lunes, 5 de septiembre de 2016

ANDRÉ CRUCHAGA: VOZ REFLEXIVA E INCANSABLE

Luis Antonio Chávez, escritor y periodista salvadoreño.






ensayo


ANDRÉ CRUCHAGA:
VOZ REFLEXIVA E INCANSABLE

Luis Antonio Chávez



Extraño la luz de este camino que dan los nombres,
como rotas páginas perdidas con los años”…
Francisco Domingo Calles 




En 1990, cuando aún vivía nuestra recordada y ponderada amiga, la sempiterna princesa de la poesía y crítica literaria Dra. Matilde Elena López, tuve en mis manos una muestra de los versos escritos por el poeta André Cruchaga, los cuales degusté durante largas jornadas.
Lejos estaba de imaginar que un día estrecharía las manos de este poeta oriundo de Nueva Concepción (Chalatenango, 1957), para sellar una amistad que iría en alza.
De aquellos escritos a la fecha he acumulado cuanto poema ha llegado a mí de este autor, los cuales han aparecido en revistas y periódicos donde cedían espacios en aquel entonces- “por caridad a la cultura”, acción que se ha ido perdiendo porque a los propietarios de los medios de comunicación no les deja dividendos económicos.
Sin embargo, aún hay un medio impreso que cree en los artistas y contra viento y marea ha mantenido una revista cultural que data desde aquellos Sábados Culturales (1980), pasando por el Suplemento Cultural 3000, inaugurado el 24 de marzo de 1990, idea gestada en sus creadores Gabriel Otero y César Ramírez (Caralva).
En dicho Suplemento han publicados sus trabajos tanto noveles como avezados escritores, algunos de ellos han puesto muy en alto el nombre de El Salvador.
Alguien preguntará porqué acumulé tantos escritos, más me limitaré a decir que ha sido por cuestiones de estilo y de búsqueda de un lenguaje no prosaico, tal como escribiera Juan Larrea, defensor de la teoría Creacionista con su estética defendida por Vicente Huidobro:
“El siglo veintiuno verá nacer el reinado de la poesía en el verdadero sentido de la palabra, es decir, en el de creación como la llamaron los griegos”, (1) lo cual buscaba busca, según mi criterio poético, romper con esquemas arcaicos para proponer nuevas formas de escritura, sin que la metáfora se sienta agraviada o  forzada a ser nomás un verso decorativo.
No niego que en esas noches, con o sin plenilunio, traté de hilvanar cada metáfora escrita por Cruchaga, apuntes que me sorprendieron de entrada, pues me gustaron y aquí estoy poniéndome a cuenta para no dejar “burra” en mis comentarios, certeros o no, pero en fin son los criterios de un autodidacta metido a escritor.
Por aquello de que me enjuicien antes del génesis, permítanme cubrirme con el manto piadoso de la escritura, que es benevolente con quien toca su puerta, pero implacable con los que toman “poses” para las cámaras sin haber hallado el acertijo en Peloponeso.
En los corrillos literarios se maneja la tesis que la escritura es un lenguaje endurecido que vive sobre sí mismo, por ello no nos sorprende el estilo y la búsqueda de un don que le es dado a André Cruchaga, quien lo acoge para sí, demostrando a lo largo de varias décadas dedicadas a manchar papel, el por qué recibe los frutos de su perseverancia.
Teresa Moncayo, estudiosa de literatura y escritora (Universidad de Cádiz, España), al referirse al trabajo del poeta chalateco, acota: La poesía de André Cruchaga requiere distintas lecturas y tantas versiones… Creo que su poesía está basada en la claridad de pensamiento y se apoya en unas líneas a veces difíciles de “descifrar”… No es una poesía lineal, simple y basada sólo en la forma. Desde luego que no. Porque dice mucho en poco y, traspasa más, por esa forma y fondo que nos incita a pensar (más de la cuenta). Y es bueno “provocar” la reacción del lector. De lo contrario estaría hueca y no lo está. (2)
Y es que el arte poético requiere de sacrificio, dedicación, disciplina… y el poeta a quien comentamos lo sabe, por eso trabaja como el orfebre, de ahí que las metáforas en su pluma tomen vida impregnándolas de celajes e imágenes que, al ser descodificadas, se imantan de una escritura que sirve de trampolín para subir al podio, convirtiéndose en una lectura grata y apetecible. Para respaldar mi comentario, traeré a colación las palabras del argentino Juan Larrea, quien asegura que “lo único que debe de interesar al poeta es el acto de creación”. (3)
Larrea agrega que “el poema creado es en el que cada parte constitutiva, y todo el conjunto, muestra un hecho nuevo, independiente del mundo externo, desligado de cualquier otra realidad que no sea la propia, pues toma su puesto en el mundo como un fenómeno singular, aparte y distinto de los demás fenómenos. Dicho poema es algo que no puede existir sino en la cabeza del poeta”. (4)
Pero para llegar a esta escala, el autor de Pie en tierra ha demostrado que nada ha sido fácil, que han sido largas horas dedicadas a la búsqueda de un lenguaje genuino, creer en sí mismo y darse cuenta de que haber tomado este “largo camino” en un país donde poco o nada se hace por los escritores, es confesarse así mismo que se tiene alma de aedo.
Quienes nunca han experimentado la fobia de enfrentarse a la página en blanco y en completa soledad, no saben que se entabla una comunicación íntima entre el hacedor y la literatura, que al final del túnel el escritor hablará por sus obras a través de su recorrido.
Veamos lo que escribe Roland Barthes en el libro El grado cero de la escritura en torno a la teoría de la comunicación íntima entre el hombre y la página en blanco: “Es la parte privada del ritual (comunicarse íntimamente con la escritura). Se eleva a partir de las profundidades míticas del escritor y se despliega fuera de su responsabilidad… Funciona al modo de una necesidad, como si en esa suerte de empuje floral el estilo sólo fuera el término de una metamorfosis ciega y obstinada, salida de un infralenguaje”. (5)
Por eso es que el paso por la literatura de escritores de la talla de Berlaine, Mallarmé, Baudelaire, Víctor Hugo, Walt Whitman, Erza Poud, Eliot, Jorge Luis Borges, César Vallejo, Carlos William Carlos, Jorge Arturo, Jorge Boccanera, Nicolás Guillén, Pablo Neruda, Tomás Eloy Blanco, Vicente Huidobro, Octavio Paz, Gabriela Mistral…
Y si nos ponemos más patriotas Alfredo Espino, Claudia Lars, Raúl Contreras, Oswaldo Escobar Velado, Pedro Geoffroy Rivas, Roque Dalton… han trascendido por haber encontrado en la palabra un estilo, pero también reconocemos que antes tuvieron que quemar velas en la búsqueda de una poética que dejara huella en las alas del tiempo.
No nos sorprenderá pues, que cuando se da a conocer en el mundillo literario de esta aldeaun nuevo libro de André Cruchaga, venga impreso en dos idiomas (depende del país que se atrevió y confió en el poeta traduciendo sus escritos), porque hallaremos una voz más iluminada dada su trayectoria.
Así llegaron a mis manos Alegoría de la palabra (1992); Visión de la muerte (1994); Enigma del tiempo (1996); Roja vigilia (1997); Rumor de pájaros (2002); Oscuridad sin fecha (Edición bilingüe castellano-cuskera, 2006); Pie en tierra (2007); Caminos cerrados (2009); Viajar de la ceniza (Edic. bilingüe castellano-francés, 2010); Cuaderno de Ceniza (Edic. castellano-rumano, 2013); Balcón del vértigo (2014); entre otros que iremos comentando.
Alzo la mirada, leo los versos de André Cruchaga, deambulo por las diferentes arterias de una ciudad asfixiante y virulenta. De pronto caigo en la cuenta de que los escritos de este poeta chalateco no se aíslan del marasmo citadino, sino al contrario, la convivencia con su mismo pueblo coadyuva a darle sazón al manjar que se nos entrega, aunque tengamos que hilvanar cada imagen como para ir redescubriendo sus escritos.
La palabra poética es un arte sin retorno que propone una sombra espesa de los reflejos de toda clase vinculados entre sí. Son acertijos acompañados de lo existencial. Ya lo ha dicho mi estimado amigo André Cruchaga, “los palmares no vienen solos”.
Y yo le agregaría que se necesita ser terco como nuestros abuelos, extasiarse con Trilce, visitar mil veces Macondo, ir a Comala, pedirle permiso a Huidobro por usurpar sus nichos, romperse el cuello y las pestañas… es decir sudar la camisola.
“Se camina, sin duda alguna escribiendo. Así, se mitigan o derriban muros físicos o mentales. La única consagración la da el oficio. La escritura no sale sola.”, leí alguna vez en el muro de Cruchaga.
¡Vaya que no se equivoca!, ya que si ponemos en el caleidoscopio las horas de vuelo que se necesitan para vestir a las ninfas del archipiélago, se cuantificará la aventura sólo por las grandes jornadas ajustadas bajo el sentadero.
Me detendré un momento para echarle un ojo al texto recién publicado de André Cruchaga, con lo cual se muestra del porqué de este comentario que reafirmar la tesis de que este poeta está dado a quedarse con sus escritos en la retina de sus lectores, quemando velas que a la postre dará fe de mi apreciación sobre el mismo.

