viernes, 13 de abril de 2018

POESÍA: ARS MORIENDI ANDRÉ CRUCHAGA

Ars moriendi-Andrè Cruchaga





POESÍA: ARS MORIENDI ANDRÉ CRUCHAGA

César Ramírez



Álbum del viento, mi atención se queda inmóvil observando los golpes de las palabras al umbral del inconsciente, cada verso construye un final o un principio que el lector identifica como propio. Un cuaderno de follaje una vecindad con la muerte, signos apacibles de aceptar principio o fin de una reliquia onírica sin temor alguno, hasta con cierto humor intelectual: “me encanta ser el insecto imaginario del arco iris: flotar en la misma tinta del vuelo… y los muslos un desfiladero rotundo”. Destino de trenes … “gritan al anochecer, arrastran cuadernos oscuros, beben los brazos del latido, endosan folios de la noche y el día” no son entonces máquinas gigantes con su velocidad terrestre, ni su fuerza mil elefantes, esos destinos de trenes son la vida, en la poesía de André; una multitud del vértigo con un “calendario de añil” que imagina un rastro de generaciones coloniales en una nación con tradición azul, su patria ancestral en varias centurias presentes con su sangre y su ciudad Tonacatepeque. Puerta amanecida “ luz derramada en el hilo de la ternura, filo memorioso de la luz hacia el ombligo, campanario reptando hacia el eco del parto”… esa ciudad de vida en familia, de callejuelas con fronteras en montañas, de peligros recientes, silencios de muerte, mientras la vida se enfrenta a su destino programado para terminar como al principio, escombro de paraguas en el viento… atrapando huellas con epitafios de la misma sangre. Salvación de la armonía porque necesitamos de la incoherencia para anotar: “en la boca, el libro, el cuaderno, la palabra necesaria”, así sea a retazos o gritarlo con imaginarios fragmentos que todos sabemos, pero no confesamos. Abismo infinito “no encuentro, lo sé, absoluciones para las lamentaciones” es el abismo, esa distancia tan cercana entre personas y universos, usualmente son lamentos que la humanidad pronuncia como un carrusel en todas las épocas. La música acompaña el Funeral de los pájaros y escuchar el “epígrafe” de una canción de los Ramones nos conduce a la estridencia de ese poema, no se puede olvidar la acústica en “otra vez, la aurora, al nacer muere en la almohada”. Desnudes de la memoria, “ tiempos clandestinos en donde la intimidad fue intensa estrella”.., Ciprés en el viento “su río de ceniza premonitoria” el contexto de ese adiós final  y compartido, “donde amanecen trenes como cipreses”. Descalza, la vena de la aurora, Bostezo de la piedra “que todas las piedras son bocas adustas, picoteadas”… “arengas de escapularios desvividos” es la mutación de la extrema materia de los campos santos, donde aletean aves de todo tipo, incluso sin féretros. “me despido formalmente de la otra cara de la moneda” “En la otra vida habrá que darle cuentas a la eternidad impasible” con esa sentencia inicial borgiana “mi reino es de este mundo. Cárceles y carceleros”... que así sea.. .  Y así la tarde huye frente al espejo, transmitiendo el otro rostro de la moneda, los contrastes de la risa, en el contexto de cierta alegría en este mundo informático que excluye toda felicidad literaria como si fuese pecado. Tiempo proscrito “uno está a salvo cuando se aparte del tobogán de la noche” así es, cuando la oscuridad no protege, entonces solo acudes al enfrentamiento confiando en que los señores del destino tengan piedad “nadie diga nada de la fuga, es el sueño que se rompe de cansancios”. Inventario a Luis Antonio Chávez “provisto de recuerdos, calles subiendo a la memoria” en los senderos urbanos de éste país. El estrecho dudoso de las palabras “hemos inventado las palabras” prisiones artificiales, “me aburren las palabras huecas esas que la cortesía embalsama” .. Alegría olvidada “cuando vuelva la alegría, habremos de quitarnos las máscaras”, desechando el artificial poder terrestre. Extraños días y caminos “uno se acostumbra a ver rodar la sangre…” entonces surge la resistencia del poeta, que ilumina a los ciegos. Ars Moriendi “pronto será temprano para habitar la tierra”… quizás nunca será tarde para amar en esta tierra, plagada de amigos y amigas que celebramos su palabra André. Monólogo de la sombra “ siempre he resucitado de los pantanos…” “este platicar conmigo a lo largo del camino” así imagino el destino en eterno combate contra el silencio. Silencio derrotado por la poesía en cada verso y aunque suene a consuelo alivia el oído y alimenta a muchas generaciones. Cancelación de la fosforescencia “un camino de alegría y no un invernadero para escribir epitafios” la esperanza incansable de un día diferente acá en el signo de la violencia. Búsqueda “Nunca llego al final. Siempre te busco, luz en cada ventana que amanece” la recurrencia de cada día diferente, la dialéctica desigual de la aparente e inalterable ventana,  Heráclito en su distancia es cercanía en el poeta. Rasgada vestimenta “todas mis vestimentas han dejado de ser follaje para convertirse en un sol enroscado de crepúsculos” sin nada que ocultar, sin nada que fatigar, el ser llega a su génesis como en el génesis material. Ars Morendi “Se muere tantas veces que la propia muerte resulta irreal, inusitadas imágenes sin Lázaro”… el saldo de vida es positivo, hasta un día que nos cobran tanta suerte, somos una especie de jugadores inconscientes de ese día, lo cual es mejor afortunadamente. Reloj calcinado “el reloj ha dejado de ser palabra con balcones, ahora tiene escapularios”… Letanía del vértigo en la realidad de una nación sitiada por la violencia “vivo en esa Patria efímera de mis propias resistencias”. Ars Morendi “ me he preparado con cierta ingenuidad de niño para ese gran día: por supuesto, no tengo nada más que mi alegría”. Decadencia “ uno nunca sabe para qué tanto respiro, días de confeti, minutos de amor, golpes de pecho, las calles que huelen a mortalidad” en ese poema se atisba la respuesta: “el oficio de escribir es también otra forma de dispersar las