domingo, 8 de mayo de 2011

MI MADRE: ESE ÁNGEL


René Chacón Linares, El Salvador





MI MADRE: ESE ÁNGEL





Mi madre vino a la Tierra,
Con la esperanza
De romper lo malo y coser lo bueno,
Tijera y aguja en mano.

Su afán por matizar
Arcoiris y ternura,
Hizo un jardín de esperanzas
De donde brotaron tres espliegos,
Que a fuerza de arrullos,
Manos balsámicas,
Sortearon las travesías del pasado.

¡Qué cosas!
Estos corazones
No fueron humildes
Ni sencillos,
Como ella hubiera soñado.

Hoy,
Los días grises han desaparecido
Y nuestras almas se reencuentran…

Madre,
¡Ya no te afanes!

Ríete de la vida,
Olvídate de las dietas,
Y cosecha las flores con versos de amor,
Que nunca se escriben en vano.

©René Chacón Linares.
De: La Fiera de un Ángel,
El Salvador, 9 de abril de 2000.

miércoles, 27 de abril de 2011

DOS POEMAS DE PATRICIA IRAHETA


Patricia Iraheta, El Salvador





¿Quién se ha robado el mes de abril?




Virginia Wolf ha llegado esta noche a mi ventana
Para recordarme que la soledad y el silencio son tan necesarias como el agua.
Quiero verme a mi misma,

mi cara,

mis pies,

mis manos,

mis senos,

toda ya en profundo sentimiento
Esta noche es un tributo a mi necesidad de ver mis ojos, de vivir lo aprendido, y contarles a los pájaros nocturnos que estoy viva, que sueño y vivo.
He descubierto mis descuidos,
He dejado abandonada las tristezas y las alegrías pasadas, los recuerdos, las nostalgias.
Ha pasado mucho tiempo, sin que sienta el placer de escribir estas líneas,
Sin que le haga un poema a esta casa, sin que inaugure el espacio para mis recuerdos, para guardar mis hazañas.
Esta noche solitaria y profunda ha venido a recordarme
Que esta aquí mi cuerpo, mi tiempo, que estoy aquí, tiernamente conmigo.





NOSOTRAS





Nosotras las que tejemos el azar
y desciframos los sueños ajenos
las que crecimos atiborradas de esperanza
y no encontramos recodo en el recodo

Nosotras
... que llevamos preñez desde la infancia
nos desbordamos en razón
nos escondemos de la locura
las que dormimos pensando
y pensando soñamos
eternamente dueñas de todo
eternamente dueñas de nada

Las que los mares de ausencia
navegamos
sin tocar fondo
escondiéndonos de los miedos
atrapando apresuradas los momentos
que transgreden la razón
intentando detenernos en el tiempo
en este devenir
que casi siempre tiene sabor de ausencia
que casi siempre lo persigue el desaliento
Nosotras las que atrapamos la palabra
y liberamos el temor
a ser transitorias en el tiempo.

martes, 26 de abril de 2011

DOS POEMAS DE EVA ORTIZ


Eva Ortiz, El Salvador




Lo que se queda




Lo que se queda
es la estación de llegada,
es como el aletear de un pájaro
que ha dejado de emigrar,
Hojarascas que recuerdan
pasado otoños,
incendios que incendiaron
su fogata bajo tres centímetros
de piel.

Lo que se queda
se llama por su nombre
y no miente,
porque le ha cocido
el vestido a la vida
y descorrido sus cierres
cuando le sofoca la asfixia.

Lo que se queda
ha recorrido laberintos,
las calles nocturnas del asfalto
que se quedaron tatuadas
en el alma.
2 de enero 2007.




Autorretrato



Soy de todas las mujeres de mi casa
la que no ha firmado testamento.

La que escapó de casa
sin salir de blanco.

La que sembró belladonas
cuando comenzó a sentir dolor.

Que quebró las horas,
que al cielo le soltó un hijo
y desanudo escapularios
en un arrebato de poesía.

lunes, 25 de abril de 2011

POEMAS DE CAROLINA LUCERO


Carolina Lucero, El Salvador




Amor lejano I




Silencio acongojado de tu ausencia
que se quedó entre mis labios
la tarde apresurada
de tus pasos

Busqué tu rostro interminable
entre la niebla
de humo de autobuses
de extraños pasaportes enmarcados
en los besos desvelados

Tu mirada entonces
se escabulló en el reflejo
de arenas encendidas
de pálidos colores que habitan en los cofres
del camino

Se quedó de repente
la tarde seca
en la convulsión
de mis interrogantes

La pregunta entonces
se esculpió en mi memoria
¿A dónde vas?
Del libro Hermano Lejano (inédito):




Amor lejano II



Nadie respondió
a la melancolía
de las interminables noches de amor
que se quedaron enclaustradas
entre mis manos quebradizas

Dispuse entonces
recolectar silencios
entre las piedras distantes
de tus ojos

Y encontré tu retrato
clavado en el balcón de mis penurias
forjando otra leyenda
de otras noches tibias
que hacen sombra en la distancia

Y busqué tu confesión
sembrada en el altar
de las noches vividas
con formas espectrales

y te volví a preguntar:

¿Dónde vas?
Del libro Hermano Lejano (inédito):




Amor lejano III




Era imposible la respuesta.

Tu aliento yerto sobre la tarde
me devolvió mustias las amarguras
cuando llegaron las cartas

Allí supe que en otros universos
el sol alumbra
como atelier eclosionado
por exceso de versos
rindiendo culto
al plástico sentido

La oscuridad podía simplemente
ser pintada
en el letargo de mis pestañas

Y tu amor,
tu amor interminable
con olor a tierra mojada
sufrió edema
de fotosíntesis

Pero para entonces
había terminado la poesía
de la lluvia…
Del libro Hermano Lejano (inédito):

domingo, 24 de abril de 2011

DOS POEMAS DE ALEX CANIZALES


Alex Canizales, El Salvador





LOS DOS OJOS





¿Y si después de tantas palabras
No sobrevive la palabra!
César Vallejo




Dos ojos tengo acrisolados
Uno, de mucha pena
Y, otro, de gran alegría.

