miércoles, 10 de abril de 2013

POEMAS DE JULIO TORRES-RECINOS

Julio Torres-Recinos





COMPARTO LA CASA



Comparto la casa
con pájaros que me visitan,
que se quedan
a contarme de sus viajes,
de sus antepasados
y de los fantasmas
que los acompañan
en sus vuelos;
son éstos los mismos pájaros
que nacieron aquí,
en el árbol que desde la ventana veo,
el árbol que sus padres escogieron
y que tuvieron por casa mientras crecían.
Con estos regresos
los pájaros vuelven a su casa
de infancia, de los primeros pasos.
Con ellos evoco
tardes y días,
ríos y noches
en las que reíamos,
mientras ellos orgullosos
se arreglaban su traje de plumas,
lo limpiaban, le quitaban el polvo
de los viajes, de los pasos andados.
Esta casa nos pertenece a todos,
con sus árboles y sus nubes;
cada quien la habita como puede,
como quiere,
y después se va,
como se van los pájaros
que no dejan nada,
que hacen su nido en un día,
crían cuatro pichones
y después se van. 



LLEGA EL INVIERNO


Llega el invierno
antes de tiempo,
sin que lo conviden
aparece en noviembre
con su voz ronca
y su ademán de matón.

Llega el invierno
y los caminos se cierran,
los pájaros se retiran
de la vida pública
y sólo los más valientes
se asoman de vez en cuando 
a ver si ya cambió el tiempo.

Llega el invierno
y el alma
se nos va cerrando
como un repollo,
capa a capa
se nos va compactando
el corazón
y ni las plumitas blancas
que brincan en el cielo
logran hacer
que se despierte.    



EL EXILIO Y OTRAS ANDANZAS


Bienvenidos a la otra muerte,
la que se vive a sorbos
como un trago caliente,
como un licor amargo;
esta muerte sin honor
esta muerte sin querer
en que los perros te arrastran
como héroe derrotado.
Atrás quedaron las gentes,
las aldeas perdidas
entre los árboles,
allá quedaron las mejores novias,
todavía caminando
en tardes soleadas
por esas ciudades
que nunca van a cambiar,
que seguirán  presentes
al acostarnos,
al levantarnos
para ir a tomar un vaso de agua.
Aquí quedan los recuerdos
la sensación de irnos perdiendo
en el tiempo,
de no estar totalmente aquí,
de no ser.



GLOBAL WARMING


La caja tonta
anuncia otra revuelta
en otro país lejano,
del Norte de África esta vez.
Jóvenes y viejos,
mujeres y hombres
salen a la calle
con la lanza de la juventud
a exigir la caída
de otro líder envejecido.
Nuevos vientos soplan,
la gente cansada de esperar,
la gente cansada de callar,
la gente cansada de aguantar,
de obedecer a caudillos
a quienes se les pegó
al trasero la silla del poder,
como diría Pacho Villa,
y que en todo ese tiempo
acumularon dólares ajenos
en cuentas extranjeras,
al tiempo que el helicóptero
esperaba encendido
por si se tenía que escapar.
Pero la gente se cansó
y ha salido a la calle
sin más armas que su voz
y la ilusión;
ha salido en tantas rebeliones
que Roque Dalton concurriendo
diría qué cherada más cachimbona,
sonreiría con gesto malicioso,
contento porque siempre
tuvo fe, contento
porque la gente despierta,
porque después de todo
se prueba que la historia no falla
que la ciencia no ha fallado
al predecir el calentamiento global
al aseverar que la esperanza
debe ser un gran pastel para todos.



ME DICES QUE TE GUSTARÍA CONOCER MI PUEBLO


Me dices que te gustaría
conocer mi pueblo,
me dices que quieres ver mis ríos,
los patios por los que corría;
que te gustaría imaginar a mi madre
y mis hermanos
cuando nos sentábamos a comer,
para eso quieres que te lleve
a mi pueblo.
Me dices que te gustaría
ver si mi padre  
todavía  llega cansado
y sudoroso del trabajo,
ver si la perrita pringada
todavía descansa bajo el limonero.
Te oigo hablar
de lo mucho que te gustaría
ir a mi pueblo,
a mis cerros porque en mi pueblo
hay cerros y más cerros,
colinas y valles,
son el espíritu de mi tierra;
te oigo hablar del deseo
de visitar mi tierra
sin atreverme a decirte
que mi pueblo
quedó sumergido
en las aguas,
que apenas queda
en el recuerdo
de los amigos y parientes
que se empecinan
en revivirlo cada año,
que van a los cerros
y tratan de imaginarlo.
Lo ven más bonito que antes,
lo limpian,
lo imaginan grande,
lo imaginan bello
porque así también
vive en mi recuerdo. 
  

