Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Kijadurías. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Alfonso Kijadurías. Mostrar todas las entradas

viernes, 22 de febrero de 2013

POEMAS DE ALFONSO QUIJADA URÍAS

Alfonso Quijada Urías, El Salvador.
Fotografía cogida de Artepoética





SEPTEMBER ELEVEN




Ciudad mía, bienamada,
eres doncella sin senos,
N. Y. Ezra Pound.



Y llegó de las alturas el fuego del dios del terror,
y aquellos que aún dormían despertaron sobresaltados
ante la pesadilla de lo real.
Ante sus ojos el fuego, las llamas que se elevan hasta el cielo,
fantasmas cubiertos de polvo, seres de carne y hueso,
presas multitudes de un pavor acariciado por un autor
famoso por sus geniales libros de suspenso.
Otra vez la realidad imitando la ficción, el pánico moderno,
urdido por un genio demente de la talla de O. Wells.
-Nunca en mi vida vi algo semejante, dice la periodista estrella
de CNN haciendo esfuerzos por contener sus lágrimas.
-Yo soñé esta tragedia, confiesa Norman Mailer, la mirada
azul estancada en su asombro,
mesándose la barba recien encanecida,
en mi novela el terrorista es un muchacho tímido, infiltrado
en el Pentágono.
Después de esta tragedia ya no seremos los mismos.
En la jungla de la vida ningún poder está salvo de los peligros
existentes;
Un escorpión puede matar un elefante.
De ahora en adelante ya no seremos los mismos.
La violencia es la misma, inhumana, brutal. No cabe duda
alguna,
de todos los animales, el más rabioso es el hombre.
Se necesita más sangre en los hospitales, aún no hay un total

de la ascendente pirámide de muertos.
Papeles, papeles, documentos secretos, seguimientos de la
política exterior, libros en clave, todo Manhattan cubierto de
papeles, basura, polvo y ceniza,
ceniza los secretos, la inteligencia, la trama de la política
mundial,
los datos fidedignos de fieles e infieles, sus marcas de identidad.
Nadie sabía hasta entonces, sólo los prebostes de la hermética
informática
del silencioso profeta de la violencia y su Satán.
Nada, muy poco de la fe del infiel musulmán
para quien la muerte se
fija en el momento que venimos al mundo,
nada, muy poco de su apego al Corán que fue siempre una
espada para manchar de sangre el poniente y la aurora,
una revelación que aniquila y convierte todas las cosas en su
terrible Dios.
Nada muy poco de la prosa alcoránica y el idioma infinito
de la arena.
Nada del sufí que danza hasta ver a Dios. Nada de esa batalla
eterna que dan cuenta la montaña y el desierto.
Nada del milenario burka que cubre el rostro de las mujeres
afganas.
¿Y por qué nos odian tanto? preguntan los hijos a los padres,
y los padres amnésicos no encuentran la respuesta,
Alzheimer se llama la enfermedad de nuestro siglo.
Humo, polvo, cenizas, alambres retorcidos,
materia deleznable, sangre inocente que baja por los
acueductos
y llega subrepticia hasta las aguas del Hudson, alborotando
los grasientos patos,
sangre de las víctimas de un dios convertido en asesino por
la acción de los hombres,
su siniestra, invisible mano que ante la impávida
mirada de la reina y el rey
redujo las imponentes torres a ceniza, nada.
Adiós luz del verano, el otoño se acerca,
todo aquello que yace bajo tierra lo está sacando el tiempo
a la luz del sol.
En una semana se agotaron las profecías de Miguel de
Nostradamus,
Aquel, quien antes de su muerte, acaecida en el año del
Señor
de l536, anunció la catástrofe.

lo que vieron nuestros ojos no lo verán otros ojos.
En guerra, en guerra los átomos, las substancias y esencias,
los elementos del desastre,
en guerra todas las cosas que en aras del progreso ha
inventado el hombre.
En guerra el pensamiento contra la guerra misma y su rentable
mercado que no se sacia nunca.
No le faltan enemigos al espíritu humano.
De aquí en adelante, todos somos sospechosos de envenenar el
agua y emponzoñar el aire
pues gracias al terror el mundo es cada día
menos seguro y menos libre.
Nacimos con las guerras moriremos con ellas,
hasta allí nos arrastran la arrogancia y sevicia del empeño
humano.
Adiós luz del verano, ya se acerca el otoño,
y el hombre solo, emperador de su impotencia, recogiendo
sus huesos y sus pensamientos
indaga al cielo, la nefasta nube.