aguas” así se elimina la apariencia. Claves del desánimo… agradezco la dedicatoria de este poema “Hay un mundo incierto que veneramos en la postrera sustancia de las quebradas” en estas situaciones o palabras podemos encontrar un mundo que irradia objetos materiales e intangibles que no sirven para nada, el desánimo invade, pero en ese combate la alegría triunfará como nosotros contra el fatalismo. Oficio del Moho “ por poco me acostumbro a la demencia” pensar en el rito, el encuentro con ese mundo para algunos irracional, para otros la metáfora no es de este mundo. Último pábilo “Ahora resulta que el delirio contribuye al calentamiento global” entonces uno piensa en las noches de frío con la ausencia inesperada, fusilado por el recuerdo, sin nada que consuele tanta nostalgia. Alrededor de mi escritura “es fácil cambiar de rostro y convertirse en el personaje bueno”… efectivamente todo parece un supermercado de emociones. Ars Moriendi “siempre se cae irremediablemente en la trampa de los minutos” atrapar el tiempo… efímero asalto al Nirvana en el día a día. Extrañas paredes “Un día disertaré sobre la distribución equitativa de la perversión” porque en este momento no es un acto de justicia, sino de ciegos políticos y dementes capitalistas. Edad de las palabras “Si me remonto al absoluto, sabré la edad de los relámpagos de mis ojos” donde la intuición reina se puede ser más humilde. Ars Moriendi “hay que vivir sin reprimir los epitafios anticipados…” de esa manera ilumina un pequeño sol horario en el calendario, lo sabemos con mucho humor. Ávida evocación “nada es más cierto y contundente que dormir en el filo de los durmientes” a tono con el contexto de un libro que danza esperando el tren de su vida. Anhelo en la penumbra del jardín “ciertos muertos cada día agregados al plato de comida” en la confabulación mediática negativa, como si el sol no irradiara vida con transformaciones. Avidez “… horizontes donde silban trenes, y diafanidades resumidas como en un invernadero” donde las palabras palpitan nuevos horizontes con un guía que anota esa ruta esmeralda. Digresiones “Cada quien se resigna a la apariencia de su cuerpo” la mención del teatro griego en una metáfora próxima y universal. Sombras abisales “Sé que la historia salvará mi respiración a fuerza de abdominales” exactamente con la voluntad de los amigos y amigas que incursionan en los sitios nombrados. Húmedos contrastes del espejo “Hay Hefesto en esta cadencia del infinito y no Hades que espíe el ahogo” la fragua del trabajo y los deformes virtuosos capitalistas, donde el cuerpo desaparece sin rastro en la oscuridad. Buen augurio “ …los apóstoles, exégetas,  los iluminados que ven la aurora desde limusinas” en la composición retorna el mito náhuat-pipil con el ojo de venado, la ruda, la limpia, contra la herencia escéptica entronizada del siglo veintiuno. Frente al espejo del traspatio “Es evidente que en este diálogo he perdido el tiempo…” una leve conclusión de la realidad ante el espejo, el mismo que le espera cuando “abro la cerradura del traspatio…” Epístola mortuoria “La piedad es un artículo de lujo, cara para ponerlo a la vista de todos” en ese panorama macabro de la violencia que nos invade. Walk Down “He tocado fondo tantas veces, que ya la escoria me es familiar” en ese sitio ya no hay donde ir, entonces proclama “ (he) dejado de recordar la súplica”. Pesadilla del fuego “ De vez en cuando disfrazo mi brazo y la risa: hay días solo para masticar alacranes..” con el espíritu contracultural del dominante esquema capitalista. Ficción de la ausencia “... hay ficciones creíbles, hay ausencias ciertas” en medio del laberinto la mención de justicia parece caer sin paracaídas. Llueve a cantaradas “ En cada gota de agua, el destello invisible del sonido, el libro de lecturas a media luz…” la fotografía de las madrugadas tropicales, llueve, con música de piano en los techos. Embriaguez de la linterna “Aprendo las vocales con todos los cirios mortecinos de las tildes” entonces se puede viajar entre las líneas de la poesía para “celebrar los colores después de olvidarlos”. Reloj de musgo refleja al caminante, un fatigado estudioso que se resigna y desconfía al final de todo. Tiempo acumulado en cementerios “si hay un duelo a muerte con mi alma, es la aurora” es un momento feliz, poemas al alba que incendian con vida las silenciosas lápidas. Capital del antifaz “Oí mi voz en el tropiezo: la sangre en la cara (eras vos)” una réplica del momento histórico, un rostro en el rostro. Construcción del desgarramiento y  Paréntesis, contienen la imagen de Heráclito, el aforismo, con sentencias precisas “en cada puerta, banderas del olvido. Solamente el olvido “está aquí el atajo a través del cual el olvido se acomoda” parece el final de la búsqueda del poeta, en armarios, alacenas o una voz que nunca se encontró. Desatinos “Y por si acaso, desafiamos la grandeza de Heráclito” aquél filósofo que afirmó que todo está en movimiento o la teoría de los opuestos. Rapto de la agonía “La agonía, la flema en las ventanas, el rictus de la historia desangrándose” es un tema recurrente la guerra civil, entre los ojos aún vemos a no pocos morir injustamente. Presagio del espejo “alrededor de cada página pasan los incendios” sin fecha emotiva, parece que el tiempo de las palabras sucede en este instante, la constante herida del miedo o la traición de los fanáticos. Aguas invadidas  una mención universal, mutable al agregarle un apellido, aguas de todo tipo, sagradas o gentiles, “me inunda el río desbordado de lápidas” con el agua que descubre huesos en cementerios pobres. Lluvia del cuerpo “nos persignamos, pero envenenamos con el desastre los propios pensamientos” en fragmentos posibles e intimistas…  y catorce poemas más.
Debo expresar mi asombro ante este prodigio de metáforas, es un complejo aforístico que impacta al lector, uno celebra entonces Ars Moriendi de André Cruchaga con prólogo de Teresa Moncayo, como celebra la palabra del buen poeta.
                 
