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sábado, 25 de octubre de 2025

André Cruchaga, César Moro y Octavio Paz: la poética del abismo y la trascendencia

 

Pintura de André Masson


Semblanza crítica-comparativa entre André Cruchaga, César Moro y Octavio Paz, enfocada en la dimensión surrealista y metafísica que comparten, pero también en las diferencias que hacen de Cruchaga una voz singular dentro de esa tradición.


André Cruchaga, César Moro y Octavio Paz:

la poética del abismo y la trascendencia

 

 

1.    Tres poetas ante el misterio del ser

 

César Moro, Octavio Paz y André Cruchaga son poetas que —desde contextos y tiempos distintos— exploran lo invisible, lo irracional, lo que excede la experiencia cotidiana. En los tres late una vocación metafísica: la búsqueda de lo absoluto, del sentido del ser en medio del caos, y la palabra como único instrumento para acceder a lo inefable.

Sin embargo, mientras Moro parte de un surrealismo radical —que busca abolir la lógica y liberar al inconsciente— y Paz lo reelabora desde un humanismo reflexivo y una metafísica del tiempo, Cruchaga asume esa herencia en clave existencial y simbólica, más vinculada al dolor humano, la memoria y la experiencia del desarraigo.

 

 

2. La herencia surrealista: imagen y revelación

 

César Moro, poeta peruano y figura esencial del surrealismo latinoamericano, concibe la poesía como «acto mágico», un estado de trance que rompe con la realidad racional para dar acceso a lo absoluto. En La tortuga ecuestre o Amour à mort, el lenguaje es desborde, erotismo, sueño, desarraigo, deseo convertido en visión.

Octavio Paz, en cambio, reelabora el impulso surrealista desde una conciencia crítica: lo irracional se vuelve una vía para pensar el ser, el amor, el tiempo, la muerte. En Libertad bajo palabra o El arco y la lira, el poeta sabe que el lenguaje no solo nombra, sino que crea, y que en la palabra poética se juega la revelación de la existencia.

En André Cruchaga, el surrealismo no es programa ni escuela, sino atmósfera espiritual. Su poesía habita el sueño, la sombra, la ruina, pero no para escapar del mundo sino para nombrar lo innombrable del dolor. Su lenguaje es «visceral y visionario»: mezcla de lo real y lo onírico, de lo cotidiano y lo abismal. En libros como Oscuridad sin fecha, Dictado de sombras u Objetos para armar, la imagen se convierte en forma de conocimiento y de exorcismo:

 

«El viento es un espejo sin rostro, un alfabeto que sangra en la conciencia.»

 

Esa imagen alucinatoria, cercana a la de Moro, se diferencia por su densidad moral y existencial. Donde Moro apuesta por la libertad del deseo, Cruchaga busca la redención del alma en el caos. Lo onírico no es fuga, sino trinchera de resistencia interior.

 

 

3. Metafísica del vacío y del tiempo

 

En Octavio Paz, la reflexión metafísica se articula en torno al tiempo y al ser. Su célebre afirmación —«la poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono»— revela una visión donde el poema es puente entre el hombre y lo absoluto. El vacío, el silencio, el instante son categorías ontológicas.

En Cruchaga, esa dimensión metafísica adquiere un tono más oscuro y elegíaco. Su poesía no busca tanto el éxtasis del instante como la confrontación con el vacío. El tiempo, la muerte, la pérdida y la ausencia constituyen su territorio simbólico. Hay en él una «ontología del despojo»: una conciencia de la finitud y del derrumbe, pero también de la persistencia del ser en medio de la ruina:

 

«Cada día es un tren que parte hacia la nada donde aún respiro.»

 

Así, mientras Paz intenta reconciliar el ser con el cosmos, Cruchaga asume la imposibilidad de esa reconciliación, pero persiste en la búsqueda: su metafísica es la del ser herido, no la del ser reconciliado.

 

 

4. Lenguaje, eros y trascendencia

 

En los tres poetas, el eros cumple una función central. Para Moro, es transgresión, deseo absoluto, disolución de las fronteras entre cuerpo y espíritu. En Paz, eros es comunión y conocimiento: el amor revela la unidad perdida del mundo. En Cruchaga, eros se transforma en metáfora de la memoria y de la herida; no es solo deseo, sino eco del despojo:

 

«Bajo la piel del aire, la memoria se abre

como un párpado que sangra.»

 

Esa dimensión erótica es también mística: el cuerpo como territorio de revelación. Pero Cruchaga lo inscribe en una sensibilidad posbélica, latinoamericana, fragmentaria, donde el eros no libera, sino que recuerda. Es un amor doliente, habitado por la conciencia de la pérdida.

 

5. Estilo, ritmo e imaginería

 

·        César Moro: escritura torrencial, onírica, cargada de imágenes surrealistas, con ruptura sintáctica y musicalidad dislocada.

·        Octavio Paz: equilibrio entre claridad y profundidad, tono meditativo, transparencia formal al servicio de lo simbólico.

·        André Cruchaga: verso libre, ritmo interior intenso, imágenes densas y alucinadas; combina la resonancia mística con la crudeza de la experiencia sensorial. Su lenguaje tiende al exceso como forma de revelación, una retórica de la intensidad.

En Cruchaga hay también una escritura de la memoria —de los escombros— que lo aleja de la abstracción de Paz o del erotismo absoluto de Moro. Su lenguaje se origina en la experiencia centroamericana del desgarro, pero la trasciende hacia lo universal mediante el símbolo.

 

6. Convergencias y divergencias

 

Aspecto

César Moro

Octavio Paz

André Cruchaga

Base estética

Surrealismo ortodoxo

Surrealismo reflexivo y existencial

Surrealismo simbólico y existencial

Eje temático

Deseo, sueño, cuerpo, desarraigo

Tiempo, amor, ser, unidad

Dolor, memoria, vacío, trascendencia

Lenguaje

Torrencial, onírico, irracional

Claro, reflexivo, musical

Denso, simbólico, visionario

Metafísica

Éxtasis del deseo

Unidad del ser

Persistencia del vacío

Actitud del yo poético

Rebelde, erótico, errante

Contemplativo, filosófico

Doliente, reflexivo, místico


 

7. Conclusión

 

La poesía de André Cruchaga puede considerarse una continuación heterodoxa del surrealismo latinoamericano, enriquecida con una profunda conciencia existencial y metafísica. Comparte con César Moro la intensidad visionaria y la libertad de la imagen; con Octavio Paz, la indagación filosófica y el sentido del misterio; pero los supera en un registro propio, más trágico y humanista, marcado por la historia y la herida del siglo.

Cruchaga hace del poema una zona de revelación del dolor, un espacio donde la palabra intenta restituir lo perdido. Su surrealismo no busca abolir la realidad, sino trascenderla desde la ruina. En él, el lenguaje se convierte en materia espiritual: una forma de sobrevivencia ante el silencio.

 

«Nada queda sino la sombra que escribe su incendio en la ceniza.»

 

Con ello, André Cruchaga se inscribe en la línea de los poetas visionarios que, desde la desolación, buscan lo sagrado en la palabra, y confirma que la poesía —como en Paz— sigue siendo «el lugar donde el hombre se reencuentra con su misterio».


jueves, 8 de mayo de 2025

EL ESPEJO COMO RESURRECCIÓN E IDENTIDAD, EL AUGURIO REVELADO DEL ANHELO DEFINITIVO

 




EL ESPEJO COMO RESURRECCIÓN E IDENTIDAD, EL AUGURIO REVELADO DEL ANHELO DEFINITIVO

 

 

 

Escucho el eco de una palabra que resonó

antes que la palpitación del oído golpeara, y se estremece

la caja roja del corazón simple como un cuchillo.

JUAN JOSÉ SAER

 

Un bosque se abre en la memoria y el olor a resina es útil al corazón.

Vi las esferas del sudor y los insectos en la dulzura;

luego, el crepúsculo en sus ojos;

después, el cardo hirviendo ante el centeno y la fatiga de los pájaros perseguidos por la luz.