NECESIDADES




Necesito a mi mamá, con edipiano amor,
sus desayunos humanísimos. La ingenua
libertad de ese niño en sus faldas
suspirando la culpa original. Aquel
domingo de misa, pan y sol y la
muchacha aquella burlándose de mi
amor tontísimo.
Necesito de Dios y su absurda existencia
para luego volverme materialista y
soñador.
Necesito de mi mal ponderada
familiaridad de padre, casarme una vez
más con la madre de mis hijos. Que me
digan lo pequeño que soy. Necesito de
veras volverme a ver en el espejo limpio
de la casa y cambiarme de ropa y salir a
esperar como un novio solemne a la
vida, esperándome. Necesito una vez más
que mi tata me pegue con los puños terribles de patriarca y que me
diga bruto, inútil, polvo de la noche
delirante y brutal.
Necesito que las gentes acudan a mi
paso. De veras necesito que me quieran.
Me besen todos los labios del mundo. Y
que me dejen, me dejen, por favor,
crecer un poco más con mi vejez de niño
atolondrado.





MANCHAS DE RUIDOS ANTIGUOS...





Manchas de ruidos antiguos en los rincones del patio: sombras
de la mentira
tomando la forma de tu cuerpo y su lugar. La luz te hace
creer en todo lo que alumbra
o devela la sombra del monstruo que habita la penumbra.
Toda palabra quema,
ceniza será después, rescoldos de aquel fuego. Ruinas del
tiempo, escombros, hollín y polvo,
la efímera materia que fue la eternidad.
Pequeña llama inmóvil, rememoración de la desaparición de la
fe en la sorpresa.
Del aire impuro del mundo están hechas las palabras, su
círculo vicioso,
toda pregunta es una piedra que se lanza al agua cuyas
ondas alejan la respuesta.
En corregir lo incorregible se te fue la vida, en buscar el error
y al tratar de borrarlo,
volverlo a cometer y la culpa otra vez de provocarlo.
Palabras, resplandores inéditos buscando su sentido
en lo sentido.
En la ventana el rostro de la dulzura pensativa:
una sonrisa ciega, en toda ella las frases y los gestos que nos
son elementales.
La fuerza que guía la mano en selva oscura, a través de la
página,
hasta encontrar la máxima potencia. El ojo que descubre
lo invisible
mientras crece la historia durante el sueño, la bestia echada
junto a la ropa triste del amor consumado,
todo aquello que amamos y por eso matamos lo más vivo
en nosotros.



domingo, 17 de julio de 2011

POESÍA INÉDITA DE LOS TRES ALFONSOS


Alfonso Quijada Urías, Alfonso Hernández, Alfonso Velis Tobar,
Imagen proporcionada por Alfonso Velis Tobar





POESÍA INÉDITA DE LOS TRES ALFONSOS





POEMAS INEDITOS DE ALFONSO VELIS TOBAR (1950)