San Salvador, El salvador,
14 de abril de 2018

sábado, 3 de febrero de 2018

ARS MORIENDI, LA FORMA DE SU HUIDA* PRÓLOGO

Teresa Moncayo,
Escritora y prologuista de Ars moriendi






PRÓLOGO



ARS MORIENDI, LA FORMA DE SU HUIDA*
PRÓLOGO

Teresa Moncayo.
               La poesía de André Cruchaga no está basada en la forma sino hecha de pedazos de sentimientos y trozos de vida arrancada de su alma. En sus versos declara desterrar la máscara de aquéllos que agitan banderas y proclaman justicia, nos dice desde su debilidad básica de poeta “la sombra del tiempo que nos ha hecho renunciar al paraíso”. No hay versos que indiquen y que indignen más que esta reveladora afirmación. Por lo que su sentimiento se asemeja al ideal político de Unamuno tratando de contribuir a la formación de la conciencia y que se fija como un núcleo a lo largo de su vida, despejando en cada uno de sus lectores la noción de hombre libre dentro de un escenario grotesco donde los arribistas se interesan sólo en que sus honores sean considerados y además, hecho público. Una actitud propia también de Antonio Machado que da la mejor lección de dignidad de la política (siguiendo éste el modelo de Descartes).  ¿Qué nos propone André Cruchaga?. Hacer poesía en medio de la ciénaga (como sustancia estancada) mientras pisamos la yerba que oculta el espacio florido. La contradicción como una atalaya inexpugnable que viene a extenderse y a unificarse mientras hallamos la verdadera identidad del hombre. En este sentido André es un poeta comprometido a través de sus versos (metáforas que se hacen ver por en medio de las rendijas abiertas) buscando tal vez la revelación de la palabra. Y llegado a este punto, me pregunto si nuestro poeta es un revolucionario o un místico?, esencialmente. La respuesta nos la da él mismo: “me encantaría ser el insecto imaginario del arco iris; flotar en la misma tinta del vuelo”… Es el lenguaje usual de Cruchaga, revestir los pensamientos de las más exquisitas metáforas irrumpiendo en su vuelo los contrastes de las sombras atravesando los cementerios:

                                  Escribir sobre lápidas, los fragmentos
                                  De mis propias ausencias”.

          Siempre el verbo flameante hasta el delirio; viviendo al límite del aire, de los duelos, de los adioses; respirando las palabras, los sueños y los silencios frente al espejo (como símbolo de equidad en un país de desigualdades). Los silencios hablan y, a veces, contradicen a la palabra, atraviesan y descienden escalinatas y caminan sobre inscripciones fúnebres. Y le sirve al poeta para  conectar con esa fuerza creadora que se convierte en un canal directo para su creación, donde la conciencia capta lo que existe en profundidad, por encima de otras capas aparentes. Pueden ser aposentos para descansar o pueden devorar las larvas de la palabra o, como dice André, “los silencios nos va dejando una camisa de cicatrices”. No en vano nuestro poeta va desplazando hábilmente los velos que cubren el nuboso horizonte y las horcas (como figuras retóricas) que se mueven en un plano superior y, desde ese ángulo, advierte la necesidad de una primavera abierta a las bellas prácticas:

                                 “Necesito claridad de luces,
                                  Librerías de entusiasmados estantes,
                                  Alacenas con estrellas”.

