sábado 3 de marzo de 2012

EL SIGNO MENOS DE DORA GUERRA*


Dora Guerra, El Salvador,
Fotografía tomada del archivo de Arte Poética





EL SIGNO MENOS DE DORA GUERRA*


Por Eduardo Salvador Cárcamo



Dora Guerra, nació en París el 22 de julio de 1925. Es la segunda hija de don Alberto Guerra Trigueros y Doña Margoth Turcios, siendo la primera MaríaTeresa (que naciera también en París un 3 de marzo), quien debido a su ambiente, a su entorno, se dedicó a la danza y al arte. Dora comienza a crecer en el ambiente parisino, luego es trasladada a El Salvador por sus padres, pues don Alberto, profesional, abogado, escritor y diplomático, envuelto en su ambiente, le permitía residir donde su gobierno le enviase. Dora Guerra, lamentablemente solamente escribió una obra: Signo Menos (1958), un poemario muy bien logrado, con una profundidad filosófica y alto sentido de la vida, por cuanto, digo lamentable, porque con ese potencial poético, y con mucho por dar en este género, vedó a las siguientes generaciones de su exquisitez lírica. Dora Guerra se marcha a París el 23 de noviembre de 1957, donde contrae nupcias con el Doctor en Filosofía y Letras Bernard Mottez, boda que se realiza el 22 de marzo de 1958 en la iglesia parisina de St. Germaine de Charonne. Su único libro, editado por la Editorial del Ministerio de Cultura, como parte de la Colección Poesía Vol.7, es la única huella poética de Dora, que conocemos en nuestro país. Y estos son los únicos datos biográficos que nos arroja Cañas-Dinarte en su Diccionario de Autores y Autoras Salvadoreños, DPI, 2002. Datos enquistados en la biografía de su padre. Según este Diccionario, Dora Guerra todavía reside en París, y si aún vive, su edad es de 85 años. En todo caso, la intención de quien escribe estas líneas: es la de rescatar estos valores literarios, de quienes poco o casi nada se habla hoy día. Este libro de Dora Guerra Signo Menos, contiene 22 poemas, siendo la temática parte de sus experiencias personales, blandiendo la naturaleza y la espiritualidad humana.

Nota: Al momento de escribir esta nota, desconocía que Dora Guerra se había trasladado a San Salvador, donde reside de manera permanente desde hace unos cinco años, a la fecha en que hago esta aclaración, febrero de 2012.

Tomaremos algunas muestras, para sustentar nuestra teoría:



Tiempo Sin Tiempo



I

Nací un día,
sin después, ni hoy, ni antes.
Nací por un resquicio de la vida
desde un Ay desgarrado por la tarde,
entre un grito impreciso de la tierra
y un asombro celeste de los ángeles.

Nací con el cansancio de los sueños
que soñaba mi madre,
con el dolor inmenso de preguntas
infinitas que se abren
y la carga tremenda de los siglos
que transcurre rieron antes.

Nací ya desterrada de mi tierra
en ajenas ciudades,
con la mente compleja y preocupada
de herencias de mi padre.

Con la corriente tierna de mujeres
engendradas de adanes
y el torrente fecundo de varones
nacidos de su madre.

Nací con las pestañas doloridas
de llantos ancestrales
y el corazón ya contraído
de ignorados pesares.

Nací, porque alguien quiso que naciera,
con eterno equipaje:
mi yo, mi tiempo, mi dolor
y mis palabras fáciles.

Nací ya con mi espacio limitado
por fijos litorales:
con mi trozo de cielo ennudecido
y mi tierra sin mares.

Nací,
por alguna razón de la existencia,
porque los hombres nacen;
porque la vida se busca un pretexto
de resurgir en embriones fugaces.

Nací por el amor y por el llanto,
con mi dios, y mi piel, y mis pensares.


