sábado, 19 de diciembre de 2009

poemas de lauri garcía dueñas

Lauri García Duenas, El Salvador










Los vencidos









Los vencidos esperan la media noche para hablar a solas
con los fantasmas anodinos
y auto compadecerse
para que nadie los escuche sollozar entre los almohadones
cuando no es necesario
que los demás se den cuenda que chapoteamos en el fango
más tristes que los tristes

Nadie por supuesto se pregunta por los vencidos cuando allá dentro hay tanta dicha
nadie se preocupa por nosotros cuando llega la hora de las bodas y las fuentes
mucho menos aquellos que quedaron enteros y entraron oriundos al salón,
a costa de quebrarnos las costillas y arrancarnos las uñas

los que nos quedamos afuera de esos salones de celofán –por ahora-
suspiramos convulsos
y agitamos un trago con aceituna en la antesala de la podredumbre
para saludar a la soledad que es la condena contemporánea de los abandonados

los vencidos somos así
exagerados para describir las lágrimas que nos provocó el fin del amor
el término definitivo de los contratos y las heridas con papel
insultamos
al gigante que hizo trizas las muñecas
con la frialdad del asesino
y el cinismo del traidor

la historia obvia totalmente la existencia de los vencidos
y los cuentos de finales felices no incluyen postdatas que nos narren
la frustración de la bruja que no pudo envenenar a Blanca Nieves
o la consecución existencial
de las hermanastras que lloran en los rincones del pan
por haber perdido al príncipe que se fue con la chica de la zapatilla

los vencidos tomamos de más
fumamos de más
y lloramos ridículos al repasar
las canciones de pasados inalcanzables y clausurados por nuestras odiosas muecas

los vencidos vamos por ahí mascullando maldiciones
arrastrando la nube negra de la que huyen los felices
y hasta los infelices
que consiguieron rozar los pies y explotar el polvo
para volver a ser los mismos

Y en la cruda tarea que consiste la recapitulación
esto es lo que queda de nosotros, los vencidos:
un montón de huesos de aves
platos sucios
pocos muebles
explicaciones
eufemismos de fraudes y fiascos
una caja con cartas de ayer

y sobras

Nosotros,

sal de cadáver,
esperamos
levantarnos
de entre las cenizas
recoger los vidrios rotos, cada vez más rotos
recuperar, por fin,
el temple que nos robó la derrota

y volver a empezar






Los infelices




Nos vieron arrastrando los restos de aquella noche en que nos unimos
como pulpos viciosos tras las cortinas de una habitación prestada
ingenuos y sucios
hacíamos el amor entre antorchas vivas
Fue hace ya tanto tiempofantasmas de cadenas
esquinas rotas de un retrato milenario
serpientes en caída librepantomimas
El público nos abuchea, somos payasos
repeticiones inservibles de maquinarias sociales
las suposiciones apuntan a que deberíamos dejar de comportarnos
como cíclopes seniles
genitales de sangre y suspiros
¡Hay la crítica
!espiral devoradora de júbilos
Pero regresan las risas y en la intimidad rozamos los pies
invocando la pasión que nos parió hace tiempo
como placentas de ballenas
Solos, volvemos a ser los mismos
Regresan las risas y en la intimidad nos fundimos como pulpos
viscosos
almas pétreas/ resistencias
delgadez entre los muros
Al rozar los pies
cuando explota la mañana en rayos de sol y polvo
entre las sábanas tibias y olorosas a nosotros
dejamos de ser los infelices que todos conocen
vencemos el escarnioy no somos más
la nostalgia






Gato azul




un gato azul devora un bollo de estambre a la mañana
como engulle –de noche- la piel disecada de su colega minina
los ojos se le pegan a las sábanas, bosteza molesto al tener que abandonar la cama
esparce espuma de afeitar sobre su pelaje, para apartar el vello del trasfondo
lava los rastros blanquecinos de la humedad de los revuelcos nocturnos
recuerda -con todos los disgustos- el frío de la loza
el hielo que lo hizo tan temprano erizarse
hace cuentas abruptas de lo largo que le depara la jornada
se estira, contra su gusto, para espantarse la melancolía
y se tira un rato al sol, orgulloso
como todos los días
el gato azul prefiere no ser morado
disimula todo lo que tiene de cariñoso
lucha a contra luz para aminorar el amor que lo invade
y lo distingue de tantos otros gatos grises
tan tristes y solos
espera –entre masturbaciones- la llegada de la otra noche
para bailar en el entablado la próxima melodía
cómo ansío tu voz ronroneándome al oído
ese miau contagiado de agónica lujuria contenida
Ay el gato azul, tan poco probable
Ay la noche espesa, tan largamente añorada
Ay la luz de la luna sobre tu rostro agatado y azul
Ay tus manos de felino tímido sobre mis tetas y mis uñas
Ay tus gritos esféricos de éxtasis y confesión
Ay mis palabras para consolarte cuando devorás un bollo de estambre a la mañana
y tenés que abandonar –inconforme- la madriguera de mi vientre tibio

