lunes, 18 de julio de 2016

Teresa Moncayo, España





UNA MIRADA
A LA POESÍA DE ANDRÉ CRUCHAGA
(Travesía)



Teresa Moncayo,
Universidad de Cádiz, España



La poesía de André Cruchaga, requiere distintas lecturas y tantas versiones..., (según desde la óptica de quien lee). Pero el escritor sólo ofrece una referencia. En el sentido de los versos oscuros, se decía de Góngora hasta que admitieron que era un poeta impresionante con unas dotes para el uso de la metáfora y la simbología que dejaron a muchos con esa envidia ¿sana? Creo que su poesía está basada en la claridad de pensamiento y se apoya en unas líneas a veces difíciles de "descifrar". Pero escritas con tanta hondura, con tanta rabia y con tan buenos deseos de que todo cambie y, sobre todo, utiliza unos vocablos también (a veces), rebuscados que nos da la impresión de querer hermosear lo expresado. No es una poesía lineal, simple y basada sólo en la forma. Desde luego que no. Porque dice mucho en poco y, traspasa más, por esa forma y fondo que nos incita a pensar (más de la cuenta). Y es bueno "provocar" la reacción del lector. De lo contrario estaría hueca y no lo está.
Cruzo los versos de André Cruchaga y quiero traspasarlos de esa coraza de obscuridad para ver un atisbo de luz. Pero ese es su refugio. Vivir en la carcasa de un paraíso roto (aún reverdecido). Una mañana de oleajes que chocan contra sus huesos. Pero aún así, sigue el curso trazado en el remoto escenario de una metáfora. Ignoro si bajo sus pies crece la hiedra o sólo el alquitrán como sustancia viscosa y negra de petróleo. Porque a veces, sus versos, destilan diversas mezclas de roca y túneles y resinas..., sonidos de ecos arrinconados más allá de las penumbras. Cerca de las pulsaciones de una ciudad que dormita y muere. André Cruchaga mantiene en su poesía la imagen de un país gris que le provoca por dentro y nos sorprende los albores obscurecidos en medio de la tormenta de fuego, los andenes de asfalto cubiertos de luces que no son sino espejos de una silueta, las ráfagas que empuja al viento y tambalea la quietud del alma, los párpados cansados de descubrir las muertes en el lecho, los pozos llenos de cadáveres esperando ser enterrados en el estiércol, el horizonte dudoso de cualquier cielo. Y busca cubrirlo de arboleda, de música, de pájaros, de campanarios alegres, de amaneceres risueños, de veredas verdosas, de alientos limpios que volteen la obscuridad, de soplos de hojarascas, de almas con luz.”
Los versos de André son un diálogo incontaminado, a pesar del ambiente con sustancias tóxicas..., (perjudiciales para los seres vivos). Son como una esencia purificadora que "lucha" contra los agentes abrasivos causantes del deterioro social... Los poetas simbolistas que cita (con los rostros cubiertos por las sombras), se me antoja, mudos por la realidad. Baudelaire estaba imbuido en su "universo artístico" (lejos de la realidad). También Rimbaud, preocupado de la musicalidad de sus rimas. Sólo Lautréamont, nos dejó unos versos desgarrados donde definía al hombre como "esa bestia salvaje"... y, Éluard, autor de: "La desesperación no tiene alas"... Encontré unos versos de Gómez-Correa que es como un manifiesto desesperado; encontrar al fin la inocencia en una noche sin término/ sin pensar en el día que no volverá/ Ni en el gavilán que no logrará despertarte. También se le puede adjudicar, como una exaltación sutil ante un sueño..., la diferencia es que los versos de Cruchaga están asentados en la tierra.
Lo más grandioso de André Cruchaga, es la capacidad para definir los sentimientos. Domar a las palabras, traerlas a su terreno..., y hacer de ellas una composición hermosa. Alcanzar esa maestría en el ARTE de la palabra; unirlas hasta conseguir el significado exacto del sentimiento. Las emociones poderosas, el inevitable conflicto interior y, la coloreamos, en base a nuestros principios. La construimos con nuestro filtro personal y la sometemos a según qué estado de ánimo..., nos introducimos en el laberinto de las palabras (en el sentido de que no es un lugar de fácil acceso y, menos, de fácil tránsito...) y, la usamos como herramienta simbólica, como un camino que nos permite vivir la experiencia auténtica y que representa el universo de cada uno.
Los arquetipos no sólo existen en las historias fantásticas con acciones de dioses y héroes en la antigüedad o, en las narraciones donde predominan los elementos imaginarios, también existen en los sueños y, a veces, en la realidad. La poesía de André Cruchaga está llena de esa verdad, de esos héroes anónimos que deambulan por un espacio tétrico resaltado por el poeta en sus versos. Está llena de esa verdad que ahonda en su alma y en la respiración a modo de pulsaciones. Está llena de un sentimiento que traspasa la coraza y la epidermis más sensible. Porque Cruchaga escribe con devoción y fuerza, con pasión y delicadeza y, con un valor añadido que le hace grande, en el sentido de intenso y perceptible. Aunque el escenario de su vida sea un "elemento" real (demasiado evidente).
Hay que reverenciar sus poemas. Tanto por cómo siente, por cómo los expresa, por cómo escribe. Sus versos son como estallidos, como pulsaciones o como pequeños truenos que se adentran en la piel y en los poros y recorren todo el ámbito corporal para establecerse en el corazón. La comprensión de los versos es rápida a pesar de los conceptos (representación mental de los hechos), que nos descubre nuevos significados y lo hallamos en forma de reliquia de gran valor que hay que venerar. Rebosantes de humanidad, de temple, de desgarro social entre la realidad y el deseo. Resiste ante los esqueletos humanos y los manicomios que no son sino parte del tránsito diario.
Los versos de André Cruchaga, están hechos de unas fibras sensibles, perturbadoras, tiernas, melancólicas y llenos de una rabiosa verdad que arrastra a ese mundo hondísimo para hallar en él, otro subterráneo aún más hondo, más perfilado, más cautivo, más lleno de horror, si cabe, más ultrajado, más devorador, más decrépito (decadente). Con una intensidad de recuerdos bellos que se ahondan en las sombras. Pero sus versos sacan también a la luz, esa misma claridad que se filtra por cada hueco estrecho, por cada espacio ínfimo, por cada rendija de pared. Y será ese resplandor quien desheche a la oscuridad que, ahora parece eterna.