Lejanía-Away, traducción al inglés:
Grace B. Castro Haro




Una visita a la poesía
En Lejanía-Away, traducido al inglés por la literata y traductora mexicana Grace B. Castro Haro, quien es licenciada en lengua y literatura inglesa, cuya especialidad es la traducción de textos literarios, el poeta escribe versos no todos impregnados de erotismo, sutil, sin caer en la pornografía, al menos esa apreciación me dio la primera lectura.
Por cierto a través de este espacio felicitamos al pintor salvadoreño David Duque, por haber contribuido con la portada titulada “Sueño azul”, ya que existe una comunicación entre los escritos de André Cruchaga aquí publicados y la obra pictórica de Duque.
“Desciende hasta la sombra viril del azogue. / Amotina tus senos en las redes de mis ojos, salpícame de trenes y litorales. / Enrédame en tus poros de matorral ardiente, en tus ijares de íntimos pétalos. /Después, deshabítame de tantos espejos: quédate en mi sombra”, plasma André en uno de sus versos. Y es que la palabra de André se nos presenta segura del camino trazado, pues en sus escritos hallamos el hurgamiento en los recovecos de la conciencia para cantar todo aquello que sirva de herramienta y convertirla en poesía:
“En los días corrompidos del índigo, el breve pájaro de los agobios en la sala de emergencia… frente a la rosa del torrente desaparecen los deseos fosilizados. Vos y yo ascendemos al infinito de la desesperación-”, nos escribe el poeta como para reflejarnos esa crisis psicológica que vivimos a diario en este país cansado de tanta violencia.
Para nada sorprende que en la poesía de André Cruchaga hallemos imágenes muy bien hilvanadas, pues sólo quien es ciego no puede ver que en sus escritos dice mucho y respira, para después exhalar el aire que aún le queda, mancha y escribe, borra y envía al basurero lo que no se depura, pues para nadie es un secreto que este poeta vive la metáfora y el símil, veamos: “Sólo llegando al final, supe cuál era el principio (Ahora, ya denudo, puedo caminar sobre las aguas). En la flor de la memoria, ya no me asusta la rigidez de los balcones”, escribe André.
Una de las características de los poemas publicados de André, además de la profundidad lindando la filosofía, es la lírica compuesta por versos que no sobrepasan las veinticinco líneas o quizá menos; aunque aclararé que algunos escritores consideran que si no se escribe un poema-testamento, éste no sirve, en lo personal he incursionado en las distintas formas y me siento bien.
Entonces yo juagaba con los muertos. Eran los muertos que mis ojos vieron en el vaso del insomnio. Entonces las palabras eran pájaros gigantescos… Yo era parte de los transeúntes frente a ventas frenéticas. Después vino el grito oscuro del reloj”, escribe André para dar testimonio de una década dura.
La pluralidad de las escrituras modernas, multiplicadas desde hace cien años hasta el límite mismo del hecho literario separa el “pensamiento” de un Balzac y de un Flaubert, eso según Barthes es una variación de escuela a que ambos escritores pertenecieron. Y es que leer a André Cruchaga es sucumbir como Dante a los infiernos y recalar con un ramo de rosas rojas en vez de blancas para la amada, es hacer del símil un manjar para degustar a la luz de la luna, viajar a un mundo que se le ha dado para que le cante a la vida, sin que el lector se sienta “extorsionado” con la metáfora, porque hay que decirlo, muchos dicen ser poetas, pero no llegan ni a tocar a las ninfas, pero los poemas de este vate son un descanso después de la tormenta.
“Me extraño de las puertas y las ventanas, me estremecen las indagaciones, y el ojo en extremo de emoción. (A veces se abren las semanas como un quejido de portón viejo)”, nos escribe el poeta.
A lo largo de los años, los poetas han utilizado la figura del espejo como un tema recurrente en sus escritos, con ello resaltan una imagen como símbolo de la irrealidad que subyace dentro de una sociedad polarizada, encontrándonos con individuos faltos de sentido común, donde reina la intolerancia, no dialogan antes de reaccionar de forma bélica y eso, quiérase o no, ahorraría tantas muertes en escasos kilómetros que encierran a este paisito que tanto amamos.
Dicha realidad es cantada a través de la poesía, el teatro, la novela… herramientas utilizadas como una coraza en los artistas cansados de tanta violencia. Veamos lo que escribe André Cruchaga al respecto: “Siempre resulta difícil adueñarse de la luz de las ventanas, descifrar los mensajes del arrepentimiento, no permitir que los recuerdos conviertan en sal el calendario”.
Cruchaga sabe que no es fácil sentarse frente al ordenador a plasmar un pensamiento que lo acorrala, ya que la poesía nos lanza las imágenes que debemos escribir al instante, pues si decimos que los haremos en cuanto tengamos tiempo, las ideas habrán desaparecido: “Escribir es fácil, sobre todo cuando lo hacemos sobre las falsas promesas, del ojo cerrado del cuerpo”… plasma el poeta.
Dar testimonio de la realidad en esta aldea donde subsisten los poetas de “puro milagro” es la tarea encomendada a los “juglares”, ya que “El poeta es la plomada de su tiempo” como lo afirmara el poeta Ulises Masis.
“De pronto pienso en los abismos del tabú, en los ojos grises de la niebla, en el amor que escurre de un alambique, (ah, las muletillas de las convicciones políticas debajo de las axilas.)/ Disimulo cualquier guisado profético sobre la mesa del horizonte.” Nos escribe.
Por el momento nos tomamos un descanso, respiramos, sentimos recorrer en nuestro cerebro las imágenes poética del libro citado… inhalamos la frescura del aire de la costa del Pacífico, diluimos la fórmula de la siguiente metáfora y continuamos:
“Desnudas arden las palabras en los labios: llueve el solo océano de los trapos, somos las mitades inevitables del sonido, los aleros crecidos en las piernas… Así crece el invierno en la estantería de los párpados”… escribe Cruchaga.
Leamos otros versos del poeta chalateco publicados en su libro Lejanía-Away: “Sobrevuelo en el autorretrato del monólogo: Las calles tienen repercusión en el cuerpo, son caballos las sombras anónimas que vagan en la teoría del braceo: de un tiempo acá, hay perdigones de ecos en la ficción”.
Leo los versos y reafirmo mi visión sobre este autor cuyos libros ya sobrepasan las dos decenas y cada texto es un deleite para la retina de quien lo tenga en su biblioteca, así sabrá degustar su poesía exquisita… sigamos con el análisis de los versos escritos por André Cruchaga a ver que sorpresas nos deja en el paladar.
“Cerré ya mi ventana para que no entre el humo de la hojarasca. (Sólo me puedo conformar con el tiempo que todo lo aploma, sospecho que en la conciencia sólo hay escombros y una forma vil de apaciguar la herida”. Escribe el poeta.
André se duele por la realidad que los circunda y lo plasma: “¿Acaso entra aquí la luz al final de la piel? ¿Acaso hierben los espejos cuando entro o salgo de los recuerdos? El granizo muerde los taburetes del suelo la noche donde ladran los perros y enlutan las sombras del cuervo: arrastro mis dientes al vacío”.
Vía libre-Via lliure, traducción al catalán:
Pere Bessó, poeta, traductor, filólogo.