viernes, 18 de diciembre de 2009

tres poemas de elisa huezo paredes

Elisa Huezo Paredes, El Salvador



LA VOZ DEL PUEBLO





No más odio ni venganza
fruto amargo de la guerra;
queremos paz y justicia
sin temores ni violencia.
No más sangre de inocentes
mancillando nuestra tierra,
no más crímenes ocultos
ni traición tras de las puertas.

Seremos un pueblo noble
que no se ampare en la fuerza;
Si libres queremos ser
tendremos el alma enhiesta
que temple nuestras acciones
y nos limpie la conciencia.
Pero ante todo, exigimos
que se cumplan las promesas
rescatando nuestras vidas
hundidas en la miseria.

Ha pasado ya el combate
confiamos en que no vuelva,
hoy el refulgente Símbolo
entre nosotros ondea:
La Paz como Dios, sin verle,
habita en nuestra conciencia.
Que mantenerla sepamos

para que siempre esté cerca,
sin alejarse jamás
guardando nuestras fronteras.
!Gloria al pueblo que recobra
con sacrificio, su tierra,
aunque abonada con sangre
será Patria sin cadenas
ofreciéndonos la Paz
como impoluta vivencia.

Se ha unido la misma savia
de equidad e inteligencia
para encontrar el futuro
que nuestros hijos esperan.
Que conservemos la Paz
como tesoro y presea:
Ella, como Dios, sin verle,
habita en nuestras conciencias.







LA VOZ DEL POETA





"Que la paz de los sueños y los cantos"
se establezca en el mundo para siempre"
CLAUDIA LARS.





¿La paz, qué es, espíritu o esencia?
¿qué materia le da sustancia o vida?
Ni vida ni sustancia, es una ciencia
que los pueblos abonan con su herida.

la Paz está en las almas adherida
a las Siete Virtudes de excelencia,
solo puede anidar en la conciencia
que al Bien y a la Razón se encuentra unida.

Es la Paz la Verdad que fue donada
al Espíritu Santo. Destinada
como símbolo azul de Epifanía;

si la Paz en el alma está despierta
ni el cobarde ni el vil hallan abierta
la puerta que, a la Paz radiante, guía.






CANTO A LA RESURRECCIÓN Y A LA VIDA




Y Salvador te llamas, tierra ungida
con el óleo bendito de la alianza:
Salvador de ti mismo y la esperanza
que nuevamente te ha vuelto a la vida.

¿Cómo no ser así, si siempre erguida
tu llama te salvó de la acechanza?
tu pueblo fiel espera la bonanza
pues siendo Salvador, salvas la vida.

!Tierra del Salvador, revienten huertos,
frutos y verde campo florecido;
dejemos reposar a nuestros muertos:

Su sangre con la nuestra se ha fundido.
Ahora, Salvador, estamos ciertos:
Tu Nombre es el de Cristo y cristo has sido!..

jueves, 17 de diciembre de 2009

dos poemas de rafael gochez sosa

Rafael Góchez Sosa, El Salvador



Poema del retorno


He vuelto. Estoy aquí.

Respiro por la herida de esta noche,
por los huecos ladridos de mil perros, por la luna
vacía de los huérfanos,
por lo que está presente y sin embargo lejos.

He regresado. Vengo
a decir flores de olvido, la voz
desamparada en los ciclos del hambre,
el corazón
del agua para la sed viajera.
Vengo de allá, de donde mariposas resuelven
sus colores sobre el llanto.

Vengo del labio
donde el beso no llega porque perdió las huellas
del amor.

Vengo
del fuego negro y pordiosero que adivina
la sombra en el insecto. Vengo del húmedo
recuerdo que deja un crepúsculo
de invierno, de las uñas del miedo sobre la madrugada
y sus aires de viuda
solitaria, del ámbito del loco
que amanece
desnudo porque las ropas queman.