          El eco de la luz en su vuelo no alcanza sino a ser derribado por el “eterno pellejo de un país abandonado”. André sostiene en su hálito el propio color del invierno y los silencios amanecidos. Y golpea con versos las losas grises en un paisaje horadado (taladrado de parte a parte). Y se pregunta con esa punzada que corta la alegría ¿dónde están los vientos cálidos, dónde los pájaros, dónde los caminos sin riesgos?. Mientras le suena la voz del único enemigo auténtico, como un aviso de ultratumba, como una bruma que todo lo cubre, y que sustituye como un engendro a los ausentes arco iris, a la atalaya de libélulas (en el sentido figurado). La palabra es necesaria para liberar emociones y ansiedades, y para no llegar a los brazos de la provocación como una manifestación inesperada. Y dentro de ese tiempo sostenido, André aspira a ahuyentar a las sombras, “al viento amargo, a la congoja de un país que se comió los colores”.

          Renacer con los claroscuros como un inicio de combatir la rigidez corrupta, de sacudir el tedio, de prescindir de ese concepto de abuso de poder (habitual en nuestra sociedad) a través de distintos mecanismos de coerción. Y ese es el goce extraño por el que nuestro poeta enciende antorchas en la vastedad de sus poemas escoltados siempre por la multitud de metáforas que reviste a los verbos, a veces, con mágica hermosura y, otras, con extraños engendros. Pero siempre desde la óptica de la razón y desde la idealidad. Una contradicción que hilvana con puntadas certeras y con conceptos bien clarificados (ya sea entre los dominios majestuosos de las alegorías y la realidad más efectiva). Todo se integra en ese ejercicio de vida atormentada de patria, de amores, de coherencia y de locura. Arrastramos nubes de polvo negro (como sustancia viscosa), campanas de pullas y sacudimos lirios en las úlceras; invertimos la luz que se aleja de puntillas y sembramos sonrisas de plástico, los discursos simbólicos, la ceremonia del entierro. Y las emociones se disparan y se diluyen como una guirnalda de amaranto, como un símbolo de amor y de muerte. Porque la masticamos como un enemigo que vigila a su presa. ¿Quién puede sostener este proceso?, dejar ese siniestro influjo que nos arrastra por rutas desconocidas ¿oscuras o azules?. Las leyendas cristianas prometen una existencia feliz (Shakespeare en Hamlet), lo contrario de las leyendas antiguas (Odisea de Homero) ¿hacía dónde vamos?. Según Vicente Huidobro, en Arte poética:

                                        Que el verso sea una llave
                                        Que abre mil puertas.

Según Rubén Darío en “Lo fatal”:

                                        ¡Y no saber adónde vamos
                                        Ni de dónde venimos!...

          André se asoma a una visión irónica y desencantada, al igual que las búsquedas de éstos, como ocurre en la “Epístola a la señora de Leopoldo Ligones”. Pero nuestro poeta no tiene contradicciones vitales a pesar de integrarse en la poesía Modernista.

          Hay muchos elementos superfluos que avanzan como noctámbulos en su madrugada llena de astillas y que se manifiestan visibles en la metáfora como una amenaza en el horizonte. Y donde a veces necesita encontrarse con la idea súbita de su acabamiento. Una imagen impulsiva y brutal:

                  Siempre estoy de paso respirando las palabras que van conmigo
                  Sobre todo cuando no hay razones para quedarse.

          Una manera de hacer un alto al fuego al enemigo. Él no conoce el olvido y no justifica la existencia de tantos muertos, de aquéllos que no pudieron hacerse viejos porque no lo dejaron (a pesar de la resistencia). “En las estaciones hay otros ojos moribundos iguales  a los míos”.

          Y rememora los días en el abrazo del alba, el brote de las ramas, la lluvia copiosa en las maderas, el camino de las palabras, la lumbre de ocote…

          André Cruchaga no es indiferente a las tempestades, a aquéllas tormentas de niebla que le da un rumbo de tristeza, a aquéllas ataduras de la conciencia que lo mantienen en constante vigilia, a las enredaderas de piedras y a la vida que se vuelve escombro. Y asume que hay demonios y escapularios y ríos desvelados y lagunas de cielo. Siempre las paradojas en su anónimo espejo. Y los sueños como una necesidad de sobrevivencia:

                Al otro lado del mar la espuma amarilla de la deshora, mientras
                Brota el malecón mojado de luciérnagas.

          En estos versos nos descube su carácter intimista y lírico por esa búsqueda de paisajes exóticos (propio de los románticos) auque no se caracteriza por la evasión de la realidad. Pero sí se hace presente la melancolía que le da un nuevo valor a su escritura.