En este fragmento la poeta Guerra, contrae su visión y sus luchas: “Nací un día,/sin después, ni hoy, ni antes.”… es decir, emula al título de este poema: Tiempo sin tiempo. El tiempo es primordial no sólo para Dora, si no para su misma percepción cuanto a su todo, esto es, su entorno, en cuyo espacio no existen medidas ni distancias, únicamente el abandono de su pensamiento que rompe las barreras del sínodo espiritual donde la vida aún no puede desprenderse de sus limitaciones, y con cierto desenfado pronuncia: Nací, porque alguien quiso que naciera,/con eterno equipaje:

mi yo, mi tiempo, mi dolor/y mis palabras fáciles. Dora Guerra tiende a filosofar sobre la vida, y lo argumenta al decir: Nací con el cansancio de los sueños/que soñaba mi madre,/con el dolor inmenso de preguntas infinitas que se abren/y la carga tremenda de los siglos/que transcurrieron antes. El soñar se le volvió una carga tremenda, que le pesó a través del tiempo pintado en los siglos, y su madre estuvo allí a su lado, siempre con ella… el lirismo no se hace esperar y Dora canta entonces a ese espacio que ocupa la vida… podría argumentar otra cantidad de interpretaciones de este fragmento del poema, pero, en la II parte, encontraremos más argumentos…

En esta Segunda parte Dora nos conduce por el laberinto de la religiosidad que como tradición camina entre generaciones y su madre, siempre presente sin abandonarla, como conduciendo sus pasos desde su nacimiento, pasando por la pila del bautismo hasta que desarrolla su propio vuelo. Véase el arranque inicial de esta parte : Una sonrisa húmeda de lágrimas,/ florecida en los labios de mi madre,/me empujó al porvenir, ya balbuciendo/la palabra de todos los lenguajes.// Dora no vacila al ahondar en esta espiritualidad que la nutre de talento, mismo que se desprende de sus versos tan llanos como irreverentes. Entré en contacto con la madre tierra/por mi cuerpo de lastre//Luego fui vertical: como los hombres,/como las cruces.


II

Una sonrisa húmeda de lágrimas,
florecida en los labios de mi madre,
me empujó al porvenir, ya balbuciendo
la palabra de todos los lenguajes.

El agua del bautismo me bendijo
con antiguas señales,
poniendo en la entraña sumergida
lámparas que siempre arden.

Entré en contacto con la madre tierra
por mi cuerpo de lastre.

Luego fui vertical: como los hombres,
como las cruces y como los árboles.

El número purísimo en la escuela,
me introdujo en el aire
y abrí la sinfonía del sonido
con las cinco vocales.

El ojo mío se encendió a la luz
con los siete colores primordiales
y descubrió la sombra, siempre unida
a cada rayo en que la luz se halle.

Y entré en el catecismo
con sus siete pecados capitales.

Después me vino el verso.
sin sentirlo,
como viene la tarde:
con un recuerdo azul de la mañana
y la promesa de una noche grande.

Pero mi verso se acercó a la noche
poblada de puñales
y se olvidó de la mañana azul
con sus dulces paisajes.

Lo revestí de sombra dolorida
y le di de beber mi propia sangre.

Y aquí estoy yo. Clavada sobre el mundo,
con mi carga infinita de tristeza,
con mi canto sombrío,
con mis ayes.




III


Y he de morir
un día sin después,
pero con hoy y antes.

He de morir, porque los hombres mueren,
porque los quiere Alguien.

Dejaré para el paso de otros ríos
el surco de mi cauce,
y el peso de los tiempos y mi tiempo
sobre los hombres frágiles.

Yo dejaré el legado de mi cielo
y mis dulces paisajes,
dejaré mi dolor para los tristes
y mi sed y mi hambre.

Dejaré la corriente de mis venas
en humanos canales,
mis oscuros sentidos a la tierra
y mi sueño a los árboles.

Dejaré el grito lívido
que la muerte me arranque,

Y dejaré, a los hombres que me escuchen
mis voces en el aire.




IV


Qué ligera seré ya sin mis venas,
sin mis ríos de sangre,
sin mis ojos de barro entristecido,
sin mis pies terrenales.

Qué liviana me iré yo por el viento
cuando todas las horas se me acaben.

Y ya no habrá después.
ni habrá hoy.
ni siquiera habrá un antes.

Yo sola iré en mi viaje sobre el tiempo
hacia el eterno instante.

Y llegaré a la luz, fuente de luces,
negadora de sombras y de males.
generadora de hombres
y propulsora de astros y de aves

Y seré yo la luz, junto a la luz
en la continua aurora de los ángeles.




Te He Conocido



En la última hora de la tarde,
Señor, te he conocido.
En el espacio inmenso del minuto
más pequeño del día.
En el correr alegre del cordero
dulcificando brisas
y el tenderse las manos inocentes
tras su lana amarilla.