Soy bueno y soy malo y gemido
Ah… si vos supieras de este milagro
De nacer y de morir concebido
Todo esto soy yo premeditado
Despedida y llaga
Vuelta regreso y huida
Vida y muerte; soy, único y única
Como tú ese monstruo de dos ojos
De sombras, de luz y sombrero
Derribado en fin ante un gemido
Ante un grande y sencillo verso.

Fuego y agua y despedida soy
Pero yo no soy Vallejo
Pero si hubiera nacido Vallejo
Lo mismo sufriría
Como tú quise escribir y me salió espuma.

Ah…hay golpes. Bárbaros heraldos perdidos
¡Es como si hubiera recordado mis espinas
Tus espinas al leerte y odiarte con ternura!





LA CRUZ DEL LLANTO




Y luego aquellas muertes
Que me hicieron tanto daño y dolor.
Pablo Neruda




Ya Federico y Miguel
Cayeron por España
Con los pies rostros
En los sótanos amarrados
Con la cruz de la lengua abanderada.

Y yo aquí
En este paisito del mundo
Silencioso, soñador,
Racimo de muerte
Hediondez y orín de coroneles
Golpeando como todos
Desde todos los llantos
Desde toda la indiferencia.

Canto
Y mi canto son nombres
Elevados y nostálgicos
Roque Dalton, David Hernández
Pablo Cruz, Wilmarrk Hernández
Febe y sus pies cristalinos
Salvador Ubao y su voz desaparecida en el aire.

¡Ay,! ¡Ay! Tanto dolor
Que uno algunas veces crece
Que se murió por nada

Pero no, no es cierto
Eso sólo es la intención
El puñal del suicida
Que quiere hacernos creer
Que nuestro honor de piedra
De beso, polvo y viento
Traía la paz soñada.

Desde la ceja del embrujo
Desde el prohibido amor y sus besos
Que tú te mueres, y mueres siempre por algo.

sábado, 23 de abril de 2011

DOS POEMAS DE ABIGAÍL GUERRERO


Abigaíl Guerrero, El Salvador





Feliz cumpleaños




Tercos fusiles agudos por toda la noche suenan.
La Virgen cura a los niños con salivilla de estrella.
Federico García Lorca



He recibido desde lo alto del cielo
desde el retumbo del llano
desde los tórax partidos,
desde el rojo amanecer
de horizontes incendiados,
desde los pasos perdidos,
perdidos en la búsqueda
de un refugio cercano,
desde el amargo llanto de un niño
quien pregunta por un padre
que jamás cruzará nuevamente los umbrales
de su rústico patio,
desde el sofisticado Dragón “F”
que escandalosamente surca los cielos
para vomitarnos su odio milenario,
y desde todos los clamores confusos
que resuenan allá afuera
en furiosa y cruel desbandada de espanto
recibo disparos
recibo ronquidos
recibo finalmente, una felicitación de cumpleaños
un amargo y doloroso cumpleaños,
en la primera ofensiva guerrera
de mil novecientos ochenta y uno.




Reencarnación




Has emergido desde el fondo del abismo
para darme el secreto lunar
de nocturnas humedades
tus cristales de sal
desmigajan mi arena
y nos tornamos pececillos de luz
tornasolados seres naufragando
en el azul profundo
de un aliento confundido,
en el remolino dulce
de sudores primitivos,
en la desembocadura tibia,
de antiguos sueños reprimidos,
y reencarnamos frente a frente,
elevando nuestras ansias
amotinándonos en la espera
remontando en corrientes
–Antidiluvial estrecho de silencios y quimeras-
Reconociendo nuestros cuerpos
traslúcidos de tanto amar
sobre votivos restos de alabastro
y flotantes trozos de madera,
desafiando las bitácoras,
conjurándonos en la espera,
sin peligros nocturnales,
sin minúsculas peceras,
sin temor a leviatanes,
sin timón,
sin red,
sin lámparas,
sin tregua.

viernes, 22 de abril de 2011

POEMAS INEDITOS DE ALFONSO VELIS TOBAR


Alfonso Velis Tobar, poeta, narrador, ensayista, profesor Universitario,
El Salvador-canadá, fotografía Salvador Juárez





Día de cuaresma en tempestuoso invierno





Cigarra puta que escondida bajo tierra
Te hace la oruga de los males buenos
Y comes las raíces del infierno
Julio Iraheta Santos



Un día cualquiera como hoy salgo a la calle
Bajo la nieve de fragantes aromas fríos azota mis cabellos
Árboles tirados por el suelo por el fragor del viento.
Marchito árbol que soy desgarrado en pleno invierno.
Con bufanda abrigo de solapa,
Botas de tapir guantes de hojalata.
Salgo a la calle a 35 grados menos cero
Se me cuaja la sangre. Se me encrespan los nervios
Me duelen las coyunturas de las manos
Los goznes de los pies, se me entiesan las orejas
¡A mi Dios! ¡Extraño mis frescos otoños tropicales!
Las cigarras cantan entre ardientes soles vespertinos

Aquí lejos de la patria que amo
Por hoy me acompaña la humana amistad
De mi perrito faldero Toby fiel hermano
Vagamente mis pasos sigue
Para sabernos platicar a solas
Mi vecindad de gentes distintas
Esperan el bus de las siete
Se van regresan para volverse a ir
A su hora programada
El camión de la basura, el cartero, los cobros
Quizás las sensacionales noticias de mi patria
El diario crimen organizado, la violencia social
Propugnada por los idolatras del dinero
Pilatos que se lavan las manos
Asolapados en la corrupción, la mafia, las drogas
Y el despotismo del régimen
Me duele su pobreza infernal
Llena de miedo de frío de hambre.
Y quisiera repartirme pan a manos llenas
¡Y lloro por las noches!
Voy a mi ron acostumbrado a disipar la pena
Difícil vivir con una patria ausente
Como un niño en las noches por ella lloro.
Yo la tengo y me tiene a corazón partido
Y ella es como el fantasma de una madre
Corriendo desesperada tras mí sombra
En día de cuaresma el poeta
Medita largamente dando la cara
Se le quiebra la ternura de aquellos ojos
Sin cansancios en el alma medita
Barca que soy que se deja llevar
Vertiginosamente sin rumbo por la corriente
Rama que soy que por el peso de la nieve
Lentamente se desploma
Sobre la superficie del viento
Piedra que soy que a tientas se resbala
A la luz de los abismos…
Invierno/03/2009

(De: “Diario de un poeta desesperado”)





Embriaguez al otoño que llega




Odio que te marches,
Como también la negritud de las calles.
Mauricio Vallejo Marques.