¡Somos como la otra parte de tu sombra quijotesca!
Al hermano Quijadurias…




¡OH poesía la cantora de mi pueblo de mi vida y de la tuya! Fue bello aquel gozo de los Tres Alfonsos entre aquellos peligrosos días de poesía compartidos, en los momentos más difíciles, de zozobras, y angustias, trabajando por el pueblo, son tiempos de los escuadrones de la muerte, quienes como sabuesos perros Vivian merodeando hasta la misma sombra. Siempre supimos burlarlos con la muerte al acecho. Aquí estoy escribiendo de las cosas maravillosas y trágicas de la espada y la pólvora. ¡Del esplendor de la hierba de la rueca y el molino! De los misterios, del hartazgo, del detritus viviéndome a pedazos. ¡Cantando están en Guazapa y Morazán! ¡Que linda es la escabrosa y abismal vida que llevamos! ¡Demencial! ¡Torbellinica! ¡Y de muerte infernal! en estos cruentos días de guerra que enfrentamos! Ni el cofre apolillado con tus libros. Ni tus poemas perdidos. Ni tu vieja guitarra que trinas, ni tu vieja barba en el barrio de siempre. ¡En el Valle del Señor en Quezaltepeque morada a la que se regresa siempre! Tu espacio sin medida en su interior no hay quien lo rente. No hay nadie que lo habite. Solo más que tú sombra quijotesca, solo ella reflejada en el patio, entre la luz. Ni la tristeza misma. La Casa vacía. La sombra de la floreada Veranera llena de colores brillantes. Los pájaros que saludaban todas las mañanas. Escuchando tus canciones, la lluvia misma con sus tormentas y nieblas trazadas en tu pincel de colores abstractos y rostros humanos en tu eterna memoria. Entre los ecos del tiempo y los rugidos del viento. Entre las risas inocentes de niños correteando en el patio, sus hermosos ojos verdes. Que llevan el nombre de maravillosos poetas Nazin, Essenin, Fayad, Manlio, Alfonso, nombres de honor de poetas amigos. Aquí viene la ternura de Celia de Alfonso, Emmita Esperanza de Alfonso, Julita Deysi de Alfonso, tres mujeres, cuadros de valentía, jugándose una vida clandestina, junto al peregrinar de la Resistencia del pueblo que se enfrentaba contra el enemigo imperialista, enemigo que acecha con dólares de muerte. Sin olvidar jamás a la abuelita Carmen, al igual que la ejemplar “Madre” de Máximo Gorki correteando entre el enemigo, escamoteándose entre las manifestaciones, repartiendo y llevando el manifiesto a escondidas entre sus pechos. En el patio de la casa de infancia, el ladrido del perro. Que sale a tu encuentro, quien fiel te ladra, meneando la cola, se enrosca cariñoso entre tus piernas y zapatos mientras el aguaje nos baña. La brisa viene hacia mí. Desde la vegetación abundante del patio. También fueron bellas las horas rodeados de nuestros hijos, en una tarde de vinos con sus dedos frescos y entre la gran comilona del “Cusuco” a lo Gargantúa y Pantagruel y aunque somos bagres de la cerveza, pero eso sí, habladores, celadores de poesía y hablando y trabajando, aunque sea trabajo de hormiguita, con los anhelos de apoyar a como se pueda la revolución popular, es de jugárselas con el enemigo de hoy. Fueron momentos de novela que vivimos escribíviendo en el país que amamos con el alma en la mano que nos vio nacer. Gozando momentos de poesía, de libros, de vino y paladares de avestruz. Pero eso sí, primero siempre al pie de la lucha revolucionaria cada día, siempre trabajando. Pero cumpliendo las tareas encomendadas sin justificación alguna, contra vientos y mareas. ¡ Puesiesque Hermano!, donde te encuentres o donde nos encontremos, cada quien en su labor encomendada y aunque la guerra misma nos mantenga a la deriva de la muerte o de la victoria, para presencia y suerte de la vida. Como tú mismo dices. Aquí en este Pulgarcito de América todos estamos viajando regresando, como el escarabajo a su mismo hoyito. Pero aquí estamos con el ausente dolor de “Gonzalo” y para siempre en la memoria escribiendo y escribiviendo hasta lograr la fama (infame) del famoso apátrida. ¡OH poetas malditos y maravillosos!
Avt.1985. (De: “Poemas en prosa”)




Regreso al lugar natal




No seré el eterno extranjero en mi propia casa
Casa de infancia donde surgió el universo del sueño
Llena de sombríos recuerdos
Humores que desaparecen con el tiempo,
Solo quedan sus resplandores
Casa derruida abandonada vieja por el tiempo
Todos nos fuimos un día
Hasta aquel viejo árbol de anono testigo ocular
de la familia que habitamos esta vieja casa
Luego venir a contemplar por última vez
Está enferma morada ya cansada de llorar
Con sus mapas de moho en las paredes
Ocho ombligos enterrados en el patio
Bailando su son de niños locos,
Terribles huracanes y ventarrones
Aun ni el agua que corre
Torna hacia su manantial
Todo llega a su término
¡La vida de los hombres se pierde!
¡Como dejan huellas las aguas!
¡Que pasan a perderse en el mar!
¡OH que cosas! nacemos para morir
Es el tiempo el que nos consume
En todo caso salir un día es regresar
Al mismo sitio.
De: ¡Prodigiosa Blasfemia!