ESOS AMIGOS DE ANTES 


Han pasado los años.
Treinta años han pasado
y no sé a dónde se fueron.
El quehacer cotidiano
me fue envolviendo
con todas sus ocupaciones
y sus carreras
y así se me fueron
olvidando tantos
 buenos amigos 
con quienes un día
compartí noches,
sueños e ilusiones.
¿Dónde estarán ahora,
ya más viejos y serios
o tal vez todavía
con la chispa pícara
de la juventud en sus ojos?
¿Tendrán hijos grandes,
producto de grandes ilusiones,
de grandes amores que se forjaron
en la escuela?
¿Se les habrá descabalado
el amor que conocieron,
la ilusión que tuvieron,
y ahora sólo les queda
el recuerdo triste,
la soledad, el sentimiento
amargo hacia una vida
que prometió y que no cumplió?




VAMOS ESPARCIENDO LOS DÍAS



Vamos esparciendo los días
por ciudades y países,
por pueblos y aldeas
en los que hemos vivido.
Esas ciudades y aldeas
se van haciendo propias
y van dejando en nuestra piel
una pátina de oro
hecha de pasos y de horas,
de largas conversaciones,
de viejas amistades,
de largas caminatas
perdidos en sueños. 
Vamos dejando nuestras huellas
por donde vamos,
por calles ajenas que apropiamos
aunque sea por un tiempo,
por el trabajo que tuvimos
aunque sea por un tiempo,
por parques y puentes,
en el metro y los autobuses,
en el cine y la biblioteca.
Vamos también recogiendo aguas
de un río que no era nuestro,
vamos también echando a nuestro cesto
peces de un mar que poco a poco
va siendo nuestro
porque las ciudades y los países
en que hemos vivido
también se van pegando
al cuerpo, van adhiriéndose
a la piel como un olor,
como un color de sol,
como el color verde a las hojas,
como una canción
que suena constante en la mente.  



VAMOS A DIVIDIRNOS LA CIUDAD


Vamos a dividirnos la ciudad.
Tú te quedarás con los parques y el sol,
yo me quedaré con los árboles y el río;
tú te quedarás con las calles y el cielo,
yo me quedaré con los pájaros y la luna.
Me pertenecerán el canto de los pájaros y de los ríos,
el rumor de las hojas de los árboles,
todo lo que llenará mi silencio,
todo lo que llenará el espacio
que tus palabras ocupaban.
Te pertenecerá el bullicio de los niños en los parques,
te pertenecerá la libertad de las calles y los cielos,
te pertenecerán las sombras de los parques.
Me pertenecerá la luna que me hará recordarte
cuando salte encima de los árboles,
cuando se esconda entre las nubes,
cuando baile de cerro en cerro.
Me pertenecerán los pájaros, eternos amigos
que cada domingo pasan a saludarme,
que me traen noticias en los colores de sus cuerpos,
que me dejan recados que deletrean con sus saltos
por las ramas, por la cerca, por la nieve.  
Vamos a dividirnos la ciudad;
te quedarán los lugares que visitábamos,
los cafés a los que íbamos,
los lugares en que vivimos.
Serán todos tuyos
como míos serán los sueños idos
en esta repartición final.
Prometo no ver hacia esos lugares
cuando por allí pase,
prometo desviar la mirada,
fingir que no me dicen nada,
que me son extraños
como un puente que se cruza             por primera vez,
fingir que esa casa nunca existió,
que nunca te busqué allí,
que es insignificante como el vuelo de un pájaro
que no percibimos.



