y arrolla tempestades.
una mujer violenta la calma
y aulla el silencio de pan y leche
un hombre cañal a cuesta
el viacrucis termina
crucificándolo sin piedad
al final del camino de la muerte.
(Poema: En los cañaverales)

Aparte del buen uso de los recursos retóricos, sobre todo, la imagen y la metáfora, cuyo dominio le da consistencia a su escritura, encuentro a una poeta lírica en el sentido más sublime de la palabra. A veces ficcional en tanto sus tareas revolucionarias y clandestinas, marginal en cuanto aborda una serie de elementos, espacios, gentes que han vivido de soslayo, al borde de la miseria, y por consiguiente, en el precipicio del caos y el vejamen.
Gabriel Celaya, en el prólogo a “El hilo rojo”, Visor, 1979, expresa:”como muchos de los poemas que recojo fueron escritos en circunstancias que el lector joven no habrá vivido,” ésta es una verdad que por tal no permite la discusión. El mérito, a parte del literario, que tiene este libro de Leyla Quintana, radica en ese encuentro con el “paisaje” caótico de la época, la lucha revolucionaria que se extendió por todo el País. Aquí el sujeto poético irrumpe en esa especie de infierno, poesía sin ropa enfrentada y enfrentando la realidad. Así,

Una desoladora corriente de gritos
agita sus alas al compás de la historia.


Un cautivo relámpago ensordece los corazones
que hoy sus sueños pretenden.
(Poema: Confesión)

“Es extraño que a veces olvidemos que el hombre/ nació para la dicha y el mundo de colores”, la libertad habitable, el amor y, en cambio tengamos el hambre, el llanto, la tiniebla y la violencia como trasmundos de estos sueños, a menudo, sueños ensimismados por el fragor de la misma subsistencia.
En la poesía de Leyla Quintana, hay además, una reflexión permanente entre el compromiso histórico, con el País, con su vida personal y la cotidianeidad. Su obra poética, que ha sido compilada y guardada celosamente por su madre, “es armable y desarmable; pasada, presente y futura; contextualizable y recontextualizable. Es así una poesía dinámica y dialéctica: no es, por cierto, “letra muerta”. Su poesía estará entonces apareciendo y reapareciendo a lo largo del tiempo en una gran diversidad expresiva.”

Cuando me muera
no me iré del todo
quedaré en tus anhelos e ideales
quedaré en las letras que un día
escribí en el odio
estallaré en mil y mas auroras
y seguiré amaneciendo
en la conciencia afilada de todos.
(Poema: Epitafio)

A menudo me la encuentro en su poesía como una médium manifiesta de momentos críticos y decisivos: llena, por lo demás, de pesimismo y la desesperanza, en ocasiones implícita o explícitamente en el poema esta manera de percibir el mundo.
Es sin duda alguna, “una realidad histórica, social, política y económica en la cual “[bajo] la apacible superficie de la tierra se gestan vastos movimientos”. Con tenacidad hace trascender el misterio de la palabra, la muerte insepulta, la vida que nos aporta el conjunto de los féretros, las tristezas que nos martillan las sienes, el fuego que nos quema con su cólera, el obrero combatiendo con su resistencia, el hambre que perdió su imán de tortillas. En fin, sus nostalgia unidas a la vida diaria.

A vos:
Los nietos de los hijos que nunca
pude engendrar,
mis zapatos agujerados porque
nunca amanecieron.
El coraje que mi fe en vos mantiene
el brillo en la almohada de la esperanza,
la marcha que no pude entretener
porque un cincel de oscuridad me acorralaba.
La casa de mi locura donde dejo
Las furiosas letanías de tu vientre.
Y finalmente mis caminos
en ellos encontraras regada la madrugada,
un sinfín de cabellos bañados en la mirada
por un rayito de sol que en mi balcón asoma.
(Poema: Lo que dejo)

El diario vivir —reitero— es también un compromiso del poeta y no tiene por qué ser diferente a la lucha, a los valores que sustentan una vida. La poeta amó y tuvo fantasías, junto seguramente, a muchas frustraciones y vicisitudes. Sufrió el resabio histórico en su más cruel faceta. De ahí el tono de las imágenes, entrañables y certeras que muestran su mirada de ser humano. A veces hay altavoces y silencios, imágenes como esta de noviembre, “sedienta de libertad” y, en consecuencia, condensadas de humanidad.

DISFRAZ


Camuflajeo mis sentimientos
porque a estas horas de la tarde
es peligroso perder la dignidad
en manos de los arranca sueños.




NOVIEMBRE


El calendario de mi valor embute en el recuerdo
días pintados de sangre, angustia y dolor.
Las acuarelas que encendieron los gritos
Estallan en la frente de mi pueblo.