Aunque en el interior de las palabras muera el poeta, queda el significado en la memoria. Igual que, muerto un pájaro, siempre tendremos su canto. Porque la esencia de todo no se establece en los vocablos que se usen para expresar lo que sentimos, es nuestra posición frente a qué o a quién. Son pocos quienes conocen la intrahistoria porque se halla escondida bajo la historia que todos ven, aquella que, los más superficiales, contemplan. Pocos descienden a los infiernos y, por lo tanto, pocos saben de los sufrimientos ajenos, de aquella masa de humanos que deambulan en las sombras, agazapados en el olvido de la memoria de la mayoría. Porque es más cómodo, pasar la vista por encima de los problemas, inhibirse de las carencias de los otros, de esa decadencia que los asalta cada día y los rompe, y los mata y los fusila, y los abandonan. Sólo lo perciben los grandes humanos, los más sensibles, los más capaces de exponerse en contra de todo. Los hay servilistas que hacen uso del hermetismo para no ser señalados por las esferas del poder. Porque los cadáveres no son aquellos que apuestan por la continuación del sistema, no. Son los otros, aquellos que en un susurro intentan clamar al cielo una ayuda que no les llega. No todos son poetas y, por lo tanto, no tienen acceso a esas palabras más o menos adornadas (como el canto de un pájaro) para decir lo que él nos cuenta. Los otros sólo son tipos que deambulan por calles oscuras sobre otras obscuridades (para no contradecir las normas). Sólo el poeta nos trasmite cómo sufren, cómo sienten, cómo mueren..., y estamos abiertos a sus mensajes en forma de versos.
Los versos de André Cruchaga sí ven la luz..., a pesar de haber nacido entre las sombras. Son los conceptos lo que le hacen diferente; el idioma lleno de resplandor a pesar de la siniestralidad. Es la locura de un entorno (con enfermedad prolongada) lo que enaltece a sus poemas. Los alientos tupidos que buscan una atmósfera limpia aunque camuflada en la hojarasca, pero esa limpidez existe, seguro. Sólo hay que descubrirla en la otra imagen (Naturaleza), con su azul pleno, luciérnagas, libélulas, búhos e, incluso, el ala siniestra del cuervo que se posa en las ramas, toma un aspecto menos demencial, menos trágico. Conviene escabullirse de ese escenario mórbido y hallar la claridad que inunde los sentidos, la belleza no estática sino viva alrededor del poeta.
Sus versos  siempre me dejan esa estela cierta de maravillosa escritura (a pesar de lo contradictorio del sentido del poema). Indiscutiblemente, André Cruchaga es más que un poeta. No muchos tienen el don de llegar a esa altura intelectual rompiendo esquemas para ahondar en la Naturaleza Humana donde el sentido racional, aún dentro de lo irracional, cobra especial interés y coherencia. Un bravo!, es poco. Sólo el reconocimiento de la sociedad y el mejor de los premios podrían hacerle justicia. Porque aflora en cada verso el sufrimiento de un país con coraje, valentía y dolor. Y porque sus poemas son parte de la esencia de todos aquellos hombres y mujeres que cada día, han de ver mutilados sus sueños y rotas sus ilusiones. Relatar estos hechos con el rigor y la hondura con que lo hace el poeta y desde un prisma real y con la fuerza con que queda reflejada la historia, eso, ha de tener sin duda una respuesta.
Me llevaría toda la vida leyendo sus versos, de día y de noche, siempre. Sólo pararía de vez en cuando para calibrar los verbos, para analizar los adjetivos, para investigar las metáforas. Y luego seguiría por esos caminos muertos, por ese verde reventado, por esa calzada llena de humanos abandonados a su suerte, por esos árboles de cenizas, por esas aceras soñolientas, por ese bosque obscurecido, por ese cuarto húmedo, por esas figuras muertas, por esos alambrados que suplen a las fronteras y, acumularía (igual que él), ese desgarro que nace del alma y que me hace ser infeliz porque otros lo son.
"Profundidades inmensas"..., así son los  versos de André Cruchaga, llenos de esa hondura que nos traspasa porque cada vocablo está constituido de una sensibilidad nueva a pesar del desgarro que caracteriza a toda su poesía. "La noche como un solo camino" es inmensamente evocador; la noche porque es noche, o la noche porque es la única referencia?..., "las calles como una sola noche" ahí sí va implícito lo tétrico en el sentido de oscuridad absoluta, sin un atisbo de luz. Sólo en él se halla la claridad, ese fulgor infinito con la precisión y lucidez necesaria para crear unos versos brumosos; ahí está el arte, dejar afuera la ambigüedad, la borrosidad, la bruma..., y desde su claridad surgen los versos colmados de negrura. Quiero decir que, parten desde dentro de su luminosidad. Los crea, les da forma, les da belleza, coherencia, pasión, fuerza, vigor, ternura, valor y, ese sentido de realidad y de coherencia; con un fondo profundo y una forma impecable. Llena de metáforas que no son sino un lenguaje más cuidado, perfectamente revelado. Pero qué grande es la poesía de André Cruchaga, capaz de despertar los sentidos y emborracharlos de realidades, de actos sublimes, de flores, de caminos, de cielos, de borrascas, de lluvias, de asfixia, de heridas, de abandono, de muertes. Nos trasmite todo lo que es posible trasmitir con la palabra y aún así, quedamos esperando más y más, hasta completarnos, hasta llenarnos, hasta colmarnos. Jamás absorbí tanto de un poeta. Jamás descubrí tanta fuerza, tanta pasión, tanto sentimiento, tanto talento. Y sigo leyendo y más descubro, porque cada vez hay una intención nueva que me sorprende, que me absorbe, que me inquieta...
En su tránsito, André Cruchaga, va dejando estelas de palabras que no son sino asociaciones subjetivas que viven en él. Porque no es sólo un poeta que describe sus sentimientos en versos, sino un "guerrero" de la pluma capaz de sublevar a todos los que lo leen. Se nota esa querencia hacia los verbos y esa devoción pura hacia la manera de trasmitirlos. Lo que es una maravilla. Gracias a la palabra escrita y gracias a esa capacidad innata en usarlas, apreciamos toda esa larga trayectoria de sus sentimientos en forma de versos. Es una suerte que ese don de la palabra haya recaído en él, en nosotros, y no es un tópico. Porque no todos pueden cubrir grandes espacios de folios en blanco hasta completar cientos de ellos. Y hacerlo de manera bella y coherente, para el deleite de muchos. Proyectar en vivo cada paso, cada deseo, cada anhelo, cada pasión, cada tristeza o alegría. Con toda la naturalidad que sólo los que tienen acceso a la escritura, pueden hacerlo. Y son muchos, evidentemente. Pero no todos son mágicos. No todos te emocionan, te desgarran, te provocan, te sorprenden y te llevan por esas lindes reservadas para unos pocos. Aunque existan campos abiertos para acoger a tantas manifestaciones, a tantas ideas revestidas de mil maneras..., sólo unos pocos son capaces de penetrar en la epidermis más sensible, sólo unos cuantos y, entre ellos, André Cruchaga. Por esa hondura y por esas formas que, a veces, nos hace dar vueltas para ahondar en su significado. Significado que hallamos, evidentemente, porque por encima de esa naturaleza hermosa se encuentran los verbos más reconocidos por todos los que amamos la poesía.