Uno más y se va de paso/ Vía libre-Vía lliure
Si el estilo es propiamente un fenómeno germinativo, sus alusiones están distribuidas según la profundidad en que se imbrican, de ahí que la poesía a través de sus herramientas metafóricas, adjetivaciones o símiles- toma fuerza cuando quien se apasiona con ella sabe descubrir su magia.
Ilustrado por la fotógrafa profesional de origen argentino Graciela Strañák y traducido al Catalán por el experto en filología moderna, catedrático de lengua y literatura española, Pere Bessó, con más de una veintena de títulos traducidos, el libro En Vía Libre/ Vía lliure, es otro de los cuadernos dados a conocer simultáneamente por André Cruchaga, quien luego de la tercera llamada corre el telón acompañando al lector con un verso cargado de erotismo cuyas líneas despiertan la sensibilidad a flor de piel.
“Embebido en el espejismo oscuro de la taberna, el borbollón de olas como la noche terrestre de un burdel”… escribe Cruchaga
Con el preámbulo no hago más que preparar unas cuantas tazas de café, unas velas aromáticas, la respectiva semita tres pisos y unas almohadas para ponerme cómo y a seguir leyendo poesía, pues como todo poeta que reacciona lleno de esperanza, André le canta a su pueblo con evocaciones sutiles: “Soy niño dibujando otro mundo en las redes… nada me sorprende tanto como quien duerme en las aceras”.
Han pasado los años y desde el año de 1990 que tuve conocimiento de la existencia de este poeta chalateco no he perdido su huella, sus versos están llenos de vida, aunque en ocasiones le he sentido una veta lúgubre –pero no siempre- lo cual es como ver una hoja en medio del bosque de las ilusiones que tiene todo individuo que sueña con ser…
En este otro libro se nos presentan versos con un estilo muy propio, con una prosa exquisita, pocas líneas pero plasmada con mucha intencionalidad, escritas con alambre de alta tensión. Vemos: “Cuando la tinta se derrama arrastra todas las cicatrices de la página. Hay una fosa común para el grito, el silabario a punto de convertirse en poema.”… escribe el poeta.
André Cruchaga le canta a la vida y a veces encuentro –no siempre- imágenes desgarradoras, pero a la vez llenas de luz, faros de esperanza insertados en la dermis de un ser que ha vivido en medio de una tormenta que por poco y le arrebata la vida, un poeta que ha visto al rayo expandir sus esquirlas dejando mortandad por doquier y, si se corrió mayor suerte, centenares de luceros con muletas, como también ha visto brotar agua en medio de las rocas.
En la hoja amarilla que se desprende de las ojeras, los recuerdos imprecisos del vaho, las sombras y los barquitos de papel. Caminos desabridos del tiempo en los coágulos de la saliva y la herrumbre… desconozco si las luciérnagas pueden alumbrar todo este bosque y lavar los tantos equívocos de las vestiduras”, nos dice el poeta.
En la poesía moderna según Barthes, las palabras producen una suerte de continuo formal del que emana una densidad intelectual o sentimental… la poesía moderna se opone al arte clásico por una diferencia que capta toda la estructura del lenguaje y que no deja entre esas dos poesías (la clásica y el verso libre) otro punto común que el de una misma intención psicológica.
Confieso que al leer a André Cruchaga caigo en el imaginario de los escritos hechos por Arthur Conan Doyle descendiendo a los puentes donde se encuentran a algunos seres como piltrafas humanas tras fumarse la vida con una pipa.           
“Después del desván vacío del fuego, los ecos derretidos de la sed. (El mutismo de la noche con todas sus ausencias), la leña del ciprés se desvanece en presagios: / a cada funeraria le incorporo los Lázaros, a cada espesura mi sigilo, la edad íntima del laúd, / y la cobija de la neblinas que a menudo se torna circular en mis andrajos”…    
Sin embargo no se debe perder de vista que las dos formas tienen su propia musicalidad y un ritmo que quien lo descubre encuentra un oasis en su retina.
“Tanto bullicio para después quedarme solo en las aceras. Tanta muerte innecesaria. (He pensado en escribir mi próximo poema sin palabras), esta página envejece de aguas, ya el silencio carece de resortes y colchones, tiemblan los barquitos de papel”… reseña André para dibujar esa realidad que no nos atrevemos a ver.
Cierro por el momento este escrito, pues aunque hubiese querido seguir escudriñando las metáforas llenas de vida de André Cruchaga, me queda el entusiasmo y vivo cada verso como el siguiente:
“Tanto bullicio para después quedarme solo en las aceras. Tanta muerte innecesaria. (He pensado en escribir mi próximo poema sin palabras), esta página envejece de aguas, ya el silencio carece de resortes y colchones, tiemblan los barquitos de papel”…
Estos son los escritos del maestro André Cruchaga, imágenes literarias impregnadas de símiles que han llegado para quedarse en la retina de sus lectores y de quien auguro, seguirá aportando esos versos que ponen muy en alto a este país que tanto amamos.  

