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lunes, 7 de enero de 2013

LOS LOCOS

Roque Dalton García





LOS LOCOS
A los locos no nos quedan bien los nombres.

Roque Dalton García




Los demás seres
llevan sus nombres como vestidos nuevos,
los balbucean al fundar amigos,
los hacen imprimir en tarjetitas blancas
que luego van de mana en mano
con la alegría de las cosas simples.

Y qué alegría muestran los Alfredos, los Antonios,
los pobres Juanes y los taciturnos Sergios,
los Alejandros con olor a mar!

Todos extienden, desde la misma garganta con que cantan
sus nombres envidiables como banderas bélicas,
tus nombres que se quedan en la tierra sonando
aunque ellos con sus huesos se vayan a la sombra.

Pero los locos, ay señor, los locos
que de tanto olvidar nos asfixiamos,
los pobres locos que hasta la risa confundimos
y a quienes la alegría se nos llena de lágrimas,
cómo vamos a andar con los nombres a rastras,
cuidándolos,
puliéndolos como mínimos animales de plata,
viendo con estos ojos que ni el sueño somete
que no se pierdan entre el polvo que nos halaga y odia?

Los locos no podemos anhelar que nos nombren
pero también lo olvidaremos.



domingo, 1 de enero de 2012

UN POEMA DE ROQUE DALTON


Roque Dalton García, El Salvador




DESNUDA





AMO tu desnudez
porque desnuda me bebes con los poros,
como hace el agua cuando entre sus paredes me sumerjo.

Tu desnudez derriba con su calor los limites,
me abre todas las puertas para que te adivine,
me toma de la mano como un niño perdido
que a ti dejara quietas su edad y sus preguntas.

Tu piel dulce y salobre que respiro y que sorbo
pasa a ser mí universo, el credo que me nutre;
la aromática lámpara que alzo estando ciego
cuando junto a las sombras los deseos me ladran.

Cuando te me desnudas con los ojos cerrados
cabes en una copa vecina de mi lengua,
cabes entre mis manos como el pan necesario,
cabes bajo mi cuerpo más cabal que su sombra.

El día en que te mueras te enterraré desnuda
para que limpio sea tu reparto en la tierra,
para poder besarte la piel en los caminos,
trenzarte en cada río los cabellos dispersos.

El día en que te mueras te enterraré desnuda,
como cuando naciste de nuevo entre mis piernas.
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jueves, 24 de diciembre de 2009

poema de roque dalton

Roque Dalton, El Salvador



RESTAURACIÓN DEL HOMBRE POR QUETZALCÓATL




La verdad que fue trabajosa la creación del hombre.
Los dioses con ser los dioses probaron en su afán el gusto del error
muchas veces
y muchas veces destruyeron con la mano airada su obra en desatino.

Los hombres de barro los hombres de madera los hombres comidos
por el tigre
los perseguidos por el viento que volviéronse monos
los quemados por el fuego que llovió (los niños muy niños)
los que perecieron cuando se hundió el cielo
cuando se hizo agua el cielo y se vinieron abajo los hombres de maíz
no dieron satisfacción al Formador al dador del ser
no afirmaron ser verdaderamente merecidos.

(Oh corazón del aire verde
tristes estaban los cielos sin espejos
sin los espejos de los ojos del hombre oh corazón de pétalos marinos)
mas luego fue Quetzalcóatl a Mictlán
se acercó a Mictlantecuhtli y a Mictlancihuatl
—la pareja de amantes y amos de las tinieblas—
y en seguida les dijo con respeto:
vengo en busca de los huesos preciosos
de los huesos preciosos que tú guardas
vengo a tomarlos a eso vengo.

Y díjole Mictlantecuhtli: ¿Para qué? ¿Qué harás con ellos, Quetzalcóatl?

Y una vez más respondió Quetzalcóatl: De ellos se harán los hombres
perdurables los hombres que serán verdaderos aunque lo duden
los que no serán muertos antes de despertar
por la ira fracasada de los dioses.

Ellos habitarán la tierra. Los dioses —doy testimonio de tal cosa—
se preocupan por que alguien viva en la tierra feamente desnuda.