YO PENSÉ VOLVER


Yo pensé volver.
Más de una vez pensé volver
porque eso habría sido más fácil
que darles explicaciones a los amigos,
a las ventanas y los atardeceres.
Más de una vez escribí una carta
pero no encontré estampillas
o me fui de viaje por tierras extrañas,
tratando de encontrar palabras
o libros, objetos que explicaran mejor.
Otras veces estaba demasiado ocupado
buscando piedras en el río,
recogiendo maderas en el mar
escuchando la nieve
que desconsolada caía sobre el jardín.
Pero tal vez fue el silencio
el que fue habitando mi cuerpo
el que me impedía tomar el teléfono,
tal vez fue el silencio
de largos años
el que hizo que olvidara las cartas,
que olvidara preguntar cómo estabas,
qué pensabas hacer,
si pensabas volver.
Yo pensé volver.
Después, todo fue quedando
como una vaga promesa,
como una deuda que se olvida,
como un espejo extraviado por el tiempo.



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Julio Torres-Recinos (El Salvador, 1962) escribe poesía y cuento. Ha publicado los libros de poesía Crisol del tiempo, Nosotros, Fronteras, Una tierra extraña y Hojas de aire. Ha leído su poesía en diversos países como los Estados Unidos, Canadá,  España, Alemania, Italia, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador y Australia. Su poesía ha aparecido en revistas, periódicos y antologías, así como en varios sitios de Internet y ha sido traducida al inglés, el italiano y el francés. En 2004 la Editorial L’Harmattan de Francia publicó Crisol del tiempo y Nosotros en un libro bilingüe titulado Creuset du temps et Nous autres en una traducción de Marie-C. Seguin. En junio del 2013 aparecerán publicados en España los libros Entonces (poesía) y Con Aurora después y otros cuentos. En junio del 2013 también aparecerá en Madrid la edición española de Fronteras,  poemario originalmente publicado en Ottawa por Poetas.com en el 2004.   En 1992 obtuvo el Primer Premio de Poesía en el certamen literario convocado por la Celebración Cultural del Idioma Español en Toronto.  Ha publicado, junto con Luis Molina-Lora, Retrato de una nube: Primera antología del cuento hispano canadiense y Las imposturas de Eros: Cuentos de amor en la postmodernidad. A principios de 2013 apareció Lumbre y relumbre: Antología selecta de la poesía hispano canadiense, coeditada con Margarita Feliciano. Ha publicado diversos artículos sobre literatura centroamericana e hispano canadiense. Completó un Doctorado en Literaturas Hispánicas en la Universidad de Toronto en 1999 y es Profesor Asociado de la Universidad de Saskatchewan, donde enseña lengua y literatura. Reside en Canadá desde 1988. En el 2009 formó parte del grupo de “Las Diez Personas Hispanas de Mayor Influencia en Canadá”.  


sábado, 16 de marzo de 2013

POEMAS DE RENÉ CHACÓN LINARES

René Chacón Linares, El Salvador






Ángel Inocente  
¿Dónde está el Ángel
Que habitaba en mí?

Sonrisa inocente,
Escuálida delgadez,
Jugando sin censura
Entre sábanas y almohadas
A ser capitán.

Manos intentando
Tocar la torre de marfil,
Ombligo de la tierra,
Fuego de mi sangre.

El tiempo pasó,
Y aún tengo sueños
Insolentes,
Lienzos fogosos,
Envueltos en madejas
De araña.





Ángeles De La Muerte
Despacio cae la lluvia
Se confunde con las lágrimas.

¿Será la muerte que ronda?
¿El abrigo de la vida errónea que envuelve?

Una bruma densa y oscura
Borra los pensamientos.

Pasos perdidos se deslizan en las paredes.
El aire es más denso.
No es nadie, no es nada
Sólo el otoño ansioso de la primavera.

La muerte seduce,
No encuentra su guadaña,
?Las pasiones ciegan el corazón
?Reprocha―
La lluvia acaba, se esfuma la niebla
Entre cenizas y tortuosos senderos,
Este corazón añun sigue latiendo.





El Cuerpo De Un Ángel
Caricia,
Leve soplo,
Festín de pájaros
Que alborota al invierno,
Tierno lago que inunda mis placeres,
La ruta en que me pierdo al trópico,
Olas salvajes,
Que se niegan a estrellarse
En el acantilado,
Una jauría de fieras
Al acecho.