Te conocí, Señor
en este nuevo intento
de llegar hacia ti
en la hora propicia.
Por el lugar tan puro del recinto,
por el agua tan limpia.
Te conocí, Señor, por lo perfecto
de esta suave delicia
de sentir casi dulce mi tristeza
y el corazón al borde de la vida.

Te conocí, Señor. Te he conocido.
¿No he sentido tu soplo que todo purifica?
¿No he sentido tu voz en el anuncio
del Angelus del día?

Me llegaste, Señor, te me has llegado
dulcemente sencillo, en armonía
con la última hora de la tarde
y la primera estrella vespertina.

Ah si el soplo no fuera tan liviano
si no fuera mi cuerpo leve filtro
si se quedara fija esta mi hora
marcando para siempre el reloj mío.

Ah si no fuera tan ligero el viento
ni tan pequeño el hueco de mi oído,
si se quedara siempre entre mis manos
este vellón suavísimo.

Guarda, Señor, este primer renuevo
dentro del nuevo corazón nacido
y llámame, señor, cuando me llames,
en la última hora de la tarde,
con la primera estrella
que yo sabré encontrarme en tu camino.





Viaje




Subiendo por amor y por ternura
hasta tu corazón en plena selva,
bajo el ramaje inquieto de tus nervios,
atravesando peligrosas venas.
quedándome perdida en tu espesura,
pasándome tu amor de tal manera
que el viaje por ti mismo me ha robado
hasta el último esfuerzo de mis fuerzas.

Estoy rendida, amor, bajo tu sombra
y con el poco aliento que me queda
quiero trazar tu dulce geografía
sobre el mapa que todo lo recuerda.

Por ver si así no pierdo mi camino,
si ajustando mi brújula a tu estrella
puedo llegar al centro de tu centro
y puedo al fin decir dónde te encuentras.




Finalmente, esperamos que los estudiosos: escolares, universitarios, o investigadores, cuenten con estas muestras poéticas de Dora Guerra y su breve biografía, a fin de enriquecer aun más sus conocimientos.


Poemas del libro Signo Menos de Dora Guerra
(San Salvador, El Salvador, publicado por el Ministerio de Cultura Departamento Editorial, 1958)

Tomado de la edición del día jueves 1 de marzo de 2012, (Trazos Culturales que dirige el poeta y periodista Néstor Martínez en Diario Colatino, San Salvador, El Salvador.)

domingo 26 de febrero de 2012

TRES SONETOS DE ALBERTO LÓPEZ SERRANO*


Alberto López Serrano, El Salvador




CANTO PERFECTO




a Raúl Contreras



Cuando oíste la voz de la señora
de sombras, sin palabras, ¿Qué dijiste?
¿Del alba qué remanso perseguiste
en el paso veloz que se demora?

¿Qué señal de partida fue la aurora?
Tu luz de estrella, sin abrir, abriste.
De tu nieve encendidas brasas viste
en brazos de la amiga segadora.

La amiga que vigila en la ventana
y nuestro nombre gritará mañana.
El pulso eterno que te abrió la puerta

y en sus grietas la luz veo filtrada.
Canto perfecto de la voz cerrada,
yo soy aún el de la voz abierta.




LA PIEDRA





¿Esta manía de quedarme quieto
cuando quiero saltar y despeñarme!
Locura de lanzarme sin lanzarme
persiguiendo las olas en secreto.

¿Al mar doy mi caída abstracta? Inquieto
al muelle y me refreno sin quejarme,
me clavo a un tablón al sujetarme
agitando mis alas de concreto.
¿Es este afán de interpretar desnudo,
quieto, con un candil en mi locura,
como actor de dicción en cuadro mudo?

Quizás por gusto guardo mi apostura…
¿Cuándo las olas quiébrenme el escudo,
no sabré interpretar la piedra dura!




LA NAVE QUE FALTA



El muelle bien construido me sostiene
y aguardo la salida de mi nave.
Mar y alto faro, ¿quién de ustedes sabe
por qué barca la espera me retiene?

Filas de naves sin final contiene
que al ojo pareciera más no cabe;
sin barca para el mar undoso y grave
sólo un espacio el triste muelle tiene.

Camino entre las velas que se agitan
por los vientos que al mar las precipitan
a buscar la brillante luz del día.

Impacienta a las naves la partida
y no encuentro mi nombre a la salida.
La que hace falta, ¿no es la barca mía?