Diario de un poeta (II)



Hacia donde me llevas angustia henchida de pesares
Así me desespero en todos mis inviernos
Con sus árboles gastados por la nieve
Que a mares soportamos
Fiebres hasta en mi alma
Es que salgo a la calle el tiempo acosa
Una sirena paraliza el tráfico de emergencia
Entro al bar para libar unas dos cervezas a matar el tiempo
Recuerdo a papa escuchando canciones
De Lucha Villa y Pedro Infante allá en mi pueblo
Escucho unas cuantas melodías de Selena
Una muchacha sale al paso de repente
Se queja que no tiene comida para su gato.
Me compadece y doy lo único que tengo
Y pienso allá en mi país una madre se queja
No tiene leche para amamantar a su hijo
Ni el pan de la mañana para los otros que piden
Es cuando la noche trajo un encuentro triste con el alba
Así nos encontramos en la vida
Bajo los asombros diarios de toda mala noticia
Inviernos como estos tan duros, de muerte
Terremotos tempestades y grandes huracanes
Cegando tantas vidas los mares escapándose de su cause
Los ríos derrumbando hasta los puentes inundando ciudades y bosques
Yo no me quejo pájaro o ángel malvado que soy
Feliz vida para unos desdichada para otros
No me siento ningún desdichado por ahora
Pero ante estos perennes golpes
Que da esta perra vida.
Y al decir del hermano Alfonso Quijadurias:
“El hombre está condenado a soportar
Las piedras que le arrojan”.
¡Esta manera de soportar tantas pedradas!
¡Y del enemigo sí que saber esquivarlas ¡…
DE: “Prodigiosa Blasfemia” AVT/04/1





Si muriera mañana





Si la muerte viniera…
Y que me haga una espera
Ni he desempolvado los libros
Ni he silbado la canción preferida.
Miguel Huezo Mixco





Si por casualidad muriera mañana.
Quizás este mismo instante
Que escribo este poema
No llevo ni dejo nada
Ni petate en que pude caer muerto dejo
Ni dejo seguros de vida en dólares
No dejo herencias de familia
No llevo cargos de conciencia
libre estoy de pecados concebidos,
Que bañan de maldad el alma
Si muriera mañana lejos de mi patria
Mis huesos piden mi tierra
Mis cenizas echadas al viento
La voz desaparece la palabra queda
Vida que aprendiste a enfrentar
El poeta jamás deja la página en blanco
Ni se lleva la gloria que un día soñó
No todos los sueños han sido soñados
Soy el espejo roto de los sueños
Siempre fui un soñador al fin de cuentas
Pero deja su sonrisa, la huella de sus besos,
Deja sus libros que ama
en herencia su poesía
A quienes de su vino quieran beber
en su corazón felizmente recoger
Lucecita que siempre supo alumbrar
Cual candilito mechita de trapo
Que desparrama pocitos de luz
De su gran sabia humanidad. Avt./09


Entre Poemas inéditos de Alfonso Hernández
(1948- caído en combate, Nov. 1988)




DESPEDIDA



Al hermanazo poeta Alfonso Velis Tobar por enterrar las cenizas de mi Julia Daisy…




