domingo, 10 de enero de 2010

poemas de josé antonio domínguez


José Antonio Domínguez, El Salvador


Se que estás en todas partes

Arquímedes, hermano.

Llegás al cafetín universitario
te abrazo, sonreís
decís que no has muerto
que estás aquí y en todas partes.
Volvemos a las calles
a deletrear la patria interminablemente
enamorando viejecitas
de mirada triste y lacerada.
Hablamos de la flor silvestre
cortada en madrugada de posta y de recuerdos
de las hormigas cargando el alimento
“sin egoísmos, muy disciplinadas”
de nuestras hijas
intercambiamos fotografías, travesuras y silencios
de la mujer que amamos, nostalgias.
De quienes murieron en el año ochenta
del nombre más querido
del heroísmo de los compás
de las hienas, de los cómplices, de los asesinos…hablamos
Los payasos de la plaza
sueltan poemas tristes en cada carcajada, nosotros callamos.
Hablamos de la eterna embriaguez en plenilunio
de las debilidades y las dudas
de la cobardía y el arrojo
y vos, que la ciudad es una cosa
y la montaña es otra
pero el amor, en primera fila
y a su lado la muerte, me decís.
La catedral se agiganta
es noche
y yo, que aún es temprano
y vos, que las medidas de seguridad
y yo que no te vayas
y vos que estás en todas partes…
Has vuelto a la sombra
he quedado sin fechas, sin señales
para otro contacto
pero hoy sé que estás en todas partes!
Quizá volvás el día cuando todo termine
justo a tiempo para el café de otra tarde
con más de algún poema que se coló en tu agenda
con la sonrisa aquella, de escolar o maestro?
Dirás que basta un silabario de ternura
un cutuquito de yeso
y una aritmética de estrellas
para empezar el futuro.


Ella

Lejos
más allá de mi transpirar está ella
Espera
como las rocas de ignorada presencia
resignadas a un tiempo que no existe
Espera
como raíz escondida en su oscuridad vital
Y la espera es un grito
que se nutre de espanto
intruso pernoctando en sus entrañas
lianas de de sangre
creciendo como el bosque
que persigue al sol.

La calle es un abismo que se traga los pasos.
Ella no sabe dónde empiezan y terminan las sombras
y cuando será el grito que irremisiblemente
pedirá que se haga la luz.


Muelle

El silencio se hizo alfombra, cómplice de tu paso.
Caminando por el muelle te fuiste para siempre.
El quinqué donde ardían las promesas
consumió la última gota de las horas amadas.
Recuerdo que una niña, reía en el regazo del sueño
que aquél viejo contaba sus peces plateados
-relámpagos agónicos de la madrugada-
de pie, desafiando la inmensidad y su muralla oscura
grotescos querubines brotaban de tus ojos
comprendí que sólo eras un destello de ternura
en un alma marchita infatuada de gulas.

El mar bostezó incandescencias desde el vientre
amanecieron los botes y sus lívidos colores
exhalando holocaustos y salmueras.
Los pescadores huyeron con el alba
insomne bandada perseguida por los dioses
y su mirada de sal.
El muelle fue un desierto
hondeando atarrayas de alma remendada
cansadas de lanzarse
tras el mismo ritual desde hace siglos
el mar las traga y las vomita indiferente
a veces les da vida
otras, sólo escurren nada
pero tú, sorda a las voces de su entramado triste
no escuchaste lamentos o ilusiones
ajena a sus ojos de brisa y de sol.
El oleaje era un adagio repitiendo tu nombre
no el que te nombra, el de tu vida
moneda que se transa y anula cualquier mano
sonrisa que no admiten los espejos
sonaja de papel anunciando los misterios simples de la mentira.
Así, reinas en la espuma de vulgares licores
ahogada en saliva y alcalinas semillas
ataviada de rosas inodoras, falsas…
Tu rostro nunca fue el mar
ni tu boca, besos o locura
sólo aliento de marismas y herrumbres
que el viento escupe
y el horizonte olvida.

(Todos los textos tomados de Testimonios del olvido)

viernes, 8 de enero de 2010

poemas de joaquín meza


Joaquín Meza, El Salvador








Postal







En mi país
hay "ríos majestuosos"
"soberbios volcanes"
y "apacibles lagos".

También hay carreteras
fábricas escuelas hospitales
cementerios -privados
y clandestinos-
y edificios que le rascan la panza
a los "cielos de púrpura y oro".

