Mostrando entradas con la etiqueta Teresa Moncayo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Teresa Moncayo. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de febrero de 2018

ARS MORIENDI, LA FORMA DE SU HUIDA* PRÓLOGO

Teresa Moncayo,
Escritora y prologuista de Ars moriendi






PRÓLOGO



ARS MORIENDI, LA FORMA DE SU HUIDA*
PRÓLOGO

Teresa Moncayo.
               La poesía de André Cruchaga no está basada en la forma sino hecha de pedazos de sentimientos y trozos de vida arrancada de su alma. En sus versos declara desterrar la máscara de aquéllos que agitan banderas y proclaman justicia, nos dice desde su debilidad básica de poeta “la sombra del tiempo que nos ha hecho renunciar al paraíso”. No hay versos que indiquen y que indignen más que esta reveladora afirmación. Por lo que su sentimiento se asemeja al ideal político de Unamuno tratando de contribuir a la formación de la conciencia y que se fija como un núcleo a lo largo de su vida, despejando en cada uno de sus lectores la noción de hombre libre dentro de un escenario grotesco donde los arribistas se interesan sólo en que sus honores sean considerados y además, hecho público. Una actitud propia también de Antonio Machado que da la mejor lección de dignidad de la política (siguiendo éste el modelo de Descartes).  ¿Qué nos propone André Cruchaga?. Hacer poesía en medio de la ciénaga (como sustancia estancada) mientras pisamos la yerba que oculta el espacio florido. La contradicción como una atalaya inexpugnable que viene a extenderse y a unificarse mientras hallamos la verdadera identidad del hombre. En este sentido André es un poeta comprometido a través de sus versos (metáforas que se hacen ver por en medio de las rendijas abiertas) buscando tal vez la revelación de la palabra. Y llegado a este punto, me pregunto si nuestro poeta es un revolucionario o un místico?, esencialmente. La respuesta nos la da él mismo: “me encantaría ser el insecto imaginario del arco iris; flotar en la misma tinta del vuelo”… Es el lenguaje usual de Cruchaga, revestir los pensamientos de las más exquisitas metáforas irrumpiendo en su vuelo los contrastes de las sombras atravesando los cementerios:

                                  Escribir sobre lápidas, los fragmentos
                                  De mis propias ausencias”.

          Siempre el verbo flameante hasta el delirio; viviendo al límite del aire, de los duelos, de los adioses; respirando las palabras, los sueños y los silencios frente al espejo (como símbolo de equidad en un país de desigualdades). Los silencios hablan y, a veces, contradicen a la palabra, atraviesan y descienden escalinatas y caminan sobre inscripciones fúnebres. Y le sirve al poeta para  conectar con esa fuerza creadora que se convierte en un canal directo para su creación, donde la conciencia capta lo que existe en profundidad, por encima de otras capas aparentes. Pueden ser aposentos para descansar o pueden devorar las larvas de la palabra o, como dice André, “los silencios nos va dejando una camisa de cicatrices”. No en vano nuestro poeta va desplazando hábilmente los velos que cubren el nuboso horizonte y las horcas (como figuras retóricas) que se mueven en un plano superior y, desde ese ángulo, advierte la necesidad de una primavera abierta a las bellas prácticas:

                                 “Necesito claridad de luces,
                                  Librerías de entusiasmados estantes,
                                  Alacenas con estrellas”.

          El eco de la luz en su vuelo no alcanza sino a ser derribado por el “eterno pellejo de un país abandonado”. André sostiene en su hálito el propio color del invierno y los silencios amanecidos. Y golpea con versos las losas grises en un paisaje horadado (taladrado de parte a parte). Y se pregunta con esa punzada que corta la alegría ¿dónde están los vientos cálidos, dónde los pájaros, dónde los caminos sin riesgos?. Mientras le suena la voz del único enemigo auténtico, como un aviso de ultratumba, como una bruma que todo lo cubre, y que sustituye como un engendro a los ausentes arco iris, a la atalaya de libélulas (en el sentido figurado). La palabra es necesaria para liberar emociones y ansiedades, y para no llegar a los brazos de la provocación como una manifestación inesperada. Y dentro de ese tiempo sostenido, André aspira a ahuyentar a las sombras, “al viento amargo, a la congoja de un país que se comió los colores”.

