sábado, 11 de abril de 2009

Manlio Argueta, sus novelas y su historia

Manlio Argueta. Conversa con el gran poeta brasileño
Thiago de Melo en Bogotá, Colombia, en el 2000.


LITERATURA
Manlio Argueta, sus novelas y su historia
Por Luis Beiro



Santo Domingo.- “Por los años 80, si te encontraban en El Salvador con mi novela Un día en la vida, te mataban; pero hoy es un libro de texto en las escuelas de mi país, y cada año se publican allí miles de ejemplares que se venden a muy bajo costo”, me dice Manlio Argueta (1935) al tiempo que muestra los resultados de una encuesta realizada en 1999 por la junta directiva de la Modern Library de Nueva York, donde esta obra se ubicaa en el quinto lugar entre las cien mejores del siglo XX, solo superada por “Cien años de soledad” de Gabriel García Márquez, “La familia de Pascual Duarte”, de Camilo José Cela, “El amor en los tiempos del cólera” (también del Gabo) y “Sombra del paraíso”, de Vicente Aleixandre.

Argueta sigue siendo el escritor revolucionario que no ha cambiado de color a pesar de los nuevos vientos que soplan sobre el mundo. Compañero de generación y “hermano” de Roque Dalton, a partir del 2000 fue designado director de la Biblioteca Nacional de El Salvador y, desde el 2006, preside la Fundación de Innovaciones Educativas Centroamericanas (FIECA) con sede en la capital salvadoreña y que opera en Honduras, Guatemala, Costa Rica y Nicaragua. Esta institución se dedica al fomento de campañas de alfabetización y a la realización de programas artísticos en zonas indígenas.

Desde que lo vi en Santo Domingo, se me paró el corazón. Lo conocí en La Habana, en 1980, días antes de su partida a Europa. En aquel encuentro, le enseñé algunos textos en prosa con aires líricos. Al rememorar aquel encuentro ahora, cuando las canas adornan la cabeza de ambos con furia inagotable, Argueta me dice sin dejar de mirarme: “Eras muy joven entonces”.

Parte de su historiaManlio Argueta regresó a su patria en 1992, después de 20 años de exilio, fundamentalmente, en el viejo continente. Pero antes de su partida, sufrió prisión y hostigamiento por sus ideas de justicia social y su vinculación a una generación de intelectuales que propugnaba por el fin de la represión dictatorial que gobernaba su país.

“La muerte de Roque Dalton y mucho más, las circunstancias de su muerte que todavía no han sido aclaradas, fue un acontecimiento que me marcó”, me dice el escritor mientras rememora la historia de su pueblo y los inolvidables traumas de una guerra absurda.

“Cuando llegué al Salvador en 1992, me dediqué a la docencia universitaria hasta mi nombramiento como director de la Bilblioteca Nacional en el 2000, cargo que no he asumido desde el escritorio, sino en la calle”, me dice. Y agrega: “He desarrollado iniciativas en favor del libro y la lectura para todos los niveles de la sociedad salvadoreña, una de ellas se relaciona con un programa de creación literaria para niños y adolescentes entre los 4 y los 14 años. Además, ofertamos en los pueblos el servicio de Bibliobús. En esos viajes por todo el país prestamos libros e instruimos sobre apreciación literaria. También llevamos payasos, cuenta cuentos y otras actividades complementarias al arte de leer para estimular a los niños, sobre todo, en zonas donde no existe la cultura. Otra iniciativa es el programa “Edúcate”, que contempla el otorgamiento de facilidades a los mutilados de guerra para que puedan alcanzar el bachillerato.
En RD Manlio Argueta visitó el país invitado por la Secretaría de Estado de Cultura para dictar una conferencia sobre el arte de la novela, como parte del Ciclo Preinaugural de la Feria del Libro. También impartió un taller de narrativa: “Fue muy estimulante ver dentro del curso, de igual a igual, a algunos escritores consagrados junto a estudiantes y jóvenes con mucho talento. Eso habla muy bien del grado de participación y del interés en favor de la creación literaria en la República Dominicana.
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Artículo publicado en Listín Diario de República Dominicana. Leer más de Manlio Argueta en Arte Poética-Rostros y versos y Álbum Nocturno.

miércoles, 8 de abril de 2009

El espejo de mis recuerdos-Sami Michel

Sami Michel, El Salvador




___El espejo de mis recuerdos__
[Cuento]


Me puse consentida frente a mi espejo, a contemplar las cuantas arrugas que reflejan en mi rostro la madurez de los años que están por llenar mi vida de ilusiones, que de seguro serán diferentes a las que había sentido en mi juventud; y a examinar mi cabello que perdía brillo a causa del tinte con el cual yo trataba, pero en vano, de ocultar las docenas de las elegantes canas. Allá, en el fondo del espejo, el ángel de mi adolescencia me transportó a aquellos inocentes años. Una excitable sonrisa agitó en mi alma los recuerdos. Me trasladé a aquella recámara centrada al lado derecho del pasillo de la entrada principal, entre la sala familiar y el dormitorio de mis padres. Era mi refugio al ensueño por veces y por otros a la melancolía, y era quien grabó paso a paso mis travesuras y los pretextos de sentirme enferma, para poder aislarme con el hombre que excitaba mi pubertad y me ponía en contra de las enseñanzas de mi padre, de no entregar mi cuerpo antes de llegar al matrimonio.