*Poemas tomados del libro: UNA MADRUGADA DEL SIGLO XXI. (Antología), Autor Vladimir Amaya, San Salvador, El Salvador, 2012-

sábado 25 de febrero de 2012

TRES POEMAS DE RICARDO LINDO*


Ricardo Lindo, El Salvador





LOS ABUELOS JUDÍOS




El vino de mi sangre guarda un caudal de judíos españoles
que echaron los Reyes Católicos hace ya cinco siglos,
y se fueron a Holanda, donde quizás,
en pequeños cuartos oscuros,
tallaron diamantes tras gruesas lupas misteriosas,
y traficaron con ellos por los caminos de Europa.
Así adquirieron la llave de los mares,
y llegaron a las islas del Caribe
que tienen palmeras por anclas,
y bajo el sol inmenso del trópico
instalaron un candelabro de siete brazos que venía en sus baúles.
Hay entre mis pasados rabinos de negras barbas rizadas,
y lentas madres sumisas que leían la Biblia a la luz de las velas,
y jamás hablaron bien el español.
Vieron abrirse el canal de Panamá,
y en una noche oscura vinieron aquí los abuelos,
y el mapa de sus manos tenía todos los horizontes.
Así vieron sus almas de errantes el puerto de la Unión,
mientras se balanceaban los barquitos de los pescadores,
y conocieron el sabor de las pupusas y el chiloso curtido,
y visitaron la lluvia del platanar,
y tomaron café bajo un techo de lámina,
pero no se asombraron, como los salvadoreños, del ferrocarril,
porque ellos ya lo conocían.
A lomo de mula vinieron, y a lomo de barco,
y conservaron siempre el viejo candelabro,
y aquí hicieron su vida.
Cuando ellos fallecieron fueron aquí enterrados,
dieron sus flores sus cuerpos,
fueron semilla ajena sembrada en tierra nuestra
en el pequeño huerto del cementerio azul.
Yo no tengo un candelabro de siete brazos
ni conozco oraciones en hebreo o en yidish,
pero tengo sus fotos en un gran libro
que ni siquiera está estampado en cuerpo.





XIV




—Ven —dijo.
Su rostro emanaba dulzura, pero al llegar al cuarto se volvió agrio y amenazador.
—Es indispensable —dijo.
Ella sintió que no era indispensable, sino cruel e inútil.
—Sí —dijo ella—. Es indispensable.
—No tengas temor— dijo él.
—No tengo —dijo Ana temblando





XXXII



Del ramaje del árbol
de las generaciones,
despaciosos se alarga
el tiempo.
Ceniza gris se vuelve el aire claro
y fantasma la mano
que tocaba las músicas
del alto balcón en sombras.
El oro que un pintor hizo aureola
y el chillido del ave que volaba,
y el horno de los panes,
conocimiento son,
u olvido.
Marfiles,
líneas que delimitan lo fugitivo,
mapas de astros,
caminos de los mares,
se hunden en el espejo de la luna.
Tiempo leve del vino
los restituyen un rato en duda y sombra.
Y después,
pasa el tiempo,
aquel que nadie escucha.

*Los tres poemas de Ricardo Lindo, han sido tomados del libro: “Oro, pan y ceniza. Imprenta y Offset Cuscatlán, San Salvador, El Salvador, 2001.

domingo 19 de febrero de 2012

TRES POEMAS DE CLAUDIA HÉRODIER


Claudia Hérodier, El Salvador





IDEOLOGÍA




Ventana hecha de cualquier cosa
y para cualquier hombre.
Tú me das al mundo en archipiélago de nombres,
y me quitas un ojo
y otro ojo me robas.
Me dejas ciega en mi pobreza de pobre.
Ventana de un mundo que se ordenó en desorden.
Caos de mi palabra en tu angustia torpe.
Ciérrate ante mi. Verte no quiero,
ventana del mundo. Deja que el mundo llegue
y tome: del mar, sus aguas,
del camino, la vereda, el monte…
de la piedra ¡el golpe!
Ventana del mundo: retírate.
Deja que el hombre sea hombre.
Ancla tu ancla en tu silencio oscuro
que oscuridad esconde.
No quieras ser sus ojos,
ni su voz ¡menos su nombre!

Septiembre 30/74 S.S.




