lunes, 7 de diciembre de 2009

tres poemas de yanira soundy

Yanira Soundy, El Salvador



QUIQUE Y LA HORMIGUITA.



Es domingo y el sol está triste. No puedo verlo.
Las nubes oscuras cubren todas las montañas y los pájaros agitan las hojas de los árboles.
Hace mucho calor y no hay viento. Me siento solo..
Pienso en mi mamá y en lo que estará llorando por no verme.
¡Pobre mamá!
Quisiera poder ser un niño alegre pero no puedo. Mi corazón está triste.
Veo a los demás niños correr y saltar felices, ellos pueden hacerlo. Yo no.
Por eso me fui de casa. Soy tan feo y lloro tanto que prefiero esconderme de todos.
Me duele el pecho, me canso y no puedo jugar.
Me llaman Quique y tengo nueve años de edad.
Hay nueve estrellas en el ancho espejo del pavimento
Me he escapado junto a ellas en su mundo pequeño donde no tiemblan mis piernas.
Pienso en mamá y en lo que estará llorando por no verme.
-Que haces? ...se escucha una voz ronca y chiquita.
Enrique vuelve a ver hacia atrás y....
-Acá abajo, ehh ¡!!
Es una linda hormiguita color amarillo, de ojos muy coquetos y antenitas pizpiretas. Lleva un vestido azul marino con lazos rojos y unos zapatos de tela muy suaves de color anaranjado.
-Que te pasa ?¿Por qué caminas solo?¿Acaso no sabes que existen muchos peligros para los niños?
-Mi mamá llora al verme sin poder jugar como los demás niños, y yo me siento cansado. Me duelen las piernas y el pecho. Me voy de casa.
-Que dices? Vas a dejar a tu mamita?
Amiguito tienes que saber que en la vida unas personas son mas fuertes que otras, hay niños sanos y otros enfermos. Pero no por eso los niños enfermos abandonan a sus mamás y se van por las calles enfrentando toda clase de peligros.
Tu mamá no se sentirá feliz si tu no estás con ella. Aunque te cueste más aprender cosas o no puedas correr como los otros niños...
-Que hacen las hormigas cuando se lastiman y son un estorbo para sus mamás?
Los hijos nunca son un estorbo para las mamás. Hace muchos años en una mañana de primavera, mientras nos preparábamos para el invierno un niño me pateó la patita izquierda. Mi mamita me vió desde lejos y no dudó ni un instante en ayudarme. Dejó a un lado una enorme hoja color naranja y me cargó hasta nuestro hormiguero.
Tardé mucho tiempo en curarme y mírame aún cojeo un poquito, pero eso no me da pena pues yo soy así y nadie puede verme de menos por eso.
Debes aprender a aceptarte como eres, debes salir adelante y tener fuerzas.
Hoy yo tengo mi propio hormiguero y cuido de mi mamá pues ya esta muy cansada.
-Tenés razón voy a regresarme a mi casa.
-Quique... Solloza la mamá de Enrique al verlo.
-Perdóname mamá no volveré a dejarte nunca. Estaba confundido y pensaba que yo te hacía sufrir al no poder correr ni respirar como los otros niños.
-Hijo tu eres mi alegría y sin ti no habría una razón para seguir viviendo.
La hormiguita sonrió. Quique le dio gracias por sus consejos y abrazado a su madre regresó a su hogar.

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Todas las familias especiales tienen derecho a recibir tratamiento psicológico y la debida rehabilitación para los menores que padecen alguna limitación física.





LUNA DE AZUCAR



Una niña trabaja en la calle. Y me mira.
Es una niña hermosa. Tiene la carita redonda y la piel blanca.
No sé cómo se llama pero yo le podré un nombre: luna de azúcar.
Ella camina descalza sobre el pavimento y pide limosna. Nadie le da nada.
Entonces mastica chicle y mueve la cabeza hacia ambos lados...
Izquierda...derecha...derecha...izquierda
Luna de azúcar vuelve a mirarme y sonríe.
Gracias a ella, nunca antes me sentí tan afortunado como hoy. Mamá inicia la marcha en el auto y me revisa el cinturón de seguridad, los carros avanzan sobre el boulevard.
Siento el calorcito de mamá. Doy gracias a Dios por tenerla conmigo
Atrás queda Luna de azúcar pidiendo limosna.
Yo rezo. Duermo.

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Siempre debes usar el cinturón de seguridad y orar a Dios por todos los niños y niñas que viven en las calles.






LA LUCIÉRNAGA

-....Y volverán, no lo dudes- decía el pequeño duende azul en cada nuevo sueño de la mañana Pero aquello era incierto, el pañuelo de luz no se agitaba igual que antes diciéndome: -Aguarda por mí en la montaña.
La flor pensativa ya no hacía alarde de su corpiño rojo..y mi alma que antes estaba llena de ilusiones blancas, se había vuelto triste, muy triste...
Vivía sin ella, a solas, en la distancia como una pobre extraviada que no sabe dónde ir.
Pensaba en otras cosas, pero siempre volvía a su señal de luz en los cristales.
Le buscaba en el cielo leve y quieto, pero ella no estaba.
Volvía mis ojos a las olas, luchando hasta cansarme.
Le buscaba en el sueño que le presiente, en mis rezos, en mis ansias y recuerdos.
Volvía mis ojos a la higuera hojosa, a las urracas en fiesta, al rumor de la casa, al viento, a la soledad, pero tampoco estaba.
Le busqué en el tiempo para que no se escapara, donde podía acariciarla con sabia avaricia, hasta apagar mi sed destejiendo su misterio.
-¿Quieres volar?- me preguntó en secreto.
Yo, un poco tímida, escogí la luz más tenue y me vestí con ella. Luego le acompañé a una hoja helada y desde allí iluminamos la noche, la maravilla del tiempo, la eternidad...


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No debemos perder la esperanza, la ilusión y la alegría de vivir. Es derecho de todos los menores el tener un futuro mejor. Por eso el Estado debe utilizar adecuadamente todos sus recursos para que los programas sociales beneficien a la mayor cantidad de menores salvadoreños.

1 comentario:

Frank dijo...

Yanira:

Como acostumbro decir: tres poemas que van de mi lado. Un gusto encontrar poesía de este tiempo.

Un abrazo,

Frank Ruffino.

P.D. André es André (finísima selección).