domingo, 24 de agosto de 2008

Corina Bruni, un manantial hecho poesía_Por André Cruchaga

Corina Bruni y André Cruchaga, El Salvador






Corina Bruni, un manantial hecho poesía





El acercamiento y vivir en gracia de la poesía, siempre resulta gratificante. Lo es más cuando quienes nos dedicamos con devoción a este menester nos solazamos con la obra ajena. Este es el caso que ahora me ocupa: una ojeada a la vasta obra de una de las poetas que más ha entregado su estro a escribir literatura para la infancia. Se trata de Corina Bruni, (El Salvador, 1930). Y ya de entrada me valgo de las siguientes palabras para ubicar estas digresiones: Se entiende por literatura infantil la literatura dirigida hacia el lector infantil, más el conjunto de textos literarios que la sociedad ha considerado aptos para los más pequeños, pero que en origen se escribieron pensando en lectores adultos (por ejemplo Los viajes de Gulliver, La isla del tesoro o Platero y yo). En otro sentido del término, menos habitual, comprende también las piezas literarias escritas por los propios niños.[1]

Con Corina Bruni estamos ante un caso de estimulante y fructífera producción literaria. Ha sabido reflejar en cada una de sus producciones, los requerimientos que Juan Cervera [2] plantea como necesarios para cumplir a cabalidad con este cometido particular de la literatura, como son: ideológicos, anhelos pedagógicos, desarrollo evolutivo, etc. Corina con su palabra ha sabido entrar a esa tierra mágica de la infancia: la fantasía, sin la cual es imposible crear nuevos mundos, arco iris donde los pájaros beben los colores y comen el pan blanco de las nubes.

Algunos estudiosos han cuestionado la existencia de este tipo de literatura, al punto del escepticismo [3]; lo cierto es que en realidad los cultores de la misma no son muchos. La literatura infantil es la más difícil de escribir: hay que ser niños para escribirle a los niños y entrar así a su mundo. Corina en este caso particular lo hace muy bien: tiene el sentido y la palabra exacta, las palabras que evocan emoción profunda, simpatía. Sólo ella sabe capturar las luciérnagas y alzar una especie de vuelo fosforescente. En sus composiciones los niños colorean trazos, siluetas, historias concretas…

Pero Corina no se queda con la poesía. Ella además ha incursionado felizmente en la fábula, el cuento, el drama, la leyenda y, por supuesto, la poesía para adultos. Es pues toda una institución en la imaginación y en la sencillez del misterio; sabe deslumbrar y penetrar en la mente y los sentimientos de esos seres a los cuales va dirigida su producción. Si sus poemas encantan, lo son más sus narraciones por su acento vívido e íntimo.

Todo narrador y en el caso de la narraciones dirigidas a la infancia, como lo plantea Madeleine Faure[4] tiene la obligación de poner en su trabajo verdadera sinceridad; admitir las hadas y los héroes y vibrar al unísono con sus oyentes. Hay un libro intemporal en esto que nos ocupa: La edad de oro de José Martí. A este se le considera a nuestros días un libro clásico de la literatura infantil en idioma español. En él encontramos artículos, cuentos, crónicas y poesías inolvidables para niños y niñas de todas las edades y de todos los tiempos.

Y hablaron los animales, San Salvador, 1986. Como sabemos la fábula es un relato breve muchas veces en verso escrito en un tono generalmente jocoso y del se extrae una "moraleja" o lección. Los personajes suelen ser animales dotados de habla. Y, aunque no vamos a hablar de su origen, lo cierto es que Corina Bruni, ha sabido aquilatar toda esta herencia literaria desde Hesíodo. [5] La literatura es esencialmente valores: Corina lo sabe; es por ello que a través de la fábula resalta esos valores esenciales para trascender desde las cosas y la animalidad a una vida humana más edificante.

Pomas de jabón, El Salvador, 1984. Los poemas de este libro de este libro, en palabras de Eduardo Ritter Aislán [6], constituyen luces iridiscentes que nacen, se evaporan para volver a surgir en una nueva voluta de la caña que soplan los labios del niño. Corina se entrega en cuerpo y alma en estas poesías y lo dice expresamente: “te estoy brindando mi amor/ en este libro velero”… Y vaya si no es cierto. Muy observadora, está atenta a la manera de ser, a la idiosincrasia de niños y niñas: “Les encanta el agua,/ les fascina el fuego…/ y juegan con ellos/ sin pena ni miedo.” Así es este mundo infantil y Corina lo sabe interpretar muy bien.

Rataplán, El Salvador, 1992. Juegos, cuentos y canciones hacen su debut en este libro. El libro, tal cual lo expresa Ana Milagro C. de Álvarez, [7] “reúne todos los requisitos que el maestro más exigente pudiese desear en creaciones literarias para motivar las lecciones o desarrollarlas. La literatura ofrece al maestro, —y este es el caso del presente libro— inagotable fuente de instrumentos didácticos.” Hay problemas de lectura en nuestras escuelas, de comprensión, interpretación. A menudo sólo nos quedamos con los recursos de la memoria y no es suficiente para adquirir todos los mecanismos que demanda el sistema educativo y los de la vida. Con estos textos de Corina Bruni, bien puede el docente entusiasmare al niño y a la niña, haciendo que “lean un cuento, memorizar un poema, dramatizar una fábula o una leyenda, , es decir, hacerles penetrar en su mundo, el de la fantasía, el de la aventura, el de la belleza para elevar los ideales a través de las fibras sensibles del alma…[8]

Nube-Escuela, El Salvador, 1987. Nbe-escuela son dos conceptos dodne los niños y niñas transitan muy bien. Texto objeto, es decir, texto con bocetos para que los infantes y las infantas coloreen. Otro elemento importante que Corina intr5oduce en sus textos: el color. Colorear resulta para esta edad escolar una actividad de gratificante divagación y que la escuela está en la obligación de fomentar. “Sutil, la brisa, te lleve/ —sugiere Corina— en sus alas a volar./ Y, como si poco fuera,/ que cabalgues en las nubes/ y te puedas deslizar/ en el brillante arco iris,/ igual que en un tobogán.”

Sol - so – bri-sol, El Salvador, 1994. Poesía sencilla, hecha con los elementos del entorno, con los animales que vemos a diario, con lo que nos dicen o nos cuentan, pero siempre con ese sentimiento profundo de la entrega por hacer un mundo más sensible y humano. En aquí y allá, —nos dice Corina—: “Aquí una piedra,/ allá un cangrejo;/ y viene un sapo/ con su aparejo./… Aquí un serrucho,/ allá una pala./ Viste un mapache/ traje de gala./… Aquí un candado,/ allá una aldaba./ Aquí se cobra, allá se paga.” Cualquiera diría no sin cierta ligereza: ¡ah, es poesía fácil! Les puedo asegurar que no lo es. Corina es rigurosa en todo lo que escribe. Además cumple con los cánones que la literatura infantil demanda, a saber: ella se dirige a los niños e incita al redescubrimiento de las cosas de su entorno, sin el desconcierto deformado de las mismas y con un lenguaje verdaderamente comprensible.

Juguemos a contar cuentos, El Salvador, 1999. Son textos de hadas para que esos seres mágicos vivan la magia de contar cuentos. La literatura para niños y niñas han tenido, tradicionalmente, un foco muy marcado en la transmisión de una moral específica. Con el pasar de los años, estas "morales" se han ido adaptando y es por ello que en muchos cuentos tradicionales, se han alterado los finales o incluso su núcleo argumental. Jean Piaget ha demostrado que el niño "crea" como mecanismo natural para descubrir su entorno. El escritor argentino Julio Cortázar dice al respecto: Es verdad que si a los niños los dejas solos con sus juegos, sin forzarlos, harían maravillas. Usted vio cómo empiezan a dibujar y a pintar;…[9] Los textos en verso tienen ventajas, por su fijeza y por su mayor capacidad para el juego y la memorización. Los textos en prosa fundamentalmente cuentos, tienen su mayor oportunidad para la audición, aunque revisten menor fijeza lingüística que los versos, y gozan de más facilidad para la adaptación por parte del narrador. [10].

11 fábulas y algo más,,, El Salvador, 2000. La autora a diferencia de su otro libro de fábulas, aquí hace gala de su prosa. Corina sabe, está consciente que la literatura es un recurso inigualable para acercar a niños y niñas a un mundo de verdad y sensatez. En la moraleja de “El cuervo y la musaraña”, deja asentada su propensión pedagógica: “Una buena educación/ puede corregir, sin duda,/ infinidad de defectos/ antes que seamos grandes./ Mas no se puede negar/ que hay ciertas inclinaciones/ que se llevan en la sangre”… Luego nos dice en otra moraleja: “Es preciso estimular/ a las personas honradas,/ pues dicen que la honradez/ no tiene precio ni paga”… No es un moralismo a ultranza el que se plasma en estas fábulas, ni mucho menos tienen carácter represivo. En el fondo, Corina siempre propone un final feliz que en definitiva es lo que debemos celebrar.