En dichos ríos
con mucha suerte se encuentran
Cabezones
y Cucas de Agua
mujeres que restriegan la ropa
con la chiches colgando
y "desaparecidos"
que se comen los chimbolos.

En los lagos
flotan cochinadas que dan gusto
y los cayucos se deslizan
detrás de una mojarra.

En los volcanes
se dan los perotes
y las manzanas pedorras
y las azucenas
y las gladiolas
y los tulipanes
y los cafetales.

Tampoco faltan los estadios
los cines
los turicentros
los autódromos
los slogans
el veneno
la tortura
el terror
los espías
y
por supuesto
los Escuadrones de la Muerte.

(de Poemas que dejó el tren… de la guerra)







Tiberíades







Acatándole
echaron las redes por la otra borda
y enseguida levaron imperios
y naufragios
llantas usadas
latas de cerveza
condones rotos
cajas de detergente
piratas y sirenas
ballenas muertas
y galeones fantasmas
áncoras y torpedos
pulpos enredados
secretos de estado
mini submarinos espías
paquetes de coca
restos del Challenger
y desaparecidos políticos.

(de SalMitos)







Caifás






Sumo Sacerdote del Zumo de la Ley:
¿Por qué sabiéndolo jodido lo jodiste más?

(de SalMitos)






Postal







En mi país
hay "ríos majestuosos"
"soberbios volcanes"
y "apacibles lagos".

También hay carreteras
fábricas escuelas hospitales
cementerios -privados
y clandestinos-
y edificios que le rascan la panza
a los "cielos de púrpura y oro".

En dichos ríos
con mucha suerte se encuentran
Cabezones
y Cucas de Agua
mujeres que restriegan la ropa
con la chiches colgando
y "desaparecidos"
que se comen los chimbolos.

En los lagos
flotan cochinadas que dan gusto
y los cayucos se deslizan
detrás de una mojarra.

En los volcanes
se dan los perotes
y las manzanas pedorras
y las azucenas
y las gladiolas
y los tulipanes
y los cafetales.

Tampoco faltan los estadios
los cines
los turicentros
los autódromos
los slogans
el veneno
la tortura
el terror
los espías
y
por supuesto
los Escuadrones de la Muerte.

(de Poemas que dejó el tren… de la guerra)

lunes, 4 de enero de 2010

poemas de ana escoto

Ana Escoto, El Salvador



El observador





Siempre llueve y las calles se inundan de ojos. Los ojos se esconden en nuestros zapatos. Nos muerden cuando caminamos. Alguien se detiene a ver su pasado. Cierra los ojos. Descansa. Duerme. Los demás abrimos los ojos y vivimos un día más en la oscuridad de su mirada.
Mañana también lloverá.




***

Quiero saber si tendré alas cuando muera esta vezsi en el canto de tus sueños podrás oírme suspirary si podré engañar a estos ojos dispuestos a partir
Quiero saber si cuando mueras, serás el vigía del faro que en medio de las olas y las lágrimas saladas,
conoce donde empieza el horizonte y donde terminan las aguas

Y es que ya no quiero matarme sobre los espejos
ni deshojar margaritas de abrazos olvidadosporque han brotado demasiadas sonrisas al morirme de mares



***
Los amuletos ya no retienen la suerte perdieron su efecto sobre estas manos heridas
hay sangre entre la tierra que separó los cuerpos
cada uno de nosotros enterró sus hombros
y hoy ruedan gritando las cabezas

las distancias merodean los cementeriosse reconfortan llevándole flores a la muerte
porque encontrarnos ya no es cosa de este mundo

domingo, 3 de enero de 2010

poemas de edgar iván hernández

Edgar Iván Hernández, El Salvador



Glosa de La Cuidad Errante





Recogida te llevo en el camino
y eres con migo La Ciudad Errante...
Detrás del pensamiento y la sonrisa
el que sabe mirar sabe encontrarte.

De: Ciudad Errante
Claudia Lars





I

Eres la ciudad que crece en las palabras, por eso me refugias, me estremece tu lluvia y tu sed. Tus voces apócrifas me acompañan, me condenan a tu fuero y envejezco, sin perder las viejas formas de amar. Me dispara la trazadora de tu locura, tus sílabas en las que vuelo en el único viaje.
“Recogida te llevo en el camino”

II

Camino con antiguas certezas, sobre nuevas calles, y lejos quedan mis pasos vanos. Ciudad herencia en mis avenidas y en mis desmesuradas plazas. En el coro de los transeúntes avanza mi voz
“y eres con migo La Ciudad Herrante...”