Era una recámara sumisa, pero lo suficiente amplía para que la ocupen dos camas y un sofá; una cómoda separaba entre la cama de mi hermana y la mía. Cuando mamá se aburría de ver las camas en el mismo orden, o quizás para estimular nuestra imaginación y renovar la energía, las cambiaba si papá se lo permitía, aunque podría estar segura de que lo hacía por el simple hecho de un cambio; mamá no tenía conocimiento de tantas supersticiones.

Un retrato de Jesús en brazos de María, engalanaba la pared que nunca se cambió de blanco. Un exagerado orden se mantenía dentro del guardarropa que llenaba gran parte de una de las paredes; a la par, era inútil sacarle más brillo al espejo del tocador, y el polvo no tenía cabida en aquel reducido mundo. Una ventana de dos grandes hojuelas de vidrio transparente enmarcadas con madera, se mantenía abierta para aprovechar la brisa durante el verano, y dejar traspasar la luz de la luna por entre las defensas de hierro que la decoraban. Según especulaba la gente, esta luz causa dolor en la cabeza, por lo que papá se encargaba de cerrar las persianas de madera después de las diez, y de revisar que estemos bien tapados y que las frazadas no se hayan deslizado. La puerta de hierro que daba a la terraza, siempre reservó el color vino mate para combinar con el brillante gris de la ventana, y el sol que hacía alianza con el hálito frio de la madrugada, penetraba al abrir las gruesas vitrales de mosaico en cuadritos.

Mis papás esperaban los domingos para tomar el café de las seis, y para extasiarse con los cantos matutinos de los pájaros y con el olor de los árboles de pino que irrumpía el espacio. Lo único molesto en este lugar era el cementerio en el terreno en frente, que había tragado el último de sus ricos dueños y que estaba casi abandonado. Papá se autorizaba para limpiar el pasto alrededor y mantener un paisaje que no ofendía. Yo odiaba pasar a la par; siempre les tuve terror a los muertos, y pensaba que sin aviso alguno, saldrían de la tumba a dar un espectáculo. Algunos niños jugaban al escondite entre el herbaje crecido, saltaban en el techo y hasta tocaban a la puerta de color verde para perturbar a los cadáveres.

Para no contrariar a mi padre que le molestaba la luz, alegando que la factura de la electricidad era alta, y con tal de conseguir el sueño, ocultaba la radio grabadora bajo las sábanas para escuchar las canciones románticas de Aabed Al Halim Hafez y de Warda Al Jazairia, que según el estado de ánimo en el cual me encontraba, me levantaban a un paraíso de júbilo, o me sacaban lágrimas de enamorada, cada vez que papá se encaprichaba y me prohibía seguir soñando con quien para él era un vago.

Mamá aprovechaba el domingo para relajar su cuerpo encima de mi cama. Creo que se le corría a mi padre en su siesta después del almuerzo; al parecer le habían aburrido sus caricias. Una sensación inexplicable que ella decía sentir, cuando las yemas de mis dedos le jugaban el pelo, su cabeza en mi regazo.

Todavía parada frente a mi espejo, cerré los ojos para tratar de conservar la imagen del rostro de mi madre y de su fino pelo, y disfrutar de este recuerdo que difícilmente sus momentos regresarían a alegrar mis tardes. Repasé en mi memoria sus consejos y enseñanzas, y me dolió palpar su vergüenza después de haber descubierto la entrega de mi cuerpo al amor, y su timidez por atrever a reclamarme el daño que me estaba provocando. También deseé volver a escuchar los regaños y sermones de mi padre, desafiarlo para vivir una vez más un amor que me hiciera temblar hasta los huesos, y que me provocara llantos y risas.

Me entraron ganas locas de volver a introducirme en aquel mundo, que en aquel entonces me desesperaba. Un agrio sentimiento me invadió; no pude evitar que una lágrima dejara huella sobre el tocador y me sacudiera de mis alusiones. Ahora, me encuentro añorando aquel mundo. Nunca será igual como antes.
(c)Sami Michel, 2009

sábado, 4 de abril de 2009

Los pétalos caídos-Miren Eukene Lizeaga

Miren Eukene Lizeaga*, País vasco





_________Los pétalos caídos________




Recojo con íntimo respeto
los pétalos caídos y las hojas
que van secándose en el tallo
Mas que nunca merecen aprecio y cariño
al separarlos, del noble recorrido vital
donde fueron... Donde fueron,
vulnerable hermosura
plantada impávida ante la dura rudeza
Lo merecen todo, por lo que han sido
belleza donada, aromas de vida, silencio,
ataviado de multicolores perfiles, silencio
entre el canto de las aves y el zumbido de las alas
de sus visitantes
entrega sin cuestiones, abierta siempre,
¡hasta para el carcelero hielo!

Se retiran,los pétalos marchitos
y las hojas secas que poblaron el aire,
para descansar su otoño en tierra firme,
que las abriga e impulsa,
hasta el amparo y abrazo de sus raíces.
4-4-2009
Lore-hosto eroriak



Barne-barneko begirunez biltzen ditut
petalo eroriak eta zurtoinean lehortzen doazen hostoek

Izan zirenengatik

inoiz baina gehiago behar baitute abegia eta begikotasuna
zintzotasun bizi-bidetik baztertzerakoan
Izan zirenengatik edertasun zaurgarria
tinko landatuta, izukaitza laztasun gogorraren aurrean

Izan direnengatik, guztia merezi dute
politasun emana, bizi lurrina, isiltasuna,
koloreanitzezko irudiez edertuak, isiltasuna
hegaztien kantak eta bisitarien hego dunbotsaren artean

Galderik gabeko ematea, irekia beti
baita, izotz kartzelariarentzat ere!