Arriba el telón, El Salvador, 2002. en este libro Corina Bruni incursiona en el teatro infantil. No hay miedos, ni angustias, ni ansiedades. Tanto los cuentos como estas pequeñas piezas de teatro pretenden poner a niños y niñas ante historias cuyo contenido edifica. Es literatura para gozar, pero también es literatura para edificar. Al final, Corina, responde a “la necesidad de dar respuesta personal a cuanto inquieta a niños y niñas y favorecer el desarrollo de la fabulación”, tomando en cuenta la progresión afectiva de la infancia, sin la cual la literatura carecería de sentido para otras edades. En síntesis, la literatura, tanto en lo particular, tiene una función básica: servir de catalizadora de los diferentes descubrimientos del niño y niña en su proceso evolutivo, la toma de conciencia y el sentido que toman en su vida esos descubrimientos.

Barataria, 23/24.VIII.2008



[1] http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_infantil
[2] Cervera, Juan. La Literatura infantil en la Educación Básica. Editorial Cincel, España, 1984.
[3]Cervera, op cit. Pág.14
[4] Faure, Madeleine. El jardín de infantes. Kapeluz, Argentina, 1958.
[5]Algunos expertos afirman que la fábula tiene su origen en Hesíodo.
[6] Ritter Aislán, Eduardo poeta, escritor y diplomático de carrera. Fue durante muchos años Embajador de Panamá en El Salvador.
[7] Ana Milagro C. Álvarez, escritora salvadoreña.
[8] Ana Milagro C. de Álvarez, escritora salvadoreña en A manera de prólogo del libro: Rataplán, 1992.
[9] http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_infantil
[10] http://es.wikipedia.org/wiki/Literatura_infantil
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Leer más de Corina Bruni y André Cruchaga en: Arte Poética_Rostros y versos

Oso aventurarme_Miren Eukene Lizeaga

Miren Eukene Lizeaga, País Vasco





Oso aventurarme





Mas, ¿Cómo perseveras,
Oh vida, no viviendo donde vives,
Y haciendo porque mueras,
Las flechas que recibes,
De lo que del Amado en ti concibes?
SAN JUAN DE LA CRUZ



Oso asomarme por entre los libres huecos de estos barrotes, que son mi prisión
Prisión, cegada por los colores de una flor y el tacto de un agradable calor, que se truncan en una ciudad de sepulturas, cuando se asume el molde de la adultez, que nos define ante una abierta ventana, donde lo único material son los barrotes y su tangible dureza.

Materia, que mis temerosos dedos recorren palmo a palmo, con la lentitud de los años que nos distraen mientras actúan, para, en un momento cualquiera, arañarnos con su punzante herrumbre de tiempo, la que continúan palpando mis ya no inocentes dedos.

Por eso se abandonan en ese otro espacio con la despreocupación de un infante, donde nada tocan y nada las toca, sienten y osan, inventar vidas, pintar estampas entre las estrellas, fundir la mirada con el vacío, revolver utopías, en esa invisible ligereza donde habita el Misterio, donde el Basar recibe guiños de libertad.

Y aunque la sensata cordura lo niegue, porque se siente perdida más allá de lo que ve y toca, no logra controlar este brazo que se extiende al cielo.
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Poeta, Traductora y narradora.
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viernes, 22 de agosto de 2008

Melodía de amor_Cuento de Samia Michel

Samia Michel






Melodía de amor



Antes de tomar el atajo de piedra, Gabriela hizo una pausa para cargar sus pulmones con el seductor olor desprendido de los árboles del pino. Un desorden primaveral hacía un esfuerzo para restituirle la vida a este lugar, que estaba caído en una contagiosa nostalgia. Dio unos pasos y se detuvo a escuchar la nueva melodía del río; las piedras que volvieron pesado su recorrido, se la agregaron a la sinfonía.

No se fijó por cuanto tiempo estuvo parada allí, contemplando y acariciando los rosales que perdieron elegancia por no soportar su ausencia. Un pájaro se desvió de la manada que escandalizaba la tarde con sus cantos desordenados, y se manchó las alas con la sangre que recorrió el pétalo por el dedo espinado de Gabriela. Oscilando entre las margaritas amarillas y blancas y los tulipanes, un júbilo la invadió. Por fin, las fronteras se han roto, y ahora está más cerca de que Mauricio la tuviera entre sus brazos. Pensaba en su reacción al verla; han pasado tres años. Se sonrió. Como si el tiempo nunca hubiese existido, hasta el gato le reconoció los pasos y corrió a rascar la cabeza en sus finas pantorrillas. Llena de ilusiones, subió las gradas apoyada en el pasamano. Entre grada y grada, se detenía para calmar la euforia en su corazón. Antes de pisar las últimas, le fue imposible apaciguar la agitación del amor que se intensificó en ella. Miró con ternura la ventana cerrada; la sombra de una luz tenue se dejaba lucir por detrás de las cortinas que opacaron desde que ella se había marchado. Apoyó su cabeza en la desnudez del umbral de la puerta, y se cruzó de brazos a endulzar su alma con la misma melodía con la cual Mauricio la había conquistado. Pero aquella tarde, las teclas del piano parecían agonizar bajo sus dedos, y lentamente. Postrado en la melancolía, aquella melodía lo mantenía vivo, y soñaba con el día en el cual la agitación de sus corazones se mezclara.

Gabriela se transportó a aquel día en el cual fue obligada a terminar su noviazgo con él. Mauricio era considerado un soñador músico muerto de hambre, para los lujos a los que ella estaba acostumbrada; y solamente de amor no se vive, según margina la sociedad. El sillón hundido pero no por el peso de su cuerpo, Mauricio no especuló que la sombra extendida sobre el piso de cerámica podría ser de su amada.

—Mi amor, te he extrañado.

Mauricio agitó la cabeza en todas las direcciones a la vez. Él que seguía viviendo en la profundidad de sus sueños, no podía creer que esta tierna voz alojada en su alma y que acaba de acariciar sus oídos, es la de quien ha provocado en él llantos y tormentos. Era una realidad antinatural.

—Cariño, regresé —Gabriela meneó la cabeza con un dulce coqueteo, y el brillo en sus ojos resaltó aún más.

Los dedos de Mauricio se paralizaron que la melodía se aquietó. Y, si en estos instantes, ella se hubiera detenido a observarlo más de cerca, se daría cuenta de cómo, a pesar del pasmo, aquel rostro pálido relució. Pero el dolor era tan orgulloso dentro de él que agachó la cabeza; aunque las lágrimas no son para los hombres.

El silencio se desesperó, y fue el gato que lo restringió con su ahogado maullido, como advirtiendo a Mauricio no permitirle al destino una nueva burla. Esta vez, no. Al ver que no reaccionaba, la sonrisa de Gabriela se desvaneció; la distancia entre los dos parecía más extensa de lo que ella pensaba. Una lágrima se precipitó y le humedeció las canas en la espalda al gato. Dio un paso hacia atrás, acarició al gato, tiró de su mochila en el hombro, y con una rapidez inusual en ella desapareció entre las gradas. No se quería decepcionar al volver la mirada para no descubrirlo parado en la ventana, viéndola partir.

Cuando Mauricio se sacudió la melancolía, ella estaba todavía marcando los pasos entre los árboles del pino con el trancazo de sus tacones. Se levantó bruscamente que sus dedos le sacaron un grito a las teclas del piano corriendo tras ella; no quería dejar escapar el momento que tanto esperó.

Ansioso, y antes de reponer el aliento, le permitió a su pecho derrumbarse sobre su espalda, sus brazos la envolvieron, y con los ojos cedidos a la pasión sus mejillas se acariciaron. Gabriela liberó su hombro de la mochila, se giró de frente a él, enredó sus brazos alrededor de su cuello, y con un ligero salto cruzó las piernas en su cintura.

Una suave brisa coqueteó los rosales; los pinos silbaron la canción del amor y algunas florecillas cayeron; y la luna que se ocultaba tras una estrecha nube, desfiló con las estrellas formando un corazón.