III

Renazco muriendo, muero como nacido. En mercados, estadios y bulevares. Poco envejezco en la muerte de mis hermanos. Venzo la ciudad de pasos hermosos y trágicos. “Detrás del pensamiento y la sonrisa”






IV

Eres la ciudad que me detiene en diciembre y me devuelves días amados, llanos de amor y humanos versos
“el que sabe mirar sabe encontrarte”








Glosa de la ciudad estremecida






“Estoy aquí, ¡ciudad estremecida!
-Alzada de tu aliento y tu sangre,-
contra tu corazón de amargos fuegos
y tu nombre cubierto de cadáveres.”

De: Ciudad bajo mi voz
Claudia Lars




Canto viviendo el amanecer adelantado y encuentro nuevos pasos. Me quito la camisa del desaliento y la ciudad me da su fuerza, sublima mi martirio, en cada palabra y en cada verso.
“Estoy aquí, ¡ciudad estremecida!

El pasado y el futuro me estorban mi alegría. La vida me atrapa, en el perfil de su amanecer, mis ojos y mis brazos están lacerados, bajo el invierno infame, se clavan en mi cabeza, las voces de la ciudad, que me defiende de toda ceguera.
Salto a las calles sobrevivo a sus fantasmas, soy cadáver en bancarrota por avenidas de ilusión, busco mi paraíso robado en medio del bullicio de mi ciudad “Alzada de tu aliento y tu sangre,”

La ciudad empequeñece mi corazón y encuentro al que soy: niño en asombros gigante en dolores. Encuentro la felicidad la descubro en el milagro y el fuego En la ciudad escucho sílabas eternas, voces de amor abrazos y ruegos, niños buscándose sin encontrase almas acorazada, avenidas de historias prescritas aduladores, paciencias remendadas, joyas y ojos tatuados, con el lenguaje reptante de la vanidad “contra tu corazón de amargos fuegos”

Valoro el recuerdo de un hogar lejano en el secreto, paisajes tapizados de naranjales, ancianos que beben en vasos de fuego.
He visto la ciudad con tanto veneno y con tan poco amor. He visto que amor dura meses, incluso años y el odio dura décadas, siglos
“y tu nombre cubierto de cadáveres.”






Elegía de Catedral 1990


A: Oscar Arnulfo Romero.




Domingo de Catedral
Domingo de tus ojos
llorando en el misterio
Domingo de pájaros
bebiendo el vino de tu voz
Los cuatro vientos de los mares
vuelcan su sangre en tu memoria

Casaldáliga
ha venido a soportar tu sombra
de Amate eterno
Desde Roma saludan tu sueño
Desde el dolor hasta tu voz
hecha esperanza

Miles ha venido a tu casa
desde el mar a tu amor
desde los silencios hasta tus labios
Han venido a compartir
tus descalzas heridas

El incienso de tus crónicas sube
hasta el mayo eterno de tus bondades
mientras los relojes continúan
asesinando las horas de sueño

Hace diez soles venimos a tu rostro
a tus manos
a tus mejillas
que no pronunciaron odio
bajo el segundo criminal
que mordía
los calcañales de tu amor
Peregrino de la canción
de las colmenas incendiadas
El panal de tu cuerpo
vuelve a derramar sus mieles

Hombre de las calles y los tugurios
sangre de la ciudad
que construye la llanura

Hermanos
regresaron las golondrinas
junto a tus huérfanos
al pozo de tu santo dolor

Han venido a reconstruir tus cometas
que la lluvia sangrienta te robó
hemos venido a profanar tu corazón
hemos venido muertos
a beber de tu vida.

sábado, 2 de enero de 2010

poemas de mercedes durand

Mercedes Durand, El Salvador
Fotografía: 100 Escritores Salvadoreños de Roxana B. López









Las manos en el fuego

Un vuelo de azules mariposas
Le inundaba la frente
Y los pasos menudos del rocío
Verdecían el musgo
Empurpuraban más a los geranios
Y agitaban su pulso…

La noche de un agosto fronterizo
Entre el gozo y el miedo,
(mariposa-zenzontle-miel-canela)
Sacudió sus entrañas
Y el rumor pizarrino de la lluvia
Y el dolor de la sangre
Despertaron mi llanto
Y heme aquí… desde entonces.