Vengo del vaso enfermo que la razón impone
para negar sonidos,
lluvias,
miel.Vengo...

Cuando me fui, cuando dejé las cosas
de frente contra el muro, todo era tan distinto,
tan personal, tan mío.

Mío el mar. Mi lámpara mi lámpara.
Mis coplas sólo mías. Mi pan era mi pan.

El muro
recogiendo carcajadas amaneció
en alcoholes sonámbulos
distantes del silencio.

Y me fui. La piedra supo alimentar cansancios.

Y conocí el desvelo con que gritan
los ciegos sus auroras. Llegué
al dolor, al carruaje tirado por dos ecos,
al teatro donde un hombre
decapita a su hermano, donde una madre
aborta; donde un poema vive, no se escribe.
Allí creció mi edad de ciervo atormentado. Allí
me nació barba de espuma. Allí supe
sabores en lágrimas
candentes. Allí apagué mi vanidad
deforme.

Hoy he vuelto.

Estoy aquí para enseñar
regresos,
para pedir perdón a los abuelos, para ofrecer
y compartir mi cena, para hablar
por la herida que me sangra,
para sembrar
la luz y cosechar estrellas.
©Rafael Góchez Sosa
(De Voces del silencio, 1967)





Explicaciones desde la banca de un parque


Muchos de los que me leen
piensan
que soy un hombre raro, escéptico, pequeño dios.

No.
Soy un hombre común
como cualquiera.
Me citan para jurado en causas criminales.
Porto cédula de vecindad.
Como.
Defeco.
Doy mi voto en tiempo de elecciones.
No crean que me la paso sólo bebiendo.
No.
Tengo mujer e hijos.
Tengo empleo
y me han afiliado
al Seguro Social.
Soy como ustedes, un ser corriente.
Juego.
Fumo.
Me gustan las muchachas en minifalda.
Hay deudas
y anhelo sacarme el gordo
de la Lotería Nacional.

Ahora bien,
lo que pasa es que ciertas cosas penetran en mis venas y circulan.
Hacen que mi barba crezca blanca. Que
mis ojos lloren por los ciegos.
Y
si duermo, sueño que hay mucho amor en el mundo.

Sucede que cuando soy jurado
en causas criminales
no sé si condenar o absolver al reo.
Si leo los periódicos
me duele saber que han hallado
dos cadáveres en la Puerta del Diablo
o que anoche
hubo recogida de putas
o que en la madrugada alguien se desangró
frente al Hospital Rosales.

Y
resulta
que ya no duermo bien.
Y la digestión comienza a fallarme.

Sucede
que un poe
desapareció en mi tierra.

Los gringos
hunden barco con gas nervioso.
Onassis
cada minuto es más rico.
La guerra en Vietnam no termina.
Duvalier
mata patriotas en Haití.

Y vuelvo al librium.
Y el librium
no me hace dormir.

Esta, la pequeña diferencia. La pequeña.

Pero soy ciudadano corriente.
Buen marido, buen padre de familia.
Hasta voy a misa.
Ah, también toso y tengo algo de viejo verde.
©Rafael Góchez Sosa
(De Poemas para leer sin música, 1971)

miércoles, 16 de diciembre de 2009

poemas de teresa andrade

Teresa Andrade, El Salvador



Pasillo para gatos





Nos encontramos cinco calles abajo
y la cocina dejó de ser el refugio de las ratas.
Nos encontramos para cruzar las calles
y desperdiciar el cigarro a la vuelta de la esquina,
el comedor dejó de ser el lugar perfecto para esconderse
tras los manteles que nunca han de mover.
Nos encontramos para esconder el laberinto de los ojos
y cargar las compras de la semana.
El espejo dejó de robarnos personalidad
y el televisor dejó de ser el centro de atención de los miedos y los quejidos.
Nos sentamos en el parque de la esquina
ha construir murallas al lado de nuestros pies
porque los zapatos viejos estorban en el closet
y dejamos que la ropa se fuera acumulando en el sillón.
Ya para qué seguir con el calvario de los gatos maquillados.
Dejaremos de encontrarnos
y tal vez la próxima semana nos tomemos un café.





Amor, hay días en que vigilo el pasto desde aquí
Y se me da crecer en la tierra
Como un parásito orgulloso de su baile.