Me pierdo en su lenguaje, en ese contexto de signos combinatorios, en esos símbolos y códigos con los que designa al mundo exterior; sus relaciones, sus cualidades... En esas oraciones construidas con su conjunto finito de elementos, en esa manera de invocarnos y explicarnos sus sentimientos. Me pierdo por el uso adecuado de sus palabras, sustantivos, verbos... Por cómo forma las ideas y pensamientos. Porque André Cruchaga, no rompe el ritmo de la frase sino lo completa hasta hacerlo explosivo. Hay una comparación de la evolución del lenguaje humano con el origen evolutivo del canto de los pájaros, capaces de aprender nuevas vocalizaciones y de reordenar sonidos básicos de su canto para trasmitirnos distintos significados. Su capacidad para comunicarnos sus ideas y emociones, André, sobrepasa en mucho la conducta lingüística de los humanos por el grado de distinción de su lenguaje y rebasa todos los pronósticos, todas las teorías y todos los códigos. Por lo que pasa a ser llamado un fenómeno comunicativo que nos abre puertas y ventanas a la imaginación y al entendimiento.
En cada poema, el asombro. Por mucho que lea sus versos, siempre existirá la sensación de la piel erizada, de la angustia que asoma por cada juntura, de la sombra en constante duelo. También del arcoíris asomando por la luz después de la tormenta. Y el latido que se abre paso en las multitudes oscuras. Todo él es poema, su actitud, su respirar, sus latidos, su voz, su aire. Y esa manera de trasmitirnos la realidad, por cómo se interna en los sentimientos que no deja a nadie indiferente, por la profundidad del mensaje, por la hondura de la emoción y, posiblemente, porque le añade elementos inquietantes que no hacen sino despertar nuestra conciencia.
Los ojos de la noche, de (André Cruchaga) lo ven todo, tanto las maravillas dentro de su sombra como las otras sombras de su subterráneo. Y los ojos, con su luz encendida, en la oscuridad, captan las imágenes que pululan a su alrededor. A veces se distorsionan las formas y, las líneas se tornan figuras idealizadas o distorsionadas o, en su defecto, reflejan la verdadera realidad de lo que se visualiza..., y en ellas afloran las siluetas dañinas, que no son producto de la imaginación, pero que igual sobreviven en la claridad, por lo que no sólo en las sombras se integran los efectos dañinos sino que también cabalgan junto a la diafanidad. Por lo que el punto de luz (en las sombras), lo pone él, según su estado de ánimo, integra la dulzura, la nostalgia, la energía. La esencia de lo que es y, eso, traspasa en mucho a las sombras. Habitualmente integramos en la oscuridad lo dañino, las tinieblas, la venganza, la muerte, la traición e, incluso lo diabólico. Pero esa oscuridad sólo está "visible" para contrarrestar a la luz. Sé, que su sombra está íntimamente ligada a la realidad de su país y la arrastra como un torbellino llevándosela a su intimidad hasta el punto de que forma parte de su vida, obviamente, sin quererlo. Y es hora de desterrarla de ese ánimo o, asumirla como algo que no ha de vencer. No porque no lo desee sino porque está fuera de su alcance.
"Como una tinta que tiembla ante la hazaña..." Sólo un prestidigitador de la palabra es capaz de diluir esa tinta y hacer que su compuesto alcance esa proeza que nos describe la realidad objetiva de ella y, la otra, subjetiva, la de él que se funden en un abrazo hasta dar con el verso deseado, con la expresión idónea hasta completar el poema. Cuántas sombras y heridas y ojos y sueños hasta acabarlo? Por cuántos caminos ha de avanzar hasta hallar la forma, hasta completar el fondo? No todo es cuestión de sombras y de espejos..., detrás está el poeta, su asombro, su luz (aún dentro de lo oscuro). Está compuesto André de arcoiris, cuyos tonos se asemejan a según qué ánimo, casi siempre los tonos grises. Los claros se dejan ver escasamente. A veces se cruzan por en medio de las palabras para no ser descubiertos, pero permanece la estela de luz en su recorrido fugaz. Lo intuyo.
Es obvio que André es un poeta que, (como él dice), "busca más allá de toda apariencia", centrándose en un fondo demoledor, trágico y real. Su soledad coincide con el alma de Schubert, angustiada, solitaria y dolorosa. Lo apreciamos en la "Serenata", donde el músico despliega toda su magia y esas imágenes en forma de música: Hay ternura y dolor en ese canto/ y tiene esa amorosa despedida/ la transparencia nítida del llanto/ ¡y la inmensa tristeza de la vida!. "Cada cual tiene su propia búsqueda". La de André, es el sentido a la irracionalidad, al desamparo, a la brutalidad del hombre, al abrazo roto, a los labios sellados por el miedo, a los fantasmas de la noche, a los monstruos del día, a los amaneceres de sangre, al destierro interior, al alma exiliada, a las páginas en blanco. Sus versos y su prosa que se entrelazan para establecer el poema, para ahondarlo y liberarlo; son su desahogo de cada día. Cada verso, un suspiro, cada poema un alivio. Así renace cada amanecer. André no es un poeta como otros, no. Existen movimientos literarios y otros que van a contracorriente ofreciendo una estética y una ideología fuerte sustentada en el sufrimiento de los pueblos. André se identifica plenamente con ellos, Y con el tiempo muchos seguirán su forma (porque su fondo es inaccesible), y crearán escuelas como lo hicieron algunos clásicos.
André Cruchaga, es el hilo de esa tinta que usa para denunciar la historia. Una manera de expandir lo que ocurre en el país. Muchos poetas y escritores lo hicieron, obviamente, no todos salieron ilesos. Por mi parte creo que, a la política ha de llegarse por vocación para ayudar a los ciudadanos. Con el compromiso hacia la clase social. Nunca para encumbrarse "salvadores de la Patria", donde el miedo prevalece sobre otros sentimientos y que, forma parte de lo cotidiano arrancarle los sueños para convertirlos en pesadilla. La política creo que es un instrumento para lograr el bien de la sociedad y asegurarle una vida digna. Pero aquellos que se implantan con un régimen sin ningún tipo de Orden Jurídico y Legislación Vigente, implica, obviamente, el apoyo de la fuerza militar., que son los encargados de ejercer la represión e imponer el terror violando todos los derechos de los ciudadanos. Porque ya dejan de serlo. Para convertirse en "objetos manipulados por el sistema". Por lo que los políticos se ganan a pulso el descrédito de la población sumida en el miedo a ser encarcelada o fusilada. Los que conforman la "casta del horror" y que ejercen la tiranía son aquellos que se colocan la pancarta de "trabajamos por los intereses del pueblo", un recurso desgastado por su uso. Y que son los mismos que dicen fortalecer la democracia o el país. "El Salvador es grande por su gente”, es pura demagogia cuando lo utilizan para conseguir el apoyo electoral. Son las maniobras de aquellos que NO saben hacer política en beneficio de sus ciudadanos y sí, sin embargo, tienen aprendido cómo violentarlos, o quitarlos de en medio...