La madre de María Inmaculada
Bendijo mi venida
Entre Kyries y Salves y Acordaos
Y mieles de achicoria…
Nací del llanto y con la lluvia tenue
Una noche sin noche
En vuelo de opalinas mariposas
—entre barro y canela—
Y por anual me dieron el zenzontle
Y por signo un lucero
Y por herencia el viento, la colina
Y el mar y el horizonte…

El Ángel de la leche me dormía
En brazos de mi madre
Y el morro de una tímida sonaja
Sacudía mis manos…

Pronto mis pies corrieron por la casa
Y conocí a la hormiga
A la chiltota —prima del naranjo—
Al zompopo de mayo…

Jugué al escondedero con mi sombra
Y el libro de Mantilla
Y el ábaco de cuentas rojo-blancas
Y la manzana rosa
Y Sor Emilia con su toca nardo
Me fueron familiares…

Miedos estacionados en los goznes
De puertas y ventanas
Asomaron su voz de medianoche
En perros sincopados
Y trac-trac de carreteras ambulantes…

Un ser estaba siendo ente y era
Construido con palabras,
Asombros, experiencias y consejos
De luna y porcelana…

Un ser estaba siendo ente y era
Romboide en espiral,
Lámpara del no-yo, luz del nosotros,
Sombra de girasol,
Gota infinita del mar existencial,
Fragmento del no-ser…

Un ser esta siendo ente y era
Átomo de galaxia,
Cristal de cosmonauta en agonía,
Espuma sideral,
Profética visión de aconteceres,
Salmo del siglo XX…

Un ser estaba siendo ente y era
Lágrima de la tarde
Escudilla de sílabas y nombres
Racimo de palabras…




Espacio de mi voz a Frida Kahlo

Un día, Frida Kahlo,
Pleno de sol y niños,
Me acerqué a tu horizonte,
A tu mundo divino:
Acaricié un rebozo, un nopal y un indio.

Desde ese día, Frida,
Aspiré tu dolor sublimizado
Por la voz de la lucha.
Me dijiste el mensaje que la tierra
Proclama en las espigas;
Me dijiste…
Me dijiste mil cosas, Frida Kahlo,
Con tu verbo encendido.
Entendí tu mensaje,
Lo guardé entre los pliegues de la sangre
Para donarlo a mi hijo,
Porque… quién Frida Kahlo
No aprendió tu lección de sacrificio
Si era tu voz un himno libertario
Para el mundo oprimido.

¿Quién te pudo ignorar si tu presencia
amanecía en todos los colores
de las cosas sencillas?
¿Quién se negó a ignorar tu noble ayuda
elaborada en paz y dulcemente
desde el cedro labrado de tu silla?
Ninguno, Frida Kahlo,
El Louvre mismo atesoró tus cuadros,
Veneró tu mujer y tu pintura;
Te amaron los hambrientos de justicia,
Te comprendió la juventud,
La brisa,
Los paisajes risueños,
La campiña;
Te saludó el arroz,
El vodka alegre,
Los maizales indígenas sangrando,
La Torre Eiffel y la Alambra antigua;
Te saludaron todos Frida Kahlo
Porque tú eras la vida,
Porque enseñaste siempre
Acuarelas tranquilas
Porque igualmente pronunciabas panadero
Que arte impresionista.

Por eso, Frida Kahlo,
Cuando la lluvia acompañó tu viaje,
Me dije:
Sus cenizas
Habrán de germinar en rosas blancas
En auroras de olivo,
O tal vez pintarán una paloma
Sobre el lienzo del mundo.

Te has ido Frida Kahlo,
Se mece en tu recuerdo
La fiesta alborozada de tus trajes
Y el gozo circular de los anillos.

Adiós a la pintora Frida Kahlo,
A la mujer sufrida,
A la artista que un día
Me permitió mirar a su horizonte,
A su mundo divino,
Y acariciar el rostro del rebozo,
Del nopal y del indio.