Jasotze bidean doaz, haizea, bizi izan zuten
petalo zimelak eta hosto lehorrak,

Beraien udazkena, lur irmoan atsedentzeko,

Lurrak, babestu eta bultzako baititu,
berezko sustraiekin batuko dituzten besarkadaraino
_____________
*Poeta y traductora de Euskadi.

jueves, 19 de marzo de 2009

Esta revolución de la esperanza...Silvia Elena Regalado

Silvia Elena Regalado, El Salvador


Esta revolución de la Esperanza…

Silvia Elena Regalado
18 marzo 09

I
Los pueblos luchan siempre. Las luchas de los pueblos son tan sencillamente cotidianas. Luchar por esa leche que necesita el hijo, los libros de la hija, el agua y los cimientos de una casa. La lucha se lanza hacia la calle, dentro de cada hogar, al ritmo del corazón. En la lucha crece el alma, se resume la sangre y los sueños se abren hasta encontrar sus rostros.

Luchar es el camino y la circunstancia donde la vida despierta. Somos uno, entre miles de posibilidades. Uno que crece con el tejido de la madre. Uno que rompe los nudos en busca de su luz. Somos uno y lloramos mientras grita la vida y mientras el amor nos vuelve hóspitos, potables, habitables.

Somos la lucha misma, nadie viene a imponernos otra causa. Venimos de ese hilo de las primeras voces y del primer silencio, del Dios que nunca duerme, que teje la vigilia y teje el sueño. Somos como su mano, poderosos. Somos como su voz, de todo y de cada ser que suma el universo.

Raíces y alas. Fuegos que entre las aguas paren su firmamento. Vida y muerte para volver infinitamente hacia la vida: Somos desde todos los tiempos, Esperanza.

II
(A las y los mejores que, esa noche del 15 de marzo, regresaron…)

Dicen que regresaron.
Todos habían vuelto.
Se fueron confundiendo entre los otros rostros
La misma alegría de gritar y abrazarse
Nadie notó la diferencia
Todo era natural
Volvieron con sus nombres
Sus cuerpos estremecidos
Heridos de su amor
Desbordados de sueños
Brotaron de la risa
De las lágrimas
Todos los vimos
Todos sentimos
Ese profundo peso de su paso
Pudimos tomar sus manos nueva y eternamente
Sentirnos y sentirlos tan vivos como nunca
Reían como niñas y niños
Otra vez esa luz
Ese sueño en la sangre
Esa otra libertad de la Esperanza
de ser vida en la muerte.

_____________
Silvia Elena Regalado, poeta. Directora de la Unidad de Cultura "Roberto Armijo" de la Universidad Tecnológica de El Salvador.

domingo, 15 de marzo de 2009

LA POESÍA HOLÍSTICA DEL CHILENO ANDRÉS MORALES Milohnic -Miguel Fajardo Korea

Miguel Fajardo Korea, Costa Rica






_____La poesía holística del chileno_____
ANDRÉS MORALES Milohnic





Lic. MIGUEL FAJARDO KOREA
PREMIO NACIONAL DE educación DE COSTA RICA
miguelfajardokorea@hotmail.com

la poesía es el alma de salvación del ser humano. Un ejercicio integral para ganar el universo en cada poema lanzado al mundo del espíritu. En ese sentido, cada poeta que vamos leyendo debe dejar una huella, un estremecimiento. Encontrarnos con la poesía del chileno Andrés Morales ha sido un disfrute, que he leído sobre la base de sus PUBLICACIONES ELECTRÓNICAS.

La poesía chilena siempre me ha interesado, por esa razón, A lo largo de los años, he tenido la feliz oportunidad de establecer contacto cultural con numerosos escritores DE ESA NACIONALIDAD, saber: alberto baeza flores, prologuista de mi libro “URGENTE BÚSQUEDA”, jaime quezada, javier sepúlveda, hugo montes, jaime serey, matias rafide, alfonso larrahona, myriam bustos arratia, enrique margery peña, juan duran luzio, entre otros.

Andrés Morales nació en Santiago, Chile, en 1962. Es Licenciado en Literatura por la Universidad de Chile. Asimismo, Doctor en Filosofía y Letras por la Universidad Autónoma de Barcelona (España). Ha publicado dieciséis libros de poesía desde 1982 hasta la fecha, a saber: Por ínsulas extrañas, Soliloquio de fuego, Lázaro siempre llora, No el azar/Hors du hasard, Ejercicio del decir, Verbo, Vicio de belleza, Visión del oráculo, Romper los ojos, El arte de la guerra, Escenas del derrumbe de Occidente, Réquiem, Antología Personal, Memoria Muerta y Demonio de la nada.

Su obra poética se encuentra traducida a ocho idiomas y ha sido incluida en más de 40 antologías, tanto chilenas como extranjeras y en un gran número de revistas literarias. Ha sido distinguida con diferentes reconocimientos, tanto nacionales como internacionales, entre los que destaca el PREMIO PABLO NERUDA 2001. Actualmente, desarrolla su escritura poética, conjuntamente con sus clases de Literatura Española Clásica y Contemporánea y de Poesía Chilena en la Universidad de Chile, en Santiago. En 2007 Recibe el Primer Premio en el Concurso Internacional "La porte des poetes" de París y es incorporado en el 2007 como miembro en la Academia Chilena de la Lengua –el académico de menor edad hasta ahora-.