Luis Antonio Chávez
Escritor y periodista
Ciudad de Los quemados, agosto de 2016.



1) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, Diario Co Latino.
2) Moncayo, Teresa, Universidad de Cádiz, España: estudiosa del lenguaje, escribió el artículo “Una mirada a la poesía de André Cruchaga”, aparecido en el Suplemento Cultural 3000 de Diario Colatino el sábado 23 de julio de 2016.
3) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6.
4) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, Diario Co Latino.
5) Manifiesto acerca de El Creacionismo, escrito por el argentino Juan Larrea, publicado el sábado 11 de junio de 2016, pág. 5 y 6, Diario Co Latino.

jueves, 1 de septiembre de 2016

PRÓLOGO DE ANTONIO ARROYO SILVA AL LIBRO “ABRA DE PANES Y PECES”

Antonio Arroyo Silva





prólogo



PRÓLOGO
DE ANTONIO ARROYO SILVA
AL LIBRO
“ABRA DE PANES Y PECES”





Por Antonio Arroyo Silva



Cuando siete poetas se reúnen en el espacio exiguo de un libro de poemas, apenas sin motivo ni causa aparente, con la luz de un aprecio o de una admiración recíproca que conforma el número simétrico del siete, entonces, nos parece que surge la sinfonía perfecta—sabemos— a partir de pequeñas imperfecciones que nos hacen humanos y, por tanto, poetas. De ahí este libro titulado Abra de panes y peces, que sirve de pequeña bahía, ensenada o fondeadero en el amplio mar por donde navega la poesía. Porque lo que parece aislarnos, realmente nos comunica.

Nos encontramos, pues, ante esa imperfección perfecta de las voces disímiles en este pequeño punto cardinal de un país extraño llamado Poesía. Digo esto  porque cuando los poetas se han congregado en torno a afinidades electivas o estéticas siempre hubo alguno que reclamó el liderazgo para sí y se produjeron escisiones, guerras y desamores mutuos, hasta el punto de que todos quedaron divididos y múltiples incluso dentro si mismos [permítame, Lady Kodima, tal licencia borgeana]. Homo sum, humani nihil a me alienum puto, decía Terencio, pero, aunque de las acciones humanas no nos sean ajenas, ¿qué pasaría si se juntaran las obras de algunos y se pusieran a dialogar entre ellas, dentro de un libro? Ya no importa el tamaño de cada cual, el mayor peso, la valoración individual. Ahora importaría el efecto que los poemas de cada uno de los poetas recogidos en este volumen proporcionarán al conjunto, independientemente de las individualidades que lo constituyan. Independientemente del país de procedencia: ver la poesía como un constante exilio. O su envés de esperanza: ver un mundo sin fronteras.

Por un momento, no obstante, mi máquina analítica se detiene a contemplar y entresacar características en tal valiente colectánea tras atenta lectura. Y se aprecia una propensión a alargar el verso y salirse de los caireles de la tradición métrica, sin perder la memoria literaria, sin morir en el intento. De esa manera, el libro puede ser ensenada, agujero o paraíso, perdido o encontrado. Encontrado y vuelto a perder. Una abra. Son siete poetas: cuatro cubanos en el exilio (Juan Calero Rodríguez, Claudio Lahaba, Eduardo Vladimir Fernández y Arlen Regueiro Mas), un español (Juan Carlos Mestre), un salvadoreño (André Cruchaga) y un argentino (Héctor Berenguer).

Aparte de lo apuntado anteriormente, esa versatilidad del verso, me encuentro con cierta tendencia al narrativismo que, entre la influencia de la literatura norteamericana—con el tamiz y la mirada de Gelman y otros poetas hispanoamericanos—y la memoria socio-literaria cubana han ido definiendo la poesía de Juan Calero, de Arlén Regueiro, de Claudio Lahaba y de Eduardo Vladimir Fernández, con mayor o menor fortuna, pero siempre en continua renovación y evolución y asumiendo el riesgo que implica verterse en la cultura del país de acogida o crear una poesía fronteriza entre lo cubano y lo exterior. Y, en todos los casos, vivir en el poema ese dolor que supone el exilio interior o exterior. Muchos efectos por una misma causa, como muestra del drama de todos los cubanos, se hacen eco en versos convulsos y discursivos, muchas veces luminosos y reventadores de sintaxis al uso. Pero, simultáneamente, descubriendo que las fronteras realmente no existen, pues son cepos y cárceles. ´

Juan Calero tan doliente
Y tan imaginativo.
Es Lahaba discursivo
Con un verso disidente
—la batalla de su mente
No se libra en un Bailén.
Mas detrás vienen Arlen
Con versículo preciso
Y Vladimir a Narciso
Echándolo del Edén.