          Renacer con los claroscuros como un inicio de combatir la rigidez corrupta, de sacudir el tedio, de prescindir de ese concepto de abuso de poder (habitual en nuestra sociedad) a través de distintos mecanismos de coerción. Y ese es el goce extraño por el que nuestro poeta enciende antorchas en la vastedad de sus poemas escoltados siempre por la multitud de metáforas que reviste a los verbos, a veces, con mágica hermosura y, otras, con extraños engendros. Pero siempre desde la óptica de la razón y desde la idealidad. Una contradicción que hilvana con puntadas certeras y con conceptos bien clarificados (ya sea entre los dominios majestuosos de las alegorías y la realidad más efectiva). Todo se integra en ese ejercicio de vida atormentada de patria, de amores, de coherencia y de locura. Arrastramos nubes de polvo negro (como sustancia viscosa), campanas de pullas y sacudimos lirios en las úlceras; invertimos la luz que se aleja de puntillas y sembramos sonrisas de plástico, los discursos simbólicos, la ceremonia del entierro. Y las emociones se disparan y se diluyen como una guirnalda de amaranto, como un símbolo de amor y de muerte. Porque la masticamos como un enemigo que vigila a su presa. ¿Quién puede sostener este proceso?, dejar ese siniestro influjo que nos arrastra por rutas desconocidas ¿oscuras o azules?. Las leyendas cristianas prometen una existencia feliz (Shakespeare en Hamlet), lo contrario de las leyendas antiguas (Odisea de Homero) ¿hacía dónde vamos?. Según Vicente Huidobro, en Arte poética:

                                        Que el verso sea una llave
                                        Que abre mil puertas.

Según Rubén Darío en “Lo fatal”:

                                        ¡Y no saber adónde vamos
                                        Ni de dónde venimos!...

          André se asoma a una visión irónica y desencantada, al igual que las búsquedas de éstos, como ocurre en la “Epístola a la señora de Leopoldo Ligones”. Pero nuestro poeta no tiene contradicciones vitales a pesar de integrarse en la poesía Modernista.

          Hay muchos elementos superfluos que avanzan como noctámbulos en su madrugada llena de astillas y que se manifiestan visibles en la metáfora como una amenaza en el horizonte. Y donde a veces necesita encontrarse con la idea súbita de su acabamiento. Una imagen impulsiva y brutal:

                  Siempre estoy de paso respirando las palabras que van conmigo
                  Sobre todo cuando no hay razones para quedarse.

          Una manera de hacer un alto al fuego al enemigo. Él no conoce el olvido y no justifica la existencia de tantos muertos, de aquéllos que no pudieron hacerse viejos porque no lo dejaron (a pesar de la resistencia). “En las estaciones hay otros ojos moribundos iguales  a los míos”.

          Y rememora los días en el abrazo del alba, el brote de las ramas, la lluvia copiosa en las maderas, el camino de las palabras, la lumbre de ocote…

          André Cruchaga no es indiferente a las tempestades, a aquéllas tormentas de niebla que le da un rumbo de tristeza, a aquéllas ataduras de la conciencia que lo mantienen en constante vigilia, a las enredaderas de piedras y a la vida que se vuelve escombro. Y asume que hay demonios y escapularios y ríos desvelados y lagunas de cielo. Siempre las paradojas en su anónimo espejo. Y los sueños como una necesidad de sobrevivencia:

                Al otro lado del mar la espuma amarilla de la deshora, mientras
                Brota el malecón mojado de luciérnagas.

          En estos versos nos descube su carácter intimista y lírico por esa búsqueda de paisajes exóticos (propio de los románticos) auque no se caracteriza por la evasión de la realidad. Pero sí se hace presente la melancolía que le da un nuevo valor a su escritura.

          Desde su HUMILDAD nos ofrece una perspectiva filosófica que tiene mucho que ver sobre su noción del Ser, en este sentido su pensamiento está muy cercano al de Antonio Machado, ambos tienen una voz afortunada y los dos se abren al simbolismo francés, también otros poetas sintieron la necesidad de aliarse a este movimiento (Verlaine, Mallarmé, Darío, Juan R. Jiménez…). Al filósofo se le puede pedir el esfuerzo de la claridad, pero no al poeta. No significa que Cruchaga no lo sea porque en el fondo, él modifica su experiencia a su realidad y es ahí donde halla sus equivalencias verbales para expresar sus estados de ánimo. Y eso presupone derrames de sangre sobre la tinta y atravesar el arco iris… Siempre las contradicciones que se establece en el recorrido del poema:

                      La niebla pasa persuasiva sobre las sienes,
                      Los días de páramo hacen lo suyo en el dintel, el espacio
                      De la respiración con sus árboles crecidos avanza el tiempo.