La página de Andrés Morales (Santiago de Chile, 1962) es un blog de apuntes abierto a todos aquellos interesados en la literatura y, en especial, en la poesía. Contiene poemas, artículos, notas, comentarios, críticas, reseñas, fotografías y, en general, todos los tópicos imaginables e inimaginables en torno a la poesía tanto chilena como universal, de todas las épocas y estilos.

En la poesía de Andrés Morales se manifiesta un fervor hacia la figura teocéntrica “El Dios que hizo al hombre y a este mundo”, es decir, hay un acento de fe, de creencia integral. A pesar de ello, plantea un reclamo interior “El dios que me protege está cansado”. Pero en un mundo que descree, es básico el mástil de la esperanza en un Dios rehumanizado, a partir de nuestra propia instancia, esa figura subyace en este mapa escritural.

En su espacio lírico, el hablante increpa “Jamás de los castigos por las cenizas mudas:/ el precipicio amargo del despeñado en culpa”. En estos versos campea una dicotomía entre la ceniza y la culpa. Entre lo inacabado, lo concluido y simbólico de la ceniza como entre la culpa, inherente al esquema ideológico del ser humano.

Sin embargo, el hablante es consciente de que el temor es una parte consustancial del quehacer terrestre, por ello, su voz quiere desatarse de las quejas “libérame del miedo al rayo que somete”. Y, nuevamente, surge el rayo con su simbología de elemento destructivo, que carga con una alta cuota semántica de inutilización.

Establece, por otra parte, un comportamiento triádico “así lo que se ahoga detrás de las palabras / y ver en la ceguera. Y ver en la ceguera”. Ante ese panorama, la palabra sale fortalecida, porque es salvación, no se ahoga. La palabra tiene la capacidad de ver, inclusive, en la ceguedad. La palabra es un poder indetenible. En el arte poética de Andrés Morales, incursiona en los misterios de las propias palabras, en su deslumbramiento y, desde ahí, despliega sus propios campos semánticos y semióticos, para irse descubriendo, esto es, para hacerse leer, para dejarse escuchar.

En la poesía del autor chileno hay construcciones de antología “la memoria muerde como una bestia atada”. Es una especie de constante su direccionalidad bisémica, donde “la única verdad es la que nos desmiente”. Esa actitud implica un desdoblamiento de cuadros actanciales, como sujeto y predicado líricos, por ello “la historia no quisiera recortada/ al tiempo reescribirlo en la derrota”.

Ese espíritu de rotundidad es una estría en la ajenidad de todos “nada, ni el aire, ni un poema: / Todos íbamos directo al matadero”. En mi criterio, el final de este verso es una especie de sistema recolectivo. Su alcance es un misil semántico. Es una especie de lucha intrínseca con la palabra. Acaso nos salva la palabra. Es posible. La palabra es la palabra. Siempre es ella, la necesaria, porque como sentenciaba Sófocles “Decir una palabra será decirlo todo”.

El cuadro fantasmagórico de un orbe en guerra desde su misma existencia es un tópico de gran profundidad expresiva que Andrés Morales encara con honestidad “los ojos, estos ojos, están cansados siempre/ de ver y de no ver, de tanto horror”. El planeta alcanza la hiperbólica cifra de 14.000 guerras, donde la desolación, el canibalismo y la muerte han tenido expresiones de negación de la calidad humana. Y no qué decir de los genocidios y toda la barbarie humana que nos asedia.

En otro verso el yo lírico aduce “es mejor callar/ soñando con sus piedras/ de un mar y de una isla”, donde los elementos de la liquidez se convierten en un vector semiótico que equipara las lágrimas con el mar, sin embargo, es un “callar soñando con sus piedras”, donde la conversión lírica gana en profundidad estética.

El autor chileno incorpora el mar como sujeto lírico en varios de sus poemas. “El mar es traidor: es otro el mar que rompe. / Mejor abandonarse, abandonarse entero”. Marañón expresaba una verdad “quien no conoce el mar tiene algo de huérfano”. Ante el mar se ahonda nuestra pequeñez, se agranda el universo, la naturaleza es imponente, se acallan las grandezas inauténticas de la humanidad, producto de la parafernalia inútil.

La fineza lírica de Andrés Morales le permite poetizar en profundidad “Contiene el mar la sombra de tus labios/ y el límite de piedra de tus ojos”. La secuencia de elementos nominales, bien escogidos, enhebran un tejido poético de gran calidad artística, cuyo mérito radica en los niveles de sugerencia expresiva, donde “tantas veces nos quedamos sin hablar”. El logocentrismo, entonces, se queda corto, muchas veces, ante las más hondas condiciones del ser humano raigal.

El hablante construye unas figuras donde lo inanimado se humaniza y esa cualidad le confiere una exégesis de misterio “La puerta que se abre entre los muros(…) / no quiere ver al fin de tanta espera”. Es uno de sus rasgos estilísticos esenciales, que entrega a su poesía, con gran ventaja, una delicadeza constructiva, porque “el hombre que come palomas (…)/ adivinó el secreto del odio secreto”. El nivel de sugerencia y plasticidad en las imágenes es otro de los aciertos en el orbe lírico del autor sudamericano.

En otros ámbitos, incorpora la fugacidad como un escudo ante el tránsito terrestre“que sea solo un gesto de silencio,/ un leve parpadear, un sueño extraño”. Ese espacio se focaliza en un devenir, como una manera de auscultar en los índices recónditos “partir a un viaje sin regreso/ desentrañando el agua en la larga travesía”. Inicio y fin, encuentro y desencuentro. Para nosotros, la travesía es una extensión del agua, como un sueño dormido entre las olas del fuego.