Mauricio la tomó en sus brazos, y en sus brazos entraron en el calor del lugar que le correspondía. La calma no se perdió, y no hubo reclamos. Sus latidos se mezclaron, y la distancia se suprimió que no hubo necesidad de hablar, ni siquiera de susurrar. Las lágrimas se llevaron en su recorrido el dolor, sanaron las heridas, y los acercaron más en su amor.
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Samia Michel es novelista

martes, 19 de agosto de 2008

Lo que fue dictando el fuego a la palabra_André Cruchaga

Maylén Domínguez Mondeja, Cuba





Lo que fue dictando el fuego a la palabra




“Ya hablé de las ciudades,
Puedo imaginar la edad de algunas casas,”…
MAYLÉN DOMÍNGUEZ MONDEJA




Cuando Maylén Domínguez Mondeja, (Cienfuegos, Cuba, 1973) me envió sus primeros poemas quedé impresionado por su gran altura poética, hondo lirismo y manejo del lenguaje. “Pulcritud, madurez” y pasión con que escribe son en Maylén su “magno fuego”. En estos días me ha hecho llegar tres libros suyos: “De lo que fue dictando el fuego”, 2004; “Noche magna”, 2006; y “Queredlas cual las hacéis” (Antología de jóvenes poetisas cubanas del siglo XXI), en coautoría con Noel Castillo González, 2007.

Ya desde su entrada nos asombra con ese título tan sugestivo. Como en su tiempo también nos asombró Sor Juana Inés de la Cruz, a quien de seguro esta poeta de Cienfuegos ha leído largas noches y días de luminoso sol caribeño. El poemario “De lo que fue dictando el fuego”, 2004, en su mayoría es un reconocimiento desde su palabra y genuino sentir, a diversas personales que han hecho historia por su contribución a las sociedades a las cuales han pertenecido, pero también porque su estro ha incidido y contribuido al desarrollo de nuestro continente, ya a través del canto, la poesía o las luchas sociales. Así tenemos alusiones al poeta Otto René Castillo y su amada Karen, la historia de Laura Estrella joven embarazada y secuestrada en Argentina y asumido el dolor de ella, de su madre (Abuelas de la Plaza de Mayo), desde la individualidad de Maylén: “Los besos cercenados,/ los pechos como arena que el vendaval asuela…/ ¿Qué oculto polvo seré cuando amanezca en/ llanto de mi hijo,/ qué voz predicará en su noche?/ Ahora que mi vientre tramaba una caricia,/puedo crujir de espanto,/ callo donde hace el odio su potestad terrible.” (Laura Estrella, pág.15).

La historia —nos dice Maylén— es una caprichosa llaga/ arrinconada en la orfandad del pecho,/ todo lo puede cambiar.”… Y es cierto, la historia hace y deshace, alucina con sus credos y se quiebra, es agua entrañable y cansancio cuando los procesos se agotan, desenreda, rueda y sangra, su aliento es una escuela de manos. “¿Vuelve todo a vivirse bajo la piel del polvo”/ ¿Cómo será en lo oscuro tu trémula figura/ palpando la ceniza de mi clamor profundo?” (Manuela Sáenz, pag.20). Cada verso contenido en este libro es un testimonio-homenaje vivo de amor, genuino amor casi filial a otras personas materializado a través de la palabra. “A veces una palabra puede incendiar lo frágil”, a veces no se puede nombrar la tristeza, ni dejar sin tiempo el pulso de la vida.

Hace años, estaba joven todavía cuando leí algo de aquel personaje mítico de “La Pasionaria”(Dolores Ibárruri), Maylén me la ha recordado ahora en los siguientes versos: “Dolores fue un temblor en el diciembre duro,/ estremeciendo el suelo agreste de Gayarta./ …/¿Qué llanto baja entonces al polvo enrarecido,/ qué sueños,/ cuando el fuego de esa pasión/ no alcanza?”(Poema III, pág.29). El poemario: “De lo que fue dictando el fuego”, culmina con el apartado: “Marías que se van”: interesante porque la sección la inicia con un poema donde hace alusión a María Magdalena de señales bíblicas conocidas en los Evangelios y vida de Jesús, hasta culminar con el poema: “palabras con María Dulce Loynaz, donde encuentro profunda tristeza y un paisaje de alas grises, permeadas por la sal de las tórridas fragancias: “Qué bien, Dulce María,/ me asentaría una angustia varada en/ lontananza./ inexorablemente/ el musgo me ha roído,/ el mismo en que procuro inclinarme hacia otra/ vida/ como quien al fin no encuentra en el agua algún/ remanso”. (Palabras con Dulce María Loynaz, pág. 58).

Por su parte “Noche Magna”, 2006, es un poemario personal, donde saltan los desasosiegos propios de un poeta. Poemario íntimo, pulcro, sin facilismo de palabras, sobrio, sincero. Esperanza, erotismo, soledad, nostalgias son la tónica de los poemas contenidos aquí. Maylén estampa su sombra en el espejo de cada palabra para revelar lo que hay detrás de umbrales y puertas. El viento celeste de la isla suelta sus hilos y, como un portento de la sangre heredada, hace el fuego. Entonces el tiempo y el cielo se desvelan; “su batir de alas”, desemboca al límite “inquebrantable de la madera”.

Esperanza transida con un dejo de dolor; pero esperanza al fin. La poeta aparece casi desvaída en la cantera de sus sueños: “A ratos logro rumiarte una esperanza,/ confiarme suave a esos días,/ para ese Día decirte:/ puedo vivir mi soledad dócil,/ mi noche a salvo de todos los estíos,/ mi Noche Magna”. Más adelante, con un epígrafe de Jorge Boccanera: ¿Qué haré con este corazón desordenado y triste…?, da inicio a su “entrada la tarde”. El título de esta sección del poemario de inmediato nos invita y sumerge en el tiempo, pero también en ese: entrada la tarde donde el día, la luz se va perdiendo y viene la noche con sus sombras, con su penumbra, con su melena de resplandores yertos y gastadas rosas. Viene también la zozobra, los ahogos y desahogos de la lluvia en el cuerpo: “Cómo lograrte sin mitigar los dones/ que me aprisionan al centro de la Ínsula,/ cómo negarte./ …Entrabas a la tarde/ e ignoraré en qué predio encallaban tus palabras./…Ignorarás, Amigo,/ esta tristeza insular,/ tremebunda./ Y he de seguir nombrando tu vida, aunque no espere./ Lo puedo presentir en la estación que alargan/ los pájaros tardíos,”…

La poeta anda y desanda los temblores de la carne, las puertas indecibles de la noche, su cuerpo y su alma, elevadas a la trementina, al encuentro desposado de las enredaderas. “Me apegaba al rescoldo de tu cuerpo,/ ansiaba verte otra vez,/ como aquel día,/ atravesando una diminuta calle, viniendo a mí.” Y nos continua diciendo: “Una quisiera adorar como se adora,/ sin más pretexto que ese besar naciendo,/… Sin embargo nos damos cuenta que en el amor también existe la penumbra; lo que a menudo en un principio es balcón con golondrinas, pronto se torna vitral sangrante, ojos lánguidos y mirada penumbrosa. Cruelmente tras el amor viene el desamor, tras la renunciación hace acto de presencia la memoria a menudo para entibiar aquellas escenas que por un momento nos parecieron mágicas. “No niegues —dice la poeta— aquel modo inocente de sabernos,/ como no puedo curar yo el sordo abismo/ de tanta ausencia.” ¡Vaya si no! Lo que el gozo nos ofrece, después es grito desgarrador tras las cortinas del alma. Por eso la vida es un teatro con múltiples balcones: Lo que al parecer es, deja de serlo como un barco que se aleja en la saliva del horizonte.

Maylén ha escrito poemas desgarradores. ¿Qué es el ser humano sin divisa? ¿Qué se es si dentro de un concierto de gaviotas, el alma tirita en la silenciosa red de sus alas solitarias? La poeta, tendida, desnuda en su propio peso, con un dejo de temblorosos cerillos, soporta lo posible y el acaso del sueño: “Si tuviera un país para ofrecerte,/ si lograra domesticar el alma que te idealiza en la honda noche/ donde apenas consigo ser la extensión de tu beso, / que me ciñe./…/ si yo tuviera una luz,/ un sitio claro/ donde aliviarte el cuerpo./…/ ¡Ah, que tú escapes de este dolor/…” La angustia a menudo nos aniquila; pero la poeta transida de humanidad, sólo desea que ese dolor con ella, no se transfiera al otro. Pese a mí, es darle vida al alma del otro cumpliendo con un acto de ternura y altruismo plenos. Duelen los inviernos sin cauce, morir sin encontrar la gracia de cuanto en el sueño se diluye como una luz extraña. “Qué espanto en este mundo fatal,/ sin poseerte./ en mí cae la noche/ y el tiempo,/ todo el tiempo”… Sin duda es fatal en la hondura del sentimiento, saber que ese sentimiento denso, pulido y oreado con las manos, ensombrece en las pupilas feroces de los acantilados.