          Para Cruchaga la noche es un referente de “sombras perversas” donde la respiración encuentra los caminos cerrados y donde la memoria está en medio del cieno:

                      Ya he caminado largos vuelos de ojos nocturnos. Los párpados
                      Quemados en la hoguera, los dedos llagados de tantas aceras,
                      El tinte profundo del presagio.

          Y el interrogante como una constante en su poesía: ¿”Cómo sobrevivimos a esta deslucidez” me pregunto”?. La respuesta (según él mismo) son variadas y entre ellas: “No entiendo tanta perversidad encallada en la respiración”.

          Él podría enseñarnos sus emociones, podría conquistar y reconquistarnos con sus versos, sorprendernos con las metáforas, impulsarnos con sus destellos de luz y de sombras, influenciarnos con su temática, emborracharnos de ritmo y vapulearnos con su lenguaje. Pero seguiremos desvistiendo a aquéllas imágenes hasta dejarlas vírgenes. Lo cual significa que su espíritu se encuentra entre sus más íntimos lectores. A pesar de aquellos pensamientos hondos no revelados. A pesar de su huida ante las multitudes. A pesar de su silencio (siempre habrá una ventana abierta, un espacio clareado) por donde podamos deleitarnos con esa pureza metafórica, a veces, difícil de dominar. A pesar y, aunque él insiste en que “prefiere el camino llano del surco, el arroyo en la cópula íntima y que huela a tierra la espiga”. Y para dejarnos aún más desconcertados, añade: “busco la sencillez de las palabras y no ese pasadizo de túneles secretos”. Por lo que fundimos el conceptismo con el culteranismo y encontramos una mezcla de idealismo y realismo donde André practica siempre la poética del ingenio conceptual, como pinceladas de armonía en cuya mixtura aparece el reflejo deslumbrante y la angustia emocional como dos signos o trazos que nos permite conjeturar sus estados de ánimos, sus arrebatos testimoniales su defensa a ultranza de su país que lo rompe por dentro: “en el silencio del cuerpo, en la altura del lecho de los ríos, muero, es un ir a diario, tocando la hora de las puertas”.

          Los símbolos se vuelven grises, los ecos sepultados, las figuras míticas postergadas en las sombras. Si acaso describir tus poemas es embarcarse en una metáfora?. Y dónde la parte soñada?. La aventura para introducirme en tu memoria y hallar sólo residuos de realidades rotas, de viajes ahogados. Y sonreímos irónicamente para no desfallecer e intentar reconquistar algo bello de ese fondo (si quedara). El horizonte nos ofrece caminos para conquistarlos, azules horizontes complejos e inexplorables. A veces como un monstruo que se desplaza como un río de aguas turbias. Y otras, como un lecho de espumas blancas (todo se deshace, como el hielo en la cálida tarde o, haciendo uso de la hipérbole, también el estado de ensoñación). Siempre los ecos y los espejos (según Machado) "son ojos ciegos que miran los ojos con los que veo" o, según Octavio Paz "el espejo que soy me deshabita". "En realidad, nada queda de los años". André se mide con su propia fuerza sin otro pretexto que fortificar su alma frente al Judas de la muerte que le sacude por dentro como un vendaval que lo dejara deshecho: “toca morder la piedra en el trasfondo de la esperanza, librar todas las batallas terrenales”. Y como una rueda de emociones va girando su espera a la muerte, a esa sombra que se prolonga por la vertiente de tantos perfiles. Acaso librar esa batalla es una excusa para dar vía libre a sus versos?. Sería como mandar a los guerreros a una guerra dudosa…, agregar el cuerpo mutilado la prueba cierta. Los versos con la sangre derramada por cada costal de la metáfora. Por cada figura retórica. Y el poeta en la vertiente del ritmo, en la cima de la rima, en la certera medida, en las deslumbrantes sílabas: “aquél hechizo en las manos, desnuda la escalera de la agonía, la hora infeliz de la escritura”:

                           Abro la caja negra donde está mi cuerpo
                                (como simbología del infierno).