I
Uno no sabe nada si se ha bebido todo el día
Oigo cantar un Torogoz entre el frondoso pino
Mi embriaguez tambalea de gozo y alegría
Más me sirvo otra copa de buen vino
Más no he perdido lucidez ni memoria
Ni esa sensación del mundo que me rodea
Sin dejar que mi alma oscurezca
Yo no ambiciono cargos oficiales
No deseo riquezas ni mucho menos honores
Quiero dejar una huella cristalina
Soy alma responsable de mi oficio

Las hojas muertas caen de los árboles
Lluvia de mariposas desprenden su vuelo
Al atardecer el aire del otoño es delicioso
Vuelan los pájaros en bandadas
Más es solo un instante desaparecen a lo lejos…
Si bien el vino disipa las penas
Como decía mi tío Tule Mata Melgar
Piropeando a las muchachas
Que pasaban por el barrio
Diciéndoles cositas chulas al oído
Son recuerdos que brotan de mi mente
Llega la hora de irte así en tarde de otoño
Los árboles desnudos yacen sin hojas
Me sirvo otro vaso de buen vino
Un pesado letargo afloja las cuerdas del corazón
Tal si hubiera bebido un instante
Pues soy mortal sumido en el sueño

II
Así pasamos todos en la vida
Como pasa el agua corriendo por los ríos
Para ir a desembocar en los mares
Sin regresar nunca sobre su misma corriente
Las flores ya se marchitan
Las hojas se vuelven amarillas
O de rojos bronceados a lo lejos

Pronto me abrigaré fríos inviernos
Se avecinan en tormentosas lluvias
Por hoy el otoño hace caer parvadas
De hojas muertas sobre los suelos

¡Salud hasta ver a Dios!
Decimos en mi tierra
Antes de echarnos el buen vino
Y de un solo trago vacío mi copa
¡Sin caer en el abismo negro del vicio y el delirio!
Es bueno embriagarse de vez en cuando!
¡Es saludable! Caen bien un par de tragos
Me siento borracho floto como una nube
Tendido en el firmamento de estrella fugaz
El poeta Dante decía que el vino
Siembra poesía en los corazones
Pues así embriagados cantaban Omar kayán y Lipo
Ilustres poetas del vino y del amor
¡Salud...! ¡Comamos bebamos amigos míos!
De estos delicados bocaditos agridulces
Preparados con amor por mí amada…
Otoño/10/09

(De: “Diario de un poeta Desesperado”)





Tarde de hastíos extraños




Amo tu desnudez
Porque desnuda me bebes con los poros
Como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.
Roque Dalton




En casa solos desnudos
Cual hojas junto al viento
Danzas y ritos en el amor
El tiempo es larga marcha de espera
Pero buscando renovar lo nuevo
Estamos como contra un muro derribado
Enmudece la palabra
Hablar otra lengua otras costumbres en país extraño
Es tarde de hastió caluroso
Es un infierno y no se aguanta
Afuera los niños corren en otros juegos
Que no fueron los nuestros cuando niños
Un día una tarde como esta
Hablando de los presupuestos de la vida
La caza la luz el teléfono el agua la calefacción
La leche de los niños. Aquí todo es abundancia
Nuestras penas y venturas
La nostalgia de la madre lejos en otros mares y valles
Me duele distante mi país. Sangrándose una vez más
Muriendo a nuevas primaveras
La tarde como un horno en tizones
Miren esas hermosas muchachas de London
Gordas, flacas, su única pasión solo broncearse
Ante el sol de las diez de la noche
Casi desnudas desde su pubis angelical
Y en mi país las siete en luna llena
Como si la otra pasión en el consumo
Fueran solo los embutidos enlatados
Los cigarros el vino las cervezas
Y la coca cola del imperio hasta en basuras
Las hamburguesas las papas refritas
La TV comidilla del sexo y la violencia
Aquí todo sobra para tirarlo a la calle
Allá todo falta para recogerlo
El tiempo mismo bastante extraño
Ya caen las hojas amarillas por hoy
La verde hierba empieza a secarse
Es el comienzo del otoño
Luego uno aprende a beber a solas
Para mitigar la nostalgia de los días
Matar el frío de los huesos
La soledad de las grandes nevadas
Por hoy nos contemplamos al espejo
Otra forma de vivir de ir muriendo
Pon los pies sobre esta tierra y haz lo que vieras
¡OH Dioses eternos!
Dos almas somos en un lugar del mundo
Comunes sencillas citándose en su lecho
Quedándose desnudos perdidos en lejano bosque
Dos semillitas en floración lanzados
A esa perra gana de hacer el amor. Avt1987

(De: “Diario de un poeta Desesperado”)





Expatriado de tu geografía




Todo el círculo de país pequeño
Que se queda quieto
Lya Ayala





Mi país a la distancia de miles de kilómetros
Tierra de esmeraldas corazón de América
Vivo en esta inmensidad de territorio
¡País mío tú de tan diminuto ejemplo!
¡Pequeña castañuela de amor!
Abrigado por el puño de mi mano
Pero es que no encuentro serenidad
En cuanto tus peligros y encantos
Es que un día cualquiera
Puedes morirte de muerte muerte
De nostalgias pero es hermoso mi país
Tierra prometida de ensueños y quebrantos
Diminuto garbanzo semillita de mostaza
Luna llena resplandece allá en el horizonte
A lo lejos mi país de codiciosos amos
Con su pequeñez de mar y lágrima
Es que la presencia de tu fuerza opresora
Está ahí aguaitada solita esperando
Imagen de dolor mi gente sencilla
Mi pueblo reguero de hormigas laboriosas
Que llevo a flor de piel
Estremecido en mi palabra
Temblor eterno temple de roca
Transido por la magnitud de tu tragedia
Hemos de muchos muertos
Sembrado de cruces tú historia
Expatriado yo de tu geografía
Tu pura ausencia me mata
Vivo y sé que existes
Por hoy el sueño me bota
AVT/03/11

(De: “Prodigiosa Blasfemia”)




Espejo roto en sus detalles




Mi pasado es un espejo roto
Porque perdí a Dios. (El me perdió)
Luis Melgar Brizuela