          Desde su HUMILDAD nos ofrece una perspectiva filosófica que tiene mucho que ver sobre su noción del Ser, en este sentido su pensamiento está muy cercano al de Antonio Machado, ambos tienen una voz afortunada y los dos se abren al simbolismo francés, también otros poetas sintieron la necesidad de aliarse a este movimiento (Verlaine, Mallarmé, Darío, Juan R. Jiménez…). Al filósofo se le puede pedir el esfuerzo de la claridad, pero no al poeta. No significa que Cruchaga no lo sea porque en el fondo, él modifica su experiencia a su realidad y es ahí donde halla sus equivalencias verbales para expresar sus estados de ánimo. Y eso presupone derrames de sangre sobre la tinta y atravesar el arco iris… Siempre las contradicciones que se establece en el recorrido del poema:

                      La niebla pasa persuasiva sobre las sienes,
                      Los días de páramo hacen lo suyo en el dintel, el espacio
                      De la respiración con sus árboles crecidos avanza el tiempo.

          Para Cruchaga la noche es un referente de “sombras perversas” donde la respiración encuentra los caminos cerrados y donde la memoria está en medio del cieno:

                      Ya he caminado largos vuelos de ojos nocturnos. Los párpados
                      Quemados en la hoguera, los dedos llagados de tantas aceras,
                      El tinte profundo del presagio.

          Y el interrogante como una constante en su poesía: ¿”Cómo sobrevivimos a esta deslucidez” me pregunto”?. La respuesta (según él mismo) son variadas y entre ellas: “No entiendo tanta perversidad encallada en la respiración”.

          Él podría enseñarnos sus emociones, podría conquistar y reconquistarnos con sus versos, sorprendernos con las metáforas, impulsarnos con sus destellos de luz y de sombras, influenciarnos con su temática, emborracharnos de ritmo y vapulearnos con su lenguaje. Pero seguiremos desvistiendo a aquéllas imágenes hasta dejarlas vírgenes. Lo cual significa que su espíritu se encuentra entre sus más íntimos lectores. A pesar de aquellos pensamientos hondos no revelados. A pesar de su huida ante las multitudes. A pesar de su silencio (siempre habrá una ventana abierta, un espacio clareado) por donde podamos deleitarnos con esa pureza metafórica, a veces, difícil de dominar. A pesar y, aunque él insiste en que “prefiere el camino llano del surco, el arroyo en la cópula íntima y que huela a tierra la espiga”. Y para dejarnos aún más desconcertados, añade: “busco la sencillez de las palabras y no ese pasadizo de túneles secretos”. Por lo que fundimos el conceptismo con el culteranismo y encontramos una mezcla de idealismo y realismo donde André practica siempre la poética del ingenio conceptual, como pinceladas de armonía en cuya mixtura aparece el reflejo deslumbrante y la angustia emocional como dos signos o trazos que nos permite conjeturar sus estados de ánimos, sus arrebatos testimoniales su defensa a ultranza de su país que lo rompe por dentro: “en el silencio del cuerpo, en la altura del lecho de los ríos, muero, es un ir a diario, tocando la hora de las puertas”.

          Los símbolos se vuelven grises, los ecos sepultados, las figuras míticas postergadas en las sombras. Si acaso describir tus poemas es embarcarse en una metáfora?. Y dónde la parte soñada?. La aventura para introducirme en tu memoria y hallar sólo residuos de realidades rotas, de viajes ahogados. Y sonreímos irónicamente para no desfallecer e intentar reconquistar algo bello de ese fondo (si quedara). El horizonte nos ofrece caminos para conquistarlos, azules horizontes complejos e inexplorables. A veces como un monstruo que se desplaza como un río de aguas turbias. Y otras, como un lecho de espumas blancas (todo se deshace, como el hielo en la cálida tarde o, haciendo uso de la hipérbole, también el estado de ensoñación). Siempre los ecos y los espejos (según Machado) "son ojos ciegos que miran los ojos con los que veo" o, según Octavio Paz "el espejo que soy me deshabita". "En realidad, nada queda de los años". André se mide con su propia fuerza sin otro pretexto que fortificar su alma frente al Judas de la muerte que le sacude por dentro como un vendaval que lo dejara deshecho: “toca morder la piedra en el trasfondo de la esperanza, librar todas las batallas terrenales”. Y como una rueda de emociones va girando su espera a la muerte, a esa sombra que se prolonga por la vertiente de tantos perfiles. Acaso librar esa batalla es una excusa para dar vía libre a sus versos?. Sería como mandar a los guerreros a una guerra dudosa…, agregar el cuerpo mutilado la prueba cierta. Los versos con la sangre derramada por cada costal de la metáfora. Por cada figura retórica. Y el poeta en la vertiente del ritmo, en la cima de la rima, en la certera medida, en las deslumbrantes sílabas: “aquél hechizo en las manos, desnuda la escalera de la agonía, la hora infeliz de la escritura”:

                           Abro la caja negra donde está mi cuerpo
                                (como simbología del infierno).

     De esta manera desarrolla André Cruchaga sus pensamientos, con un prestigio excepcional que lo sitúa en la primera línea de los poetas latinoamericanos. Con un inmenso número de publicaciones de poemarios  que son como alas que sobrevuelan los vientos (a veces con derrames de sangre en sus alerones).