Nací en la ciudad donde el pabellón del rió flamea sobre el cielo,
El vuelo de los pájaros dejaba su huella,
Sueños escarchados en el dintel de la ventana
Y ella sonreía mientras las grullas bailaban en su cabellera.
Su esplendor me cautivaba
Sobretodo cuando acariciaba mi sombra
Que proyectaban las claraboyas del río.
Pero entonces vino la guerra y todo cambió,
Era el tiempo en que los lotos se yerguen con todo esplendor,
La luna mecía los bambúes,
Los plátanos silbaban la canción del guerrero,
Me despedí y el tiempo cayó con su tonelaje sobre los crepúsculos.
Pasaron los años, desde la montaña le escribí numerosas cartas
Que nunca supe si llegaron a sus manos.
El verano abrió sus persianas,
El tiempo pasó como un velocípedo,
Y me acostumbré a mirar entre el humo de la pólvora: el aire,
Los días, los calendarios de luna que volaban con su carromato.
La aurora recrudeció sus fulgores,
(¡Estás detenida en el tiempo!)
Los guijarros se metamorfoseaban hasta alcanzar la luz,
¿Dónde estarás cuando marche al próximo combate?
Nos queda la edad necesaria para cantar queridísima mía,
Como aquella noche en el abrevadero de caballos
Cuando la hierva sorbía el aire brevísimo de nuestra canción
Y desnuda corrías a paso de cigüeña sobre el agua
¿Qué puedo decir de tus ojos si ahora se me agotan en este banco
Donde escribo el poema ?…
En invierno como panecillos de arroz
Con castañas de aguas frescas,
Árboles de hierro circundan el paso del guerrero.
Mañana quizás estaré muerto
Y sobre mi tumba perdida, en la montaña,
La lluvia caerá con mis recuerdos.
Por el jardincillo de kioscos pasarás con el alba en tus ojos,
Los niños con sus flautas de agua recorrerán las callejas
En la fiesta del Tet, sin dejar huella del verano
Ni de la estación de los sauces…
Cuando los combatientes descendieron la montaña,
También emigraron las aves
Y dibujé tu rostro sobre el agua;
Al otro lado del puente vi. tu silueta junto a los bambúes,
Era tu mano en la mía Ano Nuevo Lunar
En la plenitud de los años
El día que nos despedimos…





POSTALITA A MI HIJO ESENIN




I

Las veraneras han crecido en los últimos meses,
En el jardín el sol juguetea con las flores,
Hay amarillas rosadas y multicolores,
A la sombra del platanar madre te arrulla
Mientras escampa el sueño en su regazo
Y los pollitos pían desgranando tu sonrisa de
cipote travieso.



II

Yo haré de cada pétalo un poema,
de cada canción un estanque de luz
Para que naden los pececillos del pensamiento,
En cada hoja volaré hasta la luna
Para pedirle un charquito de su brillante espuma.




III
CANCIONCILLA DE LOS NIÑOS DE CABAÑAS



Los niños estamos tristes
Porque ha muerto nuestro hermano,
Cayó enfrentando al esbirro
Que tiene pezuñas de odio.
Los niños estamos de luto
Porque murió nuestro hermano,
Los frutos que recogemos:
Fusil arpegio guerrero.
En cada pueblo una luz,
Una trinchera de flores,
Los niños estamos tristes
Porque murió el guerrillero





Poemas de Alfonso Quijada Urias (1940)




El Viajero




También he visto el polo donde los ventisqueros terribles y caóticos
Se lanzan a la altura rodando unos sobre otros.
Holderlin.




Estos ojos son de un muchacho que no ha viajado nunca,
Pasó en la casa solariega cuidando el viejo polvo,
Las flores de la abuela, la aventura del padre.
Este muchacho que no ha viajado nunca
Solo en el ancho océano suspendido en las hojas,
Ha tocado en su mundo de soledad y miedo
Viejos países, comarcas misteriosas que no ha tocado,
ni tocara viajero alguno.
Ha ido por el mar, por muchas islas,
Tocando las gaviotas y las focas;
Ha ido infortunadas mujeres lamentarse por los hijos perdidos;
Anclo en riveras cargadas de aromas,
En medio de la noche que dejaba en la piel un ardiente recuerdo.
El agua del mar despellejo su rostro; vio a sus compañeros
Morir uno a uno con los ojos bajos. Sus cabellos malvados
Señalaron las piedras donde duermen. Se dio por muerto
Junto a los cargamentos de cereales.
Despertó muchas veces junto al candil fatigado,
De noche se albergo en grandes malolientes.
Espero con Ximena que el coro de los gallos rompiera
el vidrio de la madrugada.
Estos ojos son de un muchacho que no ha viajado nunca,
Que no ha encontrado el sueño,
Otra vida más allá del cristal
Y las columnas trágicas,
Y escribe las mismas cosas amenazado por sus nervios
Que afilan un cuchillo de luz y de tinieblas.