Luego le siguen: “nocturnas digresiones” y “donde nada me ensombrezca”. En ambos subtítulos, Maylén ha incluido una serie de poemas entre los que destacan: “Inventario” y “la tarde simple”. En inventario, que no es otra cosa que hacer ese recuento necesario del camino andado, nos dice: “He emprendido muchas veces el camino de retorno a Casa/ —zona imprecisa en mis vagas mutaciones,/ leve en su sangre,/ deshecha, confiscada—,/ donde la demasiada sombra/ forma otras paredes con la muerte.”… La poeta sale a la calle como cualquier otro mortal, pero allí hay de todo: lunas oscuras y soles apagados, enfurecidas risas y aceras aullando hasta los tuétanos. Cuando esas realidades se han asimilado, cuando hay decepciones, y las puertas uno se las encuentra cerradas, se piensa en el retorno, en el lar que protege. En todo exterior o intemperie uno es vulnerable a: la pesadumbre, los desarraigos, la demencia, los fatalismos, la utopía y la sed…

Y convengo en el cierre de este poemario con Maylén en que uno deja tantas esperanzas prendidas en los muros del tiempo; hay verdades sencillas que dan felicidad: “una ternura/ puede alegrarlo todo.”…y puede sin duda alguna aliviarnos los desgarramientos que dormitan en las estaciones de nuestros sueños.


André Cruchaga,
Barataria, 17.VIII.2008
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Tres poemas de Miren Eukene Lizeaga

Miren Eukene Lizeaga, País Vasco, España






Callo

Para que tus palabras se adueñen
de mi tiempo y de mi espacio
callo
No quiero que mis palabras te silencien
Callo y te regalolo más necesario
para el ser humano
mi silencio
mi espacio limpio y vacío… Para que seas TU
quien lo llene




Hoy como ayer

Soy un agitado enredo de interrogantes
leyendo el cielo a cada instante
buscando enrevesadas señales
certitudes que se niegan a pisar el presente

Y solo la paciencia
tan transitoria como la fugacidad de un cometa
me responde
En esta prisa por exprimirle a la vida
algo más que no sea la inercia
colmo de la impaciencia
de esta
mi vida
que culminará su etapa
en los brazos de la tierra.


Te dejo

Sugerencias para que te explayes
El tronco de un árbol
para que inventes sus ramas
La alegría de mis logros
y el llanto de mis carencias
Una poesía incompleta
con la no mejorada prosa
La mediocridad de una vida
colgando como una gota de lluvia
al final de la hoja…
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sábado, 16 de agosto de 2008

Roberto Armijo:Poeta de la soledad y el exilio_André Cruchaga

André Cruchaga, Chalatenango, El Salvador



Roberto Armijo: Poeta de la soledad y el exilio

Roberto Armijo, Chalatenango, El Salvador
Soy así…No he cambiado mi rutina…
¿Cuántas veces sentado bajo el cielo
Le he dicho a Dios que soy enfermo y triste?
ROBERTO ARMIJO




Quiero comenzar estas digresiones sobre la poesía de Roberto Armijo (Chalatenango, El Salvador, 1937-1997) con dos conceptos básicos: soledad y exilio. La soledad como concepto de martirio, de sacrificio pero también de heroísmo. La experiencia de la soledad tiene una serie de componentes psicológicos, aunque aquí me refiero a la soledad como condición y como experiencia que deriva en tristeza. En la sociedad hay una construcción social de este fenómeno que en el artista y en este caso en el poeta Armijo son evidentes y marcan su derrotero.

Dentro de las perspectivas conceptuales bajo las cuales se ha abordado el estudio de la soledad destacan la filosófica, la social, antropológica y psicológica. [1] Desde la filosofía la soledad es condición de la autoconciencia, ‘la soledad está arraigada en la realidad primaria del individuo’[2] pero también postulado esencial del existencialismo como condición ontológica es que el “ser humano tiene como condición de vida la permanente contradicción entre la separatividad física y la necesidad de vinculación afectiva”[3] Tan arraigada está la soledad en el poeta que nos dice: Sólo son los ángeles / del vino que estrujan sus esponjas / y nos llevan a instantáneos laberintos / donde arden las lumbradas del vómito. / Solo es el vacío, / lo inasible que nos besa los ojos, / siluetas de ceniza que nos beben por instantes / la tristeza. /…Solo es la sorpresa, / el júbilo; / después la soledad, / el horror que nos besó, la piel, / que es latido en los cabellos, / que se nos mete en los trajes, / en la cartera, / en los zapatos,/ niebla que nos invaden el alba / y nos vuelven tristes, / con una sensación que llega y no se sabe / si es tristeza... [4]

Si bien los estudiosos de este fenómeno afirman que la soledad es provocada por disrupciones en el sistema de apego, [5] lo cierto es que en el caso de este poeta la soledad fue parte de su entorno pueblerino y rural de Chalatenango; la soledad fue inherente a su especificidad de hombre. A mi modo de ver esta condición le valió para centrar su pensamiento en el estudio y ejercicio ensayístico y poético. Así tenemos: “La noche ciega al corazón que canta”, donde el poeta empieza a esbozar esa condición que en su obra final se hará más patente. Veamos: I. Son cuatro inviernos de agonía hermana./ De amanecer el corazón abierto./ Quisiera ser, pero el futuro incierto/Me ensombrece la senda del mañana./ Cuatro años de penumbra cotidiana./ De presentir vivir, viviendo muerto./ De abrir el corazón, sentirlo yerto,/ Sin escuchar su musical campana./ El dolor es espina en mi sonrisa./ Aunque nací para cantar, presiento/Ser un gorrión fugaz hacia la brisa./ Esta acerba dolencia me acongoja./ Soy un árbol que lento se deshoja/ Y voy de paso con mi hermano el viento. [6] Soledad y dolor serán el rostro de su palabra, el manantial ebrio de su memoria, la lengua ensangrentada de su alfabeto, la ventana bajo la cual se deja ver su alma contrita, su alma herida sobre los tumbos de la muerte. En la parte enyística destaca para este propósito, “T.S. Elliot, el poeta más solitario del mundo contemporáneo”, donde capitaliza de alguna manera la soledad que llena habitaciones: luz y tristeza como formas aladas de los pájaros en su propia música vacía.

El poeta no deja de sorprendernos en su desgarramiento y contrito (en versos de Cernuda) nos dice: Cómo llenarte, soledad, / sino contigo misma... Y continua: Tú, verdad solitaria, / transparente pasión, mi soledad de siempre, / eres inmenso abrazo; / el sol, el mar, / la oscuridad, la estepa,/ el hombre y su deseo, / la airada muchedumbre, / ¿qué son sino tú misma?[7] Armijo por su parte dirá al igual que en su tiempo lo hizo José de Esproceda con su poema: mi alma yace en soledad profunda,[…] Mi corazón hirviéndome palpita…“Soledad del alma”, (J. E. Espronceda). “…caminaba atontado/—acota Armijo— como un niño en la oscuridad de la calle/ hablaba solo/ le hablaba a las piedras de los parques/ me arrecostaba en la hierba a imaginarme/ un mundo poblado de rosas por tus pies descalzos/ y de repente la bruma y la nieve/ sobre mi cabeza de caballo…”

En Armijo como seguramente en otros poetas, la soledad no es un mero tema obsesivo si bien se constituye como parte de su poética; tampoco es mera moda existencial para lanzar bocanadas de ceniza, la soledad es una condición profunda del poeta que desde luego sabe ponerle alas, como lo pidiera e hiciera en su momento Alejandra Pizarnik. Tampoco debe verse como evasión de la realidad. Todo lo contrario, en esta condición el poeta asume con verdadero estoicismo toda esa realidad que se nos presenta descarnada y a menudo inmutable. En Armijo también las preocupaciones políticas e ideológicas abonaron a su condición y a participar en su genuino compromiso con sus valores.

El poeta lírico —dice Octavio Paz—entabla un diálogo con el mundo; en ese diálogo hay dos situaciones extremas; una, de soledad; otra, de comunión. El poeta siempre intenta comulgar, unirse (reunirse, mejor dicho), con su objeto; su propia alma, la amada de Dios, la naturaleza... La poesía mueve al poeta hacia lo desconocido. (xvii)[8] Se completa así la propuesta poética esencial del libro: La poesía es la forma de la vida y se compone de conocimiento, salvación, poder y abandono. La vida como la poesía es un tramado de conocimiento, poder, salvación y abandono. [9]. Aleixandre lo testimonia y radiografía en los siguientes versos: ¡Cuán solos!/ Miramos por los cristales. Las ropas, caídas;/ el aire, pesado; el agua, sonando. Y el cuarto,/ helado en este duro invierno que, fuera, es distinto.[10] sí, en el exterior es distinto a como en su interior el poeta se devana. En Armijo la existencia tiene extraños ojos y resplandores de pesarosos caminos, su vivir lo concibe, siempre, en su contenida respiración, porque a fin de cuentas “la soledad no miente” a través de la pupila herida.