El hablante aborda su presencia en la casa de esta aldea global de la que formamos parte. Apela, en lo más hondo, hacia una desnudez holística “El mundo es un desnudo donde es mejor perderse/ entero y en su pena abrir los dedos llenos”. Nuevamente, el estro poético de Morales gana en intensidad y delicadeza, sin olvidar, como lo ha venido sosteniendo en su discurso lírico, la importancia y la validez de la palabra, como arma espiritual “en el murmullo insomne, / habrás cruzado el cielo con tu palabra sola”.

“Todo se derrumbe encima de tus sueños/ Noche que no hiere, agua que no ahoga, / la piedra te recuerda en su futuro incierto/ alguien cae sin cesar, en todas partes”. El planteamiento ideológico de estas imágenes en la poesía de Andrés Morales establece una actitud solidaria y central. Alguien, así, inespecífico, porque puede ser cualquiera, en algún sitio del planeta: cae. La caída nos afecta a todos, porque la maledicencia se enquista en las mejores actitudes humanas, en cada momento vital.

La caída es, sin duda, la entronización de “un mundo sin belleza, sin cantos, sin mañanas”. No nos imaginamos el mundo sin la poesía, sin el universo-logo que posibilita la fe y la esperanza hacia estadios mejores. A pesar de ello “Cae el sol, la luna: el mar se hunde entero”. Sin embargo, ante ese cuadro pantagruélico el ser humano apela, aunque sea, a “Sólo un gesto ciego/ o mudo de tus ojos”.

En el orbe lírico de Andrés Morales hay un cuadro de planteamientos solidarios frente al ser solitario que somos “entero me desierto, / me agrieto, me desangro/por una sola voz”. Y como seres en incompletitud, el hablante apela hacia esas rutas de incertidumbre, pero lo hace, con cordura, consciente de que su plano terrenal es una travesía finita, donde solo vamos recibiendo señales de adelantamientos, por ello, “Sueño en esa voz. / En ese mar cabalgo”, o bien, “el aire que respiro y no sé adonde/ acaba de morir”. Inicio-final; vida-muerte. El dos como posibilidad de quién soy o quién quiero ser.

En ese marco de producción lírica, la obra de Andrés Morales, riguroso poeta, escritor, catedrático y académico de Chile, ha sido un feliz encuentro en mis lecturas poéticas electrónicas. Su universo es amplio en el registro temático y sus nudos de significación tejen abordajes inherentes a la condición humana esencial. No por ello, el poeta santiaguino deja de mostrar un dístico punzante “un payaso ordena el mundo entre sus dedos/el circo se disfraza, la patria se desnuda”. La variada enumeración de los sintagmas contienen un discurso que se abre, dispuesto a todas las composiciones y recomposiciones de un mundo con insania, pero que su voz y talento, rodean de una fina belleza, con todos los elementos para ver por el ojo del precipicio, quitándose la ceguera que muerde el mar en sus adentros de sol. Enhorabuena, Andrés Morales, desde la poesía y la confraternidad de tu palabra sin horario.
___________________
Leer más de Miguel Fajardo Korea en Arte poética-Rostros y versos y en Álbum Nocturno.

sábado, 14 de marzo de 2009

Himno al silencio-Elena Liliana Popescu

Elena Liliana Popescu, Rumania


_______HIMNO AL SILENCIO______

El que aspira todavía a expresar
la vivencia sensible en la poesía,
el invitado a la cena regia
que alimenta con su don la humilde fantasía

el que ofrenda todo cuanto tiene
Al que significa la Vida misma,
el que eternamente vuelve a las fuentes
y siempre está propicio a admitir el consejo

de quien está dispuesto a enseñarle,
el que se atreve a mirar en silencio
y ver en actos que parecen aislados
Al que, Él solo, sabe de su dolor

y los mantiene en vida mediante el amor,
el que con la poesía intenta abarcar
la esencia viva oculta en elixires
y del cuadro de la Vida desprender

lo que el Pintor quiso destacar
en las sombras del Rostro de la inmortalidad,
el que se atreve a dirigirse
con efímeros versos al género humano

mojando su pluma en la muda desesperación
resucitando la esperanza con palabras
extendiendo su amor
por todas cuantas son,

El que tuvo una vez tanto que decir
con sus ingeniosas rimas,
¿podría acaso componer un poema
que no fuera el del Silencio infinito?