Vengo del viento

Vengo del viento azul
Donde el jacinto
Sorprende en su temblor al lirio de agua.
Vengo en el viento
Y con el viento traigo
La voz delgada del Guarajambala,
El eco acantarado del Sumpul,
El dialecto azulino del Jibia
Y la música en flor del viejo río.
Del río de las barbas de esmeralda,
Del río que se extiende por los valles,
Del río que amortaja a los cadáveres,
Del río de la luz en las entrañas,
Del río viejo,
Del río sangre,
Del río indio,
Del río padre,
Del río río,
Del río Lempa…
Vengo en el viento
Y con el viento traigo
Suspiros de copal,
Aire de bálsamo,
Guirnaldas de esquinsuche
Y aliento de cacao…
Vengo del viento
Y con el viento traigo
La oscura ramazón de los caobos,
El canto melancólico del guauce,
La auora vegetal del maquilíshuat,
El jacamar y su plumaje huraño…
Vengo del viento
Y con el viento traigo
Un corazón de viento huracanado…

viernes, 1 de enero de 2010

poemas de ítalo lópez vallecillos

Ítalo López Vallecillos, El Salvador
Fotografía: 100 Escritores Salvadoreños de Roxana B. López









Mientras me llevan esposado








I
Vino un hombre
Y me llevó del brazo,
A la fuerza,
Esposado.
Me enseñó una tarjeta,
Un revólver
Y su alma.
Me enseñó sus ojos
Y me pidió disculpas.
Dijo que cumplía “órdenes”.
Me habló de su mujer
Y sus pequeños hijos.
En medio de la pena
Pronunció estas palabras:
“perdone,
se tiene que vivir”.
Vi las últimas llamas de la tarde
Y me metí en la noche,
Con miedo.





II
Es fría la cárcel. Y dura
Y cruel. Y pesa como una lágrima.

Surgen en ella de súbito los caminos,
Los besos inconclusos,
La noche y el silencio.
Todo se agolpa en la memoria:
Los geranios,
La madre, la esposa,
La lluvia,
Los espejos, las corbatas,
Los hijos a la puerta de la casa.
Todo se viene de golpe
A la memoria. Y hace falta
Una caricia,
Una almohada,
Una palabra sencilla,
Un poco de amor.
Una navaja
Diminuta con que cortar
Poco a poco los sentidos.
Esto es: no ser el ser que somos,
Sino su potencia y su acción,
Su llama y su protesta. Ser pájaro,
Nube,
Sueño, proyecto,
Semilla y árbol.





III
La cárcel duele en el alma:
Tiene como ella rincones dolorosos;
Paredes manchadas,
Sucias invocaciones.
En lo más alto y en lo más bajo
De su miseria,
Cuando la ve se ha extraviado
Y la paz se nos niega,
Y el pan no tiene esa delicada presencia
Del trigo y de los ángeles,
Cuando volvemos a ser lo que hubimos deseado
Ser siempre,
Entonces, la cárcel se abre,
Se rompen sus ataduras,
Y ya no estamos solos, sino alegres
Y puros, y claros, y abiertos.





IV
Uno tiene que encontrar su destino.
En alguna parte,
En algún mes,
En alguna noche,
En alguna palabra uno tiene que encontrar
Su destino.
Yo hallé el mío,
El que me hace feliz, el que me hace bueno,
El que me quita de un golpe
Todas las esquivaciones;
El que me aclara y declara,
El dulce, duro, claro y oscuro
Destino.
Ahora lo sé. Lo siento mientras
Escribo este poema
Y dejo atrás la cárcel. Y dejo atrás
La lluvia,
Y la Patria, y la noche,
Que también se quedan atrás
Mientras me llevan esposado,
Amarrado, digo,
A cumplir mi amargo y universal
Destino.

jueves, 31 de diciembre de 2009

poemas de jonathan velásquez

Jonathan Velásquez, joven poeta de El Salvador



Insomnio





Cuando el insomnio
danza su macabra sonata
con mis parpados
desempolvo el alfabeto
de las aves y los sonámbulos peces
que trae la tormenta.
Cuando el insomnio
me obliga a que te piense
desentierro los secretos
de la tierra y de los árboles,
me enamoro de los ángeles
que se escapan de mi sueño
y alzo un vuelo interminable
hacia el huracán de tu mirada,
invento una y mil formas
de gritar tu nombre con mis ojos,
cuando el insomnio llega
tiendo una emboscada a tus piernas,
dibujo tu cuerpo con la oscuridad de mi sombra,
abro el baúl del silencio
y ciudades dormidas, sin plazas ni a venidas
escapan de mis manos
como una ráfaga de viento clandestino.
Cuando el insomnio llega
bebo café,
enamoro las estrellas
invoco las lechuzas y los búhos
y te sueño despierto
esperando nunca despertar.