“Yo soy así como la tarde, —expresa el poeta—a veces;/ sonrío, lloro, me entristezco y canto./ Mis amigos dicen que soy triste/ que tengo languidez de alas en la voz/ y cansancio de estrellas en los ojos”…(Elegía al corazón enfermo) y más adelante en: La noche ciega al corazón que canta, agrega: “Esperar, esperar lo que no llega./ Andar, andar bajo la noche ciega./ ¡La noche ciega al corazón que canta!” [11] Toda esta poesía es anterior a su exilio, pero ya en él persistirá ese tuétano imprecando su voz dolorida.

Dejemos de lado la soledad y pasemos al segundo ingrediente. El exilio a su vez lo vamos a entender aquí como el estado de estar lejos de la propia tierra (ya sea ciudad o nación) y puede definirse como la expatriación, voluntaria o forzada, de un individuo. Éste es doloroso en cualesquiera de sus manifestaciones: descarna y oscurece; se llora con el alma rota, los jardines de la sangre se tornan hojarasca, en definitiva cambia la vida de las personas, pero también como el caso de muchos poetas entre ellos Rafael Alberti, Armijo enriqueció su escritura evocando el país lejano. En buena parte de su obra poética “expresa la desesperación y desarraigo inicial, hasta un optimismo visionario, aún lejos del reencuentro real.” A menudo resulta incierto y enigma el viento y azarosa la hospitalidad tal lo expresa Benedetti: Un viento misionero sacude las persianas/ no sé qué jueves trae/ no sé qué noche lleva/ ni siquiera el dialecto que propone/…[12]

Brigitte Leguen [13] —nos dice al respecto—Cada escritor, cada poeta, que en un momento determinado de su existencia ha vivido la dolorosa experiencia del exilio y ha intentado expresar a través de su obra la condición del proscrito, de «el que sale» sin ninguna promesa de regreso, vuelve a repetir, conscientemente o no, los gestos y el discurso de otros exiliados pertenecientes a otro tiempo y a otro lugar. Como dijo Saint John Perse «l'exil vient de loin» y si existe un «estado de exilio» existe igualmente un discurso del exilio que se remonta históricamente a la antigüedad'.

…recordar —agrega Luguen[14]—forma parte de la actividad habitual del proscrito pero esta acción adquiere entonces mayor amplitud. El sueño se convierte en viaje iniciático, experiencia risueña, acceso al paraíso perdido. Ya no se trata de rememorar con nostalgia sino de recrear e incluso de reinventar el recuerdo a la deriva. Víctor Hugo escribe «qui délivre le mot, délivre la pensée» y cuando habla de «pensamiento» o de «idea» se puede entender también «imagen» y sobre todo imagen poética.

Luego viene el tema del retorno anhelado que en otros poetas caso Cavafis hace evidente con su poema a Ítaca: …ten siempre en la memoria a Itaca./ Llegar alli es tu meta. / Mas no apresures el viaje. / Mejor que se extienda largos años. / Y en tu vejez arribes a la isla / con cuanto hayas ganado en el camino, / sin esperar que Itaca te enriquezca»./…; en Armijo se puede ver en el siguiente fragmento. “Apenas respiraba el crucigrama de la noche/ Comenzaba a preparar el viaje/ él se llenaba de tierra/ porque el mar era gaviota/ noche inmensa/ pececillos/ navaja de frío cortando nariz orejas/ dedos gordos morados/ Sólo el cisne marino a veces chillando en la madrugada/ Siempre el torbellino rumoroso de sal/ reventando las uñas/mordiendo pelos orejas”[15]

En 1961, siendo trabajador de la Universidad de El Salvador, fue capturado y tenido preso por considerársele sospechoso de actividades subversivas. Ante un recurso de exhibición personal fue liberado. Armijo viajó con una beca a Francia y ahí Miguel Ángel Asturias lo introdujo en la vida de la docencia parisina. Su exilio como lo acota Luis Alvarenga [16] supuso cambios en su vida personal, cambios que para bien o para mal abrieron y restañaron heridas. En la oscuridad golpeó con ternura; en la luz, “hirió las mañanas con sus versos decantados y prometeicos.

Ya al final de su ciclo vital, en el Hospital de la Citè París, 1996, escribió Poemas de ninguna parte (Poèmes de Nulle Part)[17] entre los cuales destaca: “Regreso a oír los pinos de Chalatenango/ y sólo veo piedras y más piedras/ El río Padre corre delgado y sinuoso/ sobre paisajes abruptos/bajo un sol de desierto/ ¿Dónde están pregunto los pinos/ sonoros de la infancia?/… Ahora sólo piedras y más piedras/ se acabaron para siempre los/ pinos de Chalatenango.” Sin duda como se puede intuir es un doloroso retorno desde la memoria, su corazón sumergido en la propia agonía no tiene más que reunir el inventario de su tristeza.
Barataria, 13.VIII.2008

[1] Montero, María Moreno, et. al. La soledad como un fenómeno psicológico: un análisis conceptual. Universidad Autónoma del Estado de México.
[2]Op. cit. Montero, pág.19.
[3] Mijuzkovic, BL. Loneliss. Libra, San Diego, 1985. Citado por Montero.
[4] Poema, Embriaguez.
[5] Op. cit. Montero…pág.19
[6] Soneto perteneciente a Tríptico doloroso del libro: La noche ciega al corazón que canta.
[7] Cernuda, Luis. Cómo llenarte soledad, poema.
[8] Patricio Eufraccio Solano (monografía) La palabra erguida, Universidad Complutense de Madrid.
[9]Patricio Eufraccio Solano, op cit.
[10]Vicente Aleixandre, el sueño (poema).
[11] Armijo, Roberto. En busca de Ítaca. Obra escogida, El Salvador, 2007
[12] Mario Benedetti, viento del exilio, poema.
[13] Brigitte Leguen. el sentimiento del exilio en dos poetas alejados de su patria: el Duque de Rivas y Víctor Hugo.
[14] Brigitte Leguen, op cit.
[15] Armijo, Roberto. Cuando se enciendan las lámparas en Obra escogida, 2007. La cita obedece a que este poema está referido a Ulyses e Ítaca (Armijo y El Salvador)
[16] Alvarenga, Luis. Prólogo a En busca de Ítaca. Obra escogida, El Salvador, 2007. El poeta Alvarenga, es un acucioso investigador y compilador de la obra de Roberto Armijo.
[17] Armijo, Roberto, op cit.
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lunes, 11 de agosto de 2008

Aventura erótica y erosiva en la poesía

André Cruchaga, El Salvador.






Aventura erótica y erosiva en la poesía
de (Dina Posada, Carmen Gozález Huguet y Aleyda Quevedo Rojas)



Por André Cruchaga


Rasgo habitual del mundo erótico es la aventura mediante la cual el/la poeta cree liberarse del hastío del código moral que la sociedad impone. Surgen en este mundo, típicamente desaforado, permisivo, ojos transidos por la seducción de una poética que vaya más allá del amor como un manifestación meramente sentimental, que abandona su bienestar tedioso para correr la juerga del amor lascivo. Hoy en día no nos resulta extraño que mujeres y hombres vuelquen su quehacer literario hacia la poesía erótica como forma de liberar el yo interno. Desde luego que esta poesía erótica predominante en todas las épocas, no es necesariamente el adulterio (tal vez sea un desencanto de la vida íntima o un anhelo en el plano de la realización), o pura rebelión del descontento o la inconformidad, siendo el poema esa vía a través del cual el afán y el deseo se resuelven.

Parto de un hecho que no el único, pues hay poesía de esta naturaleza antes de…pero en mi caso quiero partir de lo siguiente: el desvarío de don Quijote en cuyas múltiples aventuras está la conquista de Dulcinea u Oriana la desposada por Amadís de Gaula. Como punto de partida me interesa (ya después cada quien haga sus elucubraciones) la referencia que hace en el capítulo I: —¡Oh pricesa Dulcinea, señora de este cautivo corazón! …Plégaos, (acordaros) señora, de este vuestro sujeto corazón, que tantas cuitas por vuestro amor padece”… Es amor ansiado, deseado que a menudo hace desfallecer a quien lo padece. Claro está que este erotismo es sutil, a la usanza de la época. Luego hay a lo largo del libro otras alusiones más incisivas.