Manchas de ruidos antiguos...




Manchas de ruidos antiguos en los rincones del patio: sombras
de la mentira tomando la forma de tu cuerpo y su lugar.
La luz te hace creer en todo lo que alumbra
o devela la sombra del monstruo que habita la penumbra.
Toda palabra quema,
ceniza será después, rescoldos de aquel fuego. Ruinas del
tiempo, escombros, hollín y polvo,
la efímera materia que fue la eternidad.
Pequeña llama inmóvil, rememoración de la desaparición de la
fe en la sorpresa.
Del aire impuro del mundo están hechas las palabras, su
círculo vicioso, toda pregunta es una piedra
que se lanza al agua cuyas ondas alejan la respuesta.
En corregir lo incorregible se te fue la vida, en buscar el error
y al tratar de borrarlo,
volverlo a cometer y la culpa otra vez de provocarlo.
Palabras, resplandores inéditos buscando su sentido
en lo sentido. En la ventana el rostro de la dulzura pensativa:
una sonrisa ciega, en toda ella las frases y los gestos que nos
son elementales. La fuerza que guía la mano en selva oscura, a través de la
página, hasta encontrar la máxima potencia. El ojo que descubre
lo invisible mientras crece la historia durante el sueño, la bestia echada
junto a la ropa triste del amor consumado,
todo aquello que amamos y por eso matamos lo más vivo
en nosotros.





Confusión (iii)




Te sorprende esta mañana la vejez, egoísta en tu pureza,
obligado a ser y estar,
a estar de pie en el centro de tu pecho con la boca cerrada,
abierta hoy por ensueño o ansiedad.
Un hombre no hace nada si no se aniquila a sí mismo
y vuelve al aire mismo de su honda raíz,
a la raíz que su nariz defiende con jubilosa audacia,
al origen donde el mundo es una sílaba que nadie aún pronuncia.
Respira, respira hondo hasta sentir el hambre en la boca del estómago.
Avanza evocando y convocando el antiguo ordenamiento,
lejos del torrente del cinismo cotidiano.
En silencio repasa el nombre de las cosas, las copas y las frutas,
más todo aquello que nos devuelve del tiempo, su excesivo imperio, su misterioso agravio,
el olvido que humilla la tentación de armar una obra maestra y su rostro de espanto.
Alguien en el jardín tan medioevo, crucifica la rosa de su razón,
otro mastica una cereza cuya sangrienta gruta dispersa la pasión.
Lejos de los negocios y la cátedra, del banco y la religión, lejos del mundo
y en el mundo, fiel nada más al temblor de tus manos ociosas,
miras correr los días como caballos que el miedo enloqueciera,
mientras repites a tientas la misma letanía de quien ha visto
cara a cara la desesperación y ganado con ello su propia salvación.
Nada somos sino la conciencia que se mantiene de pie
sobre la grata sensación que llámanos pasado.
Libertad e inocencia se alzan como vapores al alba,
Al tiempo como a los muertos le ha crecido las uñas y la barba.
Ahora que regresas a rescatar tu pasado y cumplir la promesa de escribir la historia de tu viaje,
sabiendo de antemano que la vida, es uno mismo y uno mismo los demás
Quien no se reconozca en el amor lo harán en la muerte,
en el amor que nos permite vernos en los otros con los ojos de Dios.

De “Confusión y otros poemas”

jueves, 18 de marzo de 2010

los estados sobrenaturales-alfonso kijadurías

Alfonso Kijadaurías


Los estados sobrenaturales
[Fragmento]


1
Las paredes están dentro de mí que estoy creciendo contra el suelo.
Una sola palabra me pasea en el agua hasta tocar el fuego.
Infierno del amor de grandes fauces. Conoce la dimensión
De estas puertas el sacerdote del mal. Se necesita la idiotez,
Estados de locura que permitan viajar a lo más simple.
El resto será magia. Llave de los misterios ocultos en la claridad primitiva.
Estoy fuera de todo pensamiento, de todo círculo, mis únicos
Dominios son los silencios de este anillo de fuego.