La muerte de la montaña.



Con majestuosidad Acaricias el vientre
Desnudo del cielo.
Crosby Lemus.




Las hojas están hartas de caer sobre la frondosa hierba
Y tus pies descalzos,
Quieren mutilar el tiempo con el filo de su lengua
Tratan de cortar la voz del sol
Mientras el olvido cae como el fruto prohibido.
Las raíces de los árboles Penetraron el vientre de la tierra
y beben su dolor interminable,
Las hojas siguen meciéndose sobre el viento
No quieren caer, (quieren seguir existiendo)
El cielo abrió los ojos y se echa en llanto,
De su ojo de cíclope vomita las estrellas,
Mientras las hojas aun siguen cayendo…
El rió de mi mano no termina, y universos nacen de mi pluma,
Un demonio, acecha la montaña milenaria,
Se devora su fresco cuerpo aun virgen
Pide auxilio, la sangre de sus venas
Corre por el rió y su vida corre hacia la muerte, (las hojas aun caen),
Un último grito estalla el silencio se ha roto,
El fantasma de un árbol toca mi espalda
Las hojas han dejado de caer (La montaña ha muerto.)






Mañana.





Mañana será igual,
la tarde morirá
el crepúsculo reclamará tus ojos,
la lluvia tu cabello.
Mañana será igual
la noche se embriagará
de oscuridad y nostalgia,
la montaña será herida de muerte,
las aves reclamaran tu voz,
el río dirá tu nombre,
el viento cubrirá la corteza de tu cuerpo,
será igual mañana
sonará la radio
el niño llorará,
será igual, los ángeles
pelearán contra el demonio.
Mi cuerpo necesitará
el oxigeno de tus labios.
El aroma a café de tus s(u)e(ñ)nos,
el sabor a tarde de tu vientre,
mañana será igual
la muerte vendrá sin previo aviso,
la guitarra romperá el silencio
con su grito,
La ciudad rugirá monstruosamente
mañana será igual
tu piel, tus ojos, tus manos,
vos no vendrás…

miércoles, 30 de diciembre de 2009

poemas de sandra marisol aguilar

Sandra Marisol Aguilar, El Salvador










I
Mírame de lejos y no intentes tocarme
Que tengo la piel puesta con pedazos de alfiler
Mírame de lejos y respira despacio
Que el menor de los suspiros sería capaz de desarmarme
Mírame de lejos pero no busques mis ojos
Confórmate sabiendo que los tengo abiertos.





II
Como si derramar gotas de sangre sobre cuerpos sin vida
Nos llevara de regreso al lugar donde perdimos las agallas
Como si ahogar los gritos en mitad de la noche
Impidiera a los demonios despertar en nuestros sueños
Como si tragarse las palabras bastara para callar al pensamiento,
O cerrar los ojos alejara de la mente las formas silenciosas del dolor cuando amanece
Como si acumular frustraciones en la frente le devolviera mocedades a los huesos
¿Y de qué sirve caminar sobre la arena si una tras otra las olas borrarán cada pisada?
Si ni siquiera el aire está esperándote para ser respirado,
Y la tierra ya no anhela abrazar de tus miserias aquellos gramos que perdiste al elevarte en el pasillo de tus miedos
Porque las manos no te alcanzan para soltarte madrugadas
Entre murmullos que desvelan al mecerse telarañas
Porque en silencio hasta la muerte duele menos
Y en la penumbra la humedad se hace mayor.






III
Hoy la noche ha oscurecido más que ayer
Hoy las manos no sostienen ni siquiera pensamientos de cartón
Pesan más los pasos lentos del tejado bajo el viento
Porque el semblante es humillado por el ácido rocío que gotea en las ventanas
Y el frío seco es el verdugo de los sueños mancillados
Y se desarma la piel entre sábanas rasgadas
Y las paredes se levantan sin cubrirnos las espaldas
Porque hoy la noche es enemiga en el cuartel donde se extinguen en silencio
los gemidos de aquéllos a los que ya nadie escucha
Y se derrite el tiempo en los relojes
Y agoniza la luna en las aceras
Porque hoy la noche ha decidido no volver.






IV
No es más grande la tristeza por llorar bajo la lluvia
Ni el calor es más ligero cuando viene desde adentro
Las horas todavía manan sangre
Pero la luna no es distancia para huir de la tormenta
Y tu sombra no es más sombra por dormir en un espejo.