Héctor Berenguer es un poeta argentino de Rosario. Poesía como interrogación, pero también como pérdida de identidad o, más bien, como lucha constante contra ese yo cuyo fin es desaparecer del poema y de la creación. Poesía escrita que vive en los otros y transciende el papel para asumir la memoria que va más allá de todo planteamiento antropocéntrico. Poesía siempre inconclusa, como el mar de Valery, siempre renovándose. Hay mucho dolor por la muerte, pero el planteamiento de la misma roza con la filosofía oriental o, más bien, con la percepción de poetas como Octavio Paz y Borges: la brillantez del día de uno y la noche del otro.

Juan Carlos Mestre, poeta español. Es uno de los poetas más valorados en España e Hispanoamérica. Su visión creativa y envolvente lo lleva más allá de lo poético y entra en la poesía visual. Por otro lado, conocidas son sus acciones en pro de la Humanidad y por encima de las fronteras y cárceles que el poder le tiende a la misma. Poeta consciente del expolio que el imperio español causó en América; pero también nos habla de la enfermedad consecuente y represora que este imperio dejó allí, al mismo tiempo que ese extrañamiento ante el paisaje que Mestre asume como propio. Hay que destacar ese punto de partida en que Mestre se inscribe en el pensamiento poético de Ezra Pound. A mi entender, de los tres elementos que proclamaba el poeta norteamericano (melopea, fanopeia y logopeia), Mestre destaca sobre todo en las dos últimas. Esa música y silencio de la palabra que proclamaba Valente no es propio de Mestre, su intención es conquistar el haz y el envés de una hoja en blanco y llenar esos espacios e instantes de pensamiento poético. La poesía de nuestro autor se revela en la sintaxis del verso, pero, sobre todo, en la progresión de la imagen que tiende a lo visual no a través de la palabra en sí sino por medio de una imaginación que linda con lo pictórico.

Capítulo aparte merece el poeta salvadoreño André Cruchaga. Si bien, como Mestre, parte de la progresión ascendente o descendente de la imagen, es de destacar su técnica del contrapunto, las palabras entre paréntesis y en cursiva. Poesía-pensamiento. A veces recuerdan las acotaciones de Lorca, a veces se presienten las iluminaciones de René Char, esa línea tan frágil entre la luz y la sombra. El molino de Char se afianza en el espacio físico del poema de Cruchaga y la sintaxis es la semántica del texto.

También es poesía testimonial de sí misma y contra lo otro externo, el poeta a veces me [se] rehúsa [rehusó] a la mudez de los nudos del calendario. Hábil juego de palabras entre su rebeldía patente que implica rehusar y la vuelta de tuerca que supone el usar de nuevo lo que rechaza torcerle el cuello al cisne (la mudez de la h muda). El espacio-tiempo de la página como el lugar e instante del ritual donde el sacrificio-renacimiento de esas "palabras resignadas". Junto a esto, el tema de la embriaguez que procede, quizás, del poeta Claudio Rodríguez. El poeta, más allá del Pensamiento, se reconoce más allá de la propia idea y entra en un estado donde todos los sentidos se conectan para edificar de nuevo el mundo en el poema por medio de la imagen, más allá de la falsa puerta del día, el canon del absurdo al costado del sueño.

Esas imágenes tan potentes no hacen que el poeta se evada de la Realidad, sino, como decía anteriormente, la instauran aunque con el dolor y el riesgo de perderse en el abismo de la nada. El poeta y su papel de Sísifo reinterpretado por Albert Camus. Por último, esa insistencia en el tema de la caverna me hace pensar en una revisión de los planteamientos platónicos lejanos a aquellos que hicieron los pensadores cristianos. Mucho de presocrático también hay aquí, sobre todo en ese tratamiento de un verso cuyas ya no son las mismas porque fluyen. Precisamente por esto, también se percibe que con acierto el pensamiento poético de André Cruchaga hace una revisión de las vanguardia: Petrificamos acaso los fuegos del artificio? ¿A quién le resarcimos la alegría? Esas son las palabras resignada que combate, que a su vez pertenecen a los hombres e intelectuales resignados a un sistema que nuestro poeta también combate con toda la fuerza de su verso.

Queridos lectores todos: no pretendo que lean con el corazón, pues los ojos del corazón solo miran la esperanza de la paz del vivir cotidiano; pero sí que fondeen las naves de su entusiasmo en esta ensenada o abra y naden entre sus peces y sus panes.
___________
Antonio Arroyo Silva (1957). Santa Cruz de La Palma, España. Destacado poeta canario y Licenciado en Filología Hispánica. Ha sido colaborador de revistas literarias nacionales y extranjeras.
OBRA PUBLICADA: Las metamorfosis (1991). Esquina Paradise (2008), Caballo de la luz (2010), Symphonia ( 2012), No dejes que el arquero (2012),  Sísifo Sol (2013) y Poética de Esther Hughes. Primera Aurora (2015). Mis íntimas enemistades (2016). Las plaquettes Material de nube (2012), Un paseo bajo los flamboyanes (2012). En ensayo, La palabra devagar (2012). Ha participado en varias antologías internacionales.

Fuente:
www.palabrasescritaspordentro.com/2016/09/una-antologia-necesaria-prologo-de.html


lunes, 18 de julio de 2016

Teresa Moncayo, España





UNA MIRADA
A LA POESÍA DE ANDRÉ CRUCHAGA
(Travesía)