Hay días en que respirar se me hace constante
Y me parece una molestia para el vecino,
Pero él no sabe que padezco de estas perversiones,
Ignora que he dejado de ser artificio de colmena
Y que he construido un plano bajo el suelo
Donde ni él cabe ya.

Amor, desde hace días he visitado las plazas públicas
y el comercio se me hace molesto
pero suelo encabezar las filas de las tiendas al dos por uno para no perder
la costumbre,
como cuando vaciábamos el bolsillo izquierdo llorando de culpa
y temblando de orgullo.

Está vez me he cansado de caminar,
De tomar el autobús,
De esperar que alguien me lleve en su carro,
Me he aburrido de ver el cielo
Amor, la crisis de la vida normal se acumula en el ojo
Mejor busquemos un poco de tierra
Y comenzamos a independizarnos del humus subterráneo
Y crecemos como parásitos robustos
En la boca de los gatos.
Amanece al borde de la calle
Pasiva,
Respira la humedad de planta subterránea
Con las ojeras más grandes que la culpa.
Asemeja una pregunta bajo el brazo.

Deja de silbar, pequeña conciencia.

Deja que el norte camine un poco más al sur.

Hay noches en que velar a los gatos es lo único que parece sostenerte,
Pero también los basureros guardan tesoros oxidados.
Olvidas que los perros te salvaron la vida
En el dibujo de aquel ocaso metamorfoseado.

Deja de olvidar,
El olvido solo mata 27 neuronas por hora
Y ya no puedes perder menos del doble.

Camina pequeña conciencia en los ojos del escarabajo de oro
Y restaras las horas de las arrugas que te dejaron los sueños.

Ya no queda más que volver a la inconciencia
Y desdibujar la cara
Volverse 1igual a 1
Y la suma vuelve a dar lo mismo,
Pero ya dejó de molestarte la comida fría.

martes, 15 de diciembre de 2009

cuatro sonetos de daniel eguizábal

Daniel Euizábal, El Salvador








Carta de pájaros





La noche proyectada en cada lágrima
junto al hilo más débil del insomnio;
llega el día goteando su aluminio
junto al sol desgajado en cada rima.

La tarde es colegiala boina roja
con piernas de un amor que se eterniza;
me seduce a robarla así de prisa
en la foto del verso en que se aloja.

Ay, vida de mi vida voy cansado:
por gloria del amor, gloria del dolor
la infancia de vivir enamorado.

Ay, la orilla de un número enroscado
trae la carta salobre del dolor
y un silencio que escarba equivocado.






Los espejos del azar





¿Quién me empuja a trotar entre la hierba?
¿Tú, Amor eterno; soga que te escondes?
¿Tú la onda quemante que responde
al filo del trinar que tanto enerva?

¿Y quién me envía andar sobre las aguas?
¿ El enfado de un gen que se resiste,
la palabra de un dios que me reviste
o este miedo a morir entre las aguas?

No sé quién llama a las puertas del azar
con la fuerza de un fuego indivisible
porque canta con canto irredimible.

¡ Que alguien dance sobre un río hasta alcanzar
la ruta de una onda navegante
o el sino atormentado y desafiante!







Las criptas y los bronces






¿A quién espero en lo alto de esta noche?
-húmedas criptas y un gemir de bronces-.
Un latir de alas bulle en su derroche
y alguien grita y me habla desde entonces.

No es cenizas el grito que palpita,
no es mano amiga, no es el pan, ni abrigo;
es grito que conozco porque agita
la sola luz que tengo por testigo.

No hay norte ni sur, ni hay fronteras,
esa lumbre es un cosmos que delira
y es eje de la esencia porque gira.

Gira y no sé cómo aunque quisiera;
pero sé que pregunta por mi lira
y es trampa de un ayer que si me mira.







Rascacielos sobre el río






De noches y auroras voy herido
como un río que cruza un rascacielos;
no sé si hay sol o luna en mis desvelos
o si huyo tras el túnel presentido.

La muerte me cabalga a todas horas,
la vida es el cristal que se me incrusta;
quiero ver al jinete que me asusta
transpirando el cristal por lo que llora.

Emboscados de ira los silencios
y a punto de gritar con gran demencia
violentan a la nada y me dan vida.