En la poesía erótica el poeta usualmente saca de sus dientes el instinto. Hay ansias de unión entre hombre y mujer o viceversa, pese a cualquier código. Poetas y poetisas levantan jardines de deseos y construyen atardeceres de aguas ardientes. Neruda es un caso típico, quizá el más conocido y difundido. Al respecto Volodia Teitelboim al referirse al erotismo de Pablo Neruda (Chile, 1904) dice: “El poeta se convirtió en secretario de los amantes. Multitud de enamorados se apropian de sus versos y pretenden que son suyos, a fin de conquistar a Dulcinea.””Su pecho como un fuego de dos llamas/ ardía en dos regiones levantado,/ y en doble río llegaba a sus pies,/ grandes y claros”.Ángela adónica, pág.40, Residencia en la tierra, Seix Barral. “Es como un huracán de gelatina,/ como una catarata de espermas y medusas./ Veo correr un arco iris turbio./ Veo pasar sus aguas a través de los huesos”.Agua sexual, Op. Cit, Pág. 113.

También Gonzalo Rojas (Chile, 1997) es otro ejemplo típico de la poesía erótica, aunque con un tono distinto a la de Neruda o a la de las tres poetisas que abordaré más adelante. En “Pareja Humana, dice: “Hartazgo y orgasmo son dos pétalos en español de un mismo lirio tronchado/ cuando la piel y vértebras, olfato y frenesí tristemente tiritan/ en su blancura última, dos pétalos de nieve/ y lava, dos espléndidos cuerpos deseosos/ y cautelosos, asustados por el asombro, ligeramente heridos/en la luz sanguinaria de los desnudos:/un volcán/que empieza lentamente a hundirse… Así el amor es el flujo espontáneo de unas venas/ encendidas por el hambre de no morir, así la muerte: la eternidad así del beso, el instante/ concupiscente, la pureza de los locos,/ así el así de todo después del paraíso:/—Dios, ábrenos de una vez”. (Rojas, Gonzalo. Metamorfosis de lo mismos, Visor, pág. 220). Erotismo y divinidad se juntan en una sola argamasa. Asombro y lava como realidad del vértigo. Vacío donde el mundo sólo existe en dos seres buscando el aire, el vuelo, el encanto carnal, hondo de dos lascivos espejos. El poeta juega con las palabras. ¿Qué hago yo —dice el poeta Rojas— que no soy Freud en ese abismo? Abismo será, pero gozoso abismo donde feroz se apaciguan las tormentas y los sesos se pierden en la lluvia.

Poesía erótica hubo y habrá siempre. Cambian, sin lugar a dudas, los lenguajes: imagen, metáfora, símbolos dominantes de cada época. Los valores que la sociedad sustenta en un momento determinado son cruciales. Hay momentos que la poesía erótica es irreverencia frente a, o ante las prohiciones que la sociedad misma hace desde la familia. No siempre es fácil delimitar lo que es poesía erótica y su proximidad a la pornografía. Los temas son variados y van desde la sodomía, pasando por el onanismo hasta el elogio del falo. Lo interesante es que existan cultoras y cultores que a través de la palabra trepen las escaleras de la brisa con el lienzo fragoroso de la pluma. “Un poeta elevado, escribiendo sobre asuntos de Venus, elegirá un tratamiento sentimental de la materia, una descripción de los juegos amatorios por medio de metáforas, símbolos u otras figuras retóricas, o la presentación descarnada de escenas sexuales. Estas tres posibilidades, traducibles en la práctica en literatura amorosa, erótica y pornográfica, muestran tres modos de plasmar un contenido significativo idéntico, contenido que desembocará en uno de esos tres resultados según el interés del escritor por producir un efecto u otro en sus lectores, pero que históricamente no se ha visto influido en nuestra literatura por la clase social o el estamento del autor (y baste pensar en el rey Alfonso X). Lo único cierto es que un escritor de baja cultura no tiene a su disposición los tres registros, y que éstos, de todos modos, no son, la mayoría de las veces, delimitables con rigurosidad filosófica.” ( Huertas Cabrera, Carlos. La erótica como forma de la trangresión social, España).

En este contexto es importante traer a colación el material de tres mujeres, valiosísimas. Dina Posada, (El Salvador, 1946). Fina cultora del verso. Su poesía es una lluvia empapada de peces, repta el horizonte hasta alcanzar las estrellas, voz que se libera en la materia del sueño. Veamos que nos dice: “El vaho se come los alientos/ el paladar mete en fuga latidos/ mi lengua dilatada se desnace/ picando los bordes de la vida / tu trance llevando mi pulso/ gravita en mi tiempo colmado.” (Orgasmo IV). Poeta irreverente, desnuda las puertas azules de la carne y estremece la raíz del espasmo, hasta despertar en la cadencia sempiterna del suspiro. Ajeno a mis pensamientos/ huiste a un casto silencio/ Hoy/que sedienta mi sangre te busca/ ni a golpes ni a ruegos/ te insinúas/ enajenado prosigues/ riguroso y oprimido y largamente oscuro/ como pasillo de convento desolado/ Tú/ ángel de dura delicia/ apático orgasmo rebelde/ erizado temblor/ pólvora vulnerable/ regresa a mí/ y aniquílame. (Plegaria del orgasmo) Dina sabe transitar felizmente por estas enredaderas. Mujer culta y por lo mismo con vasto dominio del ejercicio poético. Ella escribe y deslía la madeja del cuerpo, abre el ejército de las palabras y reconoce la tierra de las pupilas en su estallido de ráfaga amorosa.

Su propuesta es sugerente a través de los títulos de los poemas. El orgasmo como plenitud del cuerpo y la mente: es la asunción de cuerpo. Mira desde el interior, observa y transmite significados. Nada es comparable con la vivencia plena y eso sólo lo dan esos ramajes mágicos de los efluvios, la delicia articulada, espléndida, consciente de la propia corporeidad. Hay esa constante invocación al espectral espejo de la silueta, a que la entraña arda en júbilo y el manantial del suspiro transmita su sangre estival.

Carmen González Huguet, (El Salvador, 1958). Ha sabido construir la geometría del gozo desde la “Locuramor” de su herida existencial. "Explora mis panales, mi recinto/ secreto donde oculta miel destila./ El tiempo su madeja fiel deshila/ confiado a los fervores del instinto./ Bebe el beso que el dulce labio afila,/ devora la epidermis del jacinto:/ el deseo saciado, nunca extinto,/ desde tu tersa torre me vigila./ Tus manos, tu mirada, tu dulzura/ desbordan en el vértigo del fuego/ donde en olvido la razón se quema./ Coróneme el rocío y su luz pura/ en el instante eterno en que me entrego/ doblando su fervor en su diadema." (Del libro: Ausencia). Carmen recorre en el poema sutilmente el cuerpo, aquí y allá para descubrir y reconocer los hilos luminosos del cuerpo, el suspiro porfiado y agolpado de la ventana que espera que el rayo entre benigno con fuego líquido. En sus poemas la brasa del amor quema, es luz insosegada, azotada por sus ramas en las sienes. “Íntimo fuego del que soy destello:/ A brasa fiel mi boca se condena/ Para mirar arder tu fino cuello.” (Carmen González Huget, op. cit).

Carmen juega más a lo amoroso. Está, me parece, más cerca de la poesía amorosa de Delmira Agustini. Y aunque su lenguaje levanta fuego, el vaso no alcanza a llenarse. La angustia socava todo goce, aunque dedos y lengua hagan lo suyo alrededor de la isla donde uno enloquece. Eso no quita, desde luego, que en su poesía flameen los ecos del deseo y la herida misteriosa sea un prolongado picoteo de pájaros. Amada y amado sueñan en los destellos del fuego y ascienden desnudos hacia un arroyo de lujurioso deseo.

En los últimos días he conocido a una poetisa joven. Se trata de Aleyda Quevedo Rojas, (Ecuador, 1972). Aleyda tiene una conciencia plena de la poesía y transita, por supuesto por esos límites infinitos de la materia desnuda sobre la montura del alma abriéndose a reveladores arco iris. Pero su poesía es todavía más atrevida, más incendiaria y galopante. “Estoy condenada/a amar a un ojo gris/ a punto de quemarme/ quemarme la lengua/ con la saliva bendita por tus dedos/ que hechizan mi espacio/ cada vez que humedeces el goce / Es imposible no sepultarme/ en esta angustia/ de no verte pegado a mi almohada/ Visto de negro/ porque me siento poseída/por tu sombra/ alrededor de mi sexo / Tu sexo haciendo circuito/ con este tejido difuso/ donde he aprendido/ a susurrar acertijos/ que son tu nombre/de grillo húmedo/”… (Fragmento del poema: Estoy condenada). En otro poema, no menos intenso, Aleyda nos dice: “Mirabas abstraído el sagrario de mis placeres. Donde el cisne/ blanquísimo del deseo esconde la virginidad de su cuello. ¡Cómo lo recuerdo! / Como una loca…!/ Fue sobre el diván de rojo terciopelo. En una tarde doliente de marzo. / De pronto,/ Se mustiaron tus ojos enfermos de histerismo…/ Enloquecida con el ansia del primer encuentro: vago, cariñoso, divino, / te di el humilde dolor de mis lágrimas./ Sandor, mi cuerpo se deshoja en tus pupilas ingrávidas”… (Poema: Y Fue sobre un diván).