*la forma de su huída”, verso de Juan Ramón Jiménez.        

jueves, 5 de octubre de 2017

OFICIO PARA SONÁMBULOS

Gregorio Muelas Bermúdez






PRÓLOGO



OFICIO PARA SONÁMBULOS
PRÓLOGO



Corta la vida o larga, todo
lo que vivimos se reduce
a un gris residuo en la memoria.
Ida Vitale



La poesía de André Cruchaga es un apasionante viaje iniciático por las calles más intrincadas y oscuras del alma humana, unas calles humedecidas por el relente de la melancolía, porque el paisaje de fondo que se vislumbra en sus poemas no es más, ni menos, que un reflejo bruñido de nuestro interior más torturado. Un fondo, por otro lado, plagado de contrastes, al que el poeta salvadoreño  ha sabido aplicar la forma idónea, el poema en prosa.

André Cruchaga hace poesía del conocido aserto de José Saramago, según el cual el Nobel portugués decía escribir para desasosegar, es decir, para incomodar la sensibilidad del lector con la intención de poner en crisis el sustrato de su conciencia. Para ello, el autor recurre a un lenguaje incisivo a la par que efectista para provocar ese despabilamiento capaz de abstraer al individuo del conformismo más inocuo y vacío. Porque la vida duele y somos herida abierta, André Cruchaga indaga en sus extremos con el poder que le otorga la palabra encendida.

A priori no resulta sencilla la lectura de los versos de Cruchaga, que es capaz de llevar el lenguaje al más alto nivel de inventiva, llegando a asumir los presupuestos surrealistas. Así las metáforas, tan deslumbrantes como crípticas, se suceden e hilvanan de un modo muy singular. Sin duda, André Cruchaga exhibe un estilo propio, sin parangón en el ámbito latinoamericano actual, que gracias a su innegable calidad estética, forjada en el yunque del culteranismo más ecléctico y vanguardista, con más espacios de sombra que de luz, y merced al ritmo subterráneo de su escritura, ha conseguido trasponer fronteras, tanto físicas como idiomáticas, así sus libros han visto la luz en Estados Unidos, México y Cuba, y sus versos se han vertido a diversas lenguas, como el francés, el inglés, por Grace B. Castro H., el euskera, el catalán, de la mano de Pere Bessó, y el rumano, gracias, entre otros, a Elisabeta Botan y Andrei Langa. Un cosmopolitismo que dice mucho del eco y alcance de su obra.

Y es que a André Cruchaga ninguna palabra le es ajena, ninguna se resiste a formar parte de su discurso, un discurso, por otro lado, que fluye torrencial y cadencioso, como expresión cifrada de un pensamiento crítico. De ahí que su léxico sea asombrosamente amplio, con un uso eficaz de la sinestesia, el clímax y otras figuras retóricas, dispuestas al servicio del ideario poético de su autor, siempre fiel a su estética, de la que se desprende una reflexión sobre el sufrimiento y la angustia. Podríamos tachar a su poesía de existencialista y sería insuficiente para definir una propuesta que en verdad supera cualquier etiqueta, todas parecen exiguas para abarcar los múltiples matices de unos poemas de esencia onírica.

Una extensa cita de Joan Brossa, referente del poeta, a modo de proemio (conviene nombrar a otros autores, como Efraín Huerta, Vicente Huidobro, Ida Vitale o José Martí, o los franceses Jacques Prévert, Louis Aragon o Paul Éluard, a los que el poeta cita entre sus páginas y que permiten reconocer algunas de sus influencias) abre paso al “Litoral” de versos que transitan por las calles de un libro complejo, metafísico, que es un dechado de significantes y significados. Si antes se hacía alusión al culteranismo, ahora se podría hablar de un conceptismo barnizado por el influjo de la vanguardia. André Cruchaga bebe de muchas aguas para calmar su ansia, pero es su enorme capacidad dialéctica y la plasticidad de las imágenes que crea las principales características de un estilo tan elocuente como preciso.

Los ochenta y tres poemas que integran este libro se erigen en otras tantas maneras de interpretar el mundo, el mundo propio del poeta, que, con su decir particular, único, enuncia la estrecha relación o permanente vínculo que hace de las cosas un flujo continuo. No es de extrañar que estos poemas no se agoten en una sola lectura pues exigen del lector una atención metódica, solo así, tras sucesivas lecturas, podrá advertir los numerosos senderos que se bifurcan, la multiplicidad de matices y aristas, el tono de denuncia que vierte en su poesía.

Nos hallamos ante poemas que se estratifican en diversas voces, expresadas en letra normal y en cursiva y habitualmente marcadas por paréntesis, guiones o corchetes. Ciertamente no existe mejor forma de enunciar este vehemente discurso contra la intolerancia. Pero si algo caracteriza el estilo de Cruchaga es el particular tratamiento que hace de los temas que le preocupan: la muerte, porque el poeta sabe “de antemano que toda la carne va a dar a la tierra”, como “tardío colofón de epitafios”; la angustia, o el miedo. Cualquier poema, extraído al azar, es un paradigma, tal es la inquietud del poeta por descifrar la verdadera raíz del sufrimiento.