En esta tarde
Cómo lamento que estés ausente de mí
Mi reloj sus agujas giran al revés
Correr atrás el tiempo quisiera
Que cuando sean las doce de la noche
Sin angustia soledad entre mis sueños
Quisiera que fueran las seis de la tarde
Es locura o sueño de Quijote
Me contagia de su locura genial
Encojo mis rodillas, estiro todo mi cuerpo
Hombros y brazos como todas las noches.
Cómo lamento que tú estés ausente
Mi perrito juega mis rodillas
Interrumpo la meditación
Me rasca los pies, sacude su cola
Me huele lame suavemente mi cuerpo
Habla quiere salir a orinar la noche
Sigo lamentando tu ausencia
Miro el reloj y son las siete
Oigo el estridular de ese grillo
Podrías aparecer de repente
Lanzarme diatribas infernales o caricias
El abrazo fuerte de tus calores
Tú con el silencio de mis ojos
Creo que tu espacio hace falta
Cómo lamento que estés ausente
En mi reloj ya la madrugada cayó
Extraño esa ausencia de tus humores
Solo en desesperada memoria
No tengo más que la noche ausente
¡Mira estás mordiendo mi ternura!
AVT/2/04/11

De: “Prodigiosa Blasfemia”





Símbolo de mal presentimiento




Frente a la incertidumbre de los viajes
¡Es levantar la frente!
José Roberto Cea




¡Date cuenta mujer mírala bien!
¡Ha llegado otra vez!
¡La mariposa de grandes alas negras!
A nuestra sala
Es que es enorme
Y muy rara en sus colores mira
Y llega a darnos con su presencia
Alguna mala noticia
De mal presentimiento de alguna muerte
De alguien
Según la simbología mítica de estas lúgubres mariposas
Que rara vez visitan los aposentos familiares
Es solo para anunciar el mensaje de la muerte
Por hoy quiero estar a solas absolutamente
Aunque solo el clock clock del reloj
Me martiriza segundo a segundo
Estoy volviéndome viejo
Buscando entre mis poemas perdidos
Aquella mala noticia del amigo que desapareció
Por las fuerzas del orden
Y una mariposa nos trajo la noticia.
Ahora quizás alguien agoniza
Por hoy no quiero tener noticias inesperadas
La mariposa guarda su presencia silenciosa
Posando sobre la pared la estoy mirando
Oigo el corazón de una campana
No creo
La vida humana tiene su valor
Cada minuto con el nacimiento
o la muerte de la vida.
Una lágrima se junta con una sonrisa feliz.
Podría ser que viene anunciándome la mía
Me duele el corazón de canto enajenado
Podría morir ahora más que nunca de dulce muerte.

(De: “Prodigiosa Blasfemia”)




De lo inesperado



Bueno, pues como dicen que no hay secretos para Dios,
Algún día no habrá secretos para nadie.
Mauricio Vallejo (1958-1981)



Cenizas quedarán de la invisible palabra
Que fue solo significado y sonido.
Cenizas de lo que se respiraba
Queda después de la hecatombe
De lo que existía
Luego viene el desastre
Queda el mal tiempo
Solo cenizas serán tu cuerpo
Entre la desnudez de los suplicios
Sin una lagrima encendida
Donde dejas todo
Ahí no cabe nada más
Solo la materia de lo que fuiste
Cenizas a la tierra a lo mejor
Mis cenizas en el sumo de una fruta
En boca del hambriento
La hoja que deja su sombra inerte
Sobre el lomo de las ramas quebradizas
De la imaginación y el miedo no vernos salvos
Del olvido y del sueño despierto
Cenizas de la tierra por los siglos de los siglos
Un día perecida por el hombre
Que no supo escuchar sus quejidos
Y en dolamas nucleares
Por ello la tierra retumba
Desde el fondo de sus ciegos estertores
Se está doliendo la tierra la fauna muere
De sus dolamas infernales
Y en grandes oleadas de calor la tierra viene
Del hombre que la vela la despelleja a su fin eterno
Que florezcan los enigmas de lo que está por llegar
Los cataclismos inesperados
Que sorprenden a la grotesca mirada
En la trágica muerte sin destino
Haz que recobre todo el esplendor
Dorado de mis fuegos
En la eternidad de mis encantados instantes
Solo cenizas quedaran de toda esta galaxia imaginaria
De los fuegos en millones de partículas atómicas
Tienes que deshacerte de todo
Nada te llevas ni tus cenizas que fueron
El brillante esplendor más grande de tu vida
Cenizas de lo que fue este amor por la humanidad entera
Cenizas de los que dividieron el mundo para propiedad privada
De sus gozos terrenales nada se llevan
Queda tu memoria tus hechos
Tu palabra escrita en esta página
Hasta que aguante la polilla del tiempo
Junto a la eternidad del sueño
De lo que pudo haber sido y no fue…
AVT/04/11

(De: “Prodigiosa Blasfemia”)

miércoles, 20 de abril de 2011

UN POEMA DE DORA GUERRA


Dora Guerra, Francia-El Salvador





GRITO EN EL VIENTO





En el viento sin voces
he buscado tu voz sin esperanza.
He cerrado mis ojos
para verte en la nada
y he extendido mi mano
sin encontrar la tuya en la distancia.

No hay aurora en mi noche
ni verde en mi horizonte que se alarga.

Tu huella en mi camino,
grabada sobre el agua,
borrada para siempre
y siempre fija en mi alma,
ha de seguir la mía en la tiniebla,
debajo de mi planta;
conmigo irá después de las estrellas
y en el fondo del agua.

Y aunque tal vez la imagen de mis ojos
se haya borrado en tu alma,
por todos los caminos que recorras
llevarás tus miradas.
Y si ya tus oídos
olvidaron mi acento que te hablaba,
en toda melodía que recojas
estarán mis palabras
y todo grito amargo que a ti llegue
saldrá de mi garganta.


En la noche desnuda,
en los ríos sin agua,
en la aurora ya muerta
antes de la mañana,
en la nube sin vida,
en la niebla del alba,
yo buscaré tu voz, sin esperanza,
y cerraré mis ojos
para verte mejor entre la nada,
y extenderé mi mano
hacia ti, a través de la distancia.