(Himno a La Existencia, 2000)
______________
Elena Liliana Popescu (20 de julio de 1948, Turnu Magurele, Rumania). Es doctora en Matemáticas por la Universidad de Bucarest, de la que actualmente es profesora. Pertenece a la Unión de Escritores de Rumania. Tiene publicados más de veinte libros de poesía y traducciones del inglés, francés y el español, publicados en Rumania y en el extranjero. Entre sus libros podemos citar: Ţie (A Ti, 1994), Cânt de iubire- Song of Love (Canto de Amor, 1994), Peregrino (España, 2004), Himno a la Existencia (México, 2006), La versión chino de Canto de Amor (Taiwán, 2006), Cât de aproape… - Lo cerca que estabas… (2007), edición bilingüe rumano y español, Unde eşti, Timp? (Tiempo, ¿donde estas?, 2007), Poeme (Pakistán, 2008), edición bilingüe rumano y urdu, Peregrino (Brasil, 2009). Ha publicado el libro de su padre, el poeta y piloto George Ioana, Vuelo. Sueño y destino (1999). Premios y distinciones: Diploma y mención de honor en el Festival Internacional de Poesía de la Uzdin (Serbia), en 1997. Primer Premio en el Festival de Poesía “Novalis”, en Munich, Alemania, en 1998 Diploma y mención en el X Certamen de Poesía “Leonardo Cercós”, Palma de Mallorca (España, 2007). Sus poemas traducidos al inglés, español, francés, italiano, serbo-croata, portugués, chino, urdu, albanés, neerlandés y latino, han sido publicados en varias antologías y revistas impresas y de Internet, tanto en Rumania como en el exterior (Alemania, Argentina, Brasil, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, EE.UU., Italia, España, México, Nicaragua, Puerto Rico, Serbia, Taiwán, Uruguay). Se puede visitar su página Web personal . Ha traducido al rumano de la obra de más de cincuenta autores clásicos y contemporáneos, poetas y narradores. Leer más en Arte poética-Rostros y Versos.

jueves, 5 de marzo de 2009

Entre maletas y desvanes de un poeta-Carlos Cañas Dinarte

Carátula de La Maleta en el desván
___Entre maletas y desvanes de un poeta___
Por Carlos Cañas Dinarte


Todos llevamos maletas polvorientas, flores viejas, muertos insepultos, miradas del tiempo y otras cosas tangibles e intangibles en ese desván que somos los seres humanos. De vez en cuando, se nos ocurre sentarnos a revisar ese cúmulo de objetos, sensaciones, pieles y recuerdos para rememorar a una persona que ya sólo mora en nuestras brumas, para revisar cuánto tiempo ha pasado desde un acontecimiento o tan sólo para saber cuán viejos somos en la medida en que ya sólo pensamos en la nostalgia, el ensueño, la muerte y el olvido que nos acecha a cada vuelta de esquina.

Pero hay quienes no se quedan en ese mero esfuerzo mental, sino que hacen obra a partir de esos baúles mentales, repletos de anécdotas e imágenes de otros tiempos. Hay quienes pueden asumir eso y rendirle un tributo al primer amor, al amigo fallecido, al camarada asesinado, a la patria alejada y lejana, a la búsqueda de uno mismo en un río de China, en un desierto de Australia o en un tren suramericano que hace escalas donde sólo la literatura y la fantasía son capaces de llegar.

Y dentro de esos privilegiados por la palabra se encuentra Carlos Ernesto García, quien en su poemario La maleta en el desván evoca y resurge desde la semilla de maíz guanaco que es su etapa infanto-juvenil para recorrer grandes trozos de su vida y hacernos reflexionar sobre nuestros propios tránsitos por el mundo, nuestros momentos de felicidad, nuestros espacios de dolor y angustia y nuestros ensueños de cara a un futuro vital que cada vez se hace más y más estrecho.

De El Salvador hacia el mundo, las palabras de Carlos Ernesto nos abren la puerta a ese microcosmos del poeta que es el planeta mismo, un lugar para acechar y ser acechado, para escapar y ser exiliado, para cazar y ser cazado, para vivir y ser muerto de cualquiera de las casi infinitas maneras en que los humanos sabemos despachar a nuestros congéneres para que tengan la rara percepción de observar las flores desde las raíces.

Las palabras construyen realidades y en estos poemas hacen las veces de catalizadores de todo ese cúmulo de experiencias, sentimientos y pensamientos que el poeta ha ido acumulando en su maleta de viaje desde hace más de tres décadas, cuando ya los dedos de la violencia se cerraban sobre la garganta geográfica de la patria salvadoreña hasta la fecha, hasta ahora que pasea su campesino ser aburguesado por las calles de Europa, en busca creciente del intelecto que aún se le niega a la población de esta pequeña porción de una Centroamérica que siempre inventa nuevos problemas para no salir del asombro y la miasma, de la expiración y la indiferencia.

Frente a eso, la maleta de Carlos Ernesto no puede ser vista como un viejo objeto tirado en el desván, sino como una invitación palpitante a recorrer el pasado, para apreciar el presente y visualizar algo nuevo entre las brumas de ese futuro que parece que nunca llega, pero que en un cerrar de ojos ya ha transcurrido y se nos ha vuelto parte de ese tiempo anhelado y lejano, al que buscamos en procura de claves que nos ayuden a ahogar un grito, a solventar una angustia o a evocar una caricia, porque lo que la piel ha disfrutado no se borra jamás, aunque quizá se nos ocurra negar y renegar de nuestras palabras más adelante. Así, la maleta y el desván aún tienen nuevas andanzas que vivir y recorrer, porque los vientos ya soplan y huelen a mares, a tierras y a cielos distintos.

Carlos Cañas-Dinarte

Poemas del libro de poesía “La maleta en el desván”
De Carlos Ernesto García
Santa Tecla, El Salvador, 1960
MARCHA DE LA UNIDAD

A los que cayeron en San Salvador
el 22 de enero de 1980.


Todo estaba bien.
Hasta que llegaron ellos
con sus bombas lacrimógenas
los disparos del G-3
las capturas indiscriminadas
las avionetas fumigando
los cadáveres contra las cunetas
y las mujeres en desespero
que entre la multitud
buscaban la mirada combativa
de sus hijos.

Todo estaba bien.
Salvo usted General.
Salvo usted que dio la orden
todo estaba bien
General.