     De esta manera desarrolla André Cruchaga sus pensamientos, con un prestigio excepcional que lo sitúa en la primera línea de los poetas latinoamericanos. Con un inmenso número de publicaciones de poemarios  que son como alas que sobrevuelan los vientos (a veces con derrames de sangre en sus alerones).


*la forma de su huída”, verso de Juan Ramón Jiménez.        

lunes, 18 de julio de 2016

Teresa Moncayo, España





UNA MIRADA
A LA POESÍA DE ANDRÉ CRUCHAGA
(Travesía)



Teresa Moncayo,
Universidad de Cádiz, España



La poesía de André Cruchaga, requiere distintas lecturas y tantas versiones..., (según desde la óptica de quien lee). Pero el escritor sólo ofrece una referencia. En el sentido de los versos oscuros, se decía de Góngora hasta que admitieron que era un poeta impresionante con unas dotes para el uso de la metáfora y la simbología que dejaron a muchos con esa envidia ¿sana? Creo que su poesía está basada en la claridad de pensamiento y se apoya en unas líneas a veces difíciles de "descifrar". Pero escritas con tanta hondura, con tanta rabia y con tan buenos deseos de que todo cambie y, sobre todo, utiliza unos vocablos también (a veces), rebuscados que nos da la impresión de querer hermosear lo expresado. No es una poesía lineal, simple y basada sólo en la forma. Desde luego que no. Porque dice mucho en poco y, traspasa más, por esa forma y fondo que nos incita a pensar (más de la cuenta). Y es bueno "provocar" la reacción del lector. De lo contrario estaría hueca y no lo está.
Cruzo los versos de André Cruchaga y quiero traspasarlos de esa coraza de obscuridad para ver un atisbo de luz. Pero ese es su refugio. Vivir en la carcasa de un paraíso roto (aún reverdecido). Una mañana de oleajes que chocan contra sus huesos. Pero aún así, sigue el curso trazado en el remoto escenario de una metáfora. Ignoro si bajo sus pies crece la hiedra o sólo el alquitrán como sustancia viscosa y negra de petróleo. Porque a veces, sus versos, destilan diversas mezclas de roca y túneles y resinas..., sonidos de ecos arrinconados más allá de las penumbras. Cerca de las pulsaciones de una ciudad que dormita y muere. André Cruchaga mantiene en su poesía la imagen de un país gris que le provoca por dentro y nos sorprende los albores obscurecidos en medio de la tormenta de fuego, los andenes de asfalto cubiertos de luces que no son sino espejos de una silueta, las ráfagas que empuja al viento y tambalea la quietud del alma, los párpados cansados de descubrir las muertes en el lecho, los pozos llenos de cadáveres esperando ser enterrados en el estiércol, el horizonte dudoso de cualquier cielo. Y busca cubrirlo de arboleda, de música, de pájaros, de campanarios alegres, de amaneceres risueños, de veredas verdosas, de alientos limpios que volteen la obscuridad, de soplos de hojarascas, de almas con luz.”
Los versos de André son un diálogo incontaminado, a pesar del ambiente con sustancias tóxicas..., (perjudiciales para los seres vivos). Son como una esencia purificadora que "lucha" contra los agentes abrasivos causantes del deterioro social... Los poetas simbolistas que cita (con los rostros cubiertos por las sombras), se me antoja, mudos por la realidad. Baudelaire estaba imbuido en su "universo artístico" (lejos de la realidad). También Rimbaud, preocupado de la musicalidad de sus rimas. Sólo Lautréamont, nos dejó unos versos desgarrados donde definía al hombre como "esa bestia salvaje"... y, Éluard, autor de: "La desesperación no tiene alas"... Encontré unos versos de Gómez-Correa que es como un manifiesto desesperado; encontrar al fin la inocencia en una noche sin término/ sin pensar en el día que no volverá/ Ni en el gavilán que no logrará despertarte. También se le puede adjudicar, como una exaltación sutil ante un sueño..., la diferencia es que los versos de Cruchaga están asentados en la tierra.