Cuando todo mi cuerpo
cansado esté después de la jornada;
y mis ojos cerrados
de nuevo a la Luz se abran;
y mi mano extendida
retorne a reposar sobre mi falda
¿habré de recobrar toda la luz
a mi vida negada?
¿mereceré llegar hasta la cima
fértil de la montaña?
o dormiré, tal vez, un sueño mudo,
de noche y sin palabras.

jueves, 14 de abril de 2011

CUENTOS- WALTER IRAHETA NERIO


Walter Iraheta Nerio, El Salvador-Suiza



CUENTOS




CHUNGO MARAVILLA



Es un día soleado en la metrópoli de San Salvador, las gradas del estadio de Mejicanos están repletas de escolares. En el terreno de juego se enfrentan los equipos de fútbol de las escuelas de Mejicanos y Zacamil. De fondo resuenan los cueros y metales de las fanfarrias.
La pelota rebota en el travesaño de la portería mejicaneña, el defensa Chungo Tamegua da un salto y cabecea de medio lado. La pelota viaja hasta el medio campo del estadio:
-¡Chivísimo, Chungo! –le dijo Computer García, su compañero de retaguardia del equipo de la escuela Mejicanos número 2.
En el medio campo la pelota es atrapada por un adversario del equipo de la escuela Zacamil número 1, y de nuevo el pelotazo cae en terreno de riesgo, pero allí está Sherman López que es defensa del equipo mejicaneño y hace un paro de pecho, la pelota se desliza hasta su rodilla. Sherman López pasa la bola a su compañero Ribuk Gonsáles, éste retacha de taquito y la entrega a Bluyin Pérez, la pelota vuela hasta el medio campo. Ahora la pelota es atrapada por un jugador zacamiliano y de pase en pase regresa hasta el área menor, atrás corre Aseiko-digital Ramírez sin lograr alcanzar al delantero zacamiliano. Pero allí está Katerpilar Serrano el otro defensa portentoso del equipo mejicaneño que hace una barrida y tumba al delantero zacamiliano, el árbitro pita y favorece con tiro libre al equipo zacamiliano. La pelota viaja en parabólica, Copyray Martínez el portero de Mejicanos se lanza en vuelo y logra sacar la pelota al corner.
En la barra hay gritos, aplausos y suenan los cueros y metales de la fanfarria mejicaneña en la que destacan Leydy, Jennifer, Vicki, Meybi, Shirley, más otra docena de chicas bien equipadas de panderetas.
Por fin: tiro de esquina, el portero Copyray Martínez hace otro vuelo, la pelota gira como trompo y cae de nuevo en área de riesgo. Un delantero zacamiliano cabecea y la pelota pega en la esquina de la portería. Hay un revoltijo de piernas y de nuevo Katerpilar Serrano se encarga de salvar al equipo mejicaneño. La pelota ahora vuela en curva hacia la banda izquierda donde Chungo Tamegua da un puntazo, la pelota sale en torbellino y:
-¡Gol!
-¡Gol, gol, gooooool! –grita emocionada la barra zacamiliana.
Pero fue un autogol. Un desaguisado de Chungo Tamegua.
Chungo Tamegua queda hecho estatua de piedra, en la barra mejicaneña hay un silencio de cementerio, la fanfarria se ha desinflado y entonces se escuchan los insultos de los mejicaneños que caen como rayos sobre el petrificado Chungo:
-¡Por las once mil vírgenes!
-¡Tenías que ser vos Chungo-Chupacabra!
-¡La regaste Chupacabra!
-¡Te vamos a expulsar del equipo, Chupacabra!
Del otro lado de las gradas, se escucha la fiesta de la barra zacamiliana, bombos y trompetas de fanfarria, griterías de vivas y coros de gesta: «Lión puede ser abatido pero nunca vencido, viva lión jodido». El león era la mascota de los zacamilianos, y para éstos «Jodido» quería decir «pícaro».
Muy avergonzado por la mala jugada Chungo Tamegua pidió a Aftershave Guevara -capitán mejicaneño-, que lo cambiara a la delantera para reponer el gol de la vergüenza, de todos modos el marcador era de uno a uno, lo cual aún permitía ganar.
El capitán Aftershave Guevara aceptó y Chungo pasó a la artillería junto con Megabay Ortíz, Teleflash Colorado y Laserjet Orellana. Jugaron los últimos veinte minutos del segundo tiempo y los dos equipos quedaron empatados: Uno a uno.
Como el partido era amistoso, más valió la metida de pata de Chungo Tamaegua para no tener enemistades. Así los unos y los otros, sin ningún sesgo de revancha, se podían invitar en adelante a sus respectivas ferias escolares, fiestas cívicas y turnos filantrópicos.
A pesar de todo, las cosas se agravaron para Chungo Tamegua, y durante toda la semana no paraban de decirle los más abominables apodos derivados de su nombre de familia, recriminando su metida de pata, el autogol, el gol de la vergüenza.
Chungo Tamegua cansado de tanta mofa, convenció a su madre para que fuesen a la alcaldía municipal y le cambiaran de una vez por todas ese nombrecito de calvario: Chungo Tamegua Maravilla.
Al parecer, el destino había desfavorecido a Chungo, pues, debería llamarse Jesús Maravilla, pero al momento de su inscripción en el registro civil de la alcaldía de Jocorón -pueblito de frontera de La Unión-, la secretaria de turno fue literal y escribió tal cual había dicho la madre del recién nacido: Se llama como su padre.
Conocido del caserío, al susodicho padre lo llamaban por el diminutivo de Jesús: «Chungo», y para diferenciarlo de otros homónimos -pues habían como diez Chungos en Jocorón-, le decían: «el de la tamegua», lo cual traducido del dialecto Lenca al Español quería decir: el que corta la hierba de la milpa. Automáticamente la secretaria de turno escribió en la partida de nacimiento del recién nacido: Chungo Tamegua Maravilla.
Durante la guerra civil muchas familias del pueblito de Jocoro tuvieron que emigar, para escapar del fuego cruzado de los bandos en guerra. Así fue como nuestro héroe Chungo Tamegua emigró con su familia a la metrópoli de San Salvador, en busca de seguridad y porvenir. Ya en la capital, la madre de Chungo se hizo cargo de la familia, mientras el padre siguió la ruta de los Yunai como inmigrante. Pasaron los años, terminó la guerra, y allí estaba ya Chungo Tamegua estudiando cuarto grado en la escuela Mejicanos número 2, y , enlistado en la gloriosa selección de fútbol de su plantel.
Después de aquel emocionante partido de fútbol donde Chungo se agenciara el fatídico autogol, gol de la vergüenza, la madre comprendía el malestar de su hijo y, se dieron cita en la alcaldía de Mejicanos. El trueque de nombre no estaba fácil, la empleada del registro civil fue clara en explicar que se necesitaba hacer el trámite ante un abogado y con dos testigos que conocieran a la familia.
-¿Y por qué desea cambiar el nombre al muchacho? –preguntó la empleada, por rigor administrativo.
-Usted sabe, hay nombres pasados de moda que se prestan a la burla. Además todos los compañeritos de mi hijo llevan nombres supermodernos –respondió la madre de Chungo, y en seguida le contó los pormenores del equívoco a la hora de hacer la partida de nacimiento en el pueblito de frontera de Jocorón.
La empleada municipal continuó su cuestionario, según el rigor administrativo, esta vez dirigida al chico:
-¿Y cómo te deseas llamar, hijo?
-Pues...¡Internet Maravilla! –dijo Chungo con toda la naturalidad del mundo.
-La verdad, eso será difícil, porque hay una ordenanza municipal recién aprobada en todo el país, que prohibe usar nombres extranjeros –dijo la empleada.
Por un momento Chungo y su madre se quedaron en silencio, se miraron con resignación, como diciendo que no podían pagar un abogado. Pero la empleada municipal retomó la palabra:
-Se puede cambiar el nombre, pero deben elegir un nombre en español o en náhuatl.
-Bueno, me llamaré Jesús Maravilla, como debía llamarme –aceptó Chungo.
La empleada municipal abrió una gaveta, sacó una ficha, escribió una nota y luego dijo a la madre de Chungo que podía pasar a la sección jurídica de la alcaldía, un abogado seguiría el proceso a través del programa de servicio social.