ANTONIO GAMONEDA

 

 

La transfiguración del entorno al poema constituye una conquista del poeta. Y sin que desee hacer una evocación simbolista, entre alma y naturaleza se trata del yo del poeta frente a una existencia externa. José Siles González, poeta consumado cuya poesía va del aquí a lo trascendente, de la herencia de lo terrenal a una escritura que va más allá de su propia voz. Como una especie de vidente se adentra en diversos espejos, místicos, mántricos, alumbrados. Su libro: «Espejo de monos alumbrados»,[1] es una obra que deslía su experiencia de vida, asociando y evocando realidades, ese mundo de ideas y sueños del cual no escapamos porque estamos ligados a él indisolublemente. Al respecto, C. M. Bowra considera a Verlaine, Baudelaire y Mallarmé como la vanguardia de ese movimiento, que incluye a todos los poetas que «intentaron manifestar una experiencia sobrenatural con el lenguaje de las cosas visibles, y en los que casi cada palabra es un símbolo, ya que está utilizada no según su uso corriente, sino por la asociación que evoca con una realidad más allá de los sentidos».[2]

Espejo de monos alumbrados, está constituido por cinco apartados, el primero se corresponde con el título del poemario. No sé si esta primera parte tenga que ver con el eslabón perdido en el contexto de la evolución humana convertida en lo que somos hoy en día. Existen múltiples propuestas para explicar este fenómeno, una de las cuales fue planteada por el genial filósofo y etnobotánico Terence Mckenna[3] en su teoría conocida como «The Stoned Ape» («El mono dopado»). En ella Mckenna propone a la psilocibina, la sustancia activa en los hongos alucinógenos y que pertenece a la clase de las «triptaminas», como la principal responsable de este salto evolutivo. Según esa versión, uno de los grupos de homínidos consumió, buscando alimento, hongos alucinógenos. La consecuencia fue la aceleración en el desarrollo de la corteza cerebral, lo cual eventualmente derivó en el nacimiento del lenguaje, consagrándose así un salto neuroevolutivo. «El mono alumbrado y su evolución», título del primer poema, nos remonta precisamente a esa teoría de Mackenna, el desarrollo progresivo de habilidades del primate a lo humano. Y no es de extrañar porque Siles, más allá de la poesía es un hombre de ciencia; traer esos postulados teóricos a la poesía en particular demuestra que no existen barreras entre cielo y tierra. El poema de Siles dice así: «bajo los efectos de una atávica sustancia / alucinógena, / tal vez el más original manjar / probado por los dioses, / nada más descender de los árboles, / creyéndose por fin todo un erectus, / se erigió, además de bípedo, / en rey de la tierra / con erguidos aires de / pensador griego, / y, gracias a los efectos / de exóticos hongos, / algo se iluminó en sus adentros, / llegando a disfrutar / varios días en un minuto, /miles de años antes de la existencia» … (Siles: El mono alumbrado y la evolución, pág. 15).

Tenemos por otro lado el espejo, palabra clave en este entramado poético, el espejo poema a través del cual vemos ese proceso de evolución y, a menudo de degradación de la humanidad. El espejo ha sido un recurso recurrente en la literatura a lo largo de los siglos, utilizado por escritores para explorar temas de identidad, autorreflexión, dualidad y realidad. A través de diversos enfoques y contextos, el espejo puede ofrecer una profunda introspección sobre los personajes y la narrativa; en el espejo suelen enfrentarse a una contemplación de sí mismos, de sus decisiones y de su papel en la historia. El espejo refleja no solo su apariencia física sino también sus emociones, conflictos internos y evolución. Por ejemplo, en «El retrato de Dorian Gray» de Oscar Wilde, el espejo y el retrato sirven como conductos para la exploración; el espejo también puede simbolizar la autorreflexión y el análisis de uno mismo. En la literatura, los momentos frente al espejo a menudo marcan puntos críticos en los que los personajes deben enfrentarse a sus propias verdades y engaños. Estos momentos pueden ser catalizadores para el cambio o para el reconocimiento de aspectos ocultos de su personalidad. En «Madame Bovary» de Gustave Flaubert, Emma Bovary usa el espejo para enfrentarse a su descontento con su vida.

El espejo también puede cuestionar la naturaleza de la realidad y la percepción. En la literatura, los espejos pueden distorsionar la realidad, presentando versiones alternativas de los eventos y personajes. Este recurso permite a los escritores jugar con la percepción del lector, creando historias que exploran el límite entre la realidad y la ilusión. En «El Aleph» de Borges, el espejo sirve como un elemento que desafía la percepción y la comprensión del infinito y lo absoluto. representar la verdad, la sabiduría o incluso la vanidad. en «Blancanieves» de los Hermanos Grimm, el espejo mágico es un símbolo de la verdad y la obsesión por la belleza. Desde ese ese espejo Siles hace una crítica mordaz, al menos es lo que creo ver en siguiente fragmento: «Algunos chimpancés de Nashville  / babean con el country, viendo / bambolearse las tetas de Dolly Parton, / aunque los simios más ebrios del Bronx prefieren otros alivios, / como el reguetón o el rap; /mientras, los gorilas de Rio de Janeiro se chiflan / y casi mueren por la samba en sus favelas de culto, / sin darles tiempo a deleitarse, mientras deliran, / esquivando la pequeña bala / de una bonita pistola azul, / disparada con toda la alevosía desde infierno / por la voz rota de Tom Waits.» (Siles: Los monos colocados y su infructuosa búsqueda de armonía, pág. 16).

El segundo acápite de este poemario, intitulado: «Manadero de místicos mántricos,» a ciertos personajes, hechos históricos y a algunas posturas filosóficas, como el caso de Martin Heidegger. Para saber hacia dónde nos lleva el poeta, veamos que nos dice el diccionario al respecto de la mística[4] se define como algo relacionado con la vida espiritual y contemplativa que busca la unión con la divinidad, o con el misticismo, una doctrina religiosa y filosófica que enfatiza la experiencia directa y personal de lo sagrado. Y lo mántrico[5] que deriva de "mantra", que en sánscrito significa "pensamiento" o "instrumento mental". En el contexto de las religiones hindú y budista, los mantras son sonidos o palabras sagradas que se recitan para diversos fines, como invocar a la divinidad o para la meditación.

En la búsqueda, el hallazgo del rastrojo, la contemplación, la verdad en cuyo sendero se encuentra la verdad; luego, en «El sosiego nocturno del limonero en su eterno retorno», el poeta le da vida con cierto halo de misticismo al árbol: «… en ese instante de incorpóreo silencio, / una flor de azahar despliega sus alas blancas, / emanando el aroma del fruto / mientras la piel del limón, que pierde su resplandor, / contempla el desmayo lento del azahar / sin reproches, sin gimoteos, / sin desasirse de su frágil nostalgia / en tanto la niebla sitia al limonero, / mitigando en su nocturna guardia / el fulgor de las profecías» … (Siles: El sosiego nocturno del limonero en su eterno retorno, pág. 38). La clave de este apartado del poemario se cifra en dos referencias esenciales: la que lo vincula a una tradición literaria y la que lo presenta como un espacio-producto elaborado artísticamente. En efecto, como más adelante indicará el poeta hablar de mística y mantra en poesía es hablar de los ojos que lo contemplan, de las lecturas que han configurado esa mirada y del gozo estético derivado de la conciencia.

Aunque a veces el mundo se deshace como la arena, pensando en Blake, lo cierto es, según Siles, «Aún quedan rosas originales y cosmopolitas en la vasta pradera del pensamiento», de lo cual tengo mis reservas, el poeta de manera osada nos dice: «… no hay murallas que limiten su horizonte, / ni cadenas que aprisionen su verdad, / en cada mirada, en cada susurro, en cada suspiro / Por fin late la libertad del ser al recapacitar.» En la siguiente estrofa del poema citado, el poeta adopta una postura de escepticismo como desvirtuando lo antes expresado. Veamos: «Pero en la sombra prosigue el acecho de un riesgo, / el adoctrinamiento enroscándose como una serpiente, / buscando sigilosa y tenaz el emponzoñado adocenamiento / del frágil sueño de la conciencia, / y sin sosiego ni cuidado alguno / acabar marchitando los pétalos más bellos y peculiares / de una rosa original y cosmopolita,» … Siles: Aún quedan rosas originales y cosmopolitas, pág. 40).