CIUDAD: SAN SALVADOR




Ésta es mi ciudad. Hay olor
de gente por todos lados.
Un olor atropellante
que galopa sobre las aceras
-y, aunque no haya aceras, galopa lo mismo-.
Olor que crece sin decrecer nunca
y va en su ascenso dejando rastro.
Olor que asume para sí mismo
un especial olfato.
Ésta es mi ciudad: un olor.
Olor que te absorbe y te ras
de mano en mano.
Como poder entonces decirnos
Como poder entonces decirnos





AH ... LA VIDA DE MI PAÍS



No. No es nacer.
Ni siquiera dormir.
Es soñar. Inquirir. Preguntar.
No llegar hacia la puerta.
Ni siquiera abrir una ventana.
No. No es nacer.
Es gemir. Llorar. apenas sonreír.
Y seguir y seguir y seguir…
Llorar. Gemir. Tragar. Callar.
Esputar la sangre.
Morir.

Enero 15/75 S.S.

domingo 22 de enero de 2012

TRES SONETOS DE DAVID ESCOBAR GALINDO


David Escobar Galindo, El Salvador




EDAD, SONETO V





Liso rumor de tierra en que navego
como hacia inmensidad de mar interna:
sorda en la sien la luz de la linterna,
mientras la sombra ofréceme su fuego.

Qué denso amor de tierra es este apego
a la dulzura que me desgobierna:
y es que reflejo soy de la caverna
donde otros hombres callan sin sosiego.

Nadie escapa de ser su propia herida,
y ese río es de todos, tierra adentro,
tierra adentro del agua desvivida.

¡Ah iracunda ficción en que me encuentro,
disgregando la llama conocida
al hundirme sin brújula en su centro!

De: Las máscaras yacentes, 1984





DIOS TRABAJA CONMIGO




Dios es de pronto un dios tan fatigado
que cabe en la prisión de mis membranas.
Lo oigo asomar por todas las ventanas,
en busca de la luz, alucinado.

Yo, en mis ciegos trabajos afanados,
lo dejo solo todas las mañanas.
Y Él se tiende a soñar con las lejanas
fantasías que Él me ha enseñado.

Cada mañana escribo las profanas
Reflexiones del tiempo. El café helado
Queda junto a la máquina. Ya hay ganas.

Ganas de ser, de decir, de oír. Y al lado,
Dios que está adentro —preso en mis membranas—
Absorbe mi fatiga, resignado.

De: Dios interior, 1995





SI TÚ ME DICES VEN…
“si tú me dices ¡ven! Lo dejo todo…”
Amado Nervo




Si tú me dices ¡ven! no dejo nada,
me voy detrás de ti con todo en vilo
—sin miedo, sin reserva, sin sigilo—,
como el rebaño tras la madrugada.

Con esa sola, inmemorial llamada,
ya todo en mi esperanza está tranquilo:
canta la brisa, enciéndese el pabilo,
y el corazón olvida su coartada.

Y ya seguro de que no vacilo,
es como una marea ilusionada
este impulso del ser, tenso en el hilo.

Y ante el imán de voz y de mirada,
Si tú me dices ¡ven! No importa el filo
Que tenga que cruzar sobre una espada.

De: Árbol sin tregua, 1996

sábado 21 de enero de 2012

TRES POEMAS DE MIGUEL HUEZO MIXCO


Miguel Huezo Mixco, El Salvador




SI LA MUERTE




Si la muerte viene y pregunta por mi
haga el favor
de decirle que vuelva mañana
que todavía no he cancelado mis deudas
ni he terminado un poema
ni me he despedido de nadie
ni he ordenado mi ropa para el viaje
ni he llevado a su destino el encargo ajeno
ni he echado llave en mis gavetas
ni he dicho lo que debía decir a los amigos
ni he sentido el olor de la rosa que no ha nacido
ni he desenterrado mis raíces
ni he escrito una carta pendiente
que si siquiera me he lavado las manos
ni he conocido un hijo
ni he emprendido caminatas en países desconocidos
ni conozco los siete velos del mar
ni la canción del marino
Si la muerte viniera
diga por favor que estoy entendido
y que me haga una espera
que no he dado a mi novia ni un beso de despedida
que no he repartido mi mano con las de mi familia
ni he desempolvado los libros
ni he silbado la canción preferida
ni me he reconciliado con los enemigos
dígale que no he probado el suicidio
ni he visto libre a mi gente
dígale si viene que vuelva mañana
que no es que le tema pero ni siquiera
he empezado a andar el camino