V

Que es un par de manos sino la calma oculta en el licor de una botella
Una laguna de mirada
El rostro vacío de una sed que no se va

Es tarde

El aire se corroe en la ventana
Suena lejos el latido de la tierra
Y el chasquido de los huesos ahoga el hambre acumulada en las entrañas

Soy solo gotas dibujadas en un brazo de madera
Agua que cae y golondrinas que no duermen.

martes, 29 de diciembre de 2009

poemas de heriberto montano

Heriberto Montano, El Salvador



Mañana será otro día




La tarde muere porque los pericos vuelan
En ese lastre de nubes violetas contra el cielo
Y buscan refugio las flores que se esconden
Como en un ovillo tierno y asustado

La tarde muere porque el universo cierra
Su vana soledad de ojos abiertos:
Pájaro del sentimiento absorto
Jazmín que pliega alas

La tarde muere como muere tanta cosa
Muere otro día para que la vida acabe
Muere la sonrisa y muere esta palabra
Muere el ansia que empuja los olvidos
Y el sonido que crece como mata

Muere la mano que sostuvo el clavo
Y muere la mano que estrelló el martillo
Muere la voz que ordenó la muerte
Y se apaga el disparo que cortó la espera
©Heriberto Montano





Ceniza




Ayer llovió ceniza sobre las calles de mi soledad
Aunque toqué madera antes de pronunciar
Tu nombre
Tu silencio como piedra roja escondida
Tu lágrima fundada en principios sólidos y vanos
Y tu voz salida de un cuerpo opulento y necesario
Gata infame que relame su corazón insensible

Pero no estabas al alcance de mi ronco aullido
De mi mano caliente como guardada en un tibio recuerdo
De mi lengua que apetece de tu superficie salada
Y de mi erecta desazón que reclama tus gemidos

Ayer llovió ceniza sobre la calles de mi soledad
Y el crepúsculo llegó despacio a esta carta con que intento
Hacer tumultos en mi noche y recogerte
Pedazo a pedazo hasta configurar
Tu olor de ajo y albahaca
Y tus labios que succionan mi nombre con cariño
©Heriberto Montano






Sueño con frutas




Yo toqué tu soledad olorosa a naranja lima
Tus labios carnosos y dulces como tuquitos de caña
Y tu jugosa pitahaya sangrante como corazón

Tierna soledad de piel de mango sonrosado
Alegre soledad de marañón cubierto de abejas
Y de luz sensual como gajo de uvas

Pícara mirabas con sonrisa de sandía
Fragante soltabas tu risa de mazorca de maíz tierno
Y elegante movías tu trasero de calabaza culona

Y yo deseaba hincar el diente en tu suavidad
De guanaba madura
Babear mi lascivia en tus cocos de fuego
Hundir mi locura en tu fruto de pan
Y sentir tu perfume de níspero bajo las lluvias

Como en la profunda madrugada húmeda de tierra
En que tu murmullo de jícaro me conmovía
Ahíto de ti mojado en tu almíbar
En tu dulzura embadurnada de ansiosas hormigas
Donde pájaros rojos sonámbulos
Cantaban
©Heriberto Montano


Furtiva soledad




Jamones serranos duros como garrotes
Pero que desplazan su carne grasosa al cuchillo
Al mordisco que a pocos pertenece
Manzanas doradas de oscuro fulgor
Que sueltan como humillo su sabor a gotas
Arroz con garbanzos y almejas abiertas
Y cangrejos extraviados en su carrera hacia atrás
Carnes sonrosadas de cerdos consentidos
Rebosantes de almíbar y de especias orientales
Aves que cantan entre cebollas y verduras
Su canto de amor como cisne malherido
Zanahorias y calabazas brócolis y elotes
Y el aceite de oliva y los magníficos vinagres
Y el gran perol donde caben tantos regocijos
Del diente al labio del dicho al hecho
Con pan crujiente a la mordida a la medida
Como tu cuerpo y tu euforia

Lejos de ti amor que añoro y huelo
Lejos de estas manos que tropiezan
Lejos del cielo que reclama tus vestigios
Y de tu olor a carne sudorosa revolcada en plena cama

Solo de soledad que huele a soledad inquieta
Lejos de tu piel que huele a viandas
A grasa amotinada y a pescado fresco
A agridulce lengua y a sexo en llamas
A nalga olorosa a pasión y albahaca
A recuerdo que me humedece
Que se me hace agua entre los dientes
Que se me hace un revoltijo de ilusiones
©Heriberto Montano