Teresa Moncayo, Escritora.
Vejer de la Frontera, España, 2016

jueves, 16 de junio de 2016

Reseña del libro ‘Vía libre’ de André Cruchaga

Vía libre/ Via lliure




Reseña del libro
‘Vía libre’ de André Cruchaga


Vía libre/ Via lliure
André Cruchaga
Imprenta y Offset Ricaldone, El Salvador, 2016


Por Gregorio Muelas Bermúdez


Si con Roque Dalton (1935-1975) El Salvador saltó a la primera plana de la poesía hispanoamericana, con su compatriota André Cruchaga (Chalatenango, 1957) se afianza en esa posición de privilegio, pues nos encontramos con un autor prolífico y prolijo, poseedor de una dilatada carrera literaria, iniciada en 1992 con la publicación deAlegoría de la palabra, con obras editadas en Estados Unidos (Memoria de Marylhurst, 1993), México (Caminos cerrados, 2009) o Cuba (Poeta en Barataria, 2010), y en ediciones bilingües: español-euskera, español-francés, español-rumano y español-catalán, que dan buena fe de un autor torrencial y cosmopolita, que se expresa con nutrida sabiduría sobre las cosas y los seres que le rodean. Para André Cruchaga todo es materia poetizable y este Vía libre/ Via lliure, su más reciente poemario, es fruto y consecuencia de esa visión amplia, sensible y escrutadora que le caracteriza, pues tiene la virtud de ofrecer diversos estratos de lectura gracias a una poesía rica en símbolos y metáforas, que incita y provoca por el empleo de un lenguaje en ocasiones excelso y deliberadamente oscuro, pero siempre bello y revelador.
El poemario cuenta, además, con varios atractivos: una impecable traducción al catalán realizada por Pere Bessó (Valencia, 1951), poeta de reconocida influencia en lengua catalana, que en lugar de una versión, nos ofrece una translación fiel al original, un loable trabajo fruto de la admiración y el respeto que se profesa desde la amistad; y un breve y lúcido comentario de la escritora española Teresa Moncayo, que figura en la contraportada, y que sabiamente introduce al lector en una poesía densa con tintes filosóficos, que plantea un apasionante reto al lector iniciado; todo ello enmarcado por una bella fotografía de portada de la argentina Graciela Strañák.
Desde su ínsula, Barataria, y en orden cronológico, pues las composiciones abarcan desde 2013 a 2016, nos encontramos con un conjunto de noventa y siete poemas, sin división interna en partes, noventa y siete visiones de la “realidad”, una realidad transfigurada por la mirada y el pensamiento de un poeta que exige al lector el manejo de dos grandes “ciencias”: la paciencia, de quien sabe esperar el milagro al final de cada oración; y la experiencia, de quien sabe conectar sus vivencias con las del poeta que se devana en sus versos.
Dos extensas citas, de Aldo Pellegrini, y Fayad Jamís, advierten del tono de un poemario con vocación crítica, así André Cruchaga hace gala de un amplísimo vocabulario plagado de sinestesias que apela continuamente a la conciencia.
En cuanto a la forma, el poeta salvadoreño se sirve de la prosa para, a través de un complejo juego de palabras con ecos modernistas y hasta surrealistas, alcanzar cotas líricas con actitud de denuncia: “mi corazón tiene hambre desde los calcañales, ninguna grieta detiene al grafito: soy niño dibujando otro mundo en las paredes.” (“Argumentum”). No falta la crítica social al capitalismo que devora voluntades: “Nada me sorprende tanto como quien duerme en las aceras”; y a la fe irredenta: “Nunca supe si en los anillos del evangelio existe la misericordia” (“Epílogo para una escena cualquiera”).
Cruchaga gusta de concluir sus poemas con verdaderas máximas, a modo de sentencias, veamos tres deslumbrantes ejemplos: “De este tiempo únicamente heredamos huesos y lápidas y salmuera” (“Bostezo de la noche”); “Después de todo aquí estamos: seguimos ascendiendo dentro de la jaula.” (“Periferia”); y “Entre el papel y la tinta, hay largos pastizales de epitafios…” (“Muestrario del olvido”).
El discurso de Cruchaga sobrevuela la distancia que aleja al hombre de su esencia, un páramo donde “el escombro se ha tornado laboriosa semilla” (“Esquizofrenia del anhelí”). Con aparente cripticismo, hilvana conceptos e ideas con deleite estético y la sapiencia de quien observa desde el otro lado del espejo la vanidad y la apariencia. Para ello emplea a menudo una segunda voz, se diría que de la conciencia, desde la que articula un discurso paralelo que acentúa el mensaje, y que se manifiesta entre paréntesis y en cursiva.
Desde el escozor la vida es más cierta porque el poeta sabe que “hay jardines hipotecados”, “madera con polilla”, “recuerdos imprecisos” y “al final siempre nos queda la duda.” (“Reminiscencias”).


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Gregorio Muelas Bermúdez nació en Sagunto (Valencia) en agosto de 1977. Es licenciado en Historia por la Universidad de Valencia, titulación que completó con los cursos de Doctorado en el Departamento de Historia Contemporánea.
Ha incursionado en el cine como guionista y ayudante de dirección del cortometraje El olor de la pebrella (2004), dirigido por Rafael Puerto, estrenado en la SGAE de Valencia en la sección oficial de los VI Premis Tirant y distinguido con una mención especial del Jurado en San Giò Video Festival 2004, Verona (Italia).
También se dedica a la crítica literaria y cinematográfica, actividad que desarrolla en la revista de información cultural en Internet, Culturamas; en la web literaria Todoliteratura.es; en la Revista Cultural Sede; en la Revista Almiar Margen Cero; en el Periódico Global de Análisis y Opinión Mundiario; en la Revista La Galla Ciencia; en la Revista de literatura El coloquio de los perros, y en la web Cine maldito. Ha colaborado como crítico literario y cinematográfico en el programa “Quadern de Bitácora” de Canals Radio, y en la Radio Municipal de Torrent 97.3 FM.
Es socio de la Asociación Valenciana de Escritores y Críticos Literarios (C.L.A.V.E.); socio de la asociación cultural Concilyarte; socio del Ateneo Blasco Ibáñez; socio de la asociación cultural Torrent de Paraules; miembro de la Red Mundial de Escritores en Español: REMES; del Movimiento de Escritores pro Derechos Humanos; socio cofundador de la alianza poética “Alquimia y Verso” junto a Heberto de Sysmo; y miembro del Consejo Editorial de la web literaria Todoliteratura.es.
Ha escrito el prólogo del libro de relatos El suave otoño del eco, de Rafael Puerto, Editorial Círculo Rojo, 2010; del poemario Tan sólo una caricia, de Julia Zapata Rodrigo, Editorial Círculo Rojo, 2011; y el epílogo del poemario El Testamento de la Rosa, de Heberto de Sysmo, Ediciones Cardeñoso, 2014.
Ha ganado el Poetry Slam del I Festival de Poesía de Valencia “Vociferio” 2011; ha recibido una Mención de Honor en el III Concurso Internacional de Haikus organizado por la Biblioteca Municipal “Manuel Siurot” de La Palma del Condado, Huelva; y recientemente ha sido finalista de los siguientes concursos internacionales: I Certamen de Haikus “Matsuo Bashô”, I Certamen de Haikus “Kobayashi Issa”, I Certamen de Haikus “Yosa Buson”, I Certamen de Haikus “Masaoka Shiki”, y del Certamen de Poesía “Noviembre”, convocados por Letras Como Espada.
Algunos de sus poemas han sido traducidos al japonés, al ruso, al alemán y al rumano.
Obras publicadas:
– Aunque me borre el tiempo, Editorial Círculo Rojo, junio 2010. Esta obra reúne dos poemarios: Con las palabras, con el tiempo y No hay vado en el fuego.
– Cuando la aurora le hable al tiempo, Editorial Círculo Rojo, marzo 2011, en coautoría con Rafael Puerto.
 – Rosas y ortigas, en el poemario antológico A Contraluz, colección Grupo Mistium, abril 2013.
– Un fragmento de eternidad, Editorial Germanía, número 10 de la colección “Viaje al Parnaso”, enero 2014, con prólogo de Rafael Coloma.
 La soledad encendida, Editorial Ultramarina Cartonera & Digital, mayo 2015, en coautoría con Heberto de Sysmo.

jueves, 9 de junio de 2016

Poemas de Mario Zetino

Mario Zetino, El Salvador





Uno dice

Uno dice neblinas, sabe sueños,
oye luces lejanas desde mañanas verdes,
sabe cielos quemados hacia viento y caballos,
pronuncia mariposas de vidrio y lo que entiende,
lo que cree que entiende del país de su sombra
y lo poco que sabe y lo mucho que siente;
confundiendo palabras con relámpagos negros
que germinan y escapan y no dicen y queman,
que le queman la boca, las pupilas a uno,
que es uno y los que han sido y los que vienen
y no saben que uno no los sabe ni un poco,
aunque nazcan de uno y de sus muertes.

Uno surge huracanes con los dedos
cuando hay lluvia en el mundo y uno llueve.
Uno sabe que saben las palabras
una vida distinta de paredes,
que ya eran sin uno,
que fueron porque uno las habitó de hélices
y que van a quedar cuando uno,
aunque uno no quiera,
no quede.

Uno tiene silencios de fuego.
Uno quiere decir y no puede.
Uno ocurre el Abismo.
Eso es todo.
Uno dice y no entiende.
Eso duele.

Pero eso no importa.

Uno dice.
Eso es suficiente.




Carta de marzo

Hoy que se marchen todas las hojas de este marzo
tal vez pueda decirte estas palabras ciegas.
Hoy, cuando partan todas las calles y las alas,
cuando tus alas partan y partas tú con ellas.