CLIENTES




Qué hay debajo de una ciudad
sino cloacas
Qué hay sobre una ciudad
sino basura
Qué hay por encima de las cloacas
la ciudad y la basura;
Nada en absoluto.
Total se desvanece,
la vida es corta, la muerte ingrata
un ojo opaco la existencia
el universo un plato
y tras el camino de encima la enorme fatiga.
Por el contrario el burdel es un panal:
intensa bocaza abierta
con risa sensual;
pelucas muruchas enriquecidas con champú
caderas flacas o rellenas
muslos de goma repletos de moscas
sin ropa interior.
Además jamás hemos amado
y ese montón de silencio apuñado
nos ha cambiado las palabras.





EL HILO DE ARIADNA




La historia ha sido mal contada
No soy Teseo
el héroe
mi nombre es otro
Después de la guerra de los centauros
bajé a los infiernos
pero conseguí huir a los turbiones salobres
ultramarinos
Yo traía un casco reluciente
como el de un motociclista
Sin medallas ni condecoraciones
Sólo una madeja de hilo
Y mi espada rota
Como mi suerte
La dilatada sombra azul que crece

viernes 20 de enero de 2012

TRES POEMAS DE EUGENIO MARTÍNEZ ORANTES


Eugenio Martínez Orantes+, El Salvador




AÍDA




La primera brasa que tuve
se llamaba Aída.
Tenía el pelo alegre
como un trigal sembrado en una perla,
y unos ojos de fiesta donde el cielo
nacía diariamente.

(Ella fue la culpable de que yo empezara
a escribir garabatos sobre las espaldas
de lejanas estrellas)
...los dos éramos hijos de mecánicos,
los dos éramos hijos
de esa clase de hombres sudorosos
que aman la paz y aman el trabajo
y que al acariciar manchan de grasa.

La primera brasa que tuve
se llamaba Aída.
Los dos creíamos
que la vida era
un juego azul carente de final,
...Yo recuerdo que nunca nos pusimos
a pensar en la guerra y en sus muertos
ni en los países grandes que conservan
sus deudos con cañones y con tanques.
Nunca hablamos de eso. Ni del hambre
que roe y que taladra los estómagos
y aúlla en las esquinas de los barrios.
Los dos éramos niños todavía.
Ella fue un liriosol entre mis manos,
un venado de fuego saltando por mi frente
un canarioazucena
bañando mi costado de músicaperfume.

Han pasado los años.
Aída es una flecha cruzando mi recuerdo.
Yo estoy como los árboles:
enraizado a la tierra,
frente a los huracanes,
con los brazos cubiertos de frutos
y de trinos;
esperando el fulgor de un nuevo día.




SÍ SEÑORITA, LOS TRACTORES...




Sí, señorita,
los tractores son las arma
que nosotros necesitamos urgentemente.

Hasta ahora, los hombres
Hemos querido conquistar el mundo
a fuerza de golpes,
de puñales y ametralladoras.
Consulte usted la historia.
Está llena de sangre,
de cadáveres,
de gargantas que gritan contra el odio.
Todas las hojas de los calendarios
están de luto, señorita,
como si el único
motivo que nos tiene en la tierra
fuera el de asesinar a nuestros semejantes.
Es terrible, señorita, terrible totalmente.

Cuando usted, frente a un espejo,
se pinta las mejillas y los labios,
cuando espera el autobús para ir a la oficina
o cuando está
frente a una máquira de escribir,
cuando escucha a Beethoven
o lee a Neruda,
cuando ríe, bosteza o suspira;
en cualquier parte del mundo
está muriendo un hombre y otro y otro y otro.
Los está matando el odio,
la guerra, la miseria.
...Los días corren por las calles
mostrando el esaueleto
bajo la carne rota.
Los mendigos
penetran a las cafeterías y los bares
como hormigas hambrientas.
Da lástima, dolor, rabia,
el contemplar los rostros dolorosos
de los niños
que antes de aprender a leer y escribir,
aprendieron
-porque la vida les enseñó con golpes-¬
a pedir una limosna en nombre de sus dientes

Es terrible, señorita, demasiado terrible.
Por eso
Yo
afirmo corvencido:
Los tractores son las armas
que nosotros necesitamos urgentemente.