Podemos hablar



Han pasado los siglos de los siglos y en nuestras venas
Circula un chocolate espeso sabroso
A veces ácido
Producto de esa urdimbre de pieles y dolores
De ese galope sobre el vientre de los pueblos
Y de nuestras mujeres que preñadas
Han dado a luz
Estas bocas sumisas con su verbo a rastras
Estas manos insurgentes y sangrantes

Han pasado los siglos y un chapotear de días es lo usual
Gemido tras gemido y una risa como ante un chiste fresco:
Barro germinal Flor fragante
Río tumultuoso
Deslave de acontecimientos Terremotos ruidosos
Borbotón de ansias y quimeras
Sangre y más sangre en calles y avenidas
Dueños absolutos de todo el sueño y sus abortos

Porque aprendimos a soñar en el idioma de las penas
Aprendimos a leer con la cabeza gacha
Aprendimos a mirar horrorizados el futuro
Y a soltar las amarras del amor
En un quejido constreñido
En un silencio amarrado a los ovarios

Y la palabra flota mirando hacia arriba
Hacia las carabelas que se incendian en la playa
Hacia el dios crucificado que castiga
Hacia el garrote que golpea con sus noticieros
Hacia ese país bestial que amenaza y corta
Los senderos de todas las palabras

Y aún así sobreviven adjetivos y sonajas
Sustantivos altivos que cantan sus verdades
Adverbios que no se humillan y circulan
Cambian de sitio y asisten a proclamas
Fundan textos que subvierten diccionarios
Y crecen en la poesía como hierba simple
Y vana

O en el corazón que a veces toma
O en las manos que a veces empuñan
Lápices reglas sacapuntas y cuadernos
Historias vidas desazones y desgarros
Testículos dientes piernas y martirios
©Heriberto Montano

lunes, 28 de diciembre de 2009

poemas de david morales

David Morales, El Salvador


Soledad








Andando la noche
de esquina a esquina
llego donde siempre.
Cuento los ladrillos del muro vecino
miro las estrellas
y no miro nada.
Dentro de mí
busco,
busco
y busco
y no encuentro a nadie.
Luego regreso a la cama
y me arropo
con la tristeza madrugada.
30 de Julio
Nuestros cuerpos descansan
el hambre nos estalla en el estómago
masticamos consignas
sudamos constancia
y coléricos pulsos
han dejado nuestro grito por las calles.
El sopor de la marcha
ha dispersado el tiempo y la impaciencia.
Mientras
vamos escribiendo universo
con el silencio.
La Paz
La paz es una hoja
que yace en un charco de sangre
es un tenue lamento
enredado en la brisa.
La paz
son las tortolitas nerviosas
saltando en la milpa arrasada
son los ratones y moscas
buscando en la mesa desierta.
La paz
es un pueblo sin puertas ni ventanas
de tumbas, trincheras y casquillos.
La paz está en la iglesia acribillada
en el rostro lejano de los viejos
que descansan y olvidan sobre el atrio.
La paz camina por el parque
columpiándose en los brazos de la tarde












Después del paso de la hueste divina









No dejó la hueste divina
pecado sin expugnar.

Los potros resoplaron
a los huesos;
los gritos
tañeron
arpas negras;
rasgaron el cielo
cuatro cuervos.

Pisoteado, también,
até del corazón
la inflorescencia.

Hoy,
al paso de los días
reparto
sombras,
luces incoloras
que danzan
por las noches y los ríos,
por los vientos y las muertes.











Un rumbo una vez









Desgarradas lágrimas;
el quiebre vacío fue el del violín.

El cuerpo recién explotado
voló,
quién sabe de guirnaldas?

Una cara perdida es el amor.

Un ojo mi corazón.

Nadie mi sexo.

Un rumbo tuve una vez
y doscientos oropeles
quemáronme la frente.










Poco importa









Ha llegado el momento de decir
¡desnudez!

Me cubro,
sin embargo.

Me entierro
¿entendéis?

Cavo tumbas
por las noches,
alargo raíces
cuando me ven llorar.

El amor por este fondo
me despoja
de toda piel.

Poco importa el fuego,
el lazo,
la tierra curtida de muertos,
la garganta...

¡Mirad mi sexo!
¡Sabed de almas fecundas
que vagan por el bosque,
intentando decir Adiós!