Otro de los grandes logros de la poesía de André Cruchaga es su capacidad para hacer concreto lo abstracto a través de la creación de imágenes de un gran poder sugeridor y una asombrosa fisicidad, cuya interpretación coadyuva a contrarrestar los efectos deshumanizadores del gran capital. Sin duda, nos hallamos ante una poesía que no pretende dejar indiferente a nadie, pues el oficio del poeta debe ser alertar al lector u oyente sobre las presumibles consecuencias de un mundo que navega a la deriva y que amenaza con arrastrar al hombre en su vorágine, pues éste, libre de su albedrío, se devana en trivialidades propias de un incipiente estado de sonambulismo.


Gregorio Muelas Bermúdez
Catarroja, Valencia, abril de 2017

miércoles, 31 de mayo de 2017

Tres sonetos de Alberto Jirón Flamenco

Alberto Jirón Flamenco,
Fotografía de  Omar Carbonero 






SONETO VI



La luz clara es tan solo luz oscura,
y es ceniza la llama tan ardiente,
y es páramo el jardín más floreciente,
y la miel del panal es amargura.

El amor es tan corto, no perdura,
solo queda su huella tan hiriente.
La emoción hoy es gesto indiferente;
y el gozo deseado, cruel tortura.

Todo acaba en el mundo, todo muere;
nada al paso del tiempo sobrevive:
se deja de querer lo que se quiere.

Ya mi boca tus besos no recibe,
el encanto en espinas se deshizo,
pero habité de nuevo el paraíso.


  



SONETO VII



Yo no sabía de tu amor secreto,
ni de la llama que en tu pecho ardía,
ni del fulgor fugaz que se prendía
porque tu pecho lo ocultó discreto.

Yo no sabía si cumplir el reto
o dejarlo tan solo en fantasía.
Fue mi labio desnudo en ese día
quien te besó sediento e indiscreto.

Y me perdí en los mares de tu boca,
me embriagué con tu vino y su dulzura;
desperté tu deseo y tu locura.

Descubrí en tu muralla, firme roca,
un mar quieto, bravío y agitado;
un ángel de mi luz, enamorado.

  




SONETO I



En mi cielo oscurece y oscurece
si me falta la luz de tu mirada,
y se vuelve mi senda desolada,
y el jardín de mi pecho no florece.

En mi cielo amanece y amanece
si me das tu caricia derramada.
Si regresa tu luz enamorada
lo negro de mi noche desvanece.

No te vayas, amor, ya no te vayas,
que no quiero la noche y su negrura,
que no quiero el vacío de tu ausencia.

No te rindas jamás en las batallas,
y sigue alimentando mi locura:
llenándome, mi amor, con tu presencia.

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Alberto Jirón Flamenco. Nació el 8 de septiembre de 1991 en Dulce Nombre de María, Chalatenango. En el 2012 ganó el primer lugar en el Certamen de Poesía Universitaria «Tu Mundo en Versos» con el poemario Huésped transitorio de las dos residencias. En el 2013 obtuvo mención de honor en el Certamen Artístico Cultural «El Justo Juez de la Noche» en la rama de poesía, premio «Roque Dalton», con el poemario Amor, desamor y soledad. En el 2015 obtuvo mención de honor en el I Certamen de Poesía «San Romero de América» con el poema Tres sonetos a monseñor Romero y el primer lugar en el Certamen de Ensayos organizado por el colectivo «Herbert Anaya Sanabria» con un ensayo sobre los casos de niñez desaparecida durante el conflicto armado. En el 2016 obtuvo el segundo lugar en el Certamen Nacional de Poesía «José Rutilio Quezada» con el poemario Patria sangrante. Finalista del V y VI Certamen de poesía Ipso Facto organizado por la Editorial Equizzero.
Ha sido incluido en las antologías: Invisibles antología de poesía joven salvadoreña, Ritual de Besos, A la izquierda del corazón, Emociones, Letras sin fronteras, Torre de Babel antología de la poesía joven salvadoreña de antaño y en la plaquette Luna Rossa, que reúne una muestra del haikú hispanoamericano, publicada en Italia por el Progetto 7 Lune.
Obra publicada: Huésped transitorio de las dos residencias (Antología Letras sin fronteras, Editorial Shushikuikat, San Salvador, 2015). Patria sangrante (Editorial La Chifurnia, San Salvador, marzo 2016). Tríptico poético (Editorial La Chifurnia, San Salvador, marzo 2017).

jueves, 25 de mayo de 2017

Cuatro poemas de Jorge Canales

Jorge Canales, El Salvador






MASA Y SAL



Desde la miseria densamente oscura
aparecen en la Calle Arce,
en las cicatrices de sus vísceras
gruñe amargamente la rencorosa hambre.
Vienen de las paredes tatuadas,
techos de lunas sin letras
y camas de piedras.
Traen disparos para pagar
raciones de masa y sal.
En las tinieblas del horizonte
se desquebraja otro sol
chorreando sangre.






CALLE ARCE




En la Calle Arce
vida y muerte son dos amantes
en una misma cama.
Una mariposa negra
aletea sobre un espejo roto
por un disparo.
Una niña se pinta los labios
con sangre de muertos.





