UNA
BANDERA DE PLUMAS ANTE EL ARDOR Y REBELIÓN DE LAS PALABRAS
O
EL RESPONSO DE UN LOCO
QUE
SIEMBRA PÁJAROS
me
persigo
junto
a tan tantas otras bellas concas corolas erolocas
entre
fugaces muertes sin memoria…
OLIVERIO
GIRONDO
Los
espejos mienten para volver a mirarse
En nuestros ojos.
RAÚL
HENAO
La poesía en su valor más
universal nos conduce siempre a los ámbitos de la memoria, sin negar los
tiempos de silencio, o esa búsqueda de horizontes esperanzados, mismos que
abren las ventanas del alma, y que bullen como un rictus en el ojo húmedo de la
página. En su ensayo, La poesía entre el
silencio y el pecado, la escritora Ana Blandiana,[1]
expresa: «me refiero a la evolución de la poesía como un ideal, concebido como
una intensificación del poder de sugestión, en el que decir lo menos posible
para sugerir lo más posible puede convertirse en no decir nada para sugerirlo
todo. Un ideal absurdo en la medida en que implica, para su cumplimiento, la
desaparición de la poesía. Y un ideal, también, que, por mucho que quiera
acercarse a él, ningún poeta alcanzará nunca, porque ninguno aceptará renunciar
a sus palabras. El sufrimiento y el arte del poeta consisten en vivir en el
filo entre esas palabras y la nada.» veamos qué es lo nos dice Jorge Canales: «Soy
el loco que un día se irá abrazado con la palabra locura / después de esperar
la muerte sólo para darle la hora.» (Canales: EL LOCO, 2025). En este poema hay
una aspiración de anulación, una escena casi de sepultura.
La obra que aquí nos
ocupa posee diferentes tonalidades, desde la ironía y la crítica social hasta
cierto intimismo. Es en todo caso, una poética versátil, sus palabras resuenan
con intensidad, la emoción que solo se ve en poetas comprometidos con el oficio
de ser poetas. Resulta un riesgo leer desde la superficialidad, hay que oír a
lo subterráneo, a lo que no dice literalmente el poema: tomemos el poema
dedicado a Ovidio Villafuerte, dos versos son contundentes: «Se leía la palabra lucha / pero era
difícil no incinerarse con el sol.» resulta que el poeta en cuestión era un
soldado de la lucha, no un perro faldero del capitalismo. Aspiración y
experiencia frente al oprobio.
Las diversas construcciones
que el poeta realiza, resultantes de su interacción con el entorno, con sus
vivencias, constituye la parte fundacional del poema, es decir, los espacios
imaginarios en la poesía que nutre y desemboca en «experiencia vital» Las
tensiones que suscita el tiempo, el entorno, la inmersión en el mundo de los
sueños (casi como un enclaustramiento), los descensos, ascensos, en el momento
de la escritura, es lo que le da a la poesía y al poeta una perspectiva
unívoca. Estos imaginarios (espacios psicológicos) se organizar al punto de
constituir la experiencia del poeta. Canales capta a través de su poesía la
esencia de este tiempo de cambios y retrocesos políticos y los nuevos desafíos
a los que la sociedad debe responder. La palabra del poeta es pertinente y
oportuna: «Despiden los grafitis su
voz ahumada / sobre las paredes descascaradas de miedo. / No respiraré más su
aroma de leyenda / para distraer el mal de hambre / palpitante en estas
palabras de nadie.» Canales: LA GARCA, 2025).
Sentimientos e imaginarios,
como elementos tensionales, conforman esos espacios que a continuación, procuro
delinear. Generalmente para el poeta hay un lugar mítico, todo aquel bagaje que
deviene de su infancia como elemento acumulador y nutriente en la conformación
del poema y una poética; también, el espacio (dentro de ese imaginario) que
ocupa el entorno como referente de escritura; y, finalmente, lo íntimo y
cotidiano como especies individuales. Así tenemos, en palabras de A. Colinas,
que «la mejor poesía no es la que refleja la realidad, sino la que la
trasciende». El poeta parte, como refiere (Susana A. Fernández), en sus versos
de una realidad concreta, si bien su propósito es desvelar el significado
último de dicha realidad. Conocer el contexto en el que se escribe es
importante, porque tras la poesía existe una realidad a la que el poeta debe
responder y transgredir y ello no disminuye la dimensión estética del poema. El
lector a su vez debe descifrar los mensajes subversivos, esos que el poeta
desea transmitir, como es el caso en: «Muchas veces, la saliva del grito
/ lucha bajo sudor de cartones y latas de esperanza. /Una anciana arropa sus
uñas con arcilla de cebolla. / (Canales: SILUETA DE UN SUEÑO, 2025).