Este verano tuvo la luz de mil veranos
y tuvo los crepúsculos más largos de la tierra.
Y el nombre del verano fue el mismo nombre tuyo.
Y este verano tuvo tu claridad de estrella.

Hoy que se quemen todas las hojas de este marzo
y me quede en las manos la luz de sus hogueras
te diré que ya nunca será igual el ocaso,
que nunca será el mismo verano sin tus huellas.

Me queda tu alegría de luz volando en risas
en jardines de tarde que han cerrado sus puertas.
La canción que escribimos para volver el tiempo
y el eco de tu abrazo diciendo adiós me quedan.

Diré que este verano duró lo suficiente
para incendiar los días del tiempo con luciérnagas.
Diré cuánto te quiero. Serán estas palabras
cenizas que me extingan cuando ya no te quiera.

Hoy que ya vuelan todas las hojas de este marzo
va naciendo con lámparas la ciudad de tu ausencia.
Y hacia la tarde arrojo caballos de silencio
y lanzo al horizonte estas palabras ciegas.




Lloro

Despierto en el silencio y siento y lloro.

Lloro porque hay los lejos, por tu rostro
que a los lejos se fue y extingo y nombro.

Lloro porque mi nombre no es mi nombre,
porque otro hay que es yo y yo soy otro.

Lloro porque no tengo explicaciones
para llorar de este o de aquel modo.

Lloro porque las lágrimas son lágrimas
y son para llorarlas como lloro.

Lloro lleno de tardes y distancias.
El mar huye dos olas de mi rostro.

Lloro por nada, viento, frías hojas;
por hojas frías, viento, nada, todo.

De pronto soy. No sé. No me pregunto.
Tu voz voló su voz de aquí de pronto.

Despierto y son los lejos
y faltas tanto.

Despierto en el silencio. Siento. Lloro.


_________________
Mario Zetino. (Santa Ana, 1985). Ha publicado el poemario Uno dice (Índole Editores, 2013), que trata sobre el amor sentimental, la separación y la tristeza. Poemas suyos han sido incluidos en antologías y revistas literarias en El Salvador, México, Estados Unidos y España.

Perteneció al taller de poesía de La Casa del Escritor, cuando fue dirigido por el escritor salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa. Con textos producidos por los miembros del taller, compiló la antología Memorias de la Casa. 25 poetas (Índole Editores, 2011).

Ha participado en festivales de poesía en El Salvador y Colombia, y ha sido escritor residente de la Hispanic Writers Week, programa de la Universidad de Massachusetts en Boston para enseñar escritura creativa a estudiantes de secundaria de origen hispano que viven en dicha ciudad.

Es Licenciado en Letras, coordina un taller de escritura creativa en Santa Ana y escribe el blog Uno dice.

lunes, 4 de abril de 2016

VÍA LIBRE / VIA LLIURE DE ANDRÉ CRUCHAGA

Vía libre / Via lliuere





VÍA LIBRE / VIA LLIURE DE ANDRÉ CRUCHAGA
Traducción al catalán Pere Bessó

Por César Ramírez


Con su nuevo libro construye un árbol de metáforas que desde el horizonte permite observar el fecundo bosque de sus poemas, ahora convertidos en libros.
Hace décadas que leo con aprecio sus versos, así como cultivo el alba que anuncia esa alegría juvenil de compartir fragmentos de sus obras:
Sublimación de la noche (2011) A fin de cuentas la luz depende de la fosa donde estemos.
 Alegoría de sus palabras (1992) (La voz tiene su propio misterio/al paso de las sombras/el reloj su propia brújula/vertiendo insomnio en las hojas).
Manjar de la Ceniza (2010) (y Mañana, tal vez, la estancia/ sea pacífica, /Y el prisma de las sombras/ se convierta como el iris/ Líquido de olas/ Solo mañana, mientras el ojo/capta lo que se lleva.
Visión de la muerte (1994) La muerte desprende humo/como una taza de café/ hay en ella memoria de la broza/claridad que gorjea de irreverentes campanas/ejercicio ritual de inmersión/el claroscuro de la canícula del sueño. Nadie la ha visto.
Fuego de la intimidad (1993) ojos que se miran/ y se multiplican en cuatro; / dos manos, cuatro manos, / aprehendiendo la galaxia de los poros.
Alegoría de las palabras (1991) primera edición suelta… VIII Soy el otro yo en un rebaño de crepúsculos/ saliendo de las bestias del horizonte/ de los callejones crujiendo su consciencia/ de la locura del sol/ incendiando el piso con baldadas de luz.
Balcón del vértigo (2014) Quiero empezar a vivir el olvido, escribir un catálogo de zapatos/ o sencillamente, escribir un epitafio en tus poros, ahora que hemos/entrado al trance “poshumano” del desarraigo…
Esta pequeña muestra de versos es mi ejercicio de libertad, de lectura, lo afirmo porque disfruto observar el trabajo constante de André Cruchaga.  El poeta congela los textos con muchos recuerdos de las fechas, junto a sus palabras dedicadas en sus libros.
Ahora leo Vía libre (2016) Escritura “Se ha hecho memoria la voz del mar. El largo puño de la sangre”.
Uno puede en el mosaico de las percepciones coincidir en las palabras, eliminar todo fantasma de categorías materiales y construir efectivamente un mundo posible, alimentar descubriendo el horizonte que niegan nuestros límites sociales, destruir la infame historia de nuestra humanidad de unos contra otros en todo, no obstante solo en breves momentos reflexivos bajo la bandera de la paz podemos percibir otra esperanza planetaria,  como la rosa que crece en el concreto.
Pero existe la palabra de André Cruchaga, con ese oficio de arquitecto de metáforas que abate la pobreza de la imaginación de aquellos que se niegan a ver otras dimensiones, otorgando la vista a los ciegos para contemplar la belleza que emerge en cada libro.
No es mi intención construir la idolatría de la palabra, porque tarde o temprano el destino se encarga de su ajuste de cuentas, por ello prefiero otorgar mi reconocimiento por su obra, esa que no solo reseñan sus libros sino por su paciencia en educarnos en tan maravillosos resquicios de otras luminosas esferas que ignoramos.
Así en determinado momento sus palabras transforman el entorno, cantan, brillan, respiran, sigilosas nubes flotan a nuestro alrededor, mientras a pesar del ruido exterior de autobuses, motos, gritos de niños, aparatos de sonido con sus “teatros de hogar” en el volumen inadecuado, y a pesar de todo en ese espacio del poema recobramos la inocente alegría del descubrimiento de otros universos de la mano de André.
Desde la llanura de un lector de poesía, saludo su obra y su nuevo libro, confirmando la cita de Heidegger “Soy lo que digo”, André es lo que escribe junto a la certeza de su vocación.
San Salvador 04ABR016 

viernes, 15 de enero de 2016

EL DUDOSO REINADO DE ROQUE DALTON

Roque Dalton




ENSAYO



E
L DUDOSO REINADO DE ROQUE DALTON


Álvaro Rivera Larios


Nota: He reescrito en gran medida este ensayo que apareció por primera vez en Elfaro.net hace un par de años. Aunque conserva su título original, tiene desarrollos nuevos donde introduzco matices en un concepto como el de “influencia literaria” que es central para esta discusión. Una carencia que se detecta entre quienes hablan con tanta seguridad del influjo del poeta Dalton es que no hay la más mínima fundamentación teórica en sus juicios. A esta carencia súmenle otra y es que sus hipótesis aún no han sido verificadas por medio de una investigación literaria. Una gran parte de nuestra crítica asume hoy una tesis –la de la gran influencia de Roque– a pesar del vacío conceptual y la ausencia de confirmación metódica que hay detrás de esta teoría. Yo diría que, más que ante una teoría, estamos ante una creencia que cumple ciertas funciones ideológicas en el campo literario salvadoreño.