ESTERILIDAD POÉTICA




Escribió la anáfora luciérnaga
y se fugó la noche.
Escribió la paradoja memoria
y se abrió la puerta de la amnesia.
Escribió la metáfora termita
y devoró media página,
en la mitad sobreviviente
escribió la palabra palabra
y se hizo silencio.






POR FAVOR




Cuando me vaya
no siembren flores marchitas en mi pecho
no pronuncien palabras mojadas por el llanto
no enciendan cirios en la noche
Cuando me vaya
canten "Tocando las puertas del cielo"
Dejen que mis paradojas y metáforas
se confundan con la miel de las guayabas
Dejen que mis ironías y sarcasmos
rompan las telarañas de la tristeza
que se mezclen con las risas de los niños
y las carcajadas de los locos
Canten “De Regreso a Casa”
porque la palabra adiós
será una mentira
cuando me vaya
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JORGE CANALES (Santa Ana, 1957) Profesor de Química, Licenciado en Biología y Maestría en Docencia Universitaria. Actualmente es Secretario de Arte y Cultura de la Universidad de El Salvador. Multipremiado en Argentina, Chile, España y Estados Unidos. Ha publicado los poemarios: “Eclipse”(1999), “Luciérnaga”(2000), “Uvas de Musa”(2002), Androceo”(2004), Atrapájaros”(2009), “Poemas Perros”(2011), “Shushikuikat”(2012), “Ecos de Agonía”(2013), “Atrapados”(Primer premio en Argentina,2014),  “Atrapados”(Cuba, 2015), Rostros en el Espejo (2015),“Compilación Cromática (2016)” y “Pasajeros de la Oscuridad”(2017). Compilador de antologías poéticas nacionales e internacionales. Escritor del Año 2012, El Salvador. Escritor del mes de febrero de 2015 en El Salvador por parte de la Biblioteca Pública Francisco Gavidia. Anfitrión del programa Minervaversos, Radio YSUES. Muestra de su poesía se encuentra en  antologías, revistas y periódicos de Centroamérica, Estados Unidos, Argentina, España, Chile, Venezuela y Colombia.

lunes, 1 de mayo de 2017

Poemas de Alexander Hernández

Alexander Hernández, El Salvador






Albur

Amarga noche sin tus ojos
amargo pan sin tus manos
amargo sueño sin tu boca
amarga vida sin tu piel

                                       Tú
dulce raíz de todas las flores
llevas repleto el vientre de miel
de tus poros emana el azúcar
y de tus labios emerge el almíbar

Con tu sonrisa de fruta madura
                                       llegas puntual a llenar mi copa
No te escondes y me sitúas
                                      en medio del banquete de los dioses

                                         Tú
dulce desde el nombre hasta el recuerdo
                                         vuelves como el viento en altamar
 Agitas mi corazón y lo reivindicas
                                          para luego dejarme colmado de prodigios



Sapo

La tristeza del sapo
se parece a la mía
tiene la piel oscura y fría
llena de noches

Persigo sus negros saltos
para encontrar un poco
de su exquisito misterio

Inmóvil sobre una piedra es otra piedra

Esta noche la tierra respira sapos







Hábitat

Espero la noche en un parque lejano
que reside en tu ojo izquierdo

Me amenazas con saltar de un puente
 y yo te agradezco el insomnio

En este parque
la luz viene de atrás de tus lentes
y las agendas pierden todo sentido

A media plaza llueven hojas secas
entonces
te busco  con  los ojos cerrados
pero estás distraída 
y en la orilla de tus labios
ha quedado el sabor del café

Ambos sabemos que el otoño es sepia
que tengo los ojos llenos de viajes
y el corazón lleno de inviernos
pero  para ti sólo es un juego de cachorros
al borde del abismo

Estás hecha de eternidad seductora
bella promesa de papel
Afuera de tus ojos los días pasan
pero aquí adentro
hay un eterno atardecer

Más allá del corazón de la gaviota
y las piedras lisas de las playas
están las primeras hojas de mayo naciendo

A nuestras almas hoy se asoma la alondra
y nos trae un viejo recuerdo de plumas y flores danzando
unámonos y dancemos
aunque el fantasma de los mil nombres ya recorra el mundo



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Alexander Hernández (San Salvador, 1987). Poeta y cuentista. Es licenciado en Letras y egresado de la maestría en Estudios de Cultura Centroamericana, por la Universidad de El Salvador. Miembro fundador del Círculo Literario Solsticio. Ganador de los Juegos Florales Nacionales en la rama de poesía en 2013 y Primer lugar en el Certamen Universitario “Justo Juez de la Noche” en la rama de cuento dedicada al escritor salvadoreño Salarrué.
Actualmente, se desempeña como corrector de estilo y prologuista independiente. Entre sus obras se destacan: El final del laberinto (cuentos, 2015); La evolución del cisne en la poesía de Rubén Darío (ensayo, 2015); Relatos fulminantes (inédito); Viaje al centro del sueño (en edición, 2017), entre otros.