Mictlantecuhtli brillándole los ojos: Está bien —dijo—
pero antes haz sonar mi caracol y da vuelta cuatro veces
alrededor de mi círculo bellísimo. Prueba es ésta
—dijo en voz baja para sí— imposible de cumplir
pues mi caracol no tiene aguajeros sonoros
sordo es mi caracol. Y se reía.

Mas Quetzalcóatl llamó a los gusanos y a los abejones
—ambos con ojos de topacio apagado—
aquéllos hiciéronle los agujeros
y éstos entraron luego haciendo que sonara el caracol.

Al oír el arpegio Mictlantecuhtli: Está bien —dijo—
llévate los huesos. Pero en cambio a su gente dijo pronto: Decid
decidle a Quetzalcóatl que tiene que dejarlos
decidle a los dioses que no ha de llevarse
Quetzalcóatl nuestra preciosidad.

(Oh corazón robado angustia aposentada como un ave mortal
en adelante sólo
la soledad el pálpito vacío
sólo la débil seña
del abandono en la pupila violada
Oh corazón de sed oh hijo del despojo
nacido en la desnudez entre las manos
ásperas de la humillación)

Nuestro aguerrido padre sintió en los poros el peligro
a su nahual consultó y fue a coger los huesos
estaban juntos los del hombre y la mujer
el nahual los tomó e hizo un hato.

Pero los dioses habían hecho un agujero siniestro un hoyo un cráter
[del tamaño de la cólera
para evitar la fuga de la preciosidad de sus hijos.
Ahí cayó Quetzalcóatl entre las codornices
muerto cayó —se amorteció de presto— los huesos preciosos esparcidos

y las codornices royeron los huesos (padres nuestros lo mismo)
que no podían llorar los del hombre los de la mujer
hasta que resucitó Quetzalcóatl tornó al mar de la vida Quetzalcóatl
y liando los huesos vase como la brisa a Tamoanchán —de ahí bajamos—
su nahual rezongando sin que se le secara aún el sudor del peligro.

Luego la preciosidad fue molida finamente y colocada
en un barreño no menos precioso
por Cihuacóatl culebra de espadarte y por Quilashti semilla de verdura.

Quetzalcóatl sobre los huesos sobre el polvo de ellos
se sangró su miembro esbelto
—como un magnífico animal no terminado—
e hicieron penitencia por la germinación
Apantecuhtli el Señor del Canal el ribereño
Huictlolinqui el Señor de la Pala que se mueve el agitador de la azada.

Tepanquisqui el que representa y el que porta la enseña
Tlallamánac el que sostiene la tierra
y Tzontimoc el que desciende de la cabeza
los dioses.

Hirvieron penitencia hasta que el prodigio fue evidente
el prodigio tanto tiempo y con tantos anhelos rotos postergado
y se dijeron:
Han nacido oh dioses los hombres los merecidos por la penitencia
por ellos hemos sufrido los todopoderosos
[infinitamente sea pues la alegría entre nosotros
ahora somos completos porque tenemos quien nos nombre
quien en nosotros crea y nos dé culto.

(Alegría, algería oh corazón rescatado de la noche
violenta pupila del mejor león hundida en vasos de luto
ya por siempre iniciada en la victoria de la luz
oh corazón de piedra manantial sobre el regazo del asdombro
alegría alegríala desnudez en la más bella fruta)

miércoles, 15 de agosto de 2007

A la poesía_Roque Dalton

Fotografía: Roque Dalton





A la poesía




Agradecido te saludo poesía
Porque hoy al encontrarte
(En la vida y en los libros)
Ya no eres sólo para el deslumbramiento
Gran aderezo de la melancolía.

Hoy también puedes mejorarme
Ayudarme a servir
En esta larga y dura lucha del pueblo.

Ahora estás en tu lugar:
No eres ya la alternativa espléndida
Que me apartaba de mi propio lugar.

Y sigues siendo bella
Compañera poesía
Entre las bellas armas reales que brillan bajo el sol
Entre mis manos o sobre mi espalda.

Sigues brillando
Junto a mi corazón que no te ha traicionado nunca
En las ciudades y los montes de mi país
De mi país que se levanta
Desde la pequeñez y el olvido
Para finalizar su vieja pre-historia
De dolor y de sangre.
©Herederos de Roque Dalton,
Del libro: Poemas clandestinos.UCA-Editores, San Salvador, El Salvador, 2000.
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