XICALAPA





Cuento de Walter Iraheta Nerio
Después de un largo rato de camino en la montaña Xicalapa, el joven Balam se detuvo junto a un riachuelo para beber agua, se inclinó hacia la charca y mientras bebía el virtuoso líquido, un presagio tomaba lugar en su mente. El joven trató de no turbarse y se entregó a mojar su negra melena.
Balam regresaba del pueblito de Toyos, a donde había viajado para buscar comprados que urgían a su madre. El sudor y la fatiga imponían descanso a mitad de la montaña, y Balam se entusiasmaba con la frescura de la quebrada.
De nuevo Balam deleitaba frescos sorbos de agua cuando advirtió un ruido que removía la hojarasca, un ruido que por breve y ligero le despertaba sospechas. Balam esperó un instante y al no oír más aquel ruido, dispuso seguir con su descanso.
Sentado sobre una roca, Balam pensaba que en sus quince años nunca dio importancia a los presagios, ahora no quería dejarse atrapar por supersticiones, y se entregó a mirar los helechos gigantescos que poblaban la ribera.
Como cada vez que se detenía en un camino, a Balam le gustaba contemplar los parajes, detalles en las plantas, en los animales y en la misma tierra. Le sorprendía la geometría perfecta de las nervaduras y el decorado de formas caprichosas en las hojas de los helechos.
Frente a la foresta Balam dejaba correr su fantasía y pensó que los inmensos helechos eran animales mitológicos, los gruesos tallos cobraban majestad y las hojas parecían alas de gigantescos pájaros convertido en arbustos.
Todo era gigantesco en la montaña Xicalapa, los árboles debían ser del inicio del planeta, se requería inclinar la cabeza hacia atrás para mirar los copos, arriba se extendían las ramas como techo, y se necesitaba tres hombres para abrazar un tronco.
A Balam también le gustaba mirar el combinado luminoso y delicado de las orquídeas, poseían tanta luz que iluminaban los troncos y las cortinas de lianas que flotaban en la foresta.
Parecía que la naturaleza compensaba la sombra del bosque, y las orquídeas estaban allí para fabricar luz. De las ramas de ceibos, chilamates y ujushtes colgaban orquídeas como soles y estrellas. En los troncos legendarios se extendía un tapiz de musgo, parecía un grueso abrigo que envolvía la espalda del árbol, justo donde el sol no calentaba. Era una simbiosis, el tronco daba la savia y el musgo daba el abrigo.
Balam se maravillaba con la perfecta perpendicularidad de las cañas, la equidistancia entre anillos y la textura metálica amarillenta como otra versión tubular de las orquídeas. También las cañas estaban allí para dar música con sus hojas de seda y el crujir de sus tallos.
Entre hojas y troncos Balam descubrió minúsculos escarabajos que ya conocía muy bien, pero le seguían maravillando. Era increíble ver como los escarabajos salían de la hojarasca oscura, y brillaban con sus corazas de metálico escarlata, oro, ópalo, esmeralda o pintados como mosaicos.
La misma sensación fantástica le producía el revoloteo de furtivas libélulas fluorescentes. Las libélulas hacían una danza veloz que dibujaba trazas geométricas en el aire, como un ritual. Después las libélulas planeaban para caer en picado sobre las charcas, y se elevaban con la velocidad de un parpadeo.
Mirar esos detalles de la naturaleza producía a Balam una armonía en su alma, minúsculos detalles en el universo de la montaña. Sin embargo le inquietaba mirar como la fantástica ingeniería de colores y formas de los insectos terminaba en un picotazo de pájaro. El arte de la vida terminaba en un picotazo. Pero, a la vez, los pájaros tenían sus propias maravillas y colores y cantos y jugueteos, que también le despertaban pena al pensar que tanta belleza terminaba en una tarascada de felino.
¿Cuánto tiempo tardaba un escarabajo en crecer y mostrar sus bellos colores pétreos o metálicos? La naturaleza era tal, una cadena de vida y muerte.
El extraño ruido volvió en sí a Balam y lo alertó a mirar en derredor, pero como regresara el silencio fijó sus ojos en la minúscula hierba de la playa que se alargaba junto a la charca. Allí descubrió insectos transparentes, pero no quiso regresar a la contemplación, aún tenía sed.
Balam tomó pequeños sorbos de agua, se tendió a ras de la pequeña charca para refrescar su ardiente rostro y regresó a la roca para seguir su descanso. Por el ruido sospechoso Balam tenía de nuevo el extraño presagio, batiendo entre su pecho.
Sobre las cumbres de la montaña Xicalapa, el joven Balam miró deslizarse bancos de neblina, por momentos la foresta quedaba escondida y el juego de sombras tachonaba los bosques con distintos tonos de verde, azul, marrón y gris.
Todo era tranquilidad, y en esa paz reposaba Balam, cuando el ruido sospechoso de nuevo removía la hojarasca.
Acostumbrado a los secretos avances de animales montañeses, Balam aprendió a diferenciar los ruidos que advertían cualquier presencia. Sabía distiguir los pasos de un zorro a los de un coatí, los pasos del puma eran casi inaudibles, pero los pasos del tigre no dejaba oír en absoluto ni el más leve roce de sus pisadas sobre la hojarasca. Balam sabía que el ocelote era muy audaz porque se emboscaba, pero sus saltos de avanzada lo delataban. Por supuesto, era muy notable cuando una estampida de dantos se aproximaba, pues removían los cerros con estrépito, en cambio se dificultaba advertir la llegada de una manada de monos congos, a no ser por las ramas que balanceaban en sus saltos.
Balam fue instruído por su padre en la tradición xicaque, para que supiera conducirse en la montaña. Balam podía evadir peligros, diferenciar sonidos, identificar huellas en la tierra. Por las formas de las huellas sabía qué tipo de serpiente se había deslizado, qué clase de escarabajo dejaba tales rastros. Diferenciaba además los olores animales esparcidos en el aire.