Lo más grandioso de André Cruchaga, es la capacidad para definir los sentimientos. Domar a las palabras, traerlas a su terreno..., y hacer de ellas una composición hermosa. Alcanzar esa maestría en el ARTE de la palabra; unirlas hasta conseguir el significado exacto del sentimiento. Las emociones poderosas, el inevitable conflicto interior y, la coloreamos, en base a nuestros principios. La construimos con nuestro filtro personal y la sometemos a según qué estado de ánimo..., nos introducimos en el laberinto de las palabras (en el sentido de que no es un lugar de fácil acceso y, menos, de fácil tránsito...) y, la usamos como herramienta simbólica, como un camino que nos permite vivir la experiencia auténtica y que representa el universo de cada uno.
Los arquetipos no sólo existen en las historias fantásticas con acciones de dioses y héroes en la antigüedad o, en las narraciones donde predominan los elementos imaginarios, también existen en los sueños y, a veces, en la realidad. La poesía de André Cruchaga está llena de esa verdad, de esos héroes anónimos que deambulan por un espacio tétrico resaltado por el poeta en sus versos. Está llena de esa verdad que ahonda en su alma y en la respiración a modo de pulsaciones. Está llena de un sentimiento que traspasa la coraza y la epidermis más sensible. Porque Cruchaga escribe con devoción y fuerza, con pasión y delicadeza y, con un valor añadido que le hace grande, en el sentido de intenso y perceptible. Aunque el escenario de su vida sea un "elemento" real (demasiado evidente).
Hay que reverenciar sus poemas. Tanto por cómo siente, por cómo los expresa, por cómo escribe. Sus versos son como estallidos, como pulsaciones o como pequeños truenos que se adentran en la piel y en los poros y recorren todo el ámbito corporal para establecerse en el corazón. La comprensión de los versos es rápida a pesar de los conceptos (representación mental de los hechos), que nos descubre nuevos significados y lo hallamos en forma de reliquia de gran valor que hay que venerar. Rebosantes de humanidad, de temple, de desgarro social entre la realidad y el deseo. Resiste ante los esqueletos humanos y los manicomios que no son sino parte del tránsito diario.
Los versos de André Cruchaga, están hechos de unas fibras sensibles, perturbadoras, tiernas, melancólicas y llenos de una rabiosa verdad que arrastra a ese mundo hondísimo para hallar en él, otro subterráneo aún más hondo, más perfilado, más cautivo, más lleno de horror, si cabe, más ultrajado, más devorador, más decrépito (decadente). Con una intensidad de recuerdos bellos que se ahondan en las sombras. Pero sus versos sacan también a la luz, esa misma claridad que se filtra por cada hueco estrecho, por cada espacio ínfimo, por cada rendija de pared. Y será ese resplandor quien desheche a la oscuridad que, ahora parece eterna.
Aunque en el interior de las palabras muera el poeta, queda el significado en la memoria. Igual que, muerto un pájaro, siempre tendremos su canto. Porque la esencia de todo no se establece en los vocablos que se usen para expresar lo que sentimos, es nuestra posición frente a qué o a quién. Son pocos quienes conocen la intrahistoria porque se halla escondida bajo la historia que todos ven, aquella que, los más superficiales, contemplan. Pocos descienden a los infiernos y, por lo tanto, pocos saben de los sufrimientos ajenos, de aquella masa de humanos que deambulan en las sombras, agazapados en el olvido de la memoria de la mayoría. Porque es más cómodo, pasar la vista por encima de los problemas, inhibirse de las carencias de los otros, de esa decadencia que los asalta cada día y los rompe, y los mata y los fusila, y los abandonan. Sólo lo perciben los grandes humanos, los más sensibles, los más capaces de exponerse en contra de todo. Los hay servilistas que hacen uso del hermetismo para no ser señalados por las esferas del poder. Porque los cadáveres no son aquellos que apuestan por la continuación del sistema, no. Son los otros, aquellos que en un susurro intentan clamar al cielo una ayuda que no les llega. No todos son poetas y, por lo tanto, no tienen acceso a esas palabras más o menos adornadas (como el canto de un pájaro) para decir lo que él nos cuenta. Los otros sólo son tipos que deambulan por calles oscuras sobre otras obscuridades (para no contradecir las normas). Sólo el poeta nos trasmite cómo sufren, cómo sienten, cómo mueren..., y estamos abiertos a sus mensajes en forma de versos.