I
Uno de los lugares comunes más correosos de nuestra opinión literaria es aquel que da por supuesta –sin definirla, sin investigarla– la “poderosa influencia de Roque Dalton”. Se dice, se supone, se da por hecho que la poesía salvadoreña del último cuarto del siglo XX estuvo poseída por el fantasma del poeta asesinado en mayo de 1975. Y habría que preguntarse ¿hasta qué punto los hechos (literarios) confirman ese juicio que dan por cierto los simpatizantes y los detractores del presunto rey de nuestra lírica?
Las dudas que plantea la posible influencia de un autor sobre un determinado período de la historia literaria no pueden responderse especulativamente. Hay que fechar textos y reconstruir contextos y demostrar, por medio del análisis y la comparación, la huella poderosa de un escritor sobre el lenguaje de otros. ¡Cuidado¡ Cuando hablo del lenguaje de un literato como Dalton, no me refiero solo a facetas aisladas de su elocuencia o de sus temas que puedan inventariarse en un listado de figuras retóricas y de motivos recurrentes, me refiero también a su manera de concebir el discurso lírico y de situar la poesía en el horizonte de la peculiar modernidad de una cultura como la salvadoreña; me refiero, por lo tanto, a su poética.
¿De qué influjo literario hablamos, si aún no disponemos de una imagen crítica de la poética de Dalton que nos permita valorar hasta qué punto, en su unidad formal y temática, su proyecto literario ha dejado huella en la lírica salvadoreña escrita en las últimas décadas? En este sentido, nuestros juicios sobre el gran impacto del poeta carecen de fundamentación teórica y no están confirmados por una investigación meticulosa.
En los años noventa del siglo pasado, el cambio de la circunstancia histórica que supusieron el final de la guerra civil y la aparición de una conciencia posmoderna nos terminó llevando a la intuición de que algo se había quedado atrás en la voz del poeta. Así fue como algunas figuras del mundo académico y literario empezaron a sentir la necesidad de clarificar el tema del impacto estético de Dalton. Se advirtió que dicha huella no debía confundirse con su ejemplo moral. Sin embargo, tales aclaraciones –hechas en nombre de la autonomía de la literatura– no dieron paso, al menos entre los escritores, a una evaluación lúcida de la obra escrita y el pensamiento poético del presunto rey de nuestra lírica.
Aquí no hablo de la imagen compleja que del poeta vienen levantando y ofreciendo estudiosos como Ricardo Roque Baldovinos, Luis Melgar Brizuela, Rafael Lara Martínez y Luis Alvarenga, por ejemplo. El objeto de mi cuestionamiento son aquellos textos de naturaleza crítica donde los mismos escritores salvadoreños intentan definirse a sí mismos a través de la valoración del presunto rey de nuestra lírica. En esos ensayos donde son los poetas quienes juzgan al ya viejo poeta Dalton suele asomar el mal manejo que algunos creadores hacen de conceptos como “influencia”, “estética”, “política”, etcétera.
En lo referido a la fundamentación teórica de los juicios donde se predica el gran impacto de Roque en nuestra lírica, bastaría con darse un viajecito por internet para advertir que el concepto de “influencia literaria” suele ser acusado de ambigüedad, de linealidad mecanicista, de falta de precisión por autores como Paul Valery, Roland Barthes y Michael Baxandall. Estos señalamientos deberían obligarnos a utilizar con cautela el concepto de “influencia”. Por ejemplo: Cuando se afirma que X ha influido a Y, podemos decir todo y podemos decir nada, en la medida en que no establezcamos qué aspectos formales y temáticos de la compleja obra de X influyen sobre Y.
Y también una visión cerrada de la originalidad literaria puede convertir equivocadamente toda huella de un poeta en otro en un indicio de sumisión. Detectada la influencia se indicaría de inmediato la deuda castrante, pero, dado que ningún literato está libre de influencias (todos los creadores trabajan a partir de ellas), señalarlas no nos dice nada concreto acerca de cómo cada poeta se posiciona frente a ellas. Algunos quedan atrapados en la huella del poeta dominante, otros utilizan dicha huella como trampolín para sus búsquedas creativas personales. Estas y otras dificultades teóricas suelen saltárselas olímpicamente quienes hablan de la gran influencia de Roque.
El poeta del cual hablamos es también una figura difícil de abordar porque, dado el papel central que ha desempeñado en las encrucijadas de nuestra cultura, no resulta fácil separar su impacto ideológico de su influjo literario. Creadores cuyo estilo nunca cedió ante la fuerza del lenguaje del autor de “Taberna” pudieron verse condicionados por su “ejemplo moral”. Así que cuando alguien afirma haber estado influido por Dalton, hay que precisar a qué plano de esa influencia se está refiriendo.
Y la duda tampoco se resuelve indicando que nos referimos a su impacto literario, ya que, por un lado, en la obra del poeta hubo lo que podríamos denominar “periodos” y, dado que, por otra parte, en su obra de madurez asomó una concepción de la literatura en la que la ideología y el estilo desplegaron un baile complejo.
Si Roque fue el presunto modelo poético dominante, cómo determinamos el influjo de una obra susceptible de descomponerse en “períodos”, de una obra cuya trayectoria puede verse como una dialéctica y una metamorfosis ¿Hasta qué punto su heterogeneidad formal nos permite hablar de una voz uniforme? ¿Hasta qué punto podemos referirnos a “la poética de Dalton”?
Como hipótesis, podríamos decir que las formas que adoptó la voz del poeta a lo largo de sus libros fueron las distintas respuestas exploratorias que fue dando a las problemáticas relaciones entre el lenguaje, los temas y los valores que eran centrales para un escritor, intelectual y militante como él. Valorar esta trayectoria en sus diversas voces no puede limitarse a una búsqueda escolar de versos fallidos o a una simple enumeración de rasgos estilísticos.
Si estamos ante una obra en la que pueden vislumbrarse “etapas”, la cautela obliga a precisar las hipótesis sobre su influencia. Así podría decirse que sus textos del período “C” posiblemente marcaron a tales y tales poetas o podría decirse también que el poeta “X” quizás adoptó ciertos aspectos de un período determinado de la lírica de Dalton.
En lo que se refiere a los aspectos semánticos y formales del poeta, por mucho que ciertos temas puedan ser considerados típicos de su obra, lo que la define, como modelo, es la manera en que el creador abordó formalmente esos temas. Conviene recordar esto porque durante la época del conflicto ciertos motivos que impuso la misma experiencia podrían atribuirse equivocadamente a la influencia de Roque. En tal caso, la mejor forma de determinar su huella en la voz de otros sería a través de criterios formales.
Pero de las características formales de la obra de Roque no podemos rendir cuentas con una sencilla enumeración de rasgos estilísticos. Dichas características tienen que observarse bajo la perspectiva de su concepción del lenguaje poético. Esta perspectiva no puede aislarse tampoco de la filosofía social del escritor. Por un lado, Roque hace suyo el legado de la vanguardia literaria, pero, por otro, su concepción dialéctica de la sociedad subsume el lenguaje de la vanguardia en el proyecto de la construcción de una cultura nacional, popular y revolucionaria. Al menos en el Dalton maduro, esto supuso una tensión entre la lírica vanguardista y la intencionalidad retórica. En lo que al Dalton maduro se refiere, estamos ante uno de los escritores más auto-conscientes de nuestra tradición literaria. Era un poeta intelectual. Y este rango de creador intelectual, de creador con una perspectiva estratégica, ha tenido escasos seguidores lúcidos entre los poetas salvadoreños posteriores, a pesar de “la gran influencia” que se atribuye a Roque.
Cuando afirmo que fue un poeta intelectual, no señalo que, además de crear textos líricos, Dalton escribiese una monografía sobre la historia de El Salvador y ensayos sobre literatura y política etcétera, etcétera. Me refiero a otra cosa. Todos esos trabajos le ayudaron al militante y al escritor a formarse una imagen (equivocada o no) de la cultura salvadoreña, pero también, algunos de esos materiales, en un momento determinado, fueron objeto de un trasvase literario como puede verse en ciertas zonas de “Taberna y otros lugares” y en las “Historias prohibidas del Pulgarcito”. Podría ampliar con más ejemplos cómo las facetas intelectuales de Roque pasaron a formar parte de su poesía (en “Los hongos”, por ejemplo), pero basten estas palabras para hacernos una idea de la complejidad del escritor que presuntamente ha influido tanto en nuestra lírica moderna.