Balam aprendió que de todos los animales el más temible era el tigre, con abundante presencia en las leyendas que de voz en voz daban cuenta de tal voracidad, aunque paradójicamente era apacible. Tanta fiereza tenía el tigre que podía cortar de tajo el cuello a un venado, pero igual no era un animal insaciable. Lo temible del tigre llegaba porque era asustadizo, un animal asustado era incontrolable, por ello no se debía asustar al tigre, era mejor simular o ignorar su presencia, pero sin darle flanco de ataque.
Por esos relatos de fieras, durante las extensas travesías por la montaña Xicalapa, los lugareños xicaques viajaban en grupos, cuando no, llevaban sus lanzas y sus cuchillos de obsidiana para disuadir una embestida.
Cruzar los senderos de la montaña no era peligroso, aunque el riesgo de un ataque animal llegaba por el sentido de proteger su territorio. De todos modos, se decía Balam, no era agradable ser perseguido por una manada de traviesos monos congos, y mucho menos por el tigre.
Los pobladores de la montaña, el pueblo xicaque, raras veces bajaban a las villas de los ladinos, pues en las aldeas tenían sus propias industrias y cultivos comunitarios, conservaban sus costumbres y su lengua xicaque, y viajaban a los pueblos solamente para el trueque de sus productos por medicamentos o alguna herramienta.
Por fin, ante la persistencia del ruido entre la hojarasca, el joven Balam subió a un risco para cerciorarse de la llegada de alguna bestia. Quería saber si enfrentaba ya el asedio de ese adversario felino. Para ese momento Balam había observado los árboles que podían protegerlo, en caso que un tigre lo arremetiera, subiría a un árbol de tronco liso.
Desde el risco Balam sintió un ruido escandaloso de piedras que rodaban. Con suma precaución dispuso su lanza, apuntando hacia el lugar sospechoso. Aunque descartaba que fuese un tigre, porque no habían olores felinos en el aire.
Balam nunca había atacado a ningún animal, mucho menos a un felino de gran talla, pues, desde antes que se recordaran los nombres de los parajes y las cosas, la ley de la montaña Xicalapa vedaba matar animales, solamente en casos de defensa personal o para la alimentación se podía sacrificar a un animal. Aunque en las aldeas de la montaña criaban conejos, guajolotes o pescaban en el gran río.
La neblina envolvió la foresta, una brisa fría bajaba como señal de inminente aguacero. En tanto buscaba otro signo de presencia animal, Balam alistó su lanza, sentía agitados tamborileos entre su pecho, trataba de no alarmarse, pensaba como en otras veces que el enigma podría resultar convertido en un danto extraviado de su manada.
Los dantos siempre aparecían del silencio cuando andaban solos. Pero en manada, los dantos aunque bromistas, eran capaces de botar un árbol de un golpe con la frente. Pero esta vez el ruido era suave, y parecía ser de un pícaro coatí que iba buscando cangrejos entre rocas, así que removía la hojarasca.
Pensaba en el tigre, pensaba en el danto, pensaba en el coatí, el joven Balam tenía ya la decisión y el instinto listo para el ataque final. Estaba decidido a batirse con la lanza en cuanto descubriera el asalto de la bestia. El ruido estaba a pocos pasos, Balam aspiró cuanto aire pudo y lo retuvo entre su pecho.
Allí, junto a un grueso tronco estaba ya la temible fiera, se le podía oír por el ruido de sus pasos sigilosos.
-¡Pero no! –exclamó Balam.
Todos los presagios se sublimaron, Balam recobró su respiración normal, mientras se acomodaba en el risco para tener mejor vista.
-¡Un venado! –dijo Balam para sí.
Allí estaba el venado bajo el ramaje de los arbustos, echado sobre un lecho de hierbas.
Los ojos de Balam brillaron como azabaches y su rostro expectante ganó una sonrisa:
-¡Vaya misterio!
Balam recobró la paz y sintió la tibiesa del sol que de nuevo aparecía entre claros de los bancos de nubes.
-¡Qué alivio! No era el felino –dijo Balam, mientras miraba que el venado se escondía entre el follaje y la hierba.
Balam bajó la lanza de obsidiana, mientras miraba hacia los arbustos para averiguar por qué el venado no escapaba con su presencia. Un caso inquietante, porque los venados eran escurridísimos, no se dejaban acercar a pocos pasos.
Balam pensaba que era una suerte no haber tirado su lanza, y ciertamente se abstuvo de batir al venado, pues, otro presentimiento lo iluminó. Además nunca había atacado a un venado porque pesaba la tradición que el espíritu humano reencarna en el venado. Justamente xicaques quería decir: hombres venados.
A decir verdad Balam llevaba su lanza de obsidiana solamente para ahuyentar cualquier despistado animal que se le cruzara por el camino. Estaba seguro que tampoco mataría al tigre, solamente lo ahuyentaría, porque también la tradición decía que el tigre es el ser que nos conduce hacia el más allá, después de la muerte.
Finalmente el venado se alzó de un salto entre los arbustos, sin dejar de mirar y olfatear hacia todos lados. El venado dio un paso corto con cuidado, y en ese instante apareció otro pequeño venado.
Balam observaba que el animalillo con inquieto esmero alargaba su cuello, como queriendo beber con sus ojos aquel paisaje nuevo para él.
Se trataba de un venado recién nacido, y el animal grande era una venada.
-¡Vaya, que sorpresa! –exclamó Balam.
El sol ganó un trecho de cielo y dejó colar sus rayos por los bordes de las nubes, bordes dorados bajo los cuales nacía un arcoiris en el invierno de la montaña Xicalapa.