Caballo de fuerza el ayer marchito
cabalga como nuevo y es un mito;
como un duende que juega con mi vida.

lunes, 14 de diciembre de 2009

tres poemas de silvia elena regalado

Silvia Elena Regalado, El Salvador









Conversación con Dios







I

Alguno que otro día
me amanece el deseo de invitarte un café
y abrazarme a la certeza con la que me nombraste para siempre.
Quiero escuchar como respira en vos el universo,
descubrirme en el milagro sin edad de tus pupilas.

Días en los que necesito darte gracias
por lo que me concediste infinito,
por la posibilidad de hacer y re-inventar
cada trozo de vida a mi propia semejanza o a la tuya,
Por la angustia y la fe en lo que anhelo,
por la alegría simple de los frutos.

Vos sabes que este amor mío renegó tanto de nombrarte.
Se ufanó de sí mismo,
evadiendo el diálogo cara a cara,
refugiándose en tu sustancia,
cumpliéndote en los principios
pero sin la humildad serena de aceptarte.

¿De qué he huido?
Si todo rumbo me devolvió tu aliento;
si toda libertad sin vos siempre fue cárcel.
Aquí estoy otra vez,
como emergiendo del útero materno:
confiándote mi vida,
abandonándome a tu ímpetu
despertando a tu amor
fundiéndome en tu nombre.
(Desnuda de mí)








II


No quiero buscarte en la derrota,
sostenerme en tu fuerza cuando flaqueo.
Yo quiero esta alegría limpia de intereses,
este nombre tuyo llenándome de flores,
ser parte de tu aliento si respiro.
No quiero que este amor sea una falacia teórica,
un acuerdo callado
mientras la vida me habla en voz alta,
mientras alguien me grita
y yo vuelvo la espalda.
¿Tendrá sentido amarte,
si soy una más en la tragedia humana?
¿Si me resigno al miedo y no asumo la vida
con la misma pasión que me heredaste?
¿ Si cargo con la culpas, si te pronuncio,
pero no me perdono?
¿Si etiqueto a los demás desde mi pequeñez
y no te descubro en ellos por tu grandeza?
No debes responderme.
Quiero ser tu respuesta.
(Desnuda de mí)








Nací con la lluvia







Nací con la lluvia
en el mes más apretado
de los temporales.
Yo que soy tierra
Fértil-desierta,
que guardo el fuego
y no lo dejo pasar de largo,
que me respiro,
que vuelo,
que soy el viento.
Yo, eterna tierra
verde palabra.
vine en la lluvia
broté de llantos
sentí el abrazo
tibio de un pozo
antes de ser
la luz
el aire.
Y quizá por eso
soy el designio
brutal del agua.
me precipito
hasta el estruendo
claro
silvestre
de la humedad.
(Desnuda de mí)




Florecer en vos



A veces he florecido sola
en una oscuridad
que abismó mis gemidos.
He florecido
en aguas y en desiertos
donde no hubo luz
para encender
el color de cada pétalo.

Amor
llevo a cuestas
un torrente de sol y clorofila
un grito ahogado
que enloquece
buscando la libertad
del estallido.

Quiero florecer en vos
brotarme de corolas
de olores y de mieles
ser una flor eterna
sobre tu tallo
verde.
(Desnuda de mí)

sábado, 12 de diciembre de 2009

tres poemas de ivonne melgar

Ivonne Melgar, El Salvador









Otro San Salvador







¿Te acuerdas mamá?
de la foto en blanco y negro
en que mi hermana y yo compartimos
la plataforma de El salvador del Mundo.
Si la tienes junto a ti,
guárdala y mírala
como si te tragaras el aire que deja de pasar.

¿Te acuerdas mamá?
del Cristóbal Colon y del Palacio Nacional,
y de tu dulce voz en mi oído de niña
enseñándome los nombres
de las calles principales de San salvador.
Aprieta en tu memoria ese recuerdo,
porque el Palacio ya no es Palacio,
Cristóbal Colon ya no tiene cabeza
y ya no está tu voz para decirme dulcemente
cómo se nombran las calles destruidas de San salvador.

¿Te acuerdas mamá?
de nuestra Gilda cuando tenía seis años,
fuimos por ella al Hospital Bloom,
queríamos verla sana y sonriente:
tú compraste piñatas
yo partí mangos verdes.
Ahora mamá,
abraza fuertemente la sonrisa de mi hermana
y juntas digan una oración por la madre y la hermana
que no tuvieron fiesta,
que se quedaron esperando.
Porque la tierra se abrió
y se llevó las ansias.
Octubre de 1986.