2
En la pirámide más pequeña y el cielo infinito duerme mi cabeza,
Y soy menos que un palito de fósforo y tal humilde como un grano
Que renace mil veces gracias a que invento un mundo sin palabras,
Lleno de imaginaciones, para ver en el odio una manera de ser triste.
Gozo de las celebraciones, las pompas sobre el manuscrito de un
Hombre a quien sus actos los antecede las enfermedades, del que es
Una manzana a los pies del rey y serio entre locos, me duelo
De él y por él gozo con alegría esta suerte de purgatorio,
De infierno interior.







3
País de las fiebres que me devoran, mi risa es la máxima celebración
De mi nueva cabeza, te siento sobre mis piernas de mujer
Hombre mascando las flores de tu espalda y mi piel podrida
Me conduce al encuentro del ombligo, muerdo las bellas plantas
Del mito poniéndome invendible, huyendo de tus pantanos medicinales,
Durmiendo con mis piojos en ese estado de vagancia, donde
Mi vicio echa raíces, flores que mastico después de cada misa.




4
La eternidad nace de alcanzar lo infinito, no del agujero
De dos ratones del tamaño de un cerdo.
El encerrado piensa esto, sus razones de la soledad, la seriedad
Más triste y solitaria, sentado en sus deseos, rodeado por milagros,
Loco tres veces hasta morir de risa, pensando cosas que la razón
No comprende, después nace como el pájaro que abrió
La jaula encerrada en sí mismo, aprendiendo de nuevo a bostezar,
Mientras cae el sol despedazado sobre las cáscaras.

lunes, 23 de abril de 2007

Nocturno_Poema de Alfonso Kijadurías

Fotografía: Alfonso Kijadurías





Nocturno



Anoche un grillo se metió en mi cabeza y me trajeron a este hospital de Main street.
Necesito una lap, una lap para sacarme este ruido del seso.
Tengo vendada la cabeza, un pie torcido, un ojo que busca al otro ojo con obsesiva crueldad.
La enfermera me pega con sus duras tenazas en el rostro.
Necesito ocho manos para decirte todo esto. Este hospital es /un infierno y Naus /compañeros de Ulises,
atención pobres sirenas: traen de los mares lejanos la tristeza y /el Sida.
Estoy loco, con la cabeza rebanada. El trépano caló hondo en /busca de la piedra
o del grillo que allí encontró su fundamento, la base de /su dudosa, secreta identidad.
¿De dónde vienen esos gritos? ¿Ese rezo en la noche, /las lenguas y las llamas?
Víctima de la docta polilla te debates en las necias corrientes de un discurso que ya no encuentra curso entre las aguas.
Anda de caspa caída la razón, vuelta risa la ciencia espulga
/cada piojo.
Un ojo infinito te mira cuando absorto contemplas una
/hormiga y en ella al hormiguero.
Es el ojo el que duele al saber que toda la culpa se
origina en el pie.
Perdí primero mi sombra, el nombre después. He terminado en
/nada, silencio, vacío.
Sólo es real la neblina, la blanca cornea de la mirada esquiva.
Un alacrán vengativo es el mejor aliciente
/para ponerte de pie
y echarte andar sobre la nieve o el desierto y escribir con tus
huellas tu epitafio.
Gritas. En todas las celdas de este panal en llamas celebran tu
aullido,
la parábola ambigua de la eterna caída, propiciada por
/aquella noche de angustia religiosa.
Tres golpes sonaron en la puerta.
Era Dios disfrazado de celador de la luz.
Uno puede apagar la angustia metafísica ¿Pero cómo se apaga
/la otra? El caos, he visto el caos, nadie que no
haya visto una ciudad ardiendo,
puede imaginarse el caos.
Lo que queda del caos en una mente enferma.
Anoche un grillo se metió en mi cabeza y me trajeron a este
/hospital de Main street.
Necesito una lap,
una lap para sacarme todo el ruido del seso.
Ver más en: www.artepoetica.net