Todos los sabemos, nadie lo divulga:
la mordaza pasa su cuenta,
torturando a la verdad se encuentra.
furia incontenible empapa la conciencia de la humanidad
y millones de esquirlas sedientes de libertad
penetran en las entrañas que parirán
la tan anhelada Paz.

Su poesía adquiere textura y razón de ser, en un paisaje, en su entorno específico y al mismo tiempo, en el vitral de su ánimo, en el lenguaje donde cada palabra tiene sentido sacrificial. Leyla no fue la muchacha de mariposas, despierta por los asombros maniqueos de nuestra sociedad, entró al mundo real en su primavera y despertó sólo en la palabra. Un mundo distorsionado en sus juegos bestiarios, un mundo de fábula y metamorfosis, una ficción históricamente enmascarada. Diré que sus poemas tienen ese nosotros en las pupilas: el País, duele, como lo he dicho en más de un poema. Pero nos sobrevive la escritura como esencia permitida de la realidad misma. Leyla, —no sé si de manera consciente—, estableció un gran diálogo entre poesía y realidad. Ese hallazgo nos lo expresa así:



PAÍS


Hice café en tu ausencia,
para darle paciencia a la esperanza;
Un cigarro acompaña la espera
que en humo se vuelve
Al compás de las cenizas.
sé que volverás a ser vos,
a verter calles de quietud,
siembras de alegría,
paisajes de amor,
y por eso,
espero. No me pregunto por qué.




EL PAN NUESTRO: EL COMPA LO DIO.


Sega esta herida que distrae mi corazón
cósela con tu ternura
encontra un hilo de paciencia
y quédate en mi imaginación.


para vos para mí
el mundo de la paz
será la mejor clínica
que alcanzaremos.


Quédate en mi mirada
trabajando con tus palabras
bajo ese mundo que soñamos
algún día vivir
y que ahora con la guerra construimos.
03/02/90


Esta suerte de poesía que apenas queda esbozada en esta aproximación, debe pasar a formar parte de nuestra historia. Cuando leo a Leyla, su poesía, pienso en la esencia de los sentimientos genuinos, en el tiempo intrincado, en su espiritual naturaleza. Queda el deber, y “la posibilidad de generar un excedente ficcional” a partir de todos sus textos. He aquí la razón de ser del título de este esbozo: “LOS SUEÑOS Y LA LUZ: APROXIMACIÓN A LA POESÍA DE LEYLA QUINTANA”. Por suerte, la poeta, dejó escrito su testimonio:

ANTES


Solía correr por las calles
cantar en las mañanas
gritar por la tarde
y sabotear por la noche.
no, no era una rutina
era más bien una de las tantas formas
de expresar mi oposición al dolor
mi acercamiento a mis muertos
y nuestros amor a la paz
que tejemos día a día
con el dolor de muchos de nosotros.

André Cruchaga,
Barataria, 24.III.2011

[1] El sufijo en mío a efectos de concordancia con mi planteamiento discursivo.

domingo, 3 de abril de 2011

DOS POEMAS DE RICARDO LINDO FUENTES

Poeta, narrador, dramaturgo, pintor, maestro y director de la revista Ars,
(El Salvador), Fotografía Miroslava Rosales




POR AQUÍ PASAN LAS ESTROFAS DEL AIRE




Por aquí pasan las estrofas del aire.
Por aquí pasaba un río.
Era lento y soñoliento y a ratos vertiginoso,
como una doncella dormida,
como un panal a mediodía.
Ahora pasa por aquí una calle
con almacenes y cafeterías.
Pasan por ella transeúntes como peces,
algunos vestidos de verde,
otros de rojo,
otros de gris,
señoras con carteras,
mendigos harapientos,
pidiendo una limosna bajo el oro del sol,
y pasan dos enamorados azules,
y pasa una pausada procesión bajo el sol.
Yo creo que esta calle se acuerda de cuando era un río
y pasaban por ella los cayucos,
yo creo que esta calle que recorren los labios
tiene una vocación de estrellas y de peces.
Guarda rostros amables,
rostros hoscos,
rostros tristes,
suaves rutas de buses,
y un amor infinito de grandes nubes blancas
que navegan sobre ella como si fueran barcos.
Tiene calmadas, lentas, horas de oro encendido,
vendedoras que venden en la acera
imágenes de yeso colorido,
y un largo canto rumoroso, un largo canto
de voces que recitan la ferviente cantinela del día.
Yo creo que esta calle
se acuerda de cuando era un río.





ADVIENTO




El sol inmaterial desnuda por el alma
Su rostro de desnuda oscuridad.
Tan sólo en la quietud tranquila
El pino
Rumor bebe de viento.
Tiempo de Adviento.
Un ángel
Late por los ramajes,
Batiendo leves olas de silencio
Alma adentro.