Teresa Moncayo,
Universidad de Cádiz, España



La poesía de André Cruchaga, requiere distintas lecturas y tantas versiones..., (según desde la óptica de quien lee). Pero el escritor sólo ofrece una referencia. En el sentido de los versos oscuros, se decía de Góngora hasta que admitieron que era un poeta impresionante con unas dotes para el uso de la metáfora y la simbología que dejaron a muchos con esa envidia ¿sana? Creo que su poesía está basada en la claridad de pensamiento y se apoya en unas líneas a veces difíciles de "descifrar". Pero escritas con tanta hondura, con tanta rabia y con tan buenos deseos de que todo cambie y, sobre todo, utiliza unos vocablos también (a veces), rebuscados que nos da la impresión de querer hermosear lo expresado. No es una poesía lineal, simple y basada sólo en la forma. Desde luego que no. Porque dice mucho en poco y, traspasa más, por esa forma y fondo que nos incita a pensar (más de la cuenta). Y es bueno "provocar" la reacción del lector. De lo contrario estaría hueca y no lo está.
Cruzo los versos de André Cruchaga y quiero traspasarlos de esa coraza de obscuridad para ver un atisbo de luz. Pero ese es su refugio. Vivir en la carcasa de un paraíso roto (aún reverdecido). Una mañana de oleajes que chocan contra sus huesos. Pero aún así, sigue el curso trazado en el remoto escenario de una metáfora. Ignoro si bajo sus pies crece la hiedra o sólo el alquitrán como sustancia viscosa y negra de petróleo. Porque a veces, sus versos, destilan diversas mezclas de roca y túneles y resinas..., sonidos de ecos arrinconados más allá de las penumbras. Cerca de las pulsaciones de una ciudad que dormita y muere. André Cruchaga mantiene en su poesía la imagen de un país gris que le provoca por dentro y nos sorprende los albores obscurecidos en medio de la tormenta de fuego, los andenes de asfalto cubiertos de luces que no son sino espejos de una silueta, las ráfagas que empuja al viento y tambalea la quietud del alma, los párpados cansados de descubrir las muertes en el lecho, los pozos llenos de cadáveres esperando ser enterrados en el estiércol, el horizonte dudoso de cualquier cielo. Y busca cubrirlo de arboleda, de música, de pájaros, de campanarios alegres, de amaneceres risueños, de veredas verdosas, de alientos limpios que volteen la obscuridad, de soplos de hojarascas, de almas con luz.”
Los versos de André son un diálogo incontaminado, a pesar del ambiente con sustancias tóxicas..., (perjudiciales para los seres vivos). Son como una esencia purificadora que "lucha" contra los agentes abrasivos causantes del deterioro social... Los poetas simbolistas que cita (con los rostros cubiertos por las sombras), se me antoja, mudos por la realidad. Baudelaire estaba imbuido en su "universo artístico" (lejos de la realidad). También Rimbaud, preocupado de la musicalidad de sus rimas. Sólo Lautréamont, nos dejó unos versos desgarrados donde definía al hombre como "esa bestia salvaje"... y, Éluard, autor de: "La desesperación no tiene alas"... Encontré unos versos de Gómez-Correa que es como un manifiesto desesperado; encontrar al fin la inocencia en una noche sin término/ sin pensar en el día que no volverá/ Ni en el gavilán que no logrará despertarte. También se le puede adjudicar, como una exaltación sutil ante un sueño..., la diferencia es que los versos de Cruchaga están asentados en la tierra.
Lo más grandioso de André Cruchaga, es la capacidad para definir los sentimientos. Domar a las palabras, traerlas a su terreno..., y hacer de ellas una composición hermosa. Alcanzar esa maestría en el ARTE de la palabra; unirlas hasta conseguir el significado exacto del sentimiento. Las emociones poderosas, el inevitable conflicto interior y, la coloreamos, en base a nuestros principios. La construimos con nuestro filtro personal y la sometemos a según qué estado de ánimo..., nos introducimos en el laberinto de las palabras (en el sentido de que no es un lugar de fácil acceso y, menos, de fácil tránsito...) y, la usamos como herramienta simbólica, como un camino que nos permite vivir la experiencia auténtica y que representa el universo de cada uno.
Los arquetipos no sólo existen en las historias fantásticas con acciones de dioses y héroes en la antigüedad o, en las narraciones donde predominan los elementos imaginarios, también existen en los sueños y, a veces, en la realidad. La poesía de André Cruchaga está llena de esa verdad, de esos héroes anónimos que deambulan por un espacio tétrico resaltado por el poeta en sus versos. Está llena de esa verdad que ahonda en su alma y en la respiración a modo de pulsaciones. Está llena de un sentimiento que traspasa la coraza y la epidermis más sensible. Porque Cruchaga escribe con devoción y fuerza, con pasión y delicadeza y, con un valor añadido que le hace grande, en el sentido de intenso y perceptible. Aunque el escenario de su vida sea un "elemento" real (demasiado evidente).
Hay que reverenciar sus poemas. Tanto por cómo siente, por cómo los expresa, por cómo escribe. Sus versos son como estallidos, como pulsaciones o como pequeños truenos que se adentran en la piel y en los poros y recorren todo el ámbito corporal para establecerse en el corazón. La comprensión de los versos es rápida a pesar de los conceptos (representación mental de los hechos), que nos descubre nuevos significados y lo hallamos en forma de reliquia de gran valor que hay que venerar. Rebosantes de humanidad, de temple, de desgarro social entre la realidad y el deseo. Resiste ante los esqueletos humanos y los manicomios que no son sino parte del tránsito diario.
Los versos de André Cruchaga, están hechos de unas fibras sensibles, perturbadoras, tiernas, melancólicas y llenos de una rabiosa verdad que arrastra a ese mundo hondísimo para hallar en él, otro subterráneo aún más hondo, más perfilado, más cautivo, más lleno de horror, si cabe, más ultrajado, más devorador, más decrépito (decadente). Con una intensidad de recuerdos bellos que se ahondan en las sombras. Pero sus versos sacan también a la luz, esa misma claridad que se filtra por cada hueco estrecho, por cada espacio ínfimo, por cada rendija de pared. Y será ese resplandor quien desheche a la oscuridad que, ahora parece eterna.