Los versos de André Cruchaga sí ven la luz..., a pesar de haber nacido entre las sombras. Son los conceptos lo que le hacen diferente; el idioma lleno de resplandor a pesar de la siniestralidad. Es la locura de un entorno (con enfermedad prolongada) lo que enaltece a sus poemas. Los alientos tupidos que buscan una atmósfera limpia aunque camuflada en la hojarasca, pero esa limpidez existe, seguro. Sólo hay que descubrirla en la otra imagen (Naturaleza), con su azul pleno, luciérnagas, libélulas, búhos e, incluso, el ala siniestra del cuervo que se posa en las ramas, toma un aspecto menos demencial, menos trágico. Conviene escabullirse de ese escenario mórbido y hallar la claridad que inunde los sentidos, la belleza no estática sino viva alrededor del poeta.
Sus versos  siempre me dejan esa estela cierta de maravillosa escritura (a pesar de lo contradictorio del sentido del poema). Indiscutiblemente, André Cruchaga es más que un poeta. No muchos tienen el don de llegar a esa altura intelectual rompiendo esquemas para ahondar en la Naturaleza Humana donde el sentido racional, aún dentro de lo irracional, cobra especial interés y coherencia. Un bravo!, es poco. Sólo el reconocimiento de la sociedad y el mejor de los premios podrían hacerle justicia. Porque aflora en cada verso el sufrimiento de un país con coraje, valentía y dolor. Y porque sus poemas son parte de la esencia de todos aquellos hombres y mujeres que cada día, han de ver mutilados sus sueños y rotas sus ilusiones. Relatar estos hechos con el rigor y la hondura con que lo hace el poeta y desde un prisma real y con la fuerza con que queda reflejada la historia, eso, ha de tener sin duda una respuesta.
Me llevaría toda la vida leyendo sus versos, de día y de noche, siempre. Sólo pararía de vez en cuando para calibrar los verbos, para analizar los adjetivos, para investigar las metáforas. Y luego seguiría por esos caminos muertos, por ese verde reventado, por esa calzada llena de humanos abandonados a su suerte, por esos árboles de cenizas, por esas aceras soñolientas, por ese bosque obscurecido, por ese cuarto húmedo, por esas figuras muertas, por esos alambrados que suplen a las fronteras y, acumularía (igual que él), ese desgarro que nace del alma y que me hace ser infeliz porque otros lo son.
"Profundidades inmensas"..., así son los  versos de André Cruchaga, llenos de esa hondura que nos traspasa porque cada vocablo está constituido de una sensibilidad nueva a pesar del desgarro que caracteriza a toda su poesía. "La noche como un solo camino" es inmensamente evocador; la noche porque es noche, o la noche porque es la única referencia?..., "las calles como una sola noche" ahí sí va implícito lo tétrico en el sentido de oscuridad absoluta, sin un atisbo de luz. Sólo en él se halla la claridad, ese fulgor infinito con la precisión y lucidez necesaria para crear unos versos brumosos; ahí está el arte, dejar afuera la ambigüedad, la borrosidad, la bruma..., y desde su claridad surgen los versos colmados de negrura. Quiero decir que, parten desde dentro de su luminosidad. Los crea, les da forma, les da belleza, coherencia, pasión, fuerza, vigor, ternura, valor y, ese sentido de realidad y de coherencia; con un fondo profundo y una forma impecable. Llena de metáforas que no son sino un lenguaje más cuidado, perfectamente revelado. Pero qué grande es la poesía de André Cruchaga, capaz de despertar los sentidos y emborracharlos de realidades, de actos sublimes, de flores, de caminos, de cielos, de borrascas, de lluvias, de asfixia, de heridas, de abandono, de muertes. Nos trasmite todo lo que es posible trasmitir con la palabra y aún así, quedamos esperando más y más, hasta completarnos, hasta llenarnos, hasta colmarnos. Jamás absorbí tanto de un poeta. Jamás descubrí tanta fuerza, tanta pasión, tanto sentimiento, tanto talento. Y sigo leyendo y más descubro, porque cada vez hay una intención nueva que me sorprende, que me absorbe, que me inquieta...