He aquí el centro neurálgico de la poesía de siles y en particular de este libro: la experiencia vital transfigurada que se hace visible en la palabra. Hay un ensimismamiento e intuyo que es el de la vigilia, del mantra que trasciende la identidad de la condición humana. Pareciera que Siles habla a solas entre la muchedumbre y hasta cierto punto derriba el mito para confraternizar con él, ecos de una cultura perdida, tal sus palabras. Es indiscutible el legado dejado por la antigüedad y la insoportable crudeza de la verdad. «Allá, donde no hay lecciones por impartir, / ni dioses que adorar, / ni pecados que confesar, / ni poemas que escribir, / ni conocimientos pendientes, / ni casas que ocupar, / ni dones que otorgar, / ni cuentas que confiscar» … (Siles: La insoportable crudeza de la Verdad, pág. 61).

Interesante resulta en esta segunda parte, el recurso de la referencialidad literaria con la cual se hacen referencia o alusión a otras obras, autores, eventos históricos, mitos, leyendas o incluso elementos culturales y sociales. Esta referencialidad puede manifestarse de diversas maneras, tales como citas, alusiones, parodias, y reescrituras. Estas referencias nos permiten enriquecer el texto, crear un diálogo intertextual, rendir homenaje, o incluso subvertir o criticar las obras originales. Lo podemos ver en poemas como: El Templo de la Verdad en Pattaya, héroes y dioses y dioses del Olimpo, Nefertiti, El dorado exilio del rey de Punicia, Dionisos, y la Oda al dasein pasional de Hanna Arendt Y Martin Heidegger. Todo este entramado sirve de sustento para construir el poema, invocando, retrotrayendo esos pasajes, personajes acontecimientos. Entre citas (epígrafes) y alusiones, Siles elabora su polifonía. Conviene agregar ejemplos clásicos de este recurso: «Don Quijote de la Mancha» de Miguel de Cervantes, «Ulyses de James Joyce», «Cien años de soledad» de Gabriel García Márquez, «La Odisea» de Homero.

Cierra esta segunda parte del libro con dos poemas interesantes: «Del Vacío de la Nada a la Nada del Vacío» y «Oda al dasein pasional de Hanna Arendt Y Martin Heidegger». El poeta, aunque se decanta por el amor de Martín y Hanna, no deja de palpitar en esa vertiente del existencialismo. Nos habla de la Nada y el dasein.[6] En su forma más auténtica de existir está enraizada en su contexto y a las relaciones con otros seres. Sólo se puede dimensionar esta obra de Siles si la contextualizamos desde este punto referencial. La comprensión del ser del dasein requiere una consideración de su temporalidad, es decir, de cómo su existencia se desarrolla a través del tiempo. El dasein experimenta su ser como un ser-en-el-tiempo, y esta experiencia temporal influye en su comprensión de sí mismo y de su mundo. Asociado a lo dicho está la Nada, pero la Nada no existe desde el punto de vista de la física. Este concepto es paradójico y desafiante, Sartre argumenta que la conciencia humana está caracterizada por la capacidad de negar y de crear la nada, lo que permite a los individuos trascender su existencia factual y ejercer su libertad. Atenidos a esto, el poeta nos dice: «Piensas en tu incapacidad para entender nada / de la Nada, / y te sientes muy cerca de todos los vacíos / sin norte. / Y, sin aviso previo, / caes sin red al abismo de los recuerdos.»[7] (Siles: Del Vacío de la Nada a la Nada del Vacío, pág. 62). Cierro esta parte con un fragmento revelador: «En la Selva Negra, Heidegger, treinta y cinco / años después de ser engendrado por un hombre / mucho más coherente y sencillo; / un casi humilde tonelero católico, / sacristán y devoto / de la piadosa y embriagante / sangre de cristo en barril; / le susurró cosas íntimas de Platón a una / Joven judía, casi niña, de Hannover, / una tal Hanna Arendt, quien, ávida de trascendencia / y despiadadamente sedienta de anhelo, / se dejó invadir por ese amor mágico y tabú / al que suelen aspirar los superdotados / ungidos por las quimeras del escándalo.» Siles: Oda al dasein pasional de Hanna Arendt Y Martin Heidegger, pág. 64). Y «en el final de su historia se enlazan como testigos mudos» …

          «Griegos, si aún recordarais algo de lo que fuisteis: ¡Saltad!» constituye la tercera parte del poemario. Vuelven los mantras danzando en su caligrafía. Emergen Homero y Heráclito en el imaginario del poeta, el confín de los primeros tiempos al presente; en la ebriedad onírica, las brumas y la evocación pericliana como para desentrañar los fantasmas de aquél: «Pericles aspiraba a desentrañar / a través de su propio fantasma, / en aquel lúgubre sueño, / su vida, enigmas de sombras, / y recordar lo más encantador de su torpe existencia, / pero su vida era tan sombría, / que el sueño se le fue de las manos / y sólo consiguió producir / una atroz serie de escenas donde, / lo funesto y fúnebre acaparaban / un escenario desolador / en irreversible descomposición.» (Siles: Onírica y fallida evocación pericliana, pág. 76).

          Cualquier acercamiento a ese poeta alicantino deberá basarse, aunque sea a manera de conjetura en una consideración de todos aquellos lugares desde donde parecen entramarse y disociarse las ramas de su pensamiento. Siles sintoniza con el pasado (la herencia griega en nuestra cultura occidental) y el presente literario, con todo lo que supone intercomunicabilidad; es decir, la evidencia de un profundo diálogo transtextual. Para ejemplificarlo tomemos el siguiente texto: «Recordar, es desentrañar la maraña, / donde las crudezas más bárbaras / cubren su violencia con ropajes de escalofrió sintético, / allá donde los espejismos son todo / porque no hay más entelequia / que resista el tacto del frío / y sucumba al brillo lacerante del hielo / como el reflejo de una / simple y fugaz cerilla desvaneciéndose en el frío / …una vida polar perdida.» (Siles: Donde el otoño me lleve, pág. 80). el poeta se torna un peregrino y construye su propia epopeya, la geografía que abre los caminos de la memoria, la historia incendiada de sepultureros, a veces los tugurios cobijando la vida, su mórbido espíritu.

          Desde la poesía nórdica antigua, Siles nos trae a las Valquirias[8] e instala su curioso proceso de meditación. «Recuerdo entre los pegajosos / sudores de aquella noche en vela: / un atardecer de color poniente / con el sol ya agotado / pero aún dorando / el líquido derramado en tu piel / mientras, enteramente enervada, / tus curvas / se alzaban convexas y majestuosas / como la Cleopatra de Elizabeth /con los pezones empinados / y la mirada guerrillera, / sin tregua ni cuartel, indomable y atigrada, / poseída por un único propósito: / la caza mayor del deleite más vandálico. / Así, mi dulce y algo rústica / Valquiria, adoradora de Odin, / te recuerdo sin sombra de melancolía: / despertando entre el paisanaje / el atavismo / más ardiente y mestizo / del deseo original.» (Siles: Valquiria despertando al húmedo poniente, pág. 91). Todo esto es curioso porque estamos hablando de mantra-movimiento, que a su vez se vuelve mantra y tiempo, en los que encontramos reflexión, recreación. En buena parte de poemas de Siles, encontramos una condensación muy simbólica e ideológica, el espejo, la identidad, la revelación. El lector advierte que dentro del poema se venerando una especie de «mise en abîme»[9] «En el sentido de la noche en Atenas», pág. 96, en el proceso de creación ocupan lugar importante los sueños y fantasmas también, fundamentan lo fundamentan el lenguaje y los lugares enunciados: «La noche, casi resignada, se deja / caer sobre un triclinio en la cima / de una acrópolis cercada / por violentos espartanos / y moribundos apestados. / La noche, tras mucho meditar / no halla respuesta a tanta penumbra. / Aunque ha sido abandonada por un sol / lento y empachado de luz, / harto de estar siempre atento / para cumplir con su más universal / oficio de astro: brillar sin tregua, / parir gigantescos destellos / para que resplandezca el alba ateniense / cuajando de ecos cotidianos / emitidos por aves, gatos, perros y sofistas / en las calles, templos y plazas de la humillada polis» …

          «Sinfonía de hachas y hogueras: versos de alumbrados ajusticiados» corresponde al título de la cuarta parte del presente poemario. Empecemos por dilucidar el concepto de «sinfonía» en contexto de los poemas. Podemos decir que implica la idea de una combinación orquestada de elementos diversos que, aunque pueden parecer caóticos o dispares, forman un todo cohesivo y significativo. Las hachas son herramientas asociadas con la destrucción y la transformación. En la poesía, pueden simbolizar la ruptura de viejas estructuras, la lucha contra obstáculos o la necesidad de cambio. La imagen de las hachas puede sugerir violencia, esfuerzo y resistencia, pero también puede implicar la posibilidad de renovación y construcción a través de la destrucción. A su vez, Las hogueras son fuentes de luz y calor, y en poesía suelen simbolizar purificación, pasión y destrucción. Las hogueras pueden representar la quema de viejas ideas, la lucha ferviente por la verdad y la justicia, o el proceso de transformación a través del fuego. Además, las hogueras evocan un sentido de comunidad y ritual, donde la gente se reúne en torno al fuego para compartir historias y experiencias.