Muelle en que me embarco
Al sur de mis pecados,
Brújula que jadeante
Me arrastra hasta tu cuerpo.




Los Ángeles Amantes
Fatuos de la noche,
Sierpe de lo desconocido,
Provisorio de emociones.

Los ángeles amantes,
Llegan justo a la hora
Exacta de la soledad.

La voz entrecortada del deseo
Y su órgano mudo de proezas,
Es un valiente guerrero
Dispersando al enemigo,
Enredándose hasta escuchar
La dulce melodía del vientre.

Y en ese incierto
Pero cercano recorrido,
Mienten hasta ceñirse
Con hilos del amanecer.

El corazón no aprende,
Tampoco el cuerpo,
(Ambos desconocen
La palabra mordaza).

Y de nuevo la espera,
Ávido anzuelo de congojas eternas.




Mi Madre: Ese Ángel
Mi madre vino a la Tierra,
Con la esperanza
De romper lo malo y coser lo bueno,
Tijera y aguja en mano.

Su afán por matizar
Arcoiris y ternura,
Hizo un jardín de esperanzas
De donde brotaron tres espliegos,
Que a fuerza de arrullos,
Manos balsámicas,
Sortearon las travesías del pasado.

¡Qué cosas!
Estos corazones
No fueron humildes
Ni sencillos,
Como ella hubiera soñado.

Hoy,
Los días grises han desaparecido
Y nuestras almas se reencuentran?

Madre,
¡Ya no te afanes!

Ríete de la vida,
Olvídate de las dietas,
Y cosecha las flores con versos de amor,
Que nunca se escriben en vano.





viernes, 22 de febrero de 2013

POEMAS DE ALFONSO QUIJADA URÍAS

Alfonso Quijada Urías, El Salvador.
Fotografía cogida de Artepoética





SEPTEMBER ELEVEN




Ciudad mía, bienamada,
eres doncella sin senos,
N. Y. Ezra Pound.



Y llegó de las alturas el fuego del dios del terror,
y aquellos que aún dormían despertaron sobresaltados
ante la pesadilla de lo real.
Ante sus ojos el fuego, las llamas que se elevan hasta el cielo,
fantasmas cubiertos de polvo, seres de carne y hueso,
presas multitudes de un pavor acariciado por un autor
famoso por sus geniales libros de suspenso.
Otra vez la realidad imitando la ficción, el pánico moderno,
urdido por un genio demente de la talla de O. Wells.
-Nunca en mi vida vi algo semejante, dice la periodista estrella
de CNN haciendo esfuerzos por contener sus lágrimas.
-Yo soñé esta tragedia, confiesa Norman Mailer, la mirada
azul estancada en su asombro,
mesándose la barba recien encanecida,
en mi novela el terrorista es un muchacho tímido, infiltrado
en el Pentágono.
Después de esta tragedia ya no seremos los mismos.
En la jungla de la vida ningún poder está salvo de los peligros
existentes;
Un escorpión puede matar un elefante.
De ahora en adelante ya no seremos los mismos.
La violencia es la misma, inhumana, brutal. No cabe duda
alguna,
de todos los animales, el más rabioso es el hombre.
Se necesita más sangre en los hospitales, aún no hay un total

de la ascendente pirámide de muertos.
Papeles, papeles, documentos secretos, seguimientos de la
política exterior, libros en clave, todo Manhattan cubierto de
papeles, basura, polvo y ceniza,
ceniza los secretos, la inteligencia, la trama de la política
mundial,
los datos fidedignos de fieles e infieles, sus marcas de identidad.
Nadie sabía hasta entonces, sólo los prebostes de la hermética
informática
del silencioso profeta de la violencia y su Satán.
Nada, muy poco de la fe del infiel musulmán
para quien la muerte se
fija en el momento que venimos al mundo,
nada, muy poco de su apego al Corán que fue siempre una
espada para manchar de sangre el poniente y la aurora,
una revelación que aniquila y convierte todas las cosas en su
terrible Dios.
Nada muy poco de la prosa alcoránica y el idioma infinito
de la arena.
Nada del sufí que danza hasta ver a Dios. Nada de esa batalla
eterna que dan cuenta la montaña y el desierto.
Nada del milenario burka que cubre el rostro de las mujeres
afganas.
¿Y por qué nos odian tanto? preguntan los hijos a los padres,
y los padres amnésicos no encuentran la respuesta,
Alzheimer se llama la enfermedad de nuestro siglo.
Humo, polvo, cenizas, alambres retorcidos,
materia deleznable, sangre inocente que baja por los
acueductos
y llega subrepticia hasta las aguas del Hudson, alborotando
los grasientos patos,
sangre de las víctimas de un dios convertido en asesino por
la acción de los hombres,
su siniestra, invisible mano que ante la impávida
mirada de la reina y el rey
redujo las imponentes torres a ceniza, nada.
Adiós luz del verano, el otoño se acerca,
todo aquello que yace bajo tierra lo está sacando el tiempo
a la luz del sol.
En una semana se agotaron las profecías de Miguel de
Nostradamus,
Aquel, quien antes de su muerte, acaecida en el año del
Señor
de l536, anunció la catástrofe.