EN ALGÚN LUGAR DE ESTE PEQUEÑO PAÍS




En algún lugar de este pequeño país,
hay una mujer a quien yo amo.
La amo, porque tiene panales en la boca y la mirada:
su presencia es un río, arrastrando
dulces cantos rodados hacia el mar de mi anhelo;
y su voz tiene la suavidad del vuelo de un pájaro,
recorriendo los cielos en la búsqueda de una estrella lejana;
porque su pecho es un nido de gorriones,
que vibran, se agitan y se expresan
con palpitantes llamas de pasión.
En algún lugar de este país,
de sólo, veintiún mil kilómetros cuadrados.
y entre varios millones de mujeres,
hay una sola mujer a quien yo amo.
La amo, porque tiene una dulce sonrisa de virgen antigua,
y me hace recordar a Miguel Ángel y a Leonardo.
Afirmo que la amo, porque puedo pasar horas enteras,
años, siglos, milenios, admirando su rostro, su perfil,
en un silencio eterno, sin principio ni fin.
La amo porque mi soledad se vuelve fiesta
con sólo recordar que ella existe.
Cuando camina por las calles y va de un lugar a otro;
cuando trabaja, canta, ríe o charla con alguna persona,
yo suelo estar pensando en ella, amándola segundo tras segundo.
La amo porque ella es torrente de vida,
erupción de lava jubilosa,
bosque lleno de mariposas de todos los colores y tamaños,
viento transformándose en canción,
mar con gigantescas olas de ternura.
Muy especialmente, la amo
porque, sobre todo lo bello,
etéreo, irreal y onírico que tiene,
ella es, simplemente, una mujer de carne y hueso.

San Salvador, mayo 22, 1981.

jueves 19 de enero de 2012

TRES POEMAS DE MARISOL FLAMENCO


Marisol Flamenco, El Salvador





NO PUEDO EVITAR




No puedo evitar mirar el ayer,
recordar con nostalgia
todo lo que fue.

Todo lo que significó tener,
todo lo que me hizo enloquecer.

No puedo evitar sentir su presencia,
sentir como se eriza mi piel,
recordar sus caricias,
ese pasado tan cierto,
que al cerrar los ojos
vuelvo a tener.

No puedo evitar mirar el ayer,
como la ráfaga de un viento
que ya fue.
De una tormenta que ya pasó,
y de un adiós que me marcó.

No puedo evitar sentir lo que siento,
querer un instante,
odiar después.

Odiar primero,
querer un instante.
Saber que el ayer fue eso
y que ya no es.

No puedo evitar sonreír en silencio,
seguir viviendo aunque aveces
sienta que haya muerto.

No puedo evitar viajar al pasado,
comprar las historias que
me hicieron creer,
que la felicidad en sus ojos
podría ser.

No puedo evitar recordar el ayer,
como el más lindo cuento
que he podido leer.
Y aunque en sus páginas
hubo espinas,
hoy brillan en ellas,
el perdón y poco a poco
aparece el olvido.
Copyright ©2008




YO SOY ELLA





Yo soy ella
A quien tú buscas
En la arena y en el mar.

Yo soy ella
Flor y aroma
Agua, sal y manantial.

Yo soy ella
A quien tú amas,
A quien no puedes olvidar
A quien buscas
A quien quieres
Yo soy ella
Y eso siempre
A si será.

Yo soy ella
Y te acompaño
Vestida de soledad,
En las noches de ausencia
En cada despertar
En las flores
En el viento
En el agua
Y hasta en el mas allá.

Yo soy ella
Quien te ama de verdad.

Yo soy ella
La nostalgia
El recuerdo y una voz
Un eco misterioso
En lo profundo de tu amor.

Yo soy ella
Quien te ama y quien
Te espera
Aquí, en la eternidad.
Copyright ©20





ECLIPSE




Recordando cosas de mi infancia...

El cielo comenzó a nublarse de tal forma
que mi cuerpo
comenzó a temblar.

Mis piernas perdieron
el equilibrio,
Mi corazón palpitaba
sin parar.

Mis ojos se perdían
en la oscuridad del día.
Invadida por una inesperada
melancolía.

Un silencio aterrador
se pronunciaba
la tarde en la que el sol
se nos escapaba de las manos.

Un aro de luz iluminando,
Un anochecer anunciado
En medio de una tarde
Incrédula y abandonada
En la que mis ojos,
y mi alma
Eran testigos de la unión
Apasionada de dos viejos
y entrañables amantes.