Este poeta “que tanto nos ha influido” ha sido ya objeto de estudio para varias generaciones de escritores salvadoreños. Uno de los mecanismos a través de los cuales se realiza la influencia es la lectura. A un lírico joven se le podría decir “Dime cómo lees a los poetas dominantes y te diré cómo te influyen”. En la cultura moderna, que tanto aprecia la novedad y la originalidad, una lectura inteligente –hecha por un escritor– debe hermanar la comprensión y la traición necesaria porque en el acto creativo repetir al modelo dominante es síntoma de falta de talento y originalidad. Las lecturas modernas, si son inteligentes, se mueven entre la comprensión admirativa y el rechazo. Las lecturas modernas, las hechas por los escritores, son parciales. En las lecturas de los creadores hay parcialidades superficiales y parcialidades profundas.
La asunción creativa de determinadas características de un poeta puede ser superficial o profunda. La asimilación superficial de los rasgos literarios de un autor puede ser el producto de una lectura limitada que al desembocar en la imitación creativa se aleja del entendimiento de la complejidad del poeta modélico. Un escritor inteligente no se desvía de un buen modelo recurriendo a la treta de caricaturizarlo. Quien se desvía de un gran poeta simplificándolo de forma tramposa lo que hace es perder una riqueza.
Como hipótesis, podría aventurarse, que entre los poetas salvadoreños, si acaso, lo que han predominado son las lecturas cegatas de Dalton. Unas lecturas que, por lo general, no se han apropiado ni distanciado críticamente, desde la plena comprensión, de las complejas estrategias del lenguaje que articularon la poética del Dalton maduro. Esta recepción limitada del Roque más complejo quizás fue el producto de lecturas hechas en un contexto de insurrección armada.
Muchos lectores y, entre ellos, muchos poetas interpretaron la obra literaria de Roque a través de una lectura superficial de los Poemas Clandestinos. Leyeron ese poemario póstumo e inconcluso confundiendo su naturaleza de táctica retórica con un rasgo estratégico y esencial de la poesía de Dalton. La sencillez metafórica de ese poemario obedecía a un criterio de oportunidad, no fue impuesta por la ideología sino que por una circunstancia comunicativa. Algunos entendieron que esa sencillez era una licencia que legitimaba el descuido y el desprecio estilístico. Pero tal como decía Cicerón: la sencillez estilística puede ser una adecuación retórica a un tema o una situación y esa sencillez no es necesariamente ausencia de estilo, es un estilo. Y, en este caso, en el caso de los “Poemas Clandestinos”, el estilo fue adoptado para un instante determinado de la movilización política y armada.
He dicho que la recepción parcial del Roque más creativo quizás fue el producto de lecturas hechas en un contexto de insurrección armada. Y he dicho “quizás” porque lo cierto es que, acabada la guerra, la mayoría de poetas salvadoreños siguió teniendo dificultades para interpretar al poeta y para apropiarse creativamente de su legado más complejo.
Si no podemos referirnos a la influencia de un autor, sin definir previamente un “modelo” de su poética; tampoco podemos esclarecer su impacto, si no proponemos una visión dialéctica de la influencia literaria. A esta última, entre nosotros, se le da un alcance generacional. Así se dice que los creadores de una determinada generación fueron moldeados por las figuras tutelares de estos o aquellos poetas. A los receptores de tal influjo suele vérseles como sujetos pasivos que hacen suya la voz de otros y permanecen prisioneros de ella durante toda su trayectoria creativa. En algunos casos esta imagen puede ser cierta; en otros, la historia demuestra que no es una nueva generación la que juzga a los poetas dominantes sino que son sus hijos directos quienes acaban cuestionándolos. Si entre el gran maestro y sus presuntos discípulos puede darse una dialéctica interna, hay que proponer una visión menos lineal y mecanicista de la influencia literaria. En nuestro caso, si no hacemos esto, no podremos explicar con rigor los cambios literarios de los años noventa. Críticos como Rafael Lara Martínez y Ricardo Roque Baldovinos y escritores como Miguel Huezo Mixco y Horacio Castellanos Moya iniciaron en la última década del siglo pasado una revisión desacralizadora de la figura de Dalton. Todos ellos, a principios de los 80, eran jóvenes admiradores del “poeta” y todos ellos con el curso del tiempo, el estudio y la experiencia fueron adoptando posiciones más complejas e irónicas frente al ejemplo moral e ideológico de Roque. Dado que las influencias literarias son un proceso en el que pueden gestarse la crítica, el desvío creativo y la mala interpretación, lo más sensato es concebirlas de modo dialéctico. El maestro influye sobre el discípulo, pero las creaciones y las ideas del discípulo con talento pueden acabar alterando la percepción que se tiene del maestro.
Pero la dialéctica entre el maestro y el discípulo, por mucho que tenga cierta lógica generacional, no explica del todo los cambios literarios. El cambio en la percepción de la obra de Roque Dalton en los años 90 del siglo pasado también se debió, como ya dije, a transformaciones de orden local e internacional que se vivieron en esa época. En los últimos años del siglo XX se puso de moda la desacralización de los símbolos de la izquierda.
Como no se ha investigado meticulosamente la huella del poeta en la lírica salvadoreña escrita a finales del siglo XX, no solo ignoramos el grado de profundidad que tuvo, tampoco sabemos cómo los creadores con talento de ese período entablaron un diálogo con esa huella. Y por esta razón no podemos afirmar, de momento, que todos los creadores de esa época fuesen imitadores pasivos del presunto rey de nuestra lírica.
Durante la guerra civil, en la década de los 80, se escribió y se leyó bajo unas circunstancias muy difíciles. La incorporación de muchos escritores a la lucha los confinó en las vivencias y las dinámicas ideológicas del conflicto. Eso medió la relación de bastantes creadores con la literatura y sus posibles destinatarios. En lo que se refiere a los lectores su relación con los textos también se vio condicionada por el conflicto. Poco se ha investigado el funcionamiento de la institucionalidad literaria a lo largo de ese período, pero es de suponer, como hipótesis, que estuvo sometida a presiones y que su condición quizás fue precaria. Una imagen idealista de las influencias literarias invisibiliza el contexto en el que estas operan. La lectura parcial y simplificadora de Dalton que tuvo lugar en esa década remite a una circunstancia en la cual la comunicación política impuso la exigencia de la claridad retórica. Esa mirada selectiva que dominó el marco social y el horizonte de la época no cabría atribuírsela por entero a las ideas de Roque, salvo que uno pretenda mitificarlo.
Algunos críticos han convertido a Dalton en una especie de sinécdoque y han entendido que dejar atrás su obra era dejar atrás el contexto de aquella época. Es cierto que una y otra guardan relación, pero no son equivalentes. No cabe confundir una circunstancia histórica con una obra literaria. Ese contexto que presuntamente fue dominado por la lírica de Roque fue el contexto que volvió difícil la socialización de una lectura compleja de su obra.
He dicho que la recepción parcial del Roque más creativo quizás fue el producto de lecturas hechas en una situación de levantamiento armado. Y he dicho “quizás” porque lo cierto es que, acabada la guerra, la mayoría de poetas salvadoreños siguió teniendo dificultades para interpretar al poeta y para apropiarse creativamente de su legado más complejo.
Las complejidades históricas del panorama literario de los 80 y el cambio de escenario en los 90 se han querido explicar acudiendo a una variante simplista y maniquea de los enfrentamientos generacionales. De esa forma, un Roque que no había sido leído ni asimilado de forma compleja se convirtió en el enemigo del pluralismo literario y en el obstáculo para la aparición de nuevos caminos en nuestra lírica. Cuando el terreno era propicio al fin para una apropiación creativa y crítica del legado más complejo del poeta, lo que algunos hicieron fue levantarle una leyenda negra y maniquea que se vistió con los ropajes de la desacralización posmoderna. Para que esa desacralización maniquea funcionase como rito de paso había que convertir a Dalton en el nefasto Rey de la lírica salvadoreña de los años 70 y 80.
Las tesis de los hagiógrafos y los detractores del poeta que le imputan una gran influencia en nuestra lírica, como ya lo hecho dicho, carecen de fundamentación teórica y no han sido verificadas por la investigación literaria y, en esa medida, son una continuación de las leyendas que rodean a la figura de Dalton.
En resumidas cuentas, aun no estamos en condiciones de presentar un juicio seguro y matizado acerca de cuál ha sido el alcance y la naturaleza de la influencia del presunto rey de los poesía moderna salvadoreña. Si esto es así, gran parte de la crítica que se ha hecho en las últimas décadas sobre la centralidad de Roque en la lírica de los años 70 y 80 se apoya en premisas que aún no están demostradas en el terreno de la investigación literaria. Todo lo que podamos decir al respecto pertenece al ámbito de las hipótesis, a pesar de que nuestras intuiciones nos digan lo contrario.