En su tránsito, André Cruchaga, va dejando estelas de palabras que no son sino asociaciones subjetivas que viven en él. Porque no es sólo un poeta que describe sus sentimientos en versos, sino un "guerrero" de la pluma capaz de sublevar a todos los que lo leen. Se nota esa querencia hacia los verbos y esa devoción pura hacia la manera de trasmitirlos. Lo que es una maravilla. Gracias a la palabra escrita y gracias a esa capacidad innata en usarlas, apreciamos toda esa larga trayectoria de sus sentimientos en forma de versos. Es una suerte que ese don de la palabra haya recaído en él, en nosotros, y no es un tópico. Porque no todos pueden cubrir grandes espacios de folios en blanco hasta completar cientos de ellos. Y hacerlo de manera bella y coherente, para el deleite de muchos. Proyectar en vivo cada paso, cada deseo, cada anhelo, cada pasión, cada tristeza o alegría. Con toda la naturalidad que sólo los que tienen acceso a la escritura, pueden hacerlo. Y son muchos, evidentemente. Pero no todos son mágicos. No todos te emocionan, te desgarran, te provocan, te sorprenden y te llevan por esas lindes reservadas para unos pocos. Aunque existan campos abiertos para acoger a tantas manifestaciones, a tantas ideas revestidas de mil maneras..., sólo unos pocos son capaces de penetrar en la epidermis más sensible, sólo unos cuantos y, entre ellos, André Cruchaga. Por esa hondura y por esas formas que, a veces, nos hace dar vueltas para ahondar en su significado. Significado que hallamos, evidentemente, porque por encima de esa naturaleza hermosa se encuentran los verbos más reconocidos por todos los que amamos la poesía.
Me pierdo en su lenguaje, en ese contexto de signos combinatorios, en esos símbolos y códigos con los que designa al mundo exterior; sus relaciones, sus cualidades... En esas oraciones construidas con su conjunto finito de elementos, en esa manera de invocarnos y explicarnos sus sentimientos. Me pierdo por el uso adecuado de sus palabras, sustantivos, verbos... Por cómo forma las ideas y pensamientos. Porque André Cruchaga, no rompe el ritmo de la frase sino lo completa hasta hacerlo explosivo. Hay una comparación de la evolución del lenguaje humano con el origen evolutivo del canto de los pájaros, capaces de aprender nuevas vocalizaciones y de reordenar sonidos básicos de su canto para trasmitirnos distintos significados. Su capacidad para comunicarnos sus ideas y emociones, André, sobrepasa en mucho la conducta lingüística de los humanos por el grado de distinción de su lenguaje y rebasa todos los pronósticos, todas las teorías y todos los códigos. Por lo que pasa a ser llamado un fenómeno comunicativo que nos abre puertas y ventanas a la imaginación y al entendimiento.
En cada poema, el asombro. Por mucho que lea sus versos, siempre existirá la sensación de la piel erizada, de la angustia que asoma por cada juntura, de la sombra en constante duelo. También del arcoíris asomando por la luz después de la tormenta. Y el latido que se abre paso en las multitudes oscuras. Todo él es poema, su actitud, su respirar, sus latidos, su voz, su aire. Y esa manera de trasmitirnos la realidad, por cómo se interna en los sentimientos que no deja a nadie indiferente, por la profundidad del mensaje, por la hondura de la emoción y, posiblemente, porque le añade elementos inquietantes que no hacen sino despertar nuestra conciencia.
Los ojos de la noche, de (André Cruchaga) lo ven todo, tanto las maravillas dentro de su sombra como las otras sombras de su subterráneo. Y los ojos, con su luz encendida, en la oscuridad, captan las imágenes que pululan a su alrededor. A veces se distorsionan las formas y, las líneas se tornan figuras idealizadas o distorsionadas o, en su defecto, reflejan la verdadera realidad de lo que se visualiza..., y en ellas afloran las siluetas dañinas, que no son producto de la imaginación, pero que igual sobreviven en la claridad, por lo que no sólo en las sombras se integran los efectos dañinos sino que también cabalgan junto a la diafanidad. Por lo que el punto de luz (en las sombras), lo pone él, según su estado de ánimo, integra la dulzura, la nostalgia, la energía. La esencia de lo que es y, eso, traspasa en mucho a las sombras. Habitualmente integramos en la oscuridad lo dañino, las tinieblas, la venganza, la muerte, la traición e, incluso lo diabólico. Pero esa oscuridad sólo está "visible" para contrarrestar a la luz. Sé, que su sombra está íntimamente ligada a la realidad de su país y la arrastra como un torbellino llevándosela a su intimidad hasta el punto de que forma parte de su vida, obviamente, sin quererlo. Y es hora de desterrarla de ese ánimo o, asumirla como algo que no ha de vencer. No porque no lo desee sino porque está fuera de su alcance.