Para un domingo electoral






Amigos de la patria grande
hecha de pedacitos incendiarios
gracias por la oración que busca mi recuerdo
sobre la tempestad de este domingo
desde el anaranjado rumiar de tu tranvía
bajo la excomunión del aire a medias
hijo de la ponzoña
mecánica
turbante.

Pero no me pronuncien como sortilegio
ni como pluma extraña.
No me asesinen victima del tiempo
cuando los noticiarios les devoren la calma
y le pongan color al blanco y negro
del vómito asesinado
que donde advierte el ojo de la historia
pone la bala enana
de su demencia agónica.

No se me vayan con la finta
para tratar de aminorar el miedo.
Que la guerra no es cosa de película
ni se acaba leyendo una noticia.

No acomoden mi nombre
en la escalera sucia del lamento
ni trituren la cera de los buenos augurios
si van a derretirla con mi sombra.

Porque quien salga ileso de esta furia
será deudor del diablo
maquilador robótico del yanqui
materia del confort sin descendencia.

Porque la espina irreparable del lisiado
fractura mi sonrisa
ninguna baja me regala triunfos,
Lo mismo si el soldado recoge una pensión
en las inmediaciones del parque Cuscatlán.
20 de marzo de 1988. San Salvador.







La sentencia del poema






No se cual es mi sitio
¿o acaso en esta cárcel
me pusieron los ruegos de mi abuela
y el augurio encendido de mi madre?

Cual es el verso de mi pluma famélica
donde poner la espina y la cadera
sin despertarme anónima.

Al menos una cripta de nostalgias valientes
o un pozo de palabras fecundadas por héroes diabólicos,
algo de misticismo para justificar mi desperdicio
o el llanto protagónico de una tragedia amable.

Díganme que no es cierto este silencio
exílienme de aquí
soy indocumentada en el suspenso
y visita indeseable de la resignación.

Necesito dormir este poema
y el sequito infernal de sus hermanos
que solo me han llevado del dolor a la ruina
inventando tutelas y prefacios.

Pero otra vez afuera
sin claveles
ni siquiera el pincel de una demora nocturnal me asiste
ni el péndulo sagrado de un porvenir incierto

Afuera
con esta voz amarga
inoportuna cargada de blasfemia
malbaratando letras
mientras la procesión de otras palabras
me decían la sentencia de este triste poema
–interminable…
2 de junio de 1988. México D.F.

viernes, 11 de diciembre de 2009

tres poemas de dora guerra

Dora Guerra, El Salvador



GRITO EN EL VIENTO




En el viento sin voces
he buscado tu voz sin esperanza.
He cerrado mis ojos
para verte en la nada
y he extendido mi mano
sin encontrar la tuya en la distancia.

No hay aurora en mi noche
ni verde en mi horizonte que se alarga.

Tu huella en mi camino,
grabada sobre el agua,
borrada para siempre
y siempre fija en mi alma,
ha de seguir la mía en la tiniebla,
debajo de mi planta;
conmigo irá después de las estrellas
y en el fondo del agua.

Y aunque tal vez la imagen de mis ojos
se haya borrado en tu alma,
por todos los caminos que recorras
llevarás tus miradas.
Y si ya tus oídos
olvidaron mi acento que te hablaba,
en toda melodía que recojas
estarán mis palabras
y todo grito amargo que a ti llegue
saldrá de mi garganta.


En la noche desnuda,
en los ríos sin agua,
en la aurora ya muerta
antes de la mañana,
en la nube sin vida,
en la niebla del alba,
yo buscaré tu voz, sin esperanza,
y cerraré mis ojos
para verte mejor entre la nada,
y extenderé mi mano
hacia ti, a través de la distancia.

Cuando todo mi cuerpo
cansado esté después de la jornada;
y mis ojos cerrados
de nuevo a la Luz se abran;
y mi mano extendida
retorne a reposar sobre mi falda
¿habré de recobrar toda la luz
a mi vida negada?
¿mereceré llegar hasta la cima
fértil de la montaña?
o dormiré, tal vez, un sueño mudo,
de noche y sin palabras.









ROMA




¿ Cómo diré tu proporción inmensa?
Con mayúsculas escribiré tu nombre
y me sentaré, mínima, a soñar tus glorias infinitas.

Todos los caminos de la tierra a ti conducen
y tu majestad indiscutible sigue gobernando.