CIUDAD DE HIERRO
Ahora sé que eres vulnerable.
Que pueden tocar tu corazóny derrumbarte.
Sé que no sólo es abatible
el verde en la montaña
el árbol en la sierra.
Sino también túciudad de hierro
donde apenas sí germinan
las hojas de la hierba.
Hong Kong, China, 2008.

BOULEVARD DEL EJÉRCITO


Arrastran sus cuerpos por el pavimento.
Intentan que alguien abra la puerta
pero nadie hace nada.
El conductor del autobús
con la mirada fija y perdida
es un sujeto indiferente.
El resto de pasajeros
sólo curiosea por las ventanillas
haciendo tímidos comentarios en voz baja.
Como queriendo decir:
Es un cálido día manchado de sangre.

El tráfico avanza lentamente
esperando que los cuerpos zigzagueantes
se retiren del camino
hasta colocarse moribundos en la acera.
Algunas mujeres lloran
imaginando quizá a sus hijos o maridos.
Los más pequeños
no pueden evitar imitarlas
y también lloran.
La confusión es enorme
Son muchos los cuerpos que ruedan
y se mueven a duras penas
producto de las heridas.

A lo lejos resuenan pequeñas detonaciones.
El tránsito recupera poco a poco
su monótona normalidad.

A los costados
entre los arriates verdes
se ven banderas rojas
colgadas de las ramas
o sujetas a las vallas metálicas
de una fabrica de zapatos.
Detrás de un barril oxidado
un niño que se esconde
me mira fijamente.
Sus ojos me persiguen
atravesando el cristal de mi ventana
Preguntando qué haré ahora
que lo he visto todo.

Pasados los años
lo encontré con su voz muda entre la multitud
por la calle Corrientes o cerca del Notre Dame
oculto tras los marsupiales en Melbourne
vagando descalzo por Chongqing
a media noche y sin rumbo fijo.
Y continúo petrificado sin el valor suficiente
de gritar al chófer del autobús que abra la puerta
para que aquel niño pueda subir y se salve.

MI PEQUEÑO BURGUÉS


Se levanta temprano.
Revisa las noticias en la prensa extranjera.
Bebe su café.
Procura que el traje
haga juego con los zapatos
la camisa
los calcetines.

Visita librerías.
Por encima de Kokoschka o Kandinski
aprecia de Hopper
los cuadros en que eternizó los bares
las mujeres desnudas en habitaciones solitarias
y las ciudades en las que todo es silencio.

En las madrugadas
se deja llevar por el clavicordio
en que se ejecuta la Toccatta y fuga de Bach
mientras el Bushmill quema la garganta.

Prefiere las salas de cine alternativo
donde una noche
se dejó atrapar por la grandeza
de Aléxander Nevsky
y los incombustibles besos
de Bogart a la Bergman
en Casablanca.

Lee con verdadera pasión a Grossman.
Se desvela con la poesía
en la que tarde o temprano
siempre aparece el campesino
que llevo dentro.


______________
Carlos Ernesto García, poeta salvadoreño radicado en España. Leer más de este poeta en: Arte Poética-Rostros y Versos.

jueves, 26 de febrero de 2009

Despedida (De todas las cosas a Dylan Thomas)-David Omar Juárez

David Omar Juárez, El Salvador





Despedida (De todas las cosas a Dylan Thomas)




las despedidas son coartadas para no marcharse nunca
por eso el aterrado humo del café te busca los ojos
cuando se despide de la taza con rumbo a tu resaca
cediéndose con abandono a las manos de esta tarde
y los muchachos ríen como si hoy fuera el verano
cuando miran la fotografía del calendario
y las muchachas asolean por entero sus piernas
y posan caldosos lirios de cara a sus sexos

una diminuta ave / quizás un insecto / se desnuda
frente a la mirada ciega de un gigante vestido de palmera
que declina su rostro para convertirse en noche

Adiós Dylan Thomas
adiós
ya no te veremos llorar agachado
junto a la flor más nueva de cada mañana
ni resucitando pocillos de cigüeñas
en tus caminatas de las cinco de la tarde
ni copiando nubes en lienzos epifánicos
desde tu terraza atacada por la escarcha
Adiós Dylan Thomas / nos vamos de aquí
nos espera un tren infinito
con destino al diario recorrer de los otros
nos vamos / nos espera la maravilla del siglo allá afuera
donde somos productos de la arcilla

Adiós / Dylan Thomas / nos vamos de aquí
te dejamos con nada nuestro
en este infierno que ibas modelando
para el tamaño adecuado de tus ojos
Te dejamos tus ataúdes vacíos
tu viento cenando en tu plato
tu caverna de osadía y castigo y belleza
tu templo de fuego y carne intuitiva
tu montaña de calvicie prematura
tu espuma robada de la primera ola que tocó tu isla
tus amantes amando la cerámica de la cama
el apetito de tu osamenta por ser humus de la argamasa
y el musgo que acontece en tus pupilas
______________
David Omar Juárez. Nació en la ciudad de Apopa, San Salvador, el 18 de septiembre de 1978. Graduado en Psicología por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas”.

Cultiva la poesía, la narrativa y el periodismo cultural. Ha publicado en antologías, suplementos culturales y revistas impresas y/o virtuales de su país, Argentina, España, Estados Unidos, México, Perú y Venezuela.