          Con el panorama anterior, en el poema intitulado: «Ideas para rediles ideales», pág. 105, el poeta nos sumerge en una intensa y dramática destrucción, es la metáfora que da lugar a una realidad de confrontación y transformación, el desuso, las masas que convergen y, a menudo se encapsulan. «Ideas / Superficiales / donde todo es corteza / cáscara envolviendo realidades paralelas / donde no existe nada más allá del simulacro, / Ellos precisan de una seguridad quimérica / cubriendo sus pieles con capas de limo adoctrinantes / donde todo se despeja apelando a la santa apariencia / y a un miedo colectivo a la verdad / acabando, finalmente, inmersos en masas adictas / de las ideas sublimes, casi eternas / ideas de cartón / aparentes / Ideas para rediles ideales / con la afectación de los fluctuantes.» Si se quiere, hay una realidad delirante en todo esto. Siles nos pone el tapete sobre la mesa: «Redimir todo lo pasado en el hombre y transformarlo» como diría Nietzsche.[10] «El prometeico y prometedor vínculo del ser humano con el conocimiento se presenta, histórico o intrínseco, casi tautológico, evidente, y así lo han puesto de manifiesto numerosos poetas y filósofos desde la antigüedad.»

          En «Oda a los profetas de la corrección» y «Oda a los pescuezos más rebeldes de Castilla», Siles nos deja saber lo siguiente: crítica contra aquellos profetas que carecen de valores y mantras negativos. Las palabras tienen un poder inmenso, y los mantras, sean positivos o negativos, pueden influir profundamente en nuestras vidas. Un mantra es una frase o conjunto de palabras que se repite para influir en la mente humana. La palabra en seudo profetas, distante en mi opinión de Fuente Sagrada[11] se puede abordar desde varios ámbitos y períodos históricos, pueden derivar en impactos emocionales fuertes con consecuencias psicológicas e incluso físicas. Ante la destrucción que ocasionan el poeta a través de su palabra desvela y desanda, el camino, no como recta final sino como sentimiento de verdad y vida. En la primera oda, «Oda a los profetas de la corrección», pág. 107, nos remite a nosotros mismos como fuente doctrinal: «Desde el Atlas encadenado hasta la Fuente Sagrada, / tus ideas desafían las sombras de una vulgaridad / poblada de expresiones tan mezquinas como advenedizas, / casi complacientes con toda suerte de cadenas / que atando corto el alma de las palabras / transforman cada frase en un acechante polvorín, / siempre a punto de estallar» …

          «Oda a los pescuezos más rebeldes de Castilla» constituye una reflexión profunda sobre la vida, una crítica hacia el espíritu negro de nuestro mundo, donde los líderes del bien hacer han desaparecido para adentrarnos en el poder del mal en calidad de víctimas; y aquí la desigualdad social, política, cultural, económica… Siles, no vuelve la espalda a la realidad del quehacer poético. Transita las calles de la historia, se asoma a la trivializada e insoportable realidad «real» con la que fraterniza. Frente a este mundo de adoctrinamientos seculares, intenta llevar a su habitar una posible armonía con su entorno cultural, Intenta, y lo consigue, con este poemario. En este orden de ideas se alza su voz: «En el rugido del cosmos, entre estrellas destinadas / al abismo, resuena el eco de los siglos murmurando / desde el espíritu negro del universo, donde las almas condenadas, / cumplen un eterno suplicio, la más grande tortura. // En la mañana de un día de abril cualquiera / fluyendo la hecatombe de los comuneros en la carnicería del tiempo, / donde la luz de la verdad vuela a lomos del viento / alcanzando Villalar, justo, para rendir la bandera, / se erige el cadalso para cortar las cabezas del movimiento / comunal: Juan de Padilla, Juan Bravo, Francisco Maldonado.» (Pág. 108).

Esta cuarta parte tiene varias claves para la reflexión, desde la Utopía de Tomas Moro, Sir Walter Raleigh, El Dorado, Proust y podría seguir la lista, algunos personajes más que como profetas demonios, explotadores y asesinos. En este punto me quedo con: «La decapitación sin aspavientos ni descontrol del autor de la Utopía».[12] (Pág. 110). «En tiempos turbulentos, entre copas frondosas de árboles, / y profundas raíces que alcanzan los entresijos de la ti erra / brilla el inverosímil recato de un condenado muerte, /  Thomas Moro, tras escribir su Utopía / bien ajustadas sus muñecas y cabeza / al cepo donde en lo alto de la Torre de Londres inmovilizan, / a todos los que, aun a riesgo de sus vidas, /  insisten tercamente en mantener el decoro / negándose a tragar sapos y culebras, / comulgar con ruedas de molino, / o cubrir su arte de indolencias y desidias inmerecidas.»

En esta cuarta parte, casi al final, Siles nos recuerda que los sueños demasiado fugaces no suelen ser reales y que los seres humanos, elevados a pro-hombres no lo son del todo, llevan mantras oscuros. Como parte de esa historia de la América conquistada, vilipendiada y saqueada a la que perteneció Darío, está la muerte de Almagro[13] «irrumpe la muerte en la intimidad obscena / de la celda, sin apenas un reproche/ del condenado que, orgulloso, anhelaba su decapitación / en ceremonia pública y frente a su enemigo, / su paisano más amado: Pizarro.» En otra estrofa el poeta se refiere la doble muerte de este personaje. «Diego Almagro, sin embargo, / Sí fue ajusticiado después de estrangulado / en el cadalso instalado en la Plaza Mayor, / y atado e inerme despojado de hálito / ante Pizarro, el destino se cumple, / decapitando a un cuerpo / que, aunque dicen es Diego de Almagro, / apenas representa poco más que un fardo» … Siles: La doble ejecución en Cuzco de Diego de Almagro, pág. 117). La base histórica de este poemario es importante por cuanto destaca en su línea poética el nivel de conciencia del poeta, desvela el descrédito de muchos personajes de nuestra historia pasada y presente, revela excepcionalmente, personas y hechos históricos, desnombra las incidencias, búsqueda en todo caso, existencial u ontológica a la manera heideggeriana. La la hoguera y a la decapitación siguen hoy en día, actualizadas esas prácticas de tortura para aniquilar al adversario y la disidencia y a menudo eufemísticamente, la compasiva innovación para ajusticiar las brujas del siglo XXI.

«Tomando ron bajo las estrellas en la popa del líricus», es título de la última parte de este poemario. La poesía, con su capacidad de capturar la esencia de los sentimientos y emociones, ha sido un testigo constante de los hechos históricos. Desde las épicas antiguas hasta nuestros días, los poetas han utilizado la palabra para narrar y reflexionar sobre los acontecimientos que han marcado a la humanidad. A través de ésta, los hechos históricos se transforman en relatos vívidos que trascienden el tiempo y el espacio. La poesía puede verse como denuncia social y política: Muchos poetas han utilizado su arte para denunciar injusticias y provocar cambios sociales. La poesía de Pablo Neruda, por ejemplo, es rica en contenido político y social. En su obra «Canto General», Neruda relata la historia de América Latina, desde la colonización hasta los movimientos de independencia, utilizando su voz poética para dar vida a los hechos históricos y alentar la lucha por la justicia. Debemos acotar que la poesía está vinculada a la memoria histórica; la poesía también juega un papel crucial en su preservación. A través del poema, el poeta puede mantener vivos los recuerdos de eventos significativos, asegurando que no sean olvidados. La obra de poetas como Anna Akhmatova, que escribió sobre los horrores de Stalin y la persecución en la Unión Soviética, es un testimonio de cómo la poesía puede ser un acto de resistencia y memoria. Siles no es ajeno a ello y en particular en esta obra.