Aunque en el interior de las palabras muera el poeta, queda el significado en la memoria. Igual que, muerto un pájaro, siempre tendremos su canto. Porque la esencia de todo no se establece en los vocablos que se usen para expresar lo que sentimos, es nuestra posición frente a qué o a quién. Son pocos quienes conocen la intrahistoria porque se halla escondida bajo la historia que todos ven, aquella que, los más superficiales, contemplan. Pocos descienden a los infiernos y, por lo tanto, pocos saben de los sufrimientos ajenos, de aquella masa de humanos que deambulan en las sombras, agazapados en el olvido de la memoria de la mayoría. Porque es más cómodo, pasar la vista por encima de los problemas, inhibirse de las carencias de los otros, de esa decadencia que los asalta cada día y los rompe, y los mata y los fusila, y los abandonan. Sólo lo perciben los grandes humanos, los más sensibles, los más capaces de exponerse en contra de todo. Los hay servilistas que hacen uso del hermetismo para no ser señalados por las esferas del poder. Porque los cadáveres no son aquellos que apuestan por la continuación del sistema, no. Son los otros, aquellos que en un susurro intentan clamar al cielo una ayuda que no les llega. No todos son poetas y, por lo tanto, no tienen acceso a esas palabras más o menos adornadas (como el canto de un pájaro) para decir lo que él nos cuenta. Los otros sólo son tipos que deambulan por calles oscuras sobre otras obscuridades (para no contradecir las normas). Sólo el poeta nos trasmite cómo sufren, cómo sienten, cómo mueren..., y estamos abiertos a sus mensajes en forma de versos.
Los versos de André Cruchaga sí ven la luz..., a pesar de haber nacido entre las sombras. Son los conceptos lo que le hacen diferente; el idioma lleno de resplandor a pesar de la siniestralidad. Es la locura de un entorno (con enfermedad prolongada) lo que enaltece a sus poemas. Los alientos tupidos que buscan una atmósfera limpia aunque camuflada en la hojarasca, pero esa limpidez existe, seguro. Sólo hay que descubrirla en la otra imagen (Naturaleza), con su azul pleno, luciérnagas, libélulas, búhos e, incluso, el ala siniestra del cuervo que se posa en las ramas, toma un aspecto menos demencial, menos trágico. Conviene escabullirse de ese escenario mórbido y hallar la claridad que inunde los sentidos, la belleza no estática sino viva alrededor del poeta.
Sus versos  siempre me dejan esa estela cierta de maravillosa escritura (a pesar de lo contradictorio del sentido del poema). Indiscutiblemente, André Cruchaga es más que un poeta. No muchos tienen el don de llegar a esa altura intelectual rompiendo esquemas para ahondar en la Naturaleza Humana donde el sentido racional, aún dentro de lo irracional, cobra especial interés y coherencia. Un bravo!, es poco. Sólo el reconocimiento de la sociedad y el mejor de los premios podrían hacerle justicia. Porque aflora en cada verso el sufrimiento de un país con coraje, valentía y dolor. Y porque sus poemas son parte de la esencia de todos aquellos hombres y mujeres que cada día, han de ver mutilados sus sueños y rotas sus ilusiones. Relatar estos hechos con el rigor y la hondura con que lo hace el poeta y desde un prisma real y con la fuerza con que queda reflejada la historia, eso, ha de tener sin duda una respuesta.
Me llevaría toda la vida leyendo sus versos, de día y de noche, siempre. Sólo pararía de vez en cuando para calibrar los verbos, para analizar los adjetivos, para investigar las metáforas. Y luego seguiría por esos caminos muertos, por ese verde reventado, por esa calzada llena de humanos abandonados a su suerte, por esos árboles de cenizas, por esas aceras soñolientas, por ese bosque obscurecido, por ese cuarto húmedo, por esas figuras muertas, por esos alambrados que suplen a las fronteras y, acumularía (igual que él), ese desgarro que nace del alma y que me hace ser infeliz porque otros lo son.
"Profundidades inmensas"..., así son los  versos de André Cruchaga, llenos de esa hondura que nos traspasa porque cada vocablo está constituido de una sensibilidad nueva a pesar del desgarro que caracteriza a toda su poesía. "La noche como un solo camino" es inmensamente evocador; la noche porque es noche, o la noche porque es la única referencia?..., "las calles como una sola noche" ahí sí va implícito lo tétrico en el sentido de oscuridad absoluta, sin un atisbo de luz. Sólo en él se halla la claridad, ese fulgor infinito con la precisión y lucidez necesaria para crear unos versos brumosos; ahí está el arte, dejar afuera la ambigüedad, la borrosidad, la bruma..., y desde su claridad surgen los versos colmados de negrura. Quiero decir que, parten desde dentro de su luminosidad. Los crea, les da forma, les da belleza, coherencia, pasión, fuerza, vigor, ternura, valor y, ese sentido de realidad y de coherencia; con un fondo profundo y una forma impecable. Llena de metáforas que no son sino un lenguaje más cuidado, perfectamente revelado. Pero qué grande es la poesía de André Cruchaga, capaz de despertar los sentidos y emborracharlos de realidades, de actos sublimes, de flores, de caminos, de cielos, de borrascas, de lluvias, de asfixia, de heridas, de abandono, de muertes. Nos trasmite todo lo que es posible trasmitir con la palabra y aún así, quedamos esperando más y más, hasta completarnos, hasta llenarnos, hasta colmarnos. Jamás absorbí tanto de un poeta. Jamás descubrí tanta fuerza, tanta pasión, tanto sentimiento, tanto talento. Y sigo leyendo y más descubro, porque cada vez hay una intención nueva que me sorprende, que me absorbe, que me inquieta...
En su tránsito, André Cruchaga, va dejando estelas de palabras que no son sino asociaciones subjetivas que viven en él. Porque no es sólo un poeta que describe sus sentimientos en versos, sino un "guerrero" de la pluma capaz de sublevar a todos los que lo leen. Se nota esa querencia hacia los verbos y esa devoción pura hacia la manera de trasmitirlos. Lo que es una maravilla. Gracias a la palabra escrita y gracias a esa capacidad innata en usarlas, apreciamos toda esa larga trayectoria de sus sentimientos en forma de versos. Es una suerte que ese don de la palabra haya recaído en él, en nosotros, y no es un tópico. Porque no todos pueden cubrir grandes espacios de folios en blanco hasta completar cientos de ellos. Y hacerlo de manera bella y coherente, para el deleite de muchos. Proyectar en vivo cada paso, cada deseo, cada anhelo, cada pasión, cada tristeza o alegría. Con toda la naturalidad que sólo los que tienen acceso a la escritura, pueden hacerlo. Y son muchos, evidentemente. Pero no todos son mágicos. No todos te emocionan, te desgarran, te provocan, te sorprenden y te llevan por esas lindes reservadas para unos pocos. Aunque existan campos abiertos para acoger a tantas manifestaciones, a tantas ideas revestidas de mil maneras..., sólo unos pocos son capaces de penetrar en la epidermis más sensible, sólo unos cuantos y, entre ellos, André Cruchaga. Por esa hondura y por esas formas que, a veces, nos hace dar vueltas para ahondar en su significado. Significado que hallamos, evidentemente, porque por encima de esa naturaleza hermosa se encuentran los verbos más reconocidos por todos los que amamos la poesía.