lo que vieron nuestros ojos no lo verán otros ojos.
En guerra, en guerra los átomos, las substancias y esencias,
los elementos del desastre,
en guerra todas las cosas que en aras del progreso ha
inventado el hombre.
En guerra el pensamiento contra la guerra misma y su rentable
mercado que no se sacia nunca.
No le faltan enemigos al espíritu humano.
De aquí en adelante, todos somos sospechosos de envenenar el
agua y emponzoñar el aire
pues gracias al terror el mundo es cada día
menos seguro y menos libre.
Nacimos con las guerras moriremos con ellas,
hasta allí nos arrastran la arrogancia y sevicia del empeño
humano.
Adiós luz del verano, ya se acerca el otoño,
y el hombre solo, emperador de su impotencia, recogiendo
sus huesos y sus pensamientos
indaga al cielo, la nefasta nube.






NECESIDADES




Necesito a mi mamá, con edipiano amor,
sus desayunos humanísimos. La ingenua
libertad de ese niño en sus faldas
suspirando la culpa original. Aquel
domingo de misa, pan y sol y la
muchacha aquella burlándose de mi
amor tontísimo.
Necesito de Dios y su absurda existencia
para luego volverme materialista y
soñador.
Necesito de mi mal ponderada
familiaridad de padre, casarme una vez
más con la madre de mis hijos. Que me
digan lo pequeño que soy. Necesito de
veras volverme a ver en el espejo limpio
de la casa y cambiarme de ropa y salir a
esperar como un novio solemne a la
vida, esperándome. Necesito una vez más
que mi tata me pegue con los puños terribles de patriarca y que me
diga bruto, inútil, polvo de la noche
delirante y brutal.
Necesito que las gentes acudan a mi
paso. De veras necesito que me quieran.
Me besen todos los labios del mundo. Y
que me dejen, me dejen, por favor,
crecer un poco más con mi vejez de niño
atolondrado.





MANCHAS DE RUIDOS ANTIGUOS...





Manchas de ruidos antiguos en los rincones del patio: sombras
de la mentira
tomando la forma de tu cuerpo y su lugar. La luz te hace
creer en todo lo que alumbra
o devela la sombra del monstruo que habita la penumbra.
Toda palabra quema,
ceniza será después, rescoldos de aquel fuego. Ruinas del
tiempo, escombros, hollín y polvo,
la efímera materia que fue la eternidad.
Pequeña llama inmóvil, rememoración de la desaparición de la
fe en la sorpresa.
Del aire impuro del mundo están hechas las palabras, su
círculo vicioso,
toda pregunta es una piedra que se lanza al agua cuyas
ondas alejan la respuesta.
En corregir lo incorregible se te fue la vida, en buscar el error
y al tratar de borrarlo,
volverlo a cometer y la culpa otra vez de provocarlo.
Palabras, resplandores inéditos buscando su sentido
en lo sentido.
En la ventana el rostro de la dulzura pensativa:
una sonrisa ciega, en toda ella las frases y los gestos que nos
son elementales.
La fuerza que guía la mano en selva oscura, a través de la
página,
hasta encontrar la máxima potencia. El ojo que descubre
lo invisible
mientras crece la historia durante el sueño, la bestia echada
junto a la ropa triste del amor consumado,
todo aquello que amamos y por eso matamos lo más vivo
en nosotros.