Álvaro Rivera Larios

Nota: El presente trabajo ha sido reproducido con la debida autorización del autor.

martes, 5 de enero de 2016

LA INFINITA ZONA DEL LENGUAJE DENTRO DE LA LEJANÍA

Daniel Montoly, poeta




LA INFINITA ZONA DEL LENGUAJE
DENTRO DE LA LEJANÍA



Daniel Montoly



El salvadoreño, André Cruchaga (Chalatenando, El Salvador 1957) es una de las voces más sobresalientes dentro de la poesía contemporánea hispanoamericana, como demuestra los distintos poemarios que ha puesto en manos de los lectores pero Cruchaga , cuya obra poética figura traducida ya a varios idiomas, como son: el vasco, el francés, el rumano, el catalán y el inglés, viene a reforzar  más la fuerte e ininterrumpida tradición poética centroamericana como corrobora Lejanía, obra bilingüe español-inglés. En este libro, el poeta recorre, encuentra, forma y define su inquietud ante una nueva realidad personal, que durante tanto tiempo ha permutado en la psiquis de quienes cultivan el género poético. En Lejanía, el poeta desconstruye lo que observa definiendo la aprehensión filosófica del ser en relación con la distancia que surge dentro aislamiento propio del contexto urbano asegurando lo siguiente: /Pertenezco a esos brazos que consagraron mi existencia./ Este verso define la vulnerabilidad del ser humano en la posmodernidad, definiéndose como un ente para él cual el presente resulta ser irrelevante por la incomunicación interpersonal de las relaciones. En otra línea el poeta vuelve a recalcar sobre la problemática humana  en su condición del ser posmoderno, atormentado por encontrar sentido a los fenómenos que demandan de su atención y que de no ser por la herramienta del lenguaje quedarían sin respuesta cuando en un arrebato lírico artaudniano canta: / Cerca de mí sólo existe el infinito y los kilómetros de ahogo de mi locura./

En otro poema Cruchaga introduce el dedo dentro de la hondura de la herida al expresar: /Vos en el instante preciso del firmamento con toda la madera del invierno./ Resulta significativo que el poeta represente en este verso la angustia que simbolizada por el invierno trasluce el estado de orfandad ante la ausencia del amor que mantuvo el fuego de la vida ardiendo. / Las calles siempre tienen la tentación de hablarme: existen./ Su realismo es conmovedor hasta el punto de sacarme las vísceras./ Este verso es una aseveración resoluta y determinante en la cual el sujeto que observa se encuentra definido por lo que observa. Notemos que ante la ausencia de un interlocutor válido, capaz de hacer recíproco la emoción de la voz ya que el poeta no describe un panorama en donde el otro, ese marco de referencia de toda comunicación  no existe. Lejanía, como el título implica significa la percepción fugaz del ser humano por recrear otra realidad mediata, retenerla y en el proceso, sobreponerse a su mortalidad.

Eta obra poética, es un baúl de sorpresas por los giros neo-surrealistas, imágenes cautivantes y el desborde lirico-filosófico con que André Cruchaga enfrenta el hecho cognoscitivo que desde el origen del hombre ha estado en el centro de todas sus preocupaciones. Admiro la destreza de Cruchaga para  entregarse para jugar con las contradicciones que existen al interior de las cosas y su forma, y la limitación humana de percibirlas como ponen de manifiesto estos versos suyos que a continuación reproduzco: /Es un juego de antojo la piedra en el zapato./ Todas  las calles amarillas donde juega el grito para oírse, la erección alrededor de los jardines./ Como vemos este uno de los giros neo-surrealistas de Cruchaga que demuestra que el ser se siente siendo definido por el tiempo y no por la empatía humana, sólo así puede éste volcarse a descubrir el potencial del lenguaje como instrumento o herramienta para hacer del otro como se percibe en el verso a continuación: / Siempre es así la tinta invertebrada del lenguaje: no importa cuántas sombras se mastiquen en la vagina del jardín./

Lejanía es para el lector, una definición individual que dentro del tiempo enfatiza sobre el rol importante que la comunicación humana está a desempeñar en el discurso posmoderno del siglo XXI porque como expresara un famoso filósofo: “El ser es la definición de su tiempo.”  Algo corroborado por la poética de André Cruchaga en este poemario con este maravilloso verso: / Cada día cavamos nuestra fosa junto a la inhospitalidad de los relojes./ Nunca antes fue más visible, la inhabilidad personal del ser humano para encontrar sentido a su existencia, caracterizándose hoy día por la confusión y el nihilismo narcisista, algo que el poeta pone en evidencia de esta manera: /Es tan abundante la nada que hasta en la ropa transpiro su hedor./



No desaprovecho la oportunidad para resaltar el excelente trabajo de traducción de los textos que componen Lejanía hecho por la poeta y traductora mexicana, Grace B. Castro Haro, quien magistralmente refleja la complejidad estilística de Cruchaga sin perder la originalidad o la espontaneidad del ritmo, algo muy difícil de lograr cuando se traduce. Este libro es una obra digna de figurar como texto en las clases de literatura latinoamericana de cualquier universidad norteamericana. Concluyo esta humilde nota sobre este maravilloso poemario de André Cruchaga parafraseando al poeta con este verso: / Sólo llegando al final, supe cuál era el principio./


Daniel Montoly
Columbus, Ohio 2015