Me pierdo en su lenguaje, en ese contexto de signos combinatorios, en esos símbolos y códigos con los que designa al mundo exterior; sus relaciones, sus cualidades... En esas oraciones construidas con su conjunto finito de elementos, en esa manera de invocarnos y explicarnos sus sentimientos. Me pierdo por el uso adecuado de sus palabras, sustantivos, verbos... Por cómo forma las ideas y pensamientos. Porque André Cruchaga, no rompe el ritmo de la frase sino lo completa hasta hacerlo explosivo. Hay una comparación de la evolución del lenguaje humano con el origen evolutivo del canto de los pájaros, capaces de aprender nuevas vocalizaciones y de reordenar sonidos básicos de su canto para trasmitirnos distintos significados. Su capacidad para comunicarnos sus ideas y emociones, André, sobrepasa en mucho la conducta lingüística de los humanos por el grado de distinción de su lenguaje y rebasa todos los pronósticos, todas las teorías y todos los códigos. Por lo que pasa a ser llamado un fenómeno comunicativo que nos abre puertas y ventanas a la imaginación y al entendimiento.
En cada poema, el asombro. Por mucho que lea sus versos, siempre existirá la sensación de la piel erizada, de la angustia que asoma por cada juntura, de la sombra en constante duelo. También del arcoíris asomando por la luz después de la tormenta. Y el latido que se abre paso en las multitudes oscuras. Todo él es poema, su actitud, su respirar, sus latidos, su voz, su aire. Y esa manera de trasmitirnos la realidad, por cómo se interna en los sentimientos que no deja a nadie indiferente, por la profundidad del mensaje, por la hondura de la emoción y, posiblemente, porque le añade elementos inquietantes que no hacen sino despertar nuestra conciencia.
Los ojos de la noche, de (André Cruchaga) lo ven todo, tanto las maravillas dentro de su sombra como las otras sombras de su subterráneo. Y los ojos, con su luz encendida, en la oscuridad, captan las imágenes que pululan a su alrededor. A veces se distorsionan las formas y, las líneas se tornan figuras idealizadas o distorsionadas o, en su defecto, reflejan la verdadera realidad de lo que se visualiza..., y en ellas afloran las siluetas dañinas, que no son producto de la imaginación, pero que igual sobreviven en la claridad, por lo que no sólo en las sombras se integran los efectos dañinos sino que también cabalgan junto a la diafanidad. Por lo que el punto de luz (en las sombras), lo pone él, según su estado de ánimo, integra la dulzura, la nostalgia, la energía. La esencia de lo que es y, eso, traspasa en mucho a las sombras. Habitualmente integramos en la oscuridad lo dañino, las tinieblas, la venganza, la muerte, la traición e, incluso lo diabólico. Pero esa oscuridad sólo está "visible" para contrarrestar a la luz. Sé, que su sombra está íntimamente ligada a la realidad de su país y la arrastra como un torbellino llevándosela a su intimidad hasta el punto de que forma parte de su vida, obviamente, sin quererlo. Y es hora de desterrarla de ese ánimo o, asumirla como algo que no ha de vencer. No porque no lo desee sino porque está fuera de su alcance.
"Como una tinta que tiembla ante la hazaña..." Sólo un prestidigitador de la palabra es capaz de diluir esa tinta y hacer que su compuesto alcance esa proeza que nos describe la realidad objetiva de ella y, la otra, subjetiva, la de él que se funden en un abrazo hasta dar con el verso deseado, con la expresión idónea hasta completar el poema. Cuántas sombras y heridas y ojos y sueños hasta acabarlo? Por cuántos caminos ha de avanzar hasta hallar la forma, hasta completar el fondo? No todo es cuestión de sombras y de espejos..., detrás está el poeta, su asombro, su luz (aún dentro de lo oscuro). Está compuesto André de arcoiris, cuyos tonos se asemejan a según qué ánimo, casi siempre los tonos grises. Los claros se dejan ver escasamente. A veces se cruzan por en medio de las palabras para no ser descubiertos, pero permanece la estela de luz en su recorrido fugaz. Lo intuyo.
Es obvio que André es un poeta que, (como él dice), "busca más allá de toda apariencia", centrándose en un fondo demoledor, trágico y real. Su soledad coincide con el alma de Schubert, angustiada, solitaria y dolorosa. Lo apreciamos en la "Serenata", donde el músico despliega toda su magia y esas imágenes en forma de música: Hay ternura y dolor en ese canto/ y tiene esa amorosa despedida/ la transparencia nítida del llanto/ ¡y la inmensa tristeza de la vida!. "Cada cual tiene su propia búsqueda". La de André, es el sentido a la irracionalidad, al desamparo, a la brutalidad del hombre, al abrazo roto, a los labios sellados por el miedo, a los fantasmas de la noche, a los monstruos del día, a los amaneceres de sangre, al destierro interior, al alma exiliada, a las páginas en blanco. Sus versos y su prosa que se entrelazan para establecer el poema, para ahondarlo y liberarlo; son su desahogo de cada día. Cada verso, un suspiro, cada poema un alivio. Así renace cada amanecer. André no es un poeta como otros, no. Existen movimientos literarios y otros que van a contracorriente ofreciendo una estética y una ideología fuerte sustentada en el sufrimiento de los pueblos. André se identifica plenamente con ellos, Y con el tiempo muchos seguirán su forma (porque su fondo es inaccesible), y crearán escuelas como lo hicieron algunos clásicos.
André Cruchaga, es el hilo de esa tinta que usa para denunciar la historia. Una manera de expandir lo que ocurre en el país. Muchos poetas y escritores lo hicieron, obviamente, no todos salieron ilesos. Por mi parte creo que, a la política ha de llegarse por vocación para ayudar a los ciudadanos. Con el compromiso hacia la clase social. Nunca para encumbrarse "salvadores de la Patria", donde el miedo prevalece sobre otros sentimientos y que, forma parte de lo cotidiano arrancarle los sueños para convertirlos en pesadilla. La política creo que es un instrumento para lograr el bien de la sociedad y asegurarle una vida digna. Pero aquellos que se implantan con un régimen sin ningún tipo de Orden Jurídico y Legislación Vigente, implica, obviamente, el apoyo de la fuerza militar., que son los encargados de ejercer la represión e imponer el terror violando todos los derechos de los ciudadanos. Porque ya dejan de serlo. Para convertirse en "objetos manipulados por el sistema". Por lo que los políticos se ganan a pulso el descrédito de la población sumida en el miedo a ser encarcelada o fusilada. Los que conforman la "casta del horror" y que ejercen la tiranía son aquellos que se colocan la pancarta de "trabajamos por los intereses del pueblo", un recurso desgastado por su uso. Y que son los mismos que dicen fortalecer la democracia o el país. "El Salvador es grande por su gente”, es pura demagogia cuando lo utilizan para conseguir el apoyo electoral. Son las maniobras de aquellos que NO saben hacer política en beneficio de sus ciudadanos y sí, sin embargo, tienen aprendido cómo violentarlos, o quitarlos de en medio...

Teresa Moncayo, Escritora.
Vejer de la Frontera, España, 2016