miércoles, 13 de abril de 2011

"Es difícil desmontar los mecanismos del terror"


Horacio Castellano Moya, Honduras-El Salvador,
Imagen de EL PAÍS de España




CRÍTICA: EL LIBRO DE LA SEMANA Horacio Castellanos Moya
"Es difícil desmontar los mecanismos del terror"
POR ROSA MORA 26/03/2011 (BABELIA) EL PAÍS.COM


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El Salvador de 1980 es el escenario de La sirvienta y el luchador, la cuarta novela de la saga de los Aragón: una historia extrema y estremecedora en la que el autor resalta los detalles de la vida cotidiana "dentro de la peor de las crueldades"
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Las novelas de Horacio Castellanos Moya no dejan indiferente y La sirvienta y el luchador menos que ninguna. La intensidad de la prosa y la historia que narra no dan respiro al lector. "Es una historia tremenda, de personas que, en medio de conflictos terribles, expresan siempre lo más extremo del ser humano".
Estamos en San Salvador en 1980, a finales de febrero y principios de marzo, poco antes del asesinato de monseñor Romero. Desde las primeras páginas sabemos que Albertico, nieto de don Pericles Aragón al que ya conocimos en novelas anteriores como Tirana memoria, y su mujer, Brita, han sido detenidos, quizá mejor secuestrados, y llevados al ignominioso Palacio Negro, donde se ablanda y tortura a los subversivos y de donde muchos desaparecen para no ser encontrados jamás.
El Gobierno represor y los llamados subversivos, cada vez más organizados y armados, se enfrentan a muerte. "La situación en El Salvador era irreversible. Se pensaba que surgiría algo en el centro, pero no, no había remedio, los extremos atraían. La vida cotidiana en ese contexto político es como una gran nube oscura de la que no hay manera de escapar: los detalles de la vida cotidiana dentro de la peor de las crueldades".
El Vikingo es un antiguo luchador. Está viejo y enfermo. Su tarea actual es la de ablandar a los detenidos, pero a él lo que le gusta es salir de pesca, a por la presa, pero ya no se lo dejan hacer, dicen que ha perdido reflejos, por eso lo tienen en los sótanos. Pero en esta ocasión, sí le dejan salir de caza, a por Albertico y Brita.
María Elena sirvió en casa de don Pericles y de doña Haydée, y la familia Aragón le pide que atienda la casa de Albertico. Es ella, la que escucha las homilías de monseñor Romero, quien se da cuenta de que la pareja ha desaparecido. Teme lo peor. Reza porque no les hagan daño.
Ante la pasividad de los Aragón, que confían en sus teóricos contactos para encontrar a Albertico y Brita, María Elena pasa a la acción. "Ella tiene la energía positiva que no tienen los otros personajes. Una energía moral que le impide estar paralizada por el miedo. No tiene ideas políticas muy claras, pero sí sensibilidad hacia la justicia. Puede hacer frente a una situación peligrosa. Transmite una idea de esperanza". En su frenético ir y venir para encontrar a los chicos, María Elena recurrirá al Vikingo, que en otros tiempos estuvo enamorado de ella.
La sirvienta y el luchador está estructurada en cuatro partes y un epílogo. En la primera, descubrimos al Vikingo; en la segunda, a María Elena. La tercera es una explosión de voces: Belka, la hija de María Elena; Joselito, su nieto; la gorda Rita. En la cuarta, el Vikingo y María Elena volverán a encontrarse, en un hospital. "No es una historia de buenos y malos. Incluso en el Vikingo hay un atisbo de humanidad".
Al final todos saldrán perdiendo. Es como si esa nube oscura de la que habla Horacio Castellanos Moya les castigase. Es la desolación. "A veces, la cotidianeidad se convierte en tragedia". El epílogo es duro, con un guiño de humor terrorífico. "Explica lo que vendrá, indica el túnel negro de la guerra, sus prolegómenos. La guerra saca lo peor y lo mejor del hombre".
La saga de los Aragón se inició con Donde no estén ustedes (2003), siguió con Desmoronamiento (2006) y Tirana memoria (2008). ¿Habrá una continuación tras La sirvienta y el luchador? "Probablemente. Estas novelas van creciendo de forma espontánea. No tengo un diseño preciso de la saga, pero casi siempre queda un fleco suelto". Ojalá. El lector se pregunta qué será de Joselito, que tiene ahora 19 años y está con los subversivos armados.
En El asco (1997), el escritor narra la demolición política y cultural de El Salvador; en el libro de relatos En la congoja de la pasada tormenta (2009), habla del miedo, de la violencia que trastorna la vida, de la guerra, del destierro, de las difíciles relaciones humanas. Son solo dos ejemplos de su obra, que estremece.
Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, Honduras, 1957) se crió en El Salvador. "Mis historias son de El Salvador. Su eje es la experiencia de mi formación y crecimiento en este país. Quedé conmocionado. De ahí la radicalidad de mis temas".
¿Alguna vez podrá escribir sobre un país en paz? "Creo que yo no veré esa paz. El gran problema es que una sociedad vive aterrorizada por la violencia política y cuando se logra una cierta normalidad, vive aterrorizada por la violencia criminal. Cuando todo esto alcanza a dos o tres generaciones es difícil desmontar los mecanismos del terror. Centroamérica vive el cansancio de una vida en zozobra permanente".
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*Artículo publicado en el Suplento Cultural BABELIA, El País, España.