Si tus miembros mayores se te han muerto,
si casi el corazón,
yo sé tu sangre caliente todavía
corriendo por las venas más anchas de este mundo.
Yo sé tu voz despierta,
tu oído vigilante
y nada pueden contra ti, nada podemos
porque tu planta está apoyada desde mucho
en tierra firme.

Porque un solo dedo tuyo alzado, basta.
Porque tu labio, aun en silencio, también basta.

Diré tu signo más pequeño
o el agua que reblandece tus heridas
o tal vez pueda decir un poco
la solemne rosa de tus vientos.

Estratos milenarios de ciudades,
geología de templos,
huesos gigantes de mamut corintio,
muela careada colosal.

Oh roca con ventanas,
Ciprés edificado
y tu cúpula inmensa como un iris con la pupila abierta:
ojo potente para ver a Dios.
Misterioso silencio el de tus plazas por la noche,
minúsculo es el hombre que las cruza
y terribles los monstruos de piedra que las pueblan.

El agua de tus fuentes.
Hablemos de ella:
en todos los rincones de la historia
está su canto eterno.

Beber su cuerpo puro es beber agua viva,
bendita entre las aguas.

Y el valle de tu nombre
donde pastan corderos casi bíblicos.
Olivos y viñedos, horizontes, cipreses,
bajo tu luz dorada incomparable.

Cómo decirte a ti,
que eres la ciudad grande, la magnífica
la de todos los tiempos.
Y también la dulce ciudad de los atardeceres
y las lunas perfectas.

Como decirte a ti,
sino tu nombre.
Sólo él puede estar hecho a tu medida,
y por eso, me sentaré mínima a tus puertas
y con mayúsculas escribiré tu nombre eterno.






HAY QUE SEGUIR LA VIDA




Hay que seguir la vida.
No recuerdo por qué exactamente.
EDNA SAINT VINCENT MILLAY.






Hay que seguir la vida
razón de soles y de células,
minúsculas e inconmensurables razones idénticas.

Hay que contestar el teléfono
y arrancar las hojas de los calendarios.
Las uñas crecen y las rosas sangrientas.

Crece el miedo y el fuego de nombre indescifrable.
Todavía los niños aprenden a sumar manzanas
aunque se hayan secado los árboles frutales
y la anciana hace encajes de bautizo
para el niño que morirá de hambre.

Hay que seguir la vida.
Tratemos de recordar todas las causas:
El verbo estaba en el principio en Dios
y después el barro y la costilla,
la palabra del barro y el amor.

Por de pronto, lavemos los cabellos,
hagamos la compra del mercado
y pongamos la hora del reloj.
No hay tiempo de pensar.
Las vitaminas esperan en sus frascos
para ayudar a sostener el sol.

Hay que seguir, siempre la vida.
Después resolveremos el misterio,o tal vez no.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

tres poemas de ernesto bautista

Carlos Ernesto Bautista, joven poeta salvadoreño








Entonces habrás invocado celajes marchitos... y 20 puertas dormidas






Cuando me nombres
cien soldados de fuego
te buscarán rompiendo cadenas
contra esta pared de silencios
y este grito ahogado en la tierra.
Más allá de mis escombros
más allá de las hogueras
donde aun arden cenizas de guerra
donde la piel de la brisa te cobija de lumbre
a ti y al cuerpo sobre ti.
A tu voz que tiembla y a su voz que arrancaré del pecho.
Y con mis gritos de piedra partiré la tierra
y me tragaré el silencio
y al silencio y a la piedra y a los cien soldados y al amante.
Y verteré el sonido de mis labios en la tormenta
y caerá temblando y esparciendo huracanes.
Y sus ramas oscuras tatuadas de luz y relámpagos
te tocarán el pecho y buscaran tus labios
y abrazarás al fuego porque el fuego seré yo
y la tormenta serán mis manos.Y el grito tomará vuelo
y su amor que va sangrando estrellas
nos tocará la espalda y tu voz abierta
convirtiendo este fuego de piel y tormentas en sombras desbandadas.-








Nuestra casa






Un hígado descalzo
un árbol de cometas
un ala membranosa de fósforos
un banquito de agua
una pancarta de dioses llena de vidrios rotos
una esfinge de acero
un dios oxidado
una estrella abandonada
una explosión galáctica en la acera
un río de espuma de sangre esparcida
y tus uñas de hierro
tus huesos de madera
tu maquillaje de piedra
tus gafas de piel.
Áspera una bala de presas rotas
un algodón azucarado de vómitos
un rojo color azul
una mujer de alambre en un marco de escombros
un Apocalipsis de soledades en un techo armado de promesas de muerte
y un abismo inquieto bajo los ladrillos.-