En mi poesía—acota Aleyda— el erotismo es omnipresente. En el mundo Eros mueve civilizaciones. Escribir poesía erótica ha sido una necesidad que aún no se agota.

Esta necesidad, la asumí como la relación íntima entre erotismo y sexualidad. Pero hay fronteras divisorias, que a veces, parecen confundirse: el sexo es un acto y el erotismo es fantasía pura. El erotismo es invención inagotable. La imaginación es el mejor vehículo del erotismo, desde que el mundo es mundo, y desde que publiqué mi primer libro, titulado: “Cambio en los climas del corazón”, editado en 1989, de este poemario, el poema 7: “Los jadeos/ Empañando/ Eléctricamente/ la puerta cerrada/ Laten/ Nalgas/ y forman arcos/ Una repentina/ Calma/ Reposa/ sobre las cabelleras/ Pulsan/ sus sexos/ húmedos y tibios/ Otra vez/ los jadeos/ los arcos perfectos de las nalgas/ El cansancio/ que produce/ la agitada posición/ Y la calma/ Final/ que abre la puerta.”(Quevedo Rojas, Aleyda. La poesía en mi vida, Jornal de poesía)

“En acerca de la masturbación y el sol de la dificultad”, expresa: “Hay algo de obsceno y lascivo en la palabra masturbación, esto es lo que siempre me ha atraído. Como el sol de la dificultad en la literatura, en la poesía. Como el confuso pensamiento de un escritor de cuentos, encuentro caos y atracción en la masturbación. Turbarse más de lo permitido. Más allá de la imaginación, sin límites. Perturbarse mucho más allá de los bordes emocionales y físicos. Pronunciar y sentir las palabras más desaforadas, desvergonzadas y feroces. Auto turbarse activando el mundo de lo sensorial, recorriendo el cuerpo por mano propia. Ejercer la libertad de auto proporcionarse placer y goce, en soledad”…Dicho esto, con sus propias palabras, la poesía de Aleyda no requiere de sábanas, sino de ese feroz desgarramiento de los cuerpos en el fuego puro. Las palabras y las consonantes son un jadeo de permanente eclosión. Es poesía de oleaje, de imantación turbulenta, sin duda un diluvio quemando los relámpagos del cuerpo.

Aleyda. Carmen, Dina ennoblecen esta vertiente de la poesía. Saben despertar la luminosidad y dejar los pupitres, a no ser que ellos se conviertan en otra araucaria para hacer crecer la música ciega de los labios o esos dientes de envolvente desnudez. El amor erótico no se siente aquí porque duela, sino porque suelta sus colibríes de enredadera hipnótica.

En este orden de ideas y en palabras de Gonzalo Soberano, por ejemplo, “la segunda mitad del siglo XIX, época de restauraciones, creciente democratización del trato social, extendida incredulidad religiosa, positivismo dogmático e irracionalismo naciente en oposición a él, época de aclimatación de la burguesía a los placeres del lujo y de progreso uniformador, época en fin tan constrictora de las aspiraciones plenarias del amor, adquiere vigencia una nueva sensibilidad erótica para la cual el incentivo primordial consiste en combatir el aburrimiento con los resplandores de la aventura. La exquisitez, la rareza, la anomalía entran, a fin de siglo, a formar parte de la sensibilidad artística y de la sensibilidad erótica.”

Un brazo desnudo, una pantorrilla, unas medias o unas faldas ajustadas resultan detalles propicios para un funcionamiento erótico. El poema erótico provoca en el lector “una extraña sensación de placer mórbido debido al desafío permanente del lenguaje que reviste los fantasmas, en una guerrilla permanente contra los distintos tabúes levantados alrededor de la sexualidad y de su «libre» ejercicio y el sabroso y doloroso espectáculo de la frustración y de la esperanza, renovada de acabar algún día con ella.”

Jean Franco en “Cuerpos en pedazos, dice: “El imaginario del cuerpo, por supuesto, ha pasado por muchas transformaciones. Sor Juana, cuya obra ha sido magistralmente editada y comentada por Margo, imaginaba el cuerpo no sólo según un orden jerárquico sino también como una fábrica bien administrada, en la cual la «científica oficina», el pulmón-fuelle y los humores cálidos trabajan «en arterial concierto». Sin embargo hace tiempo el cuerpo ha cesado de ser una imagen de la armonía y la unidad de la persona, o garante de la individualidad, para convertirse en fragmentos mercantilizables.”Esto desde luego lo podemos ver más que en la literatura en revistas donde modelos y actrices muestran sus gracias hasta hacer explotar los sentidos

"La frontera entre erotismo y pornografía sólo se puede definir en términos estéticos. Toda literatura que se refiere al placer sexual y que alcanza un determinado coeficiente estético puede ser llamada literatura erótica. Si se queda por debajo de ese mínimo que da categoría de obra artística a un texto, es pornografía. Si la materia importa más que la expresión, un texto podrá ser clínico o sociológico, pero no tendrá valor literario. El erotismo es un enriquecimiento del acto sexual y de todo lo que lo rodea gracias a la cultura, gracias a la forma estética. Lo erótico consiste en dotar al acto sexual de un decorado, de una teatralidad para, sin escamotear el placer y el sexo, añadirle una dimensión artística.

Ese tipo de literatura alcanzó su apogeo en el siglo XVIII. Los de ese siglo son grandes textos eróticos que a la vez son grandes textos artísticos. A esto habría que añadirle que en ellos hay una carga crítica que hoy se ha perdido. Los autores de esa época creían que escribir de esa manera, reivindicar el placer sexual y darle al cuerpo ese tratamiento reverente era un acto de rebeldía, un desafío a lo establecido, al poder. Los escritores eróticos eran, pues, pensadores revolucionarios. Diderot, por ejemplo. O Mirabeau, que desde la prisión escribe a Sofía de Monnier cartas de un contenido sexual muy fuerte. Para él esos escritos forman parte de una lucha por la transformación humana, por la reforma social. El caso más extremo, sería el marqués de Sade, aunque no creo que de los textos de Sade pueda decirse que son de exaltación del placer erótico. Hay algo intelectual, obsesivo, casi fanático en sus demostraciones sexuales”. (Vargas Llosa, Mario: "Sin erotismo no hay gran literatura".

Cierro por el momento este relampagueo. Decido descender, es decir, quedarme un instante pensando en estas tres poéticas, ahí, quedados los ojos, mudos, despiertos, atónitos sobre la tinta alada de cada afán. Son voces encantadas que ascienden y descienden, su cuerpo es ligero, tibiamente celeste en la plenitud de su propio universo. En Dina, Carmen y Aleyda el viento arroja estruendosas olas. Concientes de sus propios derroteros, saben que en cada pezón de las palabras y el verso hay un conjuro de laberintos. Y ese laberinto, no frugal, conduce a la intensidad del gozo cuerpo a cuerpo.

Barataria, 10/11.VIII.2008.

lunes, 4 de agosto de 2008

Inma Arrabal:Palabra y reminiscencias_André Cruchaga

André Cruchaga, El Salvador







Inma Arrabal: Palabra y reminiscencias








Por esos azares insospechados de la vida nos hemos encontrado con Inma Arrabal (Jerez de la Frontera, España), aunque muy barcelonesa y andaluza como muy bien ella se describe define a sí misma. En ese cruce de nacionalidades y poesía, me ha hecho llegar sus libros de poesía, relatos y novela.

Inma Arrabal es portadora de una larga tradición poética. Sí, poética sin recelos, diáfana, precisa, sin concesiones al desperdicio. Poesía decantada, libre, con un gran dominio de la imagen y la metáfora, es poesía “perfumada” que hace soñar los sueños que mueven a todo ser humano de carne y huesos. En cada recuerdo hay un poema: su mundo es la palabra, nítido y reconocible por la emoción que le imprime. El poema es su conciencia —toda la emoción posible articulada en el poema.

Amayamar, (Huerga y Fierro, editores, España, 2004). En este libro salta en cada palabra el lirismo erótico, verde, rojo, sustancial, las nostalgias. Incita a las luces del desasosiego, pero lo hace con el manejo que el tema demanda. No es un erotismo a ultranza ni tratado con frivolidad, sino con delicadeza, es el aguacero de los sueños en los cometas de los senos, la lengua mordiendo el malecón de las palabras hasta ser “lava ardiente y nieve derretida”. Inma se mueve bien entre los tiempos: presente, futuro, pasado: “Después, tú y yo, más tarde, nos perderemos/ en los cálidos senos de la noche/ y la tierra temblará más allá de tus ojos… (La partida, pag. 35. “Para mi tan sólo existe un Sur/ y al Este, tu cabeza amorosa/ cobijada en mi regazo”, Al fin mujer, pág.23). En “A un minuto de mí, pág.26, el encuentro con lo carnal se torna una sutil comparación: “…Mientras el viento baila con las cigarras,/ yo, doblada como un junco,/ bebo sabia blanca de tu rojo pino”… La alusión al Sur del amado y la amada es siempre un cálido galope entre la ternura y el gozo, entre el poema y la palabra que lo constituye.