Miembro de Fundación Metáfora, colectivo organizador del Encuentro Internacional de Poetas “El Turno del Ofendido”, que se realiza cada mayo en El Salvador. Forma parte del equipo de redacción del Suplemento Cultural Tres Mil, que se publica cada sábado en el diario Co Latino de San Salvador.
Leer más de este joven poeta en Arte Poética-Rostros y Versos.

Hagamos llorar al sacerdote-Manuel Ramos

Manuel Ramos, El Salvador





______Hagamos llorar al sacerdote… ____



Hagamos llorar al sacerdote
que comience contando de abuelita
y termine en los prados verdes
que sudó mientras corría al llegar aquí.

Hagamos que salte, que muerda su lengua
y suplique compasión
que le quite el amor
a ese crucifijo que lo insulta
mientras se ahoga con sudor y sangre
de una herida junto a sus labios.

Dejemos que corra, que caiga,
que queme las bancas de su iglesia
mientras cree desnudar a Dios frente a sus feligreses.

Olvidémoslo en los atrios,
como al monaguillo bajo el santo disfrazado.

Finjamos saludarlo
y que extienda la mano
al quitar la nuestra,
que intente abrir la puerta olvidando que ya lo ha hecho.

-sí-

hagamos llorar al sacerdote,
que diga cuanto quiera
cuando todos se marchen,
para que nadie sepa que se equivocó nuevamente.

Que llore entonces
y saque sus marionetas y lo acompañen
mientras se le aplaude al maniquí
que dejó con su sotana al frente.

-sí-
que salga por la ventana
y siga llorando como todas las niñas
que hizo sentir miserables
por haber besado a su primer amor.

-sí-

hagamos llorar al sacerdote.
Que encuentre vendiendo y comprando
trozos del hábito con el que se ordenó,
que lo vuelvan escoba, bandera, paño
-dignidad de dignidades-
que se peleen por él.

-sí-
que llore
-es mejor así-
Que insólito vague
con un enjambre de soledades en la espalda…
__________________
Manuel Ramos. Nació en Mejicanos, San Salvador, en 1987. Estudiante de quinto año de la licenciatura en Letras en la Universidad Nacional. Miembro fundador del taller los tímidos y el Grupo Literario El perro muerto. Ha publicado en el diario Co-Latino, revista Humanidades, La Huesera Colectiva, La Mandolina Esquizofrénica. La mayor parte de su obra aún es inédita y se ha dado a conocer por medio de recitales donde ha tenido participación. En el 2008 obtuvo el tercer lugar en el Certamen Universitario de la Universidad de El Salvador.
Leer más de este joven poeta en la sección de Nueva Palabra de Arte Poética-Rostros y versos.


Caballos de hielo-Vladimir Amaya

Vladimir Amaya, El Salvador






_______Caballos de hielo_______



a Francisca Alfaro



Atravesé el torbellino que devoró el sueño
y encontré alquitrán hirviendo en las saleras.
Desde hoy mañana no tiene nombre,
todo es sombra y frío cuando tiemblan las heridas
en el vaso roto del tiempo.
No es más mi hogar esta mirada incendiándose
a un lado de las fuentes.
El dolor son kilómetros y kilómetros de silencio
que no pueden medirse con la lengua sepultada
bajo el eco de los aplausos.
Sobre las tejas: viejas patrias.
En las calles: melodía turbulenta y a pedazos,
legando improvisación a la muerte de los transeúntes,
vistiendo de oro y clarines
a los espantos de medianoche.
Me quedan mármoles en ruinas al final del cuento,
horizontes predispuestos a hundirse en el café de las señoras y los curas,
a resonar con los infartos del sol en todas las mañanas.

Llegué a un alcohol desconocido
cuando afuera de mi casa aún llovían margaritas.
Sin atributos ni señales
y medido por la quemadura de un témpano violeta
no sé cuantas veces morí sofocado por mi saliva,
arrastrado hasta el delirio y el insomnio,
cuando la luna jadeaba su marea de doble filo.
Después viví en los sepulcros
rodando con ternura rabiosa
por labios de sonrisas obscenas.
Ahora no quedan vestigios
del tiempo que fue hace un minuto,
de la vida que duró todo el amor.
En la lágrima que me injurió, el abismo fue otro cielo.
Hoy, un aroma camina entre mis dedos.
El polvo, el calor y la piedra,
al picotearme con su rifle de plata
me susurraron un corazón
de pétalos y plumas azules y verdes.

Hoy un aroma camina entre mis dedos
¡Estoy rasgando la hierba de lo improbable!
Desde hoy mañana no tiene nombre,
desde ayer entono mi flor lamentable y extraordinaria
a la contusión del sueño que invento
y va devorando torbellinos.
_______________
Vladimir Amaya. Nació en San Salvador, en 1985. Actualmente estudia cuarto año de la licenciatura en Letras en la Universidad de El Salvador. Miembro fundador del “Taller de Experimentación Verbal Los tímidos” y del Grupo Literario “El Perro Muerto.” Ha publicado en la revista Humanidades de la Universidad de El Salvador, el diario Co-Latino. Dirige el boletín ocasional de poesía “La Huesera Colectiva” antología de voces noveles del Alma Mater. Ganó primer lugar en el certamen Universitario 2008, con su poemario “El Valle de Los Guasones Decapitados. Fue parte de la plaquette “La Mandolina Esquizofrénica” compilatorio de las voces de Los Tímidos. Ha intervenido en recitales poéticos como invitado y otras como parte del cuerpo organizador tal es el caso del Festival Indígena Yulcuicat. La mayor parte de su obra aún permanece inédita.
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