"Como una tinta que tiembla ante la hazaña..." Sólo un prestidigitador de la palabra es capaz de diluir esa tinta y hacer que su compuesto alcance esa proeza que nos describe la realidad objetiva de ella y, la otra, subjetiva, la de él que se funden en un abrazo hasta dar con el verso deseado, con la expresión idónea hasta completar el poema. Cuántas sombras y heridas y ojos y sueños hasta acabarlo? Por cuántos caminos ha de avanzar hasta hallar la forma, hasta completar el fondo? No todo es cuestión de sombras y de espejos..., detrás está el poeta, su asombro, su luz (aún dentro de lo oscuro). Está compuesto André de arcoiris, cuyos tonos se asemejan a según qué ánimo, casi siempre los tonos grises. Los claros se dejan ver escasamente. A veces se cruzan por en medio de las palabras para no ser descubiertos, pero permanece la estela de luz en su recorrido fugaz. Lo intuyo.
Es obvio que André es un poeta que, (como él dice), "busca más allá de toda apariencia", centrándose en un fondo demoledor, trágico y real. Su soledad coincide con el alma de Schubert, angustiada, solitaria y dolorosa. Lo apreciamos en la "Serenata", donde el músico despliega toda su magia y esas imágenes en forma de música: Hay ternura y dolor en ese canto/ y tiene esa amorosa despedida/ la transparencia nítida del llanto/ ¡y la inmensa tristeza de la vida!. "Cada cual tiene su propia búsqueda". La de André, es el sentido a la irracionalidad, al desamparo, a la brutalidad del hombre, al abrazo roto, a los labios sellados por el miedo, a los fantasmas de la noche, a los monstruos del día, a los amaneceres de sangre, al destierro interior, al alma exiliada, a las páginas en blanco. Sus versos y su prosa que se entrelazan para establecer el poema, para ahondarlo y liberarlo; son su desahogo de cada día. Cada verso, un suspiro, cada poema un alivio. Así renace cada amanecer. André no es un poeta como otros, no. Existen movimientos literarios y otros que van a contracorriente ofreciendo una estética y una ideología fuerte sustentada en el sufrimiento de los pueblos. André se identifica plenamente con ellos, Y con el tiempo muchos seguirán su forma (porque su fondo es inaccesible), y crearán escuelas como lo hicieron algunos clásicos.
André Cruchaga, es el hilo de esa tinta que usa para denunciar la historia. Una manera de expandir lo que ocurre en el país. Muchos poetas y escritores lo hicieron, obviamente, no todos salieron ilesos. Por mi parte creo que, a la política ha de llegarse por vocación para ayudar a los ciudadanos. Con el compromiso hacia la clase social. Nunca para encumbrarse "salvadores de la Patria", donde el miedo prevalece sobre otros sentimientos y que, forma parte de lo cotidiano arrancarle los sueños para convertirlos en pesadilla. La política creo que es un instrumento para lograr el bien de la sociedad y asegurarle una vida digna. Pero aquellos que se implantan con un régimen sin ningún tipo de Orden Jurídico y Legislación Vigente, implica, obviamente, el apoyo de la fuerza militar., que son los encargados de ejercer la represión e imponer el terror violando todos los derechos de los ciudadanos. Porque ya dejan de serlo. Para convertirse en "objetos manipulados por el sistema". Por lo que los políticos se ganan a pulso el descrédito de la población sumida en el miedo a ser encarcelada o fusilada. Los que conforman la "casta del horror" y que ejercen la tiranía son aquellos que se colocan la pancarta de "trabajamos por los intereses del pueblo", un recurso desgastado por su uso. Y que son los mismos que dicen fortalecer la democracia o el país. "El Salvador es grande por su gente”, es pura demagogia cuando lo utilizan para conseguir el apoyo electoral. Son las maniobras de aquellos que NO saben hacer política en beneficio de sus ciudadanos y sí, sin embargo, tienen aprendido cómo violentarlos, o quitarlos de en medio...

Teresa Moncayo, Escritora.
Vejer de la Frontera, España, 2016