Según Jaeger, citado por María
Araceli Laurence[2]
en Análisis comparativo del mito de Prometeo según Esquilo y Hesíodo en
la tragedia como poética alcanza su mayor fuerza popular al ejercer sobre los
espectadores una viva impresión ya que concentraba el destino del hombre en el breve
e impresionante curso de los acontecimientos que se desarrollan frente a los
ojos y oídos de los espectadores. «En una historia trágica como es una
dictadura la relación entre el poeta y la historia es infinitamente más fuerte
que en la sociedad de consumo que tiene otra problemática e ignora la poesía,
mientras que el poeta se queda indiferente ante ella aun cuando no puede
permanecer indiferente ante el sufrimiento. En general, para el poeta o el
artista, el dolor es una materia prima infinitamente más valiosa que la
felicidad y el bienestar.» la poesía entonces no viene desde lo alto ni de un
milagro sino de la comunión con lo que sucede y que se trasmite a través de
sentimientos. Veamos: Viene uno / con heridas / de palabras oscuras / ensalivadas
por fieras / o quizá demonios / y es tristeza / y sobran sonrisas vacías / y
dagas necrofílicas / en los labios de estas noches. Canales: UN SUEÑO SOBRE EL
PECHO, 2025). La poesía puede ser un arma contundente para despertar o lavar
conciencias, pero no para limpiar un Sistema, dado que el poder es una bestia
magnífica, tal como lo expresa Michel Foucault[3]
convengamos entonces que «la literatura y la historia tienen en común la
materia prima que es la memoria».
Solo
atendiendo a esas circunstancias se podrá contextualizar un poemario como «Izando
la bandera con una pluma», escrito en un período muy particular determina
su importancia en la trayectoria del poeta Jorge Canales. Solo atendiendo a ello se podrá
contextualizar un poemario como el que nos ocupa, donde las palabras poseen un
poder amenazante, una acumulación de realidades, esa liturgia que se consagra
en el espíritu humano: «Duele está calle de tinta y palabras... / nadie
entiende la conversación de un loco con nadie. / Nadie ve las manos vacías del
mendigo sin nadie. / Nadie siente la sed de un arbusto de nadie / ni la
tristeza de los días con nadie.» (Canales: LLUVIA YSAL, 2025).
Un poeta es como cualquier hombre, pero cualquier
hombre no es un poeta, dijo Raúl González Tuñón[4] alguna
vez. La producción l poeta Jorge Canales (1957) va más allá de su intensidad
textual, el poeta responde a una precariedad y a una actitud, cuya clave reside
en la escritura misma: «escritura del verbo —del génesis— o escritura del
silencio —del suicidio—», pero escritura consciente, como del desbordamiento,
del infinito. En este sentido, la poética de Canales representa un intento de
equilibrio en lo que resulta «un pulso con algunos límites de ese marco: con lo
silencioso, lo invisible, lo primigenio y lo que se manifiesta externo,
inasible y foráneo.» «El abandono es una sombra
omnipresente / en los poros y cabellos de las paradojas. / Este calabozo es
testigo de mi muerte. / La única aliada es la locura.» (Canales: LIL MILAGRO,
2025).
El espejo roto (tal uno
de sus poemas) lo lleva a arterias de silencio por analogía a la anulación, a
la muerte. implica la posibilidad de no ser, el sinsentido en el discurso del
entendimiento humano. Se impone el habla del fenecimiento, lo simbólico, la
referencia para el interlocutor. Al estallar el mundo en añicos cambia todo en
una intrincada visión del mundo actual. El lenguaje nos permite acceder a ese
conocimiento que el poeta esboza, a veces a la impotencia del sentido, es decir
a la hegemonía del sujeto vista desde las palabras y las cosas, lo que
nombra el poeta no está separado del mundo.[5]
Hay por el contrario una ligazón con la que se construye la ficción y la
realidad. … «desde cadáveres de espejos, / transeúntes
de la desesperación, / sogas listas para ahorcar la muerte.» (Canales: LECTURA
URBANA, 2025).
El
trazado de versos que el poeta Canales diseña demandad una liturgia, clave del
enigma de este poemario. A ratos encontramos una fractura entre lenguaje y
realidad, quizás por el ámbito en los que el poeta transita, lugares donde se
despliega la vista en toda su magnitud; imágenes, metáforas, comparaciones dan
fe de ello. Solo entonces caemos en la cuenta de que frente a nosotros hay una
verdad con grietas a la que demos apelar. Tenemos que la escritura «el oficio
es infernal.» el poeta en su marcha puede vislumbrar y plasmar a partir de las
palabras lo aparentemente irrepresentable, inexpresable. En este sentido
dejemos que el poeta nos de fe de su indagación existencial misma que le da
sentido a su obra. «Rostros de niños / cubiertos con máscaras de telarañas / buscan
infructuosamente un arcoíris. / Con corazón de sueño: / tinta y palabra alzan
su voz / frente a la muerte.» Canales: MÁSCARAS DE TELARAÑAS, 2025).
André Cruchaga,
Barataria, El
Salvador, 06.03.2025.
[1] Puede
leerse el artículo completo en https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4092634
[2] María Araceli Laurence.
Análisis comparativo del mito de Prometeo según Esquilo y Hesíodo. Fuente:
ucm.es Espéculo. Revista de estudios literarios, Universidad Complutense de
Madrid.
[3] Michel Foucault. El poder, una bestia magnífica.
(Sobre el poder, la prisión y la vida). 1. Edición, Siglo Veintiuno Editores,
2012. Traducción de Horacio Pons.
[4] Juan Gelman en prólogo a LA ROSA
BINDADA. Puede verse en el siguiente enlace: file:///C:/Users/andre/Documents/La%20rosa%20blindada%20-%20Raul%20Gonzalez%20Tunon.pdf
[5] Foucault,
1999