Si bien los hechos pueden no ser políticos, aunque lo son, no escapan de lo social. Tomemos, por ejemplo, el poema: «Recuerdos de la pantera urbana y cosmopolita que recitaba ‘La tripulación del Liricus´ en el café cantante del muelle 23». Seguramente este texto deviene de La leyenda del Liricus[14]  que se remonta a los tiempos en que los mares eran vastos y misteriosos, llenos de peligros y tesoros ocultos. Este majestuoso barco surcaba los océanos con una tripulación valiente y diversa, cada miembro aportando habilidades únicas que eran esenciales para la supervivencia y el éxito de sus viajes. De este poema, destaco dos estrofas:

«La pantera urbana y cosmopolita jamás llegó / a comer magdalenas con las adolescentes / adoctrinadas por Marcel, / no lo precisaba, dado que declamaba / con su voz grave y firme de contralto, / más propia de una cantante de ópera, / ciertamente algo áspera…portuaria, / que de una vedette de café cantante, / los versos del poemario que un viejo / tripulante del Líricus le regalara / cuando apenas era una niña.» La otra dice: «Fue bendecida en la pila escrupulosamente pura / donde se alivia el pecado de hermosura / y recitaba con la firmeza / de la que endereza sobre la marcha / el rumbo de la entonación / del poemario “Los tripulantes del Líricus” / intuyendo que la dotación / al completo de aquel navío / hundido hacía décadas en el Cabo de Hornos, / especialmente, los más viejos y beodos, / la escuchaban con la atención / exclusiva de aquellas almas malditas, / espíritus de náufragos deslizándose fantasmagóricamente / por el escenario del Café Cantante del puerto 23, / ahogados justo donde copulan el Pacífico y el Atlántico.» (Siles, pág.132).

No obstante, el desconcierto y la perplejidad de cara a la realidad vivida o evocada, Roland Barthes nos advertía que la multiplicación de las escrituras es un hecho moderno que obliga al escritor a elegir, que hace de la forma (y contenido) una conducta y provoca una ética de la escritura […] No hay literatura sin una moral del lenguaje. La poética de Siles bucea en diferentes hechos históricos para ampliar el conocimiento, mismas que rebasan sistemáticamente la anécdota, igual que superan, como hemos repetido, el carácter metapoético ocasional. Concluyo con unas palabras de María Zambrano: la cuestión ética en lo que respecta a la poesía moderna no solo se resuelve, sino que nace, a partir de la entrega total, del compromiso del poeta con las palabras y con la búsqueda de una realidad superior, será la búsqueda de la «verdad». Mientras tanto el dolor sigue ahí de bruces frente a Satanás en medio del hipo de los monos que describe el poeta con su grandilocuencia de bárbaros. De hecho, son: «Identidades fugitivas y depredadoras / persiguiendo con esmerada avidez / todo lo que no son / y escapando de sí mismas / …para llegar a ser / asumiendo la intensidad del hierro al rojo vivo / que estampa la marca de unas ideas / adquiridas en las últimas rebajas / de los grandes almacenes / de identidades.»

 

 

André Cruchaga,

Barataria, El Salvador, 08.05.2025.

 



[1] Siles, José. Espejo de monos alumbrados. EDICIONES VITRUVIO, Colección Baños del Carmen,

nº 1039. 1ª. Edición 2025.

[2] La cita corresponde al ensayo: Proyecciones del paisaje interior simbolista en tres poetas de vanguardia: Vallejo, Borges, Neruda. Pág. 16

[3] Terence Kemp McKenna (16 de noviembre de 1946 - 3 de abril de 2000) fue un etnobotánico y místico estadounidense que abogó por el uso responsable de las plantas psicodélicas naturales.

[4] https://dle.rae.es/m%C3%ADstico, la definición para efecto de este trabajo se ha extrapolado lo que consigna la RAE.

[6] Es el término que utiliza Heidegger para referirse a la existencia humana en su forma más auténtica. A diferencia de otros seres, el dasein tiene la capacidad de reflexionar sobre su propia existencia y cuestionar su ser. Esta capacidad de auto-reflexión y auto-cuestionamiento es lo que distingue al dasein de otros entes y lo convierte en el foco de la ontología heideggeriana.

[7] El subrayado es mío y se utilizado para destacar la paradoja del vavío y la Nada.

[8] Las valquirias o valkirias (del nórdico antiguo: valkyrja, 'selectoras de caídos en el combate') son dísir, entidades femeninas menores que servían a Odín bajo el mando de Freyja, en la mitología nórdica. Su propósito era elegir a los más heroicos de aquellos caídos en batalla y llevarlos al Valhalla donde se convertían en einherjar. Esto era necesario, ya que Odín precisaba guerreros para que luchasen a su lado en la batalla del fin del mundo, el Ragnarök.

[9] mise en abîme, expresión acuñada por André Gide. Y se refiere a: La puesta en abismo y la interpretación La puesta en abismo añade una dimensión de complejidad a la obra, invitando al espectador o lector a reflexionar sobre los niveles de realidad y representación. También se puede utilizar para comentar la obra en sí o para criticar las convenciones artísticas.

Este dispositivo es particularmente popular en las obras posmodernas, donde se utiliza para deconstruir las ideas tradicionales de autoría y verdad.

[10] Friedrich Nietzsche, lo expresó de esta manera: Como poeta, descifrador de enigmas y redentor del azar, les enseñé a trabajar en el porvenir y redimir creando todo lo que fue. Redimir todo lo pasado en el hombre y transformar creando todo «Así fue», hasta que la voluntad proclamara:

[11] En el ámbito religioso, «fuente sangrada»se relaciona con el sacrificio de figuras sagradas, como en el cristianismo, donde se hace referencia a la sangre de Cristo como fuente de redención y salvación. La sangre derramada por Jesús durante su crucifixión se considera una "fuente sangrada" de vida eterna y perdón para aquellos que creen en él. expresión «fuente sangrada» se remonta a las antiguas civilizaciones, donde la sangre ha sido siempre un símbolo de vida y muerte. En las culturas mesoamericanas, por ejemplo, los sacrificios humanos eran practicados para apaciguar a los dioses y asegurar la fertilidad y la prosperidad de la comunidad. La sangre derramada en estos rituales se consideraba sagrada y vital para el equilibrio del universo. La poesía ha explorado la "fuente sangrada" para expresar dolor, pasión y sacrificio. Poetas de distintas épocas han recurrido a esta imagen para transmitir la intensidad de sus sentimientos y la lucha interna del ser humano.

 

 

 

[12] Tomás Moro, dejó un gran legado. canonizado como santo por la Iglesia Católica en 1935. Su vida y obra han sido honradas y celebradas como ejemplo de integridad moral y defensa de los principios religiosos. La influencia de Moro en el pensamiento político y filosófico moderno es incuestionable. Utopía sigue siendo una obra de referencia en estudios sobre teoría política, justicia social y organización comunitaria. Su vida y sacrificio han inspirado a generaciones de pensadores, escritores y activistas que buscan un mundo más justo y equitativo.  sigue siendo un faro de inspiración para quienes buscan construir un mundo mejor basado en los principios de equidad y paz.

 

[13] Uno de los capítulos más destacados de la vida de Almagro fue su alianza con Francisco Pizarro. Juntos emprendieron la audaz expedición que culminó en la conquista del Imperio Inca. A pesar de las dificultades y los conflictos internos, los dos conquistadores lograron subyugar a los Incas y establecer el dominio español en la región. Sin embargo, esta asociación también estuvo marcada por la rivalidad y las disputas sobre la distribución de las riquezas y territorios conquistados. La relación entre Almagro y Pizarro se deterioró rápidamente tras la conquista del Imperio Inca. Las disputas sobre la división de los territorios y el poder llevaron a una guerra civil entre los conquistadores. Almagro fue capturado tras la batalla de Las Salinas en 1538 y fue ejecutado poco después. Su muerte marcó el fin de una era de exploración y conquista, dejando tras de sí un legado complejo y controvertido.