Entre la ternura, el gozo y las caídas que el amor erótico nos dá, la poesía de Inma se yergue como ese anhelo del minuto hecho eternidad alada, nunca deja de respirarse por su magia envolvente. “Es el sueño de lo asequible, de lo real, / de lo que es y no existe, de lo que no existe y es”: sueño y aguacero en las sienes. Inma también juega con el color, con ese arco iris que el corazón desanda. “Aquí las tomateras no son de yerba verde y tierra/ sino de brisa dorada que tiñe los cabellos con luces naranjas…” (Aquí también se llora, pág. 53).

Después del amor viene el olvido o, en todo caso el desencanto, los cuerpos como hierros fríos, vueltos a su estado después del fuego que los mantuvo cárdenos. Así lo dice Inma: “Me olvidaste/ y no recuerdas para nada mi sabor/ ni mi vuelo de gaviota/ ni siquiera el lunar de mi espalda/ que tanto te gustaba…” (Prefiero los gatos, pág. 57). La vida no deja de ser locura y hasta “inhóspito manicomio”. Ver hacia el fututo, después de la tormenta, del gozo, implica como bien lo dice inma: borrar los versos de todas las palabras, que el tiempo no sea “lentejuela enmohecida”, ni pálida sabiduría de los ojos.

Por su parte, Sura, (ediciones Torremozas, Madrid, 2001) anterior a Amayamar, es un libro de evocaciones, escrito con esa claridad del verso. Entre el mar y la casa natal, nos va envolviendo con brisa. Inma está consciente que “También el aire puede, a veces, / susurrarnos palabras de esperanzas/ al oído… (La casa natal, pág. 13). Toda la actividad poética de Inma está en la noche con sus demonios, el silencio y el destino con esos cielos inmensos que el conocimiento y la experiencia producen.

Sura está estructurado en seis apartados: El recuerdo, la oscuridad, el destino, el silencio, el relámpago, poemas de Sura. Es un libro de la geografía vital, conciencia de su material, de él brota el desasosiego y también la esperanza. “Los pensamientos, teñidos de negro, / juegan al pasar por túneles ahumados.” Sin disfrazar siquiera un instante para que el mar encumbre los sombreros de las olas.

La soledad existencial y el dolor arrecian con sus dentelladas. “El dolor me acompañó todo el camino, / por los valles grises y los últimos sueños, / por ríos de palabras e imaginados mares…/ Y ahora, solitaria y cansada/ de caminar aristas, / he llegado hasta aquí como he podido. Es decir que aún después de pasar penalidades, frustraciones, soledades, avatares mismos de la vida, se está en pie frente a la vida.

En suma, estamos ante una poesía entendida como comunicación, y por lo mismo seductora; su lenguaje no está sometido a lo coloquial, ni a lo cotidiano. El yo poético de Inma destaca por su lirismo, por su meditación existencial al pasar del tiempo. Este libro en particular está transido de temporalidad y memoria unitaria de su verbalización. Aquí ya no es contemplación del amado en los que con más fuerza se aprecia el deseo de capturar el gozo que produce, es sin duda alguna, el registro de sus propios espectros existenciales. El rememorar le da sentido a su palabra. En poesía la sensibilidad es indispensable para expresar la realidad.


El tercer libro: Los que no volvimos, (Huerga y Fierro editores, Madrid, 2006), si no cambia su perspectiva frente al lenguaje, se trata después de todo de retornar a sus raíces. Así lo advierte en las palabras iniciales del libro: “mi propósito, con estas pinceladas remozadas de recuerdos y sentimientos personales, no es otro que el evocar y jugar con palabras casi olvidas e intentar plasmar la grandeza de algunas cosas, que sólo sabemos apreciar cuando las perdemos”. Son los destellos de la luz volcados en poesía. Es la vida recobrándose así misma desde lo ido o perdido.

Sabores y sonidos de su infancia andaluza se mezclan entre castañuelas, nardos y azahares. Es la infancia perdida, pero recobrada gracias a la memoria y la palabra. El libro está dividido en cinco partes, a saber: Demasiado temprano, Los que no volvimos, Costumbres ancestrales, la mutación y Un almirez de agua. Su segunda parte destaca porque de inmediato y sin quererlo me ha recordado a don Antonio Machado con quien he transitado aguas y olmos. El Guadalquivir con sus riberas verdes y la lluvia goteando en las palabras, duende que no escapa a la memoria. Aquí, como lo dice Inma. “el aire se pasea/ por los blancos caminos andaluces/ salpicados de azahar…” (Caminos andaluces, p´g. 35).

En su memoria están, todavía, las paredes encaladas y la campiña de “cortijos blancos”. El alba “ardiendo en la alfarería de las torres” y la brisa arrastrando los atardeceres con los susurros ancestrales del canto. Inma ha sabido, desde su poética, aquilatar con iniguable música cada esquina de esa Andalucía castellanizada (Andalusiya de al-Ándalus) que algunos conocemos a través de referencias y lecturas: La Andalucía visigoda, bizantina y musulmana, etc. “cantos y lloros” se acomodan en su voz hasta el punto de oír en la lejanía aquel Cante jondo de García Lorca como ramas de incienso en esa voz dolida por el escalofrío del recuerdo. Sin duda el libro me ha hecho detenerme en la evocación de lugares y monumentos como las Mezquitas, La Giralda, El Patio de los Leones y por supuesto los olivares y las dehesas de Boyal.

Dejo para un próximo recorrido por la patria literaria de Inma Arrabal: Ellas también cuentan-Espíritus líquidos (relatos) y Por matar el tiempo (novela). El arma fundamental en estos dos libros es el lenguaje el que Inma usa con soltura y afinada destreza. De la mano de ella, iré cada vez recorriendo esos parajes y personajes creados pero que al tocar tierra se tornan tan reales como los sombreros cordobeses.

André Cruchaga
Barataria, 02.VIII.2008.
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martes, 24 de junio de 2008

La mujer rota_Miren Eukene Lizeaga

Miren Eukene Lizeaga, País Vasco.




La mujer rota


Los años no cuentan
en la vida de muchas mujeres
son las vicisitudes
que van sajando sus almas y sus corazones
las que deciden sus edades

No importa con que años murió de inanición
su larga juventud para alimentar amores

Era tardeel día que reconoció
que no existía quien restaurara su confianza
nutriendo a su corazón hambriento
su corazón ¡tantas veces entregado!
esperanzado
a cambio de nada

Los años no cuentan
en la vida de muchas mujeres
Son jóvenes
aún cuando los sangrados
ya no pertenezcan al período
y sean carne de quirófano
que las sigue vaciando
Son jóvenes
cuando se saben no deseables
para el otro sexoSon jóvenes
porque saben trasladar
el objeto de sus amores
porque inventan nuevas motivaciones
mientras habitanto
da clase de prisiones y de incomprensiones

Son jóvenes mientras respiran
y a pesar de sus almas y corazones transidos
por un dolor invisible
y un llanto que las horada por dentro

A pesar de sus cuerpos
cicatrizados con sangre
De sus cuerpos deformados
porque han vivido
Son jóvenes mientras respiran
porque continúan alentando al de al lado
y animando la existencia de otros seres

No hay edades ni hay historia
para la mujer rota
Ella que también fue crucificada
Ella imprescindible
que estuvo en el Génesis
y estará tambiénen el Apocalipsis…
Donostia 2008-02-15
©Eukene Lizeaga Tamayo
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Poeta y traductora del País Vasco.
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jueves, 5 de junio de 2008

La gran verdad_Miguel Fajardo Korea


Miguel Fajardo Korea, Costa Rica.



La gran verdad




Los cuerpos como mañanas
encallecidas… “La caravana de la muerte”.
El suspiro de la sombra,
los torturadores de todos los signos.
Las velas encendidas se llevan el arpa,
los exilios interiores
de Ninfa Santos o Eunice Odio.
A Fujimori lo persigue el olvido.
La raza del Inti es eterna.
Perú siente los caminos de Nazca,
el sendero
contra el saqueo
de los malvados que empobrecieron
la dignidad
Túpac Amaru,
la voz de “Amauta”.
El corazón de América.
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Licenciado en Literatura y Lingüística, con énfasis en Literatura, Académico propietario en la Universidad Nacional de Costa Rica.
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