El Sol y la Luna
Que por unos segundos
se amaban.

Eclipse de amor/ Aro de luz
Una tarde de mi infancia,
inolvidable.
Marisol Flamenco©2009

miércoles 18 de enero de 2012

TRES POEMAS DE MANUEL LUNA


Manuel Luna, El Salvador





PREGUNTAS LEJANAS
[ a mis padres y hermanos ]



Padre, Madre
¿ dónde quedaron las fotos ?
o ya ni las fotos
¿ dónde están sus hijos ?
[ mis hermanos ]
¿ dónde estamos los hermanos ?
o ya ni los hermanos
¿ Dónde estamos los que éramos ?
Padre, Madre
¿ quiénes somos ahora, seremos otros ?
¿ qué haremos para vernos mañana
o ya ni nos veremos
Padre, Madre:
Todas son respuestas que se hacen adivinatorias




PAISAJE LEJANO



Un cielo muy cielo
Un cielo de allá
Un camino terroso, agrietado
Por ese sol de allá
Un verde de árboles
Coloreados a frutas
Unos anacardos amarañados
Unos cuelgan aun verdes
O amarillos o ya rojizos
Todo plantado a la tierra
Bajo ese brillo candente
Y aun tus ojos
Y aun mis ojos
En ese cielo muy cielo
En ese cielo de allá




SALVATRUCHA EN EL NOMBRE DEL NOMBRE



En mi sien izquierda tatuaron en rojo
salvatrucha de salvadoreño
Y
Siete lágrimas entintadas rojas
Que gotean de mi sien a mi corazón
Esas lágrimas no son muertes que hice
Son siete muertes que dejaron los asesinos
Tiradas en el suelo de la casa
A pesar de que estos dejaron sus huellas
Nadie hizo caso a estas muertes
Porque la muerte era lo nuestro en esos días.
Yo escape
Y continúo en este tren
Que va de frontera en frontera
Que va de la noche a la madrugada
Entonces comencé a vivir
Hacia delante, donde me llevaba la vida
En mi pecho del lado izquierdo
Tatuaron un disparo que no me toco
Los disparos dieron en mi madre
En mis hermanas y hermanos
Del lado de mi sien izquierda
Se lee salvatrucha de salvadoreño
La sangre de mi pensamiento gotea
La sangre de mi sangre cae en mi corazón
En el nombre de mi nombre
Esta tatuado salvatrucha
Salvatrucha de salvadoreño.

martes 17 de enero de 2012

TRES POEMAS DE LAURA ZAVALETA


Laura Zavaleta, El Salvador




MATERNIDAD




Mi abuelo le dijo algo al oído,
ella parió un mundo
y luego otro y cada vez más geométrico
el círculo se fue cerrando
y el mundo era abarcado por su falda.
Ahí subíamos a bordo.
Entrábamos al Arca.

En todos sus rincones
mi abuela esparcía leche,
sobre los abismos
donde se fundaban las jurisdicciones
de nuestros fantasmas.
Ella nos daba de comer.
Nos arropó con la nieve
que cubría sus párpados.

Llenó de nieve mi lengua
y quedó dormida
hasta que me quiso mostrar el alfabeto.




HUMO




Él pintaba, esculpía,
me hacía un retrato de niebla con su boca
y tiraba el humo
más allá de la nostalgia.
Tallaba
las líneas de una mano que no existe.
Hacía una casa
Donde cabía el agua estancada.
Hoy el agua es madre
y tiene un montón de insectos
pegados a su nombre
como mis recuerdos.




MUJER Y MUERTE



Querida: Los segundos sin permiso, pasan
y todo es estrujado acá dentro.
En la cabeza cargo un nudo de inviernos y solo digo:
cómo vas conduciendo la noche mientras desciende
de mí, este largo hilo de hormigas
todas, con tu cabeza de diosa;
con tu crueldad de animal insondable.
Sobre mí hay un dedo infinito
que se desliza y dibuja en mi arena
la forma de un mar que devora y arrastra,
y camina desesperadamente hambriento,
y es una serpiente inmensa que muerde mis talones.
Y no hay nadie
que cierre los ojos por mí.
Y el aliento, la música y la lámpara
son solo ilusión y nada pesa.
Sigue y camina tu abrazo,
en la transpiración, ésta, de realidades
yo solo guardo un sabor de niebla en la boca.