 

 

[14] el alma artística del Liricus residía en Sofía "La Musa" López, quien llenaba el barco con música, poesía y relatos de tierras lejanas. Sofía tenía un talento natural para el entretenimiento y su presencia ayudaba a mantener alto el ánimo de la tripulación durante los largos días en el mar. Sus canciones y cuentos se convirtieron en parte de la tradición del Liricus, recordando a todos que, aunque la vida en el océano era dura, también podía ser inspiradora y hermosa. El Liricus no solo era un barco, sino una comunidad de individuos excepcionales, cada uno de ellos fundamental para la gloria y la supervivencia en las vastas y misteriosas aguas del océano. Juntos, enfrentaban desafíos, descubrían nuevos horizontes y forjaban leyendas que perdurarían en la memoria de todos los que escucharan hablar del magnífico Liricus y su valiente tripulación.

 


miércoles, 14 de junio de 2023

ANTONIO ARROYO SILVA, UN VIAJE A LA POESÍA DESDE GÁLDAR, VOZ QUE LE DA SENTIDO A SU ÍNSULA.

 

Antonio Arroyo Silva, poeta


ANTONIO ARROYO SILVA, UN VIAJE A LA POESÍA DESDE GÁLDAR,

VOZ QUE LE DA SENTIDO A SU ÍNSULA.

 

 

Y, en medio de la mar, tu jeometría surje de pronto, te sitúa, corta, mide, precisa, relaciona conmigo

y en tu barco que vijilo; barco que parte en tres mi vida: una vida en el este, otra en el sur, 'otra en el norte;

y yo sereno enmedio de la mar de oeste, lleno de amor, el centro de rosa de las lluvias del amor.

Lleno de amor, el mío, un barco y yo, el amor enmedio del amor, de tanto amor que necesita el mar

para medirse, dios. Y enmedio de la mar yo estoy midiéndote, enmedio de la mar

y en este barco, éste, estoy midiéndome contigo, dios.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

 

Y sueñas con las nubes puras sobre tu isla, cuando el alba verde crece

lúcida en el seno de las aguas misteriosas.

Es la noche sobre tu Isla y en su contorno, aquí y allá, dondequiera se

curva el impecable vaso del mar; es la noche color de párpados, sobre los

caminos entretejidos del cielo y del mar.

SAINT JOHN PERSE

 

 

Antonio Arroyo Silva,[1] una voz hispana obligada para quienes transitamos el camino ineludible de la poesía. Vive en Gáldar en perfecta armonía con el mar, una realidad que le da sentido a su propia existencia. Lector infatigable de lo clásico y lo moderno, Garcilaso, Góngora, San Juan de la Cruz, Lorca Aleixandre, Huidobro, Char, Daumal, Sartre, Eluard, Vallejo o Joyce y de tantos poetas latinoamericanos. Un poeta creciente que rompe con las líneas del tiempo, su poesía impregnada de intuiciones y existencialidad, tiene en el centro al ser humano y su drama. Su accionar poético y humano es circular, encuentro necesario con la superrealidad. Dos libros cruciales en su poética (más adelante nos referiremos a otros) son: «Sísifo sol, 2013» y «Química del error, 2020.» Significativo, digo, porque en éste hay un poema clave: «EL MISMO VIAJE» en el que plantea lo siguiente: «Estamos condenados al inicio del mismo viaje. / Estamos condenados porque la meta es el punto de partida / y el río que brotó de un naciente allí ha de volver / para morir de nuevo y comenzar el círculo que nadie ha definido. / Siempre el mar en la orilla que con el río sube a la montaña / El mar sangrando corazones sobre la faz del hambre / que brotó hace mil años en la esquina de un sauce / junto con los delfines y la voz desolada / de los escarabajos. / Estamos condenados al inicio del mismo viaje. / …»[2]

La poesía de Arroyo Silva emerge del fragor por la vida; nunca un lenguaje excedido o afectado, sino mas bien vital, próximo al ser humano. Pero también un pensamiento clarividente. Suele decirse que «Una obra, sólo existe como tal en el acto mismo de ser realizada en el interior de un perceptor que la recibe, pero también adquiere su esencia en los momentos anterior y posterior al acto creativo; la obra nace del silencio, en él se configura y toma cuerpo, a partir de él se genera la levadura de su consistencia. Sólo el tiempo es ahora el trazador de su destino y el encargado de convertir en acto sus potencias.» En esencia el poeta es eso. Desde luego añadimos en este punto, la mesura en su verso, el equilibrio, jamás el derroche vacuo e innecesario. Su pensamiento poético conecta muy bien entre lo que conocemos como lenguaje hablado y lenguaje escrito. Aspectos de por sí difíciles de manejar. Algo de esto lo podemos observar en el poema: «POR EL CAMINO DONDE HOPPER»[3]  «se tropieza con Proust, hay un reguero / de soledad. Un hombre, una mujer / se toman el café sin magdalenas. // La pobreza es la paz sin magdalenas, / la paz de lo que nunca fue, que estuvo / delante de los ojos y no vimos / y por eso no existe—la paz / y la pobreza de los avestruces. // No solo el hambre o la negrura: el olvido / del color, el matiz, la turmalina / de un ocaso diluyen / al hombre en esa taza— ella es la taza, / ella sin rostro frente a la esquina / donde Hopper se cruza con Proust / y no se reconocen.»

Arroyo Silva es un poeta al que no se le puede encasillar. En él está siempre el germen de la renovación; conoce muy bien la estética clásica, modernista, simbolista hasta entroncar con las vanguardias. Sus medios expresivos le han permitido conciliar e interrelacionar todas esas poéticas. Cada estética supone repercusiones como lo supuso aquella época de Apollinaire y Pierre Reverdy con «L’esprit nouveau et les poètes» o sea El espíritu nuevo de los poetas. He traído a colación lo anterior porque la poesía se Silva representa justamente eso: espíritu moderno, diferente claro, a lo moderno de aquella época de 1913.  Apollinaire refiere cómo la poesía estuvo sujeta a los convencionalismos del verso clásico, entiéndase, rima, métrica, para luego pasar a una etapa de exploración a través del verso libre.[4] Aquél concibe la «poesía moderna» como una búsqueda de formas, las que confluyen en el poema a modo de síntesis.[5] En trece mirlos, poesía, reseñas, entrevistas, el poeta ha dejado su impronta: «Mejor que respirar, ser respirado / por la flor moribunda que traes en ofrenda / no sé por qué ni a quién, si por la muerte, / por el amor a un ser que resucita / o simplemente en aras de la belleza. / No sabes cuánto añoro lo imperfecto / del error. Esa química que trae / el poder de sentir de otro modo. / La cabeza de Yorik sobre el tallo / de la vida y una mano cortándola / solo por preguntar.»[6]

Montserrat Tarrés Picas[7], siguiendo la pista de Lorca nos dice que un poeta tiene que ser un profesor en los cinco sentidos corporales: vista, tacto, oído, olfato y gusto. Para poder ser dueño de la imagen tiene que abrir puertas de comunicación en todos ellos y con mucha frecuencia ha de superponer sus sensaciones y disfrutar de sus naturalezas. Antonio Arroyo Silva, sabe, además, que la inspiración no es el estado formidable para escribir un poema (Válery). La inspiración es recogimiento, pero no dinamismo creador, apuntada Lorca. Esto seguramente tiene que ver con la vocación y el recurso literario (Cortázar). Ambas aristas están presentes en este poeta consumado de la lírica, íntima armonía en su carga afectivo-intelectual, aunado al uso particular del lenguaje que deviene en su estilo y consecuentemente n su compromiso literario irreductible. En el poemario «Bahía Borinquen», Idea-Aguere, Santa Cruz de Tenerife, 2019, del cual tomo este poema en prosa, lo que hemos dicho al inicio de este párrafo: «en el sueño o quizás en otra realidad vi esas flores suspendidas de un gancho en macetas de arcilla  rojo de carne contra rojez del deslumbramiento los geranios me hablan de una sed que no es mía una sed de salitre alojada en el límite del verdor de sus hojas que me incita a la seda de pensar más allá del propio pensamiento // érase entonces un muro blanco de cal con macetas de geranios encendidos érase una visión tan simple que iba más allá de la pura abstracción //  érase un rojo intenso que fue tomando la forma de geranios extendidos al canto del gorrión // conste para la gloria efímera de quien percibe el código secreto de lo que se muestra ante los ojos // en la vigilia o en el duermevela los geranios semejan bestias de fábula que despojan la mirada del objeto de su miraje»[8] En estos poemas en prosa advertimos ausencia de puntuación, pero la compensa con ritmo y musicalidad. Interesante. El poeta llama a las cosas como son evocando sensaciones claras y frescas.