Un día encontré un caracol... y en las entrañas del caracol encontré el universo






Yo soy el peregrino.
El que anida en la lluvia y extiende sus manos para beberla.
Yo soy la ventisca
y los gritos intermitentes del silencio.
Búscame cuando tengas frío, porque soy el fuego de los relámpagos.
Búscame cuando quieras volar, porque soy la criatura de las alas enormes
y los espacios vacíos con eco en su pecho.
Búscame, porque estoy sólo,
porque soy un dios hecho trizas en el fondo de un pozo.
No hay mares profundos que no me nieguen el entierro hacia sus entrañas
ni frío que me nieguen las tumbas de piedra.

martes, 8 de diciembre de 2009

tres poemas de efraín rivera caravantes

Efraín Rivera Caravantes, joven poeta salvadoreño











En el profundo mar de la noche








“How can I feel
abandoned even when the world surrounds me?”
Dream Theater







Una ola de tierra me transporta
casi sin moverse
hacia otros lugares.
Desde aquí
muchas son las luces que flotan
en el profundo mar de la noche.

Allá abajo brillan los conciertos,
los dientes blancos de las sonrisas,
los asaltos en las calles y en las camas,
las casas vacías y las llenas,
la saliva de los besos,
las despedidas, las lágrimas
que se quedan en los ojos
y las que comulgan con el mar
de una almohada o de un hombro.

Allá arriba se juntan las otras luces
para orientar a los viajeros ciegos
con sus signos Braille.
Ellos las leen, deslizan sus manos
por el la página perforada del cielo
en busca de su destino.

Muchas son las luces que flotan
en el profundo mar de la noche
y a pesar de todo, aquí y ahora,
me siento como un viejo Adán
con sus costillas completas.








¿Ser o no ser?






“Yo no sé lo que quiero,
porque aún no estoy muerto.”
Luis Cardoza y Aragón








Uno es algo
hasta que se muere,
hasta que es un muerto definitivo
de pies a cabeza.

Mientras tanto me gusta ser
el peatón de la vida,
el pasajero del tiempo,
el actor del teatro del mundo
que va escribiendo su papel,
el jugador de fútbol que piensa
que la vida es algo tan hermoso
como patear un penalti
y fallar.

Y es que aún quedan cosas por hacer,
y son tan inútiles y tan necesarias
como las que ya se han hecho.
A veces tengo ganas de desescribir la historia,
de ir caminando y no encontrar las calles
donde están,
y otras veces me amanecen
las ganas de escribir algunos sueños
para el después que comienza ahora:

quiero tragarme el movimiento,
quiero que el destino sea lo que quiera ser,
quiero que me recuerden sin recordarme,
como un recuerdo sin nombre,
un recuerdo blanco que sin querer
les guiña un ojo desde no sé dónde
y les pinta una sonrisa
sin más.

Lo único que quiero, con frecuencia,
es que me confundan
con el silencio.








Poema de variétés







Se abre el telón,
la música comienza
a escribir el poema en el escenario.
Aparece el artista, el actor, el poeta,
el que es como todos: distinto,
el que con sus manos
comienza a barajar las palabras,
las corta,
las reparte entre los asistentes,
las desaparece
en labor encomiable de prestidigitador.
Y luego se vuelven duras las palabras
como esos bolos
que sirven para hacer malabares,
y dan vueltas en el aire:
roma se vuelve amor,
asir se vuelve risa
y ríen los presentes
porque el payaso hace malabares con bolsas
vacías
donde caben cada una de sus cabezas.
Otros lloran, otros no están ahí
y si están
frente al gimnasta que seduce a su pareja.
Sus cuerpos se mueven,
se unen, se mezclan como el agua
-¡agua frotándose con agua!-
en el escenario contenida
como en una vitrina.
La música sigue.
La pareja es ahora un violín y un piano,
y se hablan con música.
Él dice con notas:
“te necesito para esta canción”,
y ella responde con la mirada
de un si sostenido
mientras el telón va cerrándose,
mientras el poema sigue bailando,
cambiando de escenarios y actoresconstantemente.