Antonio Arroyo Silva es todo lo que hemos dicho y más. El mejor ejemplo de que vida y poesía se funden entrañablemente es él. Es decir, concebir esa unidad le da un único sentido al poeta y a su obra. Diría, retomando la idea de Bajtin en cuanto a lo dialógico en la novela de Dostoievski, que en la poesía se establece un diálogo entre contenido y lector. El poeta también polemiza e intenta plasmar puntos de vista. Rescato de la obra poética completa de Antonio Colinas, dada su pertinencia para estas digresiones los siguiente: «Es cierto que cada poema responde a una anécdota, a un hecho más o menos profundo o circunstancial; o a un estado de ánimo dichoso o grave, importante o ligero, pero no cabe en definitiva sino la visión global de la obra traspasada por la experiencia vital. Aun así, los versos no siempre revelan el mundo que los ojos ven, y no caben por tanto las interpretaciones literales, aparentemente fáciles cuando no engañosas. La poesía, pues, estando profundamente enraizada en el proceso de vivir, no responde a una visión «fotográfica» de la realidad, sino que surge siempre para metamorfosearla. Éste es uno de sus grandes dones.»[9]    En la poesía de Antonio Arroyo Silva, no solo están presentes la referencialidad a lo cotidiano sino en un mismo nivel lo universal, las materialidades del mundo más allá de su entorno, pero también la imagen que en el poeta deja su función tradicional de ser mero elemento de comparación o símil. El gran mérito es usar la disonancia como recurso retórico. En la mirada del poeta se construyen varias realidades ventanas abiertas por donde entra el ojo. Algo de la técnica del pintor hay en los versos del poeta, una figuración común para una visión nueva. En algunos de sus libros «el lenguaje se vierte desde un despojamiento que quisiera entablar un paralelismo entre la belleza como hecho cotidiano y mínimo, por un lado, y la transparencia y la precisión de su sintaxis, por otro.» Algo de lo dicho lo podemos observar en el fragmento siguiente del libro, «Las horas muertas.»: Nos secuestran, / nos dejan en un hoyo con las manos / atadas, un revolver apuntándonos / a la sien, el machete casi a punto / del corte decisivo. Nos secuestran, / nos ponen de puntillas, boca abajo, / en pie, fusilamiento pelotón / nos amagan, nos desdoblan, nos revuelven / la lengua, nos deslenguan las palabras. // Nosotros le cantamos al abandono, / le cantamos al mal para espantarlo / aunque vaya la vida en ello, aunque / la vida nos la quite el sicario de turno / o esa desolación de vernos solos / cuando el depredador llega / en el crudo silencio de una nota.[10] Su poesía siempre nos habla del mundo desde el interior.

Sí, en la poesía de Antonio Arroyo Silva encontramos un sentido de totalidad, a veces con la sorpresa de alguna irreverencia, de humor como parte del sentido que le impone la palabra. El poeta nunca pierde el poder del asombro. Desde sus razones íntimas y afectivas nos invita a profundizar en las cosas, la vida desde una sintaxis multidimensional que le es propia. Su escritura nos revela a un poeta con virtudes y cualidades nada frecuentes. Los ecos de su tiempo, anécdotas se difuminan en sus versos, altos como los grandes clásicos españoles, omnipresentes en su ya dilatada obra. Y más interesante aún, sin posturas afectada o maniqueas, llama a las cosas por su nombre, sin alarde; escribe sus versos desde un alma sensitiva, acariciando las cosas vulgares para darles sentido y frescura. Es decir, todo un trabajo de orfebrería; nada sombrío, claro, más bien cálido y vigoroso como lo es toda su poesía. No sé si la vida de un poema dependa de la duración de su carga eléctrica, (Marinetti); claro que podemos extrapolar este enunciado y elucubrar sobre el mismo. Al respecto solo puedo decir que, si el contenido posee una buena carga de revelación, perdurará en el imaginario del lector. Sí creo y valga la analogía: «El poeta es un motor de alta frecuencia espiritual», espiritualidad que construye y redimensiona la palabra.

Según Jacobson,[11] «es el estilo el que transforma un objeto en un conjunto de sinécdoques.» Lo importante en la poesía como en general en el arte, es jugar con la ficción y la realidad mediante los recursos que la misma provee. En respuesta a la pregunta: «El arte crea humanidad», realizada por Ángela Molina Calzadilla, el poeta reflexiona: «Considero la poesía como una química del error, como si fuera ese estado primigenio de Big Bang en que todo se ordenó a partir del caos. El pensamiento humano es precisamente un error de la naturaleza, pues el hombre con él le pone límites, clasificaciones. El poeta con su química intenta buscar su lugar en la Creación a través de su propia creación y alejarse de ese sentido antropocéntrico de la sociedad humana. Por eso el poeta ha de estar entre la razón y la crítica a la razón. Y esto lo lleva alejarse de su propio yo.»[12] Luego agrega de manera contundente: «El poeta no puede ser terapeuta, porque su función no es la de dar certezas, sino derramar sus propias incertidumbres, que es el caso de Pizarnik. Pero como la mente del lector actúa a la inversa del poeta, al conocer las dudas de la poeta ve una luz y se guía en esa oscuridad. Como también el caso de San Juan de la Cruz. Desde luego estos dos poetas que nombramos son más eficaces que todos los libros de autoayuda que nada ayudan. Un ejemplo, si yo con mi poesía intentara ayudar a alguien a cruzar un barranco seguro que se caería a los pocos minutos. El poeta expresa todas las formas de caída, ¿me explico?» El resultado de estas reflexiones reviste suma importancia en tanto confirma algunas de las situaciones que he dejado sobre el papel. La función del poeta «es elevar lo mundano, de manera que esas pequeñas cosas que nos rodean parezcan caídas del cielo.»

La poesía a menudo puede verse como permutación de imágenes, mediante una cadena de analogías. Algo de esto hay en la respuesta que Antonio Arroyo Silva da a Albertine Orleans[13], a la pregunta: «¿ES POSIBLE LA POESÍA COMO LIBERACIÓN?» El poeta responde: «Por supuesto que sí. De hecho, yo creo que no hay liberación posible sin poesía. ¿Cómo es posible liberarnos de algo externo si no lo hacemos desde nuestro interior? ¿Cómo liberarnos si usamos el mismo lenguaje de lo que nos oprime? Vernos hacia adentro supone el primer paso para la liberación porque tomamos conciencia de que no sólo tenemos dos sentidos (vista y oído), sino cinco, o más. Esta conciencia hace en el poeta que el lenguaje se subvierta y desde ahí cambie la apreciación del mundo que el sistema tradicional nos ha inculcado a todos. Y aquí el papel de la poesía: aunque no se hagan programas ni pancartas. Digamos que veo la poesía en el epicentro del terremoto de la liberación. Imagina que todos y todas empecemos a expresar sencillamente lo que sentimos sin temor, es decir, lo que vemos, oímos, tocamos, olemos, gustamos. Llegaremos a eso que yo llamo poesía. Entonces no hará falta escribir poemas, sino seremos nosotros mismos un gran poema libre.»

Pienso que en la poesía y en la literatura en general, en el arte, existe una lucha permanente con respecto a la realidad, se hiperrealiza o reinventa. La decisión es de cada artista según sus perspectivas y recursos expresivos con los que cuenta. Lo cierto es que, en este caso, el poeta tiene absoluta claridad con respecto a este menester. El poeta se reinventa porque hay conciencia del mundo que lo rodea por su peso y filtración en el momento de la creación. El poeta no es el mundo, pero está dentro del mundo, es receptor y coexiste con esa simultaneidad; luego, todo eso lo traslada al poema, a través de una visión totalizante de las cosas, fenómenos, visiones, aunque como decía Apollinaire, «la realidad rebasa las posibilidades del poeta.» Cada libro es mundo, sentencia el poeta. Y este mundo es palpable en «Symphonía[14]»: «yo que tenía una caja llena de palabras todas de primera mano todas sin ver la luz de la primera aurora // y ellos me dijeron respira transmuta la realidad // y ellos me  dijeron respiración para la mirada del pensamiento la realidad como objeto pensado por la mente de Wallace // tú que respiras la inmanencia del otro te quedaste perplejo con mi luz de minotauro // tú que ves la ceguera y la asfixia cuando las palabras llegan del páramo sin tus huellas de leopardo doméstico tú que dejaste la nave en el escollo y te fuiste en el bajel a surcar el vacío que no es vacío sino el nombre de la nada // tú que llenas la oquedad de adorables cadáveres»

Ante la exquisitez y profundidad de la poesía de Antonio Arroyo Silva, la aprehendo como si ese acto íntimo, le diera certezas a mi propia sensibilidad y creación poética. Y me disculpo con el poeta por mi osadía en pretender en estas líneas descubrir su misterio. A fin de cuentas, lo mío es mero espejismo, un acto si se quiere de exacerbada existencialidad.

 

 

André Cruchaga,

En la hora undécima de la democracia salvadoreña.

De Barataria a Gáldar, a doce de junio de veinte 22.

 

 

 



[1] Su obra, trayectoria, pueden leerse en estos enlaces: https://es.wikipedia.org/wiki/Antonio_Arroyo_Silva; https://diariodeavisos.elespanol.com/2021/05/antonio-arroyo-silva-el-poeta-que-se-precie-siempre-ha-de-estar-aprendiendo-siempre-en-movimiento/

[2] http://www.antoniomiranda.com.br/iberoamerica/espanha/antonio_arroyo_silva.html

[3] El poema citado pertenece al libro «Las horas muertas», y ha sido publicado en: https://www.revistaaltazor.cl/antonio-arroyo-silva-2/

[4] Benko, Susana. Vicente Huidobro y el cubismo. Monte Ávila Editores Latinoamericana, C.A. Venezuela 1991.

[5] Arnason, H.H. Historia del arte moderno. Barcelona, Ediciones Daimon, 1972.

[6] Puede leerse aquí el resto de los poemas: https://www.13mirlos.com/post/antonio-arroyo-silva-6-poemas

[7] Tarrés Picas, Montserrat. Las vanguardias literarias y «el Grupo del 27»

[8] En esta revista electrónica, se publica un haz de poemas de dicho libro. https://ablucionistas.com/poemas-de-bahia-borrinquen-antonio-arroyo-silva/

[9] Colinas, Antonio. Obra poética completa. Siruela; 1er edición, 2016.

[10] Otros poemas de este libro se pueden leer en: https://projectzudotcom.wordpress.com/2019/04/02/5-poemas-del-libro-las-horas-muertas-premio-hispanoamericano-de-poesia-juan-ramon-jimenez-2018-de-antonio-arroyo-silva/

[11] Jacobson, Roman. Dos aspectos del lenguaje y dos tipos de trastornos afásicos, Fundamentos del lenguaje. Editoria Ayuso-Editorial Pluma, 3ª. Edic. Madrid, 1980.

[12] Estas reflexiones se pueden leer en: https://www.tagoror.es/cultura/entrevista-a-antonio-arroyo-silva.html

[13] Esta y otras reflexiones se pueden leer en: http://anghelmorales.blogspot.com/2013/11/entrevista-antonio-arroyo-silva-poeta.html

[14] Este y otros poemas se pueden leer en: https://www.laotrarevista.com/2021/10/muestra-poetica-de-islas-canarias/

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Biografía de André Cruchaga
Nació en Nueva Concepción, Chalatenango (El Salvador), en 1957. Tiene una licenciatura en Ciencias de la Educación. Además de profesor de humanidades, desempeñó la función de director y docente en Educación Básica y Superior. Poemas suyos has sido traducidos al francés por Danièlle Trottier y Valèrie StGermain; al Idioma vasco (Euskera), Miren Eukene Lizeaga; griego, lia Karavia; holandés, Michel Krott; rumano, Elena Liliana Popescu, Alice Valeria Micu, Elisabeta Botan, María Roibu, Tanase Anca, Ioana Haitchi, Andrei Langa, Costel Drejoi (George Nina Elian), Ion Calotă, Daniela Toma; catalán, Pere Bessó; portugués, Tania Alegría; inglés, Grace B. Castro H. y Dumitru Ichem; italiano, Norberto Silva Itza; al albanés, Fahredin Shehu; sueco e inglés, Cándida Pedersen; y, al Serbio, Marija Najthefer Popov. Ha obtenido el Premio de poesía en los VIII Juegos Florales de Zacatecoluca, El Salvador, 1985; PREMIO ÚNICO en los VI Juegos Florales Chalatecos, Chalatenango, El Salvador, 2001; y, el XII, en los Juegos Florales de Ahuachapán, El Salvador, 2005, Primera Mención de Honor, Juegos Florales de San Miguel, San Miguel, 1988. Primera Mención de Honor, Juegos Florales de San Vicente, San Vicente (2001); Finalista. Primer Concurso Internacional de Poesía “Paseo en Verso”, Editorial Pasos en la Azotea, Querétaro, México, 2004, entre otros. Parte de su obra se encuentra publicada en revistas electrónicas y en papel de América y Europa; así también, ha recibido varias distinciones por su obra literaria. Entre sus libros editados podemos mencionar: “Alegoría de la palabra” (1992); “ “Memoria de Marylhurst”, (Interface Network, Beaverton, Oregon, 1993); “Visión de la muerte” (1994), “Enigma del tiempo” (Plaquette,1996); “Roja vigilia” (Plaquette, 1997); Rumor de pájaros” (2002); “Oscuridad sin fecha│Data gabeko iluntasuna”, edición bilingüe: castellanoeuskera, (El Salvador,2006); “Pie en tierra” (2007), “Caminos cerrados”, (México, 2009), “Viajar de la ceniza│Voyage à travers les cendres”, edición bilingüe: castellano-francés,(El Salvador, 2010); “Sublimació de la nit│ Sublimación de la noche”, edición bilingüe: castellano-catalán, (El Salvador, 2010); “Poeta en Barataria”, (La Habana, Cuba, 2010); “Tablou de cenuşă│Cuaderno de ceniza”, edición bilingüe: castellano-rumano, (El Salvador, 2013): “Balcón del vértigo”, (El Salvador, 2014); “Post-Scriptum”, edición bilingüe: castellano-rumano,(El Salvador, 2014); “Viaje póstumo│ Viatge pòstum”, edición bilingüe: castellano-catalán, (El Salvador, 2015); “Lejanía│Away”, edición bilingüe: castellano-inglés. (El Salvador, 2015); “Vía libre│Via lliure”, Edición bilingüe: castellano-catalán. (El Salvador, 2016); “Cielorraso”, Editorial La Chifurnia, (Colección palabra de Alto Riesgo), El Salvador, 2017; “Calles│Carrers”, edición bilingüe: castellano-catalán, (El Salvador, 2017); “Ars moriendi”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2018); “Motel”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2018); “La experiencia de vivir”, Chile, 2018; “Cuervo imposible”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2019); “Viaje cósmico”, Editorial 2.0, Chile, 2019; “Espejos funerarios”, Editorial La Chifurnia, (El Salvador, 2019); “Ráfagas” Editorial 2.0, Chile, 2019. “Vacío habitado”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2020); André Cruchaga, Poesía reunida. Tomo 1, Enciclopedia universal de la poesía. Editorial Författares Bokmaskin, (Stockholm, Suecia, 2020); “Ecología del manicomio”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2020); 398 “Firmamento antiguo │ Old firmament”, edición bilingüe: castellano-inglés. Teseo Ediciones, (El Salvador, 2020); “Cementerio atávico │ Cementiri atàvic”, edición bilingüe: castellano-catalán. Editorial EdictOràlia Llibres i Publicacions, (València, España, 2020; “Sepulcro de la tierra”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2021); “Antípodas del espejo”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2021); “Estación Huidobro”, 2ª. edición, Editorial 2.0, Chile, 2021; “Invención de la espera”, Laberinto Editorial, (El Salvador, 2021); “Oficio del descreimiento”, Teseo Ediciones, (El Salvador, 2022); «Noción de la extrañeza», (Antología poética 1988-2018). Editorial Dos Islas, Miami, USA, 2022; «Travesía de la muerte», Editorial BGR, Catálogo de Literatura Digital (Versión Kindle), España, 2022; «Lejanías rotas», Editorial Dos Islas, Miami, USA, 2022, «Precariedades», Editorial Dos Islas, Miami, USA, 2023; «Camino disperso», Editorial Dos Islas, Miami, USA, 2023; «Metáfora del desconcierto», Editorial Dos